Epílogo

Sasuke prefirió reír ese día, y los que vinieron después, gracias, siempre, al hombre con el que comenzó a compartir cama a partir de entonces.

Una mañana Karin se presentó en casa de Naruto, cuando Sasuke no estaba, y comenzó a gritarle hecha una fiera, para terminar yéndose dando un fuerte portazo. Qué mala leche, pensó Naruto. A partir de ese día no volvió a saber nada de los amigos de su novio. Formalmente no lo habían hablado, pero no hacía falta. Entre ellos sabían lo que significaba el uno para el otro.

Naruto decidió enmendar todos sus errores, y removió cielo, tierra y mar hasta que finalmente logró dar con Sakura, y casi la obligó a ir a vivir con ellos. Sakura aceptó con una sola condición: "No me quedaré más de dos semanas." A fin de cuentas, en la casa okupa siempre sería bien recibida, y ahí se la quería y nadie la iba a juzgar por nada.

La vista de Itachi fue empeorando con los meses, y su enfermedad comenzó a hacerse tan notable que una mañana Naruto despertó con los gritos de los dos hermanos como dulce "buenos días". Sasuke obligó a Itachi a ver a un médico, y el mayor tuvo que ir a Londres para que lo operaran.

–Menuda cabezonería –había dicho Naruto, recibiendo una mirada cabreada por parte de Sasuke.

Los semanas pasaron más pacíficas que nunca. Las cosas parecían haber vuelto a la normalidad, a excepción de algunas amenazas anónimas que Naruto recibía de vez en cuando de los nazis, sospechaba.

Pero un día, Sasuke anunció que debía dejar la ciudad para ir a ver a su hermano, que se estaba recuperando de la operación. Uzumaki no podía dejar que se fuera solo, así que pidieron unos días de vacaciones y marcharon a Londres.

Naruto estaba emocionado, pues nunca antes había salido de su ciudad, menos aún del país.

El vuelo fue lo suficientemente corto como para que el de ojos azules no se impacientara demasiado, y una vez en tierra inglesa, en el aeropuerto de Gatwick, un tren los llevó hasta el corazón de la capital, en King's Cross.

Dejaron las maletas en el suelo y Sasuke sacó su mapa de metro del bolsillo trasero del pantalón y comenzó a examinarlo detenidamente, tratando de averiguar qué tren debían coger a continuación.

Naruto le dio la espalda y comenzó a observar todo a su alrededor: el techo abovedado, las paredes de ladrillo y los farolillos redondos que colgaban de las columnas a su izquierda, las vías a su derecha, el reloj suspendido encima de sus cabezas… La estación era tan mágica como en las películas que había visto con alguna escena ambientada en aquel lugar.

Hey, sir! –escuchó de repente a unos pasos de él. Se fijó en un hombre sonriente que se acercaba a ellos.– You have won! –le dijo señalándolo con un dedo larguirucho.

Naruto lo miró con una ceja levantada. Volvió la cabeza hacia Sasuke, que parecía ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor y le dio un codazo.

–¿Qué coño dice este wachi-wachi? –preguntó en un susurro. El moreno levantó la cabeza y observó a Naruto; después, fijó su atención en el hombre que se había acercado a ellos.

Tenía pinta de empresario, con un perfecto traje azul marino planchado, camisa blanca y corbata a rayas. Llevaba zapatos negros de cuero, un maletín del mismo color en su mano izquierda y el pelo engominado repeinado hacia atrás.

What? –preguntó Sasuke, elevando una ceja con desconfianza.

Congratulations! You have won! –repitió el hombre.

–¿Qué dice? –preguntó el rubio.

Sasuke contuvo una carcajada incrédula y miró al hombre con una sonrisita burlona en sus labios. Volvió a repetir la pregunta, con el desprecio reflejado en su tono. A pesar de eso, el hombre no perdió la sonrisa.

You can stay one night in our deluxe suite! English breakfast and champagne are included! –exclamó.

La expresión de Naruto cada vez se volvía más interrogante, hasta que Sasuke soltó un bufido y contestó a su pregunta.

–Este tío cree que somos gilipollas.

El rubio frunció las cejas, asimilando la información, hasta que sus ojos se tiñeron de enfado y se acercó peligrosamente al hombre. Lo agarró por las solapas de la americana y lo zarandeó levemente.

–¿Pero a ti qué te pasa, eh, subnormal? –casi gritó.

Sasuke se acercó rápidamente y apartó a Naruto del desconocido. Miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie les prestaba atención, menos aún los guardias.

–Vámonos –dijo tirando del chico.

–¡Pero si nos ha insultado!

–Bueno, técnicamente no lo ha hecho –farfulló Sasuke recogiendo su maleta del suelo.

El hombre de traje los miraba con los ojos muy abiertos mientras se alejaban. Se pasó la mano por el pelo, simplemente por inercia, no fuera a ser que alguna hebra se hubiese rebelado. En toda su carrera de estafador le había pasado algo así.

Viajaron en metro hasta Tottenham Court Road, donde estaba su hotel, dejaron las maletas y volvieron a irse. Compraron comida mexicana en un restaurante barato y partieron hacia la clínica en la que estaba Itachi, recuperándose de su reciente operación.

Una vez en Westminster, Sasuke preguntó por Harley Street, y pocos minutos después se hallaban frente a la clínica privada, especializada en cirugía ocular. Subieron los pocos escalones y llamaron al timbre de una puerta de madera grande sobre la cual vieron el número 77 pintado en letras doradas.

Parecía la típica mansión inglesa, con su fachada de estilo victoriano pintada de blanco y beige. Esperaron pocos segundos hasta que la puerta se abrió y una señora entrada en años con un moño alto y suéter de lana rosa los hizo pasar. Les indicó una fila de sillas con aspecto cómodo y se sentaron a esperar, junto a otras dos personas: una mujer joven leyendo una revista de actualidad y un hombre con traje que hablaba por el celular rápidamente y con el ceño fruncido.

Cinco minutos después la señora del suéter los llamó al mostrador, una mesa de madera oscura y lacada, con un ordenador de pantalla plana encima, un buen montón de papeles a su derecha y más utensilios de oficina.

–Buenos días –dijo Sasuke en inglés–. Venimos a ver a Uchiha Itachi, lo han operado hace dos días.

La mujer tecleó en el ordenador y medio minuto después levantó la vista y miró a los muchachos tras sus gafas de media luna.

–El señor Uchiha ya no se encuentra aquí –anunció con voz nasal–. Se marchó anoche. ¿Puede facilitarme su nombre? –preguntó a Sasuke.

–Uchiha Sasuke –contestó él frunciendo el entrecejo. ¿Qué Itachi no estaba?

–El paciente dejó una carta dirigida a usted y dijo que se la entregara sin falta en cuanto viniera –comentó abriendo un cajón de su escritorio y buscando bajo unos papeles. Sacó un sobre negro y se lo tendió a Sasuke, quien lo recogió y lo miró con incertidumbre.

En el anverso habían escrito con letras pulcras y ordenadas –que reconoció como pertenecientes a su hermano– su nombre. Con el ceño arrugado, metió una uña por la solapa del sobre y la rompió. Sacó el papel blanco que había dentro y lo desdobló. En ese momento llamaron a la puerta y la señora se levantó.

–Si me disculpan un momento…

Sasuke la siguió con la mirada un segundo; después, volvió sus ojos hacia la hoja que sostenía entre sus manos.

"Querido y estúpido hermano:

He tenido que irme de Londres, tenía asuntos importantes que atender que a ti ya no te incumben. He depositado en el banco una suma de dinero para que no te enfades demasiado por haberte hecho venir hasta aquí dejando tu trabajo. Si algún día vuelvo, sólo espero que te hayas echado una novia decente, ya sabes.

Que te vaya bien, Sasuke idiota."

–¿Una novia de…? –Naruto había leído la carta por encima del hombro de Sasuke a todo correr y no cabía en sí del enfado. Maldito Itachi de mierda.

Uchiha, por su parte, tenía el ceño fruncido. Qué manera de perder el tiempo, con lo poco que costaba llamar por teléfono. Arrugó la carta y la guardó en el bolsillo, junto al sobre. Se levantó de la silla y se dirigió hacia la salida, seguido de Naruto.

Cogieron de nuevo el metro y se dirigieron al hotel. Sasuke seguía con el entrecejo arrugado, pero Naruto ya parecía haberse olvidado de su enfado.

–Tenemos tres noches pagadas. Podemos ver la ciudad. Itachi te ha dejado dinero. ¡Es perfecto! –dijo dando tumbos en la cama. Sasuke yacía bocabajo con la cabeza hundida en la almohada, pero al ser molestado tuvo que volver la cara hacia el rubio con una expresión de advertencia.

–Para ya.

–Eres un soso –susurró Naruto sentándose quieto al fin, haciendo especial énfasis en la última palabra. Se cruzó de brazos y miró fijamente a Sasuke. El moreno levantó una ceja; no le gustaba un pelo aquella expresión.

Sin previo aviso, Uzumaki saltó sobre su compañero al grito de "¡Ataque de cosquillas!", y comenzó a forcejear con Sasuke por llegar a las partes más sensibles de su cuerpo, riendo alegremente. El moreno se esforzaba por librarse de él, hasta que hizo que Naruto resbalara y cayera de la cama al suelo.

–¡Auuu! –se escuchó desde el piso. Sasuke miró al chico con la ceja elevada.– ¡Esto no ha hecho más que empezar, bastardo! –gritó el rubio señalándolo con un dedo acusador.

–¿Ah, sí? –cuestionó el otro.

–Ah, sí.

Volvió a subir a la cama, y después encima de Sasuke, y comenzó a apretarle las costillas con toda la intención de hacerle daño.

–Estate quieto, joder –jadeó Sasuke, intentando en vano soltarse. Naruto le había agarrado las muñecas y ahora reía con falsa maldad, hecho que cabreó más al ojinegro.

En un movimiento brusco, Sasuke logró soltarse y cambiar los papeles. Ahora era Naruto quien yacía tumbado sobre la cama, con los brazos apresados en los costados. El rubio había recuperado su masa muscular en gran parte y ya el hecho de que alguna vez hubiese estado en coma era imperceptible.

–Eres un cabrón –le dijo a Sasuke enseñándole los dientes en una sonrisa fiera.

Al moreno no le dio tiempo a replicar siquiera. Naruto había empleado toda su fuerza bruta, que incluso le hizo daño, y había vuelto a intercambiar los roles. Antes de que se diera cuenta, Uzumaki lo estaba besando con el ansia reflejada en sus movimientos bruscos.

En un principio Sasuke ni siquiera se molestó en corresponder a los besos. Simplemente apartaba la cara cada vez que Naruto intentaba volver a besarlo. Pero el chico lo conocía, y a fin de cuentas eran hombres. No iba a resistir demasiado cuando Naruto se estaba restregando contra su cuerpo de aquella forma tan insinuante, incluso vulgar.

Naruto le mordió el cuello, haciéndole olvidar todos sus pensamientos. Tenía las muñecas presas de nuevo, y no tenía pinta de que se las fuesen a soltar. Así no, pensó. No valía, estaba en clara desventaja. Pero en algún momento Naruto lo soltaría… Tenía que desvestirse, ¿no?

Con lo que no contaba Sasuke era con las ideas que su novio tenía en la cabeza. Antes de que se diera cuenta tenía las manos atadas fuertemente con una sábana y Naruto se estaba desvistiendo delante de él. El chico conocía a la perfección su atractivo, y cómo hacer que pareciera incluso más sensual de lo que era, moviéndose como un felino, deslizando la ropa por su piel lentamente.

Sasuke observaba en silencio, con la cabeza levantada y los ojos muy abiertos, intentando no perderse detalles. Maldito Naruto, lo había hecho excitarse demasiado. Dos días sin sexo no eran tanto, ¿no? Pero dos días eran mucho cuando comenzabas a depender de una droga; o mejor dicho, cuando ya eras un dependiente total.

Naruto terminó de quitarse los pantalones, poniéndose de lado para que Sasuke admirara lo bien que estaba ahora su trasero. Perfecto, pensó el moreno. Perfecto, sonrió Naruto mirándolo por el rabillo del ojo. Ya sólo le faltaba la ropa interior. Pero iba a jugar un poco más.

Se quedó de pie, con los brazos en jarras y puso su mirada más provocadora, al tiempo que se humedecía los labios observando a Sasuke quien, inmóvil, no apartaba sus pupilas de él. Para rematar la faena levantó una mano y la acercó a su boca, hundiendo en ella el dedo índice despacio, despacio…

–Menudo maricón… –susurró Sasuke dejando caer la cabeza sobre la almohada. ¿Qué hacía vestido aún?

El resto de los días en Londres pasaron sin grandes sobresaltos a excepción de una pelea en la que Naruto estuvo a punto de meterse en el metro. Sasuke lo había parado a tiempo y el rubio se había ganado una fuerte colleja por parte de su pareja.

En la visita que hicieron al banco descubrieron que Itachi tenía el extraño don de la generosidad, pues la cantidad de dinero con que contaba la cuenta de Sasuke superaba con creces sus expectativas.

La facturación de maletas en el aeropuerto (las cuales habían crecido enormemente) fue "un rollo patatero" por el cual tuvieron que esperar más de una hora, con un impaciente Naruto retorciendo y maltratando los nervios de Sasuke.

Pero por fin estaban en el avión, sentados cómodamente en sus butacas. Sasuke disfrutaba de una agradable lectura en inglés mientras Naruto observaba fijamente el paisaje que se extendía bajo el avión, de un verde agradable y relajante, en contraste con la música que resonaba fuerte en sus auriculares mientras tamborileaba con los dedos sobre su rodilla siguiendo el ritmo.

Si quiero ir a la moda, necesito una pistola…(1) –pronunció en voz baja entrecerrando los ojos.

Tan enfrascado en la canción como estaba, apenas percibió que Sasuke había dejado de leer y lo observaba con una media sonrisa del todo sugerente. No se dio cuenta de nada hasta que el moreno dejó caer una mano sobre su muslo para llamarle la atención. Se quitó con casco y lo miró interrogante.

–Voy al baño –dijo Uchiha a la vez que se levantaba.

–Vale –asintió Naruto. Volvió a clocarse el auricular y de nuevo acopló los movimientos de sus dedos al ritmo de la canción.

Pasaron unos minutos, pero Sasuke no apareció. Naruto se quitó la música de las orejas y se levantó para mirar por el pasillo. Ni rastro del otro. A buenas horas se le había ocurrido cagar. Se sentó y siguió mirando por la ventana.

Sintió la impaciencia apoderarse de su mente. No había hablado casi con Sasuke para no molestarlo en su lectura, ya suficiente caña le había dado en Londres, pero el no tenerlo al lado le estaba crispando los nervios. Dejó el mp3 en el asiento del ojinegro y se levantó para ir al baño.

Sin llamar giró el pomo y abrió. Sasuke estaba de brazos cruzados, apoyado sobre la pared, mirándolo con una ceja alzada. Se incorporó, estiró un brazo y tiró de Naruto hacia el interior del lavabo, cerrando con pestillo la puerta tras él.

–¿Qué haces? –preguntó el rubio confundido. No tuvo que añadir nada más, Sasuke ya le estaba levantando la camiseta y desabrochándole el cinturón de cuero a la vez que le lamía los labios con necesidad.

Naruto se sorprendió al principio, pero después le siguió el juego y se quitó del todo la camiseta, mordiéndole la lengua a Sasuke travieso. Dejó caer la prenda al suelo e hizo lo propio con la que portaba Sasuke, dejando en un segundo su pecho al descubierto.

Menudas fantasías tenía el cabrón… La segunda vez que Naruto montaba en un avión y sería algo para recordar. Pasó su lengua por la nuez del moreno y llevó una mano hasta su pelo, enredando los dedos y tirando hacia abajo. Sasuke dejó caer la cabeza y se deleitó sintiendo la húmeda y suave lengua de Naruto bajando por su pecho.

El rubio le soltó el pelo y le arañó suavemente la espalda mientras bajaba la mano hasta su trasero y lo apretaba. Le mordió un pezón a Sasuke y después volvió a subir hasta ponerse a su altura y lo besó. El ojinegro le bajó los pantalones hasta las rodillas y coló una mano por el calzoncillo a rayas que Naruto llevaba.

El rubio gruñó cuando su novio le agarró el miembro y comenzó a acariciarlo lentamente, rozándolo con las uñas. Al principio le pareció divertido, pero cinco segundos después comenzó a molestarlo. Sasuke ya le estaba mordisqueando el lóbulo derecho y sobando su trasero como si fuese su pasatiempo favorito.

–Deja de acariciármela, gilipollas –gruñó Naruto–, o se me va a dormir –añadió metiendo las dos manos por el pantalón de Sasuke y apretándole el trasero.

En el baño se escuchó algo parecido a una risa y Naruto tuvo que contener un gemido. Sasuke era un hijo de puta con todas las de la ley. El rubio estaba aplastado contra la pared del baño, con el calzoncillo por las rodillas y Sasuke detrás de él soplando suavemente detrás de su oreja mientras lo masturbaba con frenesí.

Tuvo que hacer un esfuerzo por resistir y mover un brazo para empujar a Sasuke hacia su cuello. Que lo mordiera, pero que no soplara. Su pareja no se hizo de rogar, y hundió los colmillos en la carne fresca, hasta que escuchó a Naruto protestar, y después succionó la carne con fuerza hasta que lo creyó oportuno. No se detuvo a mirar su gran obra, sino que rebuscó en el bolsillo trasero de su pantalón hasta dar con un pequeño sobre de plástico de color rosa. Acto seguido, se bajó los pantalones y el boxer a la vez y pegó su cuerpo al que tenía enfrente.

Paseó su lengua por la espalda y cuello de Naruto y paró antes de llegar al comience del cuero cabelludo. El de ojos azules se estremeció, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal. Volvió la cabeza y besó a Sasuke, le mordió el labio con fiereza y vio que el chico llevaba algo en las manos.

Sabía lo que venía después, así que relajó el trasero y volvió a besar al otro chico con la cabeza ladeada, mientras éste se lubricaba. El rubio separó un poco las piernas y agarró el muslo izquierdo de Sasuke, arañándolo en cuanto sintió al moreno penetrarlo. Fue una embestida limpia.

Uchiha deslizó una mano por el brazo de Naruto hasta llegar a sus dedos, los entrelazó con los suyos y levantó el brazo del chico, dejando que tocara los azulejos del baño con la palma. El otro brazo lo enroscó alrededor de la cintura del chico. Se empezó a mover; las primeras embestidas lentas; después, aumentó el ritmo. Naruto echó la cabeza hacia atrás y abrió la boca. Tenía los ojos entrecerrados.

Qué placer. Era como flotar de camino al cielo, cada vez más rápido. El culo estrecho de Naruto era más de lo que podía pedir. Estaba excitado, llevaba con ganas de hacer aquello desde que el avión había despegado. Naruto trataba vagamente de reprimir sus gemidos, pero cada vez le arañaba la pierna más fuerte, él también lo estaba sintiendo. Bajó la mano por su vientre y le proporcionó un poco más de esa droga.

Aquello era como un placentero veneno que se extendía por todo su cuerpo, haciendo que su cerebro anulara sus sentidos. Tenía la mente en blanco, simplemente veía la cara roja de Naruto, escuchaba sus jadeos y sentía el placer llegar a cada poro de su piel. Ralentizó un momento el ritmo, no podía llegar al orgasmo tan rápido, pero Naruto protestó con un gruñido de enfado y tuvo que volver al ataque, aunque ya no se sentía ni con ganas ni con fuerzas de seguir masturbando a su novio.

De nuevo la subida, cada vez más ágil, hasta que llegó a la cumbre y la burbuja explotó. Aquellos dos segundos fueron como si su alma saliera despedida del cuerpo. La mano que agarraba la de Naruto se cerró con fuerza y un gemido amortiguado salió de la garganta de Sasuke. Su corazón comenzó a relajarse poco después y el placer descendió.

A pesar de todo Naruto gruñó. Sasuke había parado antes de tiempo. Cuando el moreno se apartó de él, Uzumaki se dio la vuelta y lo fulminó un momento con la mirada.

–Sabes lo que te toca, ¿no? –preguntó indicando el suelo con un dedo impaciente.

–Oye… ¿Y vosotros que preferís: calzoncillo o bóxer? –preguntó Temari a los tres hombres que tenía frente a ella.

Shikamaru se rascó la cabeza; no pensaba contestar, ella ya sabía la respuesta. Sai, en cambio, sonrió divertido y Gaara miró a otro lado. Había vivido con su hermana casi toda su vida.

–Prefiero el bóxer –contestó Sai–. Son más cómodos. No te dejan todo colgando al libre albedrío.

–¿Libre albedrío? –preguntó la rubia divertida–. ¿Y tú, Gaara?

El pelirrojo intentó ignorarla, pero la fija mirada de Sai en su cara lo hizo fruncir el ceño.

–Ya lo sabes –contestó de mala gana.

–Creo que he construido mal la pregunta –rió ella–, sería más correcto decir: ¿por qué?

–Los bóxer son de mariquitas –masculló Gaara si mirar a nadie.

–Que Sasuke no te oiga decir eso –añadió cansinamente Shikamaru.

–¿Y tú qué? –preguntó la rubia. El moreno suspiró.– Venga, dínoslo.

–Ni lo uno ni lo otro. –Se levantó de su asiento y fue hacia los lavabos.

Temari estalló en carcajadas. Gaara vio hondear sus pantalones sueltos de tela y una profunda náusea lo invadió. Prefería no imaginarse nada. Sai, por su parte veía alejarse a Shikamaru, con cara de no haber pillado el chiste.

–¿Quiere decir que no lleva nada? –preguntó al fin, volviéndose hacia la rubia. Nadie contestó, ella rió más fuerte.

Terrrminado. Sí, sí, ya sé que no pinta nada esa conversación sobre ropa interior masculina, pero me acabo de acordar de mis amigos, y tuvimos una conversación parecida, jajaja. Además, había que relajar el ambiente y no perder el humor. En fin, este capítulo se me ha hecho entretenido de escribir, a pesar de que dije que no haría más lemon (y es lo que más me ha costado hacer). Y tal pascual. Con esto y un bizcocho… Que disfrutéis el veranito. Y si no, yo lo disfrutaré por todos :)

PD: Querida Fanucita, amor mío, aquí tienes el puto sexo… ¡Y ahora más te vale dejar de darme la chapa, coñooo! Hum, maldita guarra.

1.Tercer acto: lo de dentro - Extremoduro (La Ley Innata).