Sé que esta actualización es un poco corta, ¡lo siento! Pero prefería esto antes que no poner nada, espero poder subir algo más en pocos días.
Y muchas gracias por los reviews, favoritos y alertas del anterior capítulo, sois geniales :D


En el amor y los estudios

Fuera hacía frío. El invierno por fin había llegado a la ciudad, casi no se podía salir a la calle y Nagisa ya se había pasado todos los niveles del juego de su móvil.

Varias veces.

Así que no le quedó más remedio que distraerse de otra manera. Fue hasta donde estaba Rei y se sentó a su lado en el suelo, metiendo las piernas y encogiéndose para meter también los brazos debajo de la mesa con estufa. Eso era vida…

—Rei, me aburro…

—Yo también.

—Entonces para de estudiar.

—No puedo, tengo exámenes en una semana.

Nagisa dejó caer la cabeza en la mesa y miró a su novio aplastando la mejilla contra la madera, dejándole una expresión muy graciosa.

—Pero eso es dentro de muuuucho tiempo.

—Es sólo una semana. Luego podremos hacer lo que quieras.

—¿Me lo prometes?

—Sí, te lo prometo —Rei le contestaba sin mirarle, con la vista clavada en su montaña de apuntes —. Ahora calla y déjame concentrarme.

Nagisa hinchó los carrillos y frunció el ceño como un niño pequeño pero no dijo nada. Sólo se volvió a enderezar y miró hacia otro lado, enfadado.

—Quiero hacer algo…

—Pues limpia la casa.

—Pareces mi madre.

—¡Nagisa! ¡Deja de molestarme!

Un silencio incómodo recayó sobre ellos y Rei volvió a sus apuntes sintiéndose un poco culpable por haber alzado la voz a su novio. Tosió un par de veces intentando disimular su incomodidad e intentó volver a concentrarse en sus estudios.

Pero ya no podía.

—Como quieras. Me voy a casa de Haru.

Nagisa agarró su chaqueta, su gorro y salió a la calle dando un sonoro portazo que sobresaltó a Rei. Que encabezonado, no quiso mirar en ningún momento cómo su novio dejaba la casa.

Intentó seguir estudiando pero el silencio de la casa y la culpabilidad se le echaron encima como en una imitación de un poema de Poe. ¡No debería sentirse así! ¡Sólo estaba intentando estudiar!

Este intento de quitarse el sentimiento de culpa duró aproximadamente cinco minutos, porque cuando quiso darse cuenta ya estaba abriendo la puerta del apartamento para ir corriendo a buscar a su compañero.

Ya estaba histérico bajando las escaleras que daban a la calle de su edificio y mirando el móvil para llamarle. Intentando detenerle por si acaso todavía estuviera de camino al metro, o al autobús, o a lo que fuera que hubiera utilizado para ir a casa de su amigo; pero un bulto sentado en uno de los escalones le detuvo.

Podía reconocer ese gorro con orejas de gato en cualquier parte.

—¿Nagisa? Menos mal, pensé que ya te habías ido.

Rei se sentó a su lado dejando una distancia prudencial entre los dos por si acaso su novio estaba enfadado con él, encogiendo las piernas y posando sus manos en las rodillas. Protegiéndose del frío y maldiciéndose así mismo por no acordarse de llevar un abrigo consigo por culpa de las prisas.

Nagisa bajó el móvil con el que estaba jugando y se lo guardó en el bolsillo de su chaqueta, sin mirarle.

—Es muy tarde para ir a casa de Haru. Y no quería quedarme en casa molestándote.

—Tú no me molestas —Le contestó incómodo el de gafas —. Perdona por lo de antes. Es… Es la primera vez que tengo exámenes de este tipo y estoy muy preocupado.

—No lo estés. Fijo que lo haces genial —Nagisa se acercó y apoyó su cabeza en el hombro de Rei, aprovechando para abrazarle, pasando los brazos por su cintura y aliviando algo del frío que sentía.

—Pero… ¿Y si suspendo?

—No vas a suspender, eso es imposible.

Los brazos de Nagisa le rodearon con más fuerza. Reafirmando sus palabras.

—Además… —continuó —. Tú eres el listo de los dos. Si suspendes los tuyos entonces yo mejor me retiro ya.

Nagisa miró por fin a Rei y empezó a reírse alegremente.

—¿Estás sonriendo?

—No, ¡Nagisa! ¡Sigo muy preocupado! —Rei miró hacia otro lado intentando disimular. Pero éste (por mucho que le gustara bromear sobre ello) no era tonto. Podía notar cómo su novio se agitaba intentando contenerse. Además la parte de atrás de sus orejas estaba roja, signo inequívoco de que su novio estaba mintiendo.

—Oh, vaya… - el más bajito se llevó una mano a la barbilla e hizo como si se mesara una inexistente barba mientras miraba al infinito —. Qué pena… ¿Puedo hacer algo para remediar eso?

—Puede…

Rei se giró por fin para mirarle. Con la cara completamente roja y la mirada fija en los ojos rosas de su novio.

—¿Un beso?

—Rei-chan. ¿En serio me está pidiendo un beso? ¡¿De verdad?! ¿Después de dejar que saliera de casa? ¿A congelarme aquí fuera?

—¡No sabía lo que…!

Nagisa cortó sus quejas con un suave beso en los labios, que luego repitió por todas las partes de su cara que pudo alcanzar, descolocándole las gafas y despeinándole.

Rei intentó liberarse del ataque de besos sin ningún éxito. Quizás porque estaba demasiado cansado o porque no quería para nada separarse del antes rubio.

Así que ya que empujar sin ninguna fuerza a su novio hacia un lado no estaba dando resultado no le quedó más remedio que contraatacar de la misma manera, confundiendo a Nagisa. Envolviéndole con sus brazos y apoyándole en las escaleras.

—¡Rei-chan! ¡Eso es trampa!

—Qué va. ¡Es perfectamente válido!

—No lo es si me clavas un escalón en la espalda…

—Oh, ¡perdona!

Rei se separó de Nagisa como si quemara, pero enseguida volvió a su lado para ayudarle a incorporarse, volviendo a sus posiciones anteriores, sentados el uno al lado del otro.

—No pasa nada… —Nagisa miró pensativo a su novio —. ¿Acabaste ya de repasar por hoy?

—Que va —suspiró Rei —. Todavía me queda bastante… —al notar la mirada de preocupación de su acompañante, rectificó rápidamente —. Pero todavía me queda una semana para estudiar. Y eso es muuucho tiempo.

—Entonces…

—Entonces vamos adentro antes de que nos vea alguna vecina.

Nagisa le miró con una sonrisa de oreja a oreja, pero pareció pensar en algo y cambió su expresión para mirarle con suspicacia.

—Tú lo que quieres es besarme mejor dentro de casa, Rei-chan… Qué guarrete.

—¡Nagisa!

—¡Te has vuelto a poner rojo! ¡Eso es que te he pillado! —le acusó, tapándose la boca con la mano, fingiendo estar escandalizado.

—¡NO!

—Venga Rei-chan, no te enfades…