Encuentros inoportunos

Nagisa se subió el cuello del abrigo y se caló el gorro hasta taparse bien las orejas. No era tanto por el frío como por el viento que soplaba.

Esperar a que su novio saliera de su clase particular mientras él estaba parado en la calle tampoco ayudaba.

—Rei-chan vamos… Sal ya… —murmuró mientras se cruzaba de brazos para intentar abrigarse un poco más —. Antes de que salga volando.

Un toque en el hombro interrumpió sus pensamientos, sobresaltándole.

—Perdona —se giró y dos chicas le estaban saludando tímidamente —. Acabamos de llegar a la ciudad y estamos un poco perdidas. ¿Podrías ayudarnos?

Las inspeccionó con una rápida mirada y la tensión de sus hombros desapareció. Parecían simpáticas. Ambas eran morenas, la chica que le sorprendido era algo más alta que su compañera y tenía las facciones más finas. En general las dos eran bastante guapas. Y Nagisa estaba muy aburrido y harto de esperar solo bajo el frío.

—¡Claro que sí! ¿Qué necesitáis?

Las chicas sonrieron alegremente y se acercaron un poco más a Nagisa.

—Nos gustaría salir por el centro esta noche. ¿Conoces algún local interesante por la zona?

—Sí, claro. Si tenéis un mapa o el móvil os puedo marcar por dónde suelo salir con mis compañeros de clase.

—Oh, ¡eres estudiante! ¿En qué instituto estás?

Nagisa se quedó algo parado. Ya estaba acostumbrado a que le pidieran el carnet de identidad en bares y en supermercados a la hora de comprar alcohol, ¡pero esas dos debían de tener su misma edad! ¡No tenían ninguna excusa para confundirse!

—Estoy en la Universidad. En primero.

—Oh, ¡como nosotras! —habló por fin la otra chica.

—¡Perdona! Eres tan mono que pareces más joven.

Bueno, si le iban a hacer la pelota tampoco se podía enfadar mucho con ellas.

—No, no —Nagisa hizo un ademán con la mano para restarle importancia —. No os preocupéis.

—Para nada, déjanos compensarte. ¿Por qué no nos acompañas esta noche?

—¡Claro! ¡Es genial! ¡Así tendremos guía privado!

—Oh ¡qué lujo! Un chico tan guapo sólo para nosotras — una de las chicas le agarró del brazo dispuesta a llevárselo y Nagisa empezó a reírse ante su insistencia.

-Venga chicas, es que estoy algo ocupado y...

-Ohhh no nos digas que tienes novia.

Nagisa se llevó la mano a la cabeza para rascarse en un gesto de disculpa.

—No exactamente…

—Entonces ¿cuál es el problema? Venga vamos, diviértete un poco.

Quiso hacerse el difícil, pero tanta insistencia y tanto piropo estaban empezando a hacer mella en él. Hasta que oyó una voz a su espalda.

—¿Nagisa?

—¡Rei-chan! ¡Por fin sales! —contestó girándose para poder ver a su compañero.

—Perdón por el retraso. El profesor quería hablar conmigo de una cosa después de clase y me entretuvo más de lo que creía… ¿Hola?

Rei por fin se había dado cuenta de la compañía en la que su novio se encontraba y se había adelantado un par de pasos para acercarse a saludarlas.

—Perdonar también a vosotras, no sabía que Nagisa estaba acompañado.

—¡No pasa nada! —dijo enseguida una de ellas llevándose una mano al pelo, pera atusarlo de manera juguetona —. No nos dijo que estuviera esperando a nadie. Y menos a alguien tan guapo.

Rei se subió las gafas intentando disimular su incomodidad y ¿un sonrojo? Oh, eso sí que no.

—Bueno chicas —interrumpió Nagisa colocándose entre los dos como un escudo humano —. Nosotros tenemos que irnos. Mi NOVIO y yo tenemos planes para cenar. ¡Vámonos Rei-chan!

El más bajito les brindó una sonrisa descarada y se agarró del brazo de Rei, llevándoselo consigo sin darle tiempo a nadie a poder reaccionar ni despedirse más que con un gesto de la mano de parte de Rei y de las impresionadas chicas, que se habían quedado petrificadas en el sitio.

—Sí que tienes prisa por ir a cenar.

—Claro que sí, Rei-chan. Después de dejarme horas en la calle esperando bajo el frío necesito comida para no desmayarme.

—Sólo fueron 10 minutos. Eres un exagerado. Pero lo siento, no volverá a pasar.

Nagisa se sintió mal por sacar la carta de la culpabilidad a Rei, que siempre se tomaba esas cosas muy en serio. Hasta que su novio siguió hablando.

—De todas maneras al menos no estabas sólo esperando en la calle. ¿Por qué siempre que te dejo sólo atraes gente?

—Eso es mentira, no atraigo a nadie. Y además a ti se te veía muy cómodo con ellas.

—¿A mí? Pero si eras tú el que estabas hablando tan feliz. Pensé que eran amigas tuyas de la Universidad.

—¿No estabas celoso entonces?

—No, ni un poco —negó Rei mirando tercamente hacia otro lado.

—Pues yo sí.

—¡¿Qué?! —el de gafas por fin miró a su novio, escandalizado, con la boca abierta de par en par.

—Nada más verte se tiraron encima de ti. Vaya descaradas. Ni siquiera sabían si tenías pareja o no —Nagisa apretó más el agarre en el brazo de Rei y le miró a los ojos, enfadado —. ¿Te parecían guapas?

—Bueno, sí… —Nagisa infló las mejillas pero antes de poder decir nada, Rei siguió hablando —. Pero no son tú.

La expresión de Nagisa se relajó y por fin sonrió. Su cara iluminándose de la alegría que irradiaba.

—¿Ah no?

Rei se soltó para pasar el brazo que antes tenía aprisionado, por encima de los hombros de su acompañante y acercarlo más contra sí.

—Claro que no. Tú eres único, y todo mío.

Cenas alegres

Rei hablaba y colocaba los platos en la mesa mientras Nagisa jugaba con el mando de la tele, yendo de un canal a otro con cara de aburrimiento.

—Siento que no haya mucho, sólo nos quedaba una pizza en el congelador, hoy me olvidé de pasar por el supermercado de la que volvía. Sé que era mi turno pero me despisté completamente. Tengo que revisar mi calendario, debo de tener los días desplazados o algo, no lo sé.

—No te preocupes, ya voy yo mañana. Sólo tengo dos horas y luego tengo el resto del día libre.

—Genial, gracias ¿Qué tal por clase? —preguntó Rei sentándose por fin a la mesa.

—Muy bien, esta semana hemos estado profundizando en la Segunda Guerra Mundial.

—Ah, qué bien. Es un tema muy interesante.

—La verdad es que lo es, pero tengo que decir que el tema más interesante del día fue a la hora de la comida —Nagisa hizo un barrido con la mirada por la mesa —. ¿Se te ha olvidado el agua?

—Sí, perdona, voy a por él.

—Nah. Ya voy yo, estoy cerca.

Nagisa posó por fin el mando en la mesa y se levantó a por la jarra, abandonada en la encimera de la cocina.

Mientras hacía el camino y su novio cortaba la pizza en varios trozos, concentrado, seguía hablando.

—Sí, unos chicos de último año se han unido para hacer una tesis acerca de torturas. De cómo han evolucionado a lo largo de la historia. Y han venido hoy a la cafetería a preguntarnos cuáles conocíamos o si teníamos algún dato curioso para añadir a los que ellos ya conocían.

Rei frenó en seco lo que estaba haciendo y miró a Nagisa escandalizado.

—¿Os parece un tema adecuado para la hora de la comida?

—Rei-chan, por favor, suenas como mi abuela —Nagisa se rió e hizo un gesto con su mano libre para quitarle importancia al asunto —. La cosa es que —siguió mientras se sentaba y llenaba sendos vasos de agua —. ¿Sabías que en Europa tenían una especie de potro que terminaba en pico? Como un triángulo, ya sabes.

—No, no lo sé… —Rei intentaba ignorarle mientras comía el primer trozo de pizza, pero era una tarea casi imposible. Su novio ya se había emocionado y ya no había quien le parara.

—Y sentaba a la gente encima con pesos atados en los tobillos hasta que se les rompía la pelvis y se desparramaban todos los órganos por el suelo. ¿No es asquerosísimo?

—Mucho…

El estómago de el de gafas se encogió como si alguien lo hubiera cerrado poniendo un montón de piedras encima y sintió una pequeña nausea al mirar los trozo de salami rodeados de queso fundido y tomate. Mucho tomate... Quizás no tenía tanta hambre como pensaba…

—Y ese no es el peor. Mira, tenían otro que…

—Nagisa… Creo que yo hoy voy a cenar sólo un yogur. Cómete tú toda la pizza.

Rei se levantó de la mesa para ir al frigorífico algo cabizbajo.

—Bieeeeen! ¡Gracias Rei-chan!

En cuanto su novio había empezado a zampar la pizza, había callado. Por fin. La única manera de distraer a Nagisa de algo era poniéndole comida delante. Y sí, eso funcionaba también con más comida.

Mientras se terminaba el postre, Rei tuvo una extraña revelación.

—Nagisa… ¿No habrás sacado ese tema para quedarte tú con toda la pizza verdad?

—¡Qué cosas dices Rei-chan! —le contestó llevándose una mano a la mejilla escandalizado con la boca muy abierta —. ¿Tan retorcido me crees? Fatal Rei-chan, pensar así de tu novio…

—¡Lo has hecho a propósito! ¡Devuélveme la pizza!

—¡No puedo, ya casi la he terminado!

—¡Pues dame lo que te quede!

Rei intentaba alcanzar el plato desde su posición en la mesa, pero Nagisa ya la había alejado, protegiéndola con su vida.

—Nooooo Rei-chan. ¡Ya dijiste que me lo dabas! ¡Tú no la quieres!

—¡Lo retiro! ¡Se los daré al gato! ¡Se los merece más que tú!

—Nooooooooo…

Leer es bueno para… El alma

—Nagisa, creo que tengo un problema en el bañador.

—¡Rei-chan! ¿Y esa frase de película porno cutre? ¿Qué haces mientras no estoy en casa? Sabía que no tenía que haber elegido el turno de tarde este semestre…

Nagisa se llevó una mano a la frente y empezó a fingir un desmayo hasta que su novio le interrumpió con un pequeño empujón, haciendo que trastabillara y se tuviera que sujetar a la pared que los separaba.

—¡Nagisa! ¡Yo no hago esas cosas!

—Ya lo sé tonto —le contestó riendo y acercándose para darle un rápido beso en la mejilla —. Tú eres más de revistas.

—¡Que no! ¡Tampoco tengo revistas!

—No disimules, que el instituto me pasaba más tiempo en tu habitación que en la mía.

Rei se llevó las manos a las mejillas para intentar taparse el sonrojo que se había apoderado de golpe de casi toda su cara.

—¡¿Y para qué miras debajo de mi cama?!

—¡Ala! ¡Era broma! ¿De verdad que tienes esas revistas?

—¡NO!

—Venga tonto, no mientas. Si quieres cuando lleguemos a casa las puedo mirar contigo. ¿Qué te parece eso?

Nagisa pasó los brazos por el encima de la pared que los separaba para intentar alcanzar a su novio, pero Rei conseguía esquivarle siempre en el último momento.

—¡Nagisa! ¡Para! ¡Va a entrar alguien!

—Ven aquí tonto, que sólo quiero otro beso.

Estaban muy ocupados metidos en su mundo hasta que un carraspeo de garganta les hizo volver a la realidad.

—Chicos…

Makoto y Haru estaban en la entrada de las duchas. El alto intentando ocultar su horrible incomodidad con una sonrisa forzada y Haru con una mirada indescifrable. Ambos con la toalla enrollada en las caderas, esperando para entrar.

—¡Makoto senpai! —la cara de Rei se iluminó automáticamente, como un vistoso y hortera árbol de Navidad —. ¡No estábamos haciendo nada!

Makoto levantó las manos y empezó a alejarse lentamente.

—Ya lo sé, tranquilo, no pasa nada. Haru y yo mejor nos vamos a las duchas de al lado. No os preocupéis.

Antes de que Rei pudiera detenerle, Makoto ya había huido. Intentó buscar apoyo en Haru, pero éste sólo le miró con su acostumbrada indiferencia.

—No manchéis el agua…

Y desapareció detrás de Makoto. Dejando al de gafas con el brazo extendido y con medio cuerpo asomando de la ducha y a Nagisa algo rojo también, pero por el ataque de risa que se había apoderado de él.


Perdón por tardar tanto en actualizar, llevaba un par de semanas sin ninguna gana de hacer nada, espero que os haya gustado :_D