Beber no es bueno... A veces.
Nagisa intentaba dormir pero le dolía la cabeza y hacía mucho frío en la cama. Esa noche se supone que él y Rei iban a salir de fiesta. Cada uno con sus respectivos amigos de la Universidad. Pero al llegar a casa con un par de copas de más y buscando mimos, se había encontrado con que su novio no estaba en casa.
Era muy raro para él salir hasta tan tarde. Pero Nagisa estaba demasiado afectado por el alcohol como para comerse la cabeza. Sólo quería dormir. Pero cuanto más tiempo pasaba más se enfurruñaba con Rei por no estar ahí con él y no avisarle de que él seguía por ahí pasándoselo bien.
Un golpe seco y un tintineo de llaves le sacaron de sus pensamientos. No tuvo que esperar nada para que Rei entrara a su habitación y se dejara caer en la cama cual largo era, como si un francotirador acabara de alcanzarle.
—Nagisa... —murmuró abrazándose a su espalda —. Te he echado de menos...
—Rei-chan, ¿dónde estabas? —preguntó Nagisa girándose para mirarle aún entre sus brazos —. Estaba muy preocupado.
—¿En serio? Ohhh perdona cariño, para la próxima te aviso y te vienes conmigo y los demás. Son muy majos cuando les conoces bien.
—¿Cariño? Rei-chan... ¿Cuánto has bebido? ¡¿Sigues con la ropa de la calle?!
—Bueno... Todo es relativo —contestó este entre risas pensando probablemente en algún chiste privado con sus amigos científicos. Nagisa se volvió a girar para volver a su posición de antes, mirando a la pared y algo enfadado.
—No me refería a eso, tonto.
—Perdona, perdona. Ya lo sé. Es que no me di cuenta de la hora. Estábamos celebrando una cosa.
Mientras hablaba, se había vuelto a acercar a su novio. Abrazándole con más fuerza para evitar futuros escapes. Rei apestaba a alcohol, pero Nagisa no dijo nada, suponiendo que él no estaba tampoco en condiciones de quejarse.
—Perdooooón Nagisa. ¿Me perdonas? —siguió, repartiendo besos por su cuello allí por donde alcanzaba, haciéndole cosquillas.
—No, que además me estás dando calor. Estaba muy bien solo en la cama, que lo sepas.
—Sé que es mentiraaa —contestó el de gafas sonriendo —. Porque te estás riendo.
—Bueno —admitió el rubio —, lo del calor no es mentira.
Mientras terminaba la frase, las manos de su compañero se movían desde su cintura hasta el final de su camiseta, subiéndosela para colar sus dedos por debajo de ella. Nagisa se dejaba hacer, sonriendo y relajándose en brazos de su novio.
Hasta que un dedo congelado tocó la piel de su costado
—¡Rei-chan! ¡Suéltame! ¡Tienes las manos heladas
Nagisa se revolvió, pero el agarre de Rei era muy firme.
—Lo sé, perdona. Quería ver si podía calentarlas un poco. Pero no te puedo soltar... Si te suelto la habitación me da vueltas...
—Rei-chan. ¿Me estás usando de ancla o de estufa?
—Puede que ambas —admitió con todo su morro —. Pero también te abrazo porque me apetece.
—Bueno anda, menos mal.
—Hoy he bebido mucho... —confesó el de gafas entre risas.
—No hace falta que me lo jures —murmuró Nagisa contra la almohada, intentando dormir. A pesar del susto, su cabeza seguía algo embotada por el alcohol.
—Hemos celebrado una boda.
—¿Una boda? ¿De quién? —preguntó extrañado.
—De un compañero de clase. Le ha pedido matrimonio a su novia del instituto.
—Oh, qué bonito...
—¿Verdad? —preguntó Rei —. Qué envidia...
Se giró una vez más para mirar a Rei a los ojos.
—Rei-chan... ¿Qué dices?
—Nada, tranquilo. Son tonterías mías.
—No, Rei. Ahora me lo cuentas.
—Tú nunca... ¿Nunca has pensado en nosotros dos así? ¿Juntos para siempre? ¿Con casa propia que no se nos caiga a trozos, nuestras carreras, el gato...?
Nagisa se quedó paralizado ante las palabras de su novio. Nunca habían hablado de ese tema. Mentiría si dijera que no se lo había planteado alguna vez pero...
—Creo que no es el momento para hablar de esas cosas, Rei-chan...
Ante la cara de decepción de su novio Nagisa se sintió en la obligación de aclarar la situación.
—Es que yo también estoy un poco borracho... Y...
—No pasa nada, Nagisa. Tienes razón. No es el momento más adecuado.
Rei intentó disimular su incomodidad riendo y rascándose la nuca. Pero el de gafas estaba en ciencias y no en teatro por una razón muy obvia. No sabía ni mentir, ni disimular.
—Rei-chan... Sabes que te quiero mucho. Y nada me haría más feliz que poder estar contigo el resto de mi vida así. Juntos. Incluso en este piso de mierda. Pero es que nunca me había planteado lo de una boda. No sé. La familia reunida, los trajes negros, los dos elegantes, Haru llevando los anillos...
—Para no haberlo pensado parece que lo tienes todo muy visualizado en tu cabeza...
—Rei-chan. Ahora no vamos a hablar de esto. Mañana si quieres me pides matrimonio con uno de los cereales redondos que guardo en el armario.
Mientras se re acomodaban, los dos mirando hacía la pared. Rei suspiró feliz contra la nuca de Nagisa, provocándole un escalofrío.
—¿Quedan cereales?
—Sí.
-¿Y hay bacon?
—Eso ya no lo sé...
—Jo...
Los dos cerraron los ojos pero había algo que inquietaba a Rei y no le dejaba dormir.
—Nagisa... ¿Estás restregando tu culo contra mi...? ¿Contra mí?
—Rei-chan de verdad, no se puede ser disimulado contigo. Un día voy a pintar una pista de aterrizaje en la cama.
—¡Pe... Perdón! ¡Ahora voy!
Ambos se besaron entre risas. Las manos de Nagisa jugando con él y tranquilizándole. Quitando la tensión de sus hombros y las ropas con las que había salido de fiesta, que todavía no se había quitado. Entre unas cosas y otras esa noche ninguno pudo dormir.
Y... Con esto terminamos, que ya me daba vergüenza tenerlo aquí abierto. Los futuros reigisas que haga los subiré como one-shots fuera de este extraño AU que me he montado. ¡Muchas gracias por haber llegado hasta aquí! :D
