Capítulo 3

La gélida mirada de los habitantes del barrio Hyuga le hacía enchinar la piel. No entendía porque todos la miraban de esa manera, ¿acaso había hecho algo malo? Pero, ¿Qué pudo haber hecho? Solo era una niña, que no pasaba de los 8 años.

Eso no importaba, con todo el temor del mundo se acercó a la primera persona que vio y preguntó.

-disculpe… ¿sabe dónde está Hiashi Hyuga?- el adulto volteo a verla y al notar "quien" era, la miró con repudio.

-¡No debes dirigirte a Hiashi-sama de esa manera, mocosa!- gritó el adulto –ten más respeto-.

-¡Hekai!- el hombre calló al oír la voz de su líder –no tiene derecho de hablarle así- reprendió el castaño.

-Hiashi-sama, disculpe… pero esta niña no…-

-es… línea directa de la rama principal- interrumpió Hiashi –ven- ordenó el castaño a Hinata, mientras este comenzaba a caminar dentro de la casa de la rama principal.

Unos momentos después, ambos entraron a una habitación donde hablaron solos.

-¿Qué haces aquí? Se supone que te quedarías con Hana- Hiashi frunció el ceño dando otra descarga de nervios a Hinata, hacia unos momentos le había parecido más amable, incluso le había defendido.

-mamá me pidió que viniera contigo- respondió Hinata con temor.

-¿sabes que en este clan ninguna de las dos son bienvenidas?- preguntó Hiashi, pensando que la niña era algo tonta.

-lo sé… de haber sido por mi jamás hubiese venido… pero mamá me lo pidió, ella… va a morir- por un segundo el rostro de Hiashi cambio a una expresión que parecía ¿dolor?, pero un segundo después su semblante serio volvió.

-puedes quedarte- dijo después de unos minutos de silencio –pero esto te debe quedar claro, no porque seas mi hija- la garganta parecía quemarle al decirle "hija" a aquella niña que nunca había visto –no te da derecho a nada, no eres mi legitima, ni siquiera de la rama secundaria, eres más bajo que eso, que te quede claro, solo eres…- la miró a los ojos, y con despreció terminó –mi bastarda-.

-Hinata Hy…-

-Yake- interrumpió Hinata, antes de que la Hokage la hiciera enojar más –dentro de ese clan… soy Hinata Yake-.

Tsunade guardó silencio un momento, Hinata se tomaba muy enserio su bastardía. Volvió la vista a su compañera de habitación y notó que ella veía a Hinata con cierto dolor en sus ojos.

-Hinata… no era necesario que…- trató de hablar Naruto, pero Hinata le dio una mirada que parecía cortarla.

-¡cállate! ¡Tú no sabes lo que es que la gente te desprecie hasta… hasta ponerte un nombre que te recuerde su odio!- Naruto agacho la mirada, por un segundo Hinata creyó haberla herido, pero se repuso al recordar que ella era un demonio.

-lo siento- su voz parecía que se había quebrado –pero si lo sé- Hinata se sorprendió, no por la declaración, sino porque acompañada de esta venían un par de gruesas lágrimas.

-¿Cómo podrías saberlo?- preguntó de nuevo, sin creerle.

-¡quien no me conoce eres tú!- alzó la mirada y Hinata pudo notar un par de ríos desbordándose en el rostro de Naruto.

Para sorpresa de Tsunade y Hinata, Naruto tomó la espada que reposaba al lado de su cama y salto hacia la ventana, pero antes de irse volvió la vista a ambas mujeres.

-Hay muchas cosas que no sabes de mí, Hinata- parecía que su voz venia cargada de odio y dolor –que haya estado unos pocos años contigo no te hace conocerme, hay tantas cosas que no sabes de mi- Hinata no entendía sus palabras, pero cuando iba a pregunta, Naruto saltó por la ventana y se fue.

-¡encuéntrenla y tráiganla!- al segundo, 10 anbus aparecieron de la nada, siguiendo el rumbo de Naruto.

-veo… que tenías esto preparado- Hinata parecía no estar sorprendida ante los ninjas.

-sabiendo cómo eres tu… debía estar preparada- contesto Tsunade calmada -tu compañera… se ve que la heriste- Tsunade no parecía entender porque Hinata había cambiado tanto. Antes, a pesar del desprecio del clan y de la mitad de la aldea, ella siempre cargaba una sonrisa en el rostro sin importar qué, pero ahora, parecía que algo había cambiado, algo en el pasado la hizo cambiar tanto.

-¿Cómo podría herirla?- pregunto sarcástica –es un demonio- a Tsunade le era desconocido lo que realmente era Naruto, así que solo supuso que era una forma en la que la peli-azul la definía.

-¿Cómo puedes hablar de ella de esa manera?- preguntó algo extrañada de su forma tan dura de hablar.

-de cualquier forma, ella tiene razón en una cosa- Tsunade volvió la vista a la peli-azul después de estar viendo hacia la ventana por donde había huido la "joven" rubia -yo no sé realmente nada sobre ella, así que no importa cómo le haya hablado, es solo un demonio, sin sentimientos, solo existe para destruir… y asesinar- Hinata cerró los ojos, y varias imágenes volvieron a su memoria, eso la hacía sentir demasiado incomoda.

-espera… ¿Qué?- Tsunade la hizo volver a la realidad, recordando que nadie en la aldea sabia sobre lo que realmente era Naruto.

-Naruto, realmente es Kyuubi- Tsunade se sorprendió, solo esperando a que sus anbus no corrieran demasiado peligro.

Corrió sin ser percibido por los aldeanos, tenía que encontrar ropa para cambiarse lo más rápido posible, esa bata le hacía sobresalir, y lo que en esos momentos quería era estar sola y en paz. Finalmente encontró un tendedero con ropa y tomó un par de prendas, y mientras corría se las ponía.

Finalmente, se detuvo en una zona de entrenamiento ninja, se adentró en esta hasta lograr perder a sus perseguidores. Caminó un poco hasta llegar a un riachuelo, vio su reflejo unos segundos. Su cabello rubio pegado a su rostro debido al sudor, sus ojos rojos del llanto, su nariz irritada y su boca seca. De solo verse a sí misma se daba vergüenza, golpeo su reflejo con su espada aun envainada. Sentía desprecio, repulsión, asco por si misma ¿Cómo había caído tan bajo? ¿Un demonio, enamorado de una humana? Ridículo, ¿no?

-disculpe…- una voz la hizo volver a la realidad, volvió la mirada, y se encontró con un par de ojos verdes observándola -¿se encuentra bien, señorita?- preguntó la muchacha

Se veía de la misma edad que Hinata, tenía el cabello de un peculiar tono rosa, y como ya se había dicho antes, un par de hermosos ojos color jade, una piel blanquecina, aunque quemada por el sol y una banda ninja adornando su cabello como si de una diadema se tratase.

Naruto se levantó del suelo en silencio, no inmutó palabra alguna ni movimiento alguno que le diera una respuesta a la otra joven y volvió a alejarse, cuando volvió a estar lejos de todo, volvió a derramar más lágrimas amargas, incluso más que las anteriores.

-no- respondió la pregunta que la peli-rosa le había hecho hacia unos momentos –no estoy bien… ¿Cómo podría estarlo? Si me ha hecho caer tan bajo la humana a la que… a la que amo- admitió finalmente para sí misma.

Volvió la mirada de nuevo a su espada, la desenvainó y admiró el grabado en el acero "Naruto", sonrió melancólica, aun recordaba cuando esa espada solía tener otro nombre.

-Kurama… ¿Por qué me hiciste esto?- se preguntó a si misma –creí que eras mi amigo- cerró los ojos un momento, y recordó una de las conversaciones con el susodicho.

-Ser un demonio no es nada fácil Naruto- hablo un zorro gigante de pelaje rojizo –los humanos te miran con desprecio, con temor, pensando que en cualquier momento los atacaras y es debido a eso que siempre terminamos solos- el zorro entrecerró la mirada mientras sus rojizos ojos adquirían un brillo de tristeza.

-a veces es mejor la soledad, ¿no?- respondió en el mismo tono Naruto.

-no siempre… al principio suele ser agradable, pero después de muchos años se vuelve un martirio, siempre será mi condena por el gran poder que poseo- respondió el zorro de nuevo.

-Kurama, yo desearía poder estar en tu lugar, no tener que convivir con la gente que convivo, no tener que ver a las mismas personas con sus mismos y absurdos ideales-

-Naruto…- el zorro se calló, y eso llamó la atención de Naruto –lo lamento-

-¿Qué? ¿Ocurre algo?- preguntó preocupado.

-espero que algún día puedas perdonarme… pero ya no soporto esta soledad, en verdad, lo siento- el zorro realizo varias posiciones de manos, y un brillo segador los cubrió a ambos.

-Kurama…- susurró de nuevo –ahora entiendo a lo que te referías…- al recordar aquella última conversación antes de lo que ocurrió entre ellos, le hizo darse cuenta de sus razones para hacer lo que hizo -ahora entiendo el sufrimiento con el que solías cargar… y me alegro que al final hayas podido ser libre… que hayas podido vivir como siempre quisiste- volvió la mirada hacia arriba, y alcanzo a ver el cielo algo difícil de ver debido a los arboles –me alegro haberte podido ayudar de alguna manera, amigo- se levantó del pasto donde se había recostado a recordar.

Tomó la espada entre sus manos y cortó su cabello, hasta que este quedo hasta su nuca, desordenado y por alguna razón se al final terminaba en puntas.

-ya es hora de dejar esta ridícula apariencia, ¿no?- tomó la espada entre sus manos y atravesó su pecho con ella, por un segundo sintió un hormigueo, y después un inmenso dolor que aguanto cuando la espada comenzó a fusionarse por sí sola con su cuerpo.

Finalmente, Naruto y la espada se volvieron uno, y una luz volvió a cubrir el cuerpo de la rubia. Sus enormes pechos comenzaron a hacerse cada vez más pequeños hasta volverse un pecho plano, un bulto comenzó a resaltar en su entrepierna y comenzó a hacerse más alto de estatura.

-mucho mejor- dijo cuándo la transformación termino, y se volvió un hombre –extrañaba ser yo mismo- se dijo, para comenzar a correr sin rumbo fijo.


Sé que muchos se preguntaran "¿y ahora que enredijo mental trae esta loca ahora?" pues muchos XD pero esto es solo para que entiendan una cosa, la personalidad de los personajes cambiara, pero su físico no mucho.

Espero que les guste y entiendan mi historia :) dudas no duden en consultarlas con un review, felicitaciones no olviden dejarlos en un review, insultos... esos si guardenselos XD

Namikaze Hanoko fuera...