Frío exterior
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Advertencias: AU, Lenguaje vulgar.
Capítulo 2
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Un sonido consiguió alertarlo y volteó de inmediato apuntando con su arma.
Un sujeto delgado y de aspecto desagradable tenía inmovilizada a Sakura, con su mano izquierda sostenía un cuchillo que apuntaba a su yugular y con la derecha encañonaba a Sasuke con su Webley.
—Tengo a tu perra, malnacido. Suelta el arma o se muere.
—Mátala si gustas, no la conozco —musitó, gélidamente.
Un gesto de sorpresa adornó el rostro del sujeto y deslizó un poco el cuchillo, un hilo de sangre cruzó el cuello de Sakura y se depositó en el cuello de su blusa. La expresión de Sasuke no cambió en lo absoluto y apretó el gatillo de su arma. Una bala salió tras un golpe del martillo del revólver y se alojó en el cráneo de aquel hombre. Ella cayó al suelo siendo empujada por el peso del occiso.
—Demasiado lento —murmuró Sasuke— y demasiado ruidoso —comentó volteándose con rapidez mientras disparaba una segunda bala, que fue a parar al pecho de un hombre un poco más robusto que el anterior, quien alcanzó a accionar su arma antes de caer al suelo.
Sasuke sintió como una pequeña cantidad de ese cálido, viscoso y rojizo líquido vital escapaba de su brazo, nada de qué preocuparse.
Caminó con parsimonia hasta situarse junto a su más reciente contrincante, que entre jadeos trataba de levantarse para alcanzar su arma. Sasuke levantó un pie y lo colocó sobre la herida en el pecho del sujeto, que emitió un desgarrador grito de dolor y cayó de nuevo al suelo. El pelinegro buscó en su bolsillo una fotografía y la comparó con el hombre que se retorcía bajo su pie.
—Parece que eres mi hombre —anunció llevando el pie, con el que anteriormente había pisoteado su herida, a la muñeca de su presa—, casi logras lastimarme —sacó un filoso cuchillo de su cinturón—. Voy a llevarme esto —dijo, cortándole uno de los dedos rápidamente.
El moreno salió del lugar con una sorprendente naturalidad y tomó el camino de regreso a la ciudad.
—Es la segunda vez que me salvas —escuchó una voz a su espalda luego de un rato.
—No sé a qué te refieres —se limitó a decir sin voltear—, solo hago mi trabajo.
Caminaron en un silencio total, la exasperación de Sasuke era notoria y Sakura parecía renuente a desistir.
—¿Qué tan difícil es parar un momento para charlar? —Sakura se adelantó y se plantó frente a él.
—No tenemos nada de qué hablar, con todo lo que has visto debes sentirte afortunada de que no te vuele los sesos en este instante —articuló una oración bastante larga para lo poco que solía hablar. Entró al edificio en donde vivía.
—Entonces mátame —dijo, mientras lo seguía escaleras arriba.
—Tengo principios —argumentó, abriendo la puerta del departamento.
—¿Principios? Te ganas la vida quitándosela a otros —entró sin ser invitada— No es como que eres el ejemplo de un ciudadano modelo.
—No es agradable matar mujeres o niños, desafortunadamente para mi tú entras en ambas categorías. Estaría encantado de apartarte de mi camino.
—Deja que me quede contigo.
—¿Qué? —preguntó, sorprendido.
—Déjame quedarme aquí, puedo hacer muchas cosas. Por favor —pidió, sentándose en una silla.
—Definitivamente no —se negó al instante.
—Puedo arreglar tu departamento, lavar tu ropa, hacer de comer, ayudarte en tu trabajo, podrías tocarme —Sasuke enarcó una ceja— incluso puedo… —hizo una pausa, tomó una gran bocanada de aire y clavó su mirada en el suelo— Incluso puedo dejarte tener sexo conmigo —estrujó la tela de sus pantalones cortos con las manos
—¿Me veo como alguien que necesite a una ramera en miniatura en su vida? —preguntó, ocultando la sorpresa de su rostro perfectamente con su gélida voz.
—Hay muchos hombres que no desperdiciarían la oportunidad que te estoy dando —replicó inflando sus mejillas y disimulando su sonrojo mirando al suelo.
—No necesito sexo, y menos con una niña, eso es enfermizo —comentó, impasible— Ahora lleva tu diminuta humanidad fuera de este departamento —ordenó, tomándola por el cuello de su camisa para guiarla a la salida.
Sakura caminó cabizbaja y sin mucha resistencia, por su parte Sasuke se aseguró de darle un empujón con la puerta al cerrarla.
Se sentó nuevamente junto a la puerta a esperar. Tras un par de horas él volvió a salir, suspiró exasperado y simplemente se marchó.
Ella se mantuvo en su posición esperando los frutos de su perseverancia por quién sabe cuánto tiempo, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos por un leve siseo.
—Ey —escuchó una voz poco familiar y volteó— ¿Eres de por aquí? —preguntó un chico no muy alto y de tez clara— Nunca antes te había visto.
Su cabello era de un color grisáceo, vestía una franela de algodón sin mangas y podían apreciarse los tatuajes que cubrían sus brazos. Se veía bastante joven, quizás unos 21 años
—Algo así —respondió ella, con algo de inseguridad.
—¿Algo así? —preguntó, mostrando interés.
—Así es, espero a un amigo.
—¿Amigo? —Preguntó, acercándose un poco— Imagino que no te referirás al sujeto que vive en ese departamento –ríe, señalando la puerta junto a la cual se encontraba ella recostada.
—Sí, el mismo. ¿Por qué te parece extraño?
—Ese tipo no es alguien normal, nunca habla con nadie. Además tiene esa mirada sombría, no creo que exista alguna persona en el mundo capaz de disfrutar de su compañía. Me he topado con él un par de veces y simplemente es aterrador, me pone los pelos de punta. Es como una especie de Charles Manson de cabello lacio.
—No es una mala persona —comentó ella.
—Si tú lo dices, has de conocerlo mejor que yo —dijo, encogiéndose de hombros— ¿Te gustaría venir a mi casa a tomar algo? —Ofreció, cambiando el tema radicalmente— Vivo a unas puertas de aquí, será solo un rato. Hay una pequeña reunión en mi departamento —insistió al verla titubear.
—De acuerdo, supongo que no hay problema.
—Por cierto, mi nombre es Sakon —se presentó, mientras caminaban a su departamento.
—El mío Sakura —respondió ella de vuelta.
—Tienes unos lindos ojos, Sakura —se sorprendió antes esas palabras, jamás alguien le había hecho un cumplido, al menos no uno que no fuese sucio y vulgar— Adelante —invitó, luego de abrir la puerta.
Ella se adentró en el lugar sin observar demasiado a su alrededor, se sentó en un taburete frente a una mesa de madera. Nadie reparó demasiado en su presencia, todos los chicos que allí se encontraban parecían estar en el mismo rango de edad de su anfitrión. Las voces y risas de los individuos opacaban el sonido de las guitarras eléctricas, bajo y batería de alguna canción conocida de heavy metal que sonaba en un viejo estéreo.
—Gracias —dijo, tardíamente por el cumplido. Él aparentemente no logró escucharla, el ruido del ambiente era más estridente que su tenue voz.
El aire se sentía denso y la habitación era cubierta por una espesa nube de humo de cigarrillo acompañada de un fuerte olor a marihuana. Sakon se acercó a ella y se sentó a su lado, colocó una botella sobre la mesa.
—¿Fumas? —preguntó, tendiéndole un cigarro común.
—Seguro —respondió ella tomándolo y recibiendo el fuego que le ofrecía.
—Cuéntame, Sakura —articuló Sakon, sirviendo un líquido amarillento en un par de vasos— ¿En dónde vives? ¿Qué edad tienes?
—Muy cerca de aquí —respondió, refiriéndose a la pared junto a la puerta de aquel departamento, en este momento no tenía un hogar al cual regresar— Tengo 17 —mintió, agregándose un par de años.
—Eres bonita —comentó— Te ves algo menor de 17 —deslizó el vaso con el líquido amarillento hasta que quedó justo frente a ella.
—Eso dicen —respondió, dándole una calada al cigarrillo— Pero yo no lo creo —agregó, tomando el vaso entre sus dedos y llevándolo a sus labios con una sonrisa.
Arrugó el rostro cuando sintió el amargo alcohol, probablemente barato, quemar su garganta. Sakon no pudo evitar reír al ver la expresión de su rostro.
—No soy una gran bebedora, no lo hago muy a menudo —se excusó, soltando una pequeña risa, a decir verdad nunca había ingerido alcohol en su vida.
—Sé de algo que puede agradarte más que el alcohol, ¿Cargas algo de pasta contigo?
Sakura asintió y sacó algunos billetes de su bolso.
—¿Esto funciona? —preguntó ella, tendiéndole el dinero.
—¡Perfecto! —Exclamó con aprobación— Jirôbô, trae un poco de tu mercancía, tiene con qué pagarte —informó, mientras tomaba los billetes y se los tendía a un sujeto grande.
El enorme hombre tomó el dinero sin titubear y dejó una bolsa con polvo blanco a cambio, tan rápido como llegó se marchó para integrarse nuevamente en el grupo.
Sakura miró por algunos segundos con algo de desconfianza que pudo ser percibida por su anfitrión.
—No me digas que nunca lo has hecho —comentó Sakon, con algo de sorpresa, a lo que ella simplemente negó—, de lo que te has perdido —comentó, vertiendo una parte del contenido de la papeleta sobre la mesa—. Lo haré yo primero para que puedas verme.
El hombre sacó de su billetera su identificación y un billete. Con la tarjeta ordenó el polvo blancuzco en algunas líneas y luego hizo un rollo con el pedazo de papel.
—Observa como se hace.
Colocó el rollo en una de sus fosas nasales, mientras que con un dedo tapaba la otra. Inhaló una de las líneas y, al levantar la cabeza, frotó su nariz un par de veces con el dorso de su mano.
Sakura lo imitó lo mejor que pudo.
Pasaron un largo rato conversando amenamente, alternando tragos e inhalaciones de cocaína entre su intercambio de palabras. Para ese momento Sakura se encontraba sentada sobre la mesa, muy cerca de su nuevo amigo, con los pies sobre su regazo y una mano en su hombro para mantener el equilibrio.
—Te noto más conversadora —comentó, con una sonrisa— Eres muy divertida.
—¿Eso crees? —preguntó, soltado una risa sin motivo, mientras sentía su corazón más acelerado de lo que recordaba— ¿Es idea mía o la habitación se está poniendo un poco calurosa?
—¡Sakon! —se escuchó un grito que se opacaba bajo el estridente sonido de la música— Es la policía, de nuevo.
—Mierda —murmuró él notando el destello rojo y azul a través de la ventana—, de seguro vienen a jodernos de nuevo esta noche.
—¿Qué sucede? —preguntó Sakura, levemente aturdida.
Su anfitrión la ayudó a ponerse de pie sobre el suelo.
—Debes irte, ahora mismo —articuló con rapidez—. La policía suele venir a molestarnos muy seguido y no pueden encontrar a una menor de edad, un poco ebria y colocada, en mi departamento. Eso puede traerme muchos problemas —explicó— Si los encuentras fuera, no me conoces y no estabas aquí —dijo con detenimiento, encaminándola hacia la salida.
Sakura se desplazó con algo de torpeza hacía la puerta de aquel departamento, sentía su caminar errático, lo que la obligó a recargarse en una pared y cerrar los ojos para componerse antes de llegar a su destino.
Escuchó como alguien carraspeaba frente a ella y abrió sus ojos con lentitud, para encontrarse con unos orbes oscuros.
—¿Qué haces aquí? —escuchó preguntar a un oficial de policía.
—Yo… —se esforzó demasiado para ocultar su estado, mantenía la cabeza gacha pero sabía que un par de palabras más la meterían en líos.
—No hay problema, viene conmigo —comentó una profunda voz al fondo— Estaba esperando por mí, oficial. Dejó sus llaves dentro.
Sasuke la tomó por la muñeca y abrió la puerta de su departamento, prácticamente la arrojó dentro y cerró la puerta tras de sí.
—Si no puedes cuidar de ti misma, ¿Por qué huyes de casa? —Preguntó, exasperado— ¿Puedes explicar que clase mierda tienes dentro de la cabeza?
Ella se limitó a reír y a ignorar sus palabras.
—Esto quiere decir que aceptaste mi propuesta, ¿No? —comentó, acercándose torpemente a él.
—Nada de eso, en cuanto se marchen la policía, lo harás tú también. Te irás de este lugar y no volverás a interferir en mi maldita vida —aseveró—. Jamás —puntualizó.
Sakura solo pudo reírse nuevamente ante sus palabras.
Bufó irritado y prefirió dedicarse a ignorarla mientras pulía con dedicación algunas armas. Luego de un largo rato, un par de horas quizás, le pareció que su indeseada visita se había vuelto menos ruidosa y más tolerable.
Se aproximó al sofá y suspiró con fastidio al notar que se encontraba profundamente dormida.
—Despierta y lárgate —ordenó, dándole un puntapié al sofá.
Sasuke se disponía a zarandearla con su mano, hasta que la expresión del rostro de ella se tensó y un par de lágrimas se asomaron en sus ojos aun cerrados. Se deshizo de su chaqueta y la arrojó sin cuidado sobre el cuerpo de la más pequeña, apagó las luces y se dirigió a su habitación.
La chica del cabello rosado despertó en medio de la madrugada, un gran dolor de cabeza le hacía recordar sus pequeños excesos de la noche anterior. El departamento no era demasiado grande, pudo identificar fácilmente la habitación de él al toparse con el baño y divisar la puerta restante. Con sumo cuidado giró del picaporte para no despertarlo, pero simplemente la curiosidad la invadió.
Al abrirse la puerta, pudo ver como en una fracción de segundo él se incorporaba, llevaba todo su cuerpo hacia adelante y se aferraba a su arma, listo para disparar. Después de todo no es como si fuese una persona normal.
—Intenta acercarte mientras duermo nuevamente y te mueres —advirtió, relajando sus músculos de nuevo y recostándose sobre las almohadas.
—¿Nunca bajas la guardia?
—Jamás —respondió, cerrando los ojos.
Luego de un par de horas de buscar conciliar el sueño, Sasuke se dio por vencido y decidió levantarse.
—Te he preparado el desayuno —anunció Sakura, al verlo pasar por el pasillo.
—Largo —musitó gélidamente, antes de ir al baño a lavar su cara y dientes— ¿Por qué no te has ido aún? —preguntó, al verla todavía dentro de su campo visual.
—Déjame terminar mi tostada, me iré en un momento —prometió.
Un momento que se convirtió en algunos meses.
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—¿Y desde hace cuánto tiempo que te dedicas a esto? —Preguntó Sakura, sentada sobre su espalda desnuda.
—Desde que tenía tu edad, quizás un poco antes, después, da igual —respondió jadeante, con sus músculos tensos, y su cuerpo perlado por el sudor.
—¿Cuándo será mi turno de empezar? —preguntó, entusiasta.
—Nunca —respondió cortante mientras proseguía con sus flexiones de pecho.
—Oh, vamos —se quejó, dando un pequeño salto que terminó derribando a Sasuke sobre su torso, quien se levantó del suelo malhumorado y fue al lavabo, en donde sumergió su cabeza bajo el chorro de agua helada.
El hombre estiró su brazo en busca de una toalla y volteó la mirada al escuchar una risa. La pequeña tenía el paño entre sus manos y lo agitaba lejos de su alcance.
—Molestia —murmuró él, saliendo del cuarto de baño, desordenándole el cabello rosa con su mano y dirigiéndose a su habitación.
Ella había sido tan persistente que había logrado hacerlo ceder, aunque no por ello podría decirse que siempre llevaron una buena relación. Al principio no hablaban muy seguido y él no se mostraba demasiado receptivo. Pero Sakura sentía que, con el pasar de los días, su coexistencia se volvía más amena. Él ya no le exigía a diario que se marchara y no se molestaba por su comportamiento juvenil.
Él por su parte, no había convivido con otra persona en los últimos años. No conseguía acostumbrarse a su presencia, ni dejaba de despertarse cada noche aferrado a su arma al oír un ruido. Siempre que podía, se cuestionaba el haberle permitido quedarse y no podía evitar sentirse incómodo con la idea, se limitaba a vivir con normalidad, con la diferencia que al llegar al departamento ella lo esperaba con alguna clase de tonta atención.
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Podría asegurar que se había habituado a la idea de que ella permaneciera a su lado, tenían casi un año de convivencia y las cosas marchaban con relativa normalidad, o por lo menos lo hacían hasta ese día.
—¡Sasuke! —chilló ella al ver como tenía una ligera cojera y sangraba profusamente.
—No te acerques —advirtió como lo hace un animal salvaje con su gruñido.
—Solo quiero ayudarte —intentó aproximarse.
—¡No me toques! —Bramó, alejándose— Largo —articuló con voz glacial. Ella negó con la cabeza.
Sasuke la miró con el ceño fruncido y se limitó a sacar su arma.
—Largo —repitió más despacio, mientras colocaba algunas balas en el tambor.
—No me iré, quiero estar contigo y de igual forma no tengo a donde ir —se rehusó aproximándose a él.
—Encuentra un lugar —ordenó. Ella se limitó a negar con su cabeza y él a tirar del gatillo ante su renuencia.
La bala salió del cañón y dio de lleno en la parte alta del brazo izquierdo de Sakura. Ella reprimió un grito de dolor mordiendo su labio inferior y lo miró con los ojos vidriosos.
—Por favor —titubeó ella como pudo.
—He dicho que te largues, lo haces o te mueres —interrumpió.
—Yo solo… —él no la dejó articular otra palabra al dejar salir una segunda bala, que esta vez fue a parar en su pierna derecha.
Sakura se desplomó en el suelo y esta vez no pudo contener alarido que escapó de su garganta. La sangre comenzó a brotar de ambas heridas y el dolor se hizo insoportable. Él la tomó, sin delicadeza, sobre su hombro y ella gritó sonoramente ante el brusco trato. Caminó con ella a cuestas por algunos minutos y la dejó sin cuidado en el suelo a unos pocos metros de un hospital.
—Será mejor que te arrastres hasta allá —sugirió, dando media vuelta y alejándose— Si intentas seguirme, morirás desangrada —agregó, mientras ella aún podía escucharlo.
Lo último que Sakura pudo ver fue su ancha espalda alejarse y ser tragada por las penumbras, mientras su visión se hacía más borrosa a cada segundo.
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Saludos, como estaba en esta onda de editar cosas, decidí hacer lo mismo con este, teniendo solo dos capítulos no me tomó demasiado tiempo.
Nos leemos pronto, gracias por pasarse por aquí.
¿Merezco un review?
V
