Frío exterior


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

Advertencias: AU, Lenguaje vulgar.


Capítulo 3


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Lo último que Sakura pudo ver fue su ancha espalda alejarse y ser tragada por las penumbras, mientras su visión se hacía más borrosa a cada segundo.

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Casi podía sentirse culpable, casi. No necesitó de esfuerzo para evocar aquellos sucesos, a pesar del paso de los años seguía recordando aquel día a la perfección, aún se preguntaba si había hecho lo correcto y si ella había logrado permanecer con vida por su cuenta.

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Tras un intercambio de golpes con el hombre al que le habían encomendado encontrar, logró golpearlo con la culata de su arma en la cabeza, un golpe proporcionado para aturdir en lugar de matar.

Ahora me dirás lo que necesito saber o te mueres —exigió, sin rodeos.

Su móvil vibró dentro del bolsillo de sus pantalones vaqueros, miró el número y suspiró ruidosamente. Colocó un pie sobre la espalda del hombre que se encontraba tendido en el suelo y cogió la llamada.

Te he dicho que no me llames mientras trabajo. Juro que si no es una maldita emergencia, dormirás en la calle esta noche.

La llamada permaneció en silencio y Sasuke golpeó nuevamente al otro hombre cuando empezaba a moverse en un intento de liberarse.

¿Sakura?

Vamos niña, saluda a nuestro amigo Sasuke.

Al oír aquella voz, sintió como su corazón se aceleraba mientras una fuerza intangible robaba su habla y le sujetaba el cuerpo para impedir toda movilidad.

¿Te quedaste sin habla? —preguntó el hombre, se podía escuchar una sonrisa en su habla — Haz que ella diga algo —ordenó a alguna otra persona en la habitación.

Se escuchó un gruñido, seguido de un estruendo.

¡La pequeña perra me mordió! —se quejó un hombre de voz ronca.

La línea telefónica quedó muerta. Fin de la llamada.

Murmuró un silencioso «mierda» mientras frotaba sus sienes. Una idea se cruzó por su mente, la vida le daba una oportunidad de librarse de esa molestia de cabello rosa, todo servido en bandeja de plata, lo cual lo hizo sentirse como el más grande bastardo.

Sin dar rodeos, envió un par de disparos directamente a la cabeza del hombre. No se esforzó en buscar el ángulo indicado y las salpicaduras de sangre adornaron su piel.

Tomó el teléfono móvil y marcó un número.

Se me ha ido la mano, no te cobraré por este trabajo —fue lo único que dijo antes de colgar.

Se dirigió al departamento a toda velocidad, saltándose señales de Stop y semáforos en rojo.

Encontró en lugar un poco revuelto y una dirección garabateada, con una caligrafía descuidada, junto al teléfono.

Primeramente se aferró a la idea de deshacerse de ella, luego se odio a sí mismo por traicionar su individualidad al tomar su arma, respirar profundamente y salir de su departamento para acudir a la cita que tenía con la estupidez, para irse al infierno por sus propios pasos. Caminaba directamente a la horca; no sentía miedo, hacía mucho tiempo que no sentía gran cosa.

La noche era oscura y con el cielo poco estrellado, las farolas tenían una luz muy tenue, la cual era escasamente suficiente para alumbrar el pavimento. Sus pasos eran cautelosos pero seguros, con todos sus sentidos alerta y sus ojos vigilantes, casi podía oír el latido de su propio corazón.

Debía dirigirse hacía un pequeño almacén, lo cual era claramente una trampa y lo convertía en un idiota por ir directamente a ella. Al recibir aquella llamada no supo realmente que debía hacer, olvidarse de la niña había resultado ser una alternativa atractiva, pero quizás viviría el resto de su vida sintiéndose como un ser despreciable.

Realmente tenía dos razones para caminar hacía la trampa, una de ellas más importante que la otra. No deseaba simplemente morir como un héroe. Había hecho cosas estúpidas en su vida, incluyendo renunciar a una existencia pacífica, esto solo era un agregado más a la lista.

Escuchó como alguien amartillaba un arma y su primera reacción fue hacer un rápido movimiento directamente hacia el suelo. Una bala rozó su hombro, lo suficiente como para que un pequeño raspón sangrante le recordara su mortalidad.

Sacó su pistola y rápidamente, desde el suelo, disparó en la dirección en la cual vino la bala. Escuchó el ya conocido sonido de un cuerpo caer al suelo, al no oír quejidos supuso que había sido un disparo mortal. Escuchó el ruido de pasos golpear el pavimento y disparó nuevamente. Una ruidosa sarta de improperios acabó con el silencio del lugar.

Sasuke se levantó con rapidez y buscó un viejo edificio para refugiarse. Llevó una mano por su hombro y pudo comprobar que el raspón no era razón para preocuparse. No había comenzado a relajarse cuando un disparo dio en su arma y le obligó a soltarla. Con su mano, levemente lastimada, buscó en el bolsillo de su chaqueta otra arma, pero antes de poder hacer uso de ella sintió el frío metal abrirse paso entre las hebras de su cabello. Soltó un pesado suspiro de resignación.

Creo que hablaban en serio cuando decían que eras de temer —comentó un menudo hombre de voz rasposa en un susurro—. Oh, estás vivo. Imaginé que la bala debió matarte —le gritó a otro hombre que se acercaba cojeando.

Esta rata asquerosa me dio en la pierna —se quejó, ya bastante cerca como para no tener la necesidad de gritar.

Apenas estuvo dentro de su alcance, el hombre herido utilizó su pistola para golpearlo en la cabeza y dejarlo inconsciente.

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Sasuke despertó bastante aturdido, con el cabello apelmazado por la sangre y un fuerte dolor punzante en la cabeza. Sus manos estaban atadas tras una silla, lo que lo mantenía sujeto e impedía su movilidad «¿Acaso es el fin?» se preguntó.

Sakura se encontraba amarrada de la misma manera que él y amordazada, un hematoma le adornaba la mejilla. Hizo un gesto de disculpa con sus ojos enrojecidos cuando sus miradas se cruzaron y luego siguió forcejeando.

Recuérdame por qué no lo hemos matado.

Porque el jefe quiere hacerlo él mismo —respondió el hombre de voz rasposa —Tuvo que ir a arreglar algunos asuntos, pero estará de vuelta pronto.

Podemos matarlo y decirle que se nos fue de las manos, un accidente— propuso.

Deberías dejar tu actitud estúpida, no vas a desobedecer órdenes solo porque te disparó, si no fueses tan incompetente esto no habría sucedido.

El hombre lastimado caminó hacia Sasuke y le dio un fuerte golpe en el estómago, bajó la cabeza mientras buscaba aire a grandes bocanadas. Tiró de su cabello para levantar su cabeza y acercarlo a su rostro.

Solo espera un poco y seré yo el que te mate por haberme disparado, me encantaría que me miraras a los ojos mientras lo hago —susurró, muy cerca de su faz. Podía sentir su aliento a cebolla golpearle la cara.

En un rápido movimiento por parte de Sasuke, consiguió darle de lleno en la ingle con su rodilla al hombre que tenía al frente. El sujeto cayó sobre sus rodillas maldiciendo igual que cuando la bala perforó su pantorrilla y llevó las manos a su parte baja instintivamente.

Tras unos segundos se recompuso y se levantó sobre sus piernas lentamente. Amartilló su arma y disparó directamente al muslo de Sasuke, quien cerró los ojos con fuerza sin poder evitar que se le escapara un grito gutural.

Empieza a despedirte —dijo, apuntándole con su pistola directamente a la cabeza.

Sasuke permaneció con la cabeza en alto y los labios apretados en una fina línea, cerró los ojos en el instante en el que escuchó el disparo. El pesado cuerpo del hombre se desplomó a sus pies, el arma se escapó de sus manos y se deslizó por el suelo.

Le dije que dejara su comportamiento estúpido —comentó el menudo hombre —. Ahora tendré que sacar la basura más tarde.

Pateó el cuerpo inerte de su compañero hasta hacerlo a un lado, se sentó cómodamente en una silla junto a una ventana y les dio la espalda para mirar a través de ella.

Sakura consiguió deshacerse de sus ataduras y, con sus muñecas enrojecidas, tomó el arma del occiso. Con las manos temblorosas, tal y como la primera vez que sujetó una, la apuntó hacia su enemigo, cerró sus ojos y accionó el gatillo. El retroceso provocado por la salida del proyectil le hizo soltar el arma. Víctima de la impresión, se dejó caer al suelo y, aún amordazada, comenzó a sollozar nerviosamente.

Tras algunos minutos, volvió en sí y se deshizo de las ataduras de Sasuke. Él se levantó y fue directamente a comprobar el pulso de aquel hombre.

Está muerto —fue lo único que dijo antes de salir del lugar.

Sabía que era una sentencia de muerte quedarse allí a esperar al hombre que, según sus matones de poca monta, estaba por llegar. Deseaba hacerlo pero apenas lograba mantenerse en pie y no podía permitirse desangrarse frente a sus ojos.

Giró su cabeza para darle una mirada a la chica, ella permanecía petrificada, pero se descompuso al ver la herida sangrante. Continuó su desestabilizado caminar.

¡Sasuke! —chilló ella al ver que tenía una ligera cojera y sangraba profusamente.

No te acerques —advirtió.

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Aquella fue la primera y única vez que disparó su arma contra una niña, se había sentido tan mal como imaginó. En su cabeza se formaron un par de interrogantes: ¿Podría haber hecho las cosas de una manera diferente? ¿Algo podría haber cambiado el rumbo tomó la situación en aquel entonces?

Salió de su letargo y se dirigió a la cita que tenía concertada en una tranquila taberna. Localizó al hombre y se sentó en la misma mesa. Se trataba un sujeto que superaba los 50 años, de complexión delgada, tez blanquecina y un largo y lacio cabello negro que caía sobre su rostro, pero el rasgo más sobresaliente eran sus ojos amarillos, similares a los de una serpiente.

—Me impresiona tu eficiencia, ocho trabajos exitosos en 5 días. Mis clientes van a estar muy complacidos con los resultados.

—Mi dinero, Orochimaru —musitó, cortante.

—¿Por qué tan apresurado siempre? —preguntó el hombre de ojos amarillentos—. Conversemos un rato, vamos a tomar una copa. Me gustaría encargarte un trabajo personal.

—Solo una —puntualizó, levantando un dedo.

Orochimaru hizo un ademán con su mano señalando su cerveza y rápidamente trajeron un par. Deslizó un sobre por la mesa y Sasuke lo guardó en su bolsillo.

—Hace varios meses le presté dinero a un sujeto, pero ahora se niega a pagar y no me siento en capacidad de ir cobrarle personalmente.

—Entonces solo debo ir a exigirle que te pague —dijo, más como una afirmación que una interrogante.

—Oh, por supuesto que no —negó él, moviendo sus manos—. Ya he perdido un par de cobradores con ese sujeto, es más fácil y barato matarlos en lugar de enviar el dinero.

—Entiendo, tengo que matarlo —dijo, consiguiendo un asentimiento por parte de su interlocutor.

—Algo más, dudo que él deje que te le acerques tan fácilmente, jamás baja la guardia. Si intentas atacarlo directamente, simplemente morirás.

—Puedo correr el riesgo, supongo que de eso se trata.

—O puedes actuar inteligentemente y ganarte su confianza, podrías darle un buen uso a tu cara bonita.

—Me gustaría pensar que no estamos hablando de un hombre —murmuró dándole un trago a su cerveza.

El hombre mayor asintió.

—Jamás podrías enfrentarte a él en condiciones normales, aplastaría tu pequeño cráneo antes de que pudieras dar el primer golpe. Si consiguieras tomarlo desprevenido, tendrías posibilidades de vivir.

—Definitivamente no, no pienso hacer de la puta de algún marica, no me importa de cuánto estemos hablando —se rehusó por completo—. No suelo rechazar trabajos, pero esto va más allá de mis límites.

—No te estoy pidiendo que tengas sexo con él, solo que seas un poco agradable para que tengas al menos una mínima oportunidad. Sería una lástima que tu petulancia terminara matándote, siempre he pensado que tienes mucho futuro.

—No intentes halagarme para que acceda.

—Quizás tenga información de cierta persona que has estado buscando hace bastante. Te sorprenderías si supieras para quien trabaja el sujeto, probablemente estarías acabando con uno de sus mejores hombres.

—Maldición, dime que debo hacer.

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Visualizó a su enorme presa al otro lado del bar, era un fornido hombre de tez oscura, brazos marcados por escarificaciones y un enorme tatuaje a un lado de su rostro que le daba un aspecto muy a lo Mike Tyson. En ese momento comprendió las advertencias y soltó la pistola que sostenía firmemente, oculta en el bolsillo de su cazadora de piel marrón. Tomó una gran bocanada de aire y cerró sus ojos, buscando prepararse para lo que estaba a punto de hacer.

Se sentó en la mesa continúa a la de su víctima, cambió el arma a la parte trasera de la pretina de sus vaqueros discretamente. Pidió un trago para él y mandó otra a la mesa del hombre, cuando obtuvo una mirada, se esforzó por esbozar una pequeña sonrisa que le fue devuelta y se le revolvió el estómago.

Tras un rato de intercambio de miradas el sujeto se puso de pie y se sentó junto a él.

—Hola —saludó el hombre.

Sasuke hizo un gesto amigable con la mano, temía que su voz reflejara lo asqueado que se sentía en ese momento. Le dio un gran trago a su dosis de coraje líquido.

—No eres de por aquí ¿Cierto? —preguntó —No te había visto y nunca olvido un rostro, soy muy observador.

—Solo estoy de paso —respondió brevemente y volvió a beber, con la intención de no hablar de más.

Mantuvieron una conversación sobre asuntos triviales, en la que Sasuke se limitaba a participar con ligeros asentimientos y respondiendo con oraciones muy cortas, hablando solo lo necesario.

—Me agradan mucho los chicos como tú —comentó, yendo directamente al grano. Llevo una de sus manos al antebrazo de Sasuke y sus músculos se tensaron, apretó los labios y suspiró con disimulo antes de sonreír un poco. —Atractivos y callados.

—Bien —fue lo único que alcanzó a decir antes de que la voz le fallara.

El ruido de la música era casi ensordecedor, retumbaba en las paredes y hasta en su propio pecho. Las luces de colores variados e intermitentes, le hacían perder un poco la concentración y comenzaba a sentir un leve dolor de cabeza. El hombre gigante se levantó y caminó en dirección hacia el baño, haciéndole señas con su mano para que lo siguiera. Respiró pesadamente, inhalando y exhalando un par de veces, se irguió sobre sus pies y tomó proximidad con pasos lentos.

Sasuke entró al asqueroso baño público y trabó la puerta de entrada. Ante aquello, el sujeto de piel oscura sonrió y se le acercó casi al instante; puso la mano en su mejilla y él ladeó el rostro.

Su presa se arrodilló frente a él y llevó los dedos al cinturón, se humedeció los labios con la lengua, Sasuke sintió arcadas. Su reacción automática fue darle de lleno en el rostro con su rodilla, se escuchó ese característico sonido de una fractura nasal.

El sujeto cayó al suelo sosteniendo su nariz sangrante. Sasuke tardó algunos segundos en reaccionar, los suficientes como para que su objetivo se pusiera de pie y lo derribara, ignorando totalmente el dolor de su nariz rota. El más joven perdió el equilibrio, golpeándose la cabeza contra los azulejos de la pared, se sujetó del lavabo mientras se sentía levemente aturdido.

El enemigo era tres veces su talla, lo levantó del suelo y lo arrojó contra el espejo, sintió los vidrios incrustarse en su espalda. Apretó los dientes para no gritar y, aun estando entre sus brazos, utilizó su cabeza para golpearle nuevamente la nariz. Al instante fue liberado del agarre y el sujeto retrocedió algunos pasos, mientras de su boca escapaban algunas maldiciones en voz alta. Torpemente, Sasuke buscó en sus pantalones el arma y tiró del gatillo, antes de que pudiera darle otra oportunidad para abalanzarse sobre él.

Destrabó la puerta y salió cojeando ligeramente, sintiendo punzadas de dolor en su espalda y en cabeza. Sabía que este asesinato era del tipo que los policías simplemente agradecían, ponían 'Ajuste de cuentas' en su informe, y cerraban en caso, por lo que no era indispensable ser demasiado meticuloso.

Se montó sobre su motocicleta y avanzó a través de las oscuras calles a toda velocidad. La vibración del paseo hacía que sus heridas escocieran, lo cual no le importaba en lo absoluto por el momento. Siempre que se encontraba en la vía, con el viento golpeándole el rostro, podía relajarse y todo lo demás pasaba a segundo plano.

Se dirigió a la tienda de armas propiedad de su empleador, con un objetivo fijo en su mente. Al entrar al local, la campanilla colocada en la parte superior de la puerta anunció su llegada. Aquel negocio era el sitio perfecto para concertar reuniones y hablar sobre trabajo en privado.

—Ya regreso —le dijo a su asistente, Kabuto.

—Entendido.

El hombre de aspecto aterrador se levantó y dirigió a la pequeña habitación ubicada al fondo del lugar. Sasuke lo siguió en silencio.

—Terminé con tu enorme y homosexual problema.

—Ya veo, aparentemente no te la puso fácil —comentó, tendiéndole un grueso fajo de billetes.

Sasuke dividió los billetes en dos partes bastante parecidas, guardó la mitad en el bolsillo de sus pantalones y le regresó la otra mitad a Orochimaru.

—Necesito un pequeño favor, quiero que averigües acerca de una persona.

—Entiendo —dijo, tomando el dinero —¿De quién estamos hablando?

—Su nombre es Haruno Sakura, me gustaría algo de información actual sobre ella.

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Saludos.

Estaba revisando entre mis archivos y me sorprendí al notar que tenía más de la mitad de este capítulo listo, por lo que me apresuré a editar los primeros dos capítulos y terminar éste.

Espero que haya sido de su agrado. Estoy sumamente ocupada, no sé cuándo tendré oportunidad de hacer acto de presencia nuevamente, pero regularmente m tomo un tiempo (así sea uno pequeño) para agregarle un poco a algo.

Gracias por leer, comentar y todas esas cosas de gente bonita.

¿Merezco un review?

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