Suske miro a su tío y su tío lo miro a él.
Tal vez eran imaginaciones suyas, pero, por algún extraño motivo, le daba la sensación de que estaban conspirando contra ella.
Aquel mano a mano entre dos hombres era exasperante
Se hizo un repentino silencio. Aquélla era la táctica habitual de Sasuke.
Nunca discutía con ella, nunca trataba de persuadirla. Se limitaba a apoyarse cómodamente en el respaldo de su silla y esperaba a que ella se diese por vencida.
—Jamás he cuidado a un bebé —protestó ella sin demasiado convencimiento.
—Suske le irá diciendo qué tiene que hacer —le aseguró—. Cuando algo no le gusta, lo hace notar.
Igual que su tío.
Sakura le dio un liguero toquecito en la nariz a Suske.
—A ver a quién te pareces —murmuró muy bajito.
—Tome —Sasuke le tendió un papel.
Sakura lo miro interrogante.
—¿El bebé traía una hoja de instrucciones? —abrió la hoja y reconoció de inmediato la letra de Sasuke. Sin duda, eran notas que había ido tomando mientras su cuñada le decía lo que tenía que hacer—. Lo único que me temo es que hay algo que se le ha olvidado por completo. Resulta, que yo ya tengo un trabajo.
Sakura miró fijamente a su jefe, y resistió valientemente aquella mirada implacable y profundamente oscura como la noche.
—Contrataré a alguien temporalmente, hasta que regrese Konan. No tardará más de una semana en volver —con un gesto impaciente, se apartó un mechón de pelo de la cara.
¿Así que la consideraba así de fácil de reemplazar? La verdad era que había empezado a considerarse indispensable en el trabajo. Si no, ¿de qué valían las largas horas de trabajo, el stress y las caras largas y las miradas inquisidoras de su superior?
El pequeño Suske apoyó la cara en el hombro de Sakura y se quedó plácidamente dormido. Sin duda, la información financiera y el ajetreo lo habían agotado.
—¡Todavía no era su hora de dormir! —protestó Sasuke, mientras leía el papel que ella había dejado sobre la mesa.
—¿Y qué quiere que haga, que lo despierte y le explique que tiene que esperar los nueve minutos reglamentarios? —Sakura se sintió repentinamente algo irritada. ¿Por qué? Era su cercanía. Sasuke Uchiha se había inclinado peligrosamente sobre ella y había sonado la señal de alarma.
De pronto, Sakura se levantó.
—Voy a acostarlo a su cuna —dijo, asumiendo por completo su nueva función.
Al entrar en la habitación del pequeño, sintió el agradable olor a bebé que había en todas partes. La verdad es que aquel temporal cambio de rutina no le desagradaba en absoluto. Hacía tiempo que necesitaba unas vacaciones y no le importaba nada que aquello fuera como un descanso pagado y con entretenimiento incluido.
Acostó al bebé y lo arropó cuidadosamente. Salió de la habitación y se dirigió de nuevo a la cocina.
—¿Sakura?
—Ya voy —dijo ella, al oír una voz impaciente que la llamaba desde la habitación contigua a la cocina.
Sasuke estaba sentado detrás de un escritorio y hablaba por teléfono. Le indico con la mano que se sentara.
¿Es que nunca dejaba de trabajar? ¿No le importaba nada más allá de su empresa?
Un rayo de sol se filtro por la ventana y se posó en su pelo negro y sedoso. Un mechón descarriado se había salido de su sitio y Sakura se sorprendió a sí misma con unos deseos irrefrenables de colocárselo delicadamente en su sitio, de hundir los dedos en ese cabello brillante y oscuro. Bajó la mirada, ruborizada por sus propios pensamientos.
—Le he pedido a la señora Chiyo que cuide a Suske el tiempo justo para que vaya a su apartamento por su ropa.
—¿Ah, sí? —pregunto Sakura, algo molesta por una decisión que debía de haber tomado ella.
¿Qué decisión?
—Supongo que necesitará cosas para una semana, más o menos.
Sakura se quedó boquiabierta. Eso quería decir…
—¿Qué quiere decir? ¿Tendré que quedarme aquí a dormir? ¿Durante una semana? —preguntó completamente desconcertada.
Una cosa era cuidar a Suske y otra pasar veinticuatro horas en el piso de Sasuke Uchiha.
—Como comprenderá, Suske no se desconecta a las cinco de la tarde y se vuelve a enchufar a las nueve de la mañana.
Sakura dudó unos segundos.
—Pero yo había asumido que por las tardes se ocuparía usted de él.
Trabajar con él era una cosa y vivir con él era otra muy distinta, aunque fuera como una empleada.
—Yo tampoco acabo nunca a las cinco de la tarde. Pensé que sería mucho mejor que se quedara aquí y así no tendría que ir y venir a horas intempestivas.
Sakura prefirió no mirarlo directamente a los ojos.
—Sí, por supuesto, ¡Mucho más practico!
—Pediré un taxi. Necesitará esto —le tendió un manojo de llaves—. La más larga es la de la puerta principal.
Sakura asintió, mientras contenía el escalofrío que le había causado el roce de sus manos.
—Iré por mi abrigo —se levanto y se dirigió a la puerta.
—Sakura.
Volvió la cabeza alertada por aquella voz profunda y varonil.
—Gracias —le dijo.
Los ojos negros se fijaron en los de ella unos segundos. Después, los apartó y agarro el teléfono.
—Muchas gracias por darle de comer a Suske, señora Chiyo —murmuró Sakura, francamente agradecida.
El viaje a su apartamento había sido mucho más largo de lo que esperaba.
—De nada. Tengo un nieto de la misma edad —sonrió la señora Chiyo—. Mi Hijo viene a casa todas las tardes con él. Podrías pasaros por allí una tarde para que se junten los dos pequeños.
—Se lo agradezco. Sí, si que lo haremos. A los pequeños le vendría bien —Sakura sonrió.
Aquella mujer era realmente encantadora.
Trabajaba por las mañanas en la casa de Sasuke, lo cual iba a ser una gran ayuda para Sakura.
La despidió y cerró la puerta.
Se sentó un instante en el salón, pero, muy pronto el pequeño reclamo su atención.
—¿Te vienes conmigo a deshacer la maleta?
Pues vamos.
Agarró al niño y la maleta y se dirigió al dormitorio que ya consideraba como suyo.
Puso al pequeño en la alfombra y la maleta sobre la cama y comenzó a sacar las cosas y a ordenarlas en el armario.
—Como verás, sólo he traído pantalones, camisetas y algunos jerseys —le fue contando al fascinado Suske, que la miraba con intensa curiosidad. De pronto sacó un vestido de seda negra—. La verdad es que no tengo idea de para qué me he traído esto ¿Qué tal me queda?
Sakura se lo colocó encima y Suske se río a carcajadas.
—Bueno, no es para ponerse así.
Sakura colgó el vestido en el armario y cerró las puertas.
Miró de arriba abajo la habitación de color crema y verde claro. Una extraña sensación de irrealidad la invadió. ¿Qué demonios estaba haciendo allí, en la casa de Sasuke? ¿Cómo se había dejado manipular para meterse en una situación así?
—Tú no eres el problema. El único problema que hay aquí es tu tío.
Agarró al pequeño en brazos y lo puso frente al espejo.
—Sí señor tu tío.
Se sentó en la cama y colocó al bebé en su regazo.
—¿Sabes? Cando conocí a tu tío, me quedé fascinada con él —Suske hizo un ruidito divertido—. De verdad, que fue así. Supongo que nunca había conocido a nadie como él. Hombres como Sasuke Uchiha no existían en el pequeño pueblo rural del que yo procedo. Por supuesto, ya he superado ese primer impacto que me causó y ahora lo veo de un modo totalmente diferente.
Pero, si quería ser realmente honesta consigo misma, tenía que admitir que continuaba resultándole tremendamente atractivo. Por supuesto, que no sería una excepción del género femenino, pues un hombre así debía resultarle atractivo a una amplia mayoría de sus congéneres.
Un ligero ronquido hizo que Sakura desviara su atención hacia Suske.
—¿Tan aburrida soy? —le dio un tierno beso en la frente y se lo llevó a la habitación para que durmiera.
Después de dejarlo en su cuna, se dirigió a la cocina. ¡Al fin iba a poder comer algo! Estaba muerta de hambre. Buscó en el frigorífico y encontró un suculento trozo de queso Cheddar y tomate. Se preparó un sándwich y se sentó a comérselo junto a la ventana.
La luz de la mañana ya se estaba desvaneciendo.
Miró el reloj y, en ese instante, oyó que la puerta principal se abría. ¿Qué hacía Sasuke tan temprano en casa?
Escucho varias voces de hombre.
Cruzó la cocina y se asomó.
Sasuke llevaba una caja enorme en las manos y se dirigía al estudio, seguido de tres hombres a los que jamás había visto antes. Lo que sí había visto antes eran el armario, la mesa y la silla que transportaban. De hecho, eran los que ella tenía en la oficina.
Poco después, los hombres salieron de nuevo al recibidor con las manos vacías, aunque Sasuke se las llenó con unos cuantos billetes y ellos parecieron satisfechos.
Segundos después, la puerta principal se cerró de nuevo.
Sakura agarró una silla y se sentó con el plato delante.
—¿Sakura?
Le dio un bocado al sándwich.
—¡Sakura! —la puerta se abrió—. ¿No me ha oído?
Ella levantó la mirada.
—Suske acaba de dormirse —le dijo.
Sasuke llevaba un traje oscuro, de los que solía ponerse en la oficina. Aquella imagen le resultaba más familiar. No por ello le resultaba más llevadera.
—Suske no se va a despertar —dijo Sasuke.
—Eso no era lo que decía anoche —murmuró Sakura.
—¿Aburrida? —miró el plato vacío—- Veo que le sobra tiempo.
—¡Aburrida! ¡Si no había podido comer nada hasta ahora! —protestó Sakura enérgicamente.
Él simplemente, no la escucho.
—Si va hacer café…—salió de la cocina.
—Pues no…
—Tráigamelo a la oficina —se detuvo un segundo y miró por encima del hombre—. Por favor.
Aquel por favor parecía sacado de un baúl al que accedía pocas veces. Era un vocablo que no estaba en el diccionario de uso de Sasuke Uchiha.
Poco después, Sakura entro en la oficina, taza en mano. La dejó sobre el escritorio de Sasuke y vio cuáles, exactamente, habían sido los bultos transportados hasta allí. ¡Eso le había parecido!
Eran su escritorio, su silla, su cajonera y su ordenador.
—¿Sorprendida? —Sasuke la miraba con una pequeña sonrisa satisfecha.
—¿Y qué va a hacer la ayudante temporal que ha contratado? ¿Sentarse en la alfombra empuñando un cuaderno de notas y un bolígrafo?
—No pude encontrar a nadie adecuado —dijo y se encogió de hombros—. Ni nadie que pudiera comprender su sistema de archivos. Me he pasado toda la mañana tratando de encontrar el archivo Hyuuga.
—Estaba en la bandeja de salida…
—Sí, al final descubrí que estaba allí.
—Fue el lugar donde me pidió que lo pusiera —dijo Sakura llena de razón.
—¡Sakura!
Lo miró por encima del hombro. Se sintió satisfecha: había logrado exasperarlo.
—¿Sí? —pregunto llena de inocencia.
—¿Pensaba tomarse un respiro ahora? —preguntó él insidiosamente—. Pues me temo que necesito estas cartas preparadas para mañana, por favor.
Sakura dudó unos segundos. Luego se acercó a su mesa y agarró el CD de información.
—Suske y yo tenemos planes para los próximos días —murmuró ella—. Tenemos algunos compromisos sociales.
—¿Planes? —Sasuke levantó la ceja con escepticismo.
—Vamos a ir a nadar —dijo ella, desafiante. Había visto una pequeña piscina inflable entre las ropas del pequeño.
—¿A nadar? —repitió Sasuke, pensativo—. Konan e Itachi también se lo lleva a nadar de vez en cuando. Hay una piscina abajo y un gimnasio.
—¿Usted cree que a Suske le gustarán las pesas? —preguntó Sakura con una sonrisa burlona.
—Tal vez para eso debemos esperar otro mes—dijo Sasuke con solemnidad y una ligera mueca de sorna. Los ojos se le iluminaron.
Sakura vio el profundo negro de su mirada y se le puso un nudo en la garganta.
Tragó saliva y se dirigió a su mesa.
Encendió el ordenador y conecto el CD de información al dictáfono.
Levantó la cabeza.
—No voy a oír a Suske si uso los audífonos —la luz que entraba por la ventana era cada vez más tenue. Extendió la mano y encendió la luz artificial.
—Yo estaré atento.
No hizo más que terminar la frase, cuando el sonido esperado resonó en el pasillo.
—Siga con esas cartas —murmuró Sasuke mientras se levantaba—. ¡No debería despertarse a esta hora, no le corresponde!
El indígnate comentario fue acompañado de una mirada impaciente al reloj.
Sakura conectó el dictáfono mientras él salía de la habitación.
—¡Habrá que cambiarle el pañal! —dijo ella dulcemente.
Él se detuvo unos segundos en la puerta y ella tuvo que contener la risa.
Sus dedos comenzaron a correr por el teclado, mientras la voz Sasuke iba dictándole las cartas.
¡Así que Sasuke no había podido encontrar a nadie que la sustituyera! Se sintió satisfecha…Aunque no era difícil creer que le resultara casi imposible encontrar a alguien que lo soportara, ni siquiera temporalmente.
Levanto la cabeza al sentir su presencia. Llevaba a Suske en la silla transportable.
—¡No lo ponga ahí! —protestó ella al ver que lo dejaba en el suelo y en mitad de la habitación—. Está a mitad de la corriente.
—Aquí no hay corriente —respondió él, pero movió la sillita hacia una esquina, eso sí, con el ceño bien fruncido y una mirada exasperada.
—¿Satisfecha? —le preguntó secamente.
Sakura miró a Suske que estaba jugueteando con sus patucos. Quería averiguar a que sabían y, cuando lo hizo, decidió que no eran de su agrado, así que los lanzo sobre los papeles de Sasuke.
—Así quedan mucho mejor —dijo Sakura y no pudo contener la risa. Sasuke Uchiha, el gran hombre de negocios, cínico y respetable estaba realmente curioso con un par de patucos en la mano.
Decidió que, si no quería acabar teniendo serios problemas laborales, lo mejor que podía hacer era seguir con las cartas.
Se colocó los audífonos y se puso manos a la obra.
Sasuke estaba en su escritorio y, de vez en cuando, discutía algo con Suske.
Sakura sonrió; el duro ejecutivo se volvía de mantequilla cuando hablaba con su sobrino.
Se había quitado la chaqueta y la camisa dejaba intuir la fortaleza de sus hombros.
Sería mejor que se concentrara en el trabajo.
En cuanto completó la última carta y la revisó un par de veces para comprobar que no había errores, la imprimió y se la paso a Sasuke. Él la miro por encima y la firmó.
—Deberían salir con el último correo —dijo él—. Hay un buzón en esta misma calle.
Sakura miró a la luz mortecina que entraba por la ventana con muy poco entusiasmo. La calle estaba mojada y no invitaba a salir.
—Pensé que las mujeres de campo estaban acostumbradas a las inclemencias del tiempo —dijo él, al ver su poca convencida mirada—. Siempre tuve la imagen de que no se amedrentaban por nada.
Sin responder, Sakura se fue a buscar su chaqueta. Volvió y metió las cartas en su maletín. ¡Acostumbrada a las inclemencias del tiempo!
Al salir, dio un sonoro portazo que dejó evidencia de su estado de ánimo.
Obvió, el ascensor y bajó por las escaleras. Llegó al portal, abrió la puerta y salió a toda prisa en dirección al buzón.
Todo ocurrió tan deprisa que Sakura no pudo darse cuenta de qué estaba ocurriendo.
No sabía si el hombre había salido de entre las sombras o había aparecido corriendo desde otro extremo de la calle.
De pronto, tenía el brazo adolorido y estaba tirada en mitad de la calle.
Se quedó inmóvil durante un rato, no sabía cuánto. Al fin reacciono.
¿Cómo podía haberle sucedido aquello a ella? No se lo podía creer. La incredulidad dio pronto paso a la rabia. ¿Cómo se había atrevido aquel tipo a hacerle eso a ella?
Se levantó como pudo y se dirigió a la puerta.
Estaba adolorida por todas partes.
Entró en el portal y subió en el ascensor.
Sacó la llave del bolsillo y trató de meterla en la cerradura. Pero las piernas le temblaban, le temblaban, le temblaban…
—¿Sakura? —Sasuke había oído la llave y al ver que no entraba, decidió salir del estudio—. ¿Qué demonios…?
Estaba de pie en el salón, completamente lívida y con las ropas empapadas y llenas de barro.
—Alguien me arrancó el maletín con todas las cartas dentro —se quitó la chaqueta mecánicamente.
—¿Qué? —la miró de arriba abajo, realmente preocupado. Un músculo de la mandíbula se tensó—. ¿Le ha hecho daño?
—No —murmuró Sakura—. Pero, al arrancarme el maletín, me tiró al suelo…
¿O la había empujado? No tenía una imagen muy clara de lo que había sucedido. Las imágenes se entremezclaban confusamente.
Al ver aquella figura que se abalanzaba sobre ella había sentido terror. No sabía cuáles eran sus intenciones.
Con el recuerdo de ese instante, comenzó a temblar convulsivamente.
De pronto, sintió que unos brazos masculinos, poderosos y reconfortantes la estaban rodeando.
—Tranquila, Sakura, tranquila —dijo Sasuke con la misma dulzura con la que le hablaba a Suske.
La diferencia era que ella no era un bebé y que la cercana presencia de aquel cuerpo imponente provocaba algo más en ella que alivio.
De pronto, el miedo a lo sucedido se había transformado en miedo a que él pudiera rozarla, pues no sabía cómo iba a reaccionar.
Sus rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro ¿Cómo no se había dado cuenta antes de lo sensual que le resultaba la curva de su labio inferior?
Sintió un extraño calor que le subía desde el bajo vientre.
Bajó los ojos y se encontró con el sugerente agujero que se dejaba entrever por la abertura de su camisa.
El corazón comenzó a latirle a toda velocidad. ¡Dios santo! ¿No había tenido ya suficientes emociones por el día?
—Ya estoy bien, Sasuke —se forzó a decir ella, con la esperanza de que su voz no delatara el estado de desesperación que sentía.
Pero, durante unas milésimas de segundo, lejos de soltarla, la abrazó con más fuerza. ¿Acaso no la había oído? Sí, sí la había oído porque, momentos después la soltó.
—Estás temblando —dijo él y se apartó con cierta vehemencia—. Ve a darte un baño y a cambiarte de ropa. Yo le prepararé la comida a Suske.
Ella asintió tratando de evitar la mirada de Sasuke.
Prefirió darse una ducha en lugar de un baño y procedió a ella.
La cascada de agua caliente ayudó notablemente a suavizar el dolor de sus músculos constreñidos.
Estar en brazos de Sasuke no había colaborado mucho en la difícil tarea de rebajar a su estado de excitación. Sin embargo, si había sido de gran ayuda para hacer que se olvidara del incidente del maletín.
Se secó, se puso un par de pantalones limpios y un chaleco morado, y se encamino a la cocina.
Suske estaba sentado en su sillita y agitaba los puños animosamente, mientras veía a su tío remover la papilla que había en el plato.
—Está bien, está bien —murmuró Sakura.
Desató al pequeño y se lo puso en el regazo, dispuesta a darle de comer.
—He llamado a la policía —Sasuke la miró con el ceño fruncido—. Si quieres hacer una denuncia formal, tendrás que ir mañana por la mañana a la comisaría.
Sasuke le dio la comida del niño y ella la agarró.
—Pero, claro, no está en la lista de prioridades de mañana —dijo ella con cierto resentimiento. Agarró la cuchara y comenzó a darle de comer al pequeño. Ya le parecía bastante sorprendente que se hubiera dignado a descolgar el teléfono y a llamar a la policía.
Suske comía con un entusiasmo envidiable.
Ella miró un segundo a Sasuke y vio que estaba preparando el biberón.
—Lo dejaré aquí para que se enfríe un poco
Sakura asintió, esperando que, tras eso, se marchara a su oficina. Pero no fue así.
Se sentó enfrente de ella, estiró las piernas y se colocó las manos detrás de la nuca en actitud indolente.
¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba supervisando su técnica de alimentación?
—Ésta es la última —le dijo a Suske. El pequeño le dio un manotazo y se llenó de papilla—. ¡Vaya hombre! ¿Qué modales son esos?
Sasuke se levantó y agarro el biberón que había dejado en la pila para que se enfriara.
Se lo tendió a Sakura y Suske lo agarró con ganas.
Se tumbó en brazos de Sakura y se acurrucó cariñosamente.
Sakura lo abrazó amorosamente y no pudo evitar una sonrisa complacida al ver su rostro en tan placentero gesto.
—¿Quieres tener niños, Sakura?
Sakura levantó la cara sorprendida. La había tuteado y se había atrevido a hacerle una pregunta personal. Todo un triunfo.
—Sí, algún día —respondió ella, pero no añadió, "Si encuentro al hombre adecuado"
—Claro.
Sakura se encogió de hombros y puso el biberón sobre la mesa. El pequeño la miró y bostezó.
—¿Un día duro en la oficina? —le preguntó Sakura al bebé.
—Seguramente será más fácil si yo me quedo con él, mientras tú le preparas el baño —dijo Sasuke al ver que se levantaba.
—Sí, la verdad es que sí —respondió Sakura y le dio al pequeño. Ella se dirigió a la habitación del pequeño, mientras Suske y su tío se quedaban en el salón.
Estaba claro que, para cuando ella regresara, Suske ya estaría enterado de todos los valores del mercado.
Cerró las cortinas de la habitación, sacó el pijama del bebé y entro en el baño y preparó la bañera.
Puso una toalla en el radiador para que estuviera caliente y salió a buscar al pequeño.
Entró al salón.
—Sasuke… —dijo y se paró en seco.
Sasuke estaba tumbado en el sofá, con el pequeño bien agarrado y reposando sobre su pecho. Ambos estaban completamente dormidos.
¿Quién había dormido a quién? Sakura sonrió.
Se aproximo al bebé, que protestó ligeramente, para quedarse dormido inmediatamente después.
Sakura se volvió al llegar a la puerta y miró a Sasuke. Así que no era Superman, después de todo.
Las líneas del cinismo se habían borrado de su cara. Pero, incluso dormido, su rostro era firme y anguloso.
Se notaba el movimiento de sus ojos a través de sus párpados. Estaba soñando. Tenía el pelo revuelto y unas cuantas ondas muy sensuales le caían sobre la frente.
Sakura decidió darse media vuelta e interrumpir aquella visión. La torturaba tanto atractivo.
—Creo que lo dejaremos el baño para mañana —murmuró suavemente al entrar al dormitorio.
Suske protestó ligeramente mientras lo preparaba para la cama. Pero, en cuanto lo dejó en su cuna, se tranquilizó de nuevo. Después de besarlo tiernamente, salió de la habitación.
Miró otra vez en el salón. Sasuke seguía en la misma posición.
Sakura sonrío y se fue a la cocina.
Abrió los armarios en busca de algo que cenar. A Sasuke parecía gustarle mucho la salsa de tomate, porque había para dar de comer a un regimiento. Le congratuló notablemente la noticia, pues la salsa Bolognesa era una de las pocas cosas que sabía cocinar.
Buscó los ingredientes necesarios y se puso manos a la obra, sorprendida por un repentino arrebato de felicidad que no sabía de dónde venía. Solía ser una persona bastante equilibrada y no entendía a qué se debían los cambios anímicos que estaba experimentando en las últimas horas…¿o sí lo sabía?
Puso la mesa, colocó la ensalada en el centro, apagó el fuego y se fue a su dormitorio. Allí se peinó y se pintó los labios. De pronto, se ruborizó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se preparaba para cenar como si de un acontecimiento especial se tratara? Prefería no hacer explícita la respuesta.
Al llegar al salón, Sasuke estaba todavía dormido.
—Sasuke —le murmuró mientras le tocaba ligeramente el hombro. Notó la dureza de sus músculos.
—Sakura —Sasuke sonrió, una sonrisa inesperada que la conmovió—. Estaba recuperándome del desgaste diario —le dijo mientras se levantaba—. ¿Dónde está Suske?
—Lo he metido en la cama mientras tú te recuperabas —Sakura sonrío—. He hecho…
No pudo terminar la frase. Sasuke miró el reloj y se levanto como una flecha.
—¡Dentro de veinte minutos viene a buscarme un taxi!
—¿Vas a salir? —preguntó ella, decepcionada.
Sasuke farfullo algo incomprensible mientras se dirigía a su dormitorio. Luego, frunció el ceño.
—Hay comida en la cocina. Prepárate lo que quieras.
¡Ya lo había hecho! Sakura se quedó atónita, viendo cómo desaparecía por la puerta y se metía en su habitación.
¡Por eso había insistido tanto en que se quedara allí día y noche! Lo que quería era poder tener libertad para salir y entrar a su gusto.
¡Claro, así cualquiera! Por supuesto. ¿Cómo no le iba a importar Suske? Le importaba y mucho, siempre y cuando no fuera un impedimento con su vida social.
Volvió a la cocina y quitó los cubiertos que le había preparado a Sasuke.
Miró la enorme pila de espaguetis que había hecho. ¿Cómo se las iba a arreglar para comerse todo aquello? Se pasaría el resto de su vida comiendo pasta fría.
"Hay comida en la cocina. Prepárate lo que quieras", le había dicho él. ¡Ya se había preparado lo que quería, suficiente para alimentar a un regimiento!
¡Aquello era ridículo! ¿Por qué se sentía tan decepcionada? ¿Qué le importaba a ella lo que Sasuke Uchiha hiciera o dejara de hacer con su vida? ¿Por qué había supuesto que le gran hombre pasaría las noches allí con ella, disfrutando de una intimidad que no les correspondía?
Se decidió a cenar como era debido.
Abrió el frigorífico y se sirvió una copa de vino.
Después, se sentó a la mesa con su plato de pasta y la salsa recién hecha.
Pero, cuando disponía a hundir el tenedor en la suculenta combinación, apareció Sasuke.
Sin motivo aparente, soltó el tenedor al ver aparecer a Sasuke, mientras se hacía el nudo de la corbata.
Uchiha miraba atónito el montón de pasta que había quedado en el escurridor.
Sakura se sintió en la necesidad de justificar el derroche, no sin cierto toque de ironía.
—Tengo mucha hambre —dijo y se metió en la boca una buena cantidad. Era el mejor modo de no seguir hablando. ¿Cómo, si no, iba a evitar que salieran todos los improperios que tenía contenidos dentro?
—¿Te las arreglarás bien tu sola con Suske?
Ella lo miró recelosa.
—Por supuesto.
—No te pases con eso —le advirtió él, mientras señalaba el vaso de vino.
Sakura casi se atraganta con el comentario, ¿Qué demonios pensaba, que iba celebrar ella sola una fiesta?
No respondió.
Él se dio media vuelta y desapareció. Segundos después, se oyó la puerta principal. Se había ido.
Sakura se quedó mirando la pasta que había en el tenedor, se lo llevó a la boca y lo masticó con desgana. La imagen de Sasuke en compañía de Karin la asaltó de pronto.
Cerró los ojos, respiró hondo, se recompuso y los volvió a abrir. Dio un pequeño sorbo a su vino.
Con quién decidiera pasar él la noche no le incumbía. Pero, lo que no estaba dispuesta a hacer era pasarse las noches de niñera mientras él desarrollaba una activa vida social. ¿Qué demonios pensaba? ¿Es que creía que ella no tenía compromisos? ¡Pues estaba equivocado! Y no estaba dispuesta a sacrificar nada por él.
