: Masashi Kishimoto.

Reservados todos los derechos.

Estas son historias de ficción: la semejanza con situaciones o personas de la vida real son pura coincidencia.


—¿Es que tu tío siempre se levanta así por las mañanas? —le pregunto Sakura al pequeño Suske, mientras le abrochaba el último botón del trajecito rojo.

Al oír la voz de Sasuke, Suske agitó las manos con entusiasmo.

—No me digas que vas a ser igual de musical como él —dijo Sakura con tristeza, y lo abrazó tiernamente, disfrutando del tierno aroma de bebé recién bañado.

Sakura no tenía ni idea de la hora a la que Sasuke había llegado, pero, sin duda, había sido una noche de éxito total, a juzgar por su estado anímico, sonoro y jocoso.

Por fin entré en la habitación.

—¿Todavía no estás preparada? —le dijo él y se detuvo bruscamente a mirar su reloj.

—¿Preparada para qué? —Sakura lo miró un tanto perpleja. Llevaba su traje de oficina.

—Para la reunión —le dijo Sasuke ciertamente exasperado, como si ella hubiera olvidado algo primordial—. Tenemos que salir dentro de diez minutos.

—¿Esperas que asista a la reunión?

—Bueno, ¿quién si no va a tomar notas? —pregunto Sasuke como si fuera un hecho comprobado que nadie más que ella en el mundo podía tomar notas en una reunión.

¡Pero si había una docena de personas que podían hacer ese trabajo!

—¿No puede hacerlo Tenten? —preguntó Sakura refiriéndose a su segunda ayudante. ¿Cómo era, que de pronto, se convertía en alguien completamente indispensable, de la noche a la mañana?

—¿Y quién se va a ocupar de Suske mientras tanto? ¿La señora Chiyo?

Sasuke sonrió de lado.

¡No podía hablar en serio!

—¡No puedes llevarlo a una reunión!

—¡Esta ansioso por asistir! —le aseguró y Suske agitó las manos con entusiasmo.

—No puedes… —le dijo Sakura mirando de uno a otro.

Estaba claro: el presidente y mayor accionista de la compañía podía hacer lo que le viniera en gana. Podía llevarse a una docena de niños o hermanitas de caridad. Daba igual, tendrían que ser aceptados.

—Pero, ¿y la sillita del coche?

—Está abajo. No hay problema —respondió, mientras salían de la habitación—. ¿Tienes algún problema en el brazo? ¿Te pasó algo grave por lo de ayer?

—No —respondió ella, sin poder evitar preguntarse a qué se debía aquella repentina preocupación. ¿Es que le interesaba de verdad o sencillamente quería saber si iba a estar disponible para el trabajo qué debía desempeñar? Se sintió ligeramente culpable por pensar así—. La verdad es que tengo el hombro un poco adolorido aún.

Sin duda, le había afectado algún músculo, porque le había dolido considerablemente durante la noche.

—Por cierto, ¿conseguiste imprimir las cartas anoche? —la pregunta llegó desde el pasillo.

Ella asomó la cabeza, realmente indignada.

—No, no pude. Suske se despertó dos veces y…

Vio demasiado tarde la sonrisa jocosa de si jefe.

Ella sonrió también.

De pronto, se preguntó cuántas veces se había tomado en serio cosas que no eran más que provocaciones.

—Tráete el CD y se lo daremos a Tenten para que las imprima.

Sakura asintió y se dirigió a su habitación.

.

.

Ya estaba mucho más tranquila y el hombro parecía menos persistente en sus ganas de hacer de aquel un día difícil.

Se dirigían a las oficinas Sharingan en el flamante vehículo de Sasuke Uchiha.

Sakura había optado por sentarse atrás con Suske.

Llevaba la bolsa del pequeño sobre la falda azul que le había servido para sustituir los vaqueros que llevaba antes.

Estaba claro que aquélla no era la imagen de mujer de negocios con la que solía ir a la oficina. Y, por si no lo había estado tan claro para ella, Sasuke había dejado clara constancia con el gesto de extrañeza que había puesto al verla.

¿Qué esperaba?

Sacó un lazo que llevaba en el bolsillo de la chaqueta y se recogió el cabello.

La calle estaba realmente concurrida, llena de transeúntes que entraban y salían de las numerosas tiendas de la zona.

Quedaba menos de una semana para Navidad. Todavía no sabía con quién iba a pasar tan señalada fiesta.

Tenía que admitir que, en aquellas fiestas, siempre sentía un vacío.

Sus padres habían muerto en un accidente de tráfico cuando ella tenía 8 años. No tenía hermanos, ni siquiera primos… Echó hacia atrás los hombros para darse ánimos y apartó la imagen de su mente.

Miró a Sasuke. Estaba completamente concentrado en la carretera. Tenía que admitir que era un buen conductor, tremendamente paciente con los peatones, la misma paciencia que tenía con Suske.

La verdad era que la única persona que parecía exasperarlo era ella.

Al girar a la derecha, apareció ante ellos el enorme edificio de la empresa Sharingan, con su prominente logo en la parte frontal.

Después de apagar el motor, salió del coche y agarró la silla del bebé.

Suske lo miraba con una seriedad absoluta, como si fuera un pequeño magante esperando a que su criado hiciera todo por él.

Sasuke le tendió su portafolio a Sakura y, empujando la sillita, se puso en marcha hacia el edificio.

Sakura agarró con la otra mano la bolsa del pequeño y lo siguió.

Las puertas de cristal se abrieron a su paso. Él continuaba caminando con paso firme y seguro.

¿Acaso aquel hombre sentía miedo alguna vez?

—Buenos días, señor Uchiha.

—Buenos días, Ino —Sasuke no pareció en ningún momento consiente de la mirada de la recepcionista.

Después de todo, debía estar tan habituado a llamar la atención de las mujeres que ya no le afectaba.

Al llegar junto al árbol de Navidad, justo en el centro del recibidor, se detuvo. Apoyó los codos en el mango de la sillita de Suske y la chaqueta se ajustó escandalosamente a su monumental espalda.

Sakura se apresuró a dar al botón del ascensor y apareció un hombre muy atractivo, moreno y con una enorme sonrisa.

—¡Fea! ¿Qué tal? Te he echado de menos estas dos mañanas pasadas.

—Hola, Sai —sonrió al joven administrativo con quien solía coincidir en el metro cuando iban a trabajar.

—¿Queda en pie lo de mañana?

Sakura quedó un poco perpleja. Lo había olvidado por completo.

—Lo siento, Sai —empezó a decir, pero, al darse cuenta de que Sasuke estaba escuchando, cambió el curso de la excusa—. Tendrá que ser un poco más tarde. ¿Te parece bien a las ocho en el Black Lion?

Sai asintió satisfecho, saludó a Sasuke con extremo respeto y miró con curiosidad a Suske.

Sakura también miró a Sasuke, ansiosa por conocer el resultado de su repentina estrategia. Por supuesto que su idea había sido cancelar la cita. Pero Sasuke Uchiha tenía que saber que su vida no giraba alrededor de Sharingan, que no vivía sólo por él y para él.

—Es sólo una cita entre compañeros —dijo ella con una inmensa sonrisa.

La mirada de Sasuke era explicita. Sin duda, le había arruinado los planes que él tenía.

Miró a Suske. ¡No podía ser! ¡Tenía exactamente el mismo gesto reprobatorio que su tío!

Aquello era injusto.

De acuerdo, tenía que admitir que había sido una niñería, una venganza por lo de la noche anterior.

Pero insistía, en ponerle en su sitio de vez en cuando, si no Sasuke Uchiha acabaría con ella.

Cuatro ojos seguían fijos en ella, mientras esperaba con impaciencia a que se abrieran las puertas del quinto piso.

—¡Tengo derecho a un poco de tiempo libre! —protestó ella.

—¿Y así es como pasas tu tiempo libre? —la miró con sorna, mientras empujaba la silla.

¡Que tenía de malo pasar su tiempo libre así! La mirada de sorna paternalista la exasperó. ¿Es que le resultaba gracioso pensar que un hombre podía disfrutar de su compañía?

Suske, aparentemente igual de divertido con la idea, también comenzó a reírse.

Aquello era demasiado.

Sakura miró a ambos con infinito desprecio y salió del ascensor.

Ya estaban en los dominios del gran jefe.

Se dirigió a su pequeña oficina, casi vacía y dejó la chaqueta allí colgada. Dejó la bolsa de Suske en la pequeña cocina que tenían allí.

Sasuke estaba de pie, junto a la ventana, con el pequeño Suske en brazos.

Sakura no pudo evitar una sonrisa. Estaba claro que si Sasuke llegaba alguna vez a tener sus propios hijos, acabarían con stress antes de los seis meses.

La imagen de Sasuke rodeado por un montón de niños la estremeció de un modo particular.

¿Qué tenía que ver ella con eso?

—Iré a ver cómo está la sala de reuniones —le murmuró a Sasuke que estaba de espaldas.

Agarró su cuadernillo de notas y una enorme pila de papeles y salió del despacho. Pasó al pequeño dormitorio con baño que Sasuke utilizaba ocasionalmente y el comedor de los directores, hasta llegar a la sala de reuniones que estaba al otro extremo.

Después de dejar una copia de las notas de la última reunión para cada asistente y la agenda del día, se aseguro de que hubiera agua fresca disponible y café recién hecho.

¿Acaso Sasuke se había planteado alguna vez la posibilidad de casarse?

Dudaba de que jamás se hubiera encontrado mujer alguna que fuera capaz de divertirlo por más de cinco minutos.

Coloco una silla junto a la del señor director y miró el asiento vació. La vida amorosa de aquel hombre era igual que la profesional: un cúmulo de retos.

—Buenos días, Sakura.

Alzó la vista con una sonrisa al ver entrar a la secretaria y al director del departamento financiero, seguido de tres hombres más con trajes oscuros. Se sirvieron café y se sentaron a la mesa.

Sakura miró uno a uno. Todos ellos eran hombres y mujeres astutos y profesionales. Pero, en el instante en el que Sasuke entró por la puerta, todos parecían insignificantes.

—Buenos días —dijo al entrar mientras empujaba el cochecito de Suske al centro de la sala—. Es mi sobrino.

Eso fue todo lo que dijo respecto al bebé, sin ofrecer explicación alguna.

La verdad es que Sasuke Uchiha nunca daba explicaciones de nada.

Sakura miró con una sonrisa escondida los rostros perplejos de los asistentes. Sin embargo, ninguno se atrevió a preguntar nada.

Sasuke abrió la sesión. Sakura agarro el lápiz y se puso a tomar notas, lo que alternó, incesantemente, con continuas miradas al pequeño Suske para comprobar que estaba bien.

El bebé estaba cómodamente sentado en su silla e intervenía ocasionalmente cuando oía la voz de su tío. Dejando constancia de su opinión. Todo cuanto Sasuke decía le parecía bien. Sakura sonrió.

Sin ser dictatorial, Sasuke llevó la reunión con su habilidad de siempre, incitando a los participantes a opinar, pero sin permitir que los oradores se excedieran más de la cuenta.

Cada vez que Sasuke intervenía, el resto de los asistentes mostraba un respeto absoluto por él. Sakura no podía evitar sentirse orgullosa de ello. Aunque no tuviera ningún motivo para ello.

Al oír un comentario sobre la reunión que había tenido la noche anterior con el director de Ventas de una sucursal de Tokio, sintió un nudo en el estomagó. ¡No había sido una cita sentimental a la luz de las velas, sino una reunión de negocios!

Si fue externo o no, le era difícil saberlo. Lo que si notó fue un color intenso que le coloreó todo.

De pronto, la mirada de Sasuke se posó en ella. ¿Cómo demonios había notado unos breve segundos de distracción? Si ni siquiera estaba en su línea de visión.

—Recapitulando… —dijo él e hizo un rápido y claro resumen de lo tratado y de las conclusiones sacadas.

Sakura agarró el lápiz con fuerza y se puso manos a la obra, temerosa de perderse algo.

Por fin, concluyo la reunión.

Sakura miró el reloj y se acercó a Suske, mientras los ejecutivos y ejecutivas salían de la sala.

Sasuke comenzó a recoger sus papeles, sin evitar una mirada a su sobrino.

—¿Esta en profunda contemplación o está dormido?

—Más bien lo segundo —dijo Sakura, con un nudo en el estomagó al sentir la penetrante mirada de Sasuke.

Podía arreglárselas con el Sasuke Uchiha frío, distante y típico hombre de negocios. Pero ¿cómo enfrentarse a aquel hombre de gesto agradable y repentinamente paternal? ¿Cómo se las iba a arreglar para mirarlo a los ojos y no derretirse?

—Debería estar saltando de alegría por el éxito de la reunión —concluyó mientras se levantaba. No obstante, no parecía tener ninguna prisa—. ¿Un café?

Sakura se había levantado, pero la oferta de un café era lo suficientemente tentadora como para volver a sentarse.

—Sí, gracias.

—¿Una galleta? —le ofreció él—. Puedes mojarla en el café, si quieres.

—¡Yo no mojo las galletas en el café!

—Lo haces cuando crees que no te estoy mirando —respondió él—. Y cuando dices mentiras, tus ojos te delatan.

Desconcertada por semejantes comentarios, Sakura le dio un soberano trago a su café.

Sasuke soltó una pequeña risa.

—¿Qué? —pregunto ella, totalmente ajena al bigote de espuma que el café le había dibujado.

—Esto —le quitó los restos de líquido con el dedo pulgar.

Y el mínimo roce de su mano, tan inesperadamente acometido, hizo que todo el cuerpo se le estremeciera, que el vello de la nuca se le pusiera de punta y que un ligero mareo sustituyera a un perfecto estado de vigilia.

La mirada de Sasuke Uchiha era, además, muy explícita. Estaba claro como el agua lo que estaba sucediendo y no tenía ningún reparo en hacerle ver que así era.

¿Había sido igualmente claro la noche pasada?

Agarró con fuerza la taza de café.

¿Le impresionaba a Sasuke ver su vulnerabilidad? ¿O simplemente le divertía?

Dejó la taza sobre la bandeja, mientras un tenso silencio se cernía entre ellos.

Sasuke se levantó y se acercó a Suske.

—¿Cómo puede alguien tan pequeño hacer tanto ruido?

Suske bajó el volumen, como si se hubiera dado por aludido.

Abrió los ojos y miró a los dos rostros adultos que se habían fijado en él.

Comenzó a protestar.

—¿Tienes hambre?


—le preguntó Sakura.

—Claro que debe tener hambre. Hace mucho que se ha pasado su hora de comer.

¿Y de quién se suponía que era la culpa? Desde luego, no era de ella.

—No ha sido idea mía el traerlo a una tediosa reunión —protestó ella entre dientes.

¿Qué le pasaba? Estaba quisquillosa e impaciente, Miró a su jefe.

—¿Es eso lo que opinas de tu trabajo aquí? —le pregunto Sasuke con fingida suavidad.

—A veces –mintió ella con un tono perverso.

—En tal caso, lo mejor sería que fueras pensando en buscar otro trabajo.

—Quizás lo haga —afirmó ella, con un tono frió y carente de emoción.

Sasuke se dio media vuelta y salió de la sala.

Sakura sacó al bebé y se lo llevó a la cocina.

—No sé por que he dicho eso —confesó a Suske, mientras llenaba la tetera de agua y sacaba un bote de leche en polvo y un pote de la bolsa.

Se quedo mirando a Suske un momento, mientras un presentimiento de inquietud comenzaba a invadirla.


Gracias por la espera, pero tuve una infinidad de problemas con la historia, ya que el Pc me borro este capítulo y el cuarto, pero bueno tratare de subir lo antes posible.

¡Nuevamente Gracias por la espera!