De: Masashi Kishimoto.

Reservados todos los derechos.

Estas son historias de ficción: la semejanza con situaciones o personas de la vida real son pura coincidencia.


Suske estaba casi dormido. Sus párpados se iban cerrando poco a poco .

—¿Por qué Konan no lo dejó con tu madre? —pregunto Sakura. Parecía más lógico que lo dejara con la abuela que con el tío.

—Mis padres están en Osaka. Han ido a pasar la Navidad con mis tíos.

—Claro…

—Sakura, ¿De verdad que te parecen aburridas las reuniones?

Sakura lo miró sorprendida. ¿Por qué sacaba ese tema de repente?

—No debería haber dicho eso —murmuró un poco dolida por la pregunta. Pero, al mirarlo, vio esa sonrisa burlona que nunca esperaba.

—Yo también las encuentro tremendamente aburridas de vez en cuando.

—¿De verdad? —ella sonrió incrédula.

—Pero eso, señorita Haruno, es totalmente confidencial.

—Por supuesto, señor Uchiha —le aseguró ella con una hermosa sonrisa.

Al salir del parque, Sakura miró su reloj.

De pronto, se detuvo.

—¡Sasuke! —dijo ella—. Tienes una reunión con el señor Hyuuga dentro de media hora.

—¡Maldita sea, Sakura! ¿Cómo no me lo has recordado? —dijo él.

—Lo siento, la verdad es que con tanto jaleo se me ha olvidado —no era un ordenador y sin poder consultar su agenda no era capaz de recordarlo todo.

—¡Es absurdo tener una reunión a estas horas días antes de Navidad!— protestó él.

Sakura reprimió una sonrisa. Eso era precisamente lo que Hiashi Hyuuga, director de una gran compañía, había dicho cuando, Sakura lo había llamado para concertar la cita.

—Suske y tú marchaos a casa en un taxi —le dijo—. Yo llamaré otro para ir directamente a la oficina. Si no hay mucho tráfico, llegaré a tiempo.

Sakura lo miró extrañada. La acuciante prisa de su voz no correspondía con la apatía de sus acciones. ¿Acaso a él le costaba tanto como a ella acabar con aquella maravillosa tarde en el parque?

¡Cuidado! Tampoco había que leer de más en el hecho de que un hombre de negocios, por muy obsesionado que estuviera con su trabajo, fuera capaz de disfrutar, de vez en cuando, de un pequeño descanso. Y ante todo, no se podía permitir el olvidarse de que la estrella de la fiesta era Suske.

Pero había sido realmente agradable.

Sasuke había estado con ella como con alguien con quien disfrutara de verdad, no como una empleada a la que, simplemente, tuviera necesidad de soportar.

Ya en el taxi, volvió la cabeza para ver la solitaria figura que se quedaba atrás.

.

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—¿Te sientes mejor? —le murmuró Sakura al pequeño Suske que acababa de tomarse el biberón. Le limpió la boca, le quito el biberón, se levantó y se encamino al salón con el bebé en brazos.

Lo dejo en la mantita granja que había en el suelo. Estaba llena de animales sonoros con distintos tactos. El pequeño comenzó a explorarlo todo con los dedos.

—Los que más me gustan son los elefantes —dijo ella, y atravesó la habitación hasta llegar a la ventana. Bostezó y se dio cuenta de que estaba realmente cansada—. Especialmente el elefante que tiene ese gran sol de sombrero.

Miró por la ventana y se pregunto si Sasuke estaría aún en la oficina.

Se puso a tararear una canción y se sentó junto a Suske. Se apoyo en el sofá y escuchó atenta los ruidos que venían de vida, esperando un sonido de llaves.

Por Fin, la puerta se cerró. Era él.

—¿Sakura? Estoy en casa.

—Ven, estamos en el salón —sonrió a Suske—. El señor ha regresado a sus dominios.

Los pasos firmes y decididos eran inconfundibles. Su figura monumental llenó en segundos el vano de la puerta.

—¿Así es como pasáis la tarde? —dijo con sorna.

—Ya ves, trabajando en la granja —respondió Sakura mientras miraba a Suske y le acariciaba la cabeza.

—Me gustan los elefantes, Suske. Especialmente el que tiene el sombrero con el sol rojo —añadió.

Sakura soltó una ligera carcajada, que acompañó Suske, y él la miró interrogante.

—Nada —negó ella—. Suske y yo nos entendemos.

Sakura se levantó y agarró al niño en brazos.

—Vamos, pequeño, al baño.

Sasuke se echó la mano al bolsillo y rebuscó.

—Toma —le tendió una bolsita de farmacia—. Lo he comprado de camino a aquí. Debería ayudar.

Ella lo miró confusa. Sacó el pequeño tubo de su caja. Era una crema muscular. ¿Cómo sabía que le dolía el hombro si no había dicho nada en todo el día?

—Sería mejor que te echaras un poco —le ordenó—. Prepararé a Suske para el baño.

Se quito la chaqueta, se subió las mangas y agarró al bebé.

—Muchas gracias —respondió ella.

Fingió concentrarse en el prospecto de la crema para disimular el estado de agitación en el que se hallaba.

Llegó a su habitación y cerró la puerta. Al levantar los ojos y ver su reflejo, se ruborizo. Tenía una sonrisa boba y satisfecha con tremendo esmero que la delataba. Parecía que Sasuke le hubiera regalado flores.

Abrió el bote y arrugó la nariz al oler el fuerte aroma de la pomada. Desde luego, no era un Chanel, pero el resultado sería mucho más efectivo.

Después de aplicárselo, se metió en el baño, se lavó las manos, se peinó y aprovecho para ponerse un poco de labial.

Por fin, salió en busca de Sasuke.

Estaba en la cama, sentado, y trataba desesperadamente de secar al bebé.

—¡Vamos, Suske, ayuda un poco!

Lo ignoró por completo y continuo agitando los pies en el aire, descolocando la toalla con la que Sasuke insistía en taparlo.

¿Eran imaginaciones suyas o realmente Sasuke parecía tener ciertos problemas? Debía ser una verdadera experiencia para él que el orden se tambalease de aquella manera.

—Casi se queda dormido en el baño —dijo Sasuke, mientras miraba a su pequeño sobrino con inmenso cariño.

—Está agotado —respondió Sakura con la mejor voz de niñera que encontró.

Sasuke le tendió el bebé y pareció realmente aliviado cuando ella lo agarró.

—¿Estas muy cansadito, bebé? —le preguntó Sakura a Suske—. No me extraña que lo estés.

Concentró todas sus energías en prepararlo para la cama y se olvidó durante unos segundos del mundo circundante. Sasuke la miraba fijamente sin que ella se diera cuenta.

Sakura besó al pequeño en la mejilla y lo tumbó en su cuna. Casi de inmediato, Suske comenzó a cerrar los ojos. Lo observó durante unos segundos y se dio media vuelta, chocándose con Sasuke.

Lo pilló completamente desprevenido y perdió el equilibrio.

Ella se enganchó a sus hombros y a él se le enganchó el pie en la alfombra.

Juntos, cayeron sobre la cama.

Durante unos segundos, Sakura no sabía ni qué pensar. Lo único que podía hacer era sentir el cuerpo masculino que se había sepultado bajo el suyo.

De algún modo, su pierna derecha había quedado atrapada entre las de él. El rostro de él estaba sólo a unos pocos centímetros del de ella.

—¡Diablos, Sakura! ¿Nunca se te ocurrió dedicarte al rugby? Con una técnica así podrías haber derribado a cualquier enemigo —murmuró Sasuke, mientras trataba ponerse de pie.

—No deberías ponerte detrás de mí —protestó ella, como si fuera lo más lógico del mundo. Las piernas le temblaban tanto que tenía la sensación de que se podía caer en cualquier momento—. Además, esa alfombra es realmente peligrosa. ¿Qué habría ocurrido si cualquiera de los dos hubiera tenido a Suske en brazos.

—Bueno, no ha sido así —replicó Sasuke indignado, mientras descendía por el pasillo.

—Voy a quitarla de ahí mañana a primera hora —Sakura lo siguió.

—Pues, con tu propensión a caerte, sería mejor que quitaras todos los muebles de esa maldita habitación —Sasuke se detuvo bruscamente, tanto que Sakura casi choca con él—. ¿Por qué estamos discutiendo? ¿De verdad que todo viene por una maldita alfombra?

—No lo sé —farfullo ella, mientras se sentaba a la mesa. Realmente parecían un par de niños de cuatro años peli ando por un juguete roto.

Sakura, no obstante, se daba cuenta de que aquella riña no había sido motivada realmente por una miserable alfombra.

Observó a Sasuke mientras rebuscaba una botella de vino en la nevera.

Por fin, sacó dos copas y las llenó. Le ofreció una a Sakura con una sonrisa conciliadora.

—¿Tregua? —preguntó y levantó su copa.

—Tregua —respondió ella incapaz de sostener la mirada penetrante de aquel hombre. Bajó los ojos y dio un sorbo a su vino.

El aroma a guiso de pollo le hizo levantar la cabeza.

—¿Qué es? —preguntó ella—. ¿Es pollo?

—Ya ves, una pequeña nimiedad que he preparado mientras te ponías pomada —respondió él con autosuficiencia.

—Ya, ¿Y por qué me parece que el pollo tiene escrito el nombre de la señora Chiyo?

—Bueno, he de admitir que ella ha colaborado bastante. La olla a presión ha hecho el resto.

La tensión desapareció Sakura sonrió.

—Voy a darme una ducha rápida —continuó él—. ¿Te importaría poner la mesa ya que yo he hecho la cena?

Una leve carcajada resonó por el pasillo mientras él se alejaba con dirección al baño.

.

.

Sakura dejó el tenedor y el cuchillo en el plato vacío.

Se sentía cálida y relajada. Una agradable sensación la envolvía. Había muchos ingredientes para ella: buena conversación, una rica comida y un vino delicioso. Los pocos silencios acontecidos habían sido relajados y fáciles.

Sasuke la miró.

—¿Fruta? ¿O prefieres queso y galletas? —le ofreció él.

—No puedo comer más, estoy completamente llena —confesó ella—. Eres un cocinero maravilloso —le dijo con sorna.

Se preguntó si aquella relación podría ser así de fácil para siempre.

—¿Qué te parece si nos tomamos un café en el salón? —Sasuke se levantó a preparar la cafetera.

—De acuerdo respondió ella y recogió los platos de la mesa.

—¿Podrías sacar unas rodajas de pan del congelador? Las necesitaremos para desayunar mañana.

Sakura asintió y abrió el congelador. Allí descubrió varios bizcochos de frutas congelados en bolsas.

—¿Te gustan los bizcochos? —le pregunta ella realmente extrañada. ¿Desde cuándo a Sasuke le gustaban las cosas dulces?—. El frigorífico está lleno.

—¿Si? —preguntó él realmente incómodo—. ¿Cuántos hay exactamente?

—Siete…no, ocho —respondió ella. Aquel hombre era un verdadero saco de sorpresas—. Incluso, puede que haya otro al fondo.

—¿Nueve? —estaba realmente sorprendido—. Mi madre no deja de hacerme bizcochos. Parece ser que me encantaban cuando tenía 10 años y se empeña en mantener que aún me encantan.

—¿Te hace un bizcocho cada vez que viene? —Sakura no pudo aguantar la risa.

Lo siguió al salón.

—Es culpa mía, debería sacarla de su error…—confesó él algo apesadumbrado.

—Pero eso requiere mucho tacto y diplomacia, ¿No es así?

Él dejo la bandeja sobre la mesa y Sakura se sentó en el sofá.

—Sí, algo así —respondió Sasuke con un cómico gesto.

Sirvió el café y le dio una taza a ella.

El se acercó a la ventana, miró unos segundos y, por fin, cerró las cortinas.

—¿Siempre has vivido en Tokio? —le preguntó Sakura.

—Crecí en las afueras, respondió él mientras se sentaba en el sofá junto a ella. Cruzó las piernas en un gesto poderoso y seguro—. Pero, excepto un breve periodo que pasé en Osaka mientras estuve casado, he vivido casi todo el tiempo en Tokio. No me gusta tener que ir y venir.

Sakura alzó la cabeza y lo miró sorprendida.

—No sabía que habías estado casado.

Sasuke se encogió de hombros.

—Fue hace ya tiempo —dijo con ligereza.

Durante unos segundos, Sakura pensó que no estaba dispuesto a continuar. Sin embargo, lo hizo. Se volvió hacia ella y se apoyó en un brazo.

—Cometí un error, Sakura.

Un error que no tenía intención alguna de repetir.

Sakura interpreto el mensaje tácito sin necesidad de explicación alguna.

De pronto, sin motivo aparente, Sasuke soltó una suave risa.

—Por favor, ¿puedes dejar de mirarme con esos enormes ojos como si se tratara de la mayor de las tragedias? —suavemente le tocó el rostro—. Yo era demasiado joven y supongo que mi ego masculino me levó a hacer algo que realmente no quería. Pero eso fue todo. El daño no perdura.

Sakura sintió un calor agradable. Su preciado tacto era la causa. Sonrió.

No le creía. Por muy poco importante que él quisiera hacer creer que fue el matrimonio, no se creía que pudiera no haber dejado señal alguna en él.

—Me ha llamado Konan —dijo él, dando por cerrado el tema de su matrimonio.

—¿Si? —respondió Sakura ausente, más centrada en la información anterior.

Quería evitar que su curiosidad pudiera traicionarla. Pero le era imposible no hacerse preguntas sobre la mujer que un día fue esposa de Sasuke Uchiha. Sakura sintió un desagradable cosquilleo en el estómago. Seguramente, nunca más volvería a adquirir un compromiso así con nadie más.

—Parece ser que Itachi está respondiendo bien al tratamiento. Pero, seguramente, tendrá que estar en el hospital otras dos semanas. Después, necesitará diez días de convalecencia antes de ser capaz de viajar.

—¿Konan se va a pasar un mes fuera? —preguntó Sakura, sorprendida.

No le importaba pasar allí unos cuantos días más, pero un mes…

Ver a Sasuke a primera hora por la mañana, con el pelo mojado y recién afeitado, verlo a última hora de la noche, compartir su casa, estar con Suske… era más de lo que cualquier mujer podría soportar sin cometer el terrible error de enamorarse.

—Tengo una semana de vacaciones después de Navidad.

—Posponlo.

—¿Cómo he tenido que hacer ya en tres ocasiones? —preguntó ella con dureza. Igual que había tenido que cancelar tantas citas de fin de semana, sin que a él le importara en absoluto, como si su vida no tuviera importancia.

Se armó de valor.

—Lo siento Sasuke… —dijo con total determinación.

—Lo sientes, pero… —preguntó él, mientras podía la taza en la bandeja—. No seguirás pensando que no eres capaz de ocuparte de Suske.

¡Que ocurrencia!

—¡Por supuesto que no! —al mirarlo a los ojos se dio cuenta de que había caído en la trampa una vez más.

—Porque has pasado el período de prueba con éxito —dijo él.

Sakura tragó saliva y trató de controlar los sudores que aquella profunda mirada le provocaban. No era Suske el problema.

—Entonces, quedamos así, ¿de acuerdo? —dijo él suavemente.

—Sí —murmuro ella, mesmerizaba por la mirada de Sasuke Uchiha. Había algo hipnótico en sus ojos, en el movimiento de sus labios.

Sakura se perdió en una burbuja de irrealidad que la rodeó por completó. Le habría resultado tan fácil dejarse caer sobre aquel cuerpo protector, sobre aquel pecho musculoso y compacto…

De pronto, se dio cuenta de que había perdido en algún lugar del que no podía regresar y luchó por recobrar la lucidez.

—¿Más café? —le ofreció a Sasuke.

De pronto, él se puso de pie.

—¡Escucha! —le dijo.

Sakura lo miró extrañada.

—¿Suske? —lo único que oía en la casa era la respiración del pequeño.

—No. Ven —la agarró de la mano y la llevó por el pasillo.

—¡Sasuke! Protestó ella, como si de pronto se hubiera vuelto completamente loco.

Abrió las ventanas de la habitación y se asomaron.

—¡Es un coro! —dijo ella entusiasmada, mientras veía a una multitud llegar a la plaza.

—Las Escuelas de la zona organizan esto todos los años —le explicó Sasuke—. ¿Quieres bajar mientras yo me ocupo de Suske?

¡No sin él! ¿Qué sentido tenía? Se las arregló como pudo para reprimir las palabras. Sonrió cálidamente, agradeciendo, así, el ofrecimiento.

—Escucha ese villancico —dijo él, al reconocer la melodía—. Es uno de mis villancicos favoritos.

—Sí, también mío —reconoció Sakura. Los dos intercambiaron una sonrisa cómplice. El sonido de aquella canción le trajo recuerdos de su infancia—. Konan e Itachi se perderán la primera Navidad de Suske.

Sasuke asintió.

—Supongo que vas a pasar el día de Navidad con tu tía.

Sakura se tensó, pero trató de responder de un modo distendido.

—¿Quiere eso decir que me vas a conceder veinticuatro horas para mí?

—Puede incluso que Suske y yo te demos un día más —le concedió Sasuke—. Pero ni un segundo más.

"Te está tomado el pelo" , se dijo Sakura tratando de ignorar el sentimiento de vacío que le habían provocado sus palabras. Estaba claro que Suske y él podían prescindir de ella.

De pronto, el silencio se rompió con una voz nítida, clara y hermosa de un niño.

La última nota murió y ella se volvió hacia Sasuke con una sonrisa. Pero la sonrisa se le congelo en los labios. Por primera vez, Sasuke Uchiha no era su jefe, ni el tío de Suske, sino única y exclusivamente un hombre que miraba a una mujer.


¡Perdón! -

Sé que me demore demasiado en actualizar, pero estuve sin Internet durante un periodo largo debido a las vacaciones.

Muchas gracias por esperar.