De: Masashi Kishimoto.
Reservados todos los derechos.
Estas son historias de ficción: la semejanza con situaciones o personas de la vida real son pura coincidencia.
Sasuke posó sus labios sobre los de ella y comenzó a deleitarla con experta maestría. Ella se sintió mareada y deliciosamente confusa.
De pronto, el placer se convirtió en una necesidad imperiosa y ella abrió los labios con la urgencia de recibir el alimento. Las llamas que habían empezado en la boca descendieron hasta el estómago y luego más allá.
Desorientada y confusa, Sakura respiraba aceleradamente. De pronto, se apartó de él.
—¡Suske! —dijo al oír al pequeño.
Se sobresaltó al darse cuenta de que no sabía cuánto tiempo podría llevar llorando. ¡No lo había oído!
—Será mejor que vaya a ver qué le pasa.
Reunió toda la fuerza de voluntad que tenía almacenada para apartarse de aquel hombre. Sus ojos eran como un imán, sus manos, fuertes y seguras, un delicioso tormento, su boca… Dio media vuelta y se dirigió a la habitación.
"No se te ocurra analizar lo que sucedió", se dijo a sí misma. "No ha sido nada más allá de un beso… Tienes que ser sensata, racional, ver lo que ocurrido como lo que es"
Sakura se encogió de hombros. ¿Qué era?
Por muy aconsejable que fuera el ser racional, realmente no podía serlo, No quería olvidar la sensación de aquel beso.
Miró en la habitación de Suske. Allí estaba, tendido sobre la cama, mirando hacia arriba, entretenido con la mariposa que colgaba delante de él.
—¡Hola, pequeño! —le susurró suavemente y lo tomó en sus brazos—. Ya estoy aquí.
Lo iba a echar mucho de menos cuando Konan volviera.
De pronto, se dio cuenta de que aquello tendía un final, de que llegaría el día en que Suske regresaría con sus padres y ella tendría que volver a su casa, a su soledad. Nunca le había importado esa soledad. Tenía amigos, tenía su pequeño refugio como un lugar sagrado.
Pero, no volvería a ver a Suske, se perdería su gateo, sus primeros pasos, sus primeras palabras…
¡No podía ser! Se estaba poniendo sentimental. Nunca se había considerado a sí misma tremendamente maternal. Aunque le gustaran los bebes de sus compañeras de trabajo, siempre había preferido a los niños cuando ya se podía jugar con ellos.
Por supuesto, siempre había asumido que llegaría un día en encontraría al hombre adecuado, se enamoraría y tendría niños. Pero lo que también siempre había asumido era que ese amor sería igualmente correspondido.
Decidió apartar aquellos pensamientos. ¿Qué le estaba ocurriendo? Ya no tenía solución, estaba abatida. Al menos, ese estado de ánimo le facilitaría el reencuentro con Sasuke después de la escenita del beso.
Estaba a punto de entrar en el salón, cuando oyó que estaba haciendo una llamada desde el estudio. Así es que había aprovechado que no estaba para hacer una llamada privada. ¿A quién? ¿A Karin? Se tensó dolorosamente anta la confirmación de cuan fútil era su pasión, o su lo que fuera.
Abrió la puerta del salón.
Al ver el árbol de navidad, se quedo paralizada.
Se había olvidado completamente de él. Miró a Suske, en espera de una clara señal de alegría o de sorpresa.
Suske estaba absorto en las sombras que se creaban sobre el techo, pero ignoraba por completo el árbol.
—Mira el árbol, Suske —le murmuró Sakura, consciente de que Sasuke estaba acercándose por el pasillo.
Obligo a Suske a mirar, pero aparto la vista en seguida.
Evidentemente, no le interesa. Alzó, de nuevo, la cabeza hacia el techo.
—Lo sé, una vez que has visto un árbol de Navidad los has visto todos —se río.
Sakura levantó la cabeza y miró a Sasuke por primera vez desde que había entrado en la habitación.
—¿Ya con espíritu crítico? —dijo Sasuke y encendió las luces del salón.
Al oír el sonido de la voz de su tío, Suske se puso como loco, volvió la cabeza hacia él y comenzó a agitar los brazos con entusiasmo.
—Pásamelo —dijo.
Sakura le tendió al niño y él lo tomo suavemente en sus brazos. Sakura miró su rostro anguloso y el corazón se le encogió.
Consciente de que no la miraba, recorrió su rostro hasta llegar a la boca. Tragó saliva. ¿Cómo iba a ser capaz de mirarlo nunca más sin recordar lo sucedido, sin desear que sucediera una vez más?
—Voy a prepararle la merienda a Suske —dijo ella. A partir de aquel momento, Suske sería el único hombre en su pensamiento.
—Avísame cuando esté preparada —dijo él. Se puso a Suske en las rodillas y comenzó a subirlo de arriba abajo—- He avisado a la señora Chiyo para que se quede con Sasuke esta noche.
Ya cerca de la puerta, Sakura se detuvo.
—¿Por qué? —se dio media vuelta y lo miró desconfiadamente. No le gustaba nada aquel aire de inocencia que fingía de repente.
—¿Tú crees que deberíamos llevarnos a Suske con nosotros? —la miro con una sonrisa burlona—. Sinceramente, no sé si sus modales en la mesa son adecuados.
—¿Sus modales en la mesa?
—Nos vamos a cenar esta noche.
Sakura se quedó boquiabierta. Luego, frunció el ceño.
—¿Podrías dejar de mirarme de ese modo? —Preguntó él con aire inocente—. ¿Por qué siempre buscas un doble sentido en todo lo que digo?
—Porque generalmente lo hay.
—Solo te estoy invitando a cenar. No te estoy pidiendo que te metas en mi cama.
—Te aseguro que no lo iba a hacer. No tengo la costumbre de meterme en camas ajenas con semejante facilidad.
Sakura se ruborizó. Al menos, esperaba que él interpretara el rubor de su rostro como efecto de la indignación, aunque el motivo era otro.
La imagen de Sasuke desnudo a su lado era devastadora.
—Nunca había tenido este problema cuando invito a una mujer a cenar —le dijo a Suske, que lo miraba con el rostro encendido y grandes ojos.
—Es que no me has invitado. Has asumido directamente que iré a cenar contigo —le molestaba tanto su arrogancia como saber lo que decía era cierto—. Y, por cierto, yo no soy una mujer, soy tu secretaria.
Él sonrío ante la absurda afirmación que acababa de hacer.
—¿Y son cosas contradictorias entre sí?
—Sabes perfectamente a lo que me refiero —se indignó ella.
—Y tú sabes perfectamente que eres bastante más que mi secretaria.
¡Lo que le faltaba! Una respuesta desconcertante y ambigua. Otra vez tomándole el pelo. ¿Es que la consideraba así de necia y vulnerable? Lo miró directamente a los ojos y algo le dijo que no estaba bromeando, que su respuesta había sido sincera.
—¿Qué soy Sasuke? —le preguntó y en el fondo de su mirada encontró la duda.
—No lo sé —respondió, en un susurro casi suplicante.
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No sé —se dijo Sakura, mientras yacía en un baño cálido y espumoso.
Desde luego, no era de las respuestas más satisfactorias que le habían dado, pero habría una puerta tras la que veía la luz. ¿Por qué?
En realidad, ella no tenía nada que ver con Sasuke Uchiha.
Pero era curioso ver a un hombre con la facilidad de la palabra de Sasuke farfullar ensimismado un mensaje como aquel.
¿Adónde habrían llegado si Suske no hubiera elegido aquel preciso momento para ponerse a vociferar con un endemoniado?
Tenía que tener una charla con Suske respecto al don de la oportunidad.
No obstante, estaba convencida de que Sasuke se habría arrepentido de inmediato de haber hecho algo más íntimo que un beso. Seguramente, la intervención de su sobrino había sido un típico "Salvado por la campana". Estaba claro que, posteriormente, no había mostrado inclinación alguna a aclarar el hecho.
Incluso el autocontrol de Sasuke Uchiha podía tener momentos de debilidad, lo cual no dejaba de sorprenderla.
—¿Podrías estar preparada para las seis? —le había preguntado Sasuke cuando salía de la habitación con Suske.
No había esperado a su respuesta. Había asumido que sería un sí, y había ignorado, por completo que, en realidad, no había aceptado su invitación para cenar. Al menos, no lo había hecho explícitamente
Al salir del baño, vio su reflejo en el espejo. La confusión se veía en su rostro tácita y clara. Por muy luminosa que fuera su mirada, también era transparente.
Lo último que debía hacer era pensar Se sentó en el tocador y comenzó a secarse el pelo. No debía pensar, ni tratar de averiguar por qué Sasuke había preferido salir con ella a cenar, en lugar de invitar a la pelirroja y despampanante Karin.
Abrió el armario y dio gracias a ese impulso inconsciente que la había empujado a meter en la maleta el vestido negro.
Lo descolgó de la percha y lo dejó sobre la cama. Se quito el albornoz y se vistió cuidadosamente.
Se miró al espejo. Le favorecía aquel vestido negro ajustado. Estaba elegante y discreto, a la vez que tenia un cierto aire seductor.
Se maquilló ligeramente.
Pero tenía un nudo en el estómago, un nudo inquietante.
De pronto, sintió pánico, un pánico agudo.
¡La noche iba a ser un desastre absoluto! No habría trabajo por medio, no estaría Suske presente para suavizar la tensión. Sólo estarían Sasuke y ella.
Seguramente, acabaría sentada frente a él, completamente incapaz de decir palabra, como un adolecente. O, lo que podía ser mucho peor, después de un par de vasos de vino, acabaría por mirarlo con ojos soñadores y demasiado reveladores.
Recogió el bolso de mano y salió de la habitación. Recorrió el pasillo y se detuvo ante la habitación de Suske. Justo antes de entrar, vio una figura entre, que se inclinaba sobre la cuna del bebé. Era Sasuke.
Decidió seguir adelante. No quería enfrentarse una vez más a la perturbadora visión de Sasuke con su sobrino.
—Estás preciosa —le dijo la señora Chiyo en cuanto la vio entrar.
Sonrío a la mujer que había dejado una onza de chocolate y una película junto al sofá. Estaba claro cómo pensaba pasar el resto de la tarde-noche.
—Gracias —sonrió Sakura, tratando de afianzar su voz. Al ver que Sasuke entraba en la habitación, se tensó. Normalmente le alteraba su presencia, pero en aquel momento era mucho más que alteración lo que estaba sufriendo.
—¿Estas preparada? —le preguntó.
Ella asintió, incapaz de decir nada. ¡Ya tenía la lengua de trapo y todavía no había empezado la velada! Trago saliva con dificultad y consiguió susurrar una despedida a la señora Chiyo.
—Gracias —dijo, mientras él la sorprendía ayudándola a ponerse el abrigo.
Olía bien, a jabón, a colonia y a hombre.
Salieron del piso y se dirigieron al ascensor.
—Si quieres, puedes esperarme en el portal.
—Gracias, Sasuke —dijo ella con una sonrisa burlona. La tensión había desaparecido. Le iba a costar acostumbrarse a aquella repentina inversión de papeles. Normalmente, era ella la que tenía que hacerle la vida más fácil a él. La sonrisa se amplió y él frunció el ceño interrogante.
—¡Nada! —respondió ella a la tácita pregunta.
Sasuke no se dio por vencido.
—Sakura… —comenzó a decir él en un tono amenazante.
—Es que lo normal sería que me hubieras dado las llaves y, sin decir nada, hubiera tenido que asumir que debía traerte el coche.
—Sólo lo habría hecho si hubiera estado lloviendo —protestó él—. ¿Soy tan tirano y difícil para trabajar?
—¿También es imposible vivir conmigo? —pregunto mientras alzaba una ceja.
La conversación estaba empezando a tocar temas difíciles… ¿o no más que otra de sus bromas?
—Un infierno —respondió ella esquivando su mirada, con el pretexto de comprobar que el bolso estaba bien cerrado.
—Pasa —dijo él.
Ella salió primero del ascensor, complacida por aquel repentino ataque de amabilidad que le había dado.
Él continuó en el ascensor, hasta el aparcamiento.
Sakura se dirigió hacia la puerta.
Después de todo, tal vez la noche no iba a ser tan complicada como ella pensaba.
Lo que tenía que evitar, a toda costa, era parecer una adolecente en su primera cita.
Llegó el coche y Sakura salió a su encuentro. El frío invernal le golpeo la cara.
Era un coche negro, grande y lujoso.
—¿Estás bien? ¿Quieres que suba la calefacción? —le pregunto él cuando ya se habían puesto en camino.
—Estoy bien.
Era verdad. Se sentía feliz y confortable. Mientras él atendía a la carretera, se dedicó a estudiar su perfil, Le encantaba el corte anguloso de su cara.
Volvió la cabeza, y miró por la ventana.
—¡Si es agua nieve! —dijo ella sorprendida, mientras los limpia parabrisas apartaban las frágiles gotas heladas que caían sobre el cristal.
Sakura miraba a un taxi del que bajaban algunos pasajeros, mientras escuchaba distraídamente las noticias del tiempo.
Habían hielos en la gran parte de las ciudades… algunas partes estaban aisladas y muchas carreteras intransitables… grandes nevadas… se esperaba que las condiciones meteorológicas empeoraran…
¿Cuánto tiempo llevaba medio país bajo la nieve?
Sakura no se había enterado de nada.
De pronto, se dio cuenta de que en los últimos días, su vida había girado, única y exclusivamente, en torno a Suske… y a su tío.
—Tal vez, sería mejor que viajaras a Kinosaki por la mañana, en lugar de esperar hasta el lunes —dijo Sasuke
Sakura se quedó en silencio. Iba a tener que aclararle algo, antes de que las cosas se complicaran.
—La verdad es que no voy a pasar la Navidad con mi tía este año —dijo ella, sin darle importancia alguna—. Me quedo en Tokio.
—Ya —dijo él secamente—. ¿Y cuándo has tomado esa decisión?
Ella no había tomado ninguna decisión, alguien la había tomado por ella.
—¿Ayer en la noche? —preguntó él con cierta ironía
Sakura miró a Sasuke sorprendida. ¿Qué tenía que ver lo que ella hubiera hecho la noche anterior con ir o no a ver a su tía? Y, lo más confuso, ¿a qué se debía aquel tono frío y sarcástico?
—Todavía no has ido ni una sola vez en todo el año a visitar a tu tía y ni siquiera te puedes dignar a pasar la Navidad con ella —dijo él con cierta indignación—. ¿Te has molestado en comunicárselo al menos? ¿Le has dicho que preferías pasar estos días con tu novio?
¿Su novio? ¿A qué venía aquello? De pronto, todo encajó, Sasuke pensaba que Sai le había pedido que pasara la Navidad con él y ella había aceptado, sin pensar que su tía se quedaría sola en una noche tan señalada. Si no hubiera sido por que se sentía furiosa, habría soltado una estridente carcajada por la ocurrencia de Sasuke.
—Con quien pase la Navidad no es asunto tuyo —lo reto ella—. Es mi tía la que no quiere que vaya.
Dicho esto, apartó la mirada y volvió la cara hacia la ventanilla.
Sasuke se detuvo en un semáforo.
—¿Sakura?
Ella respiro profundamente.
—Recibí una carta hace unos días —dijo con un tono de voz neutro—. Ha invitado a una vieja amiga de la escuela a pasar la Navidad con ella.
—¿Y?
—La casa es pequeña. Sólo hay dos habitaciones —se quedó en silencio unos segundos—. Me dijo que si quería, podía dormir en el sofá. Pero, por supuesto, lo que realmente esperaba era que dijera que no.
Se hizo un silencio denso.
Sasuke la miraba de vez en cuando, consciente del error de juicio que acababa de cometer.
Lo último que quería era que sintieran pena por ella.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le pregunto al tiempo que aceleraba.
Ella se encogió de hombros. ¿Por qué? En parte, por orgullo. Y, seguramente, también, porque no quería que ningún amigo se sintiera en la obligación de tener que invitarla.
La carta recibida le había provocado una tristeza profunda, al darse cuenta de lo lejos que estaban la una de la otra.
También había sido lo suficiente honesta como para aceptar que ella también era responsable del distanciamiento, cada vez mayor, que había entre ellas, Quizás, tendría que ir a verla en Año Nuevo, o podría pedirle que la visitara.
—Así que Suske y yo vamos a tener que invitarte a comer con nosotros en Navidad.
Sakura se tensó.
—No —respondió ella. No estaba dispuesta a que la invitara sólo porque sintiera pena.
—¿Y que piensas hacer?
—Todavía no lo he decidido —respondió ella, sin querer dar más explicaciones. Pero, en lugar de sentirse aliviada al zanjar el tema, se sintió tremendamente decepcionada.
¡Estaba dispuesta a dejarse persuadir!
¿Cómo iba a pasar él aquellos dos días? Seguramente, solía pasarlos en familia. Pero en aquel momento, sus padres y su hermana estaban fuera del país.
Miró al hombre que tenía a su lado y el corazón se le encogió. ¡Al diablo el orgullo! No había nada que deseara más que pasar esas fechas en compañía de Sasuke y Suske.
—Sasuke…
—¿Si?
Era incapaz de decir lo que pensaba.
—Ésta nevando —respondió.
Él se río. Torció a la derecha y se metió en un aparcamiento.
—Gracias —murmuró ella cuando él le abrió la puerta del coche.
Sabía exactamente lo que quería decirle, sabía que había cambiado de opinión.
—Ésta cuajando —dijo él y miró los tejados que los rodeaban.
Sakura sonrío. Tenía un nudo en el estómago.
—Ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que hemos tenido unas navidades blancas —miró a Sasuke. Era suyo durante una velada entera e iba a sacar todo el provecho que pudiera—. No es una cita literaria, es verdad.
—Eres muy dura contigo misma, Sakura Haruno —dijo con solemnidad.
Cerró el coche y juntos entraron en el restaurante.
—Buenas noches, señor Uchiha —el maître interrumpió la conversación y se aproximo lentamente, sin hacer ruido, moviéndose como un felino sobre la moqueta.
—Buenas noches, Koi —le respondió Sasuke y sonrió.
Una mujer muy amable les pidió los abrigos y se los llevó.
Sasuke era, sin duda, un cliente habitual del restaurante.
Sakura trató de no especular sobre quién podría ser su acompañante en aquellas cenas a la luz de la luna. ¿Qué le importaba? Aquella noche era suya.
—El resto de la familia ya ha llegado —le murmuró el maître.
Sakura se tensó al sentir la mano de Sasuke sobre el brazo.
—¿Qué quiere decir con eso de tu familia?
—Es el Cumpleaños de mi abuela —dijo.
—¿Qué? —se volvió a él, furiosa—. ¿Quieres decir que esto es una celebración familiar? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque no habrías querido venir.
—Pero me gustaría haber podido tener la capacidad de decidir por mí misma.
Sakura miró al amplio grupo de desconocidos que estaban sentados en una mesa al fondo.
¡Ya le había resultado difícil superar el pánico de una noche en su compañía, pero la familia entera…!
En el centro de la mesa había una hermosa mujer, de edad avanzada, acompañada de un caballero de pelo blanco, igualmente elegante. Sin duda, la abuela no era de las del tipo cuento de caperucita.
Sasuke se detuvo junto a la mujer y la besó en la mejilla.
—Feliz Cumpleaños —le murmuró. Acto seguido, le presentó a Sakura.
La mujer estaba tan sorprendida como ella y la miraba de arriba abajo con astutos ojos oscuros.
Le tendió la mano.
Se sentía como una intrusa. ¿Qué demonios hacia la secretaria de Sasuke Uchiha en una reunión familiar?
El resto de la familia la recibió bien. El abuelo era un hombre cálido y agradable. Naruto, el primo de Sasuke estaba acompañado por su esposa Hinata Hyuuga, una mujer muy dulce en sus gestos junto a ella se encontraba otra mujer de cabello castaño y sonrisa amistosa acompañada por su esposo Neji Hyuuga. Sakura se sorprendió al saber que los Hyuuga y los Uchiha compartían un lazo sanguíneo.
A Sakura le dolía la mandíbula de tanto sonreír, cuando por fin pudo sentarse.
El maître había tenido que movilizar a toda la mesa para poner otra más, en la que se pudieran sentar los recién llegados.
Estaba claro que Sasuke había decidido llevarla en el último momento.
—¿Quieres algo de beber? —le pregunto Sasuke.
¡Un Brandy!
—Sí, por favor, agua mineral —le dieron la carta y se embullo en ella con creciente ansiedad, tratando, desesperadamente de no mirar a Sasuke—. Gracias.
—Estoy muerto de hambre —le dijo Naruto a Sakura con una amplia sonrisa. Luego la observo unos segundos—. ¿Acaban de tener una pelea? Tienes cara de querer colgarlo de un árbol. ¡No sabes la de veces que yo he querido lo mismo!
El comentario tan abierto y directo iba acompañado por una sonrisa que denotaba camarería.
—¿Qué tal esta Suske? —preguntó Tenten— realmente no sé porque has insistido en contratar a una niñera, cuando yo podría haberme ocupado de él.
—Y a Hinata y a mí nos habría encantado hacer de padres durante estas fechas —dijo Naruto.
Aquello se estaba poniendo cada vez más interesante, Sakura casi se atraganta con el agua mineral.
Su familia creía que había contratado a una niñera profesional, pero era evidente que no necesitaba hacerlo, pues tenía posibilidad de ayuda por parte de varios miembros de la familia.
¿Por qué, entonces, la tenía en su apartamento, viviendo con él? La excusa era Suske. Pero tres personas estaban más que encantadas con la idea de cuidarlo.
Miró a Sasuke con una dulce sonrisa.
A él no parecía perturbarlo nada.
—Suske está bien donde está —les dijo—. ¿Sabe ya todo el mundo lo que quiere pedir?
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Sakura soltó una sonora carcajada junto con el resto cuando Naruto finalizo la jocosa historia que estaba narrando.
—No me creo ni una sola palabra de todo eso —dijo Tenten con una sonrisa y se volvió a meter una cucharada de cremoso mouse de chocolate.
—¿Qué te apetece que probemos ahora? —le dijo el abuelo de Sasuke a Sakura, cuchillo en mano, dispuesto a partir un trozo de queso.
—Me gusta el aspecto de ese de ahí, el de nueces —respondió ella.
Le tendió un trozo correctamente colocado en la galleta correspondiente y ambos engulleron sus respectivos pedazos, acompañados de un buen sorbo de vino tinto.
—¿Quieres otro trozo?
—Sí, gracias —Sakura agarró el siguiente pedazo con entusiasmo y una amplia sonrisa al hombre que tan amablemente la había tratado durante toda la noche.
La verdad era que le gustaba mucho la familia de Sasuke. Incluso la abuela que al principio la había recibido con cierto recelo parecía satisfecha con la compañía que su nieto había traído.
Sakura miro a Sasuke. Y así se quedó hipnotizada por una visión divina.
Le gustaba su rostro, le gustaba su forma de estar en aquella familia.
—¡Sakura…!
De pronto se sobresaltó. ¿Cuánto tiempo llevaba absorta y ausente?
—¿Me pasas el agua?
—¡Sí! —respondió Sakura con un notable sobresalto—. Lo siento.
Agarró la botella y, al tendérsela a Hinata, se dio cuenta de que todo el mundo, excepto Sasuke, la estaba mirando.
¡Acababa de hacer, precisamente, lo que sabía que jamás debería hecho!
La sonrisa en el rostro de Tenten decía, claramente, que todos habían sido testigo de su embobamiento ante Sasuke Uchiha.
—¿Dónde vas a pasar la Navidad? —le preguntó la abuela de Sasuke mientras doblaba la servilleta.
La pregunta tenía que llegar tarde o temprano.
Por suerte, había sido al final de la cena y, por desgracia, Sasuke la respondió por ella.
—Sakura va a pasar la Navidad conmigo —respondió él.
¿Sí? ¿Y por qué ella no había tenido noticias de ello?
Miró a la abuela. Una vez más aquel gesto de sorpresa y distanciamiento.
—Entonces, nos reuniremos otra vez ese día, ¿no es así? Me alegrará verte de nuevo —dijo la mujer sinceramente, una vez superado el aparente shock inicial.
—Gracias —Sakura forzó una sonrisa.
La mujer no había tenido más remedio que incluirla en la invitación, sin previo aviso por parte de su nieto.
Sakura apretó las manos. Estaba furiosa. ¿Es que nunca podía contar con su opinión?
—¿Café? —preguntó Sasuke, aparentemente impasible ante la mirada asesina de su acompañante.
—No, cariño —dijo la abuela y miró a su marido—. Creo que será mejor que nos vayamos ya. Ha sido una cena encantadora, Sasuke.
Se inclinó sobre él y lo besó amorosamente.
—No, no hace falta que te levantes —le dijo al ver el amago que él hacía.
—Nosotros también nos vamos ya —dijo Tenten.
—Hinata y yo hemos prometido aparecer por una fiesta, así que a ello vamos —dijo Naruto—. La comida estaba deliciosa, Gracias.
Fue todo tan rápido que Sakura no tuvo a penas tiempo de darse cuenta de que todo el mundo había desaparecido y estaba a solas con Sasuke.
Después de unos segundos y un par de tragos de agua mineral, se dio cuenta de lo sucedido.
—¡Cómo me has hecho esto! —protestó Sakura, aliviada de poder discutir con Sasuke el modo en que la había empujado a una situación como la vivida y a que, además tuviera que repetirse en Navidad—. No le has dado a tu abuela más opción que invitarme a comer el día veinticinco. No ha sido justo para ninguna de las dos.
Un camarero puso una taza de café delante de ella.
—Creo que estás sacando conclusiones incorrectas, Sakura. Tal y como es tu costumbre —dijo él mientras daba un sorbo a su café—. Soy yo el que te ha invitado, no mi abuela. Normalmente, nos juntamos todos en casa de mis padres. Pero, como no están, echamos a la suerte a quién le tocaría cocinar. La pajita larga la saqué yo.
—¿Qué? ¿Vas a cocinar para todos? —preguntó Sakura, sorprendida.
—Me temo que algo así.
Sakura sonrío malévolamente al imaginarse a Sasuke con un delantal, tratando de preparar un inmenso pavo.
—Por suerte, conozco la mejor empresa de catering de la ciudad —continuó él.
—¡Pero eso es trampa! —lo censuró ella, totalmente incapaz de mantener el enfado.
Se sentía bien, la situación le gustaba. ¿Qué más podía pedir?
—¿Te lo has pasado bien esta noche?
—Sí, muy bien —admitió ella—. Pero, a pesar de todo, ¿por qué no me preguntaste…
—¿Si querías venir a cenar con mi familia? —levantó una ceja—. Sencillamente porque no me habrías dicho no que sí ni que no, Me habrías mirado con esos grandes ojos y me habrías preguntado por qué.
—¡No habría hecho eso! —respondió ella, consciente de que se estaba mintiendo a sí misma. ¡Por supuesto que quería saber por qué! ¿Por qué quería que su secretaria asistiera a una cena familiar? Lo miró fijamente. Se parecía a sus primos. Pero aquel rostro anguloso y bien dibujado era exclusividad suya—. Tu familia es muy importante para ti, ¿verdad?
—Sí —respondió él.
Sakura miró la taza y se dio cuenta de que estaba vacía, tan vacía como ella se sentía por dentro.
¿A quién le importaba Sakura Haruno? A nadie.
—¡Deja de sentir pena por ti misma! —le dijo él, como si le hubiera leído el pensamiento.
—No estaba sintiendo pena por mí misma —respondió ella. Aquel hombre tenía la sensibilidad de un muro de ladrillo. ¿Cómo podía el entender…
—Sí ya sé. No puedo entender lo que es estar solo, especialmente en Navidad…
Sakura lo miró anonadada. ¡Ella no había dicho nada de eso!
—Pero si quieres tener una familia, haz algo al respecto; cásate, ten hijos.
—¿Así sin más? —preguntó ella, con un resquemor doloroso clavado en el centro de su corazón.
—Serías una madre estupenda —dijo él sin previo aviso.
Sakura no pudo evitar cierto placer al oír sus palabras.
"Y tú serías un maravilloso padre", pensó ella.
—¿Quieres otro café?
Sakura dijo que no y Sasuke miró el reloj-
—Sera mejor que nos vayamos. Le prometí a la señora Chiyo que no llegaríamos demasiado tarde.
Dejó el dinero sobre la cuenta y se dirigieron a la puerta. Ayudó a Sakura con el abrigo y salieron a la calle.
Seguía nevando y el suelo había empezado a acumular nieve.
—¡Que calma hay! —murmuró Sakura, consciente de la mano que sujetaba su brazo.
Caminaron en dirección al coche pero, antes de llegar, pasaron por la puerta de un bar donde sonaba una orquesta.
—¿Bailas? —le pidió Sasuke.
La agarró suavemente por la cintura y comenzaron a girar.
¡Aquello era una locura! Estaba bailando con Sasuke Uchiha en mitad de una calle nevada.
Sakura no paraba de reírse siguiendo el rápido ritmo de la música.
Cuando acabó la canción, continuó otra de tempo lento y sentimental.
Sasuke abrazó a Sakura y apoyó la barbilla sobre su sedoso pelo.
Sakura podía sentir el calor de su aliento, la dureza de su cuerpo, la reconfortante sensación de sentirse protegida. Sakura sabía que recordaría aquel momento durante el resto de su vida. Perdida en el encantamiento de la música, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el pecho de Sasuke. Danzaban y danzaban y Sakura se derretía de placer.
Suspiró al notar un beso cálido en la sien. Alzó la cabeza-
Lentamente, Sasuke atrapó sus labios.
No hubo una explosión de sensaciones, sino un delicioso y lento despertar que subió desde los pies hasta la cabeza.
Le sonrío, sumergida en una sublime ensoñación. Le acaricio el pelo y el rostro con ternura. Si alguna vez alguien se atrevía a hacerle daño a aquel hombre… Si algo le ocurriera…
La intensidad de la emoción que la carcomía por dentro era mucho más de lo que podía soportar. Los ojos se le llenaron de lágrimas y su rostro empapó los besos de su enamorado.
¡Cielo santo! ¿Qué estaba haciendo? Oyó a Sasuke, un ligero sonido de desconcierto.
No se atrevía a abrir los ojos. No quería ver la expresión de su cara.
—¡Sakura! ¿Qué ocurre?
—¡Nada! —respondió ella, horrorizada de su propia reacción.
Nada excepto que acababa de comportase como una necia.
—¡Sakura! —se río y la volvió a abrazar.
—¿Podrías…
—Podría soltarme caballero —dijo él imitando una voz femenina—. Sakura, no estamos en la época victoriana. Hoy en día es aceptable que una mujer provoque a un hombre.
—¿Qué? —lo que le faltaba por oír.
Lo miró. La sonrisa en sus ojos lo delató. Una vez más le estaba tomando el pelo.
¿Qué demonios hacía otra vez en sus brazos?
La miró directamente a los ojos. Le agarró la barbilla y le pasó el dedo por los labios suavemente.
—Estás temblando —murmuró él suavemente.
Abrió la puerta del coche—. Entra.
Sakura obedeció la orden sin rechistar. Se sentó y se recostó en el respaldo del asiento.
¿Qué era exactamente lo que estaba ocurriendo entre ella y Sasuke? Lo observó mientras quitaba la nieve del parabrisas. ¿Hacia dónde se dirigían? Todo era tan extraño.
Sakura se tensó al sentir su presencia en el asiento de al lado.
—El cinturón de seguridad esta retorcido —dijo él e, inmediatamente, tendió la mano para ayudarla.
—Ya lo hago yo —dijo ella. Sasuke frunció el ceño y ella no pudo terminar lo que estaba haciendo—. No quiero tener ningún rollo casual y pasajero contigo, Sasuke.
Si se hubiera reído y le hubiera dicho que había interpretado todo al revés se habría sentido mal.
Pero su reacción había sido mucho peor. Silencio.
Después de un largo rato, respondió.
—Eso es lo que piensas que quiero —afirmó pensativo y taciturno.
—Realmente, no sé lo que quieres —murmuró ella. Estaba completamente desconcertada. La situación era de locos y a ella se le estaba yendo de las manos.
Había sido él el que había roto la distancia de lo meramente profesional. Pero sería ella la que sufriría las consecuencias. No podía, sencillamente, levantarse al día siguiente como si nada hubiera sucedido y seguir trabajando.
Se volvió hacia él y lo miró con fría indiferencia.
—Soy tu secretaria —la calidez, la ternura y la gentileza que había mostrado durante toda la noche no había sido nada más que el resultado de un elaborado plan.
—No haces más que recordármelo —le dijo él en un tono cortante—. ¿Es que piensas que no lo sé? Lo sé demasiado bien. ¿Crees que me resulta fácil de olvidarlo?
Sus ojos estaban rojos, ¿da rabia? ¿de dolor? ¿De qué?
Nunca lo había visto mostrar aquel modo sus emociones, nunca lo había visto perder los nervios antes. En silencio, arrancó el coche y se puso en marcha.
Sakura miró por la ventana.
Estaba harta de sus cambios de humor. Estaba harta de aquel tobogán.
Aunque, tal vez, ella era culpable de ese mismo crimen.
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—¡Se ha portado como un ángel! —bebió un poco y se recostó sobre el respaldo del sofá—. No ha dicho ni esta boca es mía.
Sakura sonrió, controlando las ganas de abrir la boca y gritar. No porque no le gustara la señora Chiyo, muy al contrario, le resultaba una mujer muy agradable. Pero todo despedía de las circunstancias.
No sabía cómo no se daba cuenta de la tensión que había en la habitación. Había sido realmente absurdo que la invitara a quedarse dadas las circunstancias en las que se encontraban.
Miró a Sasuke. Estaba tranquilamente sentado en el sillón de enfrente, con las piernas estiradas y un vaso de whisky en la mano.
Sakura miró la copa que tenía frente a ella. Odiaba el brandy. ¿Por qué lo había pedido?
—Bueno, será mejor que me vaya —la señora Chiyo dejó la copa sobre la mesa.
—La llevaré a su casa —dijo Sasuke e, ignorando sus protestas, le dio su abrigo.
Sakura los acompaño hasta la puerta.
—Buenas noches, señora Chiyo —los vio desaparecer en el ascensor y respiro aliviada.
Después de darle a Suske el último biberón, se prepararía y, con un poco de suerte, estaría en la cama antes de que Sasuke regresara.
Entró en el dormitorio del pequeño. ¿Había algo más terapéutico que ver a un bebé dormir?
Le preparó el biberón y se lo dio, reconfortada por el modo en el que el pequeño disfrutaba de su alimento.
Pero no tuvo tiempo de escapar.
Pronto, apareció Sasuke.
—Suske está dormido —dijo ella, innecesariamente. Salió de la habitación, con la intención de llevar el biberón a la cocina.
—Quiero hablar contigo —le dijo él.
—Estoy cansada –respondió ella con frialdad. No había querido hablar con ella en todo el trayecto a casa ¿Por qué de pronto sí?—. Creo que tendremos que dejarlo para mañana.
—No —dijo él con firmeza y la agarró del brazo. La llevo hasta el salón—. Siéntate.
Ella dudó unos segundos y, por fin, hizo lo que él pidió.
—¿Y bien? —le preguntó ella en un tono desafiante.
—Quiero que renuncies a tu puesto de secretaria —le dijo.
Durante unos segundos, estuvo tan sorprendida que no podía ni responder.
—¿Me estás despidiendo? —le preguntó al fin, incrédula.
—Por supuesto que…
—¿Por qué? ¿Por qué no he querido tener un lío contigo?
—¡No seas ridícula!
—Eso tiene un nombre, se llama acoso…
—¡Puedes hacer el favor de callarte un segundo!
—Si sigues gritando, vas a despertar a Suske y no me digas…
—¿Te quieres casar conmigo? —la voz de Sasuke resonó en la habitación.
Feliz Navidad a todos! :D
