Naruto y sus personajes pertenecen al gran Masashi Kishimoto.
Reservado todos los derechos.
Esta historia es de ficción, cualquier parecido con la realidad son pura coincidencia.
Aclaraciones al final.
—¿Me estás despidiendo? —le preguntó al fin, incrédula.
—Por supuesto que…
—¿Por qué? ¿Porque no he querido tener un lío contigo?
—¡No seas ridícula!
—Eso tiene un nombre, se llama acoso…
—¡Puedes hacer el favor de callarte un segundo!
—Si sigues gritando, vas a despertar a Suske y no me digas…
—¿Te quieres casar conmigo? —la voz de Sasuke resonó en la habitación.
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Capitulo 8
Sakura se dejó caer sobre la silla, sin dejar de mirar a Sasuke. No podía haber oído lo que acababa de oír. Estaba soñando despierta, no le cabía duda.
—No espero que me contestes ahora mismo —dijo él.
Por supuesto que no podía esperarlo.
Sakura trató de controlar la burbuja de histeria que amenazaba con apoderarse de ella.
Aquello, sencillamente, no podía estar sucediendo. Tenía que admitir que su experiencia en aquellos asuntos era más bien limitada.
La única vez que le habían pedido en matrimonio había sido cuando ella tenía seis años. Pero, por lo que ella sabía, las propuestas de matrimonio no solían ir precedidas de una pelea.
Según tenía entendido, para llegar a aquel punto lo lógico sería que hubiera estado en brazos de Sasuke, escuchando promesas de amor eterno.
En lugar de eso, tenía a su oponente al otro lado de la habitación y con una mirada muy poco seductora.
—Así es que quieres que pase de ser tu secretaria a ser tu esposa —no podía tomarse aquella propuesta en serio—. ¿Es un ascenso?
—Deja de hacerte la cínica, Sakura.
El corazón le latía con tanta fuerza que estaba segura de que él podía oírlo.
—¿Por qué quieres que me case contigo, Sasuke? No estás enamorado de mí — afirmó ella rotundamente, con un nudo en el estómago y la vana esperanza de que él desmentiría de inmediato aquella afirmación.
No lo hizo.
Durante unos segundos no dijo nada. Se dirigió a su silla, se sentó y la miró desde ahí.
—Me gusta tenerte aquí —respondió—. Me gusta volver y encontraros a Suske y a ti aquí.
A Sakura se le congeló la sangre.
—Ya —respondió, incapaz de decir nada más, conteniendo la necesidad de levantarse y lanzarse a sus brazos.
—Quiero una esposa, Sakura —le dijo—. Y niños.
Sakura se quedó paralizada. De pronto, lo comprendía todo.
No la quería a ella, a Sakura Haruno. Lo único que quería era una mujer que le diera hijos.
—Y piensas que yo puedo ser una candidata adecuada para el puesto, ¿no es eso? —preguntó ella con toda la calma de que era capaz. Le dolían los dedos de tanto retorcérselos—. ¿Es por eso que me has llevado a la cena de esta noche, para ver si tu familia daba el visto bueno?
Sasuke frunció el ceño.
—No seas ridícula.
¡Por supuesto que estaba siendo ridícula! Sasuke Uchiha no necesitaba el visto bueno de nadie.
—¿O era para que viera lo que puedo sacar yo con este trato? Una familia numerosa. No está mal. Sin contar todas las ventajas económicas de estar casada con un hombre rico. ¿Y qué pasa si no concibo un hijo en el tiempo estipulado? ¿Un divorcio rápido y una rápida sustituta?
—¡No seas absurda!
—¿Y tú? ¿No crees que lo que es realmente absurdo es que me pidas que me case contigo, sólo porque de pronto sientes unos deseos incontrolables de ser padre? —respiró profundamente—. Lo siento Sasuke, pero no me puedes ofrecer nada que yo necesite. No necesito casarme para tener una seguridad económica. Soy una buena profesional y puedo trabajar. Y ni siquiera necesito casarme para tener hijos.
Le agradó ver el gesto de sorpresa en la cara de él.
—Yo preferiría que dejaras de trabajar, pero tampoco insistiría, Sakura.
Sakura lo miró desconcertada. ¿Que no insistiría? ¿Pero es que no había oído ni una sola palabra de lo que le había dicho? ¿No acababa de oír que su carrera era importante para ella? ¿Cómo podía saber tan poco de ella? ¿No se daba cuenta de que si lo amaba sería capaz de dejar cualquier cosa por él?
Sakura se dispuso a salir de la habitación.
—Consíguete un gato o un perro, si lo único que quieres es tener a alguien que te dé la bienvenida por las noches.
Él levantó una ceja.
—¿Debería interpretar eso como un no?
Sakura no se molestó en contestar. Trató de acaparar todo el valor de que era capaz y se dirigió calmadamente hacia la puerta. Su rechazo no parecía haber afectado a Sasuke lo más mínimo. Pero, después de todo, ¿por qué habría de afectarlo? Estaba claro que muy pronto encontraría otra mujer con la que jugar a la familia feliz..
Llegó a su habitación, se aproximó a la ventana y apartó las cortinas. Las calles estaban cubiertas de nieve y el silencio era total.
¿Por qué no se lo había pedido a alguna de esas otras mujeres? ¿Por qué no a Karin?
Se apartó de la ventana, se quitó los zapatos y se sentó en la cama. Se abrazó las piernas y hundió la barbilla entre las rodillas.
Todo aquello era incomprensible. Sasuke era completamente incomprensible. Se secó una lágrima.
¿Por qué estaba llorando?
Se levantó de la cama, se puso los zapatos de nuevo y abrió la puerta. Miró en el pasillo. Bien. La puerta de Sasuke estaba cerrada. Sin hacer ruido, salió en dirección a la cocina.
Se calentó la leche y la puso en una taza que llevó a la mesa. Vertió el contenido de un sobre de chocolate en polvo y comenzó a revolverlo.
Tomó la taza y bebió. ¡Chocolate caliente! Era reconfortante. ¿Y un sustituto de qué, del amor, del sexo? Le comenzaron a temblar los labios.
El amor era algo que no estaba incluido en la oferta de Sasuke, pero seguro que el sexo sí lo estaba.
Incluso le sorprendía que no lo hubiera nombrado como otras de las ventajas de ser la señora Uchiha. La sonrisa se le heló en los labios al imaginarse la escena.
Estar tumbada junto a aquel cuerpo masculino, sentir sus labios, su piel desnuda, en preparación para el encuentro real… pero no estarían haciendo el amor, sólo sería sexo.
La idea le provocó un rechazo total. Sus hijos no serían concebidos con amor, sino sólo como un acto biológicamente necesario.
No podía creerse que Sasuke pudiera haberle hecho una propuesta como aquélla en serio. ¿De verdad que podía querer un matrimonio exento de cariño y de amor?
Quizás ella había reaccionado excesivamente y no le había dado a él la opción de explicarse. Sasuke no la amaba, pero seguro que, al menos, le gustaba, se sentía físicamente atraído por ella. Tal vez, esa no era la base más firme para un matrimonio, pero era un comienzo. Si no la amaba ella, podría ser que no fuera capaz de amar a nadie.
Se forzó a apartar ese pensamiento de su cabeza. Tenía que olvidarlo, tenía que olvidarlo…
Casi se atraganta al ver que la puerta de la cocina se abría.
Sasuke seguía vestido con la camisa blanca y los pantalones oscuros que había llevado a la cena. Atravesó la cocina y encendió la tetera, mientras silbaba calmadamente.
Sakura lo observó durante un rato, hasta que sus ojos se encontraron. Entonces, ella apartó rápidamente la mirada.
Al ver que agarraba su taza y se sentaba a la mesa, Sakura se puso a leer las instrucciones que venían en el paquete de chocolate instantáneo. Si enviaba seis envoltorios, le regalaban un mantel individual.
Sakura levantó la cabeza.
Sasuke había abierto el periódico y parecía interesado en su contenido.
Pero su rostro no decía nada. Tenía una máscara implacable e inexpresiva.
Después de todo, Sakura nunca sabía lo que estaba ocurriendo, nunca sabía lo que pensaba o sentía aquel hombre. Volvió a leer el paquete. Con doce envoltorios conseguiría una bandeja. ¿Para qué quería ella una bandeja?
Lo miró de nuevo. ¿Cómo podía estar así de relajado, cuando le había pedido que fuera la madre de sus hijos?
Agarró una cuchara y comenzó a darle vueltas al chocolate.
Al levantar la mirada de nuevo, se encontró con otro par de ojos ónix. Se encogió de hombros. Los oscuros ojos recorrieron su rostro y se posaron sobre su boca.
A Sakura se le calló la cuchara y rebotó hasta llegar junto a Sasuke.
El ruido pareció tremendamente estridente en mitad del silencio de la noche. Bruscamente, Sakura se levantó de la mesa. Agarró la taza, la dejó en el fregadero. En cuanto se vio fuera de la cocina, le dio una furiosa patada a la pared inmaculada.
Una gran marca negra había quedado impresa en la blancura intacta del muro. Se agachó rápidamente y trató de borrar la señal.
Pronto sintió una presencia. Alzó la mirada y lo vio, allí, cruzado de brazos y observándola con una sonrisa torcida en la boca.
¡Que se fuera al infierno, él y todo! Se levantó y se fue a su habitación.
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Sakura sacó la mano del edredón y encendió la lámpara.
—Voy, Suske —le murmuró desde la habitación, mientras el pequeño incrementaba el volumen de su protesta.
Miró al reloj. ¡Eran las siete de la mañana! ¡No podía ser!
Se puso en modo piloto automático y salió de la cama. Se puso la bata y salió de la habitación.
Antes de llegar donde Suske, se encontró con Sasuke, que salía de su dormitorio, con el torso descubierto y descalzo, abriendo estrepitosamente la boca. ¡Lo que le faltaba! Habría necesitado tres horas más de sueño y un litro de té para poder enfrentarse a un Sasuke medio desnudo. Y, a juzgar por su cara, a él le ocurría lo mismo.
Se pasó la mano por el pelo y farfulló algo incomprensible, mientras se dirigía a la cocina. Quizás ya jamás podrían volver a mantener una conversación normal, lo que, dadas las circunstancias, no tenía por qué ser precisamente malo.
Sakura fue en busca de Suske, quien se cayó en cuanto sintió los brazos que lo rodeaban. No obstante, en su rostro había reproche. Le habría gustado ser atendido con mayor prontitud.
—He venido todo lo deprisa que he podido —protestó Sakura, mientras le desabrochaba los botones del pijama azul con ositos y nubes—. Pero no pienses que todo el mundo va a estar tan pendiente de ti.
Lo dejó sobre el cambiador y le quitó el pañal. Su técnica cada vez era mejor. Lo cambió, lo vistió con un trajecito rojo y le echó colonia. Estaba precioso. Ya se disponía a salir cuando llegó Sasuke con un biberón para Suske.
Dejó la bandeja sobre la mesilla y le dio el biberón a Sakura, ante el entusiasmo de Suske, que agitaba las manos como reclamo.
—Gracias —murmuró Sakura, mientras se le encogía el estómago.
Su olor inconfundible la sobrecogió.
Estaba sin afeitar y tenía un aspecto salvaje. La vista de su torso desnudo hizo que algo en su estomago se apretara y tirara con fuerza, ¿Cómo podía ese hombre lucir tan sexy a esa hora de la mañana?
Apartando la vista Sakura agarró una de las tazas de café que había traído en la bandeja y él hizo lo mismo. Durante unos segundos, pensó que se iba a sentar en la cama a disfrutar del café y la compañía. Por suerte, no fue así. Salió del dormitorio y los dejó solos.
¡Vaya forma de empezar la mañana!
El pequeño Suske, ajeno a lo que estaba ocurriendo, agarró el biberón y se lo metió en la boca. Si se casaba con Sasuke se convertiría en la tía de Suske… «Ya basta», se dijo a sí misma.
Agarró el biberón vacío y lo dejó sobre la mesa. Le limpió la barbilla al pequeño Suske y, en ese momento, Sasuke entró en la habitación.
—Puedo ocuparme de Suske mientras tú te vistes —le dijo mientras le dirigía una mirada penetrante.
¡Vaya! Al menos no había hecho un voto de silencio.
—Tómate el tiempo que necesites —añadió mientras tomaba al pequeño en brazos.
—Gracias —respondió ella, aunque ya hubiera decidido hacerlo con o sin su consentimiento.
—Muy bien, campeón, ¿qué quieres desayunar? Huevos, bacon, tomate… —la voz se iba perdiendo a lo lejos del pasillo—. ¿Un par de salchichas también? Creo que te estás excediendo un poco.
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Sakura se subió las mangas, completamente ausente. Se acercó a la ventana. Todavía nevaba. Pero aquel mundo mágicamente blanco que la había encantado la noche anterior había perdido toda su magia.
¿Qué demonios iba a hacer todo el día atrapada en aquel piso con Sasuke, incapaz de salir a dar una vuelta con Suske?
Suponía que era mucho pedir que se decidiera a ir a trabajar un domingo nevado, dos días antes de Navidad. Además, por su aspecto, no parecía haberle afectado en absoluto el incidente de la noche anterior.
Estaba tranquilamente sentado en el sofá, con Suske en sus rodillas, un bolígrafo y un crucigrama.
No había hecho referencia alguna a su propuesta aquella mañana.
A Sakura le resultaba realmente extraño que un hombre como él no perseverara hasta conseguir su objetivo. Eso decía claramente que no había sido más que un arrebato del momento, tal vez provocado por el cansancio, por el vino, por la emoción de ver a su familia.
Seguramente, la luz del día había disipado la niebla y había visto claramente lo absurdo de su petición de matrimonio, se habría dado cuenta de que un matrimonio con una mujer a la que no amaba sólo podría conducir al desastre.
Se acercó al árbol de Navidad y colocó algunas piezas que no estaban en su sitio.
—No eres una prisionera, Sakura —le dijo bruscamente—. Te puedes marchar si eso es lo que quieres.
Ella se tensó.
—¿Quieres que me vaya? —le preguntó.
—¿Tú quieres irte? —la miró directamente a los ojos.
Sakura tragó saliva. No estaba dispuesta a jugar al escondite.
—No —respondió con toda sinceridad. Si al menos él mostrara sus sentimientos de vez en cuando… aunque, por algún motivo, en aquel comentario le parecía intuir que le importaba. Sonrió y decidió bromear, para disolver la tensión—. Tu piso es mucho más cálido que el mío.
Por su mirada, él sabía que no era la temperatura lo que la incitaba a quedarse allí. Al menos no la temperatura del piso.
—Tengo que admitir, que a mí tampoco me gustaría que te marcharas. Preferiría que vinieras y te sentaras aquí, conmigo.
Sakura sonrió, complacida por la oferta. De pronto, sintió que no sólo quería tenerla a su lado para cuidar de Suske.
—Creo que tu sobrino está haciendo meditación o se ha quedado profundamente dormido —apuntó ella—. ¿Quieres que lo meta en su cuna? —Está bien aquí —respondió acomodando al pequeño—. Verticales… el número tres… Sakura agarró el bolígrafo y leyó la frase del crucigrama.
—Yo creo que es un anagrama —comentó Sasuke.
—Sí, lo es —le aseguró Sakura, completamente absorta en la mano masculina que tenía frente a ella. Sus manos denotaban fuerza y masculinidad, se pregunto cómo sería tenerlas sobre su cuerpo.
—No te estás concentrando como es debido, Sakura.
«Tú tampoco, Uchiha», pensó.
—¿Siempre haces los crucigramas en esa posición?
—Sí, es un reto mayor —dijo él. Levantó una mano y le retiró un mechón de pelo de la cara—. Y si piensas seguir mirándome así, tal vez sea buena idea que ponga a Suske en su cuna.
—¿Mirándote cómo? —preguntó Sakura confusa y, en ese instante, noto como la cara de Sasuke estaba a milímetros de la suya y con un suave movimiento sus bocas se unieron. El beso comenzó tierno, solo un rose, pero pronto el contacto se convirtió en una necesidad imperiosa. Sólo tuvieron unos momentos de placer.
—¡Suske! —murmuraron los dos a la vez.
El pequeño estaba despierto y los miraba con los ojos muy abiertos. Sasuke se levantó.
—¡No puedo pasarme todo el día aquí sentado con usted, señorita Haruno! —se levantó y miró a la terraza llena de nieve—. Tengo un asunto urgente que atender ahora mismo.
Salió del salón y apareció con el abrigo puesto y una pala de plástico en la mano.
—¿Se puede saber qué haces?
—Le prometí a Suske que le haría un muñeco de nieve —dijo él y se dirigió a la ventana—. Ya sabes, se deben mantener las promesas que se les hace a los niños.
Abrió la ventana y salió al balcón. Cerró la puerta.
Sakura se rió a carcajadas, al verlo tambalearse y llegar al punto donde había más nieve.
—Bueno, al menos le oiremos silbar.
Como si hubiera escuchado el comentario, Sasuke comenzó a silbar mientras amontonaba un montón de nieve.
¿Cómo podía evitar enamorarse de aquel hombre?
Suske parecía inquieto. Quería salir fuera y disfrutar como lo hacía su tío.
—Está bien —le dijo ella—. Vamos a por nuestros abrigos.
¿Qué era lo que la había impulsado a rechazar la propuesta de Sasuke? Volvió al salón y se sentó en sofá con Suske. Le abrochó la cremallera del trajecito.
¿De verdad le importaba tanto que Sasuke no la amara? ¿No le bastaba con compartir su vida?
Equipados para el frío invernal, salieron a la terraza.
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—¡Impresionante! —dijo ella en broma al ver un pequeño montón de nieve amontonada a modo de cuerpo sin cabeza—. Tiene un profundo significado, ¿no es así?
—¡Bueno, no es nada! —dijo él con fingida modestia—. Sí, ya veo claramente que no es nada.
¿Cómo iba a hacer para vivir sola otra vez? Suske pateó el hombre de nieve y lo desintegró en pocos segundos.
—¡Vaya! — protestó Sasuke.
—Era de esperar —le aseguró ella mirándolo con una sonrisa burlona.
Un rayo de sol se reflejo en su oscura mata de pelo.
«Te amo, Sasuke Uchiha», le confesó en silencio.
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Proximo Capitulo…
Después de la expedición, volvieron a entrar. Se quitaron la ropa de abrigo y los zapatos.
—¿Un café? —le propuso él—. ¿Te quieres casar conmigo?
—¡Sasuke!
—¿No pensarías que iba a darme por vencido tan fácilmente? —dijo mientras se acercaba lentamente.
Pedir disculpas no me serviría de nada, han pasado años desde la última actualización y se que las escusas agravan la falta, pero de todas formas debo poner en claro la razón de por que no actualice en todo este tiempo.
Hubo un error en mi cuenta, y por mucho que tratara entrar no pude, lo intente por el mail y tampoco, todo esto me desanimo mucho y para terminar con broche de oro mi disco duro murió y pues la historia se fue a la tumba junto con el.
Pero, esta vez, nada impedirá que termine la historia.
¡Próximo Sábado ACTUALIZACIÓN!
