DISCLAIMER:
Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..
Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).
Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste
Peeta
Cuando llegamos sentí que Katniss se removía en mis brazos. Ya se había despertado. Cuando se levantó y me miró vi que tenía las mejillas sonrosadas y los ojos chicos de sueño, se puso a arreglarse los cabellos, cada uno de los cuales se hallaba fuera del lugar. Sí que se movía cuando dormía, y murmuraba cosas, durante un buen rato, estuve intentando descifrar sus murmullos, pero todos ellos carecían de sentido para mí, pero me descubrí, mientras dormía, atento a cada uno de ellos para intentar decodificar algo de su extraña y sencilla personalidad. Siguió arreglándose sus cabellos, estuve pendiente de cada movimiento, incluso me di cuenta cuando se metió una goma de mascar en la boca y siguió mirando la ventana, luego me volvió a mirar, pero esta vez con una sonrisita en la cara. Estaba nerviosa era evidente.
Me miró por un momento como si no creyera lo que veía y luego como siguió distraída me decidí a abrochar su cinturón ya que ella no parecía dispuesta a hacerlo y ahí estaba otra vez su sonrisita infantil y nerviosilla. Cuando finalmente aterrizamos vi que aferraba con un poco mas de fuerza de la necesaria su bolso de mano. Me levanté para darle paso y cuando la sentí a mi lado casi rozándome, recordé su aroma, aquel que me acompañó durante todo el viaje. Esto no debería estar pasando pero aun así como un acto reflejo inhalé su coronilla al pasar ella por mí, el olor seguía allí, tal vez más vivo por la calidez de su sueño, pero aun presente, aun lo suficientemente fuerte para trastornarme. Ella se dio levemente la vuelta como si lo hubiera notado y tuve que instarla a que caminara porque íbamos a ser los últimos en bajar.
Cuando estábamos en la sala donde llegaban las maletas, miré a Katniss intentando encontrarle sentido y la respuesta llegó a mi casi tan intempestivamente como la lluvia. Se remangó el sweater que tenia por la cintura y comenzó a quitárselo, su camisa sin manga me dejo admirar el envés de sus brazos, deliciosamente torneados. Su piel era Olivacea bella y menos pecosa. Los huesos delicados de su garganta me parecieron de lo más atractivos, y me di cuenta de que hacía mucho tiempo no me sentía atraído a ninguna mujer. Claro que, me dije a mi mismo, era imposible que ella me atrajera, ya que hacia menos de dos días que la conocía. Tal vez era que desde hacía mucho tiempo no me dedicaba a mirar realmente a una mujer, y menos a una tan sencilla y falta de gracia como la señorita Everdeen. Mi afirmación de falta de gracia se vio suprimida en ese momento, cuando se ató el sweater a la cintura y caminó hacia la placa de donde salían las maletas a recoger las nuestras. Su caminar aunque delicadamente torpe conservaba gracia…
Me obligué a apartar la mirada de sus caderas y a concentrarme en las maletas que veía venir. Me acerqué a ella y tomé el mango que iba a tomar, apartó su mano en un rápido movimiento como si mi contacto de produjera asco. Intenté no parecer ceñudo y sonreí un poco. El sonrojo en sus mejillas hizo que cambiara mi opinión de que no le gustaba mi contacto a uno en el que no le gustaba por que se ponía nerviosa. Sin saber por qué esto me produjo placer.
- Déjame ayudarte - dije haciendo uso de mi tono de caballero con el que todas las damas se ponían nerviosas. Me pregunté por qué me gustaba que esta dama en particular se pusiera nerviosa en mi presencia. La respuesta, porque era virgen y eso me gustaba. Logré mi efecto ya que su mirada se posó en la sonrisa de mis labios. Reaccionó sonriendo también. Eso me produjo placer.
Cuando todo estuvo listo conseguimos salir, caminé cerca de Katniss, pero por un momento, y por primera vez en el viaje supe que ahora sí que se hallaba de lleno pensando en lo que iba a pasar. Según ella cada vez estábamos más cerca de la casa de su madre y de lo que nos iba a tocar enfrentar ahí. La miré intentando insuflarle valor.
En cuanto subimos al auto tomé su mano ahora tibia con la mía y traté de transmitirle confianza. Me incliné sobre ella y aspiré una vez más su olor, luego le dije:
- No te preocupes, todo estará bien -
Ella removió su mano y tomó la mía entre las suyas asintiendo, como si hubiera aceptado algo, espera que lo que hubiera aceptado era el valor que trataba de proporcionarle.
Cuando llegamos al antejardín de la casa sentí que Katniss temblaba a mi lado, estaba definitivamente muerta del susto, tanto era así que hacía más de dos minutos que el taxi se había detenido y ella seguía allí. Cerré casi la totalidad de mi mano en su delgado brazo y la empujé fuera ya que parecía no ser capaz de hacerlo por sí sola. Luego también la empujé para seguir a Madge y a Gale y al hombre del taxi que nos ayudaba con el equipaje. Madge me relevó en ese momento para darle ánimos a Katniss, pero dejó que la siguiera sujetando de la mano, para empezar con todo. La cara de Katniss parecía una masa de pan, pálida, casi hasta el punto de la anemia.
Madge oprimió el timbre y nos salió a recibir una mujer de edad con un vestido de niña, algo que no iba para nada con la longevidad que aparentaba. No supe porque pero en seguida me cayó mal, a pesar de no conocerla. Había en su mirada una segunda intención de buscar detalles que me sentí como alguien a quien meten en una máquina de rayos x para buscar la enfermedad. Vaya mujer desagradable.
Saludó a Madge y vio que tenia de la mano a Gale pero se notaba que encontraba algo reprobable en esa relación. Yo no sabía por qué ni me interesaba averiguarlo, la única percepción que tenía era del cariño que había entre esos dos tórtolos.
La mujer saludó a Katniss y luego se volvió a mi cuando hicieron las presentaciones. A desgana compuse mi mejor sonrisa y tenía mi mano para besar la suya.
- Mucho gusto, señora. Me llamo Peeta Mellark, soy el novio de su hija, y me encantaría tener su bendición para nuestro noviazgo - Esperaba que tuviera claro a quien quería cortejar. La conquisté, lo supe por lo desencajado de su visión y por su tartamudeo.
- Hola Peeta...soy Mery ...C...Everdeen- Me tendió la mano y se la besé, el olor a crema de manos me entró por la nariz pero no tenía nada que ver con el puro y natural olor de su hija - Es un gusto tenerte por acá, y como novio de mi hija...ya sabes supongo porque situación se encuentra ella y ya está envejeciendo y no se ha casado...- empezó a explayarse tal como hacia Katniss con sus anécdotas, pero me molestó el modo en que habló, especialmente cuando menciono a Katniss. Ya entendía la falta de confianza en ella no más de dos segundos después de conocer a su madre. Seguramente apreciaba mas a la hermana y eso había minado la confianza de Katniss, eso sumado a lo que su hermanastra y ex novio le habían hecho.
- Madre…- escuché la rabia contenida en Katniss y pensé que yo me encontraba igual, debía sentirse muy avergonzada de los comentarios salidos de tono de su madre.
Katniss iba a decir algo más, pero su madre la interrumpió como si no tuviera importancia lo que decía diciendo.
- De todas formas es un honor tenerte aquí Peeta, sigue por favor –
Madge y Gale continuaron y yo seguí al lado de Katniss, intentando no separarme para que su madre no la dilapidara. Cuando entramos Katniss preguntó por su padre.
- ¿Y papa? -
- Salió- respondió secamente su madre. Vaya, de haber sabido que mi madre iba a ser así conmigo….agradecí que estuviera en el cielo y que Dios no le hubiera permitido convertirse en la madre mala que tenia frente a mí. La cándida señora siguió haciendo de las suyas cuando nos volteó a mirar - Espero que sepas conservarlo, tu hermana siempre decía... -
Abruptamente calló, tal vez había sido consciente de lo incomodo que era para Katniss hablar de su cruel hermana.
Nos sentamos y ella pidió té para todos, vi que la señora miraba a todos lados como si intentara mermar un poco lo que iba a hacer a continuación, sentí que la suave y pequeña mano de Katniss me apretaba la mía y supe que tenía mi razón.
- Y dime Peeta, ¿Donde fue que se conocieron? - Vaya, aquí empezaba el interrogatorio, recordé lo que me había dicho Katniss acerca de nuestra primera cita y le respondí.
En un casino...- empleé mi tono para asuntos veraces - Ella estaba en la mesa de póker realizando el mejor juego que he visto en años debo añadir - levanté mi taza para alabar la supuesta habilidad de Katniss - No pude quitarle los ojos de encima, supe que debía conocerla, así que me acerqué y le pedí el teléfono, estaba reacia, pero la convencí, salimos un par de veces y...ahora es mi novia – Bebí otro sorbo de mi te, sonreí a Katniss y ella me la devolvió, me agradó ver que eso le agradaba.
- Es una suerte que mi hija te encontrara, normalmente es la que menos atrae hombres...- lo dijo en un tono de desprecio como si le molestara y me pregunté si Katniss no sería adoptada. Ninguna madre por más quisquillosa que fuera debía hacer ese tipo de comentarios, vi que Katniss la miraba como si estuviera viendo una película de terror.
- No me sorprendería que todos los hombres en el casino estuvieran enamorados de su forma de jugar, pero debo contradecirla suegra - ojala así se sintiera más vieja de lo que ya era - Me enamoré de sus ojos apenas los vi, y de su cuerpo también...- miré a Katniss apreciativamente procurando que la señora se diera cuenta para que no quedaran en duda mis palabras.
- Creí que querías llegar virgen al matrimonio, Seneca...tu hermana dijo...- Maldita mente retorcida pero me agradaba que pensara que ya nos habíamos acostado, lo que no me agradaba era que hubiera tenido que mencionar a esos dos, eso molestaba a Katniss y curiosamente me molestaba a mi también. Finalmente ella reaccionó como a mí me gustaba que lo hiciera.
- La última persona de la que quiero hablar es mi hermana madre, así que...Solo vine aquí porque me lo pediste - Eso lo dijo tajantemente, quería zanjar la cuestión.
- Katniss, tu novio está presente...- dijo esto como si se tratara de una vieja solterona, me sorprendió que no lo fuera. Sentíque Katniss me cogía de la mano y me miraba a los ojos, hice lo mismo para seguir el juego pero vi en ellos un fuego que no había visto antes.
- Peeta me ama lo suficiente para entender la situación, pero no esperes que este contenta - Tuvo el valor de decirlo y eso me gustó. Si antes su madre tenía dudas ahora no las podía ni contemplar de lejos. Buen punto para Katniss, ella se puso de pie soltando mi mano y dijo que se iba a ir a acostar porque estaba cansada pero sabía que lo que quería era huir de la situación.
- Peeta dormirá contigo - dijo la señora esa como advirtiendo. Katniss trató de refutarla con un argumento que me hizo gracia.
- Tu dijiste que los novios no debían dormir en la misma habitación…-había tal nota de nerviosismo en su voz que me hizo hacer una mueca.
- Los jóvenes de ahora no deben dormir separados, vamos, les indicaré la suya también Madge y Gale…- eso lo dijo como si tuviera la esperanza que en la primera oportunidad embarazara a Katniss para que se casara conmigo, maldita mujer.
Ya la odiaba, porque Katniss lo hacía, pero estaba seguro de que cualquier persona en mi lugar lo habría hecho, la compadecí aun mas, lo curioso es que nunca había sentido compasión de nadie.
Katniss
Mi madre nos indicó precisamente la habitación que yo tenía cuando estaba aquí. Seguramente mi papi había dispuesto que nada debía ser movido de el sitio, pero cuando entré me di cuenta que ni siquiera esa pequeña voluntad había sido cumplida por la vasta de mi hermanastra, mis cortinas rosadas no estaban. En cambio estaban las verdes catarro de Delly, afortunadamente no se había robado también el papel tapiz de las paredes. Suspiré y seguí empujando mi maleta sintiendo a Peeta cerca de mí.
Cuando me di la vuelta para encarar a mi madre me tropecé y me caí al piso de trasero, sentí que mi cara se ponía roja y maldije en voz baja. Me levanté rápidamente y vi que Peeta tiene miraba el cartel de la película de Romeo + Julieta que tenía en uno de los lados del floreado papel tapiz.
Sonrió de lado y sentí vergüenza de mi época romántica, esa que ahora yacía muerta en algún fondo de mi alma con todas mis esperanzas de progreso en ese ámbito.
- Espero que disfruten la estancia, me retiro Katniss, tu padre llegara en cualquier momento, esta noche hay cena familiar con los padres de Seneca, espero que no faltes -
- No, mamá- dije en voz baja, luego la vi salir y cerrar la puerta con una sonrisa de suficiencia, suspiré resignada y miré a Peeta.
Dejó su maleta en la cama y empezó a desempacar para acomodar su ropa en algún lado del ropero, después de deleitar mis ojos mirando su orden metí mano de mi pelo y me deshice el peinado. Entré al baño a quitarme el sudor de la cara con un pañito húmedo, luego decidí lavarme toda esta y mis dientes. Cuando estuve lista me miré al espejo y pensé que ahora estaba yo a las puertas del infierno, dispuesta a calcinarme sola, sin nadie que me salvara.
Debía hacer un intento, no iba a dejar que todo se fuera a la basura por un sutil momento de indecisión, no me convenía. Me volví a la habitación y vi que Peeta había terminado y estaba sentado en una silla quitándose los calcetines. Se iba a dar una ducha al parecer, me entró curiosidad por saber más de él, pero si pensaba evitarme como en el avión la tendría lejos. Busqué en mi vieja biblioteca uno de los directorios de Londres, y ahí estaba.
Escuché que se estaba quitando la ropa. Pero no miré, no debía mirar, no quería hacerlo… ¡Vamos! ¿Eso acaso era cierto?, Seguí buscando en el directorio y fue cuando decidí mirar. Estaba entrando en el baño y se estaba bajando…los calzoncillos…
¡Oh, cielos! pude pensar…, su piel era bronceada y tenía el traserus más firme y agarrable que había visto en mi vida, en realidad era el primero que veía, salvo por las revistas, pero no me decepcioné, sabía que Peeta era perfecto en muchos aspectos pero mucho más en ese, en su cuerpo. Admiré su espalda de suaves y viriles contornos….
Reaccioné y seguí mirando el directorio, buscando el sitio donde él trabajaba, de donde era dueño. Escuché la ducha correr y supe que ya era posible mirar hacia el baño sin riesgo de preocuparse. Cuando encontré el titulo le iba a hacer una pregunta cuando escuché que desde el baño me decía.
- ¿Podrías pasarme el jabón?-
Miré nerviosa…yo…entrar…al baño…donde él estaba… ¿desnudo?, el calor que sentí en ese momento me hizo temblar el pulso, pero otra vez me obligué a reaccionar, él era un desconocido gigoló que se estaba haciendo pasar por mi novio. Agarré la pastilla de jabón que había sobre la cama y llevando el delgado directorio conmigo entré y se la pasé a través de la cortina. Me senté en la taza dispuesta a empezar con mi interrogatorio, cuando escuché que empezó a cantar, para ser sincera no lo hacía mal, el vapor comenzó a inundar el baño.
- ¿Oye Peeta?... ¿Por qué Ambrosía? ¿Tú escogiste el nombre? - fue mi primera pregunta.
Él cesó de cantar pero no me respondió. Luego en un murmullo dijo:
- Manjar de dioses…para las damas somos los más deliciosos aperitivos…- dijo como quien recita un comercial. Y tenía razón…especialmente cuando yo estaba tratando de adivinar las formas de su cuerpo a través del cortinaje. Seguí leyendo lo que ofrecía, sin percatarme de una cosa…
- Servicio de acompañamiento para la dama solitaria y ansiosa de compañía, discreción absoluta…- Reí y me di la vuelta, pero hubiera preferido no hacerlo, ¿O sí? Vi lo que nunca debía haber visto de Peeta…vi su…aquello.
Cerré los ojos y ahogué un grito. Me di la vuelta, ¡Oh, por todos los cielos!, ¿Que era lo que había visto…acaso…? Dios mío, un hombre así… ¿Como fue que lo dejaste caer de arriba, señor? Su dotación era…
- ¡Por Dios!, vístete - le dije pasándole una toalla, me puse de pie y caminé hacia el cuarto intentando no verle nuevamente para no sonrojarme más. A estas alturas del partido mi cara debía parecer un incendio, si antes no quería ser evidente respecto a mis reacciones ahora ya no podía hacerlo.
Peeta Mellark me gustaba, como un hombre gusta a una mujer. ¿Que había de malo en eso? Lo que había de malo era que él era un gigoló y yo era una virgen…pero después de lo que vi, mi virgen y ansioso de compañía cuerpo anhelaba su contacto, escuché su risa burlona tras de mí.
- Así no puedes reaccionar cuando me veas cariño, recuerda lo que hablamos – dijo con voz sensual.
Me senté en la cama al lado contrario donde estaba él intentando controlar mi habla y le dije:
- No esperaras que este tranquila cuando acabo de ver tu…tus partes….- ¡Ah, estúpida! debí sonar como una niña criada en un monasterio, aunque casi era así.
- Se supone que nos acostamos juntos - sentí su voz más cerca y fue cuando me di cuenta de que estaba frente a mí, mirándome con su imponente presencia, tenía una toalla fuertemente atada a la cintura, pero no por eso de jaba de ser evidente la magnitud de eso, además yo no debía estarle mirando….¡Oh Dios! Su pecho era hermoso…
- Si…puede que sea cierto…pero eso es privado…yo no debería – huí de su mirada deliberadamente. Se inclinó peligrosamente sobre mí y me obligué a retroceder por su cercanía, pero también a mirar su mentón y luego a sus ojos llenos de un extraño fuego.
- Nadie te va a creer si haces eso, cariño - otra vez ese apelativo, sonaba bien…y me hacia vibrar "cariño". Esa palabra sonó tan dulce en sus labios que me obligó a reaccionar, pero sabía que estaba mal, y aunque lo sabia no quería detenerme, me dio una especie de valor que nunca había tenido, algo que ni siquiera sabía que viviera dentro de mi cuerpo.
- Enséñame…- le dije en un murmullo ronco sin poder apartar la mirada de sus ojos, aquello se me estaba saliendo de las manos y yo como una idiota solo quería dejarlo correr, mi feminidad escondida salió a flote, escogió justo ese momento, cuando lo tenía semidesnudo frente a mí y con aquella mirada en sus potentes ojos.
Sin darme tregua me haló bruscamente del brazo y me apretó contra su pecho desnudo. Puse mis manos ahí sintiendo el calor que emanaba de él, era como un león, listo para el acecho…
Opuse mis manos en su pecho y luego sin poder evitarlo las pasé por su cuello.
- Lo estás haciendo francamente bien…- dijo contra mi boca entreabierta - Aunque este tipo de cercanía es muy bien aprobada, la gente lo creerá enseguida -
Eso me dolió pero no me detuve.
- ¿Así? - le pregunté, me puse de puntillas y le besé en la boca. Yo nunca había tomado la iniciativa en un beso, y resultaba ser una experiencia de lo más agradable, al menos con Peeta.
Él reaccionó y me tomó de la cintura. Me levantó del suelo y me apretó contra su cuerpo. Sentí mi pecho presionando el suyo a través de la tela. El beso se intensifico y empezó como en el aeropuerto a buscar mi lengua. No lo detuve esta vez, sentí los miembros de gelatina, supe que si él me soltaba me caería o algo igual de vergonzoso. Dejé que me apretara y dejé que me metiera la lengua en la boca, su sabor era inigualable, y superaba con creces lo poco que había hecho con Seneca. Él siguió moviendo su boca insistentemente contra la mía y me obligué a responderle igual, al poco rato nos movíamos a un compás que no sabía cuál de los dos había puesto, pero era tan agradable y placentero…
Lo deseaba, por el demonio que sí. Las partes dormidas de mi cuerpo reaccionaron a su cercanía, sorprendentemente con un brazo me retuvo contra él, mi cintura estaba apretada en torno a su fornido torso, sentí su otra mano rozar mi garganta y enredarse en mis cabellos. Con salvaje furia separó mi boca de la suya en un sonido agradable y me hizo hacer la cabeza hacia atrás tirando suavemente de mi pelo. Sentí sus labios en mi cuello y su mano aun en mi cintura. Casi me sentía ahogada por la falta de aire pero eso no impidió que un gemido gutural saliera de mis labios….
Entonces alguien toco la puerta, sentí que mis pies tocaron el suelo suavemente, y mi mundo de fantasía se caía al piso. Si esto no podía convencer a la gente de la relación que supuestamente compartíamos nada lo haría, mire hacia los ojos de Peeta que parecían tener un velo, luego me arreglé el vestido y fui a abrir la puerta sin importarme lo que Peeta estuviera haciendo y lo que pudiera estar mirando.
Cuando salí vi que era el ama de mi madre.
- Su padre llegó, señorita Everdeen…su madre me pidió que le avisara –
- Gracias, Fulvia-
Vi que la mujer me miraba de reojo y supe que mi estado no debía ser el mejor, cuando volví a entrar sentí que la puerta del baño se cerraba otra vez y que la ducha se abría, sentí también como alguien se metía rápidamente sin siquiera esperar que el agua se calentara y me pregunte ¿Por qué? No sabía con qué cara miraría a Peeta después pero decidí arreglarme un poco para bajar a ver a mi padre.
Holaaaaaaaa y les gusto?
La pobre de Katniss se esta metiendo en terreno caliente…;literalmete …
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Hasta el próximo viernes …..
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;)xoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxox
