DISCLAIMER:
Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..
Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).
Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste
Peeta
La madre de Katniss nos indicó el camino que debíamos tomar. Aun percibí a Katniss nerviosa y contrariada por la decisión de su madre. No podía decir que me daba igual porque, desgraciadamente, y presentía que sería así, con Katniss ya nada me iba a dar igual, al menos no desde que tenía su olor grabado en mi mente.
Tomé las maletas y las seguí. Era una casa espaciosa debía admitir que incluso parecía hogareña, pero sabía que no era lo que Katniss había dicho, no era hogareña en absoluto.
Cuando entramos a la habitación el rosa de sus paredes reveló que esa era la habitación de Katniss. Era espaciosa y ordenada, aunque las cortinas verdes no encajaban del todo con el tapizado, escuché un tropezón y cuando me di la vuelta y vi que Katniss se había caído y se estaba poniendo de pie refunfuñando. Miré hacia otra parte de la habitación riendo un poco por su torpeza, vi que cerca de una de las esquinas de la pared había un poster de la película de Romeo + Julieta. Detrás de mi escuché a su madre.
– Espero que disfruten la estancia. Me retiro Katniss, tu padre llegara en cualquier momento, esta noche hay cena familiar con los padres de Seneca, espero que no faltes –
– No, mama– contestó ella desanimada.
Por la mirada que le hizo a su madre supe que si Katniss hubiera podido escoger habría preferido cocinarse viva antes de aceptar. Si que era cruel. Sentí mis dientes tropezar unos con otros en un movimiento de enfado. La madre de Katniss cerró la puerta con una expresión burlona en la cara, negué con la cabeza y puse la maleta sobre la pulcramente tendida cama y me dediqué a desempacar mi ropa para acomodarlo en el espacioso ropero.
Cuando terminé y vi que Katniss salía del baño, decidí darme una ducha. Empecé a quitarme los calcetines y cuando me puse de pie me quité la camisa sin mirarla para no avergonzarla y tal vez tomándome libertades que no me correspondían. Me quité el resto de la ropa en mi camino al baño, Katniss seguramente no estaba mirando nada "eso creía yo".
Abrí la llave de la ducha cuando estuve desnudo y el agua tardó casi dos minutos en tornarse medianamente tibia, entré y cuando cayó en mi cuerpo me proporcionó alivio, me aseé lentamente y cuando me cansé de frotarme solo con el agua busqué la pasta de jabón, pero no vi una por ningún lado. Al parecer la madre de Katniss creía en el milagro de bañarse sin jabón, yo por lo menos no lo creía así que no me quedo más opción que pedírselo a la puritana Katniss.
– ¿Podrías pasarme el jabón? –
Escuché un extraño ruido proveniente de ella, a pesar de estar tan lejos y a través de la cortina. Sonreí involuntariamente y recibí la pasta de sus torpes manos. Me seguí bañando y fue cuando escuché más de cerca la voz de Katniss, estaba en el baño conmigo, un movimiento un poco audaz del que no la habría creído capaz.
– Oye Peeta...– empezó dubitativa – ¿Por qué Ambrosia? ¿Tú escogiste el nombre? –
Estaba hablando de mi "institución". El nombre lo habíamos escogido entre todos y el eslogan también.
– Manjar de dioses, para las damas somos los más deliciosos aperitivos –
Cerré la ducha y me dije estúpido cuando me di cuenta de algo, no había llevado toalla para secarme...
Ni modo, pensé con malicia, tendría que salir a buscarla. Para ser sincero con mi conciencia me mataba a curiosidad de saber cómo reaccionaría Katniss ante la vista de un cuerpo desnudo, así que cuando corrí la cortina vi que estaba sentada sobre el excusado cerrado con un directorio en sus manos, estaba leyendo en voz alta nuestros servicios ofrecidos.
– Servicio de acompañamiento para la dama solitaria y ansiosa de compañía – di dos pasos más hacia ella."¡Ja!" pensé, mi momento había llegado – discreción absoluta – levantó la cara y por unos segundos clavó la mirada en mi parte frontal. Tal como lo predije su cara se volvió un incendio, se tapó la boca, cerró los ojos y se dio la vuelta. A pesar de nuestra distancia sentí el temblor de su cuerpo.
– ¡Por Dios! vístete– dijo contra la mano que le tapaba la boca, no pude evitar reírme, no quería que sonara a burla a pesar de que mi intención era esa, burlarme.
– Así no puedes reaccionar cuando me veas, cariño – la palabra brotó de mis labios sin siquiera proponérmelo – recuerda lo que hablamos –
Ella se puso de pie y se fue hacia la cama, yo cogí la toalla que había sobre una silla y me la puse al rededor de la cintura. Me acerqué, el temblor aun no se había ido de su cuerpo.
– No esperaras que esté tranquila cuando acabo de ver tus...partes...– Una carcajada mental gritó en mi mente, nadie empleaba ese nombre para los órganos genitales, al menos que se tratara de la hermana de un convento o de una niña, pero lo hacia la mujer que tenía en frente. Me acerqué más a ella dominado en ese momento por algo que iba más allá de toda razón, algo que desconocía totalmente. Su atractiva inocencia.
– Se supone que nos acostamos juntos – varias imágenes cruzaron por mi cabeza en ese momento, en cuanto dije esto su mirada horrorizada se levantó recorriendo lentamente mi torso.
– Si...– apartó la mirada – puede que sea cierto...pero es privado...yo no debería... –
Me incliné más hasta que sentí su familiar olor a bosque, ella retrocedió instintivamente y me vi obligado a decirle:
– Nadie te va a creer si haces eso, cariño –
Ella repentinamente borró la distancia que antes había impuesto y me miró a los ojos.
– Enséñame... –
En ese momento sentí algo que nunca había sentido. No importé yo... una mujer me estaba pidiendo por segunda vez que le enseñara sobre sexo...Algo palpitó dentro de mí. Sin pensarlo, sin meditarlo la cogí del brazo. Mi mano se cerró casi en su totalidad, la empujé sobre mí. Ella para defenderse apoyó ambas manos sobre mi pecho, después sus manos viajaron a mis hombros, eso me deleitó. Acerqué mi cabeza a su cara y le dije contra la pálida boca:
– Lo estás haciendo francamente bien – tanto como si actuaba como si no lo estaba haciendo así – Este tipo de cercanía es muy bien aprobada – era absolutamente aprobada desde mi perspectiva – la gente lo creerá enseguida –
Una sombra, perceptible incluso para mi, cruzó por su cara, pero fue tan repentino y fugaz como un susurro de viento.
– ¿Así?– preguntó. La sentí moverse contra mí y pegar su pequeña y suave boca contra la mía. En ese momento necesité sentirla contra mí, junto a mí, a mi misma altura, tuve que levantarla del sueño con mis brazos pero era tan liviana y tan frágil que eso no supuso ningún esfuerzo por mi parte. Esfuerzo era el que estaba necesitando para contenerme, nunca antes me había pasado algo semejante. El sabor de sus labios era inigualable y me excitaba mucho, como toda ella lo hacía. Tuve la necesidad de intensificar el beso, busqué la suavidad de su interior con mi boca en la esperanza de que me apartara para terminar con mi pasión, pero esta vez no lo hizo.
Al no apartarse le dio a mi fuego toda la leña que necesitaba para volver aquel beso más apasionado. Ella respondía, me estaba respondiendo, era la pasión de una virgen que no era como la de una experta. Era un fuego que ansiaba explorar, quería quemarme. Era el fuego de la insensatez. También el del deseo reprimido, separé mis ojos para mirarla, y vi su piel pecosa, recordé su cuello, ese cuello que desde antes había tenido deseos de besar y era lo que iba a hacer en ese momento. Enterré mis dedos en sus olorosa y sedosa melena y empujé su cabeza hacia atrás para tener libre acceso a su cuello, mi boca hizo lo que quiso en su cuello, tan suave y perfecto como el resto de su piel, apetitosa, como toda ella. Escuché su gemido de pasión y esto me encendió aun más, pero todo se vino abajo cuando escuché los golpes en la puerta.
La aparté de mí como si su solo contacto me quemase, ella me miró por unos segundos y luego se alejó a abrir la puerta intentando arreglar la ropa y cabellos que yo había desordenado. No me detuve a ver quién era, no quise saberlo ni quería que me vieran en este estado, menos ella, aunque era algo que sabía. Entré al baño dispuesto a darme una larga y tal vez aliviadora ducha.
Katniss
Bajé las escaleras intentando arreglar mi aspecto, no tenía un espejo a la mano. Intenté arreglar mis cabellos pero eran caso perdido, igual conocía a mi padre, a diferencia de mi madre él no hacía preguntas estúpidas. Cuando llegué al final de la escalera lo vi de pie con los brazos abiertos, prestos para recibirme. Me olvide por un momento de todo y me lancé a ellos y al calor paternal que emanaban. Definitivamente era un bienestar para mi alma. Estuvimos así varios minutos hasta que él me soltó y me acarició el cabello.
– Siento mucho todo esto Kat, sé que no debe ser cómodo para ti, traté de evitarlo pero ya conoces a tu madre –
– No te preocupes papi, todo está bien, estoy con Peeta ahora – sentí que la voz me tembló cuando pronuncié su nombre, espere que mi papi no lo hubiera notado.
– ¿Tienes novio? ¿Y porque no lo sabía? –
– Nos conocimos hace poco, papa, lo siento –
– Ahora no importa – sonrió – estoy seguro de que te protegerá de esa arpía –
Se estaba refiriendo a Delly, por supuesto, no conocía a otra arpía por los alrededores y sabía que mi padre jamás usaría ese apelativo con mi madre por mucho que lo pensara, apreté su mano y le dije:
– Está arriba duchándose, fue un viaje largo –
– Tu madre me obligó a comprarle cosas para la cena de esta noche, quería estar acá para recibirte pero ya la conoces... –
– Eso ya lo dijiste papa –
– Tengo curiosidad por conocer a tu Peeta– dijo súbitamente.
Él no era mío, pero ya me gustaría que lo fuera. "Cállate, conciencia".
Estuve contándole las últimas novedades de mi vida, así estábamos cuando escuché que alguien bajaba las escaleras, me di la vuelta y vi a Peeta que venía, se había puesto un sweater azul y una camisa blanca debajo, adjuntado a eso traía unos vaqueros que le quedaban de ataque...tragué saliva y mi papi y yo nos pusimos de pie. Le sonreí y me volví hacia Peeta.
– Me preguntaba dónde estabas, amor – dijo él mirándome directamente a los ojos, oculté mi mirada y la fijé en algún punto a su izquierda sobre el horrible cuadro que mi madre había pintado.
– Papi, él es Peeta Mellark, mi novio –
Mi padre permanecía serio, su concepto de mi novio no era suficiente para él y lo sabía, sabía que me protegía...por esta vez quise prescindir de su protección paterna al menos para que no supiera el verdadero proceder de Peeta. Este se adelantó con su magnífico y confiado paso y extendió la mano hacia mi papá.
– Es un gusto conocerlo al fin señor Everdeen,Katniss habla mucho de usted – eso no era del todo cierto pero su tono, como siempre, era perfecto.
Mi padre le miró la cara por largos segundos y el corazón se me encogió, lo miraba como si ya lo hubiera visto y esperé con pánico, pero luego mi papa extendió la mano y estrechó fuertemente la de Peeta.
– Un gusto conocerte a ti también Peeta– Sacudieron las manos y mi padre le dijo – Katniss no me había dicho que tenía un nuevo novio –
– Nos conocimos hasta hace poco, tal vez por eso no sabía nada de mí –
– Siéntate, por favor – ofreció mi padre amablemente.
Nos sentamos todos en la sala pero yo ya no tenía todos mis sentidos concentrados en mi padre y sabia cual era la razón, mi papá le ofreció vino, whisky o cualquier cosa de beber. Estábamos hablando cuando irrumpieron en la estancia Madge y Gale. Miré a Madge quien tenía los ojos brillantes y las mejillas y los labios colorados, por un momento quise ser ella, tener esa mirada enamorada y que Seneca hubiese tenido la expresión que tenia Gale en esos momentos, con el rostro también ruborizado y los cabellos desordenados. Saqué de mi cabeza esos pensamientos y me concentré en la charla.
– ¡Madge! mi pequeño y querido duende –
– ¡Tío Thom!– gritó Madge y a ella también la recibió en sus brazos como si se tratara de una más de sus hijas, le dio dos vueltas en el aire.
– Hacías falta en esta casa para alegrar el día, pequeña – Sonreí, solo mi padre llamaba duende a Madge.
– Mira, tío Thom– acercó a mi padre a donde estaba Gale– el es Gale Hawthorn, nuestro primo segundo...mi novio –
Mi padre dirigió la misma mirada inquisitiva a Gale, la misma que le dio a Peeta y supe que así habría mirado a cualquier hombre que se nos acercara a nosotras, casi olvidaba que del mismo modo había mirado a Seneca cuando los presenté un año antes de que se comprometiera con mi hermana. Madge le relató un corto cuento de lo que había sido su vida hasta el momento ignorando prudentemente su estadía en la Unidad Mental, él la escuchaba complacido, todos lo hacíamos. Cuando casi terminaron ella se volvió a mí y me dijo:
– Karniss, sobre tu cama puse un vestido que compré para mí en la tienda de Londres pero no me quedó, mas creo que a ti te quedara perfecto.
– Vaya, Madge, no tenias... – dije incomoda.
– ¡Ay! Claro que si, ahora llevaré a Gale a conocer el barrio y volveremos para la cena –
– ¡Ah, mujeres! – dijo mi padre – Ven Peeta, te enseñaré mis colecciones –
Supliqué para que Peeta no dijera nada que nos delatara. Madge salió con Gale, mi padre se llevó a Peeta, y como yo no quería hablar con mi madre, así que me dirigí hacia mi habitación. Cuando entre allí vi el vestido que Madge había dejado en la cama extendido, era de un hermoso azul, inevitablemente mi memoria volvió hacia el pasado, a los días en que compartía fiestas de estas con Seneca, recordaba la manera en que me arreglaba para el esperando que me encontrara atractiva, y como yo, aunque pretendía no hacer caso de ello, veía como su mirada se perdía en los cuerpos de las demás, menos en el mío. Cerré los ojos y me desvestí sin prisa, por mí me hubiera quedado metida en la ducha caliente y hubiera echado raíces allí. Me bañé lentamente, pero al tibio chorro de agua se sumaron mis lágrimas de desesperación. Cuan tonta había sido al creer que Seneca había sentido algo por mi...me dolía bastante pero...el agua súbitamente se enfrió un poco y esto me obligó a reaccionar un poco. Salí del baño y me sequé, sin ánimos me puse el vestido y a pesar de que me sentía bien y sentía que se me veía bien no lo estaba disfrutando como debería, me pregunté si mi alma aun albergaba algún sentimiento hacia Seneca Crane.
Miré mis tacones y sentí que las lagrimas volvían, menuda idiota me sentía, me quedé parada como una estatua en el medio de la habitación cuando escuché pasos de tacones tras de mí. Era Madge.
– ¡Vaya! – dijo con admiración apenas me vio, yo no reaccioné – Sabia que te iba a quedar bien –
Ella ya se había puesto su vestido, aquel que quitaba el aliento, estaba segura de que ella también tenía una venganza personal.
– Estas hermosa, Madge– comenté sin poder evitarlo.
– Lo sé, pero tú lo vas a estar mejor, y no olvides que va a ser el día que veas a esos dos y les demuestres lo que eres, que no te afectan...que eres fuerte Katniss, ahora no es momento de flaquear, no ahora, Gale y yo estamos contigo, y Peeta también, lo sé –
Él...era la clave de todo esto, de pronto lo había convertido en el top de mi lista de prioridades, algo muy importante en mi vida en ese momento. Asentí lentamente y ella me abrazó luego me tomó la mano y me obligó a ir con ella.
– Ven aquí, es hora de terminar con tu ajuar, princesa –
Sonreí forzadamente, Madge era incorregible. Estuve más o menos una hora a manos de ella, no supe lo que hizo conmigo pero parecía encantada, ya tendría oportunidad de vengarme, ya la tendría…
LO SIENTOOOOOO en verdad ayer no pude actualizar, tuve unos problemas con mi computadora y se me hizo imposible, pero aquí esta el capitulo .
Gracias por todos los reviwes
Ahora aquí les va el nombre de…Madge..
Mujeres secretas y reservadas, a menudo se muestran enigmáticas. Irradian un aura de misterio, que ellas mantienen más o menos voluntariamente, ya que a Madge, Mercia y Marianela les gusta lo desconocido, lo extraño y lo irracional.
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Hasta el próximo viernes…
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;)xoxooxoxoxoxoxoxo…
