DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Katniss

Me recuperé sentada y con una buena dosis de alcohol, en verdad lo necesitaba. Rogué por todos los cielos que Peeta no se me acercara en ese momento por qué no sabía de qué sería capaz si lo hacía, necesitaría todo mi dominio para contenerme y no lanzármele encima como una lapa a que me poseyera como mejor le pareciera.

Sentía la cabeza y las mejillas palpitantes y el sabor del vino me ayudó un poco aunque aumentó el calor, lo cual no me beneficiaba para nada. Pero no iba a explotar, al menos no todavía "Vaya...cabeza, ¿qué demonios es lo que estas pensando?" me dije.

Sentí unos pasos tras de mí y me di la vuelta, con alivio, casi tal que la hubiese besado, estaba Madge, tenía las mejillas coloradas de tanto bailar y una sonrisa de oreja a ojera, a través de ella pude ver que la gente que había hecho corro para vernos bailar a mí y a Peeta ya se había disipado, supuse que por que él, que había sido el verdadero centro de atención, había desaparecido no valía más la pena mirar el espectáculo "Soy demasiado poca cosa" hablé a mi conciencia nuevamente.

– Eso estuvo de lujo, Katniss– dijo Madge, sonriente de mi aparente éxito, no podía saber que aun tenía la sensación del cuerpo de Peeta pegado al mío, me miraba como si se tratara de la chica prodigio. Así no era como yo me sentía.– Si hubieras solo visto la cara de Delly cuando Peeta te tuvo así de cerca – Mientras lo decía acerco su mano y la puso a menos de un centímetro de su cara, no sabía que nuestras cercanía había sido tanta, aunque a mí me hubiera gustado que fuera aun menos que lo que Madge proponía – Creí que iba a explotar y más cuando todo el mundo los comenzó a ver...Katniss no sabía que bailaras también – no quise desmentirla por un momento me sentí importante, pero yo sabía en el fondo que quien había llevado al dirección de ese baile había ido él.– Fue fascinante – dijo finalmente y respirando también ya que había dicho todo eso rápidamente .

En tanto la oía hablar seguí buscando a Peeta pero había desaparecido entre la gente.

Fue maravilloso Katniss– dijo una vez más Madge.

Me sentía contenta de que le agradara todo esto, así solo se tratara de ella. Cuando terminó de felicitarme se fue a bailar nuevamente con Gale. Por el volumen de gente, del cual me percaté tiempo después, vi que la fiesta ya casi se estaba terminando. No me sentí con la fuerza necesaria para ir a buscar a Peeta...ni tampoco con la voluntad de pedirle de rodillas que me hiciera el amor, esto era frustrante, yo lo era más que nada.

La gente fue desapareciendo conforme pasaba el tiempo, alcanzaba a oír las palabras de agradecimiento de mi madre y en más de una ocasión dirigí mi vista hacia la mesa donde estaba Delly y Seneca ambos dándose un beso tan tórrido que me dio asco solo verlos, vi que los ojos de Delly me miraban burlones, pero ella no podía saber que eso ya no me daba celos. Aparentemente estaba curada y más cuando supe de las intenciones de Seneca al ponerme en ridículo frente a todos.

Aparté la vista antes de que en la mente de Delly se comenzaran a hacer imágenes sobre el profundo amor que según ellos dos yo aun profesaba por Seneca. Finalmente la sala estuvo vacía y ni por esas encontré a Peeta. Delly se fue seguida de Seneca, tenía una expresión extraña en la cara. Luego ambos me miraron de una manera estúpidamente presuntuosa, sentí ganas de ir a escupirlos a los dos pero me contuve, mi madre los despidió y subió con mi padre a dormir sin siquiera despedirse de mí. Mi papi me mando un besito en el aire que acogí gustosa. Subí las escaleras esperando, inútilmente, encontrar a Peeta en la habitación, no estaba ahí.

Intenté que mi interior no se pusiera a divagar sobre en qué lugar se encontraba en ese momento, ya era bastante malo todo así como era. Saqué mi pijama de osos y conejos del guardarropa y me encaminé al baño.

Me miré por largos minutos en el espejo incluso cuando el vestido abandono mi cuerpo. Lo miré por largos minutos pero luego dejé de hacerlo, mi autoestima ya estaba bastante por debajo de los metros bajo tierra. Abrí la ducha y esperé a que el agua estuviera a temperatura, refregué si prisa con la incómoda sensación de estar siendo observada, pero así continué bañándome. Me lavé el cabello y terminé de lavar mi cuerpo, saque los restos de el rebelde maquillaje que Madge había puesto en mi y cuando sentí que estaba lista salí del baño. Miré mi imagen limpia en el espejo pero nada podía cambiar, suspiré y me supe el camisón. Inútiles y desagradables lágrimas brotaron de mis ojos, pero me apresuré a enjugarlas, no mas llanto, había dicho Peeta, debía valerlo, aun cuando él me hubiera tratado de esa manera abajo. Mi gusto en camisones era pésimo y mi actual camisón era la prueba base, no tenia mangas y me quedaba grande, y tenía dibujos infantiles pero era ideal para dormir así que no lo deseché, incluso me parecía tierno. Me puse mis pantuflas de ballenas y salí del cuarto de baño con la reprimenda lista para dársela a Peeta en cuanto lo viera. No sabía cuánto tiempo había estado en el baño pero cuando salí no me esperaba encontrar lo que vi. Peeta estaba sentado en el sillón cercano a mi T.V, viéndola de hecho. Tragué en seco, él no me miró y eso me dolió, pero me dolió mas verlo, era un dolor físico extenuante, por su perfección. Tenía el pecho desnudo y tenia puesto unos pantalones de pijama a rayas, se veía sencillamente maravilloso. Sentí que me sonrojaba y solo por ese segundo agradecí que no me mirara para que no viera lo que me producía su cuerpo. Cerré mis ojos para no saltarle encima y me encaminé hacia la cama, me senté al lado y miré el libro que había sobre la mesa, no me interesaba lo más mínimo el titulo pero me obligué a leerlo para espantar mis ansias.

Me recosté en la cama y leí por espacio de media hora, tiempo en el cual pensé "¿Y en donde va a dormir él?". Una ligerísima sensación de pánico me asaltó. Pero él continuaba incólume, mirando la TV cambiando los canales con rapidez.

Me arrebujé en la cobijas y planté el libro en mis ojos para que me distrajera de mirarlo. Pero no pude mantener la concentración por mucho tiempo. Su sola presencia me inquietaba pero no sabía qué era lo que él estaba pensando. Sin poder soportarlo más cerré el libro de golpe y apagué la luz de mi mesa de noche. Pero no dormí, miraba el reloj continuamente y escuchaba el televisor encendido. Aun no se decidía. No sabía que esperaba. ¿Acaso pensaba quedarse a dormir en ese sillón?

Me devané sesos intentando encontrar la forma de pedirle que durmiera en la cama sin quedar como la virgen reprimida que quería satisfacer sus deseos.

– ¿No tienes frío?– pregunté en voz baja

– No – respondió secamente, me di la vuelta en la cama y lo enfoqué con mis ojos, seguía mirando fijamente el screen, no sabía si estaba mirando siquiera por lo absorto de sus ojos.

– ¿No vas a dormir? – insistí.

– En cuanto tenga deseos de hacerlo –

Esa actitud estaba destruyendo mi pobre autoestima. ¿Que fue lo que hice mal? ¿Acaso había sido tan grave el pequeño intercambio de pasos que tuve con Seneca?

– ¿Estas muy cansado? – seguí interrogando intentando salvaguardar la frágil conversación, intentando también que mi voz no sonara temblorosa, tal como yo me sentía en ese momento.

– No – el control seguía moviéndose en sus manos como si nada estuviera pasando. Yo estaba desconcertada, de ser tan ardiente y encantador había pasado a ser frío como el hielo. Me volvía a dar la vuelta para dejar de mirarlo y para que no viera mis humillantes lagrimas, escuché un suspiro y luego su voz dijo:

– Dormiré aquí, en el sillón – seguramente la idea de tenerme lejos, junto con mi infantil pijama de osos, le resultaba agradable, a pesar de eso sugerí con desfachatez.

– La cama es lo suficientemente grande – Él siguió hablando con esa voz fría que me estaba perforando todo.

– Somos un par de desconocidos – yo lo sabía y me lo había estado repitiendo constantemente en mi cabeza desde que ese irracional deseo se apoderó de mi – No creo que quieras dormir conmigo en la misma cama – continuo él, lo curioso era que yo si quería pero no se lo iba a decir tan abiertamente como lo sentía, en mi vida nunca había compartido la cama con nadie que no fuera yo misma y en ocasiones Madge.

– No puedes dormir en el sillón...no después de todo...lo que has hecho por mi...sería injusto – estaba completamente segura de que me iba rechazar otra vez, y tal era mi seguridad que casi grito cuando unos segundos más tarde escuché que el screen se apagaba y él murmuraba.

– Si insistes...–

Su peso hundió un poco el colchón pero a la vez me confirmó su presencia ahí, sonreí súbitamente satisfecha debajo de las sabanas. El día finalmente había terminado.

Por ahora.

El sueño me venció. Pero mis imágenes mentales constituyeron en hacer el amor con Peeta. Era un sueño tan vivido que se cobró mi conciencia cuando me despertó súbitamente en la mejor parte. Me toqué la cara, estaba sudando, sentí el cuerpo dolorido, pero a la vez tan tibio y deseoso de contacto... Dios ¿qué me estaba pasando?

Miré el reloj de la mesa de noche. Tres de la mañana. Mi cabeza estaba llena de mis palabras soñolientas con Peeta, todo como si estuviera en una licuadora, cerré los ojos intentando que me diera sueño de nuevo pero no pude hacerlo, no quería soñar...no cuando mi sueño por primera vez podía hacerse realidad. Todo me explotó en la cabeza, en ese momento necesité tanto de su toque como de respirar, sin pensar en lo que hacía me di vuelta en la cama para mirarlo. Ahí estaba él, en todo su glorioso esplendor, dormido, su pecho subía y bajaba revelando la profundidad de su sueño, debía estar realmente cansando pero yo lo seguía necesitando.

Lo pensé tres veces, y en las tres veces mi cerebro me gritó que me le lanzara ahí mismo. No me importó si me iba a rechazar pero si lo hacía sabia que ningún hombre podría desearme nunca y que no estaba hecha para la vida en pareja. Era tonto, estúpido, yo iba a darle mi virginidad, iba a pagarle por que la tomara, y pagaría gustosa el precio...prefería hacerlo ahora y sin amor, para que mis futuras experiencias, si es que las tendría, no fueran dolorosas y ese yugo no estuviera presente.

Seguía acercándome y terminé a hojarcadas sobre su vientre, aún seguía dormido. Miré su pecho y me incliné a besarlo. A pesar de mi temblor jamás me había sentido con tanto valor en mi vida, su pecho sabía al cielo y su piel era tan apetecible como todo él, sentí que mi cuerpo estallaba en llamas, necesitaba a Peeta en mi cuerpo, tanto como el aire en el pecho. Seguí besándole ascendiendo por su cuello hasta llegar a su oreja, mordí su lóbulo, por el movimiento de su pecho que sentí en mi cuerpo supe que había despertado, sentí sus manos en mi cintura. Intentó hacerme a un lado.

– ¿Katniss que estas...?–

– Ssshhh – dije sobre su oreja – no quiero sermones –

Lo besé en el cuello pero él siguió intentando apartarme, apreté mis piernas en sus caderas tan fuertemente como pude para que no me pudiera mover, estaba recurriendo a toda mi fuerza. Mis manos se movieron por su cara, incliné mi cuerpo sobre el de él sintiendo su dureza y poder, lo besé en la boca intentando imprimir en ese beso toda la pasión que estaba sintiendo y que inexplicablemente se había apoderado de mi.

Cuando sentí que se rendía y me devolvía el beso casi grité de la dicha. Sentí que sus manos bajaban por mi cintura y me tocaban la espalda, las caderas, las piernas, el trasero, mientras me besaba mis manos recorrían su pecho deleitándome en la forma de su torso y en su fortaleza.

Él hizo fuerza repentinamente y me vi impulsada de espaldas, lo tuve encima mío y rodeado por mis piernas. Sus besos húmedos y sensuales bajaron por mi cuello y fueron a parar en mi hombro donde sentí una leve succión seguida de un mordisco, gemí porque me estaba gustando, porque tenía que hacerlo para sentirme completa por su roce sutil y apasionado. Sentí su dureza presionar contra mi pelvis. Lo quería más cerca, por eso no proteste cuando sentí que sus manos bajaban por mis hombros apartando en el camino la parte superior de mi camisón.

Yo estaba perdida, perdida en él y en toda mi feminidad que hasta ese momento había estado dormida, su roce me hizo gemir nuevamente. Cuando escuché su voz mi vientre se contrajo.

– He fantaseado con esto desde que te conocí –

Yo no producía esas sensaciones en nadie y no sabía si había verdad en su voz, no había aprendido a reconocer cuando un hombre se excitaba. Sentí que una brisa fría penetraba mis pulmones y a la vez rozaba la piel desnuda de mi pecho...que no tenía más la protección del camisón. Cerré mis ojos ante la vergüenza, aun si eso me privaba de mirar a Peeta. Nunca había estado así frente a un hombre. Casi volví a gritar cuando sentí la palma de su grande mano sobre mi seno derecho y su voz en mi boca diciendo:

– Eres hermosa Katniss, no dejes que nadie te diga lo contrario –

Luego sentí su boca en la mía y su otra mano en mi otro seno, otro desconocido gemido salió de mi boca, mis manos tocaron su cintura y se retomaron a su espalda, la noté tensa, y abrí mis ojos repentinamente. Su mirada estaba en la mía tan ardiente como había esperado, eso le dio renovado valor a mis intenciones de la noche. Él se movió e intento apartase como si estuviera librando una lucha consigo mismo pero el nudo de mis piernas le impidió alejarse, sentí nuevamente su dureza, yo necesitaba de un contacto más intimo.

– No – dije cuando sentí que intentaba apartarse, tal vez no era tan deseable... pero ahí estaba... sus manos abandonaron mi pecho, nunca antes tocado por nadie, y se alojaron en mi cintura retirando en su camino el resto de camisón, cedí la presión de mis piernas y lo sacó del todo. Me besó en el cuello, succionando, esto me produjo un poco de dolor pero lo dejé hacer, seguramente su pasión le decía que actuara así. Cuando sentí su boca probándome gemí porque me pareció una labor increíblemente imposible contener toda la gama de diferentes sensaciones que estaba experimentando en ese momento, las que me produzcan su boca y sus manos. No sabía qué tipo de confrontamiento interno se estaba librando en Peeta pero casi podía percibir que estaba intentando resistirse a algo, a mi. Cerré mis ojos nuevamente pero con ellos cerrados percibí aun más el roce de sus labios y su lengua sobre mi pecho.

– Peeta – susurré su nombre y apreté sus cabellos como necesitando de su anclaje tiré suavemente de ellos, sentí que sobre la húmeda piel de mi pecho rozaba un halo de su aliento, me ericé toda, siguió besándome, besándome y besándome, lo sentí por todas las partes de mi cuerpo, quería que fuera mío, quería ser suya como nunca fui de nadie – Ámame Peeta...– dije con la voz entrecortada mientras sentía sus manos por todo mi cuerpo – pagaré lo que sea… –

Cuando dije esto sentí que su cuerpo se tensaba y se apartaba ahora sin ninguna lucha interna, me empujó lentamente y se puso de pie, yo estaba lo suficientemente alterada como para que ahora me hiriera con su rechazo. Eso me dolió como nunca.

Caminó y se dirigió hacia la ventana, puso los brazos a ambos lados de esta, yo me cubrí con las mantas sintiendo repentina vergüenza de mi vida y mi cuerpo. Me dijo:

– No hay dinero que puedas pagarme para acostarme contigo Katniss – Me senté en la cama con la cobija sobre mi cuerpo y le dije:

– ¿Dije algo malo?– sentí que el pecho se me apretaba. Él volvió sobre sus pasos y se recostó en el sillón.

– Será mejor que te duermas, aun nos quedan bastantes horas de esto...–

El "esto" sonó a desprecio y yo me quedé helada al comprender. Su tarifa era muy alta para alguien como yo. Me acosté lentamente y me arrebujé en la cobijas.

"Estúpida".

Todos se burlaban de mi, seguramente a los ojos de este hombre había quedado como una loca ardiente y necesitada de sexo. Él había ganado. Mi cuerpo había respondido habría podido tomarlo de haberlo querido. Pero ahí radicaba el problema, no lo había querido...después de todo no era lo suficientemente hermosa para seducirlo.

Tal vez se había enfadado por lo que le ofrecí, pero en ese momento hubiera dado todos mis ahorros por borrar esas palabras de mi boca.

– Lo siento mucho Peeta– mi voz sonó apagada, esperaba que lo hubiera escuchado – No volveré a importunarte –

"Maldita bebe llorona" pensé en cuando dije esto, porque me abordaron las ganas de llorar otra vez. No se acercó y eso estaba bien, quería creer que no lo había notado. Milagrosamente me quedé dormida otra vez, pero en esta oportunidad mis sueños se vedaron a la parte inconsciente e imposible de recordar de memoria.

Peeta

Decidí alejarme de ella lo antes posible, no sabía lo cerca que había estado de una violación. Aun sentía su contacto en mis manos, la calidez de su piel aun me afectaba, debía alejarme... debía poner en claro mis ideas y dejar de comportarme como un adolescente. Decidí salir al jardín, necesitaba el aire para enfriarme las entrañas, Cuando estuve en el jardín tomé un trago de el whisky, esperaba tranquilizarme lo bastante para poder evitar a Katniss...

Sentí unos pasos tras de mí. Cuando me di la vuelta vi a Delly caminando seductoramente hacia mí y deteniéndose atrevidamente a pocos centímetros.

– Hola Peeta... –

La única persona que no me quería encontrar en ese momento era ella, y ahí estaba. La mire. Gallina superficial y estúpida...

La odiaba...sentía repulsión hacia ella solo con verla...

– Me estaba preguntando – comenzó de la nada – ¿Que vería un hombre como tú en mi hermana? Admito que no es fea, pero es que es tan... – Estaba a unos solos pasos lejos de mí, su perfume tan dulzón, tan diferente de Katniss me hizo retroceder un paso. – Ella...sencillamente debió dedicarse a monja...es demasiado mojigata – dijo como meditando, su burla era muy evidente.

Katniss a no era nada mojigata, la pasión que acababa de compartir con ella lo demostraba, era solo una mujer virgen, como no lo era la evidente zorra que tenia frente a mí.

– Creo que el baile que compartió con Seneca deja mucho al descubierto...pienso que aun está enamorada de él –

Eso me llenó de ira, era lo que yo también creía lamentablemente, y esa perra solo lo estaba confirmando, seguí bebiendo de mi trago mientras ella seguía escupiendo vitriolo.

– No deberías perder el tiempo con ella, siempre va a ser la misma, nunca se va a poder recuperar, nunca va a superar lo de Seneca.. Deberías mirar...otros horizontes – dijo extendiendo una mano hacia mí, me alejé mas. Pero luego pensé que necesitaba de la cercanía para hacerle entender lo que quería que entendiera. Me acerqué a ella lo suficientemente para perturbarla, pero no quería que pensara que la seducía, una idea así jamás pasaría por mi cabeza, casi contra su boca le dije:

– El único horizonte que quiero explorar es el del cuerpo de tu hermana, y escúchame bien, quiero que te mantengas alejado de ella y de mi. Puedo ser paciente, pero si insistes en molestarla, avergonzarla y hablar de Seneca Crane en mi presencia, lo pagaras caro – Ella sonrió malvadamente e intentó besarme pero yo conocía ese tipo de artimañas, me aparté rápidamente y le dije:

– Ya lo sabes...–

Decidí entrar a la casa y perderme en la multitud, me refugié en la cocina y seguí tomando de mi vaso, esperaba que el sabor del alcohol no se hubiera alterado con la presencia de esa asquerosa.

Katniss...Katniss ...no la busque, necesitaba espabilarme de estúpidas ideas sobre ella y Seneca Crane.

Estuve bastante tiempo en la cocina, casi hasta que todo el mundo se fue, cuando no escuché voz, me sentí lo suficientemente listo para salir, Como lo predije salí de la cocina y no había ya nadie, solo la empleada barriendo un poco, me volvía hacia las escaleras y subí lentamente, ella seguramente estaría en la habitación, la idea de dormir con ella en la misma cama socavó mi capacidad de autocontrol, solo imaginarlo me excitó sobremanera, pero nuevamente alejé mis pensamientos.

Entré a la habitación y escuché el agua correr en el baño. Me paré en seco cuando mis pensamientos lujuriosos me llevaron a imaginarle en la ducha, con su cuerpo desnudo...sentí que las manos me sudaron.

¿Porque debía imaginarlo?

Mis pasos inconscientes caminaron con lentitud hacia la puerta entreabierta del baño, eso era una provocación, si no quería que mirara ¿Por que dejaba la puerta abierta? Sus ojos en los míos en el baile vinieron en ese momento a mis recuerdos. En tanto me acercaba la nube del agua caliente con su olor me impregnó la nariz. Amé ese aroma, nada comparable al de su hermana, el olor de Katniss era inocente, incitante, el de su hermana era de perra barata. Abrí la puerta con cuidado para que no me oyera.

La cortina transparentaba y volvía borrosa la forma de su cuerpo, pero imaginaba por la forma uniforme que veía, estaba abrazada a sí misma. Salí, aunque mi impulso inmediato era sacarla de ahí y poseerla sobre la cama, pero a mi mente vinieron las palabras de Delly lo que yo realmente pensaba; Katniss estaba enamorada de Seneca Crane a pesar de lo que él le había hecho.

Cerré la puerta meticulosamente y me dirigí hacia el guardarropa a sacar mi maleta y me desajusté la corbata, en la noche el calor parecía aumentar o tal vez se tratara de mis alteradas hormonas, en fin. Saqué solo el pantalón del pijama ya que debía dormir cómodo, si quería tener las fuerzas necesarias para luchar contra lo que se apoderaba de mi cuando veía a Katniss Everdeen. Escuché que la ducha se cerró pero ella no salía, me senté en el sillón de la pared y me dediqué a mirar televisión intentando concentrarme en las sosadas que por ahí pasaban. Cuando finalmente abrió la puerta el perfume del baño inundó la habitación, hice lo que estuvo a mi alcance para mostrarme sereno y tranquilo, recordando que lo único que sentía Katniss Everdeen hacia mí era amistad. Seguí pasando los canales, consciente, por el rabillo de ojo, que me miraba y luego caminaba lentamente hacia la cama. Traía puesto un camisón de niña que dejaba sus piernas al descubierto, pero la miré rápidamente para que no se percatara. Era experto y con esa mirada su imagen se me quedó grabada en la cabeza. Tenía el cabello aun húmedo y sus pantuflas eran de ballenas, era sencillamente adorable en su simpleza e inocencia. Maldije a Seneca Crane y solo por ese segundo desee ser él, para tener el placer de verla todas las noches y disfrutar de su inocencia una y otra vez.

Pero yo no era Seneca, y ella no me quería para ese tipo de futuro. Se sentó en la cama pero al acercarse fui doblemente consciente de su presencia. Me calmé y miré hacia el tv aunque en realidad no estaba viendo nada más que colores y formas. Al cabo de 20 minutos escuché que tiraba el libro y se escondía bajo las mantas. Mis propósitos de la noche estaban claros en lo respectante a dormir en el sillón además del calor que estaba haciendo...por eso me sorprendió cuando dijo:

– ¿No tienes frío? – su preocupación sonaba sincera, como la que le das a un perro cuando tienes compasión de él.

– No – respondí sinceramente, hacía rato que la sensación de frío me había abandonado seguida por una más candente, alcancé a percibir que se removía un poco en las cobijas.

– ¿No vas a dormir? – volvió a preguntar esta vez con un tono indescifrable, mi enfado se debía a una cosa y en esos segundos fui consciente de ello, aun estaba celoso por ella.

– En cuanto tenga deseos de hacerlo –

– ¿Estas muy cansado? – volvió a la carga ¿Acaso no podía solo dormirse e intentar dejar de fingir que le importaba lo que pasara conmigo?

– No – dije, era la tercera ronda que daba a la serie de canales del tv pero dudaba que encontrara algo que me sirviera para concentrarme. Vi que se volvió para no mirarme, entonces sentí compasión, al parecer si era sincera su preocupación, o tal vez solo se tratara de que estuviera tanteando el terreno para ver hasta dónde podía llegar. Me sentí tonto solo de pensarlo, suspiré un poco y para tranquilizarla le dije – Dormiré aquí en el sillón.

– La cama es lo suficientemente grande – dijo ella, ¡Por todos los cielos! ¿Es que acaso quería matarme? Seguramente no era consciente del riesgo que corría al sugerir que durmiera en la misma cama con ella. No, definitivamente no tenía ni idea.

– Somos un par de desconocidos – "Por favor, obedece", exclamó mi conciencia, no sabía como mi voz podía seguir tan serena, el aroma de su perfume fue más acuciante en ese momento – No creo que queras dormir en la misma conmigo – no sabía si lo quería o no pero lo que yo pensaba era otra cosa.

– No puedes dormir en el sillón...no después de todo...lo que has hecho por mi...sería injusto – dijo ella lentamente, ¿Que había hecho por ella? ¿Comportarme como un idiota cada vez que la tenía en frente? ¿Hacer de novio fiel ante su odiosa familia? ¿Que había hecho por ella? ¿Desearla hasta el martirio significaba algo?

Me callé mis puntos de vista, realmente la idea de dormir en ese incomodo sillón me fastidiaba, pero la idea de dormir a su lado, al lado de su perfume, al lado de su calor, se veía más atractiva en un intento por no asustarla con mis urgencias. Pero ella me lo estaba pidiendo, indirectamente pero lo hacía, esto era el infierno. Pero decidí irme a él, por muy masoquista que fuera debía estar a su lado, disfrutar de su presencia más tiempo para que cuando volviera a mi vida tuviera un bonito recuerdo de la única mujer que hasta ese momento me había hecho sentir como un verdadero hombre. Apagué el TV consciente de que estaba cometiendo un error. Caminé hacia la cama diciendo:

– Si insistes… –

Posé mi rodilla sobre la cama que rechinó un poco por mi peso. ¡Ah! fue devastador. Su calor había inundado todo y su olor estaba por todas partes. Me acosté boca arriba intentando que ella no notara lo entrecortado de mi respiración. Cuando pude controlarme escuché que estaba plácidamente dormida, cosa que me asombró. Pensaba que no dormiría recordando la desgracia de ver a su hermana casada con Seneca Crane. Por un instante me dedique a mirarla, a ver como su pecho subía y bajaba constantemente con su respiración. Era cálida, era hermosa, y yo la deseaba con la intensidad de un hombre enamorado. Pero yo no estaba enamorado de Katniss ...solo la deseaba, solo sentía lujuria por ella. Me acosté boca arriba, ya mis emociones estaban controladas y decidí dormir un poco, mis ojeras podrían revelar a Delly,Seneca y Mery algo que no quería que supieran...

Dormía, en brazos de Morfeo cuando sentí un peso inusual sobre mí, no inusual...era el peso de una mujer sobre mi cuerpo. Pensé que mis sueños se hacían más vividos ya que toda mi conciencia estaba poblada de imágenes de Katniss Everdeen , desnuda de artificio tan pura como era entregándose a mí. Cuando sentí sus dientes en mi oreja supe que no estaba soñando, ningún sueño te mordía de esa manera la piel. Cuando me espabilé vi que se trataba de Katniss , y estaba despierta, privándome así de la posibilidad de atribuir a su sueño la pasión que vi en sus ojos. Pero estaba consciente y sentía la extensión de su calor en mi entrepierna. Esa no era ella, seguramente estaba sonámbula.

– ¿Katniss que estas...?– intenté preguntarle, despertarla y apartarla, las tres a la misma vez, pero no estaba preparado para la fuerza como se aferró a mí. Me hizo chitón frunciendo la boca de una manera alarmantemente sexual.

– No quiero sermones– ¿Qué tipo de sermones de moralidad podía darle? Sentí sus piernas a mí alrededor y el roce de su intimidad en la mía, me encendí de inmediato, ella estaba encima de mí y era algo que no podía soslayar, ni ignorar.

Puso sus manos en mi rostro y se inclinó para besarme haciendo el roce mas intimo. Gruñí por lo bajo, fue un beso pleno, con la boca abierta, con una pasión desconocida en ella pero de la cual sin embargo yo había sabido al conocerla. Yo no debía estar haciendo esto, no con ella, no debía pero mi cuerpo clamaba por hacerlo, por hundirme profundamente en ese frágil cuerpo y tomarlo hasta la saciedad. Dejé de intentar detenerme, ya no podía hacerlo. La toqué porque necesitaba hacerlo, toqué sus caderas en las mías, sus piernas y su cintura, las curvas donde terminaba su espalda, era sencillamente perfecta, lo era para mí en esos momentos.

Se acabó pensar en Seneca Crane, no me importaba, decidí mandarlo al carajo, ya tendría tiempo de meditar eso luego. Ahora solo estábamos los dos, casi en el límite de nuestra pasión. Sus manos pequeñas tocaron mi pecho haciendo que el vello en él y en mis brazos se erizara como cuando pasaba corriente, o se tenía frío. La tomé de la cintura e invertí nuestras posiciones. Necesitaba sentir que tenía el poder, ella no podía controlarme de la manera en que lo estaba haciendo. Abandoné el tacto de su cintura para concentrarme en retirar la prenda que la protegía de mí, y que me impedía admirar su cuerpo jamás usado. Posé mis manos en sus hombros suavemente y deslicé hacia abajo la prenda que la cubría. Un gemido espeso brotó de su garganta y eso me llenó de fuego la sangre. Pero fue realmente poderoso cuando ya nada me impidió mirarla, era preciosa, por ser ella... ¿En que había perdido el tiempo aquel hijo de perra?

Sonreí de lado, era mía, o por lo menos lo iba a ser. Yo sería el primero. Cerró los ojos como si intentara escapar, pero nada podría escapar de mi mirada que en esos momentos filmaba lo que tenia frente a mí para poder recordarlo siempre.

– He fantaseado con esto desde que te conocí – era cierto, había intentado leer en su cuerpo lo que celosamente ocultaba, y lo que ahora estaba deliciosamente a mi disposición, aun tenía los ojos cerrados cuando toqué la sedosa piel que tenia frente a mí. Fue un tacto fascinante. Era suave, y hermoso, cerré mi mano en torno a un seno y ella gimió fuertemente apretando los ojos, el pezón se clavó suavemente en la palma de mi mano enviando un cosquilleo por todo el brazo hasta la ingle. Su reacción me incitaba a ir más lejos, a tocarla donde nadie lo había hecho antes, a iniciar el camino de perdición con ella. Me acerqué a su boca y aspiré el aliento de su gemido de pasión.– Eres hermosa Katniss, que nadie te diga lo contrario –

Sin poder contenerme más la besé suavemente y dejé que mi otra mano se apoderara el otro pecho. Ella gimió dentro de mis labios, dejé de besarla otra vez cuando mi conciencia hizo una aparición breve pero ella escogió ese momento para apretarme contra ella, su calor nuevamente me enrolló, y me sentí perdido otra vez.

– No – suplicó ella, no pude hacer nada más sino seguir cayendo. Seguí tocándola, saboreando la suavidad de su piel, la que iba dejando al descubierto. Cuando obtuve lo suficiente me dediqué a probarla, a degustarla como un manjar. Su sabor, tal como su olor, era lo más apetecible que había probado en tiempos, probé la delicada piel de su pecho una y otra vez, succionando como un bebe hambriento, como si no me saciara de eso, y es que era demasiado bueno para ser verdad. Sentí sus manos en mis cabellos y sentí que ella se aferraba a ellos, seguí besándola, saciándome de ella aunque sabía que nunca iba ser suficiente, a partir de ese momento nada sería lo mismo, nunca lo había sido desde que nos conocimos. –Peeta...– dijo ella en voz apretada, tensionada, apasionada. Escuchar mi nombre de esa manera me producía mucha satisfacción, la besé más rápidamente intentando darle el placer que ella merecía – Ámame Peeta– la palabra amor perforó mis sentidos y me hizo detenerme, mas aun en el momento en que dijo – pagaré lo que sea... –

Eso fue lo que me hizo aterrizar la conciencia, Katniss no necesitaba esto, no necesitaba despertarse en la mañana arrepintiéndose de haber regalado su preciosa y tentadora virginidad a alguien desconocido, alguien que no podía dar más que esto que yo estaba ofreciendo. Me aparté de ella antes de que mi conciencia me abandonara. Aprovechando que era libre de sus largas piernas, caminé hacia la ventana y respiré hondo. Era un gigoló, no había otra verdad, no podía haberla En ese momento deseé ser el hombre que ella amaba, el hombre que la amaba, el que podía hacerla feliz tanto en la cama como fuera de ella. Katniss quería entregarse a mí en esos momentos por despecho, y aunque esa era la razón que miles de mujeres escogieron para buscar nuestros servicios, esta vez fue la primera a la que lo negué, a pesar de que ardía en deseos de dárselo. No era bueno para ella, y definitivamente ella era una complicación que yo no necesitaba en mi vida. Debía parar ahora.

Intenté herirla para que no me buscara.

– No hay dinero que puedas pagarme para acostarme contigo Katniss– idiota, ella era la única mujer a la que habría poseído gratis y sin inhibiciones...

Se sentó en la cama y me miró, eso podía sentirlo a pesar de que yo no la estaba mirando, si la miraba saltaría sobre ella y conseguiría su venganza de un modo del que después se arrepentiría. Eso era lo que implicaba acostarse conmigo.

– ¿Dije algo malo? – Si, lo había hecho, pero no por eso había parado, lo hice por ella y por mí... Me sentí egoísta con solo escuchar su tono. Volví al sillón donde permanecería en la noche y sin mirarla me arrebujé en él diciendo:

– Será mejor que te duermas, aun nos quedan bastantes horas de esto...– horas y horas, tal vez días de deseo frustrado...

– Lo siento mucho, Peeta– dijo ella, estaba tan consciente de su presencia que eso, a pesar de que lo dijo en voz baja, lo escuché como si me lo estuviera gritando, ¿Sentía qué? ¿Amar aún a Seneca? ¿Haberme conocido? ¿Haberme sumido en ese túnel de lujuria del cual no iba a salir en mucho tiempo? Ciertamente tenía muchas cosas que lamentar – No volveré a importunarte...– ella creía que me molestaba. ¿Cuando demonios iba a hacer yo algo bien? Ahí estaba sintiéndome inconforme y mal por su respuesta, definitivamente Katniss era un puzzle de muchas piezas y cada vez que intentaba encajar con una salía la otra a despistarme.

Me había descalabrado la vida, proponiéndoselo o no.

Holaaaaa siento mucho la demora pero la escuela me absorbe ,pero quiero decirles que no dejare esta historia ni nada parecido podre demorarme(espero que no)pero si actualizare enserio lo siento mucho.

Bueno me dicen que les parecio el capitulo ,si?

Espero que tengan una bonita semana ..

;) xoxoxoxoxoxoxoxoxox