DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Katniss

Cuando me desperté sentí los rayos del sol que pegaban mi cara, en la noche se me había olvidado cerrar las cortinas y eso era fácilmente lo que me había despertado. Me rasqué los ojos y me senté, seguramente tenía un aspecto espantoso pero eso no me importó, en mi memoria solo había espacio para Peeta. Debía ser sincera, no había dejado de pensar en él en ningún momento, cada vez que lo recordaba, recordaba sus ojos, mi pecho saltaba y mi corazón comenzaba latir trabajosamente. Me había obsesionado.

Suspiré y miré hacia el sillón intentando contener mis emociones. Estaba echado de cualquier manera, también pensé en lo incomodo de su posición y en lo incomoda que me sentía yo ya que prácticamente era por mi culpa que le había tocado dormir allí, yo era la que había logrado apartarlo de su sueño.

Me puse de pie con cuidado de no hacer casi ruido y cogí una de las cobijas de la cama, me acerqué sigilosamente y se la puse encima. Respiraba profundamente y no quería despertarlo desde tan temprano, solo yo debía estar despierta.

Tomé la toalla y me metí al baño, me bañé rápidamente y luego me vestí, seleccioné una camisa blanca y unos jeans, me puse mis converse y me senté en la cama para atar las agujetas intentado no pensar en que él estaba en la misma habitación que yo. Sacudí la cabeza, mi corazón seguía con su ritmo loco, ni siquiera en la ducha me pude quitar la imagen de él de la cabeza, pero no solo las imágenes de los momentos que habíamos compartidos, tenia imagen de su risa, de su mirada. Tendría que hablarle, disculparme y aprovechar para decirle, aunque me doliera mucho, la fecha final casi se acercaba y que debía informarme de la "tarifa vigente".

Madge había pagado una parte y la otra la iba a asumir yo, así que necesitaba saber que tan quebrada me iba a dejar. Después de todo había dicho que yo no tenía dinero suficiente para pagarle. Eso me trajo a la cabeza los recuerdos, pero los dolorosos de la noche anterior cuando me rechazó tan de frente.

La palabra tarifa me daba asco pero de todas maneras me disculparía y tal vez explicaría la clara necesidad que mi cuerpo sentía de él, esa que nunca vería satisfecha. Me sorprendí a mi misma cuando mi conciencia de pronto trajo estos pensamientos, a mi no me importaba que él fuera un gigoló seductor, yo lo deseaba como hombre. Lo quería como hombre. No me importaba que hubiera estado con miles de mujeres porque yo quería ser la persona por la que las olvidara a todas. No me importaba...

"Eres patética". Me reí de mi misma, era demasiado evidente que algo así no iba a pasar.

Cuando terminé de arreglarme me recogí el cabello en la parte de atrás y salí de la habitación antes de que el impulso de darle un beso terminara matándome.

Me encontré con mi padre en la cocina, se estaba tomando un zumo de naranja, dejó de tomarlo en cuanto me vio entrar, al instante tomo otra naranja y comenzó a apretarla, a exprimirla. Me sentí identificada con la naranja cuando me desperté, me sentía como si me hubieran sacado todo el jugo. Él miró mi expresión desolada y me dijo;

– ¿Estás bien Kat? Tienes muchas ojeras...– Y yo que creía que mi aspecto dejaba a desear.

– No dormí anoche – dije rápidamente mientras me sentaba y ponía mis brazos para ocultar mi cara, para que dejara de preguntarme, escuché su voz más cerca.

– ¿Sucede algo malo? – sí, había pasado, pero no era algo que quería que mi padre supiera, sentí su mano en mi brazo así que decidí contarle algo de la verdad.

– Discutí con Peeta– escuché que chasqueaba la lengua inconforme luego me dijo:

– Eso no es bueno... no dejes que ni Delly ni Seneca arruinen su relación... se ven tan bien juntos– "¡Ja!" Mi padre definitivamente estaba miope, o por lo menos muy cerca de estarlo, yo no era nada al lado de Peeta.

– Gracias papa, no te preocupes, es solo una pelea pasajera –

– Me alegro, de verdad que si, Kat–

Cuando mi jugo estuvo listo, decidí salir de la cocina, escuché a mi madre en el piso de arriba seguramente preparándose para el almuerzo familiar y la tarde de juegos que nos esperaban. Suspiré mirando todos los alimentos que mi madre había dejado en la mesa, había muchas verduras papas, carnes, plátanos, todo lo referente a un almuerzo familiar. Salí hacia el jardín y me senté en la escalera de entrada, entierré mi cara en mis brazos y piernas otra vez. Sentí dolor en el pecho y ganas de llorar. Quería que todo fuera como antes, no quería estar enfadada con Peeta, quería que todo fuera...normal. Sentí las lagrimas calientes en mis mejillas y después cayendo sobre el suelo. No me arrepentía de la casi noche de pasión que habíamos vivido, sino de lo que vino después. Los sollozos acompañaron a mis lágrimas y me obligué a ponerme un puño en la boca para que no se oyeran. Para que cualquiera que pasara pensara que estaba cansada y quería resarcirme.

Escuché unos pasos tras de mí. Alguien se aclaró la garganta, no tenia que preguntar quién era, había estado soñando con su voz toda la noche. Saqué el puño de mi boca pero no me envaré, no permitiría que viera mi llanto.

– Siento lo que paso – le dije, podía no tratarse de él pero no me importó – Lo que te dije anoche, de pagarte...– añadí eso para ser clara, para que supiera cual era la única parte de lo vivido en la noche que lamentaba.

– No entiendo porque lo sientes, es lo que soy, ¿no? –

– Si – otra vez los sollozos "¡Cállense!" pensé, forcé mi voz otra vez – Pero aun así te pido perdón –

Él no dijo nada más así que supe que esto era todo, tenía que alejarme cuanto antes, me puse de pie y escondiendo mi cara caminé hacia la casa. Cuando pase por su lado mi corazón redobló el ritmo de sus latidos. Su perfume, recién salido de la ducha...alargué mis pasos y a sus espaldas le dije:

– En verdad lo siento, se que estuvo mal –

Cuando di dos pasos él respondió:

– Métetelo en la cabeza, no estuvo mal...no me ofendiste –

Me alejé y cerré la puerta, ya no lo pude soportar más. Sentía que algo muy afilado me estaba arañando las entrañas. Realmente había llegado a apreciar a Peeta y esto me dolía más de lo que quería admitir. Entré al baño y seguí llorando en silencio. Me calmé y luego salí sacudiéndome la nariz con la sorpresa de que Peeta estaba ahí, apoyado en la columna mirándome. Escondí mis ojos de los suyos y supuse que estaba esperando el baño, pero luego me habló.

– ¿Que es lo que me corresponde hacer ahora? – su tono frío y carente de todo volvió a golpearme con la misma intensidad de una bala de cañón, y yo que creía que ya lo había llorado todo...si que era una Magdalena...

– Seguir siendo mi novio, hay un almuerzo familiar en la campo seguido de una tarde de juegos, sigue...– Dios, la sola palabra me dolía – pretendiendo que eres mi novio, nada que no puedas solucionar –

– Bien – dijo indiferentemente, como la noche anterior.

Casi exploto, ya me había disculpado ¿No? Entonces ¿Por que seguía hablándome así? ¿Acaso de verdad había quedado tan asqueado que el enfado duraría siempre?

Me alejé de él otra vez, ya había tenido suficiente de sus desprecios por un día. Me volví pero esta vez fui al jardín de atrás, siguiendo mis pasos, cuando entre pensé que estaba sola pero Madge estaba ahí. Tenía una botella de agua en la mano y me miró completamente seria.

– Hay algo que no está bien en ti Katniss, dime que es lo que te pasa –

A ella no podía ocultárselo y verla ahí preguntándome no mejoró la situación, me di cuenta de mi verdad y fue tanto el dolor en mi pecho que me obligué confesársela aMadge, era una verdad demasiado grande y dolorosa para guardarla para mí. Pero era una verdad clara desde hacía dos días...solo que hasta ahora yo me percataba de eso.

– Creo...– empecé, mis malditas lagrimas dieron más dramatismo a mi estúpida pero insoslayable verdad – que...– se me cerró la garganta pero debía decirlo, sino dejaría de ser real – ¡Oh Dios, Madge , estoy enamorada de Peeta..! – gemí en agonía tanto por lo que me dolió admitirlo como por qué sabia que eso no me servía de nada – Sé que es estúpido, sé que es absurdo, pero así es. Madge no puedo dejar de pensar en él, me siento mal cuando me mira fríamente, me duele escucharle hablar con voz esa voz indiferente – Y aquí iba lo peor – Jamás sentí por Seneca lo que en estos dos días he sentido por Peeta, Dios ni siquiera me siento celosa, solo pienso en él – Las lagrimas seguían cayendo libres. Me mojé la cara en un instante – Es que...– seguí hablando ya sin poder callarme– quiero saber lo que piensa de mi, quiero saber todo de su vida, en que…– era lo más patético pero en la noche, en toda la noche había pensado todo esto que le estaba escupiendo a Madge – Quiero protegerlo...quiero que sea mío...Madge … ¡Dios...todo esto es culpa tuya! –

La recriminé a ella en mi desesperación, pero ya tenía plena conciencia de que toda la culpa era mía, jamás debí haber asistido a esta boda de mierda, aun con la insistencia de mi madre, nada ni nadie me daba derecho a hacer lo que hice. Y ahí estaban mis consecuencias.

– Si, Madge, lo sé, yo te metí en esto...– añadió, pero yo sabía que ella no tenía la culpa, ella solo había tratado de ayudarme.

– ¿Y sabes que es lo peor? Que no me desea... ¡Ni siquiera quiere dinero! Me rechazó,Madge – añadí eso en un susurro pero el llanto estaba otra vez ahí – Estoy enamorada de Peeta Mellark...soy una maldita idiota – seguí llorando y negando con la cabeza.

Y era demasiado injusto, estaba por segunda vez enamorada y la vida me daba esto, el amor hacia un hombre al que no le inspiraba ni un mal pensamiento. Cuando me calmé estaba abrazada a Madge y mis sollozos poco a poco iban perdiendo su fuerza, la aceptación, supuse, llegaba después de la negación... Cuando fui consciente otra vez escuche una risita detrás de nosotras, ninguna de las dos se había percatado de que Dellyestaba ahí, no sabía cuánto había escuchado, resequé las lagrimas para que no las viera.

– Por favor – dijo odiosa – No manifiesten el amor que sienten la una a la otra en público, para eso hay habitaciones. –Madge casi se le va encima pero la detuve a tiempo.

– No Madge – le rogué desesperada, lo último que necesitaba era una reprimenda de mi madre porque Madge le había puesto un ojo morado, además Delly no merecía ni un mal pensamiento de Madge.

– Nadie te ha llamado, puta, lárgate de aquí – dijo Madge entre dientes y traté de contenerla otra vez, Delly se rió.

– Que mi madre no te oiga, o podría echarte, ya me gustaría...– luego me miró a mi – ¿Porque estas tan triste Katniss? ¿Acaso Peeta se dio cuenta de que poca cosa eres? – Sentí que la sangre me hervía, especialmente porque ella tenía razón, esta vez la que tuvo que contenerme fue Madge.

– Eso no es asunto tuyo.– sin poder contenerme más Madge cedió a mi fuerza y escupí a Delly en la cara, podíamos tener la misma madre pero la odiaba como a nadie en el mundo. A veces me preguntaba si yo era adoptada o si mi madre me recogió... Antes de que pudiera alcanzar a Delly otro par de brazos más fuertes me sujetaron conteniendo mi ira.

– Ya basta,Katniss– era Gale, se movió hacia Delly y él dijo – Vete de aquí ¿No crees que has hecho suficiente?–

Sorprendentemente la risa de ella desapareció ante el odio que inspiraba la mirada de Gale,ella casi nunca hablaba con él así que no lo insultó Se rió tontamente y se dio la vuelta para irse. Escondí mi cara en el fornido pecho de Gale y lloré inconsolablemente otra vez pero era de rabia, rabia contra la vida, él me acaricio la espalda y le dijo a Madge:

– Menos mal que se acabara rápido –

Luego intenté esconder las huellas de mis lágrimas cuando entré a la casa. Pasé de largo la cocina mirando a mi madre por un instante que ya había puesto manos a la obra empacando la comida que íbamos a llevar. Cuando subí las escaleras sentí que alguien me detenía y vi que era Seneca.

– ¿Que mierda quieres?– le dije cuando me solté de su mano.

– ¿Qué crees que haces humillando a mi mujer? ¿Cuando te vas a meter en la cabeza que no te quiero Katniss?– Yo me quedé con la boca abierta, sorprendida por su ilusa forma de ver las cosas. Al mirar mis ojos enrojecidos y lo que le había dicho Delly debió suponer que aun estaba encantada de él, me dieron ganas de esculpirlo tal como a ella.

– ¡Vete a comer mierda Seneca! – le dije sencillamente, seguí de largo y me volvió a coger del brazo en un doloroso apretón. Esperaba que no me salieran morados de la fuerza que hice para zafarme.

– No vuelvas a meterte con Delly, me importa poco lo que sientas por mí –

Se dio la vuelta como cualquier típico macho que tenia la última palabra en la boca. Negando con la cabeza llegué a mi cuarto ahora vacío. Miré el camisón que había sobre mi cama, el que llevara la noche anterior, no recordaba haberlo dejado en esa posición pero igual no me importaba, los recuerdos de la noche anterior ocupaban ya gran padre de mi cabeza. Me arreglé lo mejor que pude. En unos minutos mi madre empezaría a pedirme que la ayudara a empacar las cosas.

Supuse que por eso ya estaban ahí Seneca y Delly, para ayudar a llevar la comida. Cuando me recogí el cabello bajé las escaleras y enfilé hacia el aparcacoches de frente, ahí había tres autos estacionados, el de Seneca y los dos de mi padre, Gale iba a conducir el segundo auto de mi padre así que decidí irme con ellos, ayudé con lo que pude y luego me subí al auto procurando no mirar a nadie en concreto.

Cuando todo estuvo listo y empacado todos los demás subieron, rogué por todos los cielos que Peeta no se subiera al auto conmigo.

No lo hizo. Madge y Gale se subieron en frente y fuimos los primeros en partir. Era media hora de camino, en la que me dediqué a descansar para reponer fuerzas después de tanto llanto. Llegamos al pedazo de campo y bajamos en seguida para ir preparándolo todo. Había cabida para la parrilla que Gale comenzó a armar. En seguida llegaron los otros autos. Hubo cierto revuelo mientras organizábamos todos.

Me quedé pegada a Madge quien hizo lo mismo conmigo. Mi madre sacó las carnes y el resto de las verduras. En ese momento nuevos carros comenzaron a aparecer, eran las amigas de Delly, y tal vez algunas primas mías y de ella. Yo colaboré cortando la lechuga y el resto de las verduras. Mi padre, en ese momento ayudado por Peeta, arrastraba un poco de carbón para la parrilla, ambos metieron el necesario y encendieron después de un tiempo el fuego para eso. Yo los miré un momento pensando en el gran equipo que hacían y en lo mucho que hubiera deseado que Peeta fuera mi novio verdadero. Aparté la mirada dolida.

Corté verdura como para cien personas, las que iban llegando se iban acomodando en las improvisadas sillas que había alrededor. En ese momento alguien me tapó los ojos, eran unas manos frías y olían a perfume. Las toque sin reconocer.

– Adivina quién soy – Su voz lo dijo todo. ¡Oh Dios no podía ser!

– ¡Johanna! – grite dándome la vuelta, ella sonrió y se aparté para tenderme los brazos. Hablaba con ella casi todas las semanas pero hacia casi un año que no la veía. A su lado estaba nuestro primo segundo Marvel, sonreía de lado y me tendió los brazos también.

– ¡Primita! – me levantó del suelo y me dio varias vueltas hasta que grité. En el aire vi que varias amigas de Delly lo miraban embobadas, pero sabía a quién pertenecía el corazón de Marvel. A Johanna por supuesto. Madge se nos unió para saludar a Marvel y Gale saludó a Johanna con un efusivo abrazo, cuando miré a Delly estaba de mal humor, al parecer no le estaban gustando nuestras efusivas muestras de cariño. Sonreí de lado. En ese momento mi padre nos llamó. Al parecer necesitaba una mano, los hombres fueron a ayudarle, nosotras nos quedamos hablando con Johanna quien nos contaba lo que había hecho en ese casi año sin vernos.

Me levanté para ir por algo de carne ya que me había invadido un hambre atroz cuando vi que Peeta venia hacia mí. Johanna se volvió a verlo y supe que sería de mala educación no presentarlo. Contrario a lo que creí la tenía su mirada de fuego fija en la mía. Yo me di la vuelta y vi la interrogante en el rostro de Johanna.

–Johanna– dije antes de que ella preguntara algo – él es mi novio Peeta Mellark–Johanna asintió y le cogió la mano.

– Un gusto Peeta, yo soy algo así como la hermana mayor de Katniss. La que desgraciadamente no tiene. –

– Estoy de acuerdo con usted – Curiosamente volvía a tener el tono meloso que tenía cuando estaba cerca de mí, antes de que nos peleáramos. Intenté esconder mi expresión de absoluta sorpresa. – Hubiera deseado una y mil veces que su hermana fuera usted y no la mujer que esta casándose –

– Si, yo también lo creo así –Johanna extendió su mano en un puño y Peeta chocó el suyo con ella – Me agradas Peeta...pero si le haces daño a mi hermanita te la veras conmigo –

El brazo de Peeta se posó en mi cintura y me apretó contra él, mi cuerpo, con el reciente descubrimiento de que lo amaba, reaccionó de manera exagerada bajé la cabeza ante el sonrojo que tenían mis mejillas.

– No pretendo hacer eso – otra vez la veracidad que teñía a sus palabras me asombró. Johanna sonrió y se dio la vuelta para ayudar en la parrilla. Madge nos miró muy seria a mí, especialmente. Yo la miré suplicante, sabía que mi actitud no era buena pero era un bienestar casi balsámico tener a Peeta abrazándome de esa manera.

Me solté de su brazo finalmente para irme pero entonces ocurrió algo. Él me cogió del brazo y haló del mismo para apoyarme contra su pecho, con sorprendente fuerza me apretó contra él y me besó con brusquedad. Yo quería detenerlo, en ese momento no tenía la manera de no involucrarme emocionalmente por un beso de esa castidad. Otra vez, como una tonta, quería darlo todo de mí. Le cogí de los cabellos y con igual violencia tiré de ellos y después lo apreté contra mí, mi lengua se engarzó en una lucha apasionante, húmeda y constante con la suya. ¿Porque me hacia esto? No me importó saber la respuesta. Sentí sus manos en mi cintura y después en mis piernas. Me levantó del sueño y me hizo bordearlo con las mías ¿Que me estaba haciendo? Gemí entrecortadamente y seguí besándolo hasta que él se detuvo, apoyó su frente contra la mía. Seguía cargándome de esa manera tan sensual. Su respiración era como la mía, entrecortada y agitada. La falta de aire era lo de menos, él no debería estar haciendo esto, pero igual lo dejé.

–Peeta...– respiré sobre su boca – ¿Qué...? –

– Te perdono...– dijo solamente, luego dejo sus manos y me puso en el suelo lentamente, en sus labios una endemoniada sonrisa había aparecido otra vez. Me apretó los brazos con fuerza por última vez y me besó mordiéndome dolorosamente el labio.

Mi cabeza era un torbellino de dudas, ese cambio de actitud me había hecho querer llorar de felicidad, me toqué la boca dándome la vuelta y él me detuvo otra vez. Cuando lo miré vi que levantaba una mano y me acariciaba el labio inferior que ahora sentía hinchado y palpitante.

– Perdóname por esto – dijo con su sonrisa diabólica, me quedé mirándolo estupefacta – En ocasiones ejercer control sobre mi pasión me parece muy aburrido, prefiero dejarla fluir –

¿Eso quería decir que se había dejado llevar por la pasión al besarme? Se dio la vuelta en el momento en que mi padre lo llamaba, me sonrió una última vez y se fue buscar más carbón. Yo debía averiguar qué estaba pasando…

Pause: ¿Quieren saber porque cambio de actitud Peeta...? ¡Aquí voy!

Peeta

Me dediqué a pensar mientas escuchaba a Katniss recostarse en la cama. Yo, en el sillón, más que nada en el mundo, deseaba tomarla. Tan desesperado estaba por ella que mi cuerpo sentía que mi conciencia podía olvidar sus palabras y luego la poseería para liberar de una vez todo lo que sentía cuando la tenía cerca. Pero mi resolución era firme y quisiera o no mi cuerpo debía controlarse. Mi sueños, todos eróticos, me hicieron despertarme varias veces en lo que quedó de la noche, sudaba y tenía todo el cuerpo en tensión por el deseo no satisfecho. La última vez que me desperté eran casi las siete de la mañana. Sentía el calor de una persona frente a mí y su olor me hizo identificarla. Katniss me estaba mirando desde arriba, pero no abrí los ojos, no estaba preparado para verla de nuevo sin saltarle encima o para su perorata sobre las disculpas. Sentí que me arropaba y el gesto me enterneció hasta límites insospechados. Hacía mucho, demasiado tiempo, que nadie tenía ese gesto conmigo, y tenía que ser precisamente ella la que lo estaba haciendo, la mujer a la que casi me había cogido en la noche. Cuando sentí que salió respiré mas agitado y tomé la decisión de que en un rato iría a darme otra de esas frustrantes duchas frías para despertarme del ensueño y de paso alejar la lujuria por un momento o dos.

Me levanté luego de veinte minutos, cuando mi cuerpo tomó un poco de el calor de la manta. Me bañe y vestí y dejé mi ropa usada a un lado. Cuando miré hacia la cama vi que estaba sobre el edredón, era su camisón de la noche, aquel que había retirado para verla. La imagen de ella me trastornó en ese momento, mi mano se alargó y tocó superficialmente la cabeza de uno de los osos tejidos, luego mi mano se cerró sobre todo el camisón... Apreté la tela y sin pensarlo dos veces me la acerqué a la nariz para olerla. Su aroma me golpeó como la bomba atómica, era el olor de ella, tan básico y característico como yo había aprendido a identificarlo. Mi nariz se perdió en sus matices, admirando su femenino aroma, me pregunté qué diría ella si me viera haciendo esto, olfateando su ropa, identificando su olor que encontraba tan fascinante como a ella.

Seneca . Pensé en él y todo se vino al piso, puse el camisón de forma parecida a la que estaba antes y decidí salir de ahí. Cuando entré a la cocina vi al padre de Katniss, al parecer se había adelantado a la mucama y estaba terminando de sacar zumo de naranja, solo había un vaso, me lo ofreció sin hablarme realmente y me pareció que algo andaba mal. Miró hacia el frente y no necesitó palabras, Katniss estaba ahí y él estaba al corriente de nuestro distanciamiento.

Todo se estaba desmoronando lentamente, tanto así lo sentí que pensé que no faltaba mucho para que descubriera la verdad. Terminé mi zumo y salí por la puerta.

Al caminar unos pasos vi la espalda encorvada de Katniss, estaba sentada en uno de los escalones y tenía la cara entre las rodillas, iba a decirle algo cuando noté que su espalda se convulsionaba levemente, estaba llorando, y al parecer quería hacerlo en silencio.

Estuve a pudo de tocarle el hombro, de decirle que todo estaría bien, que en un tiempo se olvidaría del palurdo pero en cuanto extendí mi mano y aclaré mi garganta ella dijo:

– Siento lo que paso – ahí iban sus disculpas otra vez – lo que te dije anoche, de pagarte... –

Mi mano cayó tan rápido como había ascendido, la escondí en los bolsillos, no había dicho que se había arrepentido de mis besos ni de mis caricias pero eso no significaba nada, aun seguía enamorada de Seneca.

– No entiendo porque lo sientes, es lo que soy, ¿no?– dije amargado, porque si hubiese tenido opción ni siquiera estaría hablando con ella ahora. Sería su novio de veras.

– Si – dijo ella holgadamente, no entendía el por qué de su llanto, pero no sabía que debía hacer, mi frialdad no podía llegar a afectarla de esa forma ¿o sí? – pero aun así te pido perdón –

Se puso de pie como tomando una decisión y luego caminó para irse, no sé si se dio cuenta de que la miré, pero tenía la cara roja e hinchada ¿Qué demonios le pasaba?

Caminó hasta que no pude verla más por la periferia sin delatarme, escuché su voz a mis espaldas.

– En verdad lo siento, sé que estuvo mal – Ya bastaba de disculpas, quería que dejara de hacerlo, si eso era por lo que estaba llorando entonces con mas veras debía pararlo.

– Métetelo en la cabeza, no estuvo mal, no me ofendiste – me sentía molesto pero no era con ella, a pesar de que era a ella a quien estaba dirigiendo toda mi frustración.

Terminó de alejarse, yo me quedé de pie dejando que su aroma inundara mis sentidos pero no tardó mucho antes de que mis pies me obligaran a seguirla. Estaba en el baño por lo que pude deducir. Cuando me apoyé irreflexivamente en la puerta escuché su llanto, maldije a Seneca Crane a más no poder. Me apoyé contra la escalera esperándola para que saliera. No sabía que le diría pero tenía que alargar lo que fuera para estar seguro de que había dejado de llorar, cuando salió su cara estaba en mejor estado pero la inflamación que había en sus parpados me hizo desear estar curiosamente bajo tierra. Escondió sus pupilas sufridas de las mías y miro hacia abajo, no sabía que esperaba de mí así que le dije:

– ¿Qué es lo que me corresponde hacer ahora? – no sabía que planes tenia ella después de lo inconcluso en nuestro encuentro en la noche.

– Seguir siendo mi novio, hay un almuerzo familiar en el campo seguido de una tarde de juegos, sigue...– se cortó la voz débil y sentí un extraño vació en mi estomago, algo no estaba bien con Katniss y yo tenía, más bien sentía el deber moral de ayudarla – pretendiendo que eres mi novio, nada que no puedas solucionar –

– Bien – dije aparentando más seriedad de la que sentía.

Siguió su camino y yo seguí con el mismo impulso de retenerla y obligarla a que me dijera si el perro de Seneca Crane era la causa de su desolación.

¿Lastima? ¿Podía tratarse de eso? Era una nueva y desconocida reacción en mí, la compasión no se encontraba entre el abanico de mis sentimientos comunes, pero jamás había conocido de una compasión que incluyera entre sus avatares el deseo, la lujuria, el sentido de proteccionista y el deseo mortal por ser la persona adecuada.

Esto no era compasión, era algo mas, ya lo había deducido, esto no era nada con lo que hubiera topado antes, sentí mis dientes rechinar y otra vez mis pies iban contra mí, me estaban llevando inexorablemente al sitio donde ella fuera, le aclararía que dejaría de ser frío, que seguiríamos jugando a esto de los novios. Bajé las escaleras rápidamente y la seguí al jardín. Iba a abrir la puerta cuando escuché el llanto ahogado de Katniss.

No, por favor no otra vez. Seguía llorando ¿Acaso no le parecía suficiente? Si seguía así se iba deshidratar.

Alargué la mano para abrir la puerta pero la voz de Katniss me detuvo en seco, a pesar de sus palabras ininteligibles pude distinguir una cosa, mi nombre apretado en sus sollozos. Me paré en seco cuando me descubrí espiando que era lo que Katniss le estaba diciendo a Madege de mi.

– Sé que es absurdo – decía ella– pero es así. Madgeno puedo dejar de pensar en el, me siento mal cuando me mira fríamente – no podía ser...estaba halando de Seneca Crane...me di la vuelta para irme, ya no quería escuchar sus rodeos. Me quedé quieto cuando en medio de la distancia escuché su voz ahogada pero terriblemente clara para mí en esos momentos – Estoy enamorada dePeeta Mellark...soy una maldita idiota. –

En ese momento no hubo sentido que me atara a la realidad de lo que acababa de oír, seguramente se trataba de un sueño, uno hermoso por que las voces de los ángeles cantaban para mi, fue tal el impacto de sus palabras que me tuve que apoyar en la pared de la escalera que estaba a punto de bajar . Algo dulce e inexplicable comenzó a extenderse por mi cuerpo, nada me hubiera preparado para darme por enterado de que en ese momento Katniss Everdeen estaba diciendo lo que estaba diciendo.

La dulce sensación paso a arder, a quemarme el pecho ¿Cómo podía una mujer amarme?, ¿Ella en verdad había dicho eso? Si no hubiera sido por que mi conciencia así lo había escuchado jamás lo había creído pero así era, y era tan clara como mancillante. Katniss Everdeen no podía quererme, yo no era lo que ella necesitaba a pesar de que así lo haya manifestado. Ella no era para mí. Pero me quería, tal vez su corazón estatuaria mintiendo, tal vez solo la perdida reciente era la que le hacía hablar, pero estaba diciendo, se lo estaba confesando a Madge que era casi como su hermana. Era ciento...el baile, los besos...todo era cierto. La sorpresa dio paso a la alegría infantil que desde hacía mucho tiempo no sentía.

Si, hacía mucho tiempo que no era feliz. Katniss no se merecía el trato que yo le había dado, ella me quería y el llanto había sido por mí, sus lagrimas de dolor habían sido por mi y por mi aparente indiferencia. ¡Qué tonto había sido!

Subí las escaleras sin percatarme de nada mas, entré a la habitación y tome con violencia el camisón que había dejado minutos antes, aspiré su aroma con salvajismo animal, perdiéndome en él, en todo lo que mi cuerpo y mi alma sentían en este instante. ¿Por qué esa euforia? Me sentía como si acabara de ganar una maratón. Un concurso demasiado importante. Y el premio era ella. Me quise dar de patadas, ella no había pensado en Seneca Crane como yo creía, ella no se iba a acostar conmigo por despecho, lo iba a hacer porque me deseaba, porque confiaba en mí, y yo era el imbécil que la había rechazado por su bien...

Desde ahora no sería así, ella no tendría que rogarme, lo que yo hiciera se lo haría sin rechistar, ella iba a ser mía, su virginidad iba a ser mía. Con ese pensamiento egoísta y posesivo me di la vuelta y salí de la habitación con el aroma de su camisón en mi nariz y mi renovado y perfecto deseo.

Cuando bajé vi al señor Everdeen y me presté para que usara mi ayuda. Terminamos de empacar, yo había visto con anterioridad a Katniss pero ella no me miró, obviamente aun dolida por mi actitud. Eso me dolió aun más pero no hice nada. Para no incomodarla, a pesar de que quería lo contrario, me subí al auto con los padres de Katniss mientras veíamos arrancar al otro cauto y después el de los dos pesados.

Llegamos rápidamente y todo se acomodó lentamente, no podía apartar mis ojos de Katniss, seguí cada uno de sus movimientos aunque ella parecía no darse cuenta, su manera de cortar era perfecta, ella era perfecta, y ahora lo podía ver bien, porque sentía algo especial por mí al igual que yo por ella. Luego me vi nuevamente en la necesidad de ayudar al padre de Katniss con el carbón. Hubo este momento en el que aparté la mirada de Katniss, no quería que el costal de carbón diera en los pies de Thom.

En el momento en que me volví, luego de que más autos llegaran vi que una mujer rubia, infinitamente más hermosa que Delly pero no más que Katniss, se acercaba a esta y le tapaba los ojos por detrás. Tenía una expresión cariñosa y le susurraba al oído.

– ¡Johanna! – escuché que Katniss gritó emocionada, obviamente no la esperaba ahí, supuse que Delly había obviado invitarla por si su dudoso marido caía a los pies de la belleza pero esta venia al lado de un grandote de expresión amable y bastante bien parecido. Ese hombre tomó a Katniss en brazos y la levantó por los aires. Por primera vez en el día vi una sonrisa en el rostro de Katniss y me dieron celos por no ser yo quien la provocara. Me acerqué con la intención de conocer a las personas que rodeaban a Katniss. Cuando me adosé ella me miró desconcertada y luego se volvió cuando me detuve.

–Johanna..este es mi novio, Peeta Mellark–

Estreché la pequeña mano de Johanna quien me miró de arriba a abajo inquisitivamente.

– Un gusto Peeta, yo soy algo así como la hermana mayor de Katniss. La que desgraciadamente no tiene – dijo ella, la secundé abiertamente.

– Estoy de acuerdo con usted – usé mi voz para caer bien a la gente y aparentemente funcionó, agregué a mi aprobación: – Hubiera deseado una y mil veces que su hermana fuera usted y no la mujer que esta casándose – Me gustaba esta Johanna, me gustaba por que también quería a Katniss.

– Si, yo también lo creo así – extendió su mano con camaradería y tocamos los puños en un golpe cual pandilleros – Me agradas Peeta...pero si le haces daño a mi hermanita te la veras conmigo –

Negué con una frase que ni escuché. Hacer daño a Katniss Everdeen no era mi prioridad, la acerqué contra mí y la sentí con cada fibra de mí ser. Vi como Johanna se levantaba y que Madge la seguía dirigiendo una significativa mirada a Katniss. Al instante ella intentó alejarse de mí pero yo no estaba listo para dejarla ir, no cuando me moría por darle un beso en la boca. La halé del brazo y la sentí sobre mí. La besé violentamente pero mi pasión me obligaba a actuar así, ella no se alejó, era buena señal. La apreté más contra mí y la obligué a alzarse contra mí a hojarcadas. Su boca, su aliento me enloquecieron. Pero estábamos frente a toda la gente, así que tuve que parar por el bien de ambos, apoyé mi frente sobre la de ella y murmuró con su sonrosada boca.

–Peeta...– mi nombre sonaba como miel en sus labios carnosos. Mía. Muy pronto.

– Te perdono. – le dije no por lo que ella estaba pensando, la perdonaba por hacer esto conmigo , por reducirme a este nivel animal en el que solo importaban mis deseos no los de nadie más, mordí su labio y sentí como se estreció, la bajé con lentitud liberándome dolorosamente de su contacto.. Cuando miré su boca vi que una pequeña y mínima herida, al parecer producida por mí, adornaba su labio palpitante, lo toqué con mi dedo encontrándolo como lo había sentido, ardiente.

– Perdóname tu a mi por esto – sonreí cuando se quedó mirándome la boca – en ocasiones ejercer control sobre mi pasión me parece muy aburrido, prefiero dejarla fluir.

Mentía un tanto ya que si de verdad hubiera dejado fluir mi pasión a estas alturas ya estaría tocando el cielo al poseerla totalmente. La solté no muy seguro de mí y me aparté dejándola con la duda en la cara.

"Ya habrá tiempo, cariño, ya habrá tiempo"

Holaaaaaaaaaa, aquí después de un siglo de no actualizar, pero todo tiene una explicación y se las dare , no se si sepan pero hace un tiempo mi compu murió y no tenia como actualiza , estuve usando una prestada pero no siempre podía por eso me demoraba en actualizar, pero gracias a mi tia que se apiado de mi jaja me regalo una laptop y aquí estoy lista para actualizar jaja lo haré mas seguido ya que estoy de vacaciones jajaja.

Gracias a las que esperaron a las que me mandaron los pm para que me apurara enserio no dejare esta historia lo prometo puede que me demore pero no la dejare :*

Feliz Navidad(aunque atrasada)

Feliz Año Nuevo!

Mnaden un comentario y díganme que tak va la historia que les gusta que no les esta gustan do si ya tienen a alguien que odian,etc porfas déjenme saber que es lo que piensan .

Hasta la próxima ;) xoxoxoxoxoxxoxoxoxox