DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

AVISO IMPORTANTE:GRACIAS A UN COMENTARIO QUE VI ME DI CEUNTA QUE OLVIDE ALGO SUMAMENTE IMPORTANTE EN LA HISTORIA Y ES QUE ,COMO SABEN ESTA ES UNA ADAPTACION Y LA AUTORA PUSO QUE "ALGUNOS COMPORTAMIENTOS Y DIALOGOS ESTAN INSPIRADOS EN THE WEDDING DATE "POR ESO GRACIAS .Uchiha POR HACERME ACORDAR DE ESE IMPORTANTE HECHO, SIN MAS QUE DECIR LAS DEJO CON ESTE CAPITULO….

Katniss

Aturdida, absorta, feliz, sorprendida, excitada, extrañada y todos los sinónimos que se me ocurrían todos pasaban por mi mente en un juego de imágenes de Peeta mezcladas entre sí poniéndome nerviosa.

La actitud de él era inexplicable y me tenía tan confundida como un bebe recién nacido. Suspiré y miré hacia donde estaba él ahora, al lado de mi padre. Vi que Gale estaba haciendo las presentaciones ante Marvel y que él, al igual Johanna, aceptaba a Peeta con camaradería. Se estrecharon las manos y Marvel le pasó un brazo por el hombro, le puso un puño en la cabeza y comenzó a frotarle la coronilla despeinándolo con ganas. Una sonrisa luminosa cruzó la cara de Peeta. Cuando me miró yo encogí los hombros y traté de pedirle disculpas en una silenciosa mirada, excusarme por la conducta excesivamente confianzuda de Marvel, pero cuando me hizo un guiño un violento calor me asaltó la cara. Debía parecer una paleta. Me di la vuelta para que no me viera, las cosas podían ser diferentes y tal vez ya no estuviera enfadado conmigo pero aun así no me iba a confiar.

Me senté en el pasto y Madge se unió a mí dos segundos después.

– ¿Qué fue eso? – me preguntó con reproche poniéndome una cerveza en la mano. Bebí un sorbo y le dije:

– Actuación...–

– Por más actuación que sea, un beso así...– replicó contrariada.

– ¿Nos estabas viendo? –

– Todos los vieron... ¡Ay Katniss! No sé qué tan bueno sea todo esto... mírate, hacia menos de tres minutos parecías una muerta, y ahora deberías verte la cara, pareces una piñata –

– No me puedo quejar – le dije – Debo ser feliz mientras pueda – continué amargamente.

Ella no me contestó nada ante eso, parecía que compartía mi misma oración. En ese momento se nos unió Marvel, tenía la nariz manchada de carbón y el pelo desordenado.

– Hola primita ¿Qué tal? – alargó su mano y me despeino toda.

– Pero bueno...– ¿Ahora tenía la costumbre de despelucar a todo el mundo? Dejó mi cabello en peor estado del que estaba – ¡Marvel!– lo reprendí, traía en la mano otra cerveza. Me la puso al frente.

– Bébela – me instó súbitamente serio.

Yo no era de las que bebía mucho. Madge miró lo que ella me había traído y me dijo:

– ¡Pero si ni siquiera la has tocado!–

– No me gusta beber – dije, aunque sabía que ellos lo sabían.

– Por hoy lo harás – dijo Madge, Marvel asintió secundándola.

– Cuando termines esta sigues con la mía –

Eran unos demonios, cuando salíamos juntos ellos que ya estaban acostumbrados a la bebida, hacían que yo bebiera y me grababan en mi móvil para después burlarse sanamente de mí. Gemí para mis adentros esperando que no lo notaran. Los quería con locura pero ellos siempre se aprovechaban de mí y mi falta de experiencia en ese tipo de cosas. Miré hacia el frente cuando Madge lo hizo. El almuerzo había empezado. Cuando Peeta llegó se sentó sorpresivamente a mi lado y puso sobre mis manos uno de los platos que traía consigo de paso besándome en la mejilla. Corrió su boca y me mordió el lóbulo de la oreja. Yo me quedé paralizada ante el contacto de sus dientes. Johanna se sentó al lado de Marvel y Gale de Madge, cada uno traía el plato del otro.

– Tu sí que no pierdes el tiempo ¿Eh amigo?– dijo Johanna imprudentemente dándose cuenta del mordisco de Peeta.

– Por supuesto que no – dijo él riéndose contra mi oreja y apartándose para comer.

– ¿Que más da? – preguntó Marvel – mejor él que Cabeza de Verruga Seneca –

Todos reímos, yo especialmente, porque mi imaginaron voló hacia Seneca con una gran verruga en la cabeza. Negué con la cabeza aun riendo y me dediqué a mi plato, todos hicieron lo mismo saboreando el alimento preparado por mi papi. Estábamos en esas cuando Marvel salió al ataque otra vez.

– La tarde de juegos estará interesante...– comentó mirándome de soslayo, me di bastante cuenta – Ya armé el equipo y Joha estuvo de acuerdo – tragué la carne y casi me atoró, algo no me sonaba bien – Estamos todos nosotros, nos llamamos "Los Primos" –

– Un nombre bastante justo – dijo Johanna mordiendo una salchicha, ella comía libremente sin temor a engordarse, siempre estaba envidiablemente escultural – Peeta es como de la familia... –

– ¿Y qué es lo que vamos a jugar? – pregunté intentando no sonar ni temerosa ni demasiado interesada.

– Voleibol – dijo Marvel rápidamente y bastante satisfecho de sí mismo.

– Bien – dije negando con la cabeza – creo que "Los Primos" acaba de quedarse sin un integrante –

– ¿Por qué? – dijo Marvel contrariado.

– Marv...– dije intentando hacerlo entendible para él – ¿De verdad, conociéndome como me conoces, crees que entre el abanico de mis habilidades se encuentra la capacidad de jugar Voleibol?– era demasiado obvio.

– ¡Ay! Vamos Katniss no nos puedes hacer esto, queremos poner en su sitio al menos por un momento a aquel par de desechos de película de terror – suspiré desesperada. Cuando Marvel hacía la cara que estaba haciendo era casi imposible negarse, pero sobrepuse mi voluntad, no quería arriesgar mi integridad personal y acabar con un ojo morado o sin aire en el estomago ante el tortazo de un balón de Volleyball.

– No Marv, no puedo – además la idea de hacer el ridículo frente a Peeta no era nada atractiva.

– Vamos a jugar todos – otra vez me ericé cuando escuché la voz de Peeta y más cuando dijo: – Yo jugare por los dos. Tus manos no van a rozar siquiera ese balón –

– Eso es estúpido – contradije – No seré más que un estorbo –

– Eso nunca – replicó él riéndose.– "Los Primos" estamos completos –

– ¡Iiiiuuuujjjuuuu! – gritó Madge animando.

Este iba a ser un juego peligroso. Seguimos comiendo, deleitándonos con el humor de Marvel, mi padre se unió a nosotros tiempo después cuando toda la comida fue repartida. Seguimos charlando de muchas cosas mientras el tiempo pasaba, esperaba que todos se olvidaran de la malnacida tarde de juegos.

Por mucho tiempo sentí la mirada de Peeta sobre mí, mi rabillo de ojo aun no estaba en tan mal estado así que me podía dar cuenta de eso.

Seguía sin saber por qué Peeta había cambiado. A veces rozaba mi mano y otras me daba suaves besos en la mejilla mientras estaba en la charla. Tampoco yo pude evitar mirarle, en todos sus movimientos había tal elegancia, yo solo podía sorprenderme.

Aparté la vista en el momento en que la decimonovena mirada se daba entre nosotros. La manera en que me miraba era enfermiza, cuando lo hacía reaccionaba de maneras extremas, la gran mayoría de ellas estaban relacionadas con imágenes de él encima mío, haciéndole cosas a mi cuerpo. Se había integrado tan bien con Joha y Marvel que el deseo de que fuera en realidad mi novio me picaba como nunca.

Reposamos por mucho tiempo pero no dejamos de hablar. En ese momento una de mis tías anunció que era hora de los juegos.

Mi fuero interno se apretó con anticipación negativa.

Nos pusimos de pie, ellos estaban el doble de animados que yo. Peeta me tomó de la mano en el momento en que me iba a poner de pie. Cuando traté de soltarme él me sostuvo fuertemente, con lentitud inclinó la cabeza y me besó la mano. Sentí su lengua entre los nudillos y mi piel se estremeció ante ese contacto. Sus ojos se fijaron en los míos a través de mis atormentados nudillos con una intensidad abrumadora, sentía que él quería entrar a mi cuerpo de esa manera, por medio de su taladrante mirada, al no poder soportarle por más tiempo sin lanzarme a hacer algo brusco mis parpados cubrieron mis ojos. Sentía la cara caliente y congestionada. Traté de tener de regreso mi mano pero él me la seguía sujetando

– No tiene sentido que te apartes, preciosa, de todos modos te atraparía –

"Preciosa"

¡Oh, Dios Mío! El centro de mi cuerpo se sintió cálido en ese momento, yo me sentía cálida y solo con esa palabra y su voz. Esa sensualidad me hizo marearme...

Él estaba de vuelta e ignoraba la razón pero mi ardiente corazón lo amaba, ahora no tenia duda de ello, era insensato y a los ojos de los demás parecería imposible. Pero lo hacía, a pesar de mi inseguridad me conocía bien y sabía que mi corazón anhelaba partes de Peeta aparte de su cuerpo. Partes que nunca había tenido de nadie. Sentimientos…

Entre los hombres pusieron la cancha. Nosotras los mirábamos de lejos cada una admirando lo suyo, lo de ellas ya que él no era mío. Las primas también hacían lo mismo.

Sonreía como un niño y eso me enterneció, cuando la cancha estuvo lista nos reuníos. Nuestras oponentes eran las amigas de Delly y ella misma. Seneca estaba a un lado sentado en la banca, hacer ejercicio después de comer definitivamente no era lo de él.

Yo me quedé en la parte central del grupo. Marvel estaba a mi izquierda y Peeta a mi derecha. Madge estaba adelante de mi y Gale y Joha a ambos lados. Los chicos parecían las barreras perfectas para hacer oposicionista y secretamente deseaba que ganáramos, las amigas de Delly, tal como ella parecían muy pagadas de todo.

La primera en sacar fue Delly. Vi que su mano golpeaba el balón con fuerza, hacia el centro, claro como lo suponía, directamente hacia mí. Preparé miserables muñecas para el asalto pero escuché que Peeta tras de mí decía en voz baja:

– Mía – me aparté un centímetro para que él contestara la bola, y lo hizo de manera perfecta, parecía que era perfecto hasta en esto.

Los primos tenían cierto conocimiento de Volleyball, por que jugaban como un partido de colegio, bola va y viene y nadie marca punto. Las amigas de Delly intentaron marcar dando desde todos los ángulos, pero no eran tan buenas y los primos estaban sincronizados. Yo no hacía nada, las amigas de Delly no arremetieron contra mí.

Parecía que era un reto personal ganar a Johanna. Pero a Joha nadie le ganaba, era demasiado deportiva y hacia buen equipo con ellos. La que sobraba era yo.

Cuando ganamos, milagrosamente un punto marcado por mí, gritamos con júbilo, esa había sido la idea desde el principio y todos nos abrazamos.

Peeta me levantó del suelo por detrás y dio varias vueltas conmigo como si pesara menos que una pluma. Reí, la libertad en sus brazos era una sensación inigualable, cuando me soltó se quedó detrás de mí y aspiró mi cuello lentamente.

– Me encanta como hueles –

Considerando el calor que hacía y que me sentía como un cerdo asado aquel cumplido me llegaba a las entrañas. Me di la vuelta y vi su mirada intensa otra vez, aun no se había ido.

– Quiero besarte – me dijo con voz ardiente, corroborando la intensidad de sus ojos.

Yo solo me quedé en silencio que él interpreto correctamente como una señal de rendición. Enterró mi boca con la suya y la movió rapidísimo apretándome de la cintura y levantándome al menos seis centímetros del suelo. Como siempre enredé mis manos en su pelo y atraje su cabeza más hacia mí. Su sabor era inigualable y el calor de su piel me embotó los sentidos, estaba siendo evidente pero al estar en sus bazos no me importaba nada. Ni el mundo. Nada. Sus manos presionaron mi cintura con demasiada fuerza, tanto que me vi obligada a separarme de su boca para gemir con dolor. Él me bajó otra vez y me miró a los ojos.

– Lo siento... no sé qué es lo que me pasa contigo – Aquello era algo nuevo. Yo me sentía igual así que era consuelo saber que no solo era de mi lado.

Me tocó la cara con la mano y me besó tiernamente ahora. Yo me toqué las costillas cuando se dio la vuelta, dolían y estaba segura de que me iban a salir marchas. Pero no me había importado, porque con cada centímetro que estaba lejos de Peeta mi piel lo anhelaba mucho más. El resto de la tarde pasó con otros participando de las actividades, todo el tiempo vi sentado a Seneca huyendo del deber con su cuerpo. Menudo capullo.

Casi al final de la tarde Madge nos reunió aparte y sugirió que nos fuéramos a un bar a una celebración de verdad. Estaba tan animada que era en parte contagiosa

– Vamos, vamos ¿Sí? les aseguro que se van a divertir –

Yo quería irme a la casa, después del juego habíamos tomado cerveza en vez de agua para aplacar la sed y estaba un poco mareada. Todo producto de Marvel. Pero Madge invitaba todos incluso a Peeta a quien no parecía molestarle la idea. Empacamos todo de vuelta, las tías se ofrecieron a llevar las cosas y el carro quedó a nuestra disposición.

Subimos a él, Marvel era quien manejaba. Madge lo guió por sitios que yo no recordaba, después de un tiempo de búsqueda dimos con el bar de Madge. Era play, se veía a leguas. Parqueamos y entramos.

El interior estaba adornado de luces y espejos haciendo todo parecido a un gran salpicón con nosotros adentro. Madge consiguió una buena mesa y llegamos allí. Nos ubicamos y ellos pidieron más bebida, honestamente hubiera preferido una soda pero ellos no me dejaron. Peeta tuvo mi mano todo el tiempo.

Marvel pido una botella de tequila. Pidieron muchas botellas de muchas cosas. Hasta más adelante no me di cuenta de que Peeta era el encargado de las llaves, no había tocado ni una copa. Él era el que no iba a tomar. Pensé que eso estaba contra su voluntad pero Marvel empezó a embutirme de alcohol y después no pude parar. Estaba consciente, pero tenía un aletargamiento y sensación de poder y felicidad que me llenaba. Las luces hacían lo suyo. El alcohol también. Cuando me di cuenta estaba tan cerca de Peeta que me incliné hacia él y lo besé en la nariz. ¡Que nariz tan perfecta tenía! La mejor que había visto. Con una visión un poco tonta y nada propia de mí me volví hacia la mesa.

– Creo que Cabeza de Verruga y Cerdo con Halitosis querían unírsenos – dijo Marvel contra el estruendo de la música.

– Ja – dijo Johanna sorbiendo delicadamente un limón – Ya hubiera querido tener a esa perra acá –

– Esta es una reunión de familia. Ellos no eran bienvenidos, seguramente todo el mundo huiría ante la pinta del verrugoso –

Reímos con ganas. Una canción comenzó a sonar y Marvel tomándose otro tequila se llevó a Joha a la pista. Ella danzaba tras él mientras llegaba allí, cuando se unieron en la pista bailaban demasiado bien. Madge y Gale se unieron a los dos minutos y también se veían muy bien, les aplaudimos mientras los demás les hacían círculo. Reí con ganas y me acerqué a la botella para servirme una copa, sentí que Peeta puso la mano sobre la mía.

– Creo que no deberías beber más Katniss – sus ojos y su intensidad…

– ¡Ah vamos! No seas aguafiestas, Peeta – sentía que la lengua se me había empezado a enredar, cuando lo miré vi su expresión seria. Aparté la mano de la copa y me incliné sobre él – ¿Que me das si no la tomo? –

Mi mano encontró su pierna debajo de la mesa. Me sentía un poco libre bajo la influencia de unas copas, pero estaba consciente del resto y de como mi mano ascendía por su pierna. Parecía que esto me liberaba un poco las inhibiciones. No me sentía tímida, sino curiosa.

Antes de prepararme me haló y me plantó un beso en toda la boca, haciéndome resbalar y caer contra su pecho. Escuché un sordo gemido de necesidad, de la que yo también estaba ardiendo. Abrí mi boca e intenté atrapar su lengua en el intento. Estos besos no eran nada castos y eran deliciosos. La música penetraba mis oídos y me hacía ver estrellas, tanto como su beso, no estaba ebria, una persona embriagada no estaría sintiendo la intensidad de las emociones que yo sentía ahora. Peeta iba a ser mío, aun si mis ahorros de toda la vida se me iban en ello. Continuamos besándonos arrancando algo inexplicable uno del otro. Moví mis manos por su pecho y saqué la camisa de los pantalones para poder acariciarle la piel. Ambos gemimos ante el contacto, él ante mis manos frías y yo ante su abdomen caliente. No sabía que mas hacer para profundizar todo eso. Me apoyé en su pecho mientras nuestras bocas seguían unidas, lo que más quería era montarlo, dejar que nuestros cuerpos estuvieran más cerca. Cuando una de mis piernas intentó rodearlo abandonó mi boca y se puso de pie. Sus ojos de fuego se habían encendido más

– Vámonos – dijo con la voz iracunda – Vámonos a bailar –

Lo seguí como una liebre a la zanahoria, me tomó de la mano y cuando llegamos me apretó contra él fuertemente, otra vez mis músculos lastimados reaccionaron ante su apretado abrazo pero no me importó. Su mano apretaba de un modo especial a mi cintura. Tal como la vez anterior nuestros cuerpos se unían en este vaivén de música. Una danza de pasión. Un tango que empezó a sonar en ese momento.

Con mis manos en su cuello empezó a llevar el ritmo. Yo lo seguía como hipnotizada, nuestros ojos en conexión, casi parecíamos leer el pensamos del otro. Tenía alcohol en mi cabeza pero no estaba borracha con él. Él era quien me intoxicaba. Nuestras piernas se enredaron entre sí a fin de dar más veracidad a nuestro baile. Sin poder soportarlo más le baje la cabeza y le obligué a que me besara.

Al parecer la intensidad de sus besos aun no había disminuido, me tomó con la misma ansia de antes. Rocé sus dientes perfectos con mi lengua y luego empezó otra vez, el beso era demasiado profundo, la intensidad y movimiento de su lengua imitaba otra posesión mas básica. Yo gemía y gemía mientras él seguía llevando el control de todo. Su nombre se me escapó en muchas ocasiones en el momento en que nuestras bocas se separaban para intercambiar nuestras respiraciones.

– Amo tu boca – dijo contra ella antes de volver a besarme sin contemplaciones. Sentí sus manos en mi espalda en mi trasero. En mis caderas, en mi espalda, una vez, otra y otra más. Yo tocaba lo que me atrevía, sus hombros sus brazos. Sus manos, su cara, su pelo. La canción terminó en medio de los aplausos. Habíamos pasado desapercibidos pero yo no podía más.

– Tienes que llevarme a casa... ¡Ahora!– exigí, demasiado consciente de que era lo que le iba a pedir – Tienes que llevarme...– repetí contra su frente. Él asintió como su estuviera aceptando algo mas allá de compresión.

– Debemos esperarlos...– dijo serenarme.

Yo gruñí porque tenía razón, volvimos a la mesa y nos sentamos, yo igual de zorra como me sentía.

– Entonces...– me incliné hasta casi sentarme sobre él y comencé a besarlo, necesitaba mi nueva dosis de Jugo de Peeta.

Ellos se nos unieron después cuando manifestaron que querían irse. Experimenté una sensación de alivio pero también una de vértigo, yo necesitaba estar con Peeta esta noche. Mi cuerpo lo necesitaba y no estaba lista para que me rechazara otra vez. Llegamos a la casa, todas las luces estaban apagadas. Mi madre y mi padre debían estar en la casa de las tías y se debieron quedar allá.

Todos entramos, y al parecer todos tenían las mismas intenciones que nosotros. Peeta subió las escaleras y Madge y Gale también. Subimos con Marvel y Johanna riéndonos a más no poder y los acomodé en el otro cuarto de huéspedes, les tendí la cama que sabia que encontraría más que desordenada al día siguiente.

Bajé las escalares para tomarme un café bien cargado. Lo preparé y me supo amargo en la boca, pero necesitaba estar lúcida y el café me despertó inmediatamente. Respiré hondo pensando en esto. Toda mi vida, mis principios básicos me decían lo que debía hacer. Mi cuerpo era mi cuerpo y lo podía usar como quisiera. Mi afirmación era que me entregaría sin amor para que no me doliera a futuro cuando estuviera enamorada era un chiste, pero mentía, si me dolería. Me dolería perder a Peeta pero yo no lo podía atar, le entregaría mi cuerpo y mi alma, y aunque sabía que él no lo tomaría en la manera en que yo quería no me iba a arrepentir, porque lo amaba, nada más simple que eso.

No volvería a verlo después de la boda, él no me querría su lado y aunque me doliera ahora no me importaba, lo necesitaba fieramente. Terminé de beber el café ahora lúcida y subí por última vez las escaleras como una mujer virgen.

Miré hacia mi infancia. De alguna parte me llegó la convicción de que mi vida se reducía a esto, a este momento. Cuando terminé de subir las escaleras fui al baño de huéspedes.

"Dame valor, dame valor para soportarlo cuando me deje, dame valor para soportarlo si me rechaza. Dame valor" pedí en mis adentros.

Me solté el cabello y caminé hacia la habitación. Él estaba de pie ante la cama y la miraba como si estuviera concentrado, tenía las manos en los bolsillos.

– Peeta...– lo llamé con un murmuro, sorprendentemente se dio la vuelta, y vi sonreía beatíficamente.

No necesité más palabras, me acerqué en dos pasos a él y lo abracé con fuerza. Su calor me brindó confianza, toda la que me estaba haciendo falta. Me separé unos centímetros y acunó mi cara en sus manos. Me besó con ansia otra vez. Mi pasión reprimida salió a flote, mis manos se dirigieron directamente a su camisa.

Esta vez preferí permanecer en silencio, pero no había palabras de todas maneras. Terminé de desabrochar la camisa con dedos temblorosos, él se la abrió rápidamente saltando los dos últimos botones y la lanzó a un lado. Su perfección saltó a mis ojos ávidos de su contacto. Nos separamos un momento para respirar. Frente contra frente, sentí sus manos en los botones de mi blusa. Jadeé entrecortadamente cuando sus dedos acariciaron la piel de mi cuello, su contacto me encendía. Sentía la piel en llamas. Cerré mis ojos cuando lentamente escuchaba como cada botón iba cediendo a sus dedos. Cuando llegó al final me la saco por los hombros acariciándolos en el descenso de la camisa.

Cuando la retiró tomó mis manos entre las suyas y se las llevó a boca mirándome a los ojos, besó uno por uno los dedos. Yo estaba temblando y esperaba vencida a que él hiciera lo que quisiera conmigo. Lentamente llevó mis manos a su pecho y las movió hacia su cuello.

– Pon tus brazos alrededor de mi cuello, Katniss – dijo en voz espesa.

Así lo hice hipnotizada por su voz y su roce. Apretó las manos en mi cintura y me elevó a su altura. Me empezó a besar en el cuello, sentí que deslizaba su nariz una y otra vez sobre mi piel sin besarla. Apreté mis manos en su cabeza para que me besara de una buena vez. Mi valor se podía ir en cualquier momento. Sentí sus labios tibios personar contra mi piel. Sentí su lengua y como succionaba y seguía besando.

Dios.

Estaba explotando. Miles de fuegos artificiales salían de mí, quería ser suya.

Caminó conmigo en brazos hasta la cama y lentamente caímos en ella. Las sabanas frías hicieron un trémulo contacto con mi piel ardiente. Sentí su mirada sobre mí. Deslicé mis manos por la espalda desnuda admirando una vez más su forma. Él tomó mi cintura con sus manos y lentamente fue ascendiendo. Bajo su cabeza y me besó mientras sus manos apretaban mi carne suavemente. Sentí que el sostén se desabrochaba por delante dejándome totalmente expuesta a su mirada, la que me recorrió en ese momento. Sonreía, pero no había burla en la expresión de su rostro, sonreía por que le daba placer verme.

– Bésame– le pedí suplicante, no supe qué tipo de beso creyó que le pedí pero cuando sentí su boca en mi pecho gemí fuertemente. Cerré mis manos en torno a la sabana y apreté con fuerza al sentir su boca sobre mí. Era un placer indescriptible y a este nivel podía sentirlo con cada neurona de mi cuerpo. Lo estaba mirando esta vez. Veía su cabello desordenado tan cerca de mi piel haciéndome cosquillas en el cuerpo. Sus manos se movieron más abajo mientras no dejaba de besarme "ahí". Encontró el cierre de los jeans y sin abandonar su labor empezó a deslizaros hacia abajo.

No tenia mas la protección de la ropa, un frió interior me arrasó mientras sentía que él lentamente se ponía de pie para terminar de sacarme los pantalones y la ropa interior. Sentía pena de mi cuerpo otra vez, él lo estaba escrutando de una manera que me hacia dar vergüenza, no quería que hubiese defectos. Me sentía tan imperfecta como una tonta. Intenté cubrir mi desnudez a fin de que esto no fuera un motivo para rechazarme. Él se acercó otra vez, tomó lentamente sus manos con las mías y volvió a besarme cada dedo. Luego comenzó a chupar suavemente cada uno. Su mirada estaba otra vez en la mía.

– Que te cubras no impedirá que te vea...– besó un dedo, sentía mi pulso ahí en sus labios – No impedirá que te deseé – besó otro dedo y lo lamió suavemente – No impedirá que te tome como quiero hacerlo – Cuando llegó al meñique lo introdujo en su boca y lo chupo con suavidad. Gemí otra vez.

Lo tuve sobre mí en ese momento deseando su boca otra vez. Sentí sus manos en mi espalda y en mis caderas. Sus besos exigentes me mareaban. Pero era el punto de no retorno. Lo sabía cuando su mano subió por mi muslo buscando su íntimo objetivo. No tenía miedo, estaba estupefacta. El corazón me palpitaba a velocidades inimaginables. Su mano me tocó donde nadie lo había hecho antes. Él estaba marcando mi cuerpo. Y lo hacía muy bien. Se movía con lentitud acariciando cada parte de mi intimidad como si fuera una joya preciosa. Giraba mi cabeza de un lado a otro cuando esas sensaciones desconocidas me atacaban, tanto como su mano.

Cuando sentí sus dedos en mí casi grité ante la sensación. Me sentía libre pero a la vez respiraba con dificultad, aun estaba vestido de la cintura para abajo y yo quería que estuviera sin ropa, someterlo al escudriño del que yo había sido parte. No sabía que tintes tenía mi mirada pero la suya era mil veces mejor. Su mano me tocaba y me tocaba estimulándome, era un placer demasiado indescriptible. Estaba ascendiendo a algo que era inexplicable. Aparte su mano de mi lentamente y comencé a desabrocharle el cinturón.

– Te necesito...– le dije entrecortadamente, cada parte de mi lo anhelaba de una manera salvaje. Una nueva yo estaba naciendo. Una que solo aparecía cuando él estaba cerca. Se inclinó hacia mi oído y me dijo:

– ¿Esto es lo que de verdad deseas? – su pregunta sonó a retorica, como si quisiera que me negara. Pero no lo iba a hacer, quería que la decisión fuera suya.

– Tú lo sabes – toqué su vientre siguiendo el camino, lo palpé íntimamente, como nunca había tocado a nadie de esa manera – te dije que te necesito –

– Quiero más – dijo él sacándose la ropa y quedando tan desnudo como yo, se apartó de mi solo un segundo, él era magnifico. Era un hombre demasiado hombre para mí.

Trepó a la cama nuevamente y me tuvo en sus brazos, sentí que volvía a mi oído y lo mordía con suavidad para luego pasar la lengua donde sus dientes habían dejado marcas.

– Dime que me amas – dijo con voz apasionada sobre mi oreja. Su manó bajo por mi lentamente tocando cada parte que se atravesaba en su camino – Dímelo...en voz alta "(say it...outloud...say it:))))".

Yo me estremecí ante su contacto. Su mano seguía descendiendo y sabia cual era su destino otra vez, la sentí en la cara interna de mi muslo y seguía subiendo y subiendo. No le dije que lo que quería oír. Descendió lentamente besándome en el pecho otra vez y bajando y bajando. Sentí que mi vientre se estremecía cuando sentí su boca ahí, pero casi grito otra vez cuando me rozó la intimidad con su boca. Tenía vergüenza, sentía como su miles de perros de candela me acosaran por lo que él me hacía. Nunca me había imaginado que algo así podría llegar a pasar. Exploté y miles de estrellas se cruzaron en mis ojos cerrados, dejé de respirar por un momento, para después volverlo a hacer agitadamente y sentí su aliento subiendo por mi cuerpo ahora con destino a mi boca. Él se removió encima de mí después. Se había cansado de estimularme, pero yo no iba a llegar muy lejos sin su toque.

Algo en mi estaba a punto de explotar, seguía con esas misma sensación por qué no comprendía otra que pudiera describirlo. Me besaba. Me tocaba y lo sentía mío. Cuando menos lo pensé empezó a deslizarse lentamente dentro de mí, mi cuerpo virgen se resistió a eso. Cerré los ojos mientras me abrazaba a él y seguía avanzando, lenta y dolorosamente. Clavé las uñas en sus hombros pero él no se quejo. Seguía en lo suyo y yo me moría de dolor y de otra sensación poderosa que sobre ese dolor empezaba a primar.

– Peeta…– murmuré con la voz rota. Él me miró y vio las lágrimas en mis ojos.

– Ssshhh… – me calmó como se calmaba a un niño, estaba completamente en mi interior y completamente quieto, estaba tratando de no causarme dolor – Vas a estar bien... lo prometo... –

– Te...amo – dije finalmente. Él gruño con satisfacción, aunque no sabía qué tipo de satisfacción le podía traer que le dijera que lo amaba, las consecuencias de todo esto me iban a atacar por la mañana. Se movió un poco y su roce fue exquisito. Volvía la cuenta regresiva a mi cuerpo mientras el dolor pasaba a un segundo plano. Se movió otra vez y yo sentí que cada fibra de mi ser brotaba como una planta. Lo abracé con fuerza con las piernas esperando que no me dejara. Seguía moviéndose y yo sentía que miles de cuerdas tiraban de mí en distintas direcciones. Lo abracé con más fuerza y volví a enterrar las manos y las uñas en su espalda. Mi cuerpo fue presa de una insoportable tensión, quería gritar, llorar. Quería decirle que lo amaba mil veces. Quera que él me amara.

Aun en sus movimientos seguía sintiendo sus manos sobre mi cuerpo, aunque lo tenía abrazado él no estaba quieto, mientras me besaba lentamente sus dedos acariciaron mi cuerpo como si de un modelador de arcilla se tratara, y yo me sentía como arcilla en sus manos, quise gritar cuando la tensión volvió más fuertemente, esta vez no lo soportaría. Esta vez sentía que algo más fuerte que lo que había sentido antes iba a pasar "¡Oh Dios Mío! algo va a pasarme"

Y lo hizo, sentí que mi cuerpo convulsionaba ante el placer mezclado con el dolor. Apreté todos mis músculos contra Peeta mientras él me susurraba al oído.

– Dime que me amas – otra vez – ¡Dímelo!– exigió mientras yo seguía ascendiendo hacia las nubes.

– ¡Te amo! – le dije con seguridad pese a mi estado.

Entonces volví a volar. Como una caja de fuegos, como el agua para el sediento. Algo nacía en mí para llenarme de la dicha y el placer que jamás había conocido. Esto era maravilloso. Era el cielo y yo estaba en él, por minutos pero lo estaba. Susurré su nombre muchas veces, le dije que lo amaba muchas más. Abrazada a él nada me importaba, ahora nada era importante salvo esto, su calor y mi calor...nuestras vidas.

– Eres maravillosa – me dijo mientras aun seguía en mi. Lo dijo a mi oído, me miró y me besó, me tocó con la lengua mientras yo descendía lentamente del éxtasis.

Cuando lo hice sentí mis ojos pesados. Tenía sueño...pero no quería dormir quería seguir aferrada a esto por más tiempo. Él me acunó en sus brazos y me besó en el cuello.

– Duerme, Katniss...– dijo sencillamente.

Era como una orden que tenía que cumplir, el cuerpo me pesaba pero no me quería separar de él. Lo enrollé con brazos y piernas y lo apreté contra mí para que no se me escapara como un sueño.

– No voy a huir – dijo contra mi cuello, como leyéndome el pensamiento, mis piernas lo apretaron mas, sentí dolor físico. Sabía que dolería por más tiempo pero no me importó.

– Mejor me aseguro – dije contra su pecho en donde apoyé mi rostro.

Él rió tiernamente y me acarició la cabeza hasta que me quedé dormida. Mañana seria otro día.

Holaaa chicas leyeron el aviso de arriba?, bueno si no léanlo porfavor es importante, gracias a todas las que mandaron los comentarios no saben lo feliz que me hacen, dejen sus comentarios háganme saber que tal les parece como va la el próximo capitulo :*

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