DISCLAIMER:
Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..
Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).
Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste
Katniss
Esa fue una de mas mejores noches de mi vida, mis sueños fueron perfectos, nada que ver con las acostumbradas pesadillas de ser la menos atractiva de todos, de encontrarme en medio de la nada sin nada que me anclara a la vida y solo con deseos de irme al infierno.
Dormí plácidamente en el pecho de Peeta sintiendo su calidez y sus dedos contra mi pelo, seguramente le hablé en sueños pero era algo en mí que no podía evitar. Veía lo rojo que mis parpados aportaban a mis ojos cuando sentí el calor de un rayo de sol en mi brazo.
En la noche no habíamos cerrado las cortinas así que supuse que era eso, abrí los ojos lentamente, estaba recostada boca abajo, miré a la colcha y luego hacia mi mano, cubierta por otra mano más grande, mi brazo por otro. Luego caí en cuenta de que Peeta estaba a mi lado con la mitad de su cuerpo apoyado sobre el mio.
Pensé en muchas cosas en ese momento pero continué respirando de forma normal para evitar tener que enfrentarme a él tan pronto. La verdad no sabía que iba a decirle, o que iba a hacer, la noche anterior mi razón había abandonado mis cavilaciones pero ahora volvía para hacerme frente con una intensidad mayor ¿Que le diría? ¿Que haría? ¿Que le preguntaría?; "¿Lo disfrutaste?" "¿Lo volveremos a hacer?" O mejor aun y lo que mas ganas tenia de saber "¿Que fue lo que sucedió para que todo cambiara tan de repente?". Todo eso eligió ese momento para penetrar mis dudas, pero no estaba preparada para enfrentarlo, necesitaba aclarar mi cabeza, decirle que lo quería pero que no le iba a obligar a nada. Corrí mi mano y mi cuerpo lentamente, con tanto cuidado que casi me dolió. Cuando estuve fuera de su cálido abrazo me senté y miré la hora, eran las seis de la mañana, en unas cinco horas tendríamos que asistir a la boda de Delly y Seneca y yo estaba pensando en lo que le diría a Peeta.
"Soy una idiota". Me puse de pie y lo miré, la sabana cubría hasta la cintura pero los músculos de su espalda estaban contraídos por la posición en que se encontraba. Observé sus contornos y di un paso atrás sintiendo dolor en partes en donde nunca había sentido nada antes. Contemplé a Peeta por muchos mas tiempo viendo lo pausado y tranquilo de su respiración y solo pensando en lo que él pensaría de mí.
Me di media vuelta cuando no lo pude soportar más y entré al baño envuelta en la sabana que había quitado también con cuidado para no despertarlo. Me miré al espejo otra vez contemplando a la otra yo. Algo había cambiado pero no lograba deducir que era.
Me toqué los ojos brillantes y las mejillas sonrosadas, los labios aun inflamados por la suma pasión de los besos compartidos la noche anterior, sus besos...
Retiré la sabana de mi cuerpo y me metí a la ducha. El agua cayó sobre mí como un relajante, sedante. Pero yo no estaba nada sedada ni tranquila, como si en vez de haber abierto la llave del agua sentía que mi mente abría la llave de mis pensamientos y estos se derramaban inexorablemente sobre mí como aquella agua transparente. Mi cabeza estaba llena de preguntas acerca de todo, no estaba arrepentida pero tampoco sabia que esperar, yo no conocía a Peeta en absoluto, solo conocía esa faceta de él, la de la actuación y la representaba tan bien que me daban ganas de descubrir el reto. Pero su reserva...
Él no quería nada de esto, me dolía, sabia que me iba doler mucho cuando él se fuera y había hecho lo que había hecho consiente de ese hecho aunque no lo quisiera aceptar, Peeta Mellark, mi repentino amor, se iría dentro de muy poco.
Explicables lágrimas brotaron de mis ojos en ese momento y se confundieron con el fluido del agua, tendría estos recuerdos para siempre... Soñaría con que algún día nos casaríamos y tendríamos hijos
...Hijos...
Protección...
"Un momento" pensé entrando en repentino pánico. La pasión compartida el día anterior me había hecho olvidar de una cosa, algo de lo que no me había percatado por mi incapacidad de estar concentrada cuando algo mucho mas fuerte capturaba mi atención ¿Él se había protegido?
Evidentemente yo no lo había hecho por que mi vida sexual no era vida en absoluto. Jamás había usado anticoncep...
"Que estúpida soy"
Siendo él como era, un gigoló aunque me doliera admitirlo, era mas que factible que se hubiera protegido, no iba a correr el riesgo de dejarme embarazada ¿O si?
¿O no?
Otra incógnita más. Me sorprendí a mi misma al pensar que aun si él se fuera no me importaría tener a su hijo, seria igual de perfecto.
"Deja ya de desvariar"
El agua seguía cayendo y yo seguía divagando, mi imaginación escogió esos momentos para volar como un ave libre.
Y en esas estaba, a punto de echarme a llorar como una niña cuando sentí que dos manos se posaban en mi cintura. Solo podía tratarse de él.
La sangre se me agolpó en las mejillas ante el conocimiento de que era Peeta quien estaba tras de mi mirándome bajo la poca benefactora y si muy alta luz de la mañana. Sus brazos se cerraron sobre mí y me empujaron hacia él. Solté un grito ahogado al sentir su cuerpo "tan" cerca
– Espero que no te moleste que te acompañe –
Esas no eran realmente las palabras que imaginé que oiría. Sus brazos seguían apretándome y su nariz comenzó a vagar lentamente por la superficie de mi cuello. Yo estaba demasiado avergonzada pero me quedé de piedra cuando sentí sus labios en mi hombro. Estaba en la ducha conmigo, el hombre más sensual de la tierra, el que me había hecho el amor en la noche, estaba en la ducha conmigo.
– Peeta... ¿Qué…? –
Sentí sus dientes en mi cuello y empecé a temblar con cruda anticipación, mi pulso comenzó a acelerase, sentía que el corazón me palpitaba en la garganta y me hacia un nudo imposible de tragar. Pensé en mi inexperiencia y en las miles de razones que se me ocurrían en ese momento para que Peeta estuviera allí. Posé mis manos sobre sus brazos y lo acaricié sintiendo cada músculo, cada vello y sintiendo con mi cuerpo cada parte del suyo, tan desnudo como el mio.
Él siguió besándome el cuello mientras el agua seguía cayendo sobre nosotros como testigo de ese encuentro.
– Te deseo... mucho...– susurró Peeta sobre mi oído – Tanto…–
Yo también lo deseaba y lo necesitaba, me di la vuelta entre sus brazos y lo miré a la cara. El agua caía entre nosotros haciendo que su rostro se viera borroso, seguía cayendo como el único separador de las distancias. Gotas cristalinas se deslizaban por su cara dándole toque de ángel, nadie podía ser tan perfecto. Enredé mis manos en su cuello y me olvidé de todo lo demás. Deslicé mi lengua sobre su mejilla bebiendo su sabor y el agua en su piel. Mis manos tocaron sus hombros húmedos y poderosos. Lo besaba por el cuello, mis ojos se acostumbraron a su perfección que ahora, sin ropa y a plena luz del día, podía ver claramente. Mis manos se perdieron en su pecho mientras mis propios labios besaban sus hombros luego de tocarlos. Repentinamente él me empujó y caminó conmigo hasta tenerme atrapada contra la pared. Casi se puso encima.
Respiraba pesadamente sobre mi cara, me tocó los brazos hasta que me aprisionó las manos con las suyas, las puso a ambos lados de mi cabeza. Me estaba impidiendo que le tocara.
– Detente – su voz sonaba a suplica, las manos en mis manos apretaban con fuerza y pude sentir un temblor ¿Que le pasaba?
– Peeta...yo...–
– Ssshhh.– dijo contra mi boca, me mordió el labio fuertemente y yo gemí, algo no estaba bien pero no sabia que era, era como si él, el perfecto amo del control, de repente no lo fuera más.
– Peeta...–
– Cállate...– me dijo contra mi boca, su nariz comenzó a oler mi cara lentamente, como aprendiéndome, como conociéndonos, sus manos me tocaron las muñecas y las aprisionaron con mas fuerza. Me empujó más hacia la pared haciendo que me sofocara por su cercanía. Él seguía su lento escrutinio de mi olor mientras yo estaba estática preguntándome el porqué de su misteriosa actitud. Su boca me besó otra vez, había violencia en el beso pero me importó poco. Intenté tocarlo, pero volvió a impedírmelo. Yo hice más fuerza y él murmuró casi con violencia.
–¡No!–
Pero no había más control en mí, él soltó un violento suspiro y me cogió la cara entre sus manos, enterró sus labios en los míos aun más violentamente pero sin llegar a hacerme realmente daño.
Yo no entendía nada, mi corazón saltó de su pecho cuando sus manos comenzaron a tocarme lenta y duramente. Esa violencia apasionada me gustaba, pero no la entendía, no entendía el aparente mal humor de Peeta mas su pasión había comenzado a quemarme la carne a pesar de mi poca reticencia. Esta vez comencé despacio a tocarle los brazos y los hombros mientras su boca danzaba en la mía y su cuerpo se acercaba mas y mas al mio con ese compás que solo él era capaz de hacer. Abandonó mis labios y me mordió el cuello. Succionó con fuerza después, yo lo abracé intentando que mi par de extremidades transmitieran un poco de todo lo que estaba sintiendo.
Sus piernas rozaron las mías mientras yo gemía ante sus besos, otra vez sus manos apretaron con fuerza las mías y después me soltaron con lentitud para tocarme la cintura y las caderas, en lento descenso acariciando todo a su paso, él murmuro mi nombre mientras me besaba y mordía
– Katniss... quiero tenerte...– con cada pausa a esa frase besaba uno de mis hombros – aquí... ahora... –
"Me desea...en verdad me desea" yo no daba crédito ante lo que pasaba, pero algo en él se resistía y tan precisa fue mi suposición que él me tomo la cara y me obligó a mirarle a los ojos. Seguramente mi mirada estaba teñida del más crudo deseo pero él me dijo empujando otra vez su cuerpo contra el mió, yo sentí el excitante contraste entre su cálida piel y la fría pared de baldosín:
– Mírame, Katniss…–
Y yo lo miré estableciendo ese básico y a la vez conocido contacto visual entre nosotros, estaba perdida en la intensidad de sus ojos esmeraldinos.
– Sé que te dolió – susurró con la voz enronquecida por el deseo – Sé que te duele...– entendí a que se refería y sentí que mi cara ardía de vergüenza. Cerré mis ojos incapaz de poder mirarlo mas tiempo a los ojos, pero los abrí abruptamente cuando continuó – Pero te necesito, necesito estar contigo, dentro de ti, alrededor de ti... a tu lado...– sus besos, el agua, todo se confabuló para hacerme olvidar la sarta de inquietudes que tenia antes de que todo esto empezara.
– Ámame– le dije sencillamente y él asintió besándome ahora con dulzura, con increíble lentitud. Yo no sabia que hacer, no era una experta y eso estaba claro, y me preguntaba como era que me iba a tomar en esa ducha.
Me volvió a tocar por todas partes una vez mas, a pesar de la unión de nuestros cuerpos sentí sus manos en cada parte de mí, con la misma intensidad de la noche anterior y yo lo toque a él, porque mis dedos aprendieron la forma de su cuerpo por primera vez.
El juego previo terminó, ambos de común acuerdo lo terminamos. Sabía lo que venia ahora, pero tenia algo del miedo de la noche anterior. Él me tomó suavemente de las piernas y me levantó. Por instinto rodeé su cintura con mis piernas y en ese momento la unión fue completa.
Si, me dolió, pero no me importo eso por que era él y tampoco importó nada más sino ese conocimiento. Sentí sus brazos rodeándome con fuerza, escuché su gruñido de satisfacción en mi oído, lo abracé fuertemente. Su boca devoró mis labios y mi cuello como antes, apoyé mis manos en sus hombros para no caerme.
Cada movimiento fue preciso, pero fue suave, delicado, tan dulce que me dieron ganas de llorar de la emoción. El dolor se hizo casi llevadero mientras escuchaba como susurraba mi nombre y yo el de él dándonos mutuo consuelo. Lo que sentí anoche se triplicaba por que ahora podía verle claramente, y estaba lucida del todo. Ahora podía ver cada mirada y cada sonido que salía de su garganta, quería hacerlo feliz y si esto lo hacia feliz a él a mi también.
Todo terminó en la liberación mas placentera que jamás nunca había sentido, él me abrazó fuertemente cuando regresé del cielo al que él me había llevado. Yo lo abracé con la misma intensidad y el mismo amor que sentía ahora, más fuerte al saberme poseedora de él. Este aspecto de descontrol en Peeta, completamente segura de que esto al menos, debía significar algo.
La intensidad del agua disminuyó y ahí me percaté del tiempo que había pasado. Sonreí y bajé la cabeza cuando él me levantó en sus brazos y me sacó de la bañera. Con habilidad me envolvió en una toalla.
Me besaba, no me dejaba hablar, pero sus labios eran mucho mejor que las palabras, si que lo eran. Yo me prendía de su pecho y de él como una garrapata.
Con lentitud me puso en la cama y comenzó a recorrer mi cuerpo mientras yo reía.
– Creo que no tenemos más tiempo para esto – dije deseando que me contradijera, en ese momento. Otra vez las preguntas que se habían ido regresaron y quería respuestas, las quería mucho.
Él no me respondió nada, estaba profundamente concentrado en quitarme la toalla del cuerpo lentamente observando atentamente cada pedazo de mí que quedaba al descubierto.
– Mi Katniss – dijo sencillamente. Y yo sentí que tenia razón, era mas suya de lo que nunca fui de nadie. Él termino de secarme y me dio un suave beso en la frente. Sonriendo de lado se dio la vuelta y comenzó a secarse Él. Presentí que ese era el momento.
– Oye Peeta... –
Súbitamente se dio la vuelta y me tomó una de las manos con delicadeza. Me acarició los nudillos. Yo, desde mi poción recostada en la cama, miraba cada movimiento de sus dedos sobre los míos.
– Antes de que digas nada tengo algo para ti –
– ¿Me puedo vestir antes?– le dije súbitamente avergonzada. Él se río por lo bajo y me dio un suave beso.
– Primero te voy a dar algo –
En sus manos tenia la sortija dorada que había visto el primer día que le conocí y que tanta curiosidad me dio. Sin previo aviso me la puso en el dedo corazón de mi mano derecha en donde calzó asombrosamente perfecto.
Yo no entendía nada ¿Porque me daba ese anillo?
– ¿Porque me das esto? – transmití mis pensamientos con el ceño fruncido.
– Hay algo que necesito decirte, quiero que no me interrumpas... quiero que quede claro y quiero explicarte todo... –
Yo asentí, extrañada, había algo raro en esto, eran las explicaciones lo que necesitaba pero había una nota seria.
– Lo que quiero decirte es... –
En ese momento alguien tocó la puerta con fuerte estruendo. Yo salté y me puse de pie enseguida cuando escuché la voz de mi madre que estaba intentando entrar y giraba la perilla encontrándose con el seguro de la puerta que prudentemente había puesto la noche anterior.
– ¡Katniss!– me llamo fuertemente – Espero que estés despierta, no me importa si anoche te trasnochaste, tienes que levantarte a ayudarme a llevar los adornos a la iglesia. ¡Ahora mismo! –
Yo terminé de levantarme y en seguida comencé a vestirme rápidamente, el tono imperioso de mi madre no admitía replicas. Me vestí delante de Peeta sin importarme lo que estuviera mirando. Me di la vuelta en acto reflejo cuando terminé y le di un leve beso en la mejilla
– Necesitamos hablar, pero mas tarde cuando todo esto haya pasado...– él me miro fijamente aun sin ropa sobre la cama, intenté no mirar mas debajo de su cuello – También hay algo que quiero decirte. Pero debemos esperar...– sonreí levemente ante esto, le iba a decir que de verdad lo quería y que quería que se quedara conmigo, eso le propondría pero ahora debía ir con mi madre – Lo siento...te veré mas tarde –
Él se quedo mirándome por largo tiempo y después me di la vuelta dispuesta a salir de la habitación. Lo hice rápidamente para que mi madre no intentara entrar y viera el estado de desnudez de Peeta.
Mientras bajaba las escaleras ella me fue dando las indicaciones y cuando llegamos a la cocina, sin ofrecerme siquiera la oportunidad de tomar al menos un zumo, me puso una caja llena de adornos con flores blancas.
– Acomoda cada una en cada silla de la iglesia, dando hacia la entrada. Para crear un camino, el camino de la novia… –
Hablaba con tal orgullo que me pregunté si el día en que yo me casara estaría igual de entusiasmada. Dio otro poco de indicaciones y traté de tomarlas todas.
Acomodé la caja en el baúl del auto y cuando me di la vuelta miré hacia la habitación, Peeta estaba frente a la ventana y me miraba fijamente. Yo le hice un gesto y le mandé un beso con mi mano, el no hizo nada mas que lanzarme una mirada y reír de lado seductoramente. Yo me subí al auto y arranqué con la ilusión de verlo pronto.
Cuando llegué a la iglesia puse la caja en el piso y empecé a adornarlo todo mientras intentaba no pensar en nada más que en Peeta.
En mi mente aun brillaban las palabras que me había dicho, tenia muchas ansias de saber que pasaba. Cada vez que pensaba en eso mi corazón saltaba y me hacia hacer ensoñaciones de amor eterno. Estaba agotada pero no me importaba, todo terminaría pronto.
Y comenzaría mi historia con Peeta, la que terminaría bien o mal según él lo quisiera, me había hecho muchas ilusiones, casi creía que le gustaba a Peeta, todo lo que habíamos hecho debía significar algo.
Miré hacia la iglesia y vi a los santos y los vitrales devolviéndome la mirada, recordé una época en la que habría dado todo por estar en el lugar de Delly. Ahora quería casarme, tener a una persona a mi lado toda la vida, pero esa persona debía ser Peeta, en mi corazón no habría cabida para nadie más.
En esos momentos escuché unas pisadas y alguien que entraba tras de mi. Cuando me di la vuelta vi que Madge venia hacia mi, tenia la cara desencajada.
Me acerqué rápidamente y le dije:
– Madge ¿que pasa?–
La cara que ella tenía me hizo pensar en que algo no estaba bien, ella siempre estaba sonriendo.
– Vine a despedirme, Katniss...– dijo sin consideraciones.
Eso me calló como un balde de agua fría ya que interiormente contaba con ella para que me ayudara en caso de que lo que me dijera Peeta me destrozara.
– ¿Que pasó?– quise saber totalmente confundida. Ella negó con la cabeza y me evadió la mirada.
– Gale... tiene que volver a la ciudad, Katniss, algo sucedió en el trabajo y debe volver inmediatamente – lo dijo rápidamente, tanto así que supe enseguida que estaba mintiendo.
– Oh, Madge, lo siento mucho.–
– Katniss...necesitas saber algo que... necesitas volver inmediatamente con nosotros... y… –
En ese momento alguien mas irrumpió en la iglesia, era Seneca, que tenia la mirada encendida de ira y me estaba señalando con el dedo mientras se acercaba.
– ¡Tu...perra resentida! – gritó apenas me vio.
Madge se dio la vuelta y se quedó de piedra cuando vio que Seneca caminaba salvajemente hacia nosotras grandes pasos.
– ¿Pero... que?– pregunté confundida.
Antes de que pudiera hacer nada el empujó a Madge y me abofeteó en toda la cara. Yo casi me caigo al suelo por la fuerza con la que me pegó. Me sujete la mejilla enseguida y trate de mantener el equilibrio.
– ¡Sabia que tenias que hacer algo para mortificarme, para vengarte por que te rechacé! –
Yo tenía los ojos llorosos, no entendía de qué estaba hablando.
– ¡Cállate, Crane y no le pegues, maldito hijo de puta o te mato! – gritó Madge ayudándome a sostenerme – ¡Ella no tuvo nada que ver! –
El soltó una carcajada resentida mientras yo huía de su puño que estaba tratando de encontrarme a través de Madge.
– ¿Nada que ver? ¡Claro que si! Ella sabia que lo hacia cuando le pidió a su asqueroso novio que sedujera a mi Delly! – gritó soltando baba. Yo me quede de piedra cuando asimile esas palabras.
– ¡Eso no es cierto!– gritó Madge, yo quería gritarle que de que estaba hablando, no entendía nada.
– Claro que es cierto !tu misma los viste, estaban a punto de revolcarse en la habitación! –
Eso si lo entendí, y cuando la verdad fue clara en el silencio de Madge, cuando no refutó las palabras de Seneca. yo sabia que ella siempre discutía por que sabia que él era un mentiroso de mierda, pero cuando se volvió hacia mi no dijo nada mas, me miró con tristeza, todo mi mundo arriba se vino abajo...
Peeta... ¿con Delly?
Seneca se lanzó encima de mí, Madge se atravesó. Yo intenté huir pero él casi nos cayó encima, luego fue brutalmente apartado de nosotras por Gale quien tomo a Seneca de los brazos y lo lanzo hacia atrás. Seneca soltó una serie de improperios mientras Gale lo azotaba a puños.
– ¡Cobarde!– le gritó Gale mientras Madge me abrazaba, yo estaba en estado de shock…
En ese momento escuche las ruedas de un auto…
Holaaaa como están? Que les parecio el capitulo?
Es lo que esperaban? Roces?...
Gracias a las que dejaron sus comentarios enserio me hacen muuuy feliz el leerlos, ahora debo comunicarles algo,estoy actualizando interdiario osea que mañana no actualizo y se supone que el viernes si pero este viernes me surgieron unos inconvenientes y debo arreglarlos por lo que este viernes no podre actualizar , se que no es lo que esperaban pero debo arreglarlo enserio, pero para que no se queden con la duda el próximo capitulo será un POV Peeta sobre lo que paso en este capitulo, el sábado actualizare sin falte pero este viernes no podre.
Sin mas que decir déjenme un comentario y me dicen lo que les gusta y lo que no, si tienen alguna pregunta me pueden decir y yo las responderé por PM …
Gracias por sus comentarios y porque me siguen a pesar de todas mis demoras..
;) xoxoxoxoxox
