The kiss of the Leech
— ¿Qué razón tendrías para esconderlo de mí, Bolton? —El Stark preguntó, moviendo los labios más de lo usual.
—No era algo en lo que perder el tiempo. —Su rostro no mostró ningún gesto. —Un mandato de un niño, un niño que no es el verdadero rey.
El Joven Lobo le indicó que se acercara, Roose Bolton caminó a un paso calmado, sus gélidos ojos resplandecían ante la iluminación de las velas. Los cabellos de Robb estaban más rojizos que nunca, o eso era lo que creía.
— ¿Quién es el verdadero rey?
—Tu. —Respondió sin rodeos.
—"El Rey en el Norte". En el Norte, Bolton. —Robb sonrió y sus blanquecinos dientes irradiaron. — ¿No querías besarme? ¿No querías morder mis labios? ¿Fue por eso? —Preguntó fanfarrón.
—No, Alteza.
Ni el sabia porque lo había hecho, había sido algo tan estúpido. Simplemente tener que soportar a aquel niño dándole sermones le colmaba la paciencia.
—Entonces, muérdeme.
Suspiró al arrodillarse enfrente de Robb Stark. Ni con su completa cordura perdida haría tal cosa, pero un fuerte impulso no le dejaba detenerse. Pasando su brazo derecho por la nuca del contrario y jalando desde el mentón, llegó a la boca de este.
Rápidamente sus dientes pasaron por el labio inferior del menor, mordió al primer contacto y sin espera se separó del suave, dulce y placentero labio. Antes de cortar todo lazo, Robb soltó un nimio gemido, casi imperceptible.
— ¿Satisfecho, Alteza?
