DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Peeta

Por mucho tiempo me quedé despierto escuchando las murmuraciones de Katniss. En muchas de ellas escuché claramente mi nombre. Mis dedos se perdieron en la intensidad de sus cabellos y su esencia mientras me abrazaba, también fui victima de muchas patadas suaves y muchos movimientos bruscos por parte de ella.

He de confesar que fue contado el tiempo que pude dormir por que, involuntariamente, mi cerebro decía que tenia que velar por su sueño, si me adormecí un poco pero aun era consiente de la calidez de su cuerpo y de la inexplicable ansia que sentía de ella, de estar siempre con ella, dentro de ella, no separarnos jamás. Todo mi amor ahora era palpable.

Aspiré profundamente controlando mi pasión, ella debía estar cansada pero yo ya sabía que nunca me cansaría de ella.

En ese momento se removió y se apartó un poco para acomodarse boca abajo. Cuando se dio la vuelta yo me acomodé sobre ella enterrando mi cabeza en su hombro y abrazándola. Era tan frágil, tan débil que mi instinto protector salió a la luz. Estaba pensando en lo que le diría cuando me levantara, le diría que la amaba, que estaba muriéndome por ella y que quería que fuera mi mujer en más sentido que el físico.

Al menos por dos horas dormí un poco complacido por tener ahora esa compañía. Cuando me desperté ella ya no estaba allí. Me espabilé un poco pensando en los lugares donde podía estar pero no me tuve que esforzar mucho ya que escuché el agua correr en el baño.

La imagen de Katniss, desnuda en la ducha me alteró de inmediato, mi adormecido cuerpo reaccionó como solo podía hacerlo con ella. Sin poder soportarlo más me levanté y fui en su búsqueda. Había una densa capa de vapor en el baño, cuando entré el calor me hizo reaccionar aun mas ardientemente de lo que ya sentía. Ella estaba tan concentrada que no notó mis pasos y menos cuando, con lentitud, abrí la cortina para entrar con ella. El agua caía sobre sus hombros y a lo largo de su figura lentamente como si tocarla fuera un martirio que mereciera ser sufrido lentamente, dolorosamente… Tenia el fiero deseo de recorrer con la punta de mis dedos cada parte de ese cuerpo como esas gotas lo hacían. Estiré mi brazo y entre tan sigilosamente como pude, como había dicho antes debía estar verdaderamente concentrada en su labor ya que no notó ni cuando estuve a escasos centímetros de ella, igual ya había hecho suficiente esfuerzo para no asustarla, mis manos finalmente se detuvieron en su cintura y la abracé por detrás sintiendo toda la exquisita extensión de su cuerpo.

– Espero que no te moleste que te acompañe – le susurré en el oído, tan cerca estábamos que hasta sentí como su piel se erizaba.

Su olor, tan conocido para mi y que solo ella podía exudar penetró por mi nariz produciéndome ese efecto devastador, remontando una vez mas en mis neuronas y preguntándome si alguna vez ese olor podría llegar a ser olvidado, le besé el cuello y luego los hombros.

– Peeta… ¿que? –

La mordí y cuando hundí mis dientes en su carne escuché su gemido de mortal satisfacción y su estremecimiento alteró mis sentidos hasta límites insospechados, sentí sus manos cálidas en mis brazos tocándolos suavemente, seguí besándole el cuello. Cada parte de mi ser ansiaba poseerla con una intensidad abrumadora y tenia que decírselo, si el leguaje de mi cuerpo no era suficiente.

Le debía muchas explicaciones, aun en medio de esa ducha pensé en la noche anterior y en como había disfrutado de ella plenamente, fue la primera vez que había hecho el amor sin preservativo y la experiencia me había gustado demasiado, había sido devastadora y me había hecho vivir el momento mas placentero de toda mi existencia. Por ese breve segundo me asaltó la inexplicable necesidad de haberla dejado embarazada, haber plantado mi semilla en ella. Ese seria el último y más poderoso recurso que utilizaría para tenerla junto a mí para siempre. Con ella en mis brazos mi imaginación voló hacia lugares recónditos donde inevitablemente imaginaba a niños correteando alrededor de ella con castaños cabellos y ojos verdes como los míos, la intensidad de la alegría que ese pensamiento me produjo me hizo estrecharla contra mí una vez más.

Te deseo – le dije sin miramientos, por que no era nadie para negar ese sentimiento sobre el cual no tenia ningún control y al que le debía una intensidad que me asustaba, aun mas que la noche anterior – Mucho… – controlé el impulso de morderle la oreja y disfrutar hasta de el sabor de su sangre – Tanto…–

Ella se dio la vuelta en mi apretado abrazo y me miró a los ojos, yo me perdí en ellos como si mi brújula hubiera desaparecido de repente. Sentí sus pequeñas y suaves manos en mi cuello tocándome con pasión, signo de que deseaba esto tanto como yo.

Me quedé helado cuando sentí su aterciopelada lengua en mi mejilla, miré sus parpados cerrados ahora y me estremecí, algo dentro de mí ardía con pasión inacabable, las manos que se deslizaban por mis hombros tenían un ligero temblor pero aun así eran firmes. Luego sentí sus labios en mi cuello, se estaba dejando llevar y eso me encantaba, me tocó el pecho y yo temía que si bajaba un poco más mi control se desvanecería y la lastimaría. Me besó el hombro, casi exploto, no quería lastimarla pero mi pasión era incontenible y perdería el control de prisa si ella seguía tocándome así. Aun no estaba lista para que la poseyera de la manera en que mi cuerpo demandaba. La empujé lejos de mí pero la distancia de su cuerpo fue aun más dolorosa así que reaccioné aprisionándola contra la pared, tomé sus manos y las puse sobre su cabeza, ella hacía una débil fuerza para seguir tocándome pero no se lo permití, debía serenarme antes. Cada parte de su húmedo y tibio cuerpo estaba en contacto con el mío.

– Detente...– le pedí cuando sentí otra vez su persistente movimiento, pero sabia exactamente que aunque ella se detuviera yo iba a arder igual, temblé como un niñito asustado.

– Peeta…yo…– me suplicó.

– Ssshhh – el tono de su voz me fraccionó en mil pedazos, completamente. La besé y mordisqueé sus labios apasionadamente, la lastimé como no quería hacerlo, su gemido de dolor me alcanzó.

– Peeta…. – otra descarga de emociones eléctrica…

– Cállate…. – el "por favor" no salió de mi. Salté a la deriva intentando controlarme como si su olor fuera una droga, le toqué la piel de los antebrazos perdiéndome en su suavidad, el control me abandonó por un momento y la sentí aun mas cerca, piel contra piel, oliéndola, aprendiendo su bouquet (perdón no sé si se escribe así, es como el olor del vino, para las que no entienden).

Sin poder controlarme mas atrapé su labio inferior con el mio fuertemente, moví mi boca explorando el interior de la de ella. Volvió a mover sus manos para poder tocarme pero yo sabia que si lo hacia la tomaría en el suelo salvajemente.

– ¡No!– me negué a mi mismo y a ella, yo no iba a hacer algo que la lastimara así.

Pero ella no se detuvo y yo no pude mas, apresé su cara y la besé en a la boca con mucha fuerza, comencé a tocarla sin control alguno y rápidamente a pesar de no quererlo de esa manera. Ella también me tocó pero con menos atrevimiento. La violencia de ese beso que le di me hacia apreciar la fuerza, el sabor dulce y sensual de su boca. La besé en la mejilla y el cuello marcándoselo con un chupón que se tornó colorado apenas lo dejé. Ella me abrazó por el cuello y me empujó hacia ella mientras nos movíamos intentando obtener más del otro, más cercanía, mas contacto.

Gemía de placer y eso me agradaba por ser yo quien se lo estaba dando.

– Katniss– mi conciencia me obligó a hablar, por sobre la pasión que atenazaba a todo lo demás– Quiero tenerte – y me obligaba a trasmitir mis deseos con esa voz desconocida por mi pero de la que, sin embargo, era poseedor – Aquí y ahora… –

Finalmente la voz de mi conciencia prevaleció por que el instinto protector se hizo más fuerte, la obligué a que abriera sus ojos y me mirara.

– Mírame Katniss– ella me obedeció muda pero yo necesitaba su permiso, quería que fuera de común acuerdo – Sé que te duele…– aun recordaba su gemido de dolor la noche anterior cuando irrumpí en su cuerpo por primera vez. Ella se sonrojó mas y cerró los ojos pero luego me miró abiertamente – Pero te necesito…– con la intensidad del fuego – Necesito estar contigo…– Sin nada que nos separara – Dentro de ti…– sintiendo como su carne se adaptaba a la mía, como su cuerpo se hacia compatible con el mió – A tu lado….– Mas que nada en el mundo.

Con cada frase que le decía la secundaba con un beso, casi le digo que la amo pero cuando ella dijo ese…

– Ámame… – mis buenas intenciones se fueron al fiasco, asentí por que no tenia opción, saboreé gustoso su rendición, tanto como a sus besos, y la toqué mil veces mas intentando que mis manos se adaptaran a su suave contacto y ella esta vez no se quedo atrás. A riesgo de poseerla duramente dejé que me tocara con su excesiva timidez pero a la vez abierta curiosidad que era mas enardeciente que nada

Cuando aprendí cada sitio erógeno, cada punto, todo de ella la levanté de las caderas para que nuestra unión fuera completa, ella me rodeó la cintura con las piernas y el cuello con los brazos y la sentí en toda su plenitud, controlando mi pasión para darle placer sin dolor. Era igual o mejor, mucho mejor de hecho, que la noche anterior, su suavidad rodeándome, su amor llenándome, todo en muda reserva pero saliendo a flote muchas veces para llenarnos a los dos. Escuché mi nombre salir de sus labios muchas veces y el suyo salió de los míos aun más. El cielo se convirtió en esta relación que estábamos compartiendo, llenándonos de dicha, cada roce era como tocar ese cielo, nuestras pieles unidas eran casi perfectas por su contraste, me hundí en ella disfrutando de cada tortuoso centímetro de su pálida piel.

Esta vez tampoco usé preservativo pero no tenia miedo ni dudas en cuanto a lo que quería y era a ella, a quien necesitaba, con ella me quedaría. El placer explotó en ambos a la vez y era casi imposible conseguir esa coordinación lo cual me llevaba a suponer que esta era la compañera de mi vida. La abrace mientras nos calmábamos, el descenso fue tan lento y placentero como el ascenso. La abracé y la protegí en mis brazos, mi frágil muñeca, tan frágil como una de porcelana.

Aun abrazándola y tragándome su aliento y sus suspiros salimos de la ducha y la envolví en una toalla aparte mis brazos. La saqué del baño y la acosté en la cama. Cuando estuvo sobre ella comenzó a reír como una niña con las mejillas coloradas dándose cuenta del lento escrutinio al que estaba sometiendo su cuerpo. Comencé a retirar la toalla mientras, al mismo tiempo, observaba su cuerpo, sin poder resistir el impulso de empezar a tocarla. Ella empezó a reír otra vez, esta vez con nerviosismo.

– Creo que no tenemos tiempo para esto – afirmó cuando quedó desnuda y seca, y esta vez fui yo el que afirmó.

– Mi Katniss– la besé en la frente con todo mi amor y luego comencé a secarme mi propio cuerpo, la escuché hablar nuevamente.

– Oye Peeta…–

Ella iba a hablar pero yo debía decirle algo antes, la tomé de las manos y ella miró mis gestos.

– Antes que digas nada tengo algo para ti – le iba a dar el anillo que, en mi conciencia, había destinado para ella la noche anterior.

– ¿Me puedo vestir antes? – preguntó susurrante, reí y la bese por su inocencia.

– Primero te voy a dar algo – Me saqué el anillo de mi madre y se lo puse a ella en el dedo corazón viendo con profunda satisfacción que le quedaba perfecto.

– ¿Por qué me das esto? – preguntó totalmente confundida.

Había llegado el momento de la verdad, clavé mis ojos en los de ella, los aprisioné y comencé a hablar.

– Lo que quiero decirte es… –

Alguien interrumpió ruidosamente y tuve el impulso de reventar a golpes a quien lo hubiera hecho, tras esos golpes escuché la aguda y desagradable voz de la madre de Katniss llamándola para salir, lo hacia de manera hostigante y fastidiosa. Ella se apartó de mí rápidamente y se vistió con igual velocidad, luego antes de irse se despidió de mí con un beso en la mejilla.

– Necesitamos hablar pero mas tarde, cuando esto haya pasado, también hay algo que quiero decirte, pero debemos esperar, lo siento– se marchó cerrando la puerta y yo tuve el desagradable impulso de detenerla y decirle que la amaba antes de que se fuera, eso lo combinó un también desagradable presentimiento de que esa seria la ultima vez que vería a Katniss, al menos en buenos términos.

Sacudí la cabeza y con un poco de decepción pensé en hallar la oportunidad perfecta de decirle a Katniss que la quería. Investigue en mi maleta buscando algo adecuado para asistir a la boda, antes de ponérmela me asomé a la ventana de la habitación y vi a Katniss empacando cosas en el auto, ella me miró y luego me mando un beso con la mano, yo me reí ante eso. Subió al auto y arranco rápidamente.

Me puse el pantalón y la chaqueta cuando escuché que alguien golpeaba la puerta con suavidad, cuando abrí me sorprendió ver a Delly en el umbral, tenia una revista o algo parecido en la mano y se mecía como una cruda y barata imitación de niña buena que ha hecho algo malo.

– ¿Puedo hablar contigo?– me dijo con voz empalagosa, tenia una mirada de burla y el instinto me decía que tenia que tener cuidado con ella.

Me hice a un lado sin responderle y ella entró meneando rítmicamente las caderas, cruzado de brazos yo miraba su andar orgulloso siendo asediado por la profunda necesidad de ponerle unas zancadillas, la miré cuando se detuvo y se dio la vuelta mirándome.

– Debo admitir que eres mi héroe, Peeta. – dijo ella agitando un poco las pestañas y la revista que tenia en las manos.

– ¿Que es lo que quieres?– la interpelé sin irme por las ramas.

– No deberías hablarme así – dijo ella aun burlona, sonaba tan confiada que algo ahí no estaba bien.

– ¿Por qué quieres felicitarme?– le pregunté confundido, ella rió suavemente.

– Nunca pensé que serias capaz de acostarte con mi hermana…pero claro, debí saberlo, era imposible que te la tiraras sin algo mas de por medio –

Le dio la vuelta a la revista a la que identifiqué como una de las revistas calientes mas populares de la ciudad donde Katniss vivía.

– Veras estuve investigando – dijo ella – Me parecía imposible que Katniss tuviera un novio tan atractivo cuando fue incapaz de conseguir a Seneca. Busqué día y noche hasta que encontré a un Peeta Mellark que me llamo la atención…mucho…. – dijo haciendo un mohín con su roja boca, extendió la revista lo suficiente para que la viera pero no para que la tomara. Había una foto mía y de los muchachos tomada incautamente y promocionando el burdel masculino, sentí que la bilis se me devolvía, ella era la ultima persona que hubiera querido que se enterara de eso– Quería deleitar un poco mi retina antes de empezar mi laboriosa vida de casada, y te encontré en ella –

– ¿Que es lo que quieres?– le pregunté iracundamente, me tenia prácticamente en sus manos, sabia a quien no debía contarle y eso me llenaba de rabia.

– Quiero burlarme un poco ¿Sabes? Creía que mi hermana no tenía agallas, que era una de esas frígidas pero mira que pagarle a un hombre para que se la acueste…. – me dieron ganas de darle un puño pero me contuve.

– ¿Que es lo que quieres?– le repetí pronunciado cada silaba con odio.

– Creo que eres mas inteligente que esto – añadió votando la revista a un lado y acercándose – Sabes que te he deseado desde que te vi – dijo poniendo sus manos en mi pecho, retrocedí con asco y ella soltó una carcajada – Tienes que ser amable conmigo si no quieres que mi madre y el padre de Katniss se enteren de lo que eres –

Yo me quede de piedra, no me importaba si René se enteraba de eso, ella no me importaba en absoluto pero por quien sinceramente lo lamenté fue por el bondadoso y protector padre de Katniss, al que en algún segundo consideré como el mió, sabia que si su padre se enteraba de eso, de la verdad de la relación entre Katniss y yo no se lo iba a perdonar a ella fácilmente y granjearme el odio de un hombre tan bueno me llenó de tristeza, una nunca antes conocida, pensé seriamente en eso, en decirle que amaba a su hija pero no… no me creería, la relación del señor Everdeen con Katniss no seria la misma y yo no iba a ser el causante.

– Sabes lo que quiero– dijo ella lentamente – nadie tiene por que enterarse – me besó en los labios pero esta vez no podía apartarla pero no la toqué. No quería esto que lo único que me recordaba era la primera vez que estuve frente a una mujer, aquella mujer con la que inicié mi camino hacia la prostitución, la que me indujo en el "arte" del placer femenino sin desearlo realmente. Delly, como aquella primera vez, me produjo asco – Vamos– dijo ella poniendo mis manos en su cintura y tomándome del cuello con fuerza – Puedes hacerlo mejor, no quieres que se lo cuente a papa ¿verdad? –

Había dado en el clavo y yo solo podía pensar en evitar a toda costa que el padre de Katniss se enterara, que su hermosa y fraternal relación se dañara por mi culpa, la apreté contra mi deseando que esto pasara muy rápido, sentía sus labios pero como en muchas ocasiones yo no estaba allí, nunca era yo, era ese otro que había aprendido a separar de mi para que no me afectara el alma. Gracias a Katniss había aprendido a distinguir mis dos personalidades y sabia cual de las dos iba a morir muy pronto, cuando esta zunga dejara de besarme y querer que la tomara.

Ella se frotaba contra mí buscando excitarme pero yo ya no controlaba como antes esa parte de mí, esta mujer nunca despertaría mi deseo, la dueña de mi lujuria y mi amor era Katniss. Me empujó sobre la cama y se me sentó encima.

– ¿Que es lo que te sucede?– me pregunto enfadada – ¿Eres uno de ellos no? ¿Cuanto te ofreció ella?... no importa– dijo intentando quitarme el sweater – Yo puedo pagarte el doble –

Cuando se lanzó a besarme el cuello como una barata vampiresa alguien abrió la puerta y ella se apartó de mí tan rápidamente como el chulo que era, gritando agudamente.

¡¿Cómo te atreves?–

Cuando miré hacia el umbral de la puerta vi a Seneca en la enterada con una mirada lívida y apretando los puños, yo casi me muero cuando vi a Madge tras el con la cara horrorizada y con la mano tapándole la boca.

¡¿Que haces aquí con este malnacido?– preguntó Seneca celoso, entro y dio dos pasos.

– Me estaba violando mi amor – explicó Delly lanzando lagrimas de cocodrilo – Katniss le pidió que lo hiciera para lastimarte… me beso a la fuerza –

Casi sentí que esas eran las palabras que Madge había registrado en su cabeza, de las que Katniss tendría conocimiento, que yo había besado por voluntad a esta zunga. Vi que Madge negó con la cabeza y salió corriendo, yo salí tras ella pero Seneca me detuvo e intentó darme un puño pero yo fui mas rápido, le solté toda mi mano en una bofetada que casi lo mando al suelo.

– ¡Seneca!– gritó Delly agachándose a su lado.

– ¿Que no ves que la zunga de tu mujer es la perra mas grande de todas?– le dije intentando hacerlo reaccionar pero él se puso de pie tocándose la cara.

– No te metas con ella, aquí la única zunga es tu zorra, esa perra de Katniss que sigue enamorada de mi –

Él salió corriendo y bajo las escaleras con Delly gritando atrás. Yo los seguí pero en ese momento alguien me cogió del brazo con fuerza, cuando me di la vuelta a maldecir a diestro y siniestro vi que era el señor Everdeen, tenia la mirada triste y me dijo con sorprendente seriedad.

– ¿Que es lo que esta pasando? –

Tuve el grosero impulso de decirle que me dejara en paz. Escuché dos autos arrancar al mismo tiempo, iban para la iglesia.

– Sucedió algo que debo solucionar, señor Everdeen –

– ¿Tiene que ver con Katniss? – Si, tenia que ver todo con ella, si ella se enteraba de esto por la versión de Madge todo estaría perdido.

– Lo siento mucho… –

Me di la vuelta y salí corriendo, paré un taxi que convenientemente paraba por ahí y le pedí que me llevara lo mas rápido que pudiera a la iglesia local, Katniss debía estar allí, ella debía escucharme.

El taxista se estacionó ruidosamente en la entrada de la iglesia y yo llegué allí, me bajé lanzándole un billete y entré a la iglesia. Cuando lo hice me quedé parado unos segundos en la entrada tratando de asimilar lo que veía, Gale estaba dándose puños con Seneca Crane, Madge abrazaba a Katniss que se estaba secando la sangre del labio y me miro con lágrimas en los ojos, ya lo sabía, lo que yo no sabia era que había interpretado ella.

– Jamás…vuelvas…a pegarle…a….una…mujer – gritaba Gale a Seneca mientras ambos se pegaban uno al otro, entendí por eso que el golpe de Katniss lo había propinado Seneca. Me adelanté y tire de Gale hacia atrás cuando escuchamos la voz del clérigo.

– En nombre de Dios ¿Que esta pasando aquí?– preguntó con la voz calmada pero yo de solo pensar que Seneca había tocado Katniss veía los infiernos. Seneca soltó una serie de improperios y se lanzo contra mí.

– Arreglen sus diferencias, pero no en la casa del señor –

Nos empujamos con Seneca olvidándonos del resto, él debía pensar que yo peleaba por su Delly, pero el que hubiera golpeado a Katniss me encendió mi instinto protector.

Cuando salimos de la iglesia saltamos uno sobre el otro y comenzamos a pegarnos, no me importaba nada más que Katniss, no sabia donde estaba ella pero darle el merecido a esa bola de grasa era importante. Ya tendría tiempo para explicarle a ella todo.

Holaaaaaa, si ya se que dije el sábado y es domingo disculpen mi retraso enserio.

Bueno les gusto el capitulo? Explica las cosas?..

Si me dejan un comentario lo sabre, díganme si les gusta o no, que es lo que esperan de la historia,o de mi(si quieren que haga mas adaptaciones quiero decir),etc.

Gracias por leer ;) xoxoxoxoxoxxox