DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Peeta

El modus operandi de la empresa de vigilancia que había contratado consistía en recopilar la información durante un mes y entregar el informe al final, dependía del cliente si quería continuar investigando. A pesar de que me interesaba todo lo que tuviera que ver con Katniss más me interesaba el particular aspecto de saber si estaba embarazada o no.

De todas maneras, así no lo estuviera, estaba dispuesto a recuperarla por que ya no podía ver mi vida sin ella, me había hechizado de manera sublime, aquella encantadora bruja me había robado el corazón, el cerebro y el cuerpo y estaba dispuesto a todo con tal de tenerla en mi cama y en mi vida.

Por momentos me entraba el inalienable impulso de levantar esa maldita bocina y llamar al investigador para que me trajera la información que hubiese logrado recuperar, no importaba si se trataba de tres líneas, pero necesitaba saber algo, cualquier cosa. Pero lo dejé a un lado, si quería hacer mi regreso a la vida de Katniss, debía hacerlo bien.

Escuché unos golpes suaves en la puerta de mi despacho, habitación que me había servido de nicho, casi no salía, parecía el ermitaño de un cuento de terror mal narrado. No me interesaba la vida en el exterior y mucho menos dedicarme a nada más que no se tratara de administrar mi negocio y esperar con ansias las noticias de Katniss. Había pasado algo parecido a un memorando en donde indicaba a todo aquel que quisiera saberlo, lo cual abarcaba a los jóvenes, los muchachos, el guarda y la demás clientela, que no iba a continuar ejerciendo como gigoló. Ahora solo me dedicaba a administrarlo y no me importaba realmente lo que opinaran los demás, cualquier persona que requiriera de mis servicios debía ser remitido a un muchacho dispuesto a saciar la necesidad de la dama en cuestión.

–Adelante – dije en voz baja meneando el cursor sin ningún interés sobre la página de Internet que estaba investigando.

Fabian, como siempre, era el único que entraba en mi despacho, traía en sus manos una taza de café para mí, la puso al frente, sobre el escritorio y se sentó mirándome.

– ¿Como esta?- preguntó de repente.

La retórica de siempre, el tono de su voz sonó a despacio, como si estuviera tanteando el terreno, sentí los músculos del cuello tensos. Maldito Fabian.

– ¿Necesitas preguntarlo?- dije dejando el cursor a un lado y pasándome la mano por el ya despeinado cabello y la frente. No lo miré, él no necesitaba ese tipo de admisión que podía leerse en mis ojos cansados.

–Comprendo…- dijo secamente, pero quería decirme algo, era evidente. – Hay algo. Una situación de la que quería hablarle –

Suspiré pesadamente, con la tentación de decirle que me dejara solo. No era que no apreciara la preocupación de Fabian pero pasaba de ella. Siempre había estado solo a pesar de anhelar la compañía, aun no me sentía dispuesto para esta cercanía. Tome la taza y sin medirla la acabe de un sorbo.

– ¿Que pasa?- pregunté.

–William, el conserje, informo acerca de una mujer que…–

–Ya te dije y lo sabes, no trabajo más que para…- lo interrumpí pero él me interrumpió a mí después.

–Ya lo se, pero esta mujer es demasiado insistente, ha venido en seis oportunidades pesar de que se han sugerido múltiples hombres para ella, pero ella solo le quiere a usted, es bastante…insistente–

No podía irme mejor, pensé. Una mujer obsesionada conmigo. La única que podía obsesionarse con mi persona era Katniss. Rechiné los dientes, no me interesaba lo mas mínimo saber de quien se trataba, solo quería que la sacaran de ahí.

– ¿Saben quien es?- pregunté con desgana, expresando claramente mi enfado – ¿Dijo su nombre? –

–No ha querido dejar el nombre, solo dice que hablara con usted. Indagué a William acerca de el aspecto de la mujer y él me dice que siempre viene cubierta, que trae gorro y gafas, pero no cubre bien, es rubia dice él–

Mi ligera esperanza de que se tratara de Katniss se esfumó cuando dijo la palabra rubia, yo conocía demasiadas rubias. Lamentablemente.

–No me interesa- dije sencillamente.

–Si no habla con ella me temo que no lo entenderá, me permitiría aconsejarle que aclarara la situación usted mismo–

Lo que me faltaba. Hacer de psicólogo. Sin embargo quería verla antes de que ella me viera a mí, al menos así podría deducir por su rostro si sus exigencias eran plasmadas en su cara. Las había aprendido a leer y no me iba a engatusar alguien con cara de loca psicópata. No necesitaba de eso en este momento de mi vida.

–Vamos a ver…- dije pensando, y la solución llegó a mi cabeza rápidamente, al menos en este campo era inteligente.

En mi burdel había incluido el día de su construcción una habitación con mampara calada (para las que no entiendan, es algo así como los cuartos con espejos de doble fondo) que usábamos con Fabian para examinar a los nuevos integrantes de el establecimiento. Si, eso me evitaría caer en manos de una depravada obsesiva.

–La próxima vez que vengas llévala al cuarto de selección. Es necesario que vea su cara…veremos que tan ansiosa esta por verme – pensé que había hecho bien, de todas maneras no pretendía relacionarme con ella en absoluto.

–Bien …creo que ha tomado la mejor decisión –

Sin nada más que decirme él se retiró de la habitación conforme dado que su intención inicial había sido resolver el problema y ya estaba parcialmente resuelto, siempre conseguía lo que quería. Por un momento deseé haber tenido un hermano como él.

Dos semanas después

La emoción y el nerviosismo corrían por mis venas como un niño, como si no fuera un hombre hecho y derecho…firme. Me sentía como un infante que va a recibir un regalo a pesar de no saber que había en él... apenas había abierto los ojos había sentido la necesidad de tener esa información en mi poder, hoy era el día. Mi estúpido corazón no había dejado de palpitar en mi garganta como si ahí se alojara otro órgano. El investigador a cargo del caso tenía la misión de traer, hoy, la información de Katniss.

El golpeteo familiar en la puerta, mis ojos clavados en ella, tan intensamente que creí que la perforaría con telepatía.

–Adelante – mi acostumbrado y críptico permiso. Se trataba de Fabian.

–Él esta aquí.- dijo.

"¡Por todos los Diablos, cálmate!" me grité interiormente cuando mi cuerpo saltó.

–Hazlo seguir- tragué saliva.

Fabian se alejó y tras el paso la sombra que luego se transformó en un hombre alto y vestido de negro y con gafas negras. Él debía ser Habesbeen.

Entró en silencio, casi no se sintieron sus pasos y eso no tenia nada que ver con el costoso alfombrado del piso. Tuve el loco impulso de correr y arrancarle el fólder que tenia en su mano para ver si era lo que yo pensaba que era. "Educación, hombre, educación".

Extendió la mano hacia mí y se la estreché.

–Plutarch Habesbeen, investigador privado – introdujo.

–Siéntese por favor–

–Gracias–

Puso la carpeta sobre la mesa y yo la miré intensamente, haciendo uso de mi educación, que me impedía comportarme como animal

–Tal como se prometió, los últimos cuatro meses de la vida de Katniss Everdeen – informo seriamente, como su trabajo se lo debía exigía.

El sonido de su nombre erizó cada poro de mi piel, la tensión que me envolvió se transformó luego en un juego de sensaciones monumentales. No sabia que mis sentimientos por ella eran tan intensos como para que la sola mención de su nombre causara en mi un terremoto tan potente como para hacerme tambalear en la silla en que me encontraba. Una leve sonrisa ladeada escapó de la boca de heavensbee , intenté controlarme pero decidí que desde que la conocía a ella había reprobado en control como la materia más difícil a seguir.

Él empujó el fólder hacia mí, no lo tomé, no aun.

–El dinero ha sido consignado hace tres días, agradezco mucho lo que ha hecho- dije.

– Espero que le sea de utilidad, debo irme- se puso de pie - Por favor llame en caso de ser necesario–

–Gra.…gracias – conseguí decir, la incertidumbre me estaba matando.

Él se volvió y caminó silenciosamente como entró hacia la puerta. Antes de tocar el picaporte se volvió y dijo:

–Por cierto….Hawthorne lo saluda. Dijo que espera que no fracase y que ya se estaba tardando. – Salió rápidamente antes de que yo llegara a preguntarle quien era ese tal Hawthorne.

Enigmático como era salió y así desapareció mi leve curiosidad.

Salté sobre la carpeta como un poseso y la abrí rápidamente. El estomago se me hundió como quien baja por una pendiente muy empinada y muy rápidamente. Abrí como un niño especialmente hambriento saltando sobre un plato de comida. El palpito de mi corazón aumento considerablemente.

Vi como primera página una foto, una reciente según la fecha de arriba. Ella estaba con Madge. Se veía un poco enferma. Pero viva, sus ojos, que había aprendido a leer bien, tenían esa mancha resignada que solo ella sabia expresar tras esa pretensión de alegría. Algo la perturbaba.

Sentí la boca amarga y apreté la foto como si con ello fuera penetrar el papel y fuera a poder proyectarme en ese momento suspendido en el tiempo. Algo cálido y húmedo se deslizo por mi mejilla, y hasta que no calló sobre el estomago de Katniss en la foto no me di cuenta de que era una lagrima mía. Había puro y físico dolor y destrucción dentro de mi corazón.

Pero no por mucho tiempo.

Hacia mucho, demasiado tiempo que las lágrimas no venían a mis ojos y me descubrí mirando mis manos como si se tratara de un apéndice a mí. Esa honda presión de desesperación era la causante de mi nuevo encuentro con la húmeda evidencia de la sensibilidad que creí haber perdido hacia demasiado tiempo.

Cuando vi hasta la última foto y bebí hasta el último detalle de cada una de ellas me dediqué a devorar en lectura el complejo informe….

Cuando terminé lo deje caer de mis manos sin mirar la ultima pagina y sin fuerzas para aferrarlo mas.

Vivía con Alice desde que se marcho de casa. Estaba esperando un hijo mío. Había tenido un accidente que casi le cuesta la vida a ambos y estaba casi recluida en casa debido a su embarazo de alto riesgo.

La última hoja del informe, negra, sobresalía entre las páginas. La que no había visto. Cuando la toqué era en realidad de material plástico. Era la impresión de una ecografía según pude leer.

La mancha clara sobre el negro fondo me trajo a la vida de una manera dolorosa y a la vez placentera. Demasiado hermosa para ser cierta.

Según la lectura se trataba de un "feto" de 12.8 semanas de vida. Intenté comparar lo que leía en la lectura del medico y la forma que trataba de identificar en la mancha blanca, corazón y sistema nervioso central estaban formados según el medico. Era una "fetocardia" de 160 latidos por minuto. Puse la mano en mi corazón y conté…el mió latía dos veces mas despacio…tan pequeño…tan frágil.

Nada podía revelarme la forma de lo que yo conocía como un bebe, pero sabia que ahí estaba. Tal vez debía pedir la asesoría de un medico para que me ayudara a identificar la forma de mi hijo. O hija. Daba lo mismo, amaría lo que fuera que ella me diera.

Besé la ecografía. Besé a mi pequeño monstruito. Besé la foto de Katniss que más me había gustado. En ese momento Katniss estaba tomando en su vientre una vida. Algo que el amor, que por primera vez en mi vida se manifestaba, había creado y no iba a dejar que nadie me lo quitara, ya me había resignado muchas veces.

Una lenta sonrisa trepó por mi rostro acartonado en la expresión seria, casi me dolió pero si, estaba feliz. Katniss era mía. Yo era su primer y ultimo hombre. Ella me había deseado. Había disfrutado de mi contacto. Estaba embarazada de mí. Llevaba el fruto de nuestro deseo y mi amor en su vientre. Si la marcaba con un hierro no podría ser más mía.

La buscaría, pero tenía que planear muy bien mi estrategia para abordarla. A causa de su inseguridad ella tenía muchas dudas sobre mí y debía explicárselo de la manera que era y que ella me creyera.

La parsimonia de los golpes se escuchó lentamente en mi puerta. Interrumpieron mi volátil imaginación sobre Katniss y mi bebé. Nuestro bebé. Quise lanzar la fina porcelana que reposaba sobre mi escritorio en un intento por que me dejaran en paz con mi parcial felicidad.

Fabian entró silenciosamente y se quedó mirándome por un largo momento, seguramente mi expresión facial en esposo momentos debía ser asombrosamente diferente en comparación con la que tenia antes.

–Ella esta aquí- dijo sencillamente.

Sabía a quien estaba haciendo referencia, se me retorció el hígado. Era la mujer obsesiva. Besé nuevamente a mis dos ángeles y salí de la habitación seguido de Fabian.

Mientras contemplaba el rostro oculto de la mujer, descubrí sus rasgos gracias a mi innata capacidad de reconocer rasgos. Eran los que odiaba más que nada por que habían estado a punto de destruir lo que yo amaba, pero no lo había logrado. Eran rasgos que despreciaba con toda mi alma pero no pude evitar sentir alegría al verlos por que su presencia aquí me iba a traer mucha suerte. Ella no lo sabia pero que estuviera aquí dispuesta a lo que yo estaba completamente seguro de que lo estaba me iba a aportar una ayuda que no pedí pero que caía como del cielo, una que no había esperado recibir.

La observé mientras se retiraba la gorra, ella no sabia que yo estaba ahí pero yo la veía. La mata de cabello rubio modernamente cortado cayó sobre sus hombros, pero yo no necesitaba de esa confirmación ni de que se quitara las gafas para saber de que furcia se trataba.

–No sabes el arma que acabas de darme….señora Crane–

A mi lado sentí como Fabian sonreía consiente de mis planes, me conocía bien y sabia de quien estaba hablando. Yo de alguna manera lo agradecía, esta alegría era demasiado para compartirla solo, y el plan que mi mente estaba trazando necesitaba de la ayuda de él.

–Está usted a muy poco….Peeta- dijo él en voz baja.

– Si… a muy poco, Fabian- afirmé…

"Muy pronto, Katniss"

Katniss

"Muy pronto, Katniss"

El eco de esa voz sonó en mi cabeza. Conocía su procedencia, pero no podía hacer nada para aliviarla por más que lo intentara. Era un matiz conocido, el exacto timbre y la leve ronquera….como si hablara siempre con deseos ocultos.

Mi cuerpo siempre reaccionaba al recuerdo de esa voz lo quisiera o no.

Solamente había pasado un día desde que había abandonado el hospital, aquel en donde había permanecido más tiempo del que quería hospitalizada por riesgo de perder al nene. Ahí permanecí recluida hasta que el medico consideró que mi embarazo había dejado de ser "riesgoso". Aun así debía permanecer en reposo. Menudo reto. Me iba a quedar sin trabajo, lo más probable.

La ultima ecografía revelaba que él bebe estaba a salvo al igual que yo, hasta había escuchado su corazoncito saludable. La rápida cadencia había hecho que mis ojos lloraran sin poder creer que dos corazones moraban en mi cuerpo. Una vida.

"Al menos yo debía servir de algo". El pensar esto en voz alta me ganó el violento y a la vez reposado calvazo (tortazo) de Katniss.

– ¿Y por qué dices eso?- me preguntó contrariada.

Cuando terminamos Madge empujó la silla de ruedas hacia fuera de la sala, íbamos camino a mi habitación a terminar de alistar todo por que el medico decía que sabia que esa ecografía estaba mas que buena. Nos habíamos recuperado. Acaricie lentamente mi ahora perceptible dureza en el vientre, señal de lo que ahí albergaba.

Nos cruzamos con un hombre vestido de negro que me pareció familiar. Tenia gafas así que no pude verlo bien. Me pareció haberlo visto, de todas maneras. Sacudí la cabeza y seguí dejando que Madge me llevara, me pareció que entraba a la sala de ecografías.

Después de esto recibí toda la serie de indicaciones que el medico tenia para mi, para mi cuidado, podía seguir trabajando siempre y cuando mantuviera mis descansos entre trabajo.

Ahora en la cama pensaba en lo que me esperaba en el futuro con mi bebe y sin Peeta. Madge me dijo innumerables veces que lo llamaría y le diría que tenia que ayudarme pero yo le rogué que no lo hiciera, antes de salir del hospital y muchas veces le dije que me arrodillaría.

–Eso no seria muy conveniente señorita Everdeen- dijo el medico que me trataba y que en ese momento nos escuchó.

Suspiré. Madge no entendía mi punto de vista, anteriormente explicado, pero no me iba a gastar una milésima vez mas intentando convencerla, la presioné para que no le dijera nada. El solo mencionar el nombre de Peeta era demasiado doloroso.

Aparte, la situación con mi padre que continuaba igual que antes, no me llamaba, solía quedarme pegada al teléfono para que la esperanza de que me llamara se forjara pero nunca lo hizo y yo no tenía valor para hacerlo. No quería alterarme por mi chiquitín, lo echaba de menos, si, pero él no quería hablar conmigo y como había dicho mucho antes, en mi estado no podría contra su rechazo, ni sus palabras odiosas. Seguía esperando que el milagro se obrara, mi padre en algún momento debía ceder, si no era tan terco como yo, lo cual era mas probable que le atinara a los seis números de la lotería en perfecto orden.

Madge entró a la habitación mientras yo digitaba los últimos detalles del informe para el señor Brooks que debía entregar mañana. Tenia en sus manos un vaso de jugo sobre un plato que poso a mi lado, me besó la frente y me lo ofreció.

–Gracias- le dije mirándola sobre mis hombros.

–No hay problema ¿como esta?- dijo señalando el screen- ¿Quieres que te ayude?-

–No, ya casi acabo. – dije sonriendo.

Madge asintió y apretándome brevemente el hombro salió sin decir más. Después de quince minutos terminé de digitarlo, el teléfono picó. Levanté la bocina antes que Madge.

– ¿Hola?- dije.

Alguien tosió sonoramente como si el sonido de mi voz lo hubiera alterado profundamente o bien estuviera gravemente enfermo, o como si se hubiera atorado con saliva. Luego una voz ronca, imposible de identificar dijo:

– ¿Está Madge?- Yo me estremecí y controlé el impulso de recomendarle mi usual jarabe para la tos. O de decirle que se golpeara la espalda con fuerza para que lo que fuera que se le hubiera atragantado se fuera por el camino que era.

–Un momento – me volví y me olvidé de tapar la bocina – ¡Madge! –la llamé, yo era muy gritona y esta ocasión no fue la excepción. La placera en mi renació en ese momento.

– ¡¿Que?!- Dijo salvajemente desde su cuarto para que la escuchara, no se quedó atrás. Reí un poco ante nuestra guachada de absolutas placeras ofreciendo mercado

– ¡Es para ti!- volví a gritar, por un momento me pareció oír nuestras voces en una plaza de mercado "Si hay, si hay". Reí interiormente.

– ¡Gracias! –

En el momento en que escuche que levantó la bocina colgué de mi lado y me fui al baño a cambiarme. El medico me dijo que estuviera pendiente por si sangraba y me alegró sobremanera comprobar que desde hacia dos semanas había dejado de sangrar.

Cuando me puse el camisón me acosté escuché que Madge seguía hablando con el atorado. Me dormí consiente de que el susurro de la voz de Madge tenía la clara intención de lograr que no me enterara de con quien estaba hablando. Al día siguiente me levanté y me aseé sin las prisas de antes, sin estresarme, el señor Brooks entendía mi nueva situación como mujer embarazada y ya no me presionaba como antes.

Cuando bajé tomé una manzana del frutero del comedor y fui a la cocina por el resto de mi desayuno. Madge y Gale estaban en la mesa de la cocina hablando, se interrumpieron notoriamente cuando entré.

–Hola Madge. Hola Gale- saludé aligerando la repentina tensión. Como si de una grabación y con tono de broma ellos dijeron al mismo tiempo:

–Hola Katniss. Hola bebé. – Se rieron como yo, con la obvia intención de que no me enterara de quien o de que habían estado hablando, Gale seguramente se marcharía pronto. Tenia la chaqueta de VitalLife sobre sus hombros, era la empresa de investigadores para la que trabajaba, muchas veces me pregunté el por que Gale escogería el sórdido trabajo de investigador privado y me sorprendía también que ganara lo que ganaba. Me sorprendía que hubiese tantas personas que los solicitaban "me gusta ayudar a encontrar la verdad" decía siempre que yo le preguntaba, si era razonable, pero me parecía sórdido.

– ¿Como estas?- preguntó Madge, sacándome de mis elucubraciones.

–Bien- dije mientras sacaba el zumo de la nevera y podía unas tostadas sobre un plato – El medico dijo que todo estaba bien–

Gale asintió y yo lo miré, por unos segundos su mirada quedó atada a la mía y supe que tenía un secreto, no sabia como esa conclusión había llegado a mi cerebro pero ahí estaba. Después mire a Madge y ella tenia la misma expresión de Gale. Me sentí excluida de ellos por primera vez desde que vivía con ella, no era una sensación en absoluto agradable.

– ¿Sucede algo?- aventuré a preguntar demasiado consiente de la poca esperanza que tenia de que me contaran la verdad.

–No- dijo Madge apartando la mirada rápidamente, tenia un amago de sonrisa en la cara, como si algo la cierra muy feliz – ¿Por qué? –

No le dije nada mas, me despedí y salí de la casa con mi trabajo hacia un taxi que había pedido desde antes.

El auto negro que había durado cerca de un mes en al esquina posterior de la cuadra ya no estaba ahí, seguramente el ministro o lo que fuera que ese carro negro estuviera custodiando había salido mas temprano que yo. Di la dirección al taxista. Esperaba que este día me tratara bien.

Circulamos sin ningún tipo de contratiempo, yo estaba practicando para la reunión que tendría el señor Brooks, para ser su auxiliar.

Cuando el taxista dio media vuelta en una de las esquinas se me dio por mirar a la ventana viendo a todo el mundo pasar a velocidad media. Cuando casi llegábamos mi mirada se enfoco en uno de los postes que estaba cerca de el cemento de la esquina, cuando intenté adivinar la forma vi a un hombre parado en uno de los postes que se veía a lo lejos, si no me equivocaba tenia la mirada fija sobre el taxi, tanto como la mía sobre el "¡No puede ser!" Gritó mi cabeza.

– ¡Deténgase!- le grité al taxista quien aterrado detuvo el taxi. En el tiempo que demoré bajándome del taxi, el hombre había desaparecido. Si mi vista y mis arrolladores deseos me dijeran lo contrario estaba completamente segura de que se trataba de Peeta Mellark.

"Es imposible"

Subí al taxi mientras el anonadado hombre aun me miraba

–Perdón…es que creí ver a alguien conocido–

La fuerza de mi grito debía haberlo alterado mucho para conformarse con esa explicación pero siguió conduciendo cuando se lo pedí.

Sentí mi corazón palpitar tan fuerte que me causaba dolor en el pecho. Y estaba haciendo lo que el medico me había pedido que no hiciera, alterarme. Intenté calmarme pero sentí una emoción intensa como si mi mente se hubiera conectado con mi bebé y ambos estuviéramos emocionados, él no quería salir en estos momentos así que estaba a salvo, calmé mi respiración y pensé que todo solo había sido un juego de mi imaginación, pero algo muy en el fondo de mi me decía que no lo era.

No me iba a ilusionar, Peeta no tenía por que saber nada de mi vida, ni de que de esa noche que compartimos había quedado una pequeña consecuencia. El trocito, mi pequeño retoño. Nuestro.

Katniss…

Katniss…

Muchos recuerdos pasaron por mi mente, ese era el día que mi mente escogía para hacerme recordar lo mejor de ellos. Los que nunca volverían a vivir.

Holaaa les gusto?,Peeta ya sabe que esta embarazada,claro Kat no se lo dijo peor almenos lo sabe no?.

Gracias por dejarme esos lindos comentarios que me hacen seguir.

Ahora si me dejan alguno y me dicen si les esta gustando o no?.

;) xoxoxoxoxoxox