DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Katniss

– Katniss – dijo una tercera voz…

Por un momento creí que estaba soñando… que mi dolor había hecho que me durmiera en el charco de mis lágrimas…

Pero no podía haber más claridad cuando miré hacia la puerta y vi apoyada sobre el marco a esa persona.

Al inevitable dueño de mi vida.

Mis ojos encontraron los suyos en un dechado de sentimientos que se desbordaban tanto como mis lágrimas, a mi lado Madge lloraba también pero yo no podía mirarla para comprobarlo, no podía hacerlo…mi miedo y mi culpa empezaban a retroceder para dar paso a un sentimiento primario. Madge me apretó la mano rápidamente mientras daba dos pasos hacia atrás, los sollozos se calmaron en mi garganta pero no así mi sorpresa, ni mi confusión, ni el hondo y crudo deseo que sentí cuando enfoqué mi mirada en el sueño que se hacía preciosa realidad en frente de mis ojos. Ella dio media vuelta y salió tal vez entendiendo que necesitaba este momento a solas con él.

La puerta se cerró con un sonoro chasquido mientras yo solo seguía ahí, luchando, conteniendo el impulso loco de saltarle encima y besarlo, pero no sabía cómo reaccionaría, él había confiado en mí y yo le había escupido en la cara, no de modo literal, pero me sentía como si lo hubiera hecho y eso era definidamente doloroso, y más doloroso y vergonzoso seria que me empujara lejos de él y solo estuviera allí, haciéndome ansiarlo para rechazarme por la injusticia que había cometido.

–"Pour toujours dans mon Coeur"- dijo sencillamente casi en un susurro. Mi corazón se apretó con dolor, el dolor del deseo al escucharle hablar en francés. Subió su mano derecha y lentamente la empujó en mi dirección, en una invitación, o por lo menos eso me pareció.

–Dios Mío…- dije sin poder resistirlo más.

Fue lo único que pude hacer, en ese momento una ola del deseo suprimido por él atacó mi cuerpo, no tuve voz, no tuve aliento más que para levantarme rápidamente y correr hacia él para abrazarlo, si me empujaba con odio,…ya me las arreglaría luego.

En ningún momento nuestros ojos se separaron, y ellos me transmitieron todas las cosas a las que estuve ciega antes.

Antes de que mis labios se abrieran para decir el "lo siento" que ardía en el fondo de mi garganta fueron silenciados por la boca implacable de él. Mis lágrimas mancharon sus mejillas mientras sentía el calor de su aliento en mi boca y el gusto de su lengua en la mía. Sus brazos se cerraron como grilletes sobre mí y me levantaron del suelo. No fue necesaria una orden para que mis piernas rodearan su cintura y lo acercaran de modo inexorable hacia mí en un abrazo tan íntimo como perturbador, aliviador.

Cómo había echado de menos esto, como ansiaba sentir en contacto de su piel con la mía, quería seguir pidiéndole perdón una y mil veces mientras nuestros cuerpos se frotaban buscando la satisfacción no satisfecha.

Caminó conmigo en volandas y con fuerza impaciente me sentó sobre la mesa de enfrente, allí donde había reposado por unos instantes la caja del CD. Separó mi boca de la suya y comenzó a besarme el cuello gimiendo roncamente, como un gato…como un león preparándose para atacar. Sus manos me tocaron por todas partes como si durante muchos días hubiera ansiado eso. Ellas me transmitían la pasión caliente y avasalladora de la que estaba siendo parte y yo quería quemarme, quería muchas cosas…quería satisfacer el fuego que en ese momento se estaba apoderando del centro de mi cuerpo y que pulsaba por salir con una plegaria rota entre mis labios sedientos de su contacto.

Antes de que el empezara siquiera a hacerlo, comencé a desabrochar la camisa blanca que vestía, pero antes de llegar al segundo botón él se apartó de mi boca unos instantes y se la arrancó, la tiró a un lado y me empujó hacia él nuevamente, tomó mis manos por un momento para ponerlas sobre su pecho, su espalda se arqueó como la de un gato y gimió profundamente, el sonido de sus labios hizo latir cada punto de mi cuerpo que ansiaba todo de él. Fácilmente podía haber muerto del placer pues sentí, en el momento en que su mano cubrió mi pecho suavizado por la seda del vestido que portaba, que mi corazón se detenía y mis pulmones clamaban por aire ante el placentero dolor de su toque.

– Condenado vestido…- dijo él suavemente contra mi boca antes de volver a besarme y a la vez desatando, tan lentamente que era una tortura, los tirantes de ese vestido atado a mi cuello. Su lengua rozó suavemente mi paladar y yo respiré entrecortadamente al ser presa de su roce. Sus manos no habían dejado de moverse, me tocaban, sopesaban y acariciaban sin lentitud alguna, más bien con desespero, cuando pude ver un atisbo de sensibilidad en otras partes de mi cuerpo que no fueran mi boca y mi cuello, me di cuenta de que me había subido el vestido hasta los muslos y los tocaba rítmicamente.

– Peeta…- Gemí contra sus labios, mientras el calor de su mano seguía ascendiendo lentamente esta vez, pero apretando mi carne con una fuerza pasional.

La punta de sus dedos rozó el material de la ropa interior. Mis manos se extendieron ávidas sobre su espalda mientras besaba su hombro y lo mordisqueaba suavemente. No quería que fuera despacio, después de haberle ansiado por meses…me estaba comportando como toda una perra en celo pero la necesidad primaria, solo conocida con él, me estrujaba las entrañas como puño ordeñando una ubre. Llegué al final de su espalda y sonreí el recordar mi expresión cuando vi su perfecto traserus la vez anterior, apreté sus caderas y las empujé hacia las mías esperando que mi mensaje fuera claro. Ya tendríamos tiempo de amarnos suavemente, rogaba porque lo tuviéramos, pero rogaba más el contacto íntimo de nuestros cuerpos.

Mis tacones bajos resonaron sobre el piso cuando me puso de pie suavemente, pero la misma suavidad no fue participe cuando casi me arrancó el vestido por la cabeza. Cuando la visión azul dejo de existir vi sus ojos mirándose, bebiéndose el efecto de mi ropa interior nada llamativa y la ahora perceptible curva de mi vientre…, no sabía si él lo sabía….su mano se extendió con lentitud mientras no dejaba de mirarme, la intensidad de sus ojos me hizo temblar, y más me hizo temblar el temblor en su mano cuando la posó sobre mi vientre…

– Trolcito…- dijo lentamente, no entendí nada, más mis ojos se llenaron de lágrimas ante ese intimo momento entre la vida en mí y él que había ayudado a formarla.

Él se puso de rodillas aun vestido y acarició mis piernas mientras su boca me besaba las rodillas, los muslos y las caderas, sus labios eran poderosos, suaves, perfectos, sus manos me tomaron por las caderas y me acercaron a él, aferré su cabeza para no caerme en el momento en que esos labios ardientes se posaron sobre la piel de mi vientre, cerró los ojos y dio la vuelta para posar su oreja en ese sitio…la lagrima contenida, mía, cayó sobre su cabeza pero él pareció no notarla, solo estuvo ahí varios minutos como su mi vientre contuviera el sagrado coro de los Ángeles. Yo masajeaba sus cabellos, aquellos cabellos que me estaban haciendo cosquillas en el ombligo, cerré los ojos también experimentando esa conexión magnifica que nunca creí que pudiera existir, en ese momento de pie, con el padre de mi monstruo a mis rodillas la paz, que en la vida pensé que nunca iba a conocer, cayó sobre mi como un manto de imperceptible terciopelo.

Cuando lo sentí moverse enfoqué mis ojos a él que me miró arrodillado abrazando mi regazo.

– Gracias…- dijo lentamente, como si yo fuera Dios...me incliné y le besé la frente.

– Perdóname….- había mucho más que quería decirle y solo por ese momento pensé que él me empezaba a apreciar por el contenido de mi vientre.

Me callé los sentimientos de desconcierto y culpabilidad, y más aún de desconfianza cuando el ardor y el deseo brilló en sus ojos dando un poco de menos espacio a la ternura, con su mirada conectada a la mía, atrapada en todo el sentido grafico de la palabra, sus dedos esta vez en vez de rozar, tomaron el elástico de la ropa interior y lenta, muy lentamente la fueron retirando, acariciándome en el recorrido, sentí que el sedoso vello que me cubría las piernas se erizaba a su contacto.

Cuando menos lo esperé, dada la concentración de su mirada me halé de las caderas y enterró su cara en mi vientre y más abajo, trate de contener el grito que pulso de mi garganta cuando el placer de su caricia sacudió mi cuerpo como un latigazo. La sensible parte de mi cuerpo que él estaba besando y acariciando creo la inexorable conexión con todo mi ser haciendo que mi pecho se apretara y que de él quisiera escapar mi corazón, un sollozo de placer escapó de mis labios cuando su boca se volvió más insistente. Cada neurona de mi cuerpo sentía y sabía que era lo que Peeta estaba haciendo.

El placer me inundó como el agua inunda a una piscina, lenta ardorosa y seductoramente, sentía vergüenza de desear esto pero me sentía al mismo tiempo en libertad de pedirlo, nunca en mi vida había tomado nada para mí y ahora él estaba adorando mi cuerpo como si de verdad fuera valioso. Abrí los ojos sin haberme dado cuenta en verdad en que momento los había cerrado, lo miré, sus esculpidas mejillas estaban rojas y sonreía seductoramente consiente de lo mucho que lo deseaba y de lo mucho me gustaba que amara mi cuerpo.

Se puso de pie rápidamente y me apretó contra el besándome con urgencia, di un paso hacia atrás y mis caderas tropezaron con la mesa. Él me levantó de la cintura, y me sentó con suavidad sobre la mesa sin separar nuestras bocas, y si se daba el caso sin separar nuestras miradas, algo en mí se rompió ante el entendimiento de una cosa y ese algo roto fue mi inseguridad, los ojos de él me hablaban en ese lenguaje y me decían todas las cosas seductoras que en secreto siempre quise oír. Como si no hubiera sido claro ahí estaba su voz cadente, empapada de mí.

– Mi Katniss….te amo…te adoro….te deseo….- cada frase acompañada de un beso mientras me inclinaba suavemente sobre la mesa y se subía el a ella.

Debía sentirme apenada, debía sentir miedo de que alguien nos descubriera, debía sentirme un poco prostituta por desear enormemente que me tomara así, pero mi cuerpo lo anhelaba y yo lo pedía.

– Te amo, Peeta…más que a mi vida…- dije con la voz ahogada de deseo.

Luego yo lo desnudé a él ayudándole a librarse de las pocas prendas que nos separaban, cuanto amé el contacto de su cálido cuerpo que me hacía sentirme protegida.

Sin inhibiciones lo toqué, toque la evidencia de su necesidad y su deseo y me satisfizo sobremanera que fuera yo quien lo provocara, él se estremecía ante cada roce como si toda la vida se redujera a esto, al contacto físico, a la unión carnal, al amor expresado con el cuerpo…a la vida creciendo dentro de otra vida.

Él se inclinó sobre mí y lo sentí llenarme lentamente, conteniéndose como siempre, a pesar de que yo sabía y también necesitaba de la copula animal y salvaje como la pasión que estaba corriendo por mis venas, gemí y grite desesperada por sentirlo completamente dentro de mí, al diablo…

– Ámame, Peeta…en la manera en que desees, como el instinto lo dicte…- esperé ser clara, mi lenguaje no conocía de palabras eróticas con las que seducirlo, en ese aspecto me consideraba bastante mediocre.

Intenté que mis propios ojos expresaran la necesidad salvaje en mi interior en el fuego que transmitía los centímetros que faltaban para que estuviéramos realmente unidos. Se lo rogué y él lo entendió.

Dejó caer su peso sobre mí y nuestra unión fue total, cuando ambos lo sentimos gemimos en éxtasis anticipado...pero no todavía…no todavía…

Empezó a embestirme con fuerza olvidándose de sus intenciones suaves, yo sabía por el médico, que tuvo la fineza de decirme en una de sus consultas, que tener relaciones sexuales a estas alturas de mi embarazo no era peligroso y a pesar de que yo sabía que no le haría daño pensé que él se preocuparía, pero sus movimientos eran precisos, cada roce, cada caricia y cada fuerte empujón marcaban el ritmo de nuestro baile decadente en el cual cada uno estaba concentrado en alcanzar el hondo placer que solo una unión como la nuestra, de sexo más amor, podía lograr.

Yo gritaba y él gemía ante mis gritos hábilmente sofocados por sus besos, yo lo besaba en la cara y bebía en esos besos la transpiración de su esfuerzo, de su gozo, lágrimas de alegría brotaban por mis ojos sin poder contenerlas mientras yo me agarraba firmemente a la realidad de los hombros de Peeta para no subir a la cumbre sin él, retrasaba mi placer para él, y cada esfuerzo era recompensado con su roce, era letal, devastador, este clímax nos iba a matar.

Cuando no pude soportarlo más estallé en mil pedazos y me apreté a él en busca de soporte mientras todo alrededor de mis ojos bailaba en pasión, él siguió empujando contra mi pocas veces más antes de hacer lo mismo que yo y abrazarme para atarse a este mundo y al mismo tiempo entrar al paraíso.

Fue la experiencia más hermosa de mi vida, contando la primera noche, amaba a este hombre con una intensidad que me asustaba pero que al mismo tiempo me daba toda la seguridad y estima que me había hecha falta. Lo besé lentamente. Cuando fui consiente de mí, él exhalo su aliento en mi boca y lo traguee satisfecha mientras unía mis labios a los suyos y resistía parte de su peso con el mío. Su mano tomó mi mano y besó el anillo dorado que había puesto en ella sonriendo enigmáticamente, luego mirándome otra vez, una vez desaparecido, momentáneamente, el velo del deseo, posó ambas manos unidas en la dura y poco visible protuberancia de mi vientre…

– Nuestro trol…cito- dijo sonriéndose, - solo podía pensar en ti…en esto…en nosotros …por el amor de todo lo sagrado, cásate conmigo…se mi esposa Katniss Everdeen…- rogó desesperadamente.

Mi pasión no me impidió grabar en mi cabeza aquellas palabras…dichas con tal veracidad y decisión que no podían ser solo producto de la pasión compartida…no más inseguridad…no más…

–Yo lo llamo monstruito…- dije yo acariciando mi vientre en donde una pequeña patadilla contra nuestras manos nos indicó que sabía que estábamos hablando de él…de ella…de lo que Dios quisiera – Y si…acepto casarme contigo…y vivir a tu lado toda mi vida…–

Me besó intensamente, diciéndome en silencio que en el aspecto de la pasión jamás me iba a aburrir de nuestro matrimonio.

Miró a nuestro alrededor y sonrió contra la comisura de mi boca.

– Soy un animal….-

Supuse que se estaba refiriendo al haberme tomado sobre la mesa pero yo le tomé la cara y lo obligué a mirarme,

– Yo también…y mira el resultado…- señale mi vientre…- un pequeño trol/monstruito. – él se rio con una carcajada silenciosa y me miró poniéndose serio.

– Te amo, Katniss Everdeen…me has robado el cuerpo, la mente... – me tomó la otra mano y me la besó – pero más importante que todo,…el corazón…–

Seguimos besándonos alternándolo con caricias, pero cuando todo se dio para una segunda unión yo lo detuve.

– Tendremos tiempo para hacerlo sobre una cama…alguien puede entrar–

Lo entendió no sin rechistar, pero una cosa era segura y él lo resumió en esta frase:

– Una frustración como la mía tardara mucho tiempo en ser mitigada –

Yo lo secundé con una sonrisa cuando me ayudó a atarme los tirantes del vestido. No podíamos decir lo mismo de su camisa. Estaba ideando una manera de salir cuando alguien toco con los nudillos la puerta.

Miré aterrada a Peeta y él me puso tras de él cuándo la puerta se abrió. Cuál no sería mi sorpresa al ver a Gale. En sus manos tenía un sweater blanco que alargó hacia Peeta. Sentí que la cara se me iba a explotar de la vergüenza pero él solo sonreía.

– Veo que he hecho bien…- dijo enigmáticamente.

– Gracias, Gale- dijo Peeta adelantándose- …Por todo- tomó el sweater y a cambio estrechando la mano de Gale como si fueran amigos entrañables.

– Ahora queda lo más difícil – dijo Madge entrando y tomando de la mano a Gale, pero yo sabía a qué se refería cuando decía eso, y no necesite que tres personas en diferentes tonos de voz dijeran su nombre.

Thom.

Peeta.

Salí de la casa de Madge con una sonrisa de oreja a oreja, no estaba muy contenta con mis argucias a fines de conseguir información sobre Katniss, y estaba también bastante de mal humor con Gale por que no se lo había dicho, pero ahora todo estaba aclarado. Ahora mi oportunidad de recuperarla estaba en mis manos como no lo había estado antes.

Me subí a un taxi y le pedí que me llevara a mi hotel. Por un segundo quise verla en su trabajo y cedí a ese impulso por el simple pacer de observarla. Pagué al taxista cuando salí y me compré un rollo de canela para pasar el tiempo, desde mi posición privilegiada podía observar el movimiento de la entrada y salida de personas de esa oficina pero solo buscaba ávidamente cuando alguien medianamente parecido a ella salía.

Me sorprendió y enfadó a la vez que cayera la noche sobre el día y ella aun no saliera, consultaba mi reloj codiciosamente contando cada minuto. Había comprado una tarjeta de madres en una tienda, y se la había dado a Madge firmada con mi mamarracho para que ella la pusiera cerca de Katniss, para empezar a felicitarla antes de verla y saber que la hermosa tarjeta le alegraría un poco.

Observé más por inercia que por verdadero impulso y la vi….allí estaba ella, tal como le había visto en la mañana, hermosa, seductora, imparable…mi gatita.

Mi cuerpo volvió a arder como en la mañana y saberla tan a pocos pasos de mí solo hizo aumentar mi deseo, deseo que había dormido lo bastante para ser racional.

Respiré hondo para calmarme y seguirla hasta que estuviera seguro de que estaba bien.

Caminó una distancia considerable pero no lo noté, estaba pendiente de la cadencia de sus pasos y el taconeo de sus zapatos. El CD brilló en mi mente, ahora estaba en manos de Gale quien se lo iba a dar a Katniss mediante un intermediario el día de mañana. El día de la fiesta, la ocasión propicia, según Madge, para que nuestro reencuentro se desarrollara.

Subió a un taxi y se alejó, el único consuelo que hallé de esa distancia es que mi cuerpo debería esperar otras 24 horas para verla, prefería mil veces esas 24 horas que las semanas, meses sin ella.

"Muy pronto, amigo" Sí, mi amigo ardía con deseo, pero ardía mi cuerpo y mi mente por la necesidad de quitar de los recuerdos de Katniss las odiosas ignominias de esa perra que se hacía llamar Delly. Resignado y con el cuerpo dolorido de puro deseo salté a un taxi y me fui ahora si a mí hotel.

Las tres duchas frías que me tomé, después de que me despertara cada vez del mismo sueño, tampoco ofrecieron sosiego a mi "amigo". Pero tampoco a mí, Dios, estaba enloquecido por esa mujer. Obsesionado, y enamorado, perfectamente correspondido…o eso sospechaba.

Cuando me desperté por quinta vez ya era de mañana y traté de enrolarme en cualquier clase de actividad con el fin de distraer el próximo encuentro a darse.

A las seis de la tarde ya estaba vestido y más que listo para ir al salón de la recepción. El corazón me palpitaba y también otras partes no mencionables de mi cuerpo. Mi amigo, sobre el que no tenía control, era el pensante de esta noche, pero si ella me rechazaba sabía que podía dejarla hacerlo, a pesar de que las duchas frías se convirtieran en un constante hasta que me dejara tomarla por su voluntad.

Cuando llegué a la recepción subí rápidamente como Gale había indicado y me escondí en la pared móvil del lado derecho del cuarto de cámaras. En donde iba a hablar en privado con Katniss. La sola idea de ella y yo solos me recorrió el cuerpo recordándome como me sentía.

Desde ese pedazo de pared escuchaba todo, ahora solo tenía que esperar, esperar el momento en el que ella viera el video y supiera la verdad de mí, de poder explicarle cuan perdida y ciegamente enamorado estaba de ella.

Escuché pasos que subían rápidamente después de una hora o dos. Mi corazón saltó cuando identifiqué la voz de Madge, habían entrado al cuarto.

– Madge no creo que debamos...- escuché la voz de Katniss, y me relamí de gusto cuando imaginé el sabor pronto de sus labios de nuevo bajo los míos.

– Dámelo, tal vez sea para algún trabajo o alguna información importante- dijo Madge a lo lejos, bastante importante a decir verdad.

El video comenzó a reproducirse sin mediar más palabras entre ellas. Yo esperaba calmando mis ansias, esperaba que el video terminara, esperaba que dejara de oírse la voz del infierno para que la verdad fuera clara. Conté el tiempo que duraba y luego todo se quedó en silencio.

– Madge…- la voz de Katniss antes curiosa ahora sonaba estrangulada, la verdad ahora clara…¿por que se escuchaba tan…?

Escuché otros ruidos hasta que nuevamente capté a Katniss.

– Eh…-dudó - Necesito hablar con Peeta….Mellark - dijo, mi nombre en sus labios sonó a algo similar a un ladrido lastimero, se me frunció el estómago.

Otro ruido, luego silencio, la curiosidad latía en mis sienes haciéndome desear hacer acto de presencia, debía verla ya o me iba a morir de un infarto.

– Katniss- dijo Madge sobre una serie de gemidos lastimeros que se escucharon luego, que interpreté como de Katniss.

– Madge…mi bebe…Peeta…mi…- Un grito de dolor perforó la tranquilidad del aire que me rodeaba, salté de la pared y la empujé fuertemente incapaz de soportar otro minuto más sin tenerla. Mientras me acercaba escuché la voz de Madge.

– Katniss…yo…lo siento…-. Ese era el momento en el que ella le contaba del montaje y yo aparecía sonriente, pero no contaba con el dolor y la reacción de Katniss, como yo tampoco, no debía sentirme asquerosamente regocijado, pero maldita sea si lo hacía.

– Donde esta…- la agonía de su voz era demasiado para mi mientras menos pasos nos separaban.

– No… lo sé- dijo Madge, pero ya había ido lejos, ya habíamos extendido la situación más allá de lo posible. Ella seguía llorando en suplica muda

– Katniss…Katniss…- la llamó Madge una y otra vez pero ella no respondía.

Cuando la enfoqué en mi campo de visión mi cuerpo se quedó de piedra, sentada apretando las manos sobre su cara su tristeza perforó mi pecho al mismo tiempo que el deseo y la necesidad, vestía ese mismo traje que usó cuando en el compromiso de su hermana, pero hoy, que había aprendido a mirarla con el amor que me consumía, la veía mil y una veces más hermosa de lo que ya era.

– Katniss…- dije apretando mi garganta al pronunciar su precioso nombre.

Como si mi voz fuera la clave de la detención de su dolor , su llanto cesó y descubrió su cara a la facción de incredulidad que dibujó en ella cuando nuestros ojos pudieron mirarse finalmente el uno al otro sin ninguna mentira que velara nuestros deseos. Sin nadie en medio a quien culpar ni deseoso de hacernos daño, solo ella y yo, ellos y yo.

No se por cuánto tiempo la miré, pero en sus ojos descubrí los cuatro meses de soledad y de sufrimiento que yo había causado, también el arrepentimiento y el pesar, reemplazados después por la necesidad, tan desnuda como yo quería tenerla a ella.

Madge salió y cerró la puerta pero apenas fui consiente de ese hecho, ahora solo existíamos los dos, ahora…podía ser mía de nuevo. Solo tuve el valor de hablar para decirle la hermosa frase del anillo de mi madre, anillo que, si no me equivocaba, estaba en su mano derecha.

– Pour toujours dans mon coeur.- dije esperando que fuera suficiente. Mi cuerpo latía de deseo, así fuera un abrazo pero necesitaba de su contacto, básicamente si no la tocaba me consumiría espontáneamente, levanté mi mano para que la tomara, para que aunque fuera la rozara.

– Dios Mío…- dijo ella en un susurro cargado de secretos y a la vez de tanta verdad inimaginable.

Cuando la vi venir hacia mi todo sentido de la realidad se apartó de mi conciencia, aquí estaba yo viviendo mi fantasía hecha realidad, ella a mi lado.

Pude ver venir la sarta y chorros de lo mucho que me tenía que decir pero yo no quería disculpas, no quería nada más que abrazarla y mecerla en mis brazos, aceptaría cualquier cosa pero en el lenguaje corporal, las palabras…no eran una necesidad en este momento.

La besé incapaz de poder huir a la tentación, la humedad de su rostro me hizo pensar en otro tipo de humedad que estaba ansioso de poseer, la besé lujuriosamente recordando con cada papila gustativa de mi lengua la textura nunca olvidada de su aterciopelada boca. La apreté contra mí levantándola del piso, descubriendo que su peso pluma seguía siendo el mismo. Ya vería yo que comiera hasta que se engordara como un globo, hasta que fuera suficiente para su salud y la de mi trol.

Sus piernas me apretaron las nalgas en el momento en que se hicieron un nudo en mi cintura, un gemido salvaje y de profunda necesidad escapó de mi boca, y la carestía de estallar se hizo apremiante, pero no… la dominé…hasta que ella deseara lo mismo que yo.

Impaciente por sentir cada centímetro de su dulce piel sobre la mía caminé y la pose sin ninguna delicadeza sobre la mesa más próxima, una vez ahí comencé a besarle su apetecible cuello, aquel por el que había muerto por probar durante esos meses de separación y que ahora se ondulaba ante mi como la más deliciosa fruta prohibida. Lo besé, lo lamí y lo marqué intentando no ser apremiante en mis caricias, solo podía pensar en ella, en su cuerpo y en su mente, en ese cuerpo tentadoramente descubierto por el diseño osado del vestido.

Sentí sus manos temblorosas en mi camisa, intentaba quitármela, la razón de su temblor la ignoraba, aparté sus manos suavemente y me quité el maldito retazo de tela, alojé a Katniss entre mis muslos otra vez sintiendo cada parte de su calor, posé sus manos en mi pecho y la sensación de sus infantiles palmas me trajo recuerdos lo suficientemente calientes para excitarme mucho más de lo que ya estaba ahora, si es que era posible.

Tomé su suave y cálido seno en mi mano con los recuerdos de su piel desnuda, pudorosa y condenadamente deliciosa bombardeándome la memoria, el suave peso de ese seno inflamó mi sangre y a mi amigo. Pero la tela estaba haciendo lo suyo, haciéndome desear destruirla.

Con impaciencia, porque sabía que no apreciaría que destruyera su vestido como con mi camisa comencé a desatar los cordones atados en su cuello, mis dedos aprovechaban cada tramo de piel que podía tocar, si alguien nos iba a interrumpir me llevaría la piel en mis dedos hasta un nuevo encuentro.

– Condenado vestido- dije impaciente cuando me enredé un poco los dedos en los finos tirantes.

Besé sus labios y su lengua imprimiendo pasión y deseo, el vestido yacía sobre su cintura y sus pechos estaban libres a mis demandas, los toqué ansiosamente, como un niño ávido, como un adolescente perturbado, como el epitome de la abstinencia que era como me sentía hasta hace 20 minutos.

Después hurgué su cintura y luego sus piernas que me apretaban febrilmente, en busca del lugar que más me moría de ganas por poseer.

La piel de sus piernas, tan suave como la del resto de su cuerpo cedió ante mis manos anhelantes explorando cada centímetro y añorando perforarla para marcarla como mía, como nadie nunca más iba a hacer.

– Peeta…-

Justo lo que mi libido necesitaba, que mi nombre sonara de esa manera desesperada en ella…rogué que me diera fuerzas a algo, lo que sea, antes de echarme sobre ella y tomarla como un perro. Ganó mi sentido común y la poca decencia que me quedaba en el ceso sin darme cuenta de que mis manos apretaban su carne con más fuerza de la necesaria.

Al seguir subiendo y recubriendo su piel de nieve mis dedos rozaron sus bragas, y ella gimió acariciándome la espalda y empujándome hacia ella, hasta que los sitios en donde ambos parecíamos arder entraron en febril contacto. Casi se me cae la cabeza por el esfuerzo de controlarme, me estaba llevando lejos y demasiado rápido para ambos, quería prolongarlo, pero el control del que me jactaba pesaba menos que una gota de agua.

La bajé de la mesa para poder quitarle la ropa, la tomaría desnuda de cualquier ardid, de cualquier cosa que pudiera entorpecer la gloriosa figura que ahora yacía de pie ante mí, dándome la libertad para hacer lo que yo quisiera.

Toqué desde su frente, iniciando un lento descenso, había llegado el momento de conocer a mi trol aunque mi control pendiera de un hilo. Toqué cada centímetro del camino descendente sin detenerme y con los ojos fijos en ella transmitiendo mis emociones hasta que posé la mano en su lugar, allí donde la piel se hacía más dura y donde la consistencia de algo prolijamente redondo se podía captar. Oh mi Dios. Ahí estaba. Ahí creía nuestro hermoso y anhelado futuro.

– Trolcito…- murmuré recordando su foto en la eco. Tenía que sentirlo, sentir su vida, el preciso corazoncito que latía con la cadencia estrella de un conejo.

Me puse de rodillas ante la reina de mi vida, como un caballero medieval nada más que presto a adorarla y a jurarle fidelidad hasta el día en el que me muriera. El olor de su piel y su deseo me hizo querer fervientemente aplazar por un poco más de tiempo este encuentro entre mi trol y yo, pero me controlé, ambos, Katniss y él, eran dignos de adoración al mismo tiempo. Eran uno.

Toqué sus piernas antes de tomaran de las caderas ahora un poco redondeadas y acercarla a mí, besé su piel en ascenso y finalmente besé la dura piel de su vientre maravillándome en la textura, en ese tesoro de incalculable valor fruto de nuestro amor.

Acerqué mi cabeza a fin de escuchar el sonido de su corazón sin poder concedérseme ese deseo, pero sabiendo profundamente que la vida en ese interior estaba bien, era amada y seria protegida, por la mujer…por la única mujer que me había dado tanto.

Sus manos acariciaban rítmicamente mis cabellos mientras yo me perdía en sus caricias suaves. Suficiente.

Era hora de amar a la madre.

Aparté mi cabeza de su vientre y la miré a los ojos desde mi posición, hermosas lagrimas brillaban sobre su rostro inocente, limpio ahora de la maldad a la que injustamente había estado sometida.

– Gracias...- le dije, gracias por darme felicidad, amor y un futuro con el que fantasear, gracias por existir Katniss Everdeen, gracias Dios por ponerte en mi camino.

– Perdóname…- dijo ella, en solo esa palabra sellamos las muchas que debieron ser habladas, pero que sin embargo no eran necesarias porque ambos comprendíamos que las cosas, nuestras vidas, eran lo único que importaba ahora.

Hora de amar a la mujer. Retiré el resto de frágil prenda que me impedía tomarla hasta la saciedad, la cabeza me daba vueltas ante toda esa maravillosa mujer.

Sin darle tiempo de arrepentirse y sin darme tiempo a mí de perder el poco control que me quedaba tomé su intimidad en mi boca y saboree su contacto. Calor, todo lo que había allí era calor y suave aceptación, húmedo deseo, pura lujuria pronta a ser satisfecha.

El sabor de su deseo, nunca olvidado, fue embriagador y devastador y cuando ella llegó yo me perdí en su placer contendiendo el mío a pesar del fiero impulso de ceder a él sin entrar en ella. Pero lo logré, yo quería llegar en su interior cálido y sedoso.

Me puse de pie y la llevé hasta posarla sobre la mesa y recostarla en ella, quedaba muy poco y a la vez tanto por descubrir, está loca lujuria, ajena a mí, amenazaba con consumirme entero, pero no me iba a dejar, al menos por unos minutos más, perdiéndome en la intensidad de su mirada húmeda y cristalinamente chocolate.

– Mi Katniss…te amo…te adoro…te deseo…- eso no compensaba, esas cuatro palabras no eran suficientes, pero eran las primeras que se me ocurrían, las muchas otras me las guardaba para mí y me dedicaba a mostrárselas en cada caricia.

Estaba bajo mi cuerpo, vulnerable y hermosa y yo la miraba, la tenía y la iba a poseer una vez más, aun sin tenerla ya la ansiaba para toda la vida.

– Te amo Peeta… más que a mi vida… - el deseo desnudo de su voz penetró mi conciencia, cerré los ojos a la lujuria avasalladora y sentí sus manos rozando mi ropa y la ayudé a retirarla ya sin ningún tipo de control, el que volvía a pender de un hilo cuando ella me tocó todo.

El calor abrasante de su intimidad, la estrechez de su cuerpo, me dieron la bienvenida en un roce que me paralizo el alma, lentamente, procurando no hacerle daño, deje que ese calor inundara y recibiera mi propia intimidad mientras me contenía para no moverme con prisa, pero lo necesitaba, Diablos si lo necesitaba. Ella se estremecía y gemía entrecortadamente bajo mi cuerpo, fue solo dos segundos después que entendí que quería que urgiera mis movimientos, deseaba el ardor y el salvajismo tanto como yo. No necesité sus palabras pero aun así las escuché, cada una de ellas quemándome la sangre como un hierro.

– Ámame Peeta…en la manera en que desees- gemí y moví mi cadera un poco- como el instinto lo dicte –

Como animales deseando la liberación de los cuerpos. La razón se esfumó, la lujuria y el deseo tomaron el mando.

Hice mis movimientos guiado por el instinto animal, como ella me lo pedía, seguía retorciéndose, gimiendo profundamente dándome su placer y compartiendo el mío, seguía moviéndose saliendo al encuentro de mis envites con seductora impaciencia y yo como un loco la seguía, la seguía y la seguía….

Su interior me apretó con fuerza en el momento culminante y ver su placer desencadenó el mío.

Me olvidé de quien había sido, de lo que había hecho, ahora solo existía este mundo de paz y tranquilidad, estos momentos de éxtasis que llenaban lo poco que quedaba del alma que tenía antes de ser un gigoló. Ahora solo estaba ella y mi hijo…nada más…nada más.

Tomé su mano en mi mano y la besé luego hice que ambas pieles entraran en contacto con la de su vientre.

– Nuestro trol…- sonreí ante su mirada inocente y le dije antes de que algo nos interrumpiera. – Solo podía pensar en ti, en esto, en nosotros…- que me dijera que si por favor – Por el amor de todo lo sagrado, cásate conmigo…sé mi esposa Katniss Everdeen –

Me preparé incólume para su rechazo, pero su mano la que tocaba el vientre y rozaba la mía se moví y me apretó la mía.

– Yo le llamo monstruito…- comprendí que se refería a nuestro espécimen, aquel que privada y, debía decirlo, habíamos bautizado con tales sendos apodos. – y si, acepto casarme contigo…y vivir a tu lado toda mi vida –

La besé dándole las gracias por su respuesta, por su ahora ciega confianza en mí, luego caí en cuenta del frío de la madera y de modo en que nuestros cuerpos estaban acoplados sobre esa mesa en donde la había tomado sin control.

– Soy un animal- dije odiándome internamente.

– Y yo también- me respondió ella sorpresivamente, al menos para mí. – Y mira el resultado…- se señaló la tripa y sonrió- un pequeño trol / monstruito –

La miré y supe que nunca había conocido tanta belleza junta, y me prometí a mí mismo que fuera lo que fuera desde este momento toda mi existencia seria dedicada a hacer feliz a esta mujer.

– Te amo Katniss Everdeen…me has robado el cuerpo, la mente,- le besé la mano,- pero lo más importante de todo, el corazón. –

Sonrió con placer ante mis palabras y supe que me creía.

Seguimos besándonos y mi lujuria volvió a despertarse con asombrosa rapidez, como solo con ella sucedía. Pero ella me detuvo antes de elevarme sobre su cuerpo.

– Tendremos tiempo para hacerlo en una cama - sí, contigo desnuda y cubierta de azúcar…jejejeje - Alguien puede entrar…–

Lo chocante del asunto es que tenía razón, pero eso no me hizo desearla con menos ardor.

– Una frustración como la mía tardara mucho tiempo en ser mitigada–

Sonrió comprensivamente y se bajó de la mesa con suavidad.

La ayudé a vestir y despues a mí, intentando discernir el misterio de cómo iba a salir sin que la gente se preguntara sobre el destino de mi camisa.

Alguien tocó la puerta en ese momento, Katniss se escondió y tras de mí y la dejé hacer. Pero la puerta dio paso a alguien de confianza, Gale, nuestro segundo redentor.

– Veo que he hecho bien- dijo mirándome desaprobatoriamente el pecho desnudo -

– Gracias Gale- esperaba que entendiera con ese gracias que abarcaba todo, aunque no se notara le debía demasiado. – Por todo. – Katniss debía sospechar que ese todo incluya su vida investigada, pero esperaba que me entendiera.

Madge se unió tiempo después.

– Ahora nos queda lo más difícil –

El helado balde de imaginaria agua fría cayó sobre mí al comprender de quien hablaba, no me sentía menos valiente, ni menos lujurioso, pero tal vez la pelea iba a estar un poco más dura de lo que creía.

Holaaaaaa al fin están juntos jaja es lo que esperábamos no es asi?

La verdad es que no creo que se hallan pasado como cree Peeta solo que no contábamos con el dolor y que Katniss sea tan dramática.

Gracias por los comentarios que me dejan me da muucha alegría,estamos casi por terminar la historia, les dire que no faltan mas de 10 capitulos,ellos están juntos,pero que creen que pasara después?.

Me dejan un comentario con sus respuestas y reacciones a este capitulo.

;) xoxoxoxoxoxoxoxox