DISCLAIMER:

Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..

Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).

Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste

Katniss

Durante la fiesta permanecí al lado de Peeta todo el tiempo. Bailé con el todas las piezas y nuestros cuerpos aun deseosos por el tiempo pasado se frotaban el uno al otro con sensualidad desbordante. Todos mis sentidos estaban pendientes de él, de mis manos en su cuello o enterradas en su pelo cobrizo, de sus manos cálidas y curiosas en mi cintura y del deseo y la lujuria que brotaba en el poco aire y la poca distancia que nos separaba.

Rozó su nariz con la mía y dijo contra mi boca:

- Mi esposa...-

Yo nunca había podido asociar a mi personalidad la palabra esposa ni las cualidades que eso implicaba, pero ahí estaba, en brazos del hombre mas maravilloso del mundo y el que, horas antes, me había pedido que me casara con el y yo aceptaba como una niña enamorada.

Eso era lo que era, tal vez no una niña pero si una mujer absoluta y condenadamente enamorada. Sonreí y él se quedó mirándome la boca, haciéndome sonrojar.

- Me voy a encargar de que esa sonrisa nunca abandone ese lugar- dijo con ese tono que me hacia vibrar las partes innombrables de mi cuerpo, besó la comisura de mis labios mientras me apretaba con mas ahínco contra él, era casi imposible respirar, me agité un poco al sentir la violencia de la reacción de mi cuerpo y más aun al ser presa de la violenta reacción de él, la cual sentí claramente en mis caderas.

- Vaya - dije contra su boca a pocos centímetros de la mía - Y yo que pensé que tardarías mas tiempo en "recuperarte"-

Su frente se apoyó contra la mía y él aspiró con fuerza sobre mi cuero cabelludo.

- Creo haberte dicho que mi frustración tardara bastante en ser saciada...tal vez nunca...nunca -dijo en un susurro profundo.

- Creo que pienso lo mismo – secundé.

Nos besamos levemente y yo sentí el zumbido conocido en mis orejas. Esto era maravilloso, seguramente así se sentía ser amada, estar rodeada de los brazos de la persona que es tu pareja, besándose, bailando como cualquier historia de cuento.

Cuando nuestros labios se separaron suspiré, cerré los ojos intentando encontrar, entre todo mi aturdimiento, la excusa y la explicación que le iba a dar a mi padre y que, o cual, iba a ser el sacrificio que iba a tener que dar para que aceptara en mi vida a Peeta.

Aunque en estos meses había dado señales nulas de querer hablar conmigo yo lo necesitaba, necesitaba hacerlo participe de mi felicidad. Mi padre era la única persona que se iba a enterar de mi boda. La ultima vez que había hablado con mi madre ella solo había mostrado cuan poco le importaba yo como hija.

No sé por que en ese momento recordé eso y los ojos se me llenaron de lagrimas que, desgraciadamente, no pude contener. Él se dio cuenta.

- Katniss...- a pesar de la súbita tristeza que sentí no pude evitar esbozar un amago de sonrisa cuando lo oí pronunciar la contracción de mi nombre, era algo sumamente encantador, se separó un poco de mi, me tomó el rostro en las manos y me miró con sus ojos azules. - ¿Que sucede?- su mano viajó de mi cuello a mi mejilla y allí atrapó la lagrima solitaria que se había deslizado de mis parpados.

- Aún tengo miedo por Thom - dije ocultando el verdadero motivo de mi tristeza repentina.

- No lo creo- dijo él solemnemente, parpadeé y el resto de mis lagrimas halló camino a mis mejillas y quedaron atrapadas en sus pulgares – a ti te preocupa algo mas-

Si, estaba un poco deprimida.

Él sabia lo que era no tener madre, pero para mi era peor tenerla y saber y que ella no quería tenerme a mi. Nunca supe si yo había sido un accidente o si solo había sido deseo de mi padre que naciera, sentí que los brazos de Peeta me ceñían apartándose de mi cara, identificando inexplicablemente el motivo de mi dolor.

- Ssshh.. princesa - sollocé un poco mientras él me abrazaba. Había contado en cierta ocasión esta debilidad a Madge - Ahora me tienes a mí, a nuestro hijo, a Madge con Gale...-

- Me hubiera gustado que mi madre compartiera esta felicidad – dije amargamente contra su pecho.

- Mírame...- me dijo él después de un momento, cuando me calmé. - Algún día...- comenzó a hablar, y le miré la boca con mis ojos llorosos - Ella va a darse cuenta del error que cometió, pero ahora es tiempo de pesar en ti – sonrió de lado antes de continuar- en nosotros...-

Me permití dejarme llevar por el placer de sus ojos y olvidarme de la presión de los sollozos, él tenia razón, mi vida estaba pronta a cambiar y juré por El Altísimo que lo iba a aprovechar, basta de pensar solo en los demás, basta de hacer intentos vanos por agradare a una madre que no me quería, ahora iba a tener lo que en mi infancia y adolescencia había tenido a medias, amor de verdad.

Sentí un ligero movimiento en mi vientre y sonreí, el monstruo compartía mi felicidad y la apoyaba.

Cuando la balada terminó condecoraron a algunos de los detectives de la empresa, entre ellos Gale.

Cuando la voz del amo de la ceremonia mencionó el nombre de Plutarch , por el premio al trabajo del mes, abrí mucho los ojos incrédula ante lo que descubrí en ese momento, miré a Peeta un poco sorprendida al quedar clara la profesión del supuesto "auxiliar del jefe de personal" que había ido por noticias mías.

- Era algo que debía hacer- dijo Peeta excusándose con una expresión un poco amedrentada en la cara, como si lo fuera a juzgar culpable por atreverse a investigarme - Ai no sabia de ti, por cualquier medio, me iba a enloquecer -

"Vaya" pensé. Jamás me había sentido lo suficientemente importante como para que alguien contratara a un investigador privado para averiguar sobre mi aburrida vida. Me sentí cuidada, importante y no me desagradó en absoluto, cualquiera aparte de mi diría que mi reacción debía ser de indignación por la invasión a mi privacidad pero ahí estaba, sintiéndome feliz con Peeta y sintiendo el delicioso cosquilleo cuando confesó que si no sabia de mi se iba a volver loco, debía quererme, realmente.

Aferré su mano aceptando su excusa y me volví para escuchar el resto de la ceremonia. Todos reímos ante la frase que uso el amo de la ceremonia al acabar de nombrar a los condecorados y al terminar el discurso,

"No sean metiches"

Gale bajó de la tarima y fue a donde Madge, esta le besó la frente y lo abrazó con fuerza cuando el la levanto del suelo.

- Necesito hablar contigo- le dijo cuando la puso en el suelo, Gale tenia un expresión demasiado seria incluso tratándose de él.

Madge se volteó hacia nosotros y nos dijo que podíamos ir a la casa ya que probablemente se quedaría a pasar la noche con Gale. Se fueron cogidos de la mano.

La mano de Peeta me haló y caí contra su pecho con una sonrisa lenta.

- ¡Oh, Dios!- susurré acariciando los botones del sweater blanco – Madge no va a estar en casa...que eventualidad...- lo tenia para mi sola, él tenia razón. El deseo y el amor acumulado de cuatro meses era un hecho que teníamos que sofocar, cuanto antes. - ¿Que vamos a hacer?- pregunté como si me entristeciera hacerlo.

Él me besó con fuerza y nos separamos con la respiración agitada.

- Te deseo, te necesito...aun mas que antes - dijo él contra mi boca, su aliento cargado de erotismo acarició mis labios inflamados y húmedos de su beso - esto nunca se va a acabar...salgamos de aquí ahora mismo... -

Me tomó de la mano y empezamos a circular por entre la gente, salimos al aire frió y nos embarcamos en un taxi. Nos dimos apasionados besos y nos toqueteamos por todas partes aun a riesgo de que el conductor pensara que íbamos a tomar su auto como lecho de consumación.

Salimos cuando él pagó y nos besamos todo el camino hasta la casa, cuando me di la vuelta para abrir sentí que él me apretaba por detrás y mi espalda entró en contacto con su pecho y mi trasero contra su entrepierna, excitada como antes. Reí suavemente al sentir el embriagador contacto. Apenas entramos cerré la puerta y él me tomo en sus brazos otra vez, sentí tanta felicidad como nunca había sucedido.

Cuando habíamos llegado a la mitad de las escaleras yo ya no traía la ropa interior y el sweater de él se había quedado al pie de estas, el teléfono repicó.

Llegamos al rellano del segundo piso y me separé de él para contestar la llamada, otra vez se posicionó detrás de mi y comenzó a besarme el cuello y la piel descubierta de la parte superior de mi espalda, desatando con sus dientes los cordones que horas antes había desatado con los dedos.

- ¿Hola?- contesté con la voz ahogada de deseo, pero me quedé de hielo cuando la voz al otro lado respondió.

- ¿Kat?- era mi padre. Preguntó mi nombre con lo que pude identificar como un tono dubitativo, como si se estuviera preguntando a si mismo que hacia con el auricular en la mano. - Yo... quería hablar contigo-

- Cha... ¿Papá?- pregunte entrecortadamente, Peeta dejó de besarme y se puso frente a mi analizándome.

- Si...Kat...eh...- Parecía que no sabia que decir en ese momento, y ahí precisamente me volví a dar cuenta de cuan parecidos éramos.

- Perdóname papá...- dije susurrando – Yo... no quería desilusionarte – Peeta alargó su mano y entrelazó sus dedos con los míos en mudo apoyo moral.

- Yo...siempre voy a estar orgulloso de ti, Kat- lloré, no podía evitarlo, y saber que en esas pocas palabras estaba escondida la frase "te perdono" me hizo emocionarme aun más.

- Te quiero, papá- dije sencillamente luchando inútilmente con el nudo de llanto que me apretaba la garganta.

Los cuatro meses de su ausencia que tanto me habían dolido y marcado desaparecían ahora, cuando escuchaba también el llanto de él, mas silencioso que el mío, mi padre era de las pocas cosas buenas de mi vida.

- Yo también te quiero, Kat, más de lo que te imaginas- Suspiré, tenia a mi padre de vuelta y sabia que cuando se enterara del motivo de mi nueva felicidad, su cariño hacia mi le haría mas fácil adaptarse a que estaba embarazada y que me iba a casar con Peeta, bueno...tal vez estaba siendo demasiado optimista y tenia riesgo de quebrar esta frágil tregua con mi padre, pero él merecía saberlo, como hija suya el merecía mi sinceridad, pero no era una verdad que iba a administrar por teléfono, solo había tenido miedo a Thom a vez en mi vida, hace cuatro meses en aquella iglesia, pero ahora él y yo debíamos afrontar nuestras verdades cara a cara.

Tenía a mi padre y lo iba a conservar, el instinto me decía que así seria.

- Han pasado tantas cosas, papá, necesito contártelo todo, viajaré...- sugerí aunque la idea no me atraía en lo absoluto, menos ver a mi madre y a la empollona de Delly.

- Tendremos tiempo, campanilla.- me dijo, el solía llamarme así cuando era niña. - Y no te preocupes, no tendrás que venir, yo voy a ir a ti. Como antes, como hace mucho tiempo no hacia, no sabes cuanto de menos te he echado, hija.

- Si, papa- dije secundándolo- Es mejor hablar personalmente -

Debía contarle del cambio radical de mi vida. Me dijo que llegaría el día de mañana, me olvidé de mencionar a los demás ese hecho, la felicidad era demasiada para recordarlo

Cuando corté la llamada sentí que el peso de un mastodonte había sido quitado de mis hombros, Peeta me abrazó y me dijo:

- Me alegra que tengas a tu padre de vuelta, es lo que importa -

- Si, tienes razón. Mañana podremos contarle la verdad y decirle que nos casamos, y que va a ser abuelo -

Él sonrió al ver la expresión de mi rostro.

- Él debe ver la veracidad y conveniencia de mis intenciones- dijo Peeta refiriéndose a nosotros di la vuelta en su abrazo y quedeé de frente a él, ahora mi felicidad era completa.

- ¿Y que intenciones son esas?- pregunté para iniciar el juego y a la vez frotando sinuosamente mi cuerpo contra el suyo en una clara actitud de invitación.

Él direccionó su vista hacia el baño y meneó la cabeza.

- Con él mis intenciones son pedirle tu mano como la tradición manda pero contigo...-

- ¿Cuales?- rozamos nuestros labios y ambos suspiramos abrazándonos apasionadamente.

- Tomarte una y otra vez durante toda la noche... bañarnos en esta dicha que nos devora el alma... amarnos de...- acallé sus intenciones con un beso, me levantó en sus brazos y me llevó hacia el susodicho baño, cuando llegó allí me bajó y separamos nuestras bocas, el sonido excitó todos mis sentidos – ¿Recuerdas como se hace en la ducha?- me preguntó con voz ronca.

Mi cara debía ser un incendio en ese momento, asentí suavemente contra su boca ocultando mis ojos de los suyos, él me deslizó un dedo sobre los labios.

- Yo también...- se alejó unos pasos y alargó la mano tendiéndola hacia la ducha.

Después se volvió hacia mí sin mediar palabra y en espera de que el agua tomara la temperatura adecuada.

Dio unos pasos hacia mí y me tomó de la cintura, sus manos se convirtieron en puños que agarraron la tela del vestido empezando a deslizarlo lentamente hacia arriba. Yo estaba perdida mirándole la boca y admirando como se contraían los músculos de su cuello y hombros cuando lentamente retiraba la prenda azul.

- Levanta los brazos- ordenó en ese tono ronco de su voz, agudizado por el deseo.

Levanté mis brazos y el términó de retirar el vestido. Lo sostuvo contra su cara y lo aspiró con la nariz lenta y metódicamente.

- Es la segunda prenda que huelo después de que la usaste - dijo mirándome a los ojos fijamente.- Nunca cambia...es un olor que amo...que me excita...que me quema la sangre en las venas -

Su mirada luego, por encima de la tela, se deslizó con insoportable lentitud por mi cuerpo tenso como la cuerda de un arco, aun no podía acostumbrarme a que me mirara de ese modo, tan posesivo.

– Es tan puro...tan inocente...tan tuyo- se paso la lengua por los labios y tuve el loco impulso de hacerlo por él - y mío - La verdad de esa afirmación no me golpeó como antes, por que ahora lo tenia claro, tan claro como lo que dije a continuaron.

- Soy tuya...Peeta...solo tuya.-

- Lo sé - dijo él con una convicción tan honda que me intimidó. Sus cálidas manos entraron en contacto con mis caderas cuando dejó el vestido a un lado, me acercó a él y las adaptó a las suyas. - Y no sabes cuanto...cuanto placer me da -

Nuevamente sentí el poder de su deseo en mi cuerpo, cómodamente alojado en mis caderas anhelantes, me derretí y lo abracé con fuerza y lo toqué por que lo necesitaba y él sonrió contra mi mejilla cuando le besé y lamí el hombro y a la vez desabrochaba el cinturón de su pantalón y desataba el resto hasta que lo sentí en mi mano.

- Me vas a matar - dijo contra mi oreja mordiéndome el suave lóbulo. Lo acaricié como mi instinto me ordenaba y por sus gemidos y gruñidos supe que le agradaba el modo que había conseguido. Me apretó los hombros con fuerza y su respiración entrecortada y agitada se estrellaba en mi cara y parte de mi cuello.

Después de un tiempo sentí que sus dedos se cerraban sobre mi muñeca y me la apartaba, lo que dijo sonó a suplica.

- Es suficiente -

Pero yo nunca tendría suficiente y a juzgar por el brillante deseo de su mirada el tampoco. Nunca me había sentido mas necesitada, ni deseada.

- Quiero tocarte...- dije deslizando mis manos por su pecho cintura y espalda- quiero saber como complacerte.- le besé la mejilla y luego la nariz empinándome para alcanzar su estatura .

- Ya lo haces, cada vez que me miras, cada vez que hablas solo me basta mirarte para complacer hasta a mi pupila - paró y gimió cuando le mordí el labio casi con mas fuerza de la necesaria - No se que has hecho conmigo, pero por ello te agradezco y a la vez te maldigo - me soltó la muñeca y yo me lancé a besar y catar su pecho pasando la lengua por sus músculos y su pecho. Mordiéndolo cada vez que podía, el latido acelerado de su corazón azotó mi lengua.

- No quiero ser maldita ahora que te encontré - dije soplando sobre el rastro húmedo de mis besos y sonriendo con placer cuando se estremeció como un gato.- ¿Por que me maldices?- le pregunté volviendo a chuparle y besarle el pecho.

- Por convertirme en un animal lujurioso sediento de tu cuerpo incluso cuando no estoy contigo. En ese animal que solo quiere poseerte una y otra y otra y otra vez hasta que supliques por pie...–

No necesitaba de sus palabras, si seguía hablándome de esa manera estaba segura de que culminaría con ellas penetrando mi sentido del oído, y si seguía hablándome el maldito iba a ser él. Aferré su cara y la enterré en la mía, fogosamente, en un beso húmedo y apasionado.

Nuestras pieles finalmente desnudas chocaron y se frotaron con fuerza desmedida. Cada musculo de su cuerpo estaba en movimiento con el mío.

Me quitó una mano de encima para probar la temperatura del agua, cuando la comprobó sus manos me agarraron el trasero y me apretaron contra él con fuerza, yo solté una risa y un gemido cuando dimos un paso y lo sentí en toda mi extensión, estaba apunto de enloquecerme.

El agua cayó sobre nuestros cuerpos a la temperatura perfecta, pero nada podía ser más perfecto que Peeta acariciándome la piel con la punta de los dedos y al mismo tiempo besándome la boca con ansia. Yo me estremecía cada vez que nuestros cuerpos entraban en contacto íntimo. Se estaba tomando su tiempo en desquiciarme de deseo, me tocaba ahora tan suavemente como si la textura de mi piel fuera de seda. Chupé su cuello mientras él abandonaba mi boca y deslizaba su cálida lengua sobre la piel de mi cuello lentamente. Mis manos lo recorrieron con avaricia muchas veces intentando trasmitirle la adoración que sentía por él.

Sentí que sus manos se deslizaban con desenvoltura por mis hombros, me esta jabonando. Reí cuando abrí los ojos sorprendida y me cayó agua en ellos

- ahora me vas a lavar- dije suavemente. Roce la forma de su pecho con mis manos y el me siguió lavando la espalda, sus manos espumosas entraron en contacto con mis caderas

- limpia...o sucia...jamás te vas a librar de mi...- dijo cuando alcanzo mis muslos.

- limpia o sucia...- susurre en medio de un gemido cuando su mano encontró mi fondo – no quiero librarme de ti. Quiero que me atormentes- gemí cuando su mano se movió de una manera especial que me hizo querer gritar por libertad. Tanteaba cada parte de esa parte de mi cuerpo como si se tratara de una cerradura y el cerrajero. Me aferré a sus hombros y el siguió con lo suyo.

Pero yo no me podía quedar atrás, así que también lo jaboné.

Esta situación se me antojaba graciosa y al mismo tiempo herméticamente estimulante, por que cada uno de nosotros aprovechaba la excusa de el jabón para poner en contacto y tocar las partes de puestos cuerpos que mas calientes se encontraban y que exigían alivio inmediato pero ambos nos encargábamos de prolongar nuestra mutua tortura hasta que se me hizo imposible seguir respirando con normalidad debido a la palpable tensión sexual del ambiente.

- Tómame...- le rogué cuando no pude soportarlo mas, cuando mi necesidad por él casi me hacia aullar de dolor, lo tomé de la cintura y lo acerqué a mi en un ruego mudo luego volví a insistir cuando él no me presto atención y siguió muñequeando con mi cuerpo como mejor le parecía - Hazme tuya... ¡por favor!-

Él gruñó con satisfacción animal cuando separé mis piernas en un intento por ser mas clara en lo que deseaba si mis ruegos silenciosos, oculares u orales no habían sido suficientes.

- No es que pueda esperar mucho mas...princesa...- dijo él antes de levantarme de las caderas y penetrarme con una sola sacudida. Apreté mis tobillos contra su cintura para no caerme. Me sentí un poco avergonzada otra vez, cuando él se movía yo pensaba, en medio del ciego placer que el roce de nuestras carnes producía, que yo no debería ser una carga cómoda y sin embargo él estaba gruñendo intensamente en mi oído y yo gemía en el de él rogando por liberarme y sintiéndolo tan adentro de mi como era posible entre un hombre y una mujer.

Cada movimiento, contrario al primero, iba acompañado de una suavidad contenida. Él debía pensar que si me tomaba fuertemente iba a hacerle daño al bebé pero si rápido y fuerte era placentero, suave y lento lo era aun mas por que cada movimiento era calculado para dar mayor placer a nuestro roce, hacia que quisiera gritar de frustración y al mismo tiempo de éxtasis.

Nunca supe por qué y cómo esta relaciona sexual, esta dulce y placentera tortura, se prolongó por tiempo interminable.

No llegamos de pie por que él me recostó en algún momento sobre la bañera y allí continuamos amándonos lentamente.

Esto era por lo que había esperado toda mi vida y después de todo por lo que había pasado me veía brutalmente recompensada.

Apreté a Peeta con las piernas que él sostenía con sus poderosas manos cuando la fuerza en ellas me había abandonado totalmente, evitando que yo desfalleciera, lo apreté con la ultima fibra que me quedaba incitándolo a ir mas rápido.

- Por favor...Peeta...por...favor...- le rogué respirando agitadamente sintiendo que todo mi interior comenzaba a apretarse en torno a el.

Rogaba por éxtasis, cada partícula de mi cuerpo estaba en estado de suspenso y aun así en decadente y delicioso placer. El alargó el momento por un rato mas jugando no solo con mis piernas sino con todo mi cuerpo tensionado, después su respiración se hizo mas pesada y mas rápida, su pecho bramaba cuando comenzó a embestirme mas rápidamente y yo me aferraba a él con nueva fuerza esperándolo para llegar juntos.

- Katniss...Katniss – gimió mi nombre completo en mi cara, me miró a los ojos y me perdí en ellos como muchas veces, en ese lenguaje mudo que era solo de nosotros, tomé su cara en medio del movimiento de nuestros cuerpos, su piel estaba caliente y tensa. Lo besé en la frente y él siguió moviéndose con fuerza sobre mi.

Sus manos volvieron a cerrarse con fuerza sobre mis caderas y mis muslos con fuerza tal que supe que tendría las marcas al día siguiente pero no me importó, otra vez teníamos esa copula salvaje y animal que solo se despertaba con nuestros cuerpos. Mi cuerpo no soportaba más tantas descargas de energía sensual, las soportaba hasta un límite pero si no llegaba pronto no seria la misma nunca más.

Cuando menos lo pensé se dio, el placer me invadió como el agua caliente a una tetera, caliente y deliciosa, placentera hasta limites insospechados.

Grite y apreté cuanto pude alargando la sensación de vértigo y aprensión en medio de mis piernas y de ahí al resto de mi cuerpo. Sentí que los dedos y las uñas de Peeta se me clavaban en la carne hiriéndome pero no me importó tampoco esta vez, si este era el precio por darle placer hubiera dejado que me destruyera en sus manos si con eso yo tenia conocimiento de que le agradaba, hasta ese limite iban mis sentimientos por él.

Él cayó sin fuerza sobre mi cuerpo procurando no aplastar al retoño. Descansó su cabeza en mi pecho agitado y se acomodó entre mis piernas lentamente descargando ahora su peso de una manera en que ambos disfrutáramos. Lo abracé con amor y le acaricié el cabello humedecido, descendiendo de la sensación de éxtasis con la misma lentitud placentera con el que ese éxtasis fue creado.

- Te amo...te amo...- respiraba Peeta sobre la piel de mi clavícula mi pecho chocaba con su barbilla por la agitación que apenas comenzaba a disiparse.

- También te amo, Peeta- dije cuando pude ser cociente de que podía hablar y mi grito de satisfacción no había dañado mis cuerdas vocales.

Cuando nos pareció que el frío de la noche podría afectar nuestra salud decidimos movernos de nuestro ahora frió lecho y salir de él.

Él me secó con suavidad esta vez y yo a el igual y luego desnudos nos acostamos en mi cama en donde yo solitaria había deseado esto, que estaba material tras de mi, la compañía de Peeta, susurrándome eróticas y dulces palabras al oído.

- Es hora de seguir demostrándote como ama un hombre a su reina –

Durante esa noche él se dedicó a hacerme el amor, y yo a él, hice cosas que nunca había imaginado hacer, fantasías ocultas que él hizo realidad para mi y yo para él... nos tocamos y exploramos mutuamente averiguando las muchas formas de obtener placer el uno del otro, él tenia mas experiencia que yo pero, como pensé antes, las fantasías se hicieron realidad y no eran sucias, por que eran las fantasías eróticas de personas que se amaban, no solo por satisfacción física sino espiritual y eso hacia de esas fantasías puras, el verdadero amor acompañado del encuentro de los cuerpos deseosos uno del otro.

Para entonces yo deliraba de placer y me sorprendía el grado de testosterona que debía tener Peeta en su cuerpo por que durante toda la noche fue sexualmente activo, y no era que me disgustara, al contrario, pero me sorprendía a la vez.

- Tu eres la causa así que no te quejes - me dijo en medio de una nueva unión, la numero...Ah no era mas que un guiñapo en sus manos, una masa uniforme que después de darle placer a él en todas las formas que me enseñó ahora me devolvía las atenciones. Mi hijo saltaba en mi vientre de vez en cuando como si fuera testigo de nuestra felicidad.

Agotados y sin una sola pizca de energía en nuestros cuerpos finalmente nos venció el sueño.

Al día siguiente un agradable peso sobre mi piel me dio la bienvenida, un dedo rozaba ligeramente la piel de mi cadera, me estiré como una gata y palpé la mano de Peeta.

- Buenos...- deslizó su lengua por mi oído – días...-se escuchaba un poco tenso.

- Buenos días- me di la vuelta debajo de las sabanas y le di un beso en la barbilla, algunos músculos de mi cuerpo se quejaron, recordándome la noche que había pasado, la maravillosa e inolvidable noche que había pasado.

- Pareces agotada- me dijo sonriendo maliciosamente.

- Nunca para mi amante...mi esposo. - dije ahora mordiéndolo.

Él sonrió complacido como si el hecho de que le llamara mio le satisficiera enormemente.

- Si...soy tuyo...y tuyo va a hacer algo de desayuno por que esta muerto de hambre y si no me equivoco - su mano rozó mi vientre y después se posó completa en mi casi imperceptible bebé - ustedes dos la tendrán pronto –

- Si...tenemos hambre- dije besándole la boca.

En ese momento alguien abrió la puerta principal. Me puse de pie rápidamente y Peeta hizo lo mismo. Corrí y me puse el camisón que primero encontré y Peeta se calzó en sus pantalones negros.

- ¡Katniss!- escuché el grito de Madge en la sala y me alarmé de verdad.

- Algo sucedió...- dije cuando abrí la puerta, Peeta salió tras de mi.

Con cuidado para no caerme bajé las escaleras y apenas enfoqué a Madge en mi campo de visión vi que estaba llorando, se me encogió el estomago. Ella me abrazó y sentí que estaba temblando...

- Madge...por Dios...¿que...?- su voz tembló en mi cabeza.

- Gale...Gale...- decía ella sin poder articular una frase – ¡Oh Dios!...Gale... me...ha..., me ha pedido ¡Que me case con él! -

Yo sentí el bienestar rápidamente recobraban del susto de verla llorar y mas aun me dieron ganas de tomarla a patadas cuando dijo:

- ¡Y le dije que si!-

- Madge eso es...maravilloso - yo sabia que Madge era un poco sentimental con su vida personal. La abracé y lloré con ella, por encima de su hombro miré a Peeta que tenia una expresión media entre la incredulidad y la risa. Levantó el pulgar y se rió levemente.

- Dos bodas en un día- dijo ella contra mi hombro - Por que quieras o no vas a tener que casarte conmigo - dijo ella calmándose y riendo.

- Pero no me voy a casar contigo- dije molestándola.

Se apartó de mí y se secó las lágrimas ahora sonriendo.

– Eso seria algo incestuoso - dijo ella.

La empujé socarronamente y ella continuó

– De todas maneras seria una boda triple y no doble –

- ¿Triple?- pregunté sin entender.

- Johanna me llamó ayer- dijo Madge ahora maliciosa – Marvel le pidió que se casaran la semana pasada. Ella me dijo que quería que yo le organizara la boda y le conté lo que había pasado. Ahora quiere que nos casemos todos. Quiere casarse conmigo. ¡Todos quieren casarse conmigo!- dijo ella ufana.

Peeta se adelantó y la abrazó con cariño y Madge lo miro contrariada.

- No deberías exhibir todo eso- señaló su pecho desnudo cuando él se apartó - Ante una mujer comprometida–

- Estoy seguro de que puedes contenerte- dijo él besándola en la frente.

- ¿Y Gale donde esta?- pregunté después de un tiempo.

- En la empresa... el jefe le va a dar vacaciones para nuestra luna de miel... también debo organizar la nuestra...- se apartó y se dibujó en su rostro esa expresión que le daba cuando se proponía algo. Definitivamente la ceremonia iba a ser algo demasiado grande.

De todas maneras me alegré mucho por Madge. En ese momento sonó la puerta.

- Debe ser el del periódico.- dijo ella caminando para abrir la puerta.

Casi me desmayo cuando en la puerta se escuchó la voz de mi padre.

Había llegado y ahora dependía de mi poder de convicción y el de todos los presentes para convencerlo de que al fin había conseguido lo que siempre había soñado.

En los brazos de un ex gigoló

Peeta

Nos unimos a la recepción tiempo después, para ese entonces se encontraban en la etapa de baile, había muchos bailes que yo quería practicar, pero ninguno estaba disponible para los ojos del publico y debía ser un show privado.

Con ella.

La miré mientras la tomaba de la mano y lenta y seductoramente la aproximaba contra mi, sus ojos no se separaron de los míos y eso me gustaba, por que mirarla me hacia pensar en chocolate y pensar en chocolate me hacia pensar en otras dulces cosas que quería probar de su cuerpo del cual el mio aun no estaba saciado, para nada saciado. La tomé de la cintura y la acerqué a mi y comenzamos bailar, como antes la sangre se me disparó en las venas con el latido de mi corazón hasta asentarse en mi entrepierna. El deseo por ella seguía allí, embarazada y todo y quería poseerla mil veces. Estaba descontrolado pero por una vez en la vida no me importo hacerlo, estaba al lado de mi nueva familia, eso era lo que importaba, lo único que importaba ahora.

Observé su apetecible boca y toqué su nariz con la mía.

- Mi esposa- aún no me lo creía pero ahí estaba, un gigoló enamorado y a punto de casarse. Si un año o dos atrás alguien me hubiera pronosticado algo de esta bendición con gusto lo habría mandado al diablo, pero ahora todo estaba aquí y a mi alcance, después de meses y meses, de miles de horas de mi vida de sentirme sucio ahora me sentía puro y trasparente al lado de ella, su inocencia había alcanzado para ambos.

Ella sonrió y el relámpago pequeño y blanco de sus dientes iluminó su preciosa cara, sus deliciosos labios se estiraron un poco para acompañar la sonrisa apenas pronuncié esa palabra. Me quedé mirándole la boca absorto consciente de lo niña que se veía sonriendo y de como me gustaría cubrir esa boca con miel para poder beberla y degustarla lenta y dulcemente - Me voy a encargar de que esa sonrisa nunca abandone ese lugar - entre sus hoyueladas mejillas.

Besé esa boa y me sacudió el deseo como un látigo, la acerqué como si haciendo eso la ropa fuera a dejar de existir y quise tener el poder de que, con solo chasquear los dedos, pudiéramos desaparecer de ahí y encontrarnos en un sitio solos y sin nada de ropa entre nosotros, al solo imaginarme una sombra de eso el deseo se instaló con mas fuerza en mi entrepierna.

- Vaya- su aliento cortó un poco la pequeña distancia entre nuestros labios, lo aspiré sintiéndome en casa - Y yo que pensé que tardarías mas tiempo en "recuperarte"- hizo énfasis en esa palabra y yo me encendí aun mas, quería mas de su olor así que para no magullarle esa boquita suya apoyé mi frente en ella y aspiré el olor a frutos rojos de su pelo. ahí estaba, como siempre.

- Creo haberte dicho que mi frustración tardará bastante en ser saciada...tal vez nunca – ahí tenia mi convicción de que ni en la muerte dejaría de desear tocar su piel y perderme en su cuerpo hasta que no hubiese razón de la realidad – Nunca...–

- Creo que pienso lo mismo -dijo ella con esa voz que me desquiciaba.

Rocé sus labios un poco aunque lo que quería era comerlos con avidez, después mis labios rozaron su frente y la música se hizo dueña de la situación, al menos por el momento. De repente ella tembló un poco, como alguien que sacude un recuerdo doloroso de su cabeza, algo no estaba bien.

- Katniss – ella estaba mirando a mi pecho así que no pude leer su mirada en ese momento, pero me asaltó la preocupación y el sentido de posesión por saber que era lo que pasaba – ¿Que sucede?- levanté su mentón tomando en mis manos su carita inocente y vi sus ojos llenos de lagrimas, me abstuve de preguntarle como un grosero eligiendo que responderá en ese mismo instante quien era el mal nacido provocador de sus lagrimas.

- Aún tengo miedo por Thom- dijo ella en voz baja, pero había llegado a analizar sus expresiones tan bien que la pequeña ve entre sus cejas me decía que no me estaba contando la verdad, y como un adivino una idea cruzó por mi mente, casarse era una situación especial para las madres y las hijas, pero no para esta madre ni esta hija, no supe que me llevó a este racionamiento pero que ella volviera a mencionar a Thom me dio la idea que corroboré tiempo después.

- No lo creo – dije solemnemente – a ti te preocupa algo mas–

Como ella no lo negara me dio la respuesta que necesitaba y que no necesitaba admisión, la abracé con fuerza intentando borrar esa pequeña e insignificante mancha en nuestra real felicidad, se estremeció con un sollozo femenino.

- Ssshh, princesa...ahora me tienes a mi, a nuestro hijo, a Gale con Madge...- esperaba que fuéramos suficientes, a pesar de todo lo que se le había negado, merecía un poco esto, tener a alguien a su lado.

- Me hubiera gustado que mi madre compartiera esta felicidad - confirmó ella mis sospechas, pero para esa petición era mejor no hacer caso, ella no se merecía ni un mal pensamiento de esa mujer que decía ser su madre pero a la cual se le debía adjudicar algún otro tipo de apelativo, tal vez demonio o cernícalo...

- Mírame...- le dije incapaz de seguir dejando que se atormentara por algo que no valía la pena, ella merecía eso - Algún día ella va a darse cuenta del error que cometió- sus ojos no me miraban directamente pero sabia que me escuchaba y captaba lo que yo decía – pero hora es tiempo de pensar en ti – debía preocuparse solo y absolutamente de si misma...sonreí un poco cuando otro pensamiento vino en mi cabeza – en nosotros –

Finalmente sus orbes chocolate me miraron directamente y pude ver en ellos la admisión y el entendimiento de que era la hora de ella y la de nadie mas, sonrió levemente y sintió con la cabeza.

El resto de la ceremonia prosiguió pero sentí que la mano de Katniss y mi propio pecho saltaban al unísono de la voz de anunciador cuando mencionó al investigador privado que había hecho el trabajo para mí. Pensé que era un obstáculo fácil de superar pero no sabia el punto de vista de Katniss respecto a eso, la miré a los ojos y vi que en ellos había confusión, antes de que sacara conclusiones apresuradas me apresure yo a decirle.

- Era algo que debía hacer – intente justificarme – si no sabia de ti, por cualquier medio, iba a enloquecer–

Ella se quedó quieta un momento como si estuviera analizando la situación luego volviéndose hacia el frente y lanzando una gloriosa sonrisa, confirmé que no se sentía ofendida en absoluto y di gracias al cielo por mi suerte.

El resto de la reunión concluyo con una frase un poco inadecuada para la empresa pero que todos aplaudieron y ovacionaron Gale se unió a Madge y después se fueron juntos mientras la cara de Katniss adquiría un matiz de malicia nada propio de ella pero igual de delicioso que todo. Halé de su mano hasta que la tuve apoyada contra mi pecho.

- ¡Oh Dios...!- dijo ella en voz. baja y seductora – Madge no va a estar en casa...que eventualidad...- comprendí el sentido de sus palabras unos segundos después, pero hacerlo no hizo que la tensión en mi y renombrado y excitado "amigo" remitiera de ninguna manera. - ¿Que vamos a hacer?-

Planteaba el problema de una manera demasiado tentadora, demasiado para las demandas que tenia mi cuerpo de ella.

- Te deseo...- le dije sin tapujos - te necesito...aun mas que antes - la besé sin poder contenerme mucho mas tiempo y después abandoné sus labios en un sonido gutural y nada decente. - Esto nunca se va a acabar...salgamos de aquí...ahora mismo –

Halando de su mano me encontré con el resto de la gente, esquivándolos por centímetros. El afán se había apoderado de mi cuerpo y ahora corríamos por entre la gente procurando no atropellarla.

Mi cuerpo quería salir volando, y sé que cursi podía ser sentir eso, pero era así como me veía, como un ave salvaje dispuesta a tender vuelo sin importar nadie ni nada, o bueno solo una persona.

Cuando nos vimos libres del aire cálido que producía la reunión de personas tomamos un taxi para dirigirnos hacia la casa de Madge, aquella que había visitado antes.

Cuando subimos al taxi pasaron cerca de cinco segundos antes de que Katniss se lanzara casi sobre mi y me atacara con un soberano beso cargado de intensidad, casi montándose en mi regazo, no la aparté por que la verdad no tenia la fuerza necesaria para hacerlo, en ese momento estaba quebrando todas mis defensas, como ella y solo ella solía hacerlo.

Aun a los ojos del taxista la senté sobre mis piernas y comencé a acariciarla sin saber ni realmente importarme como era que estaba ahí tocándola de esa manera frente a los ojos de un extraño, pero no me importaba, ¡por todos los cielos! Podría tomarla ahí mismo y no me importaría si el taxista lo vería con tal de satisfacer el hambre de mi cuerpo.

Afortunadamente el taxista era remilgado y solo miraba hacia el frente ignorándonos. deliberadamente o no, pero haciéndolo de una manera que le agradecía infinitamente.

Por eso cuando arribamos, le pagué con un billete de los grandes y dejé que se quedara con el suculento cambio.

Cuando salimos del taxi y llegamos al rellano me incliné detrás de Katniss dominándola y abrazándola por detrás sintiendo como ella temblaba incluso al intentar abrir la puerta, después de varios intentos por parte de ella y varias caricias por parte mía ella logró su cometido, la empujé dentro sin fuerza y cerré la puerta tras de mi, la abracé contra mi pecho apenas siendo paciente, en medio de el camino ideé la forma de deshacerme de las prendas que me estorbaban en el objetivo de dar placer a su cuerpo desnudo. Pero aun tenia sobre ella ese tentador vestido que tan hermoso le quedaba. Sentí las manos de ella tirar hacia arriba del sweater con el fin de tener libre acceso a la piel de mi pecho que se puso arrozudo cuando ella posó sus manos en él.

Escuché el trinar del teléfono, ubicado en la parte de arriba del final de la escalera. Cuando llegamos al limite de esta quise halarla contra mi de manera que la llamada de quien fuera no la distrajera de su objetivo que era estar conmigo y calmar mi necesidad, pero antes de hacerle cucharilla por detrás ella ya había levantado la bocina, por su entrecejo fruncido supuse que también le molestaba ser interrumpida en ese momento.

-¿Hola...?- contestó con ese tono de voz que me enloquece. Su ceño se alisó rápidamente siendo reemplazado por una expresión de sorpresa y también algo de terror. – Th… ¿papa?-

Yo también me quedé helado, como si el señor Everdeen pudiera ver a través de el teléfono lo que estábamos haciendo, me encogí un poco y dejé de masticarle el cuello para posarme frente a ella y poder examinar su rostro con el fin de poder identificar cualquier factor negativo.

Ella no se sintió en fuerza de sostenerme la mirada, podía ver que no quería estar sola pero que le avergonzaba esa intimidad con su padre delante de mi…cuan insegura y tímida podía resultar ser Katniss Everdeen, debía trabajar a fondo…muy a fondo sobre esos aspectos de ella que quería eliminar del todo.

- Perdóname papá –

Pude ver sus ojos a punto de llorar y le ofrecí mi mano que tomo gustosa para consolarla, pero al parecer no fue suficiente por que de sus ojos se desprendieron las lágrimas contenidas.

- Te quiero papa – dijo ella emocionada, me sentí a gusto en se momento el señor Everdeen había perdonado a Katniss, si lograba convencerlo de que mis intenciones con ella eran serias el me apreciaría como su hijo y por primera vez sentiría el calor paternal que cuando niño tanto me hizo falta, el instinto me decía que Thom Everdeen me querría como hijo si me convertía en el esposo de su niña.

Ella soltó un suspiro.

- Han pasado tantas cosas papá, necesito contártelo todo,- ella dudo un momento y casi le arranco el teléfono de las manos cuando dijo – Viajaré…- al parecer su padre se rehusó cosa que agradecí sobremanera, no necesitaba ver a su madre y a su hermanastra en el estado en que estaba, con la suerte que tenia con ellas lo mas probable era que abortara apenas las viera y no estaba dispuesto a permitir que eso pasara. – Si papá. Es mejor hablar personalmente –

Cuando la llamada terminó la abracé contento por que ella lo estaba.

- Me alegra que tengas a tu padre de vuelta, es lo que importa- sabia que Katniss no iba a estar del todo tranquila si la persona mas importante de su vida permanecía apartado de ella

- Si, tienes razón- apuntó ella- mañana podremos contarle la verdad, y decirle que nos casamos y que va a ser abuelo…-

Una tierna imagen de Thom Everdeen con nuestro bebe en brazos entró a mi imaginación en ese momento y por una extraña razón me conmovió profundamente y sonreí cuando vi que Katniss hacia un extraño gesto con su cara cuando se escapó de sus labios la palabra abuelo.

- El debe ver la veracidad y conveniencia de mis intenciones – aduje y ella se retorció en mis brazos hasta quedar frente a mi rodeándola y ella moviéndose consciente e inconscientemente hacia el deseo que estaba provocando.

- ¿Y qué intenciones son esas?–

El lenguaje que quería utilizar era puramente animal pero con ella no lo iba a hacer, las guarradas estaban muertas en mi vida antigua, ahora con ella entre mis brazos quería ser el hombre mas romántico y a la vez el mas sexual por que sabia que a ella le gustaba de las dos formas, pero nunca vulgar, Katniss merecía todo mi respeto, miré hacia el baño y se me encendió la carne cuando recordé otra ocasión en la que el agua estuvo presente en uno de nuestros pocos encuentros.

- Con él mis intenciones son pedirle tu mano como la tradición manda, pero contigo….- iba a continuar con alguna burrada romanticona sintiéndome un poco ridículo cuando en realidad quería detallarle todas las partes del cuerpo que quería tocarle.

- ¿Cuales…? - susurró ella dándome un casto beso que me hizo desear comerle la boca de un solo mordisco, guarrada o no quería que lo supiera.

- Tomarte una y otra vez durante toda la noche…bañarnos en esa dicha que nos devora el alma- por lo menos lo hacia con la mía pero ni siquiera pensé en eso, sabia que esta felicidad era. compartida, completamente correspondida- Amarnos de…- la cabeza a los pies, iba a decir pero ella me volvió a besar con mas decisión. La apreté contra mí y al sentir su cuerpo solo pude pensar en las muchas maneras en las que quería amarla.

La cargué en mis brazos y mis pasos resonaron en el fino y claro baldosín del suelo, ella se aferraba a mi cuello y yo a ella y a nuestro hijo, seguía pesando poco y no quería que hubiera ningún problema.

– ¿Recuerdas como se hace en la ducha?- pregunté con la voz excitada y tuve el fresco placer de ver como se sonrojaba de pies a cabeza. Asintió – Yo también–

Al llegar a la puerta de la ducha/bañera abrí la llave esperando que el agua tomara la temperatura que nos haría suspirar. Pero ahora quería verla tal como era, como solo Katniss Everdeen existía, por que nunca jamás iba a tener algo tan puro y hermoso en mis manos, y no lo iba a dejar ir, di un paso hacia ella y tomé el vestido que pendía de su cintura en mis manos para sacárselo por la cabeza, encontré la sedosa tela y oprimí un poco para tomarla de la aun delgada cintura y empezar a tirar hacia arriba, ella aun tenia los brazos a ambos lados del cuerpo y miraba mi cuello concentrada.

- Levanta los brazos - mi voz ya había cambiado, por que mi cuerpo ya era presa de lujuria por ella así que si sonó a orden o no ella se sonrojó mas y levantó sus frágiles brazos para que le quitara el vestido.

Una ráfaga de su aroma natural mezclado con la esencia de su cabello y la de su anterior deseo me pegó de lleno en la nariz, tomé la tela y aspiré en ella dejándome llevar por la adicción por ese olor, era el mismo olor del camisón que había conservado para mi de ella cuando me dejó por primera vez, aquel olor que penetraba mis sentidos todas las noches cuando pensar en ella y me hacia anhelarla y desear que todo se hubiera tratado de una pesadilla y que al día siguiente despertaría con ella a mi lado.

Pero ahora estaba ahí, el olor era el mismo pero agudizado por la dulzura del embarazo, la parte del vientre olía a almendras. Mas adelante le preguntaría por que había decidido añadir el peculiar olor a su intoxicante y aditiva esencia.

– Es la segunda prenda que huelo después de que la usaste – confesé sin temor, clavé mis ojos en ella y los atrapé en los míos a fin de que entendiera cada una de mis palabras y las aceptara con verdad, con la única verdad que fluia entre nosotros, la verdad de nuestro amor- Nunca cambia- omití el detalle de las almendras otra vez - es un olor que amo, que me excita, que me quema la sangre en las venas – Pude ver con satisfacción como temblaba de deseo ante mis palabras, recorrí su adorable y blanco cuerpo con mis ojos sin poder creer que toda esa belleza me pertenecía - Es tan puro…tan inocente…tan tuyo – su cuerpo estaba tenso y me relamí los labios previendo como iba a saborearla en cuanto tuviera oportunidad – Y mio – y ella correspondió, no calladamente.

- Soy tuya Peeta…solo tuya –

"Si, eres mía, solo mía."

- Lo sé – La distancia era algo que apenas toleraría a partir de se momento así que posé mis manos en sus caderas y la atraje hacia mi para encajarla sin penetrarla, claro que mi amigo se moría de ganas de hacerlo. – y no sabes cuanto…cuanto placer me da –

El aliento de ella, exhalado con fuerza pegó de lleno en mi cara y después con locura contenida ella empezó a besarle y humedecerme la mejilla, el cuello y el hombro con su lengua palpitante.

Ella estaba desnuda y yo no así que en el momento en que iba a estar en igualdad de condiciones sentí que ella rozaba a mi amigo en una caricia inexperta pero agobiante, dudosa y a la vez curiosa, me apretaba sin fuerza pero era una caricia tentadora, y la sensibilidad de mi amigo en ese estado estaba duplicada, triplicada.

- Me vas a matar…- susurré contra su lóbulo antes de mordisqueárselo como sabia que a ella le gustaba, y al reaccionar su cuerpo su mano también lo hizo, sus caricias enviaron descargas de energía por todo mi cuerpo, durante muchos años dar placer a las mujeres me había convertido en un ser insensible que solo buscaba a verdadera liberación de vez en cuando. Las mujeres me tocaban intentando excitarme, intentando que me pudiera perder en ellas, pero una cosa era llegar al clímax y otra era liberarse…a menos para mi, que una mujer inocente y tentadora como Katniss Everdeen sostuviera la parte inferior de mi cuerpo sin ningún pudor y a la vez con alegría infantil era lo suficientemente fuerte como para llegar en su mano…pero no… esta vez la amaría por cada peca y cada poro que tenia. La iba a hacer mía mas allá de nuestras almas y cuerpos...la torturaría con placer y felicidad hasta que ella se cansara de mi, y aunque eso pasara yo nunca me iba a cansar de ella, mi destino ya estaba escrito.

- Es suficiente - le dije cuando los dientes empezaron a dolerme por apretarlos tanto. Mi mano se cerró en su totalidad sobre su delicada muñeca para apartarla de ahí antes de que me hiciera culminar solo con su toque, la mano de ella ofreció cierta resistencia y le oí decir en medio del fuerte y ruidoso palpitar de mi corazón en mis oídos.

- Quiero tocarte- su voz sonaba a niña que le han quitado el juguete y eso era mas de lo que podía soportar pero me obligué a resistir, esa noche era de los dos pero ella estaba en primer lugar - Quiero saber como complacerte – siguió ella en su sensual ataque contra mis exaltados sentidos sus labios de seda acariciaron mi cara con amor y ternura.

Si ella solo pudiese entender que el hecho de que siquiera respirara era algo que me subía el calor de la sangre, que solo rozar su piel con la yema de mis dedos bastaba para que mi carne anhelara fundirse en la suya para siempre…

- Ya lo haces- dije – cada vez que me miras, cada vez que hablas y solo me vasta mirarte para complacer hasta mi pupila – y otras partes de mi cuerpo, como mi amigo. Besé sus labios succionando con fuerza llevado por la necesidad, se lo mordí como a una ciruela, ella soltó un exabrupto gemido de dolor y placer – No se que has hecho conmigo - yo ya no era el mismo de cinco meses atrás - Por ello te agradezco pero a la vez te maldigo…- no la maldecía, pero era la culpable, la culpable de que la amara con esa locura que solo me había atacado por primera vez en la vida, ella gimió guturalmente y casi saltó sobre mi para morderme el pecho ávidamente, el calor de su boca traspasó mi piel y mi corazón para entibiar y hacer después arder a mi alma henchida de ella.

- No quiero ser maldita ahora que te encontré- dijo susurrando el aire frió hizo contacto y reacción son su salida que me había marcado, gruñí sonoramente cuando la deliciosa sensación se instaló en todo mi cuerpo y corrió hacia mi amigo - ¿Por que me maldices?-seguía susurrando como una niña, haciendo preguntas de niña, pero no era infantil la respuesta que quería darle.

- Por convertirme en un animal lujurioso – mi mirada se quedó prendada del juego de movimientos que hacia su cabello cada vez que su boca cambiaba de posición en mi pecho - sediento de tu cuerpo incluso cuando no estoy contigo – Guarrada a la orden - ese animal que solo quiere poseerte una y otra y otra y otra vez hasta que supliques por pie... – ...dad, no me dejó terminar mis palabras debieron afectarla y dos segundos mas tarde comprobé en que manera.

Sus manos se enterraron en mi cara y su boca ligeramente abierta atrapó la mía, succionó mis labios con subidas estremecedoras, sentí sus pechos rozar los míos en una lenta y enardecedora caricia cuando ella se movía a la vez que su cabeza para besarme.

Aparté mi mano y tanteé el agua que estaba tibia y relajante, pero nada en lo que esa agua iba a presenciar iba a ser relajado al menos una parte. Posé luego mi mano húmeda sobre su sensible piel mi mano estaba fría en comparación con la temperatura corporal de ella, amoldé nuestras caderas otra vez a fin de que nuestros sexos quedaran en contacto, ella gimió risueña aun no decidida ante el placer o la vergüenza. De dos pasos entramos a la ducha.

Sus cabellos y los míos se mojaron inmediatamente ella entre mis brazos, la seda maleable de su piel bajo el tacto de mis dedos, mis labios en los suyos y viceversa en una lucha lenta y deliciosa, tan sabrosa como un postre dulce y cremoso, como ella.

Sentí sus dientes y la succión de su lengua sobre mi cuello y le devolví la atención consciente de que era uno de sus sitios erógenos, así como el mio, mi amigo se cargó aun mas de deseo.

En sus brazos me sentía valioso, la manera en que ella me devolvía las caricias me hacia pensar en ser querido, amado, en que yo lo era, en que había conseguido el objetivo de mi madre, amar y ser amado, sin importar las barreras que el destino se empeñara en interponer.

Con mi mirada perdida en su espalda abandoné su toque para embadurnar de la penetrante y estimulante esencia del jabón la esponja de lavado, después mis manos, luego empecé a limpiarla lentamente, sus manos apretaron levemente mi pecho, este a su vez se contrajo ante el temblor de esa mano y ante la conciencia de su amor hacia mi.

- Ahora me vas a lavar…- dijo ella con una risa leve, la suavidad de su piel fue descendiendo por mis dedos en busca de ella , el movimiento leve e imperceptible de sus caderas contra mis manos me golpeo con fuerza.

- Limpia o sucia…jamás te vas a librar de mi - mi mano derecha descendió mas hasta encontrarse con el cálido lugar en el que se concentraba su deseo por mi, solo yo producía ese calor, esa humedad y me sentía tan orgulloso como un padre, cuando mis dedos rozaron hacia abajo ella gimió placenteramente.

- Limpia o sucia…- sonó su voz – no quiero librarme de ti , quiero que me atormentes- giré mi muñeca y mis dedos para palpar su suave y sedosa intimidad y ella apretó las piernas en torno a mi mano.

Sus dedos se enterraron en mis hombros pero no me clavo las uñas, claro que me hubiera importado menos ya que ella comenzó a utilizar mi técnica de jabonamiento, para devolverme la atención. Después de un tiempo ella empezó a convulsionarse en torno a mis dedos.

- Tómame…- gimió ahogadamente, tan hondo como me sentía yo al ver como el deseo había teñido sus grises bahías de negro…tan negro y oscuro como el deseo de poseerla enteramente, se acercó y se froto contra mi en busca de alivio pero yo seguía tocándola, marcando una vez mas mi territorio, todo mio, su cara sus manos sus costillas su vientre combado, sus muslos de seda y su cálida y ardiente intimidad en espera de mi. – ¡Hazme tuya, por favor! –

Dejo de apretar las peinas en torno a mis dedos para evitar llegar antes que yo y las abrió para que entrara en ella de la otra manera. Gruñí al ver como me recibía, ella me aceptaba como era, no me juzgaba y sabia que nunca lo haría, por que me amaba y yo a ella igual.

- No es que pueda esperar mucho mas…princesa – utilicé ese adjetivo nada más para ver como su húmeda mirada se perdía en la mía el tiempo suficiente para que tomara conciencia de mis manos levantándola de las caderas, de mi amigo rozando y penetrando su intimidad y de la profunda unión de nuestros cuerpos, pero ella era mi princesa, mi reina, mi emperatriz. Sus piernas me rodearon como un tierno capullo y comencé a moverme para que el roce nos diera placer, cada vez que embestía su dulce cuerpo una llamarla de fuego se extendía por mis extremidades y por mis ocultas venas calentándolas hasta limites insospechados, los sonidos de mi deseo fueron susurrados en su oído y ella los aceptaba devolviéndomelos como suyos.

Su intimidad se contraía contra la miá, mientras yo establecía el ritmo de nuestra unión, no iba a amarla como un salvaje, no de pie al menos. Durante bastante tiempo, como nunca había durado con mis clientas, mantuvimos nuestra relación sexual profusa, lenta acariciadora y tan excitante como una película pornográfica, pero no con Katniss, con ella la pasión se largaba por si sola, la búsqueda del placer con ella erá lenta por que entre mas lo cultivaba mas disfrutaba de las reacciones de su cuerpo de sus gritos y de la manera en como se aferraba a su única salida y posible ayuda.

Me canse un poco haciéndolo de píe así que con delicadeza tal y con tanta premura que ella parecía darse cuenta sino del placer que la rodeaba, la recosté y me recosté sobre ella en la bañera tibia del agua. Ahí seguí moviéndome acariciando palpando y degustando cada parte de ese cuerpo entregado al mio, ella respondía cerrándome, apretándome, buscando liberación y a la vez desando prolongarlo mas, cuando sentí sus piernas dejar de aferrarme pero a la vez intentando contenerme le ofrecí el soporte de mis manos sosteniendo sus deliciosos muslos a mi alrededor a medida que mi respiración se hacia cada vez mas superficial por el placer que estaba comenzando a hacerse mas intenso. Luego sentí que abrazaba a mi amigo como un puño cuando empezó a rogarme.

- Por favor…Peeta…por favor – su voz estrangulada apretó mi garganta la miré a los ojos y su respiración corta y acelerada, el movimiento de su cuerpo bajo el mio hicieron que el avance fuera mas rápido, pero no quería acabar, quería prolongarlo aun mas, pero mi propio cuerpo también exigía, liberación, de una vez todas, pero no para siempre. Rocé su piel con mis dedos mientras la penetraba mas profundamente y mas rápido buscando llegar al clímax, la agarré de las caderas para que no retrocediera mi avance y sorprendentemente ella respondo a cada embate con casi la misma fuerza con la que yo embestía.

- Katniss…Katniss – gemí su nombre como un mantra clavándome en sus ojos y en su cuerpo tan hondo como lo era permitido, ella seguía apretándome cada vez mas y gritando sonoramente con sus ojos vedados y aun así fijos en mi, mi frente se contrajo tanto como mi ceño y mi cuerpo, ella apartó sus manos sudorosas de mis hombros y me bajó la cabeza, creí que iba a querer que la besara pero me besó en la frente como una madre, como una mujer que ama.

La penetré con fuerza y furia, pero no con ella, la presión que quería estallar en mi pecho hacia que todas las partes de mi cuerpo quisieran tocarla, luego todo fue una lluvia ligera de placer…pero no por eso menos grandiosa, cada una de mis células fue consciente de el momento en el que llegamos al limite, no dejé de moverme, pero mi placer ya había inundado su cuerpo y mis manos volvían a tocarla como si aun dudaran de que ella se hallaba debajo de mi. Moviéndome mas lentamente descasé mi cabeza entre su pequeño y acogedor busto y ahí escuché la cadencia agitada de su corazón mientras mi placer remitía poco a poco de mi cuerpo.

- Te amo…te amo.- le dije, por que era lo único que cruzaba por mi agitada cabeza en ese momento, el amor por ella.

- También te amo Peeta- dijo ella con un vocecilla débil.

Mas adelante después de descansar de la unión mas larga y placentera de mi existencia, decidí que era hora de salir, no quería que la pillara un resfriado y ser la causa de que se sintiera mal, ya tenia suficiente con el bebé.

Nos levantamos y la cargué en mis brazos hasta la cálida habitación en donde la dejé de pie para secar las gotas de agua que aun pendían de sus orbes y de su cuerpo, pero al tocarla el placer volvió a mi, sorprendentemente mi amigo se volvió rígido al imaginar la larga noche de pasión que nos albergaba.

- Es hora de seguir demostrándote como ama un hombre a su reina – a su emperatriz, a la total dueña de su destino.

La luz perforó débilmente mis parpados mientras me daba cuenta de que era de mañana, aunque no debía ser muy tarde, asumí que había dormido al menos dos horas, no había podido apartarme del cuerpo de Katniss hasta esas dos horas antes. Y ahora ahí, tal como ese día en que despertamos juntos estaba ella, de lado, con la espalda y las caderas magulladas por mi apretado toque, tenia la marca de diez uñas en la delicada piel de su espalda y un negro chupón en el lado posterior de su cuello.

Levanté mi dedo índice y con él tracé el contorno de su delgada cadera acariciando las marcas de mis dedos, de espaldas a ella el perfume de su piel prevalecía sobre el decadente de nuestro sexo. Ella se estremeció luego de dos minutos de trazar su cadera de arriba abajo y abajo a arriba. Mi amigo saltó a la carga.

- Buenos- me incliné sobre su oreja y la besé- días–

- Buenos días- respondió ella desperezándose lenta y tímidamente, se dio la vuelta y me besó la barbilla.

- Pareces agotada- dije marcando con el dedo que antes le había tocado la cadera amoratada, las machas violáceas debajo de sus ojos.

- Nunca para mi amante… mi esposo – ¡Ah! Ahí estaba ella tan insaciable como yo, mi pareja perfecta.

- Si, soy tuyo y tuyo va a hacer algo de desayuno por que esta muerto de hambre – dije señalándome y después señalándolos - Y ustedes dos la tendrán pronto –

- Si, - corroboró ella – tenemos hambre–

La conversaron sobre el apetito quedo eclipsada con el golpe sordo de la una puerta al abrirse ruidosamente y chocar contra la pared por la fuerza. Pensé en ladrones pero cuando escuché la estridente voz de Madge en el piso de abajo llamando a Katniss deseché la idea.

Katniss se puso de pie rápidamente y se calzó lo primero que encontró en el ropero, yo me calcé en mis pantalones y ambas bajamos rápidamente.

Cuando Katniss terminó de bajar las escaleras Madge la abrazó como si vida dependiera de ello.

- Madge, por Dios…¿que?–

- Gale…Gale…- se me heló la tripa al pensar en que algo le podía haber pasado al cordial amigo de Katniss y el amor de Madge pero luego Madge siguió y me dieron ganas de darle un cocotazo. – ¡Oh Dios! Gale me ha pedido que me case con él …¡Y le dije que si!–

Entendí que su llanto se debía a la risa y la emoción, y me emocioné yo también, debía admitirlo.

- Madge, eso es maravilloso- dijo Katniss con la cabeza enterrada en el pelo de Madge, pero entre ellas pude ver las lagrimas manando de los ojos de Katniss, saber que Madge, mas hermana para ella que la que lo era de sangre, iba a ser feliz debía complacerla, tan feliz como íbamos a ser nosotros.

- Dos bodas en un día - dijo Madge después de un rato soltando a Katniss y encaminándose hacia el sofá de la sala – Pero quieras o no – añadió mientras se sentaba – vas a tener que casarte conmigo – rió un poco y Katniss le contestó.

- Pero no me voy a casar contigo, Madge –

Ella volvió su atención al sofá y dijo

- Eso seria algo incestuoso –

Katniss se acercó y dio un tortazo a la cabeza de Madge mientras ella reía

- De todas maneras – añadió Madge - seria una boda triple y no doble –

- ¿Triple?- preguntó Katniss sin entender, yo tampoco entendía.

- Johanna me llamó ayer- dijo mirándonos maliciosamente - Marvel le ha pedido que se case con él y ella me dijo que le encantaría que fuéramos sus damas de honor, pero parece que a cambio de eso seremos el complemento de una boda entre "los primos"–

Me pareció que lo mas sensato de hacer era abrazar a Madge para felicitarla y caí en cuenta demasiado tarde, cuando ya la había abrazado y besado en la frente que me hallaba desnudo de la cintura para arriba.

- No deberías exhibir todo eso ante una mujer comprometida.

Me alcé riendo y bromeando como nunca antes había podido hacerlo.

- Estoy seguro de que puedes contenerte – volví a besar en la frente y después Katniss indagó sobre el paradero de Gale.

- En la empresa – dijo ella - el jefe le va a dar vacaciones para nuestra Luna de miel ...también debo organizar nuestra boda – se paseó después por cada silla planeando lo que sin duda parecía una expresión de absoluta felicidad.

Unos nudillos golpearon la puerta, alargué mi pierna para abrir pero Madge salio rápidamente de la silla y dijo que ella lo hacia.

- Debe ser el periódico –

La voz de Thom Everdeen penetró por mi conciencia en el mismo momento en que me escabullía como un león para que no me viera hasta no estar preparado y enfrentarlo por el amor de Katniss.

No iba a ser una lucha fácil.

Holaaaa,decidi dejarles te capitulo rápido porque quiero que sepa lo que pasara.

Les gusto,lo odiaron? Que esperan después creen que Delly volverá a hacer de las suyas,yo espero que no( aunque ya se Que jajaja).

Gracias por sus comentarios, me dejan sus comentarios .

Bueno ahora quiero hablar de otra cosa,e decidido subir otra adaptación,espero que se pasen a leerla un momento al terminar este capitulo y me digan si les gusta,se llama Amor Ciego,es algo diferente a lo que estamos acostumbrados,pero un poco de cambio considero que no esta mal.

;) xoxoxoxoxoxoxox