DISCLAIMER:
Holaaaa como están por hay?.. A qui les traigo una nueva adaptación por eso quiero aclarar que la historia es de MaraGaunt la cual me ha permitido usarla con estos personajes que a mi tanto me gustan ..
Como saben los personajes tampoco son mios son de Suzanne Collins(la cual mato a mi querido Finnick y a Prim y en fin mato a muchos la verdad).
Sin nada mas que decir les dejo la historia y espero que les guste
Kaniss POV
En la madrugada del día de mi boda aun no había podido conciliar el sueño luego de un día agotador, la emoción no me dejaba, el descanso que mi cuerpo anhelaba pero que yo no quería, tenía miedo de dormir y despertar para descubrir que nada de esto era cierto y fundirme en mi propio dolor.
Conté ovejas al por mayor sin más resultado que el de producirme un intenso mareo que no nos beneficiaba a ninguno de los dos.
Me retorcí, me desarrope y arrope sin lograr conseguir que el sueño decidiera venir a llevarme, después de tantos intentos decidí optar por leer un libro para distraer mis emociones y preocupaciones, con resultados desastrosos pero aun así seguí intentándolo de manera que la luz de la lámpara comenzó a palidecer cuando la luz natural hizo lo suyo y se dejo ver a través del cortinaje, me incline y apague la lámpara, después anticipe lo que iba a pasarme aun sin quererlo tampoco.
Rápidamente antes de provocar un desaguisado me levante totalmente de la cama y corrí hacia el baño, levante el pato de la taza y deposite en ella los restos de la cena digerida la noche anterior.
Semanas atrás había contraído lo que mi medico denominaba hiperémesis gravídica (para las que no nos relacionábamos mucho con esos términos médicos quería decir que tenía una enfermedad vomitiva frecuente), se suponía que remitiría cuando pasara de los cuatro meses pero aun la tenia, el médico había recomendado una serie de vitaminas y ciertos alimentos con fines nutricionales, Peeta se había encargado de todo durante los día siguientes se dedico a cuidarme con agradable meloseria, a mí solo me bastaba con su compañía para sentirme completa.
Además me agradaba sobremanera que estuviera a mi lado en todos los cambios de mi cuerpo.
Ahora el día había llegado, la mañana había clareado por fin y mi destino aguardaba con todo.
Cuando me incorpore y me lave la boca pensé en las semanas anteriores donde me había dedicado todo el tiempo, o más bien se había dedicado Madge, a buscar mi traje de novia, jamás me había imaginado que para las mujeres en mi estado también había una gama amplia de hermosos vestidos, pensé que era un poco ridículo que me casara de blanco ya que no había nada de pureza en mi, al menos corporalmente. Sonreí petulantemente pensando en la poca o nula pureza que quedaba en mi cuerpo después de que Peeta lo tocaba.
Y no estaba diciendo que me sintiera profanada, la pasión no era ilícita pero yo ya no era virgen en ningún sentido y me agradaba que fuera así y más me agradaba que hubiera sido Peeta quien se encargara de ello.
Siguiendo con lo de mi vestido Madge me dijo que era tradición y que a la iglesia no le importaba el estado del cuerpo de la novia con tal de que la ley de Dios, de la unión en el matrimonio, fuera llevada a cabo, además me dijo que me vería hermosa en color blanco y yo le creí.
Ahora tenía ante mis ojos, acomodado en una esquina de la silla, el hermoso vestido que había adquirido.
Tenía los hombros al descubierto y ajustaba un poco el pecho para después caer en pliegues sedosos y de encaje primoroso hacia abajo hasta cubrir los pies y alcanzar a deslizarse en el piso, el velo era también largo y estaba diseñado para caer junto con el resto del vestido.
Para mi vergüenza también había lencería para noche de bodas diseñada para mujeres embarazadas que habían descubierto que si se podían tener relaciones sexuales en estado.
Pero preferí esperar a que Peeta decidiera si me iba a encontrar deseable envuelta en el vestido, panzona y con lencería que dejaba poco a la imaginación.
Aunque el había dado muchas pruebas de desearme a pesar de mi estado aun tenía miedo de que un día el se fastidiara de mí, lo cual seguramente me llevaría a la muerte, no importaba si se aburría de mi cuerpo, pero me importaba demasiado si se aburría de mi en totalidad.
Estaba en casa de Madge por decisión de los dos con anterioridad, la modista y la peluquera iban a venir aquí a arreglarnos no solo a Madge y a mí sino también a Johanna que, si no me equivocaba, no debía tardar en aparecer.
Escuche ruidos en el dormitorio de Madge y cuando me mire en el espejo supe que a ella no la iba a poner nada contenta las ojeras que mi falta de sueño le habían producido a mi cara, pero ya no podía hacer nada.
Gale, Marvel y Peeta debían estarse preparando en la casa del primero para la ceremonia al igual que mi papa en su hotel.
La sangre me bullía en las venas cuando escuche el timbre abajo y al mismo tiempo Madge penetraba en mi habitación como un bólido
– ¡Kaniss! despiértate, no seremos de esas novias retrasadas no solo en tiempo sino en mente –
Se me encogió la piel de angustia y emoción reprimida, no se trataba de un sueño después de todo.
Ella me vio en el baño y dijo, antes de salir para bajar a abrir.
– Espero que eso que veo bajo tus parpados no sea lo que estoy pensando –
Nunca me sentí más acertada que como en ese momento. Maldición.
– ¡Madge! – chilló Johanna en el piso de abajo – Aún no puedo creer la suerte que tenemos, no la puedo creer –
Si estaba pasando y me agradaba no ser la única con problemas para creérselo, me daba algún tipo de margen de seguridad. Al menos por ahora.
– ¿Donde está Kaniss? –
– En su visita matutina para alimentar al inodoro con lo que ella no quiere – Johanna hizo un sonido con asco, Madge era demasiado expresiva además lo decía como si fuera culpa mía y no del gourmet monstruo que crecía dentro de mí.
– ¡Te oí! – le grité desde arriba. Ambas rieron mientras sus inconfundibles pasos se oían a distancia, venían hacia mi cuarto.
Cuando Johanna entró se abalanzó sobre mí para abrazarme con cuidado.
– Cada día estas más grande – comentó sin ningún tipo de sensibilidad para mi recién poco reparada autoestima.
– Gracias...– le dije gélidamente.
– Estaba bromeando – dijo sinceramente y casi lo creí – Estas bellísima, tienes un brillo en los ojos que antes no –
Estaba diciendo la verdad, comprendí con emoción, los sentimientos que me acompañaban desde que estaba al lado de Peeta eran los que me hacían lucir como ella decía, brillante.
– Bueno, basta de charla – dijo Madge – Habrá que hacerle una mascarilla para que se le quiten esas espantosas ojeras que le hacen sombra a su luz – Tuve deseos de estrangularla pero me contuve, tenía que guardar mis fuerzas para lo que me esperaba. – Además las personas no tardaran en llegar con nuestros vestidos y lo demás – Ambas me tomaron por el brazo y me sentaron en el tocador de Madge.
Durante las cinco horas siguientes dejé que ellas se hicieran cargo de todo, no me moví para nada más que para hablar y responderle cada vez que hacia un comentario impropio.
Sentí que me tocaban la cara miles de veces y en medio de mi sopor identifiqué la voz de otras personas alrededor de mi, debían ser la modista y la peluquera, el sonido de secadores, espumas, zapatos que iban y venian, olor a cabello húmedo y a perfume caro penetraban por mis sentidos. Manos acá y allá de mi cabello hasta la parte superior de mi pecho, yo seguía con los ojos cerrados esperando reconocerme en medio del fragor de tanto movimiento y la sucesivas capas de maquillaje que sabía que Madge iba a aplicar en mi cara ocultando y tratando de mejorar lo que yo sabía que no tenia mejora ni arreglo. Suspiré en más de una ocasión sintiéndome estúpida. Si iba a quedar como un payaso mejor me casaba en una fiesta de disfraces.
– Señora...el vestido – Alguien me sacò de mi ensueño con ese susurro y me di cuenta de que hacía casi diez minutos que no sentía las manos de nadie sobre mí. Abrí los ojos esperando ver en el espejo el resultado de tanta parafernalia pero ya no estaba ahí, miré a la modista que estaba frente a mí con el vestido que había arreglado, sentí el cabello un poco tirante pero por lo demás me sentía normal.
– Si, claro – dije un poco distraída, me puse de pie lentamente con el fin de evitar el mareo cuando miré el reloj este estaba marcando las 12:00 del medio día. Cuatro horas de arreglo, seguramente habíamos impuesto un record, tomé el vestido en mis manos y la ropa interior también – ¿ Madge y Johanna?–
– Están en los cuartos de abajo con la peluquera y sus hábiles secuaces terminando de arreglarse –
Ella no se marchaba así que le dirigí una significativa mirada que ella interpretò correctamente.
– Debo ayudarle a vestir, la ropa interior debe ir en la posición correcta para el vestido –
Me sentí un poco incomoda ya que aun tenia las bragas, ella se refería al corsé no sujestionante y a las medias blancas de seda con las ligas.
Accedí porque quería que todo estuviera bien a fin de que Peeta me encontrara, al menos, un poco cerca de la perfección.
Ella me ayudo a vestirme, el vergonzoso corsé, aun hecho a la medida de mi cintura curvada por el bebe se ajustaba sin incomodar y era demasiado encajado y transparente, hasta sentí vergüenza yo misma al mirármelo desde arriba y ver como levantaba mi suave busto para dar estilo al hermoso vestido. Me lo puse encima y ella me acomodó la cinta que tenia atrás.
Intentè dirigirme al baño a mirarme en el espejo pero la costurera me interrumpió.
– La señora Madge me pidió que le diera esto, me dijo que no había desayunado por su enfermedad pero que usualmente tomaba esto a fin de permanecer saludable –
Estaba señalando el suplemento alimenticio en forma de malteada de fresa que reemplazaba la comida que, durante mi embarazo, debía prescindir de mi dieta. La bebí con cuidado de no correr el maquillaje y la considerable cantidad que supuse que tendría encima de mí.
Cuando terminé y bebí el ultimo sorbo un pito de auto sonó en el piso de abajo.
–¡Es nuestro auto Kaniss! – gritó Madge desde abajo, su voz por primera vez en ese día se escuchaba nerviosa, así que si había algo que lograra hacer semejante la ayuda de la costurera, quien llevaba la larga cola del vestido, bajamos las escaleras.
Cuando llegamos al tope del final miré hacia donde Madge estaba de pie, al lado de ella se hallaba mi padre cuyos ojos se llenaron de lagrimas al verme.
– Kaniss estás... hermosa – dijo Madge emocionada, pero si yo estaba hermosa ella estaba sensacional.
Su vestido era del mismo tipo de tela que el mío pero tenía las mangas largas, Madge siempre había renegado de sus brazos, tenía un velo largo echado hacia atrás y su cabello estaba hermosamente recogido en un moño del cual caían unos rizos perfectamente arreglados.
Mi padre estaba vestido de frac negro y encajaba a la perfección. Él, según lo planeado por Madge nos iba a entregar a las tres. Sería una boda un poco fuera de lo común.
– ¡Espera! – dijo Johanna dándose la vuelta, con su hermoso vestido de amplias hombreras y corsé de ballenas blanco, antes de dejarnos salir, arrojó sobre las manos de Madge y las mías una liga elástica para ponerla en la pierna para que el novio la sacara. – Algo nuevo – dijo señalándolas, luego sacó del bolsillo tres hermosos relicarios con piedras preciosas color zafiro, eran para poner en el bolsillo escondido de los vestidos ya que se debían usar con ropa informal – Algo azul – y luego se volvió para tomar una cajita que estaba sobre la cómoda, la abrió y dentro brillaban tres peinetas de plata labrada con piedras al rededor de ellas – Algo usado, eran de mi madre – dijo un poco nostálgica, la ultima peluquera que quedaba se acercó y posó cada una de las peinetas en cada uno de los cabellos de nosotras perfectamente arreglados – Ahora sí, listas –
Los cuatro entramos al auto que estaba decorado para la ocasión, mi padre conducía y mientras lo hacía halagaba a sus tres princesas diciendo que Dios no lo podía haber honrado más que dándole la oportunidad de entregar en matrimonio a tan hermosos ángeles. El tiempo se acortaba y la ceremonia se acercaba, así como mostros cada vez nos acercábamos más a la enorme catedral que Madge había escogido para la ceremonia.
La entrada al lugar estaba decorada con flores y rosas blancas, a ambos lados de la entrada unas antorchas quemaban su contenido lentamente con olores especiales que penetraron el auto a medida que pasábamos por ese frente y entrabamos.
Había montones de personas allí fuera esperándonos y el auto de los novios estaba estacionado en la entrada.
Mi padre nos estacionó al lado de ellos.
Reconocí entre todas las personas que veía a casi todos los amigos de Gale y de Marvel, mis amistades no daban para tal cantidad de gente y me sentí un poco ladrona de espacio y show. Peeta y yo éramos los extraños y la única familia que ambos teníamos para compartir era a mi padre.
Pero entre las caras no reconocí a varias, eran hombres en su mayoría los cuales eran tan atractivos como se podían imaginar y más de una amiga lejana y primas de Madge y Johanna los miraban descaradamente.
Mi suposición era que se trataba de amistades de Peeta y su pasado.
Con premura dirigí la vista a mi padre quien parecía no interesarse en nada más que en nosotras, brevemente pensé si estaba de acuerdo.
Esperamos a que todos se dirigieran hacia dentro donde debían estar ellos.
El pecho me ardió al imaginar a Peeta vestido de novio, debía verse arrebatador y más de una chica intentaría llamar su atención, esperaba estar lo suficientemente atractiva para que solo se fijara en mi y no en las voluptuosas y atractivas amistades de Johanna Hale.
No pensaba en nada más que en mis pies cuando escuché la puerta abrirse y mi padre bajar del auto para dar la mano a cada una de nosotras.
Fui la ultima en bajar y me temblaba todo el cuerpo, tanto así que temí hacer el ridículo y ser la única en ello, seguramente cortaría la circulación del brazo de mi padre antes de llegar a donde Peeta y cortarle la circulación del brazo de él aferrándome para no caerme.
Miré a papa y él me dio un beso en la frente como leyéndome el pensamiento.
– No te preocupes cariño, estarás hermosa– Y le creí, esperaba tener la suficiente confianza para ello.
Nuestros pasos resonaron en la empedrada entrada al mismo tiempo que los murmullos cesaban en la iglesia y un pianoforte perfectamente afinado empezaba con los compases de la música que usualmente se usaba en las bodas.
Sentía que el corazón se me quería meter en el cerebro si no lo escupía. El bebé saltaba de felicidad en mi vientre acentuando así el modo en que mi estomago saltaba también con voluntad propia ante la anticipación.
El orden de entrada era así.
Madge tomó a mi padre del brazo y él a ella. A través de la tela de mi velo vi a los tres hombres de nuestras vidas parados en mitad de la iglesia cada uno con el ramo de cada una. Lirios tenía el mío y Peeta, magnánimamente atractivo en su traje, los sostenía para mi mientras sentía el calor verde de sus ojos sobre mi figura, seguramente tan diferente de las de ellas.
Madge caminó al ritmo de la música más bien deslizándose sobre la roja alfombra mientras Gale la veía avanzar extasiado, con la expresión mas enamorada que jamás había visto. Se sonrieron aun desde la distancia y cuando mi padre finalmente cedió el brazo de Madge a Gale ellos se sonrieron, ella a través del velo que él levantó apenas ella soltó el brazo de mi padre.
La música continuaba.
Ahora era mí...un momento.
Johanna avanzó un paso delante de mí en modo de advertencia.
– Pero seguía yo – le susurré contrariada.
– Lo siento, Kaniss, ordenes de Madge – dijo ella sonriendo.
Ella quería que yo entrara a última y yo ignoraba la razón. Mi padre tomo el brazo de Johanna cuando regresó sobre sus pasos, lo miré enfurecida porque parecía que él también sabia de el cambio de orden en la entrada de la marcha nupcial.
Marvel sonreía como un estúpido, pero lo curioso era que así se veía aun más atractivo, si es que era posible. Miraba a Johanna y ella a él fijamente, definitivamente el amor estaba presente en esta boda como no lo estaba en muchas. Y eso era bastante que decir.
La música continuaba sonando y mi corazón parecía alterar el ritmo a mis oídos a medida que sentía a mi padre acercarse a mí para llevarme junto a él.
De hecho todo mi ser temblaba, una boda, y yo era una de las protagonistas, mi gozo en un pozo, llamando la atención de la gente. Me sentía como una mosca en una pared blanca, tanta belleza y yo en el medio.
Mi padre extendió la mano y yo la miré por unos momentos.
–Tú sigues Kat –
Asentí aceptando mi destino de por entonces, mi mano, envuelta en un guante que iba hasta el antebrazo, de encaje, se posó sobre su brazo extendido.
Me había llegado la hora.
Caminé al mismo ritmo de mi padre, seguí sus pasos rogando por no verme ridícula pero así me sentía. Cada paso era uno más cerca de Peeta y de su esencia masculina, los portales de mi nariz se dilataron al experimentar el familiar olor de mi hombre. Cuando estuve frente a él mi padre le dijo:
– Es mi hija a quien te llevas, recuérdalo bien –
Sonó áspero a su voz, pero sabía que mi padre no era de los expresivos que se explayaban en el momento de la entrega de la novia.
Mi mano tocó el musculoso antebrazo de Peeta y ambos nos estremecimos, esperaba que él me hubiera extrañado tanto como yo, sino esta boda no debía tener sentido. Sus manos se acercaron a mi rostro cuando me entregó el ramo de lirios, lentamente, como si quisiera beberse hasta el color de mis poros, él fue levantando el velo, su mirada estaba teñida de fuego y yo no entendía por que, tal vez estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírse ante la cantidad de maquillaje que habían puesto sobre mí, pero solo me miraba fijamente. Sus labios se entreabrieron como cada vez que hacían cuando me iban a besar, quería besarme y yo quería que me besara.
Sonriendo después de unos segundos solo para nosotros habló:
– Jamás podría olvidarlo – le estaba respondiendo a mi padre. Yo lo miré y él me miro a mí, estaba confiándome a otro hombre, al otro hombre importante de mi vida. Nos dimos la vuelta y caminamos hacia el altar donde a los ojos de Dios y de Cristo.
El cura empezó a recitar su ceremonia mientras yo me tranquilizaba de la impresión inicial. A mi alrededor pude distinguir todos los adornos y la gran iglesia decorada para nuestro matrimonio, me di la vuelta disimuladamente y el camino de nuestra entrada estaba veteado de pétalos de rosas blancas, cada silla que daba al pasillo estaba decorada con un adorno primoroso. Los vitrales daban a la ceremonia las más sagrada de las impresiones y el sonido del clérigo al hablar se redoblaba en estéreo por los parlantes distribuidos en toda la estancia.
Sonreí ante la pericia de Madge y a la vez se me encogía el estomago al pensar en cuanto debió costar todo esto y la recepción que nos esperaba que mi padre había tenido la ligereza de revelar en el auto para enfado de Madge.
– El amor es generoso, es compasivo, no es egoísta, el amor lo soporta todo, lo cree todo, no se jacta ni... –
Y cuanta razón tenía, el sentimiento era tan profundo como lo era el corazón de las personas, y lo aguantaba todo, hasta ahora había aguantado a Delly y a mi madre, y esperaba que aguantara durante toda la vida.
– Mary Madge Undersee ¿Aceptas por esposo a Gale Hawthorne, para amarlo cuidarlo y respetarlo hoy y todos los días de tu vida, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, en lo austero y la adversidad hasta que Dios y la muerte lo dispongan? –
– Acepto– dijo Madge con decisión, mirándolo a los ojos.
El clérigo repitió el mismo juramento a Gale quien contesto con su vozarrón
– Acepto – en el momento en que lo pronuncio todos sus compañeros de VitalLife lo ovacionaron desde donde estaban sentados provocando un sonoro escándalo que paro a los pocos segundos, todos reían contentos de que uno de los suyos se aventurara en el matrimonio.
Repitió el mismo juramento para Johanna y para Marvel, cuando ella dijo el sí, todos los primos que ostentaba él y ella los ovacionaron rivalizando en sonido con los amigos de Gale, todo el mundo rio. Hasta las abuelas que estaban solo por la misa y por admirar vestidos se rieron ante lo gracioso.
Yo temblaba, mi mano temblaba en la de él. Me la sujetó con firmeza tratando de transmitirme valor.
–Kaniss Everdeen – ¿Por qué empezó conmigo? ¿Por qué no empezó por él? Si él respondía que si yo me sentiría más segura... ¿Por qué no le cuestiono a él primero? – ¿Aceptas por esposo a Peeta Mellark como tu legitimo esposo para amarlo cuidarlo y respetarlo hoy y todos los días de tu vida, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad en lo austero y la adversidad hasta que Dios y la muerte lo dispongan? –
Esperaba que no me temblara la voz cuando hablara.
– Acepto – aparentemente sonó con seguridad, yo estaba segura pero a veces, la gran mayoría de ellas, la voz me traicionaba. El clérigo se volvió hacia Peeta contento con mi respuesta y yo respirè hondo.
Al fin.
– Peeta Mellark ¿Aceptas por esposa a Kaniss Everdeen, para amarla cuidarla y respetarla hoy y todos los días de tu vida, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, en lo austero y la adversidad hasta que Dios y la muerte lo dispongan? –
– Acepto– dijo èl claro y conciso –
Y claro sus compañeros, los que yo supuse que eran compañeros de él hicieron su acto de ovación, reímos mirando al clérigo quien tosió un poco y prosiguió con lo planteado.
Un niño, a quien reconocí como el hermano pequeño de Marvel se adelantó vestido de frac cargando los anillos, los llevaba como si fuera un héroe cargando el producto de una gran hazaña. Se detuvo ante Madge y Gale primero, y el padre se acercó con el agua bendita y un cuaderno guía en las manos.
– Ahora repetirán conmigo estas palabras a tiempo que bendeciré los anillos – Acercó el gastado cuaderno a Madge y le explicó que debía decir. Ella tomó el anillo con el aro más grande a la medida del dedo masculino de Gale y le dijo:
– Gale, recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda. – lo deslizó en el anular de él que cerró la mano en un puño valorándolo, después él acercó su mano a la alianza de Madge que hacia juego con la sortija de compromiso que ella ya tenía en el dedo anular –
– Madge – comenzó el mirándola con fijeza a tiempo que deslizaba la alianza – Recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda – le terminó de acomodar la alianza y luego le besó la mano.
– Como creo que quieren hacerlo al tiempo, tanto como esta boda sería prudente que esperaras hasta que termine con todos para el beso que sellará sus uniones –
Hubo una risa general, Gale asintió mirando a Marvel y le dijo:
– Date prisa –
– Los primos no nos damos prisa...hacemos que dure – le respondió Marvel con una sonrisa. Era claro en doble sentido de la frase pero de igual manera todos rieron y ovacionaron.
– Johanna, recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad, desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda –
Le puso la alianza a ella mientras el padre, al igual que con las sortijas de Madge y Jazz, salpicó agua bendita sobre las manos de los otros.
– Marvel, recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda –
Puso la alianza dorada con una piedra extravagante que Marvel había escogido para él, no podía faltar. Tomó la mano de Johanna y los cuatro se volvieron para ver nuestro ritual. Suspiré y tomé el anillo mientras sentía las miradas de todos sobre mí.
– Pe...Peeta...– tomé el anillo y sentí que la mano seguía temblándome, como pudo lo deslicé en la punta de su dedo mientras leía lo que había en el cuaderno– Recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda. – Hable rápidamente, seguramente el debía estar siendo participe del gran nerviosismo que sentía, pero todo se estaba desarrollando, contrario a mis pronósticos estaba uniendo mi vida a la de Peeta. Escuché que alguien corría un banco tras nosotros en el momento en que Peeta tomó el complemento de mi sortija de compromiso, no sé por qué, mas por instinto me di al vuelta y miré quien había corrido la silla.
"No" pensé y grite para mis adentros. ¿Que hacían ellas aquí? ¿Y precisamente en ese momento? Mi madre y Delly estaban en la iglesia.
Respiré pesadamente y casi me desmayo, Peeta me apretó la mano en muda interrogación y yo le rogué a mi vez con la mirada que no mal interpretara esto.
Miró en la dirección que yo había mirado hacia un momento y se volvió totalmente serio, tomó la sortija y antes de que pudiera hacer o decir algo comenzó a hablar.
– Kaniss, recibe este anillo como prueba de mi amor y fidelidad desde hoy y para el resto de la vida que nos aguarda – Dijo las palabras claras y no se volvió a mirarlas, tan solo espero la orden del clérigo que llegó segundos después.
– Pueden besar a las novias –
Peeta se inclinó sobre mi boca y me besó con ansia explosiva que seguramente no debía estar permitida en un templo sagrado, supuse que quería borrar de mi cara la expresión preocupada. Yo me concentré en el beso pero el vacio que sentí en el pecho al verlas allí no remitió del todo. Aun tenía que saber qué demonios estaban haciendo el día de mi boda cuando me había preparado psicológicamente para no verles la cara nunca más.
Cuando el beso terminó Peeta limpió con sus dedos las lagrimas de miedo y amor que yo había dejado escapar.
– Tranquilízate – me susurró en la boca – Ella sabe que no puede hacer nada –
Asentí en silencio y me volví hacia el padre que terminaba la ceremonia.
– Si hay alguien en esta estancia que no esté de acuerdo con estas uniones que hable ahora o calle para siempre –
Me sobrecogí y el aire me faltó, me apoyé pesadamente en Peeta esperando escuchar en cualquier momento la sentencia o alguna clase de frase por parte de ellas. Cerré los ojos y él me abrazo dándome valor.
Pero nadie hablo nada. El silencio fue sepulcral como si en vez de una iglesia se tratara de una tumba, luego los aplausos cuando el padre concluyó.
– En ese caso los declaro maridos y mujeres – Peeta me abrazo con fuerza y pasión y me volvió a besar.
– No vas a dejar que esto pase, Kaniss – susurró contra mi oído mientras yo inexplicablemente seguía llorando – No vas a dejar que te arruinen nuestro día, no lo voy a permitir, no lo voy a permitir – Había mucha dureza y protección en su voz y le creí ciegamente porque necesitaba hacerlo, él y mi padre eran los únicos soportes que tenia y no los iba a dejar ir. Me aferré a la mano de Peeta y al mismo tiempo las tres parejas nos dimos la vuelta para encarar a la multitud que, a excepción de las dos personas sentadas al fondo, ovacionaban y estaba contentos de nuestra unión.
Comenzamos a caminar hacia la salida al mismo tiempo que toda la gente que aplaudía y nos lanzaba arroz y flores por encima de las cabezas, cada paso que daba era un acercamiento a la titular, o más bien las titulares de mis desgracias, aferré aun más el brazo de Peeta y seguí caminando apretando con la otra mano mi ramo. Mi panza por causa de su pequeño habitante seguía saltando.
Pasé por el lado de mi madre ignorándola olímpicamente pero a la vez siendo consciente de como la mirada de ella se deslizaba critica por la parte sobresaliente de mi cuerpo.
Igualmente ignoré a Delly que seguía como muñeca la conducta de mirarme la panza de mi madre. Salimos a la luz de la tarde que nos esperaba con la gran recepción de la cual no sabía cómo estaba organizada. Peeta tomó el primer auto que un conserje parqueó en la entrada y arrancó sin prisa mientras los demás hacían lo mismo en cada auto para seguirnos a la recepción. Yo miraba el camino correr y sin poder evitarlo le pregunté:
– ¿Qué crees que hacían aquí? –
Él miró en silencio la carretera, pero curiosamente no se veía alterado.
– No vamos a permitir que ellas opaquen ese brillo que tenias en los ojos hace un momento –
– Perdóname... yo no quería.– dije disculpándome y tocándome la garganta desde donde un sollozo ahogado de miedo y desesperación pugnaba por salir. Él estacionó el auto en una esquina y se volvió para mirarme.
– Kaniss, vas a disfrutar de esta fiesta y de mi tanto como tu salud lo permita. Te amo y me amas y nada de lo que hagan esas dos hará la diferencia. Estoy dispuesto a darte todo y a cambio disfrutaras de esta fiesta como lo mereces, como merece nuestro hijo. Kaniss, hazlo por nosotros – Lo miré a los ojos y me perdí en ellos –
– Abrázame – le susurré esperando que me hiciera caso, necesitaba de su calor confortante.
Él se inclinó sobre el manillar del timón y me abrazó con fuerza besándome la coronilla, yo sentí mi cuerpo febril y poseso, como siempre, de su esencia. Busqué sus labios palpando con los míos hasta que entraron en contacto. Rastreé tímidamente con mi lengua la suya pero cuando entraron en contacto se la chupé con ansia. Eso era lo que me ayudaba, que sintiera pasión por mí. Sus manos apretaron mi cuello, supuse que para separarnos pero contrario a eso ejerció una presión poderosa de modo que algo más que nuestras bocas entraron en contacto, casi la totalidad de mi pecho estaba sobre el de él y si no fuera por la estrechez del auto estaba segura de que me habría montado sobre él y no me hubiera opuesto. Finalmente nos separamos y él se puso en su sitio.
– Espero que esa recepción pase rápido, no veo la hora de estar a solas contigo – Yo tampoco la veía y había olvidado mi preocupación, si las veía ahora sabia que contaba con él.
Finalmente arribamos a la recepción. El salón se transparentaba a través de los vidrios amplios y adornados con estrellas de goma, dentro se podía ver un monumental y multipisos pastel de bodas adornado en cada piso con una pareja, cada uno reproducción perfecta nosotros. En el techo había guirnaldas blancas y globos blancos casi perla que brillaban con las finas luces proyectadas a través de lámparas antiguas de lágrimas de cristal que difundían la luz de manera uniforme. El sitio estaba perfecto y un banquete brillaba, el banquete con comida y pavos en gran cantidad.
Miré a Peeta y él a mí, respiré hondo deseando tranquilizarme lo suficiente para poder afrontar la situación que no sabía si se daría entre mi madre, Delly y yo. Odiaba ahora admitirlo pero tenía un poco de miedo.
Si sé que me quieren asesinar pero les juro que no fue voluntario dejar la historia por tanto tiempo, el capitulo que viene será escrito pronto, lo prometo, pero es que en estos días la cosa ha estado caótica en mi sitio de trabajo de todas maneras gracias por seguir aun ahí y espero que todo en sus vidas marche de maravilla. Un beso y abrazo a todas las lectoras y lectores.
Holaaaaaa
Les gusto,creen que le falto algo?
Gracias por los comentarios que dejan.
Me dejan uno en este cap?.
;) xoxoxooxoxoxoxox
