Hola a todos espero que estén muy bien y quienes tengan en sus países feriados el 1 de noviembre, hayan podido descansar y compartir en familia.

ADVERTENCIA el siguiente capítulo contiene violencia explícita.

Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins


Capítulo 15

Peeta me acompaña hasta que salimos de la plaza, dos cuadras más y habré llegado a la casa de Cray.

- ¿Cómo es que estas acá? – pregunta Peeta suspirando pesadamente.

- Trabajo – no quiero explicarle todo lo que ha pasado desde la última vez que nos vimos.

- Ya veo – vuelve a mirar el suelo pero no me deja de seguir, caminamos en silencio mirando nuestros pies, hasta que estamos frente de la casa.

- No deberían vernos juntos ¿Qué pensarían del vencedor de Los Juegos del Hambre si lo ven juntándose con putas? – el me mira fijamente.

- Que es un hombre con necesidades, como todos esos que te compran a ti o a las demás chicas de La Agencia o incluso a las chicas del burdel.

- Necesidades que debería satisfacer Delly – Peeta asombrado me toma de los hombros y me guía a un costado de la casa, donde no puedan vernos.

- Creí que te había explicado que eso es mentira – lo veo a los ojos y veo verdad en ellos.

- Pero sé que tienes que mantener la mentira, para que ambos puedan sobrevivir – él se tensa, no contaba con que supiera eso – si te ven conmigo, podría ser malo para ustedes.

- No te preocupes Katniss, las cámaras ya no están aquí, además somos amigos no – me sonríe aunque pareciera que se ríe de el mismo - ¿tu trabajo es con Cray?

- Si – vuelvo a bajar la mirada avergonzada, ya soy tan distinta a la chica que conoció.

- ¿A qué hora terminas?

- A las 8 – salgo de nuestro escondite, porque ya no puedo perder más tiempo, me saco la chaqueta y se la devuelvo a Peeta, él se mantiene inexpresivo y justo antes de tocar la puerta dice.

- Recuerda, para mí no eres la prostituta, sino la valiente cazadora de las ardillas – me giro a verlo y me sonríe, da media vuelta y empieza a alejarse.

Un agente de la paz me abre la puerta y me guía a un salón lleno de uniformados, todos chiflan y aplauden, son los mismos comentarios y bromas que recibí en la calle. En la cabecera de la mesa está el jefe Cray, tan viejo y desagradable como lo recordaba, me hace un gesto para que me acerque y cuando llego a su lado el me inspecciona detalladamente con su mirada, trato de contener una arcada.

- Siempre pensaba como seria tu cuerpo Katniss Everdeen – se lamia los labios, se levantó y con un gesto me pidió que diera vueltas, así lo hice – siempre tan salvaje, tan independiente, tan fuerte, pero aun así eres una belleza Everdeen. ¿quieres un trago? – me hizo un gesto a la mesa que estaba llena de vasos servidos, tomo uno y con un gesto de salud me lo tome rápidamente.

Después de eso todos siguieron conversando y riendo, algunos jugaban cartas y apostaban, cada vez estaban más ebrios, hasta que Cray se sentó a mi lado.

- ¿Qué hacían tú y el joven Hawthorne en el bosque? – me descoloca esa pregunta porque él sabe perfectamente lo que hacemos, pero aun así no me siento segura de decirlo tan abiertamente, Gale aún sigue cazando y aun lo pueden castigar por eso, así que decido responder lo que todos creen que hacemos Gale y yo en el bosque.

- Teníamos un romance, en el boque podíamos estar solos – muchos chiflan, a Cray parece que le gusto mi respuesta y con su mano toma mi muslo y me empieza a acariciar cada vez más arriba – y ahora te vendes por mucho más que un plato de comida, las vueltas de la vida no – me acaricia la cara y después vuelve a ofrecerme otro trago y lo tomo.

De golpe todo empieza a darme vueltas, muy tarde caigo en que no debí tomar si no sabía lo que era, porque definitivamente algo tenía el vaso, veo colores, las escenas muy rápido o muy lento. Veo como uno de los agentes, me toma por detrás y me quita la ropa, después solo veo imágenes, cada una peor que la anterior y nuevamente mi alma deja mi cuerpo y veo todo desde el exterior, como si esa pobre chica no fuera yo.

Veo como todos me cogen uno tras otro.

Cray me tiende en la mesa para que todos vean como tenemos sexo.

Me veo arrastrándome por el suelo, pero no me dejan de tocar.

Una patada y me tiran del pelo para quedar frente a frente al miembro de alguien.

Me recuestan absolutamente expuesta en un sillón, dos agentes abusan de mí.

No hay dolor ni lágrimas, ni corazón ni alma.

Siento la nieve bajo mí, estoy tirada en la calle, trato de pararme pero las piernas me flaquean, se esta tan cómodo aquí en la nieve, como cuando Peeta me lanzo el pan hoy también quiero que mi vida acabe aquí, ya no puedo ver la luz de la mañana, cierro los ojos y siento que alguien me levanta y me toma en sus brazos.

Empiezo a sentir más frio y los recuerdos de lo que ha pasado me sobresaltan, me obligo a abrir los ojos y ver que está pasando y lo veo, Peeta me llevo de los brazos y ya casi estamos llegando a mi casa. El me mira y me sonríe dulcemente, pero veo el dolor en sus ojos, aun así me sujeta con fuerza y me siento tan protegida en sus brazos, sé que el jamás me dejara caer.

- ¡Sra. Everdeen! – llama Peeta y veo como mi madre aparece por la puerta de la cocina.

- ¡oh hija por Dios! – corre a mi lado, me revisa mi cara y mi cuerpo, debo de tener muy mal aspecto - ¡Prim trae mi botiquín! – mi patito aparece corriendo y sus ojos se llenan de lágrimas cuando me ve, mi madre me aplica un líquido y arde, toco mi frente y mi mano queda con sangre – es solo un corte hija – dice mi mamá tratando de tranquilizarme.

- Nadie puede marcar a una joya – digo sin dejar de mirar mi mano – nadie puede marcar una joya – veo a Peeta, quien no se ha separado de mi lado y ayuda a mamá con lo que le pide – nadie puede marcar a una joya – me repito a mí misma, tratando de alejar esas imágenes de lo ocurrido ayer, mi madre toma un vasito de jarabe y me lo da, instantáneamente, me quedo dormida.

Cuando despierto estoy en mi cama, el sol ya está en lo alto así que ya debe ser tarde, estoy bañada y mis músculos ya no duelen, reviso mi corte y está perfectamente curado aunque se note claramente el corte, me visto para poder bajar a la cocina, pero desde el pasillo escucho las voces de mi madre y Peeta, no puedo evitar acercarme más para escuchar.

- Joven Mellark necesito hablar con usted – noto el nerviosismo y la decisión en la voz de mi madre.

- Usted dirá - sonrió sola, el siempre tan caballero.

- Usted me trajo un mensaje de ella, me dijo que estaba bien aunque tuviera que trabajar para el Capitolio, pero que estaba bien – la voz de mi madre es dura, ya sé a qué punto quiere llegar.

- Eso fue lo que me pidió ella.

- Entiendo, pero si pudiste hablar con ella, entonces si sabias cual era el verdadero trabajo que ella realizaba – un momento de silencio incomodo, parecieron eternos hasta que mi mamá vuelve a hablar - ¿fuiste uno de los clientes de mi hija? – nuevo momento de silencio, mientras mi corazón se aceleraba esperando la respuesta - ¿fuiste uno de los clientes de mi hija? ¡Habla!

- Si – apenas audible, imagino a Peeta bajando la cabeza, de seguro le da vergüenza haberse metido con una prostituta.

- Entonces te voy a pedir que salgas de mi casa – es una orden, pero yo necesito decirle a mi mama que a pesar de que si estuvimos juntos, no pasó nada malo, no me doy cuenta como se abre la puerta para quedar en medio de los dos.

- ¡no! – grito desesperada y me abrazo a Peeta instintivamente y el no demora en responder mi abrazo completándolo – mamá, Peeta me ha ayudado de todas las maneras posibles, ayer el me abrigo y hoy me trajo de vuelta, por favor mamá, no seas tan dura con el – la mirada de mi madre se hablando, ella sabe que digo la verdad o quizás ya ha escuchado el espectáculo que di ayer con mi lencería a la vista de todos.

- No te preocupes Katniss, me iré a mi casa y así ustedes pueden descansar – él se dirige a la escalera y mirándome una última vez la baja y minutos después se escucha la puerta de la calle.

En el pasillo nos quedamos solas, mirando cualquier cosa en vez del rostro de la otra, hasta que me decido a cortar el hielo.

- Mamá no culpes a Peeta, él siempre me ha protegido – quiero que note lo importante que fue para mí que el fuera mi primera vez.

- Lo sé – reconoce mi mamá con un suspiro – solo que saber todas estas cosas me supera, quisiera protegerte yo también.

- ¿has escuchado lo que paso ayer? – pregunto temerosa.

- Si hija, por eso hoy te estaré esperando a una cuadra con un abrigo, tienes que estar tranquila – nos fundimos en un íntimo abrazo y lloro, porque mis recuerdos vuelven a mí en imágenes y me cuesta determinar cuáles son reales o no, además que Peeta me haya visto así me derrumba y me llena de vergüenza, lloro y lloro hasta que por agotamiento vuelvo a dormir.


Bueno, no me odien por todo lo malo que le pasa a Katniss, porque cuando uno está en el pozo, lo único que le queda es subir.

Gracias a todos los lectores anónimos, a los que dejan su comentario, los que tienen la historia en alerta y en sus favoritos, ya saben que cualquier cosa en los comentarios.

La próxima actualización será el martes.

Nos leemos

Arroz