Hola a todos espero que estén muy bien, los dejo con un nuevo capítulo :D

Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins


Capítulo 18

Desperté al amanecer, me quede un rato acostada mirando como los rayos de luz aparecían tras el bosque, sentía como el calor inundaba la habitación, me siento tan bien, de haber dormido en mi cama, en mi casa y no en la cama de un desconocido, inhale todo el aire que pude y lo solté poco a poco, todo lo que sentía era real.

Cuando baje ya vestida, mi mamá ya estaba preparando más ollas con hierbas para la mamá de Laura, se veía cansada, pero yo no le sirvo de mucha ayuda, pienso que cuando Prim baje podrá ir a dormir. Cojo el abrigo de mi padre y no cierto vergüenza de él, él estaría orgulloso de lo que hice ayer, yo lo estoy, me siento más yo misma y además Laura no tiene de que avergonzarse. En eso estaba cuando suena la puerta ¿Quién podría ser tan temprano?

- Hola Katniss – Peeta estaba en la puerta, colorado por el frio y el pelo desordenado, trae un canasto con pan.

- Pasa – le ayudo con el canasto, mientras que él se sacude la nieva y se saca el abrigo.

- ¿Qué paso ayer Katniss? todos hablan de la muerte de Cray – lo guio al comedor, para poder conversar sin interrupción. Me siento en el sillón y empiezo a poner astillas en el fuego, tratando de no parecer tan nerviosa, Peeta se sienta a mi lado.

- Fue todo muy rápido, creo que los excesos le pasaron la cuenta, porque se derrumbó de un momento a otro.

- ¿pillaron tu arco? ¿tú no le hiciste nada? – niego con la cabeza.

- Solo lo amenace, pero por otra cosa, aunque el viejo Cray no estaba preocupado, se tomó un trago de golpe y se derrumbó – Peeta mira fijo el fuego, pero noto su preocupación, porque gira sus manos incesantemente – aunque igual perdí mi arco – recordar eso me inunda de pena, era una de las cosas más preciadas que me quedan de mi padre.

- Podría involucrarte en la muerte de Cray – suelta Peeta, yo no había prevenido esa situación y no puedo evitar ponerme muy nerviosa, él me toma de las manos y acaricia el dorso con sus pulgares, ese pequeño roce hace que me relaje mucho.

- Bueno habrá que esperar que pasa – le digo resignada. Ambos nos quedamos mirando fijo el fuego, los colores cambiantes de las brasas son atrayentes, luego de un largo rato Peeta pregunta.

- ¿y ayer como te fue antes que pasara todo?

- No alcanzo a pasar nada – le suelto, y aunque es verdad, recordar a Laura con ellos me revuelve el estómago, también está el beso, ese beso que me robo junto a la ilusión de que aún me quedaba algo que entregar, algo que guardar como un tesoro, ahora no me queda nada y sin poder evitarlo lagrimas surcan mis ojos.

- Katniss ¿Qué paso? Cuéntame por favor, no te vayas a un lugar donde yo no puedo ir – Peeta toma mi rostro entre sus manos y con sus pulgares limpia mis lágrimas, sus manos son tan suaves y acarician mis mejillas como si fuera masa, pero su suavidad contrasta tanto con mis recuerdos que me pongo a llorar desconsoladamente, trato de parar pero solo consigo que me dé hipo, el me acuna en sus brazos y yo hundo mi rostro en su pecho, me arrepiento tanto de haberle negado los besos a Peeta.

- Un tipo me dio un beso a la fuerza, yo no quería de verdad, pero fue tan fuerte que no pude correr mi cara – trato de explicarle lo sucedido como si él se fuera a enojar y todo sea mi culpa, el solo hace más fuerte el abrazo.

- Shhh tranquila, no tienes nada que justificar – mi llanto vuelve a ser más intenso, la bondad de Peeta me abruma, no merezco su compasión.

- Era lo único que me quedaba ¡lo único! Ahora estoy vacía, no soy nada – sollozo – Peeta levanta mi rostro y me obliga a mirarlo a los ojos.

- Nunca digas que no eres nada ¡nunca! – su voz es firme, tiene rabia, aunque no sé si es por mi o por la situación, creo que por ambas cosas.

- Hay cosas que nunca se me serán devueltas – alzo la voz, porque también me está dando rabia que me rete – mi libertad, mi voluntad ¡mi virginidad y ahora mi primer beso! – Peeta me suelta y vuelve a mirar el fuego, un silencio incomodo se hace entre los dos, inmediatamente me siento mal por haberle gritado, porque sé que sus intenciones son buenas, sus palabras me han consolado muchas veces.

- Yo creo que hay cosas que no valen – susurra después de un rato, aunque no me mira.

- ¿Cómo cosas que no valen? – no entiendo lo que quiere decir.

- Cuando las cosas se hacen de corazón tienen otro valor – sus mejillas se sonrojan, aun vuelve su rostro y me mira a los ojos – cuando los besos son con amor, te darás cuenta que el que te dio el tipo no vale – su declaración me descoloca sobre todo su mirada, porque siento que esa frase es más profunda que un simple consuelo, me levanto del sillón y abro las cortinas solo para evitar su rostro. Él también se levantar.

- Lo siento, no quería hacerte sentir incomoda – sigo sin mirarlo, porque solo así puedo ser sincera.

- No te preocupes, creo entender lo que dices, porque cuando el agente me robo el beso, lo único que pensaba es que mi primer beso no te lo pude dar a ti y me arrepiento tanto de haberte corrido la cara esa noche – dejo de jugar con la cortina y vuelvo a verlo, me sorprendo al ver que estaba detrás de mí.

- Hagamos que el beso valga entonces.

Peeta da otro paso, acorralándome contra una pared, sus grandes brazos me abrazan y me dejan a su merced, me pierdo en sus infinitos ojos azules, que ahora muestran tantas cosas, nerviosismo, ansiedad, deseo. Yo me siento igual, nuestros rostros se van acercando y no lo detendré, quiero besarlo aunque sea una vez, cuando siento su cálida respiración en mi rostro cierro los ojos esperando el desenlace.

- Ni siquiera se te ocurra besarla Mellark – nos interrumpe Gale desde la puerta.

- No lo puedo creerlo – susurro con frustración, pero Peeta me escucha y se pone a reír a carcajadas, le sigo yo también porque la vida no puede ser tan desgraciada con nosotros, Gale no entiende nada.

- No le veo lo gracioso – suelta Gale, notoriamente molesto ya que no se esperaba nuestra reacción.

- Ah Gale ¿Qué te importa a ti a quien anda besando una puta? – le contesto aun entre lágrimas de risa, aunque a Peeta no le hiso tanta gracia mi respuesta – a mi hace rato que me dejo importar tu opinión Gale – y ambos volvemos a explotar en carcajadas – Peeta ¿te quedas a desayunar?

- Por supuesto – responde el muy galante. Al notar como lo ignoramos completamente, Gale sale hecho una furia y nosotros nos reímos hasta que nos duelen las mejillas.

- Me gusta verte reír – me dice Peeta cuando estamos más tranquilos.

- Gracias por hacerme reír – le devuelvo a Peeta una sonrisa sincera.

Estábamos terminando nuestro desayuno cuando aparece Ailen, también sonrojada por la nieve, conversamos rápidamente como nos fue, aunque para nosotras esa conversación es normal a mi madre y a Peeta le es incomoda, le doy unos panes para que pueda comer ella.

- La Señora Sofía dijo que como hoy no tienes trabajo pendiente, tienes que ir a trabajar al burdel – siento un balde de agua fría, ni siquiera había pensado en cómo será estar en el burdel, aunque lo poco que he visto cuando nos arreglan, no es nada agradable.

- Ok – respondo escuetamente, todo el ánimo que había logrado se derrumbó. Ailen se fue y nosotros terminamos de tomar desayuno en silencio.

Mi madre me manda al Quemador a buscar vendas y alcohol, Peeta se ofrece a acompañarme y a pesar de mi negativa, aquí está a mi lado caminando en silencio, quizás ambos procesando de que tendré que ir a burdel, aunque yo no dejo de pensar en el casi beso que nos damos, el parecía muy seguro ¿Por qué? Todos sus actos son evidentes, él me quiere tanto como yo, pero algo en lo muy profundo de mi corazón no lo cree, soy una prostituta, no hay nada en mí que él pueda querer, quizás a la antigua Katniss, pero cuando se dé cuenta que no queda nada de ella en mí se alejara y eso es lo que me asusta.

Caminábamos entre los puestos cuando una fuerza me jala hacia un rincón, Peeta reacciona y rápidamente aprisiona al sujeto contra la pared, fue tan rápido todo que solo cuando escucho la voz ahogada del sujeto que esta asfixiando Peeta que reacciono.

- ¡Darius! ¡Suéltalo Peeta! – lo hace lentamente, aun con recelo, yo le tomo el brazo para obligarlo a soltarlo.

- solo te venía a dejar esto – dice Darius extendiendo mi saco, dentro esta mi arco y mi docena de flechas, las lágrimas se me sueltan, este gesto es tan importante para mí, jamás se lo dejare de agradecer.

- ¡Gracias! – lo abrazo fuertemente y el me dedica una sonrisa tierna y sin decir más se aleja de ahí.

Me despido rápidamente de Peeta, primero porque ya la situación del beso me está carcomiendo, segundo estoy nerviosa de andar con un arco en el saco y tercero porque ya lo que paso con Laura es de conocimiento general en La Veta y mucha gente se me acerca a darme las gracias y pedirme perdón, incluso una señora se abrazó a mis piernas llorando porque ella no fue tan valiente como yo para salvar a su hija y su relato me afecto demasiado. En casa todo sigue igual, Laura se ha ido a cuidar a sus hermanos y mi mamá sigue cuidando de su madre, ella dice que su fiebre ha disminuido, pero no mejorara hasta que deje de soltar desgarros con sangre. Me voy a acostar, tratar de perderme en los sueños y concluir el beso que casi fue.

Cuando despierto noto que ya son un poco antes de las 7, corro a casa de Ailen, ella y me estaba esperando en su pequeño jardín y al final ambas tenemos que correr para llegar a la hora al burdel. Me mandan a bañar mientras que a Ailen la visten con otro precioso vestido de noche y su maquillaje la hace ver mucho mayor, toda una mujer guapísima, nos despedimos con un abrazo y ella se marcha a su última noche en la mansión Schwager. A mí como siempre me dan un simple conjunto negro de ropa interior que deja poco a la imaginación.

- ¿Tuviste algo que ver con la muerte de Cray? – me interrumpe Sofía, casi me hace saltar del susto, pero pensándolo bien no tengo nada que temer, la verdad es que no hice nada y el arco está conmigo.

- No – le digo haciéndome la desinteresada.

- Bueno todos dicen que le dio un infarto, así que supongo La Agencia esta fuera de cualquier cuestionamiento.

- Lo está – reafirmo aunque no me interese en lo absoluto lo que le pase a La Agencia.

- Bueno, ya te compraron por esta noche así que una chica te guiara al cuarto – sin más sale del salón y una chica más joven que yo me guía al segundo piso, hay música alta y la luz es tenue, atravesamos un largo pasillo y tras las puertas se escuchan los ruidos de las distintas parejas, me sonrojo, las chicas de ahí me miran extrañadas, la joven abre una de las ultimas puertas del y sin decir nada me deja pasar y se va.

El cuarto es pequeño y reina en el una gran cama, las paredes son de color barniz oscuro y la cama de color vino, todo hace que la pieza sea muy oscura y su única ventana da hacia la calle, me quedo ahí viendo como el sol se esconde, de pronto escucho la puerta abrirse, me doy vuelta rápidamente y me quedo paralizada al ver quién es el cliente.


Quien da más? Jajajajaja quien será el cliente de Katniss aaahhh! Bueno lo sabremos en el próximo capítulo.

LLEGAMOS AL REVIEWS 100! e.e muchas muchas muchas gracias (llorare!) para mí todo esto es un sueño, yo que pensé que mis locuras no le guastarían a nadie, así que muchas gracias por ser partícipe de esto, por amar leer tanto como yo y por amar mi historia MUCHAS GRACIAS!

Adelanto:

Golpea un árbol con tanta fuerza que se rompe los nudillos, Peeta se derrumba frente a mí, tiembla y llora desconsoladamente, grita y lanza piedras que encuentra cerca de él, me arrodillo frente a él y lo abrazo tratando de serenarlo, pero su desesperación es tal que le cuesta respirar, jamás había visto a alguien llorar con tanto dolor, es tan claro que lo siento como mío y también termino llorando, cuando por fin se serena un poco dice.

- No sabes cómo se me parte el alma cuando te veo ir para estar con un cliente, los mataría a todos Katniss, a todos lo que te han puesto una manos encima – vuelve a golpear el suelo, sus ojos arden por la rabia, jamás pensé que esos sentimientos habitarían en él, yo hago más intenso el abrazo – me duele porque te amo, te amo tanto que sería capaz de matarlos a todos para hacerte libre otra vez.

Nos leemos

Arroz!