Hola a todos espero que estén muy bien, los dejo con un nuevo capítulo :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 20
Los copos de nieve se posan sobre el cabello de Peeta, aunque aún solloza está más tranquilo y yo me alegro de por fin escuchar todo lo que guardaba su corazón, la pena, la rabia y el amor, los mismos sentimientos míos y por fin siento que Peeta es la única persona que me entiende. El viento se vuelve intenso, la tormenta se intensifica y la visión disminuya, le convenzo de que tenemos que volver, nos levantamos y caminamos rápidamente de la mano antes de que nos pille la ventisca en el bosque.
Cuando empezamos a caminar las primeras calles de La Veta, veo como Peeta juega con el cierre de su chaqueta, mirando el piso, metido en su propia discusión mental.
- ¿Qué pasa Peeta?
- Pensaba si tu… bueno ¿quieres ir a almorzar conmigo? – titubea, sus mejillas se vuelven coloradas.
- ¿Por qué estás tan nervioso?
- Por lo que acaba de pasar… siento que se me saldrá el corazón del pecho – no puedo evitar reír, a veces es tan tierno.
- Me encantaría almorzar contigo – Peeta por fin levanta su mirada y me sonríe ampliamente.
Nos ponemos a caminar rápido, la tormenta cada vez es más fuerte y la aldea de Los Vencedores esta apartada del centro, el camino esta desolado, Peeta me explica que su familia no va mucho a la casa, prefieren quedarse en la panadería y que aparte de él solo vive Haymitch ahí.
La casa de Peeta es igual a todas las demás, casas grandes de material, con chimenea y grandes ventanales, al entrar la casa tiene un hermoso piso de madera oscuro, espacios abiertos y modernos muebles, todos armoniosamente ordenados. Peeta me pide el abrigo y luego me hace pasar a la cocina. La chimenea aun esta prendida, yo pongo más astillas para avivar el fuego.
- ¿en qué te puedo ayudar? – dispuesta a poner las manos a la obra, aunque cocinar nunca ha sido mi fuerte.
- No te preocupes, no me demorare nada ¿quieres chocolate caliente? – Peeta tiene una sonrisa gigante, quizás yo estoy igual, porque vivir esta situación tan casera es todo un privilegio junto a él.
- ¿Qué es eso? – Peeta sonríe más abiertamente, de un lechero me sirve una taza y me la entrega.
- Dale, te va a gustar – doy un sorbo desconfiada, pero el sabor es dulce y exquisito y está en un punto justo de calor que me reconforta, me siento en la mesa con mi taza mientras veo como cocina.
Luego de un rato, mientras yo le asalto más chocolate caliente, Peeta termina de cocinar, lo ayuda a arreglar la mesa y él sirve dos grandes platos de estofado de cordero, la comida emite vapor por su calor y un olor tan exquisito que se me hace agua a la boca, cómo dando las gracias, sin mucha delicadeza, Peeta ríe cuando se me cae un pedazo de carne de la cuchara y no me doy ni cuenta cuando ya estoy pidiendo otro plato. De pronto noto que él está jugando con su cuchara, mirándome fijamente.
- ¿Qué te pasa Peeta?
- después de lo que paso en el bosque ¿Qué pasara entre nosotros Katniss?
- bueno a mí me quedan 3 noches con los Schwager y después una semana en el burdel – me molesta hablar de trabajos con Peeta y noto como esta pequeña burbuja en la que estábamos ahora se rompe, la realidad nos golpea en la cara.
- Luego te iras – completa Peeta.
- Luego me iré – confirmo. Un pesado silencio se instala entre nosotros, ambos absortos en nuestros pensamientos.
- Sabes, no pensemos en eso ¿Qué pasara? Nadie lo sabe, solo tenemos el presente – me sonríe Peeta, tiene razón ahora estamos juntos, ahora somos felices – te amo Katniss.
- Te amo Peeta – le digo desde el corazón.
Peeta se levanta de la mesa y me extiende una mano invitándome a que lo acompañe, en cuanto lo hago me toma bruscamente de la cadera y me besa, es intenso y profundo, nuestras bocas se abren y nuestras lenguas luchas por entrar en el terreno de la otra, un golpe de placer llega a mi vientre, miles de mariposas explotan haciéndome temblar, el hace más intenso el beso y yo le correspondo sin dudar, caminamos sin separarnos hasta que el choca en un sillón y caemos en él, solo ahí nos separamos y reímos, el vuelve a capturar mis labios y mordisquea el inferior, pasa su lengua escrutando cada rincón de mi boca, es tan delicado y tan intenso, me estoy excitando. Peeta pasa su mano sobre mi pecho sin intención, pero ese pequeño roce me tensa los músculos de mi intimidad, agarro su mano y la presiono sobre uno de mis pechos invitándolo a que los reclame como suyos, su presión cada vez es mayor, esta sediento de mis besos ¡Dios! Esto es el paraíso.
- ¡Oh Peeta donde aprendiste a besar así – lo alabo en un momento para tomar aire, ambos jadeamos de tanta adrenalina - ¿acaso te has metido con otra chica mientras estaba lejos? – le pregunto en tono de burla, pero de golpe entiendo lo que dije y como yo misma he estado con tantos hombres desde que él se fue, que no soy digna de esto ni de su amor, me levanto rápidamente del sillón poniendo distancia entre los dos.
- ¡No Katniss no! – Peeta se levanta y toma mi rostro entre sus manos – no pienses en La Agencia, ni nada de lo que ya ha pasado, él ahora es lo importante; tú, yo y nuestro amor.
- ¿Sabes cuál es el castigo por estar con un hombre que no nos ha comprado? … 50 latigazos – la boca y los ojos de Peeta se abren desmesuradamente – no puedo Peeta, no soy digna.
- ¿les tienes miedo?
- ¡No! tengo miedo a que me rechaces – Peeta besa mi coronilla, mis mejillas, mi nariz, mi mentón.
- Nunca te rechazare, para mí siempre serás …
- … la cazadora de ardillas – termino la frase riendo - Sabes, siempre recordaba esa frase para darme valor.
- Tú ya tienes bastante valor por ti misma – Peeta caricia mi mejilla mientras me abraza por la cintura – hagamos que valga - Lo empujó hacia el sillón haciéndolo caer y me gano a horcajadas sobre él.
- ¡Oh creo que he cazado algo! –me sonríe y yo ataco su cuello a besos – hagamos que valga – le susurro y el cuerpo de Peeta se estremece abajo mío.
Peeta vuelve a atacarme a besos, todos son profundos, descontrolados y apasionados, siento como sus manos llegan a mi pecho y los masajea sobre mi polera, los presiona enviando electricidad a mi intimidad, pronto sus manos bajan por mi espalda hasta llegar al fin de mi polera, siento sus dedos en mi piel para después subir mi polera para quitármela. Sus besos bajan a mi cuello y después a mi pecho, mordisquea el borde de mi sostén, yo me estoy volviendo loca, mis manos temblorosas desabotonan su camisa hasta que por fin logro dejar su pecho descubierto. Peeta vuelve a luchar con el broche de mi sostén, me rio en su cara hasta que por fin lo logra, se queda un momento para observar mis pechos.
- Son hermosos Katniss – toma uno de mis pezones, acariciándolos lentamente, no puedo evitar gemir.
Lo abrazo para atraerlo más a mis pechos, su cara este en el valle entre ellos, el los besa, los acaricia y mordisquea, él se pasa un buen rato así, noto el bulto en su entrepierna así que empiezo a moverme, rozándolo con mi sexo, los gemidos de Peeta son guturales y cada vez se hacen más intensos, nuestros movimientos son más erráticos y frenéticos. Me paro de golpe para sacarme yo misma mis pantalones y mis bragas, Peeta me sigue. Estando los dos desnudos, vuelvo a sentarme a horcajadas y acaricio su miembro vigorosamente, ahora me doy cuenta que Peeta está muy bien dotado, es tan grande que me cuesta creer que con él fue mi primera vez.
- Katniss te necesito… ahora - suplica en un gemido profundo.
No necesito más, coloco su miembro en mi entrada y me dejo caer lentamente, su pene me llena y yo me arqueo del placer de tenerlo dentro mío, de ser uno. Entiendo las palabras de Peeta, esto es tan diferente, esto sí vale. Nuestro ritmo se vuelve desenfrenado, subo y bajo volviéndome loca, gimo y grito su nombre, mi cuerpo tiembla ante el inminente orgasmo. Peeta clava sus dedos en mi cadera apurando mi cuerpo, el eleva su cadera y nuestras intimidades chocan intensamente en cada envestida.
- ¡Oh mujer eres exquisita! – Peeta vuelve a golpear mi cuerpo contra su sexo – ¡Córrete Katniss!
Y sus palabras son mi perdición, grito mientras bajo otra vez, el aprieta fuerte mi trasero, me vuelve a alzar y me deja caer otra vez, extiende su cuello para atrás y gime mi nombre mientras un placer liquido me llena mi intimidad. Yo caigo desmoronada en su pecho y apoyo mi cara en su hombro tratando de relajar nuestra respiración, pero no nos movemos, ni nos separamos. Peeta acaricia mi cabello y me besa la cien.
- Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en el para siempre.
Bueno espero que les haya gustado, por fin! Jajajaj yo ya no quería esperar más.
Oh! Capítulo 20 ya! muchas gracias a todas las que han llegado hasta aquí.
Cualquier cosa a los comentarios.
Nos leemos!
Arroz
