Hola a todos espero que estén muy bien, los dejo con un nuevo capítulo :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 24:
Me sobresalto al sentir unos brazos rodeándome ¡he permitido que un cliente me abrazara! Me toma unos segundos ubicarme y recordar que no es un cliente, bueno en estricto rigor sí, pero es Peeta y duerme plácidamente arropándome en sus brazos, tiene una sonrisa tranquila y yo no puedo evitar reír como una boba también, me apoyo en su pecho desnudo y escucho su acompasado corazón hasta que me vuelvo a quedar dormida.
Una mano sobre mi mejilla me vuelve a despertar, me enfrento a los hermosos ojos de Peeta que me ven cariñosamente.
- ¡Buenos días! – me susurra Peeta.
- ¡Buenos días! – le sonrío
- ¿Cómo dormiste?
- mmm… es como el paraíso estar en tus brazos – le digo mientras me estiro de manera exagerada, el me abraza y reparte pequeños besos por mi cuello hasta que llega a mi boca.
Delicado, atento y entregado, así son los besos de Peeta que saben a pan y a canela, jamás me lo hubiera imaginado así, tan demandante, tan cariñoso, tan fuerte, tan leal y al pensar que solo a esta altura de mi vida me di cuenta de su amor y que ya nada se puede hacer más que disfrutar lo poco que tenemos, mis ojos se llenan de lágrimas sin poder evitarlo, entierro mi rostro en su pecho para que no pueda darse cuenta, pero no lo logro.
- Katniss ¿Qué pasa? – con el dorso de su mano limpia mis lágrimas.
- ¿Qué pasara cuando me valla?
- No lo sé – el agacha su cabeza, de verdad no tiene la respuesta.
- No me quiero ir – me abrazo a él con fuerza, como si alguien viniera por atrás y me arrancara de entre sus brazos, el me rodea fuertemente durante un largo rato y mientras me relajo noto que el llora en silencio.
Veo a través de la ventana el amanecer, deseando de corazón que este nuevo sol me traiga nuevas esperanzas, que los brazos de Peeta nunca desaparezcan, deseando que las cosas sean distintas. No quedamos así bastante rato, hoy no tengo muchas ganas de ir a cazar, quero estar cada momento posible con él. Unos sonidos nos sobresaltan y de golpe Ailen abre la puerta.
- ¡Buenos días Katniss! – dice sonoramente desde la puerta para después poner cara de asombrada y vergüenza – Oh pensé que estarías sola – ríe mientras me hace guiños con el ojo.
- Gracias por los buenos días – responde Peeta sonriendo, yo solo atino a taparme hasta el cuello y en ese gesto aprovechar de tapar a Peeta, es totalmente ridículo ya que en La Agencia estamos acostumbradas a nuestra desnudez.
- Vamos Katniss ¿porque tapas a Peeta? – sigue burlona Ailen - ¿porque me niegas la visión del torso del vencedor? ¿No ves que está muy rico?
- ¡Hey! – ya me estoy enojando - ¿Cómo sabes eso? – trato de seguirle el juego
- Oh Katniss ¿se te olvida que también fue mi cliente? – Peeta tuvo que agarrarme fuerte para que no saltara encima de esa pequeña loca ¿Qué le pasa? De seguro se está juntando mucho con Johanna.
- Paren las dos – sentencia Peeta – Ailen anda a arreglarte, tomemos desayuno.
- Oh Peeta te lo agradezco – dice más seria Ailen – pero quiero ir lo antes posible a casa.
- Ok, espérame un poco – ella asiente y sale de la pieza, Peeta y yo nos vestimos con lo primero que encontramos.
Cuando llego a la cocina, Peeta ya tiene arreglada una pequeña canasta con pan, queso y frutas, además de algunas conservas.
- ¿Te quedas a tomar desayuno Katniss?
- Si ¿te ayudo en algo?
- A colocar la mesa y la tetera solamente – me pongo en esa tarea cuando aparece Ailen, se despide rápidamente de nosotros y Peeta le da la canasta para que pueda llevársela a su familia. Cuando ella sale vuelvo a hablar.
- Eres muy bondadoso Peeta, tanto que a veces me siento tan pequeña a tu lado – le reconozco.
- Oh no digas eso, tu eres la mujer más valiente que conozco, nunca dudes de lo grande que es tu espíritu mi cazadora – responde dulcemente dándome un beso en la punta de la nariz, eso me saca una sonrisa.
El desayuno es relajado, conversando de nada importante, pero a la vez segundo lo es, porque quizás sean las últimos juntos, chocolate caliente me encanta, es tan dulce como el, panes con queso mis favoritos y de vez en cuando él me da la mano mientras toma su té con la otra, unos golpes en la puerta nos sacan de esta paz. Me pongo nerviosa, quizás sea su madre, estoy a punto de correr hacia la puerta trasera cuando escucho.
- ¿Dónde está Katniss? – es Gale.
- En la cocina – dice Peeta tranquilamente – pasa.
Dos segundos después lo veo, abre sus ojos como platos, camina dos pasos hacia mí pero se detiene, veo como Peeta entra tras él y se coloca en su asiento, vuelve a tomar té, como si siguiéramos solos.
- ¿Qué haces aquí catnip? – noto como intenta que su voz salga despreocupada, parece olvidar que lo conozco muy bien.
- Tomando desayuno – le respondo como si fuera lo más obvio del mundo.
- Sé que la compraste Peeta la pregunta es ¿Por qué? – grita Gale encolerizado.
- Eso no es tu problema – lo encara Peeta tranquilo.
Eso saca de sus cabales a Gale, no alcanzo a reaccionar cuando él le lanza el primer puñetazo a Peeta, él le responde rápidamente con otro. Corro rodeando la mesa y me posiciono entre los dos, ambos vuelven a tomar posición defensiva pero sé que no se atreverán a tirar un golpe que yo podría recibir.
- ¿Cómo lo sabes? – le pregunto a Gale, siento que aquí Peeta sobra, que esta conversación es entre él y yo.
- Fui a comprarte ayer, pero ya era tarde.
- ¿Lo querías intentar una segunda vez? – le respondo con desdén.
- ¡No! Estaba cegado por la ira esa vez, quería ayudarte darte una noche de paz – algo en mi interior dio un salto, puesto que este Gale que me protege siempre es el que he necesitado desde que llegue aquí.
- Deja de gastar tu poca plata en putas Gale – le grito empujándolo, me llena de rabia que cuando lo necesite, me humillo.
- ¿Y él porque él es rico puede no? – apunta a Peeta.
- Lo hace para darme paz.
- ¡LO HACE PORQUE TE AMA! – grita Gale, ante eso quedo muda.
- Así es – responde Peeta poniéndome detrás de él porque Gale está perdiendo los estribos otra vez.
- Solo te diré una cosa Mellark – lo apunta con el dedo – estás haciendo las cosas mal, si Katniss me hubiera correspondido yo daría lo que fuera para que ella vuelve a ser libre otra vez.
- ¿lo que fuera? – pregunta irónico Peeta.
- ¡Daría la vida!
- Tienes razón Gale, pero te equivocas en una cosa, cuando uno ama hace lo que sea por esa persona, aun cuando esta no te corresponda – ante eso Gale queda mudo y yo no puedo evitar pensar en el pan. Hasta el día de hoy, no he sido capaz de romper la conexión entre Peeta, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada.
- Pero tampoco le daría a probar la felicidad y después dejarla caer hasta la desdicha cuando esta semana termine, yo lucharía por darle felicidad por siempre – Gale da media vuelta y se va con un portazo.
La ultima frase de Gale nos deja mudos, porque esos son exactamente nuestro demonio mientras dormimos, que todo esto es un tipo de sueño y que ya quedan 5 días para despertar de nuevo en mi cama en el capitolio o en la cama con otro hombre, nunca se sabe. De golpe los rostros de cada uno de mis clientes se presentan en mi mente, sus caras de placer y satisfacción, sentimientos producidos por mí, imágenes grotescas de mí con otros cuerpos que no son el de Peeta, corro al baño y devuelvo todo el desayuno. Peeta me ayuda con el cabello y acaricia mi espalda y cuando termino me lavo la cara con desesperación, quiero cambiar, no quiero tener el mismo rostro que la mujer de mis recuerdos, esa puta que incluso es capaz de gemir con las caricias de otros.
- ¡NOOOO! ¡NO SOY ELLA! – le grito al espejo para luego darle un golpe con mi mano y quebrarlo en pedazos que me cortan la piel, Peeta me alza con fuerza tratando de tranquilizarme pero estoy desbocada y lo último que recuerdo son sus azules ojos mirándome con desesperación.
Aahh bueno, sé que es cortito, pero ya estoy de apoco más relajada y los capítulos volverán a su extensión normal, al igual que las publicaciones dos veces por semana, muchas gracias a todos los que me han acompañado hasta aquí.
Adelanto:
- ¿Lo harías? – toma mis manos y las aprieta fuertemente.
- Peeta, por favor, no construyas castillos en el aire – le digo frustrada, qué más quisiera yo, pero nuestras circunstancias son distintas, yo volveré al capitolio en 4 noches.
Ya saben cualquier cosa a los comentarios
Nos leemos
Arroz!
