Hola a todos espero que estén muy bien
Perdón antes que todo por haber desaparecido, las explicaciones al final. Pero en compensación por el tiempo les traigo dos cap e.e Disfruten
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 31: El Distrito 11
Mis rodillas se doblan y caigo al piso, aun así no noto el golpe, ningún dolor podría ser más grande que el que siento ahora en mi pecho, no logro respirar, ni moverme, ni llorar. Solo dolor y después de lo que parece un largo momento, logro romper mi asfixia con un jadeo desgarrador seguido con un llanto incontrolable, siento que es más fácil dejar de respirar nuevamente que serenarme, es que las palabras de Peeta taladraron mi corazón, él no puede apoyarme en todo, porque eso es aceptar lo que me hace La Agencia ¿he sido muy pasiva? Quizás, pero ahora Johanna me ha dado una oportunidad de cobrar venganza, aunque estoy bien con Seneca, eso no resta el odio que siento por La Agencia y todo lo que nos hace a todas las joyas. Al recordar el sobre, ese granito de arena en la revolución, hace que mi llanto ceda, estoy determinada a liberarme, a vengar a Jane y volver con Peeta. Y con nueva determinación salgo de la sala de máquinas para dirigirme a la habitación.
- Katniss ¿Dónde estabas? – me pregunta Seneca cuando entro en nuestro vagón, noto preocupación en su voz.
- Quería estar sola – Seneca me mira preocupado, pero acepta mi escueta explicación, pido un chocolate caliente, para que su calor junto a los recuerdos que me provoca consuele mi desganado corazón.
Una Avox me sirve una taza humeante, pero en el último momento le veo el Sinsajo tatuado en su muñeca, ella nota mi mirada y rápidamente me deja las cosas para luego marcharse. Me recrimino mentalmente, la hice sentir incomoda, de seguro pensó que la juzgaría o algo, si supiera cuanto la entiendo. Luego una pregunta nace en mi ¿Qué habrá echo para tener semejante castigo? No sabía que nos podían incluso condenar a la pena de ser Avox, la idea me hace girones el estómago, debo andar con pies de plomo para que nada malo pase, no puedo evitar recordar el sobre.
- ¿estas más tranquila? – Crane rompe el silencio de la habitación mientras que acaricia mis cabellos, asiento con la cabeza – ¡lo siento Katniss! jamás debí obligarte a ir.
- No te preocupes.
Y volvimos a caer en el silencio, hoy Seneca no ha querido tener sexo, lo agradezco aunque no se lo digo. Intento parecer dormida, pero no puedo dejar de ver la hora, las 3 am, y pensar si Peeta estará en la sala de máquinas esperándome, pero ya decidí que hoy no iré, estoy derrotada y creo que no podría soportar enfrentarme a Peeta de nuevo.
Al amanecer Seneca ya no está a mi lado, me incorporo para ver por la ventana, es un paisaje completamente nuevo para mí, eternos campos de trigo, tan brillantes como el oro y salpicados por toda su extensión se ven hombres y mujeres trabajando. Su grandeza me impacta, jamás imagine que era tan grande el Distrito 11. Antes de terminar de vestirme el tren se detiene, toda la gente de Seneca nuevamente está organizando planes de acción y bajando equipos y cámaras, debe de ser tarde ya que nadie me acompaña en el desayuno.
- ¡Buenos días Katniss! – me sobresalta el saludo de Crane a mi espalda.
- ¡Buenos días!
- Todos nos tenemos que ir temprano a instalar todo el equipo así que estarás sola la mayor parte del día, pero cualquier cosa que quieras la pides a los Avox,
- Ok - me relaja la idea de estar sola, pero miles de dudas me atacan - ¿estaré completamente sola? o la gente de los vencedores aún están acá.
- Los vencedores saldrán después de almuerzo – veo dudas en el rostro de Seneca, pero quizás piensa que aún estoy nerviosa por lo de ayer ya que dice – no tienes que salir de nuestros vagones Katniss, acá nadie te molestara.
- Ok – le sonrió para tranquilizarlo.
Pero mi idea es completamente distinta, necesito ver a Peeta y que volvamos a conversar, pedirle perdón por todo lo que lo hago sufrir y quizás le cuente del sobre, que de verdad quiero hacer algo para poder ser libre. Luego de media hora los primeros vagones están completamente vacíos, son alrededor de las 10 de la mañana, corro al baño a arreglarme un poco, cuando me veo al espejo solo veo la prostituta de Seneca, saco rápidamente el pensamiento de mi mente ya que puede hacer que me arrepienta de esta aventura.
Salgo al vagón de la sala de máquinas, este casi divide el tren en dos áreas y los conecta a través de un pasillo, miro dentro de la sala con la esperanza de ver a Peeta ahí, pero no está, cuando llego al final abro la puerta encontrándome con el vagón del bar, donde se llevó a cabo la recepción ayer, está llena de sirvientes preparando todo, me miran con cara de asombro para después verme con rechazo, alguno de los encargados no son Avox así que sería peligroso pasar por aquí como si nada, cierro la puerta y vuelvo a mi comedor.
Me siento frustrada, tengo tantas ganas de verlo y aún es muy temprano quizás aún este durmiendo, esa idea me frustra aún más, quizás la única posibilidad de estar juntos es en la sala de máquinas durante la noche, pero eso me complicaría a mí, no todas las noches podría ir a juntarme con él. Alzo mi rostro para ver el cielo azul, a través de una escotilla, las nubes parecen pequeños algodones flotando tan cerca, que da la sensación que los puedo tocar si estuviera en el techo del tren.
El techo del tren.
Es una idea peligrosa, lo sé, pero quiero intentarlo, subo una silla a la mesa y luego yo me subo en ella, llegando a la altura, me arrastro a través de la apertura, hasta quedar recostada en el techo del tren, disfruto un momento, de verdad las nubes están muy bajas aunque aún no las puedo tocar, el aire es tan cálido que incluso me da bochorno, Salí muy abrigada y noto por primera vez la danza de los campos de trigo ante el viento.
Miro hacia el andén, pero está completamente vacío, más allá se encuentran algunos Agentes de la Paz, mirando hacia afueras de la estación, de seguro evitando que alguien se acerque al tren, empiezo a caminar agachada lo más rápido y silencioso posible, en un momento se me viene a la cabeza los momentos cuando Gale y yo íbamos tras una presa, éramos tan jóvenes, tan felices. Éramos libres.
Miro a través de las escotillas de vidrio, están todas abiertas, el vagón del bar, un comedor, una sala de estar, hasta que llegue a una escotilla que da a un pasillo, he avanzado mucho desde mi vagón y pienso que obvio las escotillas no darán directamente a ninguna habitación. Vuelvo a mirar hacia los Agentes que ahora están aún más lejos y sin mirar el tren. Me acerco a un borde y me doy cuenta que las ventanas están muy cerca, solo tengo que acercarme más, pero que son muy pequeñas para entrar por ahí, estiro mi cuerpo quedando con la cabeza colgando, veo una habitación vacía, en la pared hay un vestido con un estampado de flores, todos de colores vibrantes, a menos que hagan a Peeta ponerse un vestido hoy, esta no es su habitación, rio sola ante la idea de Peeta en vestido.
Repito la acción por el otro lado, veo a Cinna observando varios vestidos estirados en su cama, de pronto vuelve la cara hacia la ventana y yo alzo mi cabeza casi como acto reflejo, espero que no me allá visto. Camino hacia el siguiente vagón, vuelvo a mirar por la ventana y lo veo, durmiendo estirado encima de la cama y su habitación dominada por pinturas. Alzo la cabeza y mi corazón late a mil, vuelvo hacia la escotilla, abriéndola más aun y meto mi cabeza para ver, no se ve nadie en el pasillo. Vuelvo a elevar la cabeza, puesto que tendré que saltar, no lo pienso dos veces y entro por la abertura, el sonido de mis pies no fue tan fuerte, abro la puerta de Peeta que menos mal no está con seguro y entro a su habitación.
Me apoyo contra la puerta, escuchando si alguien viene atraído por el sonido que hice al entrar, pero nada. Trato de recuperar la respiración y contemplar a mi marido, se ve tan en paz, tan lejos de este mundo. Camino sigilosa hasta estar a su lado de la cama, me siento y con el dorso de mi mano acaricio los rizos que caen por su frente. De pronto me entran unas ganas horribles de reír y llorar a la vez, termino escogiendo lo segundo, mis lágrimas corren profusas y mi respiración se vuelve agitada por mis sollozos, es tan injusto, si no existiera todo lo que está fuera de la habitación, seriamos felices. Solo nos basta a nosotros dos para ser felices.
- ¿Katniss? – la voz adormilada de mi marido me sobresalta - ¿de verdad eres tú?
- Si Peeta – me permito acariciar sus rizos dorados, el no aparta mi mano.
- ¿Cómo llegaste aquí? ¿alguien te vio? – se incorpora para quedar sentado en la cama.
- Camine por el techo – me rio sola de mi loca aventura, Peeta me mira con ojos como platos.
- Estas loca mujer – vuelve a sobresaltarse en menos de un minuto, me toma los hombros con firmeza y me observa detenidamente, como evaluando si me hice algún daño, parece que no saca ninguna conclusión por mi aspecto - ¿te hiciste daño?
- Si, estaba loca por verte – mi marido suaviza su expresión, mostrando su sonrisa de amor que tanto me encanta – y no me ha pasado nada, ya estoy aquí.
Y sin más me besa, con pasión y devoción, sin siquiera pedir permiso explora cada parte de mi boca, con sus labios, su lengua. Su sabor a canela, pequeñas risitas nerviosas salen cada vez que separamos un poco nuestro contacto. Yo solo me dejo llevar, suspiro contra su boca y siento que literalmente me derrito en sus brazos, que cada musculo de mi cuerpo de relaja al nivel de perder su tonicidad. Abro mis ojos y me encuentro con los azules de Peeta, el parece que no los ha cerrado y yo tampoco quiero hacerlo, quiero saber en todo momento que él es real y además que verlo directamente mientras nuestros labios danzan aumenta mi deseo más carnal por mi esposo.
- Te he extrañado tanto mujer – me dice cuando por fin nuestros besos cesan, veo como sus ojos se vuelven cada vez más oscuros.
- Me gusta cuando me dices mujer – le reconozco con mi mejor sonrisa coqueta.
- Mi mujer – Peeta me sonríe con orgullo.
- Eso me gusta mucho más.
Peeta me vuelve a atacar a besos, pero ahora no solo se queda en mi boca, si no que atiende también mi mandíbula, mi cuello hasta el nacimiento de mis pechos, mientras yo no dejo de acariciar su pelo suave y enrollar sus risos en mis dedos tirando ligeramente de ellos. Su mano se mete debajo de mi ropa, subiendo por mi vientre dándome cosquillas, lentamente voy quedando expuesta hasta que se topa con mi sostén y agarra mi pecho fuerte como si fueran de su propiedad, con sus dedos recorre el borde de la prenda hasta que saca mi seno de la copa para ver mi pezón turgente ante las caricias.
El sonido de la puerta al abrirse nos separa, una mujer joven, con aires del Capitolio, cierra la puerta tras de sí, pero esta tan impresionada por lo que ve, que no reacciona a nada, yo tampoco puedo salir de impacto, demoro más segundos de lo normal en taparme y Peeta no puede cerrar la boca, estamos perdidos ahora sí que no han pillado.
- Peeta no entiendo nada – por fin rompe el silencio la chica, veo su pelo dorado que contrasta con su tono de piel oscura.
- ¡oh Portia no he sido completamente sincero contigo! – me vuelvo a mirar a Peeta, noto su congoja y vergüenza ante la situación y tener que reconocer ante ella tantas cosas – Katniss te presento a Portia, ella es mi estilista – dice Peeta con una sonrisa cariñosa, se nota que en ella ha encontrado una compañía – Portia esta es mi esposa Katniss Everdeen.
No sé qué es lo que impacta más, escuchar a Peeta presentarme tan formalmente como su mujer o la cara de Portia al escuchar eso, parece que la mandíbula se le va a desencajar. Cuando por fin la chica se sienta, Peeta le cuenta toda la historia, sin taparse nada, mi secuestro por La Agencia, como él fue mi primer cliente, como descubrimos los sentimientos mutuos que guardábamos, la humillación que viví al volver al 12 y como nosotros intentamos escapar, también le explica la ceremonia del tueste que hace que nos sintamos marido y mujer.
Portia lo escucha estoica, sin mostrar ninguna reacción en su rostro, cuando Peeta termino soltó un sonoro suspiro, ambas notamos como él se sacó un peso de encima, a él le cuesta mantener la mentira del odio y desagrado hacia mí, le hace daño.
- Ella me ayudó mucho durante los juegos, junto a Cinna – me explicaba a mi ahora el papel de Portia en todo esto – fue un apoyo no solo en la moda, sino en lo emocional, en lo físico y también explicándome el juego de las cámaras y de gustarle al público, fue así como salió la idea de emparejarnos a Delly y a mí.
- Muchas gracias de cuidar a Peeta – le digo con sinceridad a la joven capitalina – de verdad muchas gracias.
- No tienes que agradecer nada Señora Mellark – los colores se me suben al rostro al escuchar cómo me llamó, aunque mi pecho se infla de orgullo – Peeta es un joven encantador y bondadoso, no merecía asistir a los juegos.
- Nadie lo merece – le digo cortante.
- Es verdad – reconoce ella cabizbaja.
Ella irrumpió en la habitación porque ya era hora de que Peeta se preparara, me enseño el traje color azul noche que llevaría ¡es hermoso! De seguro se verá increíble con el traje entallando la ancha espalda de mi marido. Portia paso a peinar y maquillar mientras que me daba detalles de él porque hacia cada cosa, para iluminar su piel, ocultar sus ojeras, por ejemplo. Y cuando por fin Peeta termino de vestirse ambas pudimos admirar su belleza.
- ¡wow amor te ves guapísimo! – noto como los colores se le van al rostro – un gran trabajo Portia ¡felicitaciones!
- Muchas gracias Katniss – se nota el orgullo que siente por lo que hace – bueno los dejo solos un rato, pero a las 12 debes ir al comedor Peeta.
- Gracias Portia nos veremos ahí – y ella despidiéndose de mí con un beso en la mejilla sale de la habitación.
Cuando la puerta se cierra vuelvo a abrazar a Peeta, apoyo mi cabeza en su pecho y puedo escuchar el compasado latir de su corazón, el me acaricia el cabello con dulzura.
- ¿Cómo lo harás para salir del vagón? – no había pensado en eso, pero Peeta pronto se ira y junto a él todos los demás, eso me da una idea.
- Esperare aquí hasta que todos se vallan.
- Me parece buena idea, porque todos debemos asistir a la ceremonia en el edificio de justicia.
El silencio se instala entre nosotros, pero no es un silencio incomodo sino un silencio acogedor, íntimo y contemplativo. Peeta acaricia mi rostro hasta llegar a mi cuello, pasa su mano hacia la nuca, noto como se acerca poco a poco, siento su respiración tibia chocando en mi rostro, pero cuando parece que está a punto de besarme se detiene, me mira directamente como pidiéndome permiso para continuar, así que sin pensarlo yo acorto la distancia entre nosotros para unir nuestros labios.
Sus labios saben a canela, un beso suave y pausado, sin ánimos de apurarnos o terminarlo, quisiera que el contacto fuera eterno. Abro la boca para que su lengua juegue con la mía, pero sigue siendo delicado y amoroso. Nos dedicamos a besarnos y regalonearnos todo el tiempo que nos queda, tres golpes secos revienta nuestra burbuja.
- ¡Peeta! ¡es hora de la comida! – suena una voz cantarina con acento capitalino.
- Ya voy Effie – responde educadamente Peeta – es nuestra chaperona y tiene una leve obsesión con el horario – me susurra para explicarme.
- Te vez guapísimo. Ve al comedor – lo aliento, sé que no quiere salir de la habitación, yo tampoco quiero. Pero tiene que enfrentar esta gira con entereza, yo seré su pilar.
- Katniss perdóname por ayer …
- Tranquilo Peeta – lo callo con mi mano, acariciando sus labios - no tienes nada que explicar, lo entiendo.
Peeta captura mi rostro con sus manos y me besa con pasión, devorando cada rincón de mi boca y mordiendo mis labios, fue tan inesperado que lo único a lo que reaccione fue a derretirme en sus brazos y gemir contra su boca y cuando por fin nos separamos por aire el me susurra con voz afectada por el deseo.
- Hoy en el cuarto de máquinas. No me importa lo que pase con Crane, lo que importa es que vuelvas a mi.
- Te lo prometo – y para sellar esa promesa nos volvemos a besar, Peeta reparte pequeños besos alrededor de todo mi rostro, hasta que sin decir palabras se separa de mí y sale de la habitación.
Mi corazón saltaba de alegría y pasión después de ese beso tan lleno de promesas, mi marido me seguía amando sin condición. Deposito toda mi esperanza en la carta que tengo oculta, luchare para que en algún día podamos estar juntos y sin mentiras. Me recuesto en la cama y cubrí mi cara con la almohada inhalando su olor a pan recién hecho, fue una sensación tan relajante que rápidamente me quede dormida.
Despierto de golpe, no podía recordar si estaba teniendo una pesadilla aunque mi respiración agitada y el frio de mi sudor me indicaba que sí, no escucho ni un solo sonido, quizás ha pasado mucho tiempo, camino hacia la puerta y la abro un poco. Veo que el pasillo esta vacío, tengo que salir antes de que todos vuelvan al tren y no sé cuánto he dormido, así que no sé cuánto tiempo tengo para volver a mi vagón.
Camino por el pasillo hasta un vagón comedor, no hay nadie, corro hasta la siguiente puerta que me lleva al salón del bar, ese es el último antes del vagón de sala de máquinas que separa las dos áreas. Hay una chica, arregla los licores en las estanterías del bar, pero cuando se da vuelta me doy cuenta de que es un Avox, armándome de valor, con la seguridad que la pobre chica no puede decir nada, corro a través de la sala hasta llegar a la siguiente puerta, veo por el rabillo como la chica me mira boquiabierta.
Por fin en la seguridad del pasillo del vagón de máquinas, trato de recuperar la respiración, la adrenalina de cruzar casi mitad de tren hizo que mi corazón bombeara con fuerza y de mi boca salgan pequeños jadeos. Cuando entro a la sala de estar termino de relajarme, está la Avox que tiene el Sinsajo de La Agencia tatuado en su brazo. Me acerco a ella preguntando.
- ¿me podrías traer jugo con hielo por favor? – la joven asiente y se retira rápidamente.
En una pared se encuentra el proyector, lo prendo para ver si aún está la trasmisión del Tour, parece que no dormí mucho ya que los comentarista comentan que están a la espera del saludo de los vencedores en la plaza del Distrito 11. La puerta se vuelve a abrir y la chica trae lo que le encargue, rápidamente coloca el vaso sobre una bandeja en la mesita de centro. Aun me siento mal por haberla incomodado la primera vez que la vi, pero hay muchas preguntas que quisiera hacerle.
- Te quiero pedir perdón si te hice sentir incomoda la última vez, cuando vi tu tatuaje de Sinsajo – ella clava sus ojos ámbar en mí y veo furia en su mirada – solo quería decirte que te entiendo mucho más de los que tú crees – levanto mi genero naranja, para que ella pueda ver mi propio Sinsajo, los ojos de la chica se abren desmesuradamente, pero noto el dolor que le causa que yo hable de este tema, termina rápidamente de servirme el jugo en un vaso y se va.
Al rato después empieza la trasmisión oficial, se muestra a la gente reunida frente al Palacio de Justicia, a cada costado del escenario existe un área acordonada para los familiares de los tributos caídos, tras ellos una pantalla que muestra la fotografía de ellos. Tresh y Rue. Imagino que para Peeta nada de esto debe ser fácil, él nunca me ha hablado de su experiencia en la Arena ni de su dolor por las muertes ahí vividas, estoy segura que la de Rue es la que más pesa en el corazón de mi marido.
Damas y caballeros. Les presento a los vencedores de los 74ª Juegos del Hambre. Delly Cartwright y Peeta Mellark. Ambos salen a saludar al escenario, la gente les aplaude con respeto, pero no con ánimo. Se observa una gran cantidad de Agentes de la Paz. Cuando por fin hay silencio Peeta comienza el discurso.
Distrito Once. Muchas gracias por estar aquí. Aunque sé que dos personas no lo están. Delly y yo tenemos claro de que de no ser por Tresh o por Rue no estaríamos hoy aquí. No puede en modo alguno sustituir vuestras perdidas, pero como prueba de nuestro agradecimiento nos gustaría que cada una de las familias de los tributos del Distrito Once recibiera un mes de nuestras ganancias cada año durante el resto de nuestras vidas.
La multitud no puede sino responder con gritos ahogados y murmullos. No hay precedente para lo que ha hecho Peeta. Ni siquiera sé si es legal. Probablemente él tampoco lo sabe. Se nota que el discurso ensayado de Peeta ha terminado, pero a través del micrófono se escucha como trata de controlar su respiración, suelta el aire de sus pulmones lentamente y continúa.
Conocí a Rue, su dulzura y su juventud era una brisa de aire fresco dentro de la Arena, pero no la pude salvar. Hay tantas personas que no pudo salvar. Dice lo último como un lamento y extrañamente pienso que habla de mí. Tan inocente, tan luchadora. Por eso la escogí como aliada porque en ella te veía a ti. Nadie dice nada, quizás nadie entienda nada, pero yo si entiendo y sus palabras tocan mi corazón. Gracias por sus hijos. Gracias a todos por el pan.
Luego se escucha como un anciano silva las cuatro notas de Rue, la canción que le enseño a Peeta en los juegos. Con su mano izquierda besa sus 3 dedos centrales y los alza al cielo, miles de personas más lo imitan. Es el gesto de nuestro distrito de respeto y luto. Luego de eso la transmisión se corta.
Continúen con el siguiente capitulo
