Capítulo 32: "La Resistencia"
Ya es de noche y aun no sé qué paso, nadie ha vuelto al tren. Estirada sobre la gran cama trato de relajarme, pero solo logro dar mil vueltas en ella. Y mi mente da mil vueltas más, a ideas tan descabelladas, pero que no puedo descartar ¿Peeta y los demás estarán bien? ¿Estarán vivos? ¿Qué paso en la plaza? ¿Un levantamiento? ¿Las palabras de Peeta habrán desencadenado el corte de la transmisión? ¿La Agencia sabrá que se refería a mí? Las puertas se abren de golpe y veo a Seneca con el rostro descompuesto, pálido y desganado, sus hombros caídos, parece que cargaran con un enorme peso, quizás por fin carga con el peso de los Juegos del Hambre.
- Hola – lo saludo.
- Hola – responde con la voz más apagada que he escuchado en la vida.
- ¿Qué paso? – me incorporo en la cama mientras que él se sienta en el borde de ella para quitarse los zapatos, luego se deja caer.
- Nunca había visto algo así – suelta Seneca mientras suspira – hubo un levantamiento después del acto, mucha gente murió - Tapo mi boca con las manos, ahogando un grito. Seneca está completamente abatido.
- ¿Estás bien? – aunque la pregunta que quiero hacer es ¿esta Peeta bien?
- Si Katniss – me sonríe para tranquilizarme – todos los de la delegación están bien – suelto un suspiro de alivio interno – no puedo decir lo mismo de la gente del once.
La Preocupación de Crane por la gente de aquí, me conmueve. Quizás el verlo tan derrotado hace que le crea. Sin decir más se saca la ropa quedando solo en bóxer, se acuesta a mi lado y apaga la luz. Creí que querría algo más, pero después de un rato en la oscuridad de la habitación lo escucho sollozar.
No dejo de dar vueltas en la cama, Seneca hace rato ya que se quedó dormido. Veo el reloj despertador, son cinco para las tres de la madrugada. Me da miedo salir de aquí, si Crane despierta y no me ve a su lado nos traería problemas, pero mis ganas de ver a Peeta son aún más grandes. Cojo una bata y camino hacia el vagón de máquinas, entro al pasillo y tomo dos bocanadas de aire antes de abrir la puerta, el cuarto esta oscuro pero la luz de la luna se cuela a través de la ventana, así es como pude ver la silueta de Peeta.
- ¿mi amor? – pregunta Peeta dándose vuelta.
- Peeta – le contesto caminando hacia la luz – aquí estoy.
Sus manos capturan mi rostro, con sus pulgares hace pequeños círculos en mi mejilla. Su contacto es dulce y protector. Veo que sus ojos brillan y me doy cuenta que ha estado llorando.
- Fue muy bonito tu discurso – susurro mientras que con mis manos limpio las nuevas lagrimas que salen de sus lindos ojos azules.
- Fue horrible Katniss – lo abrazo con fuerza, siento que hunde su rostro en mi cabello – todo esto es horrible.
El llanto desgarrador de Peeta me recuerda a cuando estuvimos en el bosque, cuando me dijo que me amaba y que le dolía todo lo que le pasaba. La injusticia. Eso es lo que rompe el corazón de mi marido, su gran corazón. Lo aprieto fuerte y con mi mano acaricio su espalda, dejo que se esconda en mi cabello hasta el punto que lo tengo mojado. Pero nada importa, sé que se siente culpable, de que sus palabras fueron el detonante del levantamiento y las muertes. Espero entienda que solo el capitolio tiene la culpa de todo lo que pasa. Él también ha vivido injusticias, Los Juegos del Hambre la injusticia más grande de todas.
Cuando por fin Peeta saca su rostro de mi hombro, veo que tiene los ojos rojos, pero ya ha dejado de llorar, sonrió sola al verlo, su bondad hace que llegue a suspirar, mi marido es un ángel y le ha tocado una pesada carga que llevar. Me acerco para besarlo, pero el pasa una mano por mi nuca y me atrae con fuerza hacia él. Planta sus labios en los míos y comienza un beso salvaje y exigente, su lengua danza con la mía, explorándonos mutuamente, es tan excitante que siento que el suelo cede bajo mis pies me derrito en los brazos de Peeta. El me atrae más fuerte hacia él y siento su hombría clavándose en mi vientre.
- Peeta – gimo contra sus labios.
Animado por mí, me toma en brazos y yo cruzo mis piernas alrededor de su cadera, avanza un par de metros hasta que chocó contra una pared. Me levanta la camisola hasta dejar mi trasero al aire y de un solo tirón me arranca las bragas. Estoy tan excitada que no me doy cuenta cuando él se baja los pantalones y los bóxer hasta que siento su miembro en mi entrada, en ningún momento dejamos de besarnos.
- ¡Hazlo Peeta! – gimo en su oído.
De una sola estocada me penetra, profundo empieza el vaivén, en cada penetración choco contra la pared, pero es demasiado intenso como para que me duela, no quiero que pare, quiero fundirme en él, mientras que mi marido aumenta le velocidad de su movimiento. Cuando el clímax está cerca nuestros gemidos llenan la sala de máquinas y a pesar de que es ruidoso el ambiente escucho los gruñidos guturales de Peeta, abro los ojos y veo su rostro lleno de placer, cada estocada es más profunda, sus manos aprietan fuerte mis nalgas, somos puro placer y entrega, el deseo se acumula en mi bajo vientre y tras dos fuertes estocadas Peeta me susurra al oído.
- Córrete Katniss – otra estocada – dámelo mi amor.
Eso es todo lo que necesito, el deseo acumulado explota, grito descaradamente su nombre cuando siento una última estocada y Peeta también se corre, siento su placer liquido recorriéndome. El al fin me libera de su agarre, pero mis piernas tiemblan del esfuerzo así que no acostamos en el suelo mientras que recuperamos el aliento.
- Te amo Katniss – dice Peeta mientras que besa mi coronilla y acaricia mi espalda – pero tengo miedo a perderlo todo – alzo la mirada para ver a Peeta.
- No me perderás – apoyo mi rostro en su pecho y aun puedo escuchar a su corazón acelerado – te amo mucho Peeta.
Nos quedamos en silencio, pero un silencio cómodo y acogedor, abrazados nos reconfortamos, yo trazo círculos en su torso y el acaricia mi espalda mientras me besa la coronilla, disfrutando del momento completamente nuestro.
Los días pasan lentos, pero sus noches muy rápido. El tren se sumerge en la rutina de la Gira, ahora los discurso son pauteados y cada gesto estudiado por Seneca. Las cámaras apuntan estratégicamente hacia el escenario o a las familias de los tributos que aún no pueden ocultar su dolor, pero no muestran como la gente grita, hace el gesto de los tres dedos hacia Peeta y Delly y como reciben los golpes de los Agentes de la Paz y le responden con más golpes.
Peeta está cada día más agotado, pero agotado emocionalmente. Le cuesta dormir, las pesadillas lo acechan cada noche, solo después de hacer el amor y acunarlo en mis brazos, logra dormir un par de horas. Por otra parte Seneca igual está cansado, las exigencias de la Gira es cada vez más demandante, los distritos más desafiantes y para él y su equipo es difícil trabajar. Incluso han pasado peligro, en el Distrito 10 los atacaron para destruir sus equipos, la gente volvió realmente asustada y Seneca tuvo que servir una once especial para todos, conversaron, se relajaron y tomaron más medidas de seguridad. Yo escuchaba con congoja, ya que aquí todo el equipo de trabajo es muy amable.
Por las noches Seneca es demandante y no ha habido día en que no reclamara su derecho sobre mí, sé que lo hace como vía de escapa, pero mientras lo hacemos no puedo evitar pensar en Peeta, que está en este mismo tren. Yo soy suya, él es mío, pero es a otro hombre el que tengo en la cama, cada día me siento más puta. Aun así logró escaparme por las noches a la sala de máquinas para poder estar con Peeta, él no me pregunta nada y yo se lo agradezco, pero no se me pasa su mirada de dolor cuando me ve llegar con el pelo revuelto o con olor a sexo. Cuando ya llegamos al Distrito 7 los ánimos están por el suelo.
El Distrito 7, industria forestal. Cuando llegamos a la estación puedo ver que hay una dotación mucho más grande de Agentes de la Paz, el perímetro alrededor del tren esta desierto.
- Adiós Katniss nos vemos en la noche – veo como Seneca se coloca un abrigo color negro, camina hacia mí y rápidamente me plata un beso en la coronilla, como si tuviera miedo que vea sus intenciones y me corra antes de recibir sus cariños. No está muy alejado de la verdad.
- ¿tan temprano? – le pregunta melosa, pero a la vez intrigada ya que son recién las 9 de la mañana.
- Hay mucho que ver, sobre todo con la seguridad.
- ¿y a qué hora será la transmisión?
- Si todo sale bien a medio día. Adiós Katniss.
- Adiós.
Me coloco una bata y voy hacia el comedor, aún hay gente terminando su desayuno y a mí me sirven unos huevos, pan, leche con chocolate y fruta. Poco a poco van saliendo todos del tren y cuando termino mi desayuno vuelvo a la habitación. Busco en el fondo del closet mi abrigo donde deje el sobre y ahí está, tal cual lo había dejado. Johanna me dijo que ellos me buscarían, pero la verdad es que no entiendo cómo, la estación está rodeada de Agentes de la Paz, me visto entre mil dudas, pero confiare en Johanna, me quedare todo el día en el vagón y esperare a la menor señal para poder entregar el sobre. Se lo prometí a Johanna. Me vengare de La Agencia.
Al medio día comienza la transmisión, enfocan a Peeta y Delly saludando a la multitud, pero el sonido ambiental esta sospechosamente silencioso, supongo que no los están aplaudiendo en ese momento. Los vencedores dan su discurso pauteado de manera mecánica, luego se dan un beso y se van. El acto no dura más de veinte minutos. Durante la hora de almuerzo, muestra como llevan a Peeta y a Delly a recorrer los bosques y las instalaciones de las forestales. Peeta le sonríe a todos y me asombra ver que las personas del Distrito lo tratan con cariño y admiración. O quizás eso es lo que quiere mostrar Seneca.
La tarde avanza y yo cada vez estoy más nerviosa, no ha pasado absolutamente nada. Pronto caerá la noche y el tren partirá y no quiero irme de este Distrito aun con el sobre en mi poder. Nuevamente comienzan las transmisiones, los vencedores y su equipo tendrán una cena en su honor en la casa del alcalde, eso me da unas horas más de soledad en el tren. Peeta se ve increíble en un traje gris, me dan ganas de tenerlo cerca y besarlo, arrancarle el traje y me haga suya. Son pocas las veces que me permito pensar así, me rio sola por la dirección de mis pensamientos.
Ya el sol se ha oculta y todo sigue igual de normal, el servicio se ha ido a la cocina a preparar todo para cuando regrese la gente, yo camino como fiera encerrada por el vagón comedor, abro todas las ventanas pensando que alguien aparecería por ella y tendría que pasarle el sobre a través de la ventana. Pero después de un rato no pasa nada. Miro la escotilla del techo por donde salí para ver a Peeta, subo una silla a la mesa y me arrastro hasta quedar sobre el tren. La noche esta templada y las primeras estrellas aparecen en esta noche de luna nueva. Me siento un rato a contemplar el cielo hasta que el viento me da frio, vuelvo a entrar al vagón con el menor ruido posible. Me acurruco en un sillón mientras veo el final de las transmisiones, muestran a Peeta y Delly bailando juntos, una música lenta mientras que Peeta la coge de la cadera y empiezan a mecerse lentamente. Peeta y yo jamás hemos bailado así y siento un pinchazo en el pecho, estoy celosa, porque ellos pueden mostrarse al mundo, mientras nuestro matrimonio lo vivimos en las sombras. Ya casi no queda nada para que todos vuelvan y la oportunidad de entregar el sobre se ha desvanecido.
La luz en el vagón se va de repente, todo es oscuridad y silencio, mi corazón se acelera ante el miedo de lo desconocido, nada de lo que pasa es normal. Siento la respiración de alguien detrás de mí, mis manos se mueven solas tratando de tensar mi arco inexistente, me giro de golpe para encontrarme con una mujer morena vestida de total negro.
- ¿Katniss Everdeen?
- ¿Quién eres? – pregunto con brusquedad.
- Una amiga de Johanna – responde con tranquilidad, pero escuchar el nombre de Johanna acelera mi corazón, ha llegado el momento de ser parte de la revolución – tienes un sobre para mi ¿cierto Katniss?
- ¿Cómo sabes quién soy yo? – pregunto desconfiada.
- Me llego un informe, eras una joven morena de ojos grises y siempre llevas un género naranja anudado en tu muñeca izquierda que tapa el tatuaje de Sinsajo de La Agencia ¿estoy en lo correcto?
- Sí.
- ¿tienes el sobre? – vuelve a preguntar.
- Acompáñame.
La guio hacia la habitación, intento prender la luz y ahí recién me doy cuenta de que todo el tren está a oscuras.
- ¿Cómo lograron cortar la luz?
- Te asombrarías al saber todo lo que podemos hacer los rebeldes Katniss, el tren se alimenta de las líneas y el generador de la estación está bastante lejos de aquí, eso los entretendrá un poco.
Abro el closet y busco la chaqueta, dentro de ella aún está el sobre que me dio Johanna, se lo entregó a la mujer.
- Espero esto les ayude – le digo mientras veo como guarda el sobre dentro de su chaqueta.
- Yo también lo espero – me sonríe – te deseo lo mejor Katniss.
- Pueden contar conmigo para lo que sea – le aseguro, quiero seguir haciendo cosas, aunque no sepa a ciencia cierta en lo que me estoy metiendo.
- Johanna te ira contando cosas, confía en ella – caminamos hacia el comedor nuevamente, la ayudo a subir la silla a la mesa y ella se sube, me agita la mano para despedirse.
- Espera – le digo – no se tu nombre.
- Violet. Encantada – y sin más sale del tren.
Bueno ¿Qué puedo decir en mi defensa? Lo siento mucho por hacerlos esperar, pero me fui de campamento al sur (Chiloe) y simplemente me desconecte de todo. Pero no se asusten ya que jamás dejaría la historia botada.
Muchas gracias a todas quienes me enviaron MP y comentarios de lo mucho que extrañaban la historia. Gracias por esperar.
Espero que les gustara estos dos capítulos espero dejen sus comentarios
Nos vemos pronto
Arroz
