Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D

Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins


Capítulo 33: El Distrito 4

Me quede sentada en la oscuridad por más de media hora tratando de recuperar el aliento, mi adrenalina esta tan alta que siento como si hubiera corrido una maratón. Esta hecho, entregue el sobre, hice algo por la revolución. Siento miedo y excitación por partes iguales. Cuando vuelve la luz me siento más reconfortada, el tren esta igual que antes del corte, lo que pasó con Violet, se quedó en la oscuridad.

Después de un rato me voy a la cama, no puedo dejar de pensar en lo que paso, siento la necesidad de decírselo a Peeta. Hoy lo hare. Siento como el sueño me invade, apoyo mi cabeza en la almohada y me dejo llevar por un dormitar relajante.

- ¡Katniss despierta! – siento como alguien me zamarrea suavemente. Abro un ojo y descubro que es Seneca.

- ¡Hola! Volvieron – lo saludo soltando un bostezo.

- Si dormilona y ahora cenaremos. Ven con nosotros o quedaras bajo la mesa – me amenaza sonriente.

- Voy al tiro.

Seneca me deja a solas en la habitación, yo me levanto con pesadez y me arreglo para la cena. Sigo revisando todo a mi alrededor para ver si algo está fuera de lugar por culpa de mi visita, pero todo está igual. Más relajada voy hacia el comedor, hay más de diez tipos de platos diferentes, me atiborro de filete de cerdo con puré de papas, ensaladas variadas y de postre frutillas con crema. Todos están un poco más relajados. Comentan que el día fue duro y hubo muchos disturbios, pero gracias a las nuevas medidas de seguridad nada grave paso. Seneca también se ve tenso.

Y en la noche mientras él me cogía, sonreí. Si supiera que él mismo me ha ayudado a traer el sobre hasta el Distrito 7, que se acuesta con una rebelde. A pesar que son otras manos y no las de mi marido las que me tocan, sonrió satisfecha de mi día. Me siento tan descarada como Johanna y es genial.

Miro una vez más el pasillo desierto y abro rápidamente la puerta de la sala de máquinas para que nadie nos sorprenda, mientras me acostumbro a la oscuridad de la habitación, veo la silueta tan conocida de mi marido definida por la luz de la luna.

- Hola Peeta – lo saludo mientras que me acerco a él, parece no haberse inmutado por mi presencia y sin darse vuelta me responde.

- Hola Katniss ¿Cómo estuvo tu día?

- Bien ¿Cómo estuvo el Distrito 7?

- Mal Katniss – por fin se da vuelta para mirarme a la cara, noto sus ojos rojos. Ha estado llorando – hubo un levantamiento durante el acto. Fue un caos, la gente atacaba a los Agentes de la Paz, sin miedo a que ellos solo puedan apretar el gatillo y fin. Muchos murieron así este día.

Abro mis brazos extendidos hacia Peeta y él no duda en correr a ellos, lo acuno entre mis brazos, dejando que llore en mi cuello y tiemble mientras me abraza. Sé que debo ser su fortaleza, para que el afronte este viaje de la mejor manera. Pero por otra parte tengo miedo. Peeta siempre ha sido muy fuerte, valiente e íntegro y la posibilidad de que se derrumbe aumenta cada día más, si eso pasa no sé si podré volver a levantarlo o derrumbarme con él.

- Todo esto tiene que acabar Peeta. No hay mal que dure cien años – le digo cuando él ya se ha tranquilizado un poco.

- Bueno este mal va a cumplir 75 años – contesta Peeta cabizbajo.

- Peeta hay algo que quiero decirte.

Le cuento todo, le hablo de Johanna y nuestro plan de vengarnos de La Agencia, del grupo rebelde que está dentro del Capitolio, juntando información y desbaratando cosas desde adentro, le hablo del sobre, de Violet y todo lo pasado esta noche. Peeta me escucha sin interrumpirme y cuando acabo queda en silencio asimilando todo lo que le he contado.

- Estas haciendo todo lo que yo tengo que evitar – contesta al fin.

- ¿Qué tienes que evitar? – Peeta me sujeta los hombros y me mira a los ojos.

- La gente de los distritos vio en mi truco de las bayas un desafío hacia el Capitolio. No un acto de amor – suelto un grito ahogado – El presidente Snow me visito antes de que empezara la Gira, dijo que tenía que estar lo más enamorado de Delly posible, para que no quedara duda de que esa fue la razón por las que saque las bayas en los juegos – veo el terror en los ojos de Peeta – si fallo… amenazó con matarte Katniss. Él sabe todo sobre ti – respiro agitado, como un pez fuera del agua. Esta fuera de sí.

- ¿Por qué no me lo contaste antes?

- Porque pensé que entre menos supieras mejor – me responde con desesperación – pero ahora que te has metido con los rebeldes ¿cómo puedo protegerte? El presidente Snow tiene sus ojos sobre ti.

- Lo hice por nosotros – le respondo con la misma desesperación, un pánico profundo me recorre desde la nuca hasta el fin de mi espina dorsal, como si fuera agua fría que cae por mi espalda – Es el capitolio el que me obliga a prostituirme. El que te obligo a ti a ir a Los Juegos del Hambre. ¡Ellos mataron a Rue!

- ¡Cállate! – Peeta jamás me había gritado hasta ahora, nos quedamos unos momentos estáticos esperando que alguien aparezca alertado por el escándalo, pero nada pasa. Peeta camina lentamente hacia la puerta y antes de salir me dice – espero que lo que queda de viaje no hagas nada estúpido Katniss. Los ojos de Snow están encima de ti.

- ¿y encima de ti no? – corro hacia la puerta y la cierro antes de que el salga, no quiero que me vuelva a dejar sola aquí, tenemos tan poco tiempo para estar juntos y no quiero que lo pasemos peleando. El vuelve su mirada hacia mí y noto de que he dado en el clavo - ¿Snow sabe de nuestros encuentros aquí cada noche?

- Me imagino que si – responde Peeta cabizbajo.

- Entonces tú también estas en peligro ¿Por qué no me lo has dicho? – le recrimino entre sollozos, ya no puedo ocultar mis lágrimas.

- Porque te necesito. Porque te amo.

Me lanzo a sus brazos y lo beso, sus exquisitos labios que saben a canela y sal por las lágrimas, son mi mayor consuelo. Sentir que no estoy sola en esta locura de amor, que él siente lo mismo, la desesperación de no poder estar juntos y que estamos dispuesto a cualquier locura para lograrlo. La entrega del sobre, Peeta ocultándome la verdad. Estamos locos y desesperados y así lo beso loca y desesperadamente.

Sin decirme nada Peeta me arranca la camiseta por la cabeza, me besa el cuello recorriendo mi clavícula hasta llegar a mis pechos. Los amasa como si fuera uno de sus panecillos y mordisquea mis pezones hasta que quedan erectos y sensibles. Le saco su polera y recorro su pecho con mis dedos, admirándolo por su fuerza. El sigue su camino de besos hasta llegar a mi oreja y cuando mordisquea el lóbulo me arranca un gemido. Poco a poco nos vamos recostando en el piso, elevo mi cadera para que Peeta me saque los pantalones, pero está ansioso así que me saca las bragas también. Y antes de recostarse se desnuda ante mí. Su hombría ya está erecta, expectante a lo que va a pasar, pero mi marido no quiere terminar los juegos aun. Continua el camino de besos, pasa por mi abdomen y se detiene a juguetear con mi ombligo, pero cuando sigue su camino a mí me entra la vergüenza, ya que nunca nadie me ha besado ahí.

- No – digo en un susurro ahogado por el placer, pero Peeta solo me sonríe con travesura y se posiciona frente a mi sexo, siento el aire de su respiración en esa piel tan sensible, pasa un momento hasta que siento por primera vez su lengua ahí.

La sensación es tan arrasadora que exploto en gemidos y mi cuerpo se retuerce de placer ante cada nuevo contacto. Siento su boca devorar mi centro, su lengua incendiar mi clítoris hasta niveles que no conocía. Cada ver siento más un vacío en mí bajo vientre que necesita ser llenado, la sensación es tan fuerte que duele.

- Peeta por favor – susurro casi ida, el levanta la vista y me mira sonriente – por favor – le vuelvo a rogar.

Mi marido se ubica entre mis piernas y siento su hombría en mi sexo, su estocada es fuerte y profunda, gimo al sentirme completa otra vez y el dolor que sentía es arrasado por el placer. Peeta comienza el vaivén cada vez más fuerte y errático, sus gruñidos me arrastran al orgasmo.

- Te amo Katniss – me susurra en el odio con su voz profunda por el deseo, esa frase es el catalizador y exploto en un poderoso orgasmo, Peeta derrama su esencia en mí y se derrumba en mi regazo.

- Yo también te amo – le susurro mientras tranquilizamos nuestras respiraciones.

Los días siguen pasando, la gira sigue con su ritmo de un Distrito por día, esperaba que en cualquier momento irrumpieran los Agentes de la Paz mandados por Snow, tenía pesadillas de él interrogándome por el sobre y por Peeta, incluso la pesadilla más fuerte donde veía como lo torturaban. Esa noche Seneca me despertó y me acuno en sus brazos tratando de consolarme y desde esa noche ha velado mi sueño, no pude escaparme más al cuarto de máquinas.

Veo a Peeta cada día mas agotado, ha perdido peso y el maquillaje ya no puede ocultar las violáceas bolsas que tiene bajo sus ojos. Su discurso ensayado hace enfurecer a las masas de los Distritos que ya están revolucionados y sus gesto de amor hacia Delly son evidentemente falsos y vacíos. No lo he podido ver a sola y la preocupación me carcome por dentro, está fracasando en su misión, a pesar de que él es un gran mentiroso, poco a poco se está derrumbando y no sé qué hacer para ayudarlo.

Llegando al Distrito 4 estoy a punto de volverme loca, ya no soporto a Seneca, me cuesta enormidad sonreírle y dejarlo que me toque. Aunque él se desvive haciéndome sentir cómoda, ofreciéndome el cielo y la tierra, consolándome en mis pesadillas, pero ignoro todas sus atenciones. Le cumplo en la cama, pero de manera mediocre sin siquiera molestarme en fingir, sé que eso podría traerme problemas, pero estoy tan cansada, me siento ahoga en este tren, preocupada por Peeta y terriblemente asustada por lo que me conto del presidente Snow, no dejo de mirar los rincones para descubrir una cámara o micrófono y ya no converso tanto con la gente de Seneca, pensando de que uno de ellos podría ser un espía.

Pensaba en todo esto mientras miraba por la ventana sentada en un sillón, el tren rodea un cerro lleno de hermosas flores, pero de golpe, creo que gracias a la velocidad del tren, el cerro desaparece y ante mi está el paisaje más hermoso que he visto en mi vida. El mar. El azul profundo llega hasta el horizonte, pequeñas olitas bañan la costa. Playa de arenas blancas se extienden por kilómetros. El sol se refleja en la marea creando el efecto de miles de lucecitas brillantes. Grandes olas se quiebran más al interior creando franjas de espuma blanca. Barcos de vivos colores se ven mar adentro, mujeres y niños recorren los roquerios. Jamás me imagine que sería tan hermoso.

- ¿Primera vez que ves el mar Katniss? – me pregunta Seneca, estaba tan absorta en la vista que no me había percatado de su cercanía.

- Si – respondo cortante.

- Es definitivamente un paisaje precioso, me encanta el Distrito 4 – Seneca se estira en el respaldo y se acomoda lo más posible, luego me queda mirando hasta el punto de ser incomodo - ¿Qué te pasa Katniss?

- Nada

- Hace días que he notado que no te pasa nada – me mira directo a los ojos tratando de buscar la verdad, pero se rinde –como he visto lo mucho que te ha gustado el mar, pensé que podrías salir a dar una vuelta.

- ¿enserio? – le pregunto, fracaso en ocultar mi emoción.

- Sí. Pero tienes que salir después de que todos salgan y volver antes de que todos volvamos ¿entendido?

- ¡Oh Seneca gracias! – su ofrecimiento me toma de sorpresa, poder salir de este tren es justo lo que necesitaba. Aire fresco y un momento a solas para pensar y retomar fuerzas. Seneca sonríe satisfecho, así que me despido y corro a la habitación a ponerme ropa para salir.

Cuando por fin Peeta y todo su equipo se van me asomo por la puerta hacia el andén, está completamente vacío, camino a través de él, pero los Agentes de la Paz ahí dispuestos no me detienen, solo uno que otro me mira lascivamente, obvio deben saber lo que soy. Camino unos cien metros hasta que aparece ante mí el puerto y la extensa playa que vi al llegar.

El puerto del Distrito 4 tiene su propia vida, cada cual con sus idas y venidas, haciendo trueques, pesando los cargamentos de peces, zarpando o anclando. Es tan distinto al Distrito 12, a pesar de que la pesca es la industria impuesta por el Capitolio a este distrito, no parece que fuera algo obligado, sino algo que disfrutaran. Son hombres de mar.

Casi llegando al final del puerto hay un grupo de mujeres, pintadas excesivamente y vistiendo colores vivos, pero llevan la ropa hecha girones y muy sugerente. Se lo que son. Prostitutas ¿Qué tan diferentes son a mí? Me recuerdan tanto a las chicas del burdel del 12. Raquíticas y con los ojos vacíos de emociones ¿así me veré yo? Algunos hombres están más que borrachos y entre ellas gritan bromas obscenas, me dispongo a marcharme lo más rápido de ahí hasta que veo algo que me paraliza.

Unos de los hombres, alto y macizo aunque de mediana edad, golpea la mejilla de una de las chicas. Es tan fuerte el golpe que hace que gire su cara y caiga de bruces al suelo. Los demás animan al hombre, mientras que este se posiciona encima de ella y comienza a manosearla, las demás chicas corren dejando a la joven sola. Ella en su aturdimiento trata de sacarse al hombre de encima pero la fuerza no le alcanza. No soporto ver, aunque sea una prostituta, ninguna mujer se merece ese trato, ninguna. Veo a la chica, rubia y de piel bronceada, es imposible que tenga más edad que yo. La indignación sube y sé que me odiaría de por vida si no hiciera algo, porque defenderla a ella es como defenderme a mí.

- ¡NOOO! – Grito fuerte. Todos se paralizan por unos segundos - ¡suéltala maricón! - con todo mi cuerpo lo empujo y por su borrachera cae a un lado contra el suelo.

- ¡¿pero qué mierda?!- vocifera mientras que trata de ponerse de pie, yo ayudo a la chica que no deja de temblar como una hoja, la posiciono detrás de mí - ¿pero miren que guapa puta? Sabes linda me ponen mucho las pelirrojas.

- No estoy disponible – los demás chiflan y gritan cosas horribles, horribles de verdad.

- ¿de verdad? – me sujeta fuerte de la muñeca y arranca mi genero naranja dejando al descubierto mi Sinsajo – eres una puta más ¡Ven aquí conmigo!

Se lanza sobre mí, pero yo no doy una paso atrás, así evito caer con el encima, su olor a alcohol y a falta de aseo es tan repugnante que me dan arcadas. El me sujeta fuerte de ambas muñecas, pero yo no dejo de patear y gritar. La chica que antes era atacada empuja al sujeto para que me suelte, pero él de un manotazo la vuelve a mandar contra el suelo. Dentro de todo el escandalo se escucha una voz fuerte y clara.

- Creo que las señoritas dijeron que no – todos se vuelven a mirar - ¡suéltala y lárgate de aquí, si no quieres que te encerte con una lanza!

En tres segundos todos arrancaron en distintas direcciones, quedándonos solo el joven y nosotras dos, vuelvo a ayudar a la chica a levantarse, quien sigue temblando. Me quito mi chaqueta y se la pongo sobre los hombres.

- Cuídate - la chica se lanza a mis brazos y tras darme un fuerte abrazo sale corriendo del puerto. Busco por el suelo hasta que encuentro mi género naranja y mientras la enrollo en mi muñeca digo – muchas gracias por tu ayuda.

- De nada, me indigna que le falten el respeto a una mujer – me queda mirando fijamente, como evaluándome. Buscando detalles en mi rostro, luego sonríe con satisfacción. Quizás ahora quiere que le devuelva el favor que me ha hecho, pero lo que dice me deja completamente de una pieza – fuiste muy valiente señora Mellark.


Bueno queridos tributos, espero les guste este nuevo cap, con la inclusión de un nuevo personaje. De seguro ya saben quién es.

Que les parece la historia, alguna crítica, sugerencia, opiniones de la trama. Todo lo que quieran lo dejan en los comentarios.

Adelanto:

- Te amo Katniss. te amo demasiado. Y si tú aceptas mi proposición te prometo hacerte la mujer más feliz del mundo y por fin podrás olvidarte de La Agencia.

Nos vemos la próxima semana

Arroz

Iris