Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 38: "Nada a cambiado"
Los Agentes de la Paz nos guían a Peeta y a mí hacia un corredor del tercer piso del Edificio de Justicia, cada uno entra a una pequeña habitación individual. Un hombre alto y moreno me dice que pronto llegaran mis seres queridos a despedirme. Recorro el cuarto viendo los muebles tallados en madera y me acerco a la chimenea para calentar mi ánimo. Ahora que toda la adrenalina había pasado, un pánico frio recorre mi espalda.
- Catnip – escucho desde la puerta, Gale está apoyado en el umbral como pidiéndome permiso para entrar. Le hago una señal con la mano - ¿Cómo estás?
- Nerviosa – y como si mi cuerpo quisiera dejarle claro ese hecho empieza a temblar incontrolablemente. Gale da otro paso hacia mí y me abraza.
- Tranquila – me susurra al oído – eres fuerte, valiente, tienes destreza con el arco. Todo va a estar bien.
- Ok – trato de deshacer el abrazo pero Gale me sujeta por los hombros para mirarme cara a cara.
- Katniss yo siempre te apoyare en todo. Sé que tienes tus razones para ir a los Juegos. Solo quiero que sepas que yo luchare siempre a tu lado – y en sus ojos veo que él sabe que planeo algo, pero no se lo diré. Me embarga la emoción de que a pesar de que no lo escogí a él aun me apoya.
Un Agente de la Paz irrumpe en la habitación diciendo que ya es tiempo de que yo parta a la estación, Gale hace un movimiento para salir, pero no puedo seguir siendo fría con él, rodeo su cuello con mis brazos y aunque fue solo un momento, eso fue suficiente para llenarme de su apoyo y cariño. Salimos hacia el pasillo y antes de que Gale se pierda en la escalera me grita.
- ¡Prométeme que no harás nada intrépido! – Gale me sonríe, me sonríe de verdad.
- ¡Te lo prometo! – le sonrió de vuelta antes de que baje la escalera.
- ¿Qué le prometiste? – escucho a mis espaldas, Peeta ha salido de su habitación junto a su padre, está enojado.
- Que no haría nada intrépido – le respondo, porque no hay sentido de ocultárselo. Peeta ríe sin ganas.
- Creo que ir a los Juegos ya es algo intrépido – me escupe sus palabras lleno de rabia, pasa a mi lado sin mirarme siguiendo la escolta de Agentes de la Paz.
En un auto nos llevan a la estación junto a Haymitch y Delly. El primero está recién reaccionando de su borrachera y la segunda no le quita los ojos a Peeta. Yo miro el paisaje, las calles se han llenado de curiosos que tratan de vernos a nosotros. Supongo que mi acto ha sido el escándalo del día y los ojos de todos están posados en mí. Trato de serenarme y no demostrar ningún sentimiento. El viaje es corto y cuando me abren la puerta del auto para bajar miles de luces me encandilan por un momento hasta que una mano se une a la mía y me guía. Una nueva ráfaga de luces me vuelve a cegar, pero un apretón en mi mano me aclara todo, su calor, su suavidad. Es Peeta quien me guía y la esperanza de que toda esta locura no lo allá enojado mucho vuelve a embargarme.
Cuando por fin entro al tren Peeta me guía a los vagones del equipo del Distrito 12, Haymitch cae pesadamente sobre un sillón, mientras que Delly y Effie dejan sus maletas de mano en la mesa.
- Ven – me dice Peeta con un tono tan frio que hiela mi sangre. Toma más fuerte mi mano y me arrastra hacia una puerta.
- ¡Peeta me haces daño! – sé que debería simplemente seguirlo, pero una parte de mi tiene miedo a lo que pueda decirme estando solos.
- ¡entonces es verdad! – grita Delly a nuestras espaldas, su rostro rojo por la furia ¿acaso ella no tenía claro que su matrimonio era un espectáculo para el Capitolio? ¿Peeta le dio alguna esperanza? Me vuelvo a ver a Peeta esperando su respuesta.
- Es verdad Delly – responde con una voz calmada y vuelve a arrastrarme hacia la salida. Ahora camino voluntariamente ya que su respuesta me llena de tranquilidad. Caminamos por un pasillo para luego entrar a una habitación limpia y llena de comodidades y lujos.
Peeta cierra la puerta por dentro y sin más me tira hacia la cama, trato de incorporarme, pero todo el peso de él me retiene, de un tirón me rompe el vestido y con una mano trato de que el pedazo de tela no me abandone, el pánico me inmoviliza, ni siquiera puedo emitir un sonido. Peeta apoya su cabeza en mi espalda y comienza a llorar desgarradamente, sus lágrimas corren por mi espina dorsal hasta perderse en mi piel, trato de darme vuelta pero el sigue sin dejarme, no lo alcanzo a ver, su llanto se descontrola hasta que solo escucho jadeos llenos de rabia y mi espalda mojada. Su dolor me hiere y me uno a él en el llanto desolado.
- Pensé que de verdad te habían castigado.
- Tranquilo mi amor. No pasó nada – y ambos lloramos por todo, la suerte nunca ha estado de nuestro lado.
Cuando abro los ojos me doy cuenta que me quede dormida, trato de extender el cuello, pero me duele por la mala posición en la que estuve tanto tiempo, miro por la ventana y veo que ya está atardeciendo y una suave luz naranja ha llenado toda la habitación, trato de darme vuelta y Peeta gruñe por el movimiento, veo que también está durmiendo, lloramos hasta la extenuación. Me giro hacia él y lo acuno en mis brazos, lentamente empieza a despertar y se acurruca sobre mi pecho, extiendo mi pulgar y acaricio sus mejillas tensas donde se secaron sus lágrimas, Peeta abre sus ojos y su azul contrasta fuertemente con el rojo producto del llanto.
- ¿estas mejor? – le pregunto.
- Más tranquilo – esboza una sonrisa que no llega a sus ojos - ¿Cómo te liberaste de los azotes?
- Seneca y Cinna me ayudaron – me acurruco contra su pecho, para transmitirle seguridad.
- Perdóname si te asuste. Pero me invadió el pánico, no lo sabría explicar bien – Peeta ve hacia la ventana y siento su congoja.
- Peeta.
El vuelve a mirarme y de sorpresa lo beso, lento, pausado. Tratando de volver a trazar cada centímetro de sus labios con los míos, arrancándole leves gemidos con el juego de nuestras lenguas, volver a reclamar su boca como mía, sabe a canela y sal. Tres golpecitos interrumpen nuestro beso.
- ¡Hora de cenar! – dice la voz cantarina de Effie y después el traqueteo de sus zapatos de tacón se pierden en el pasillo.
- Busca en el closet algo Katniss – se separa lentamente de mí, pero siento que un nada se ha aclarado entre nosotros.
- Peeta. Te amo – le digo temiendo que su respuesta sea otra, esta tan enojado contra todo. Él se vuelve hacia mí con una gran sonrisa.
- Yo también te amo – toma mi rostro entre sus manos y me besa tiernamente.
Peeta va hacia el baño y siento la llave correr, veo que en el closet hay algunas prendas de mujer, me inclino por un jeans y un chaleco gris. Peeta también escoge algo cómodo y cuando ya estamos listos nos dirigimos hacia el vagón comedor.
Nosotros somos los últimos en llegar, Haymitch ya está más repuesto, Effie coloca pulcramente una servilleta de género en su regazo, Delly sigue mirándome fijamente y los equipos de preparación parlotean entre ellos y ríen animadamente. Peeta apresura un poco el paso y corre la silla para que me pueda sentar, sonrió como una tonta y el cómo todo un caballero me ayuda a correr la silla y luego se sienta a mi lado. La cena comienza y frente a nosotros se extienden fuentes llenas de cosas deliciosas, puré de papas, carnes cosidas al punto, ensaladas y postres de miles de colores. La visión me despierta el hambre así que empiezo a servirme de todo en mi plato. Peeta también empieza a servirse y nuestras manos chocan al intentar tomar un cucharon, alzo la vista hacia los hermosos ojos azules de mi esposo y él sonríe más tranquilo. A pesar de la situación, me siento inmensamente feliz.
- No pudiste esperar a la noche para follartela Peeta – le escupe Delly con gran odio. Toda la mesa queda en un incómodo silencio.
- No creo que sea un tema apropiado para la mesa jovencita – le canturrea Effie nerviosa, por primera vez agradezco su obsesión por la buena educación.
- ¿y le has contado de nuestras noches en el Tour de la Victoria? – contraataca Delly desafiando a Peeta a contestar.
- No recuerdo nada que haya que contar – responde Peeta más atento a su plato que a las acusaciones de ella.
- ¡Vamos Peeta lo gozaste! – Delly ríe a carcajadas, pero para mí eso fue la gota que rebalso el vaso.
- Peeta pasaba las noches conmigo en el Tour – le respondo altanera, que entienda que él es mi marido.
- ¿no pasabas las noches con Crane puta? – me levanto del asiento para ensartarle un combo en la mandíbula cuando la voz de Haymitch resuena en la mesa.
- ¡Basta! – Peeta toma mi mano que está hecha un puño y yo vuelvo a sentarme – No quiero que se saquen los ojos por el muchacho – Haymitch levanta un dedo acusador contra Delly – y tu cálmate porque ahora eres mentora – Vuelve a relajarse en la silla y continua – Delly tu serás mentora de Peeta y yo seré tu mentor preciosa. Terminemos rápido la cena porque quiero ver la repetición de la cosecha.
Terminamos de cenar en silencio, veo a Cinna que me sonríe dándome ánimos, pero no dice nada tampoco. Los Avox diligentemente levantan la mesa y cuando ya llega la hora corro hacia el sillón para ver la cosecha. Quiero ver a Johanna. Peeta se sienta a mi lado y pasa un brazo sobre mis hombros y no puedo evitar la tentación de acurrucarme en su pecho. Me siento tan plena y feliz aunque todo el Capitolio nos quiera muertos. Su calor me conforta y se acumula en mí bajo vientre, dejándome con ganas de seguir con las carisias a solos en la habitación.
Caesar Flickerman da la bienvenida al programa y se ve completamente extasiado por todo lo ocurrido el día de hoy. Aplaude frenéticamente y da pequeños saltitos en el asiento al comentar que estos Juegos pasaran a la historia. Como era de esperarse en los Distrito se presentaron nuevos voluntarios, todos jóvenes de 18 años, se ven fieros y bien entrenados, animan al público con aplausos y vítores. En el Distrito 3 son escogidos dos vencedores de mediana edad, el hombre arregla frenéticamente sus lentes. En el Distrito 4 sale Finnick y una mujer anciana llamada Mags. El público casi colapsa al saber que uno de sus vencedores favoritos vuelve a la Arena.
Caesar introduce la cosecha del Distrito 7 como la primera sorpresa del día, luego de llamar a la vencedora, la voz clara y llena de risitas de Johanna irrumpe en la plaza. La veo caminar tambaleando las caderas y sin dejar de reír burlona ante todos. "Johanna lo lograste" pienso y unas lágrimas traicioneras recorren mis mejillas, las aparto rápidamente y me acurruco más contra Peeta. Caesar casi no se puede contener cuando llega la cosecha del Distrito 12.
- La amante del vencedor ha vuelto - exclama extasiado y muestran toda mi escena mostrándome voluntaria, agradezco que también muestren a Prim abrazándome, luego Ceaser casi llora dramáticamente con nuestro beso y junto a la noticia de que somos matrimonio simplemente lo lleva al desmayo, pero se recompone rápidamente. Mi impulso por leer el otro papel de la tómbola no es mostrado.
Ya recuperada la compostura Caesar hace un anuncio que nadie esperaba.
- Y como un Quartell Quell debe ser ultra especial, les llevaremos cada minuto de nuestros tributos a la pantalla ¡Veamos que están haciendo ahora! – muestran rápidas imágenes de los trenes, algunos saludan, otros se ven sorprendidos hasta que nosotros aparecemos en pantalla, mi reacción inmediata es alejarme de Peeta, pero él me sujeta para mantenerme en su regazo. Delly se levanta de golpe del sillón y sale del vagón hecha una furia. Caesar comenta – Pobre Delly, parece que ya no habrá boda ¡Peeta Mellark has salido todo un Don Juan!
Luego de un par de comentarios más la trasmisión termina y cada uno va dejando el vagón en silencio, veo como Haymitch se dirige al bar para tomar un trago. Peeta se levanta y me toma de la mano para que lo siga y cuando llegamos al pasillo del siguiente vagón se detiene frente a una puerta.
- Supongo que esta es tu habitación – se ve resignado a pasar la noche lejos de mí, yo también siento la impotencia de que aunque haya dicho la verdad sobre nosotros tengamos que seguir ocultos – las cámaras estarán en todos lados así que mejor no exponernos.
- Es lo normal en un matrimonio – me niego a pasar una noche más lejos de el – si no dormimos juntos también hablaran.
- Tienes razón – y su sonrisa picarona llega hasta sus ojos.
Doy un paso atrás para dejarlo pasar y un extraño nervio me invade, corro hacia el baño para ducharme, ha pasado tanto tiempo, cinco meses y ahora es como si fuera la primera vez. Tenía miedo de que algo hubiera cambiado entre nosotros y la verdad es que muchas cosas han cambiado, pero yo lo amo, el me ama. Solo eso basta. Me quedo bajo el chorro de agua caliente tratando de tranquilizar mi corazón y mi cuerpo que me pide a gritos entregarme a Peeta una vez más. Siento la puerta del baño y veo como mi marido entra solo con bóxer.
- ¿Qué haces? – veo su amplia espalda, su estrecha cintura, los músculos que se tensan en cada movimiento que realiza, es glorioso. Camina hacia la tina y la empieza a llenar, se saca el bóxer y luego se sienta en el borde parar sacarse la prótesis. Veo como su hombría se presenta ante mí, cada vez más turgente, más grande - ¿te bañas conmigo Katniss? – solo logro asentir con la cabeza.
Salgo de la ducha escurriendo agua y ayudo a Peeta a entrar a la tina, recorro su espalda tan dura, sus brazos como hierro. Entro al agua y la mirada de Peeta recorre completo mi cuerpo, se detiene en mis pechos que sobresalen del agua juguetones. Lo deseo tanto, me acerco y me siento a horcajadas sobre él. Siento su sexo cada vez más presente rozando el mío. Peeta me sonríe y me besa mil veces por los besos que no nos hemos dados en estos meses.
- Estas tensa – me susurra mientras reparte besitos por mi cuello.
- Tenía miedo de que las cosas cambiaran – trazo círculos en su tórax y cada vez bajo un poco más a su abdomen.
- Todo ha cambiado Katniss – noto como la pasión se ha esfumado y la preocupación de lo que vamos a enfrentar en los Juegos – Pero mi amor por ti no ha cambiado.
- Mi amor tampoco ha cambiado.
Las manos de mi amor acarician lentamente mi espalda siguiendo mi espina dorsal desde la nuca hasta mi trasero, lentamente me lleva a la perdición. Sus manos acarician mi cadera, mi vientre, mis pechos, ahí se detiene para juagar con ellos, pasa su pulgar por mi pezón cada vez más erecto hacia él, arrancando gemidos de mi boca. Yo me detengo en su pecho, pienso en que ha crecido durante este tiempo, está más amplio, se marca cada musculo y una capa de bello rubia lo cubre. Bajo mi mano hasta su abdomen, tan duro como hierro, tan cálido como un brasero.
Bajo más mi mano hasta alcanzar su hombría, duro y erecto se presenta ante mí, lo aprisiono con una mano y empiezo a acariciarlo en toda su longitud, Peeta me agarra con fuerza, como buscando un ancla en su torrente de deseo. Aumento la velocidad de la caricia y busco en sus ojos el deseo, la locura y el amor.
- ¡Katniss para! – sujeta mi mano y vuelve a tomar mi boca, inclino mi cabeza para acoplarnos mejor y dejarme llevar por la pasión de sus labios, nos separamos para buscar aire – no voy a aguantar. Te quiero ahora.
Alzo mi cadera para que Peeta entre en mí, lento y contundente, después de cinco meses me siento completa. Peeta suelta el aire que estaba conteniendo, siento el calor de su aliento en mi mejilla. Me agarro del borde de la bañera y muevo mis caderas en un vaivén que nos llevara juntos a la locura. Peeta agarra mis caderas tan fuerte que de seguro me dejara marcas, pero no me importa. Me encanta cuando él toma el ritmo obligándome a saciarlo. A consumirnos a los dos en el orgasmo. El calor se concentra en nuestra unión, el agua rebalsa de la bañera en cada movimiento. Estoy en el borde y la voz de Peeta me lanza al vacío.
- Te amo Katniss – su voz ronca por la pasión resuena en mi oído.
- Te amo. Te amo. Te amo – gimo loca por el orgasmo.
Me recuesto en el pecho de Peeta aun unidos, el me abraza y acaricia tranquilamente mi espalda, el agua ya se está enfriando, pero el calor de nuestra unión y de nuestro amor me reconforta, estoy feliz de volver a sus brazos, sonrió sola contra su pecho.
- ¿de qué te ríes? – Me levanto para verlo a la cara, su sonrisa es de oreja a oreja.
- Eres fantástico.
- ¿en qué? – su risa es tan clara, tan sincera. Sus ojos bondadosos. Dios como lo extrañaba.
- En todo. Horneando. Besando. En la cama. En la tina – le regalo mi mejor sonrisa coquetona.
- No sabía que era tan competente.
- Eres muy competente – Peeta me vuelve a besar y sé que volveremos a hacer el amor esta noche.
Cuando Peeta y yo entramos al comedor a desayunar el único que falta es Haymitch, de seguro se cayó al litro ayer. Effie da vueltas por toda la mesa extasiada por la llegada al Capitolio. El resto se sirve en sus platos el desayuno.
- ¡Katniss! en cuanto lleguemos a la estación, las cámaras se pelearan por tener un primer plano tuyo ¡quiero grandes sonrisas! – el acento extraño del Capitolio casi me hace reír. casi – ¡tendrás que aprender a comportante en cámara!
- Katniss solo sabe comportarse en la cama – suelta Delly más interesada en su plato que en lo que está diciendo – ayer escuche tus gritos desde mi habitación.
- ¿te molestaron acaso? – no puedo evitar sonrojarme, pero mi enojo me hace responder - ¿Cuál es tu problema?
- Tu eres mi problema – por fin Delly se digna a verme – todo estaba bien hasta que tu llegaste ¡nos íbamos a casar!
- ¡NADA ESTABA BIEN! ¡VOLVERIAN A LOS JUEGOS!
- ¡SILENCIO! – Haymitch grita y todos en la mesa nos callamos, el camina con un vaso en la mano y se sienta en la cabecera de la mesa.
- No me gusta que tomes tanto cuando estamos en los Juegos – es lo primero que dice Peeta. Haymitch ladea su boca en un intento de risa.
- Te prometí que no me emborracharía. Pero no que dejaría de tomar.
- Con eso me basta – sentencia Peeta.
- En cuanto a ustedes – Haymitch nos señala a Delly y a mí – quiero que dejen de pelear. Ahora somos un equipo si queremos sobrevivir a estos Juegos. ¡cuántas veces te he dicho Delly que esto no es un Juego sino una matanza! – Por primera vez ella se digna ha agachar la cabeza avergonzada - ¡Despierta de tu sueño Delly ahora eres mentora!
El silencio reina después de la discusión, solo interrumpida por las conversaciones sin sentido de los equipos de preparación. Peeta y yo solo nos miramos, es como si nuestra burbuja hubiera explotado de la nada. Anoche todo fue perfecto, en el mundo solo estábamos él y yo. Hoy estamos en el Capitolio enfrentando la muerte.
Me serví mi cuarta leche con chocolate y junto a todos vamos a la sala de estar para ver la televisión. Caesar Flickerman se ve impecable en su traje media noche. Da la bienvenida a este día donde todos los tributos llegaran al Capitolio.
- Y hoy en la tarde tendremos aquí a todos los tributos para la primera entrevista ¡este año la cobertura será total!
Luego se muestra a un panel de gente con extravagantes trajes, cotillean de cualquier tema que creo le interesa a la audiencia. Sonrió cuando muestran la imágenes del tren que trae a Johanna, ella ha llamado la atención de todos al ser voluntaria. La muestran desayunando un montón de pasteles. Al final del programa muestran un video de nosotros, se ve como Peeta y yo entramos a la misma habitación y no salimos, comentan que Delly durmió sola. Me entra pánico al ver otro video pero ahora de dentro de la habitación donde se ve que entro al baño y luego Peeta también entra solo en ropa interior. Especulan mil cosas, mientras que Caesar aclara que estuvimos dentro del baño más de dos horas. Por lo menos no había más cámaras. El resto del panel sonríe y aplauden entusiasmados, parece que nadie se acuerda que hace dos días el matrimonio era entre Peeta y Delly. ¿Será esa la clave para ganarnos el favor de la gente? ¿Sobreexponer nuestro matrimonio? Me dan retorcijones en el estómago.
De golpe el tren queda a oscuras, somos engullidos por el túnel que atraviesa las montañas que rodean el Capitolio. Estoy tan nerviosa que mis manos empiezan a temblar, Peeta me abraza fuerte.
- Tranquila mi amor. Siempre estaré a tu lado. Nada ha cambiado.
- Lo sé.
Como estuvo? Cada vez es más entretenido escribir este fic :D ya llegaron al Capitolio y ahora los observaran en todo momento.
Pedir perdón por saltarme una semana, pero volví a enfermarme. Una complicación de mi operación. Gracias a Dios a estoy bien.
Nos vemos la próxima semana y ya saben cualquier cosa me dejan un comentario, que tan feliz me hace.
Nos leemos
Arroz
Iris
