¡Hey! ¿Como están? /o/ Yo veía Naruto xD no soy muy fan pero sdada SasuNaru rlz *corazoncito* en fin~ ya vengo con la actualización,lamento si tardé mucho pero me leí de nuevo el arco de Teiko para hacerlo más apegado y me quedé embobada leyéndolo (?) y luego la nación de la tarea salvaje atacó ;A;
¡Gracias por los reviews! Gracias Cadiie /u\ No,no tiene bulimia,tiene anorexia pero es igual de feo D: Si...Es muy triste pero así debe ser...Espero que te guste este nuevo capi y gracias por ser mi nueva seguidora *corazoncito* y Kagamicchi aparecerá como que...Por el final pero casi. ¡Gracias por el beso de miel! Jamás me habían mandado uno pero me halaga ./u/.
Ahora,sin más por el momento,les dejo el capi~
P.D:Lean "El renacer de los milagros" nanodayo~
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La alarma comenzó a sonar, el rubio vio la hora con cansancio, se sentía demasiado cansado, como si le hubieran exprimido hasta la última gota de vitalidad que quedaba en su ser el día anterior.
Cuando por fin había terminado de ducharse y ponerse el uniforme se miró al espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación para practicar su sonrisa. Subió a la báscula que se encontraba frente al espejo, dudando en si ver los números o no; suspiró armándose de valor, encontrándose con la cifra de 65.5 kilogramos. Sus ojos casi salían de sus orbes al ver aquella cantidad, se miró nuevamente al espejo y aquellos momentos con el fotógrafo volvían como una película proyectándose en el espejo; se bajó rápidamente de la báscula al sentir tanto odio y asco hacia su mismo, yendo directo a su baño para hacerse vomitar como todas las mañanas.
Llegó a la escuela algo tarde por haberse arreglado nuevamente después de haber devuelto lo poco que tenía en el estómago. Entró a su salón sonriendo para pedirle una disculpa a su maestro, dirigiéndose a su lugar, aquel que estaba junto a Aomine y en diagonal a Kuroko.
—Oi Kise ¿Porqué llegaste tarde? El viejo ya nos dejo como diez kilos de ejercicios para dentro de veinte minutos—Kise rió al escuchar a su compañero quejándose de los trabajos— ¿Estás bien? —El rubio se quedó estático por un momento pero volvió a su calma original, abriendo su libro para tratar de resolver los ejercicios.
—Si Aominecchi ¿Porqué lo preguntas? —Kuroko y Aomine se vieron como acordando algo, poniendo nervioso al rubio por un momento.
—Te ves muy pálido y delgado, Kise-kun—El rubio fijó su mirada al libro, tratando de hacer caso omiso a aquellas penetrantes miradas azules que lo quebrarían en cualquier minuto.
—Además te ves muy débil y con ojeras ¿No quieres tomar un descanso? Tetsu y yo te cubrimos, duerme un poco mientras que nosotros distraemos al anciano y si no traes nada de comer de nuevo, nosotros te compramos el almuerzo—A Kise se le hizo un nudo en la garganta al escuchar tales palabras de aliento— ¿Te parece? —Kise se limpió la traicionera lágrima que se escurría por su mejilla, asintiendo con una sonrisa que no se notaba por sus cabellos que le tapaban el rostro—Perfecto, entonces…Tetsu toma—El peliceleste agarró el libro de ejercicios de japonés del rubio para contestarlo ya que había acabado los suyos en cuestión de minutos—Y ahora…Mi turno—Justo cuando el profesor iba a pasar por donde el rubio estaba, Aomine aventó una pluma al pizarrón, haciendo cierto escándalo ya que el borrador junto con varios gises cayeron.
— ¿Quién fue? —Dijo el profesor mientras iba corriendo a su escritorio— ¡Joven Aomine! —El moreno sonrió complacido ya que ahora tendría que levantarse y escuchar el sermón que el profesor siempre le daba cuando hacia alguna travesura, acaparando toda la atención del salón, evitando así que descubrieran al rubio que fingía dormir.
—Gracias Aominecchi…Kurokocchi…—Susurró Kise una vez que ya estaba recargado sobre sus brazos en su banca, limpiando su casi imperceptible llanto, tratando de cerrar los ojos para dormir aún teniendo esa hermosa y verdadera sonrisa adornando su rostro, sin notar que Kuroko había observado todo.
Pasaron casi cuatro horas para que el rubio despertara de su sueño reparador, escuchando como su estómago emitía sonidos raros y se removía, dándole un ligero dolor en el vientre, se sobó el estómago un poco para que callaran esos ruidos.
—Toma, debes tener hambre después de cuatro horas—Kise volteó su cabeza para ver que Aomine le ofrecía una de sus barritas que siempre compraba en las máquinas expendedoras en los recesos—Hubieras visto, el viejo se enojó mucho y me puso más tarea que no haré—Comentó divertido aunque su sonrisa se borró al ver que su amigo no agarraba la barra—Vamos Kise, no la envenené ni la saqué de la basura, es perfecta—
—Lo siento Aominecchi pero no tengo hambre—
—Como que no, hasta la de biología puede escuchar tus rugidos—Contestó el moreno con algo de molestia—Come o te meteré la—
— ¿Meterle la que, joven Aomine? —Todos en el salón rieron al escuchar a la profesora interrumpir la pequeña pelea del rubio con el moreno justo con tal frase—Le recomiendo que mejor meta su cabeza en la clase y evite meterle cosas al joven Kise—Aomine se sonrojó levemente, dejando la barra en el pupitre del rubio para voltear hacia el pizarrón.
Ryouta dudaba entre agarrar y devorar esa barra en cuestión de segundos o hacer como que la guardaba para no tener problemas con su amigo, el cual le miraba de reojo mientras fingía poner atención a la clase. El rubio la abrió suavemente pero antes de dar el primer mordisco, vinieron a su cabeza varios recuerdos que no quería ver "No le tomaré fotos a una "ballena" "Al menos creo que sabe que se juntan con él por pena o porque tiene dinero o popularidad. Cuando no tenga nada de eso quiero ver quien estará con él" "Preferiría trabajar una y mil veces con alguien más que contigo pero ya que…" "Eres hermoso, Ryou-chan. Vamos, sonríe a la cámara con esa sexy expresión tuya mientras…"
— ¡Joven Kise! —Gritó la profesora con un tono entre mezclado de autoritarismo y preocupación al ver al joven temblar y llorar con la barrita a medio camino de ser comida—Si usted quiere…Puede salir a la enfermería o a dar una vuelta al patio—El rubio salió de sus pensamientos que lentamente le mataban, miró a sus compañeros con vergüenza y negó casi al instante que ponía una sonrisa.
—No, es que…Estoy bien, perdone por interrumpir la clase—
—En serio, si gusta…—
—Que estoy bien, por favor prosiga—Cortó la frase Ryouta con un tono directo e intimidante, haciendo que toda la clase volviera su vista hacia la pizarra con cierto miedo y angustia para escuchar a la profesora que lucía sorprendida.
—Kise tu… ¿Estás seguro que estás bien? —Kise dejó de fruncir el entrecejo al escuchar la voz de Aomine, volteó hacia sus amigos notando que sus rostros tenían "preocupación" escrito en toda la cara. El chico asintió sonriendo, volviendo su atención al pizarrón, golpeándose mentalmente por haber sido tan débil frente a todos.
—Esa es la "Selección natural" Donde solo el más apto sobrevive—Los chicos anotaban en sus libretas los apuntes, escuchando a la señora atentamente hasta que una mano se levantó.
—Pero ¿No el más fuerte es el que sobrevive? —Cuestionó un chico con duda.
—En efecto, cuando alguien se adapta se convierte en el más fuerte; quizá pudo ser un organismo que a simple vista se vea inútil e indefenso pero al adaptarse se vuelve fuerte, se vuelve el organismo que sobrevivirá a pesar de todas las dificultades que haya pasado y también a pesar de las ínfimas probabilidades que tenía de sobrevivir—Kise se quedó pasmado al escuchar aquella poética frase-Y la única-Que había escuchado en toda la clase…Adaptación…Solo el que mejor logra adaptarse sobrevive. Con pesar agarró su mochila cabizbajo.
—Profesora ¿Puedo retirarme? —La maestra le miró algo sorprendida, viendo que Kise lloraba con un gran dolor, asintiendo casi al instante, dejando que el chico corriera en los pasillos para tranquilizarse.
— ¡Kise! —Gritó Aomine al ver a su amigo irse—Maldición…Tetsu, pásanos los apuntes—El peliceleste asintió ante la casi orden del moreno.
—Joven Aomine, usted no tiene permiso—
— ¡Me vale un carajo! ¡No dejaré solo a Kise! —El peliazul comenzó a correr después de estas palabras, ignorando los gritos de la maestra y las advertencias de expulsarlo de Teiko, las cuales no eran nuevas pero a final de cuentas no lo hacían por su talento en el basketball; lo único que recibía era un severo castigo por parte de su capitán Nijimura y una reprimenda del entrenador.
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—Ya van varias veces que Aomine falta…No me gusta esto—Dijo Akashi con algo de preocupación al terminar de ponerse su ropa para entrenar.
—A mí tampoco me gusta, nanodayo. Debe entrenar o no jugará—Akashi asintió pensando.
—Bueno, creo que iré a hablar con el supervisor—Midorima alzó una ceja, renuente a la frase dicha por el chico—Y a Nijimura… ¿Eso querías escuchar Midorima? —El chico solo sonrió levemente, dejando que Akashi saliera del vestidor con un sonrojo en sus mejillas.
El pelirrojo salió del gimnasio, dirigiéndose a la sala de maestros, donde estaba su novio, el capitán de Teiko y el asistente de supervisor hablando como lo hacían todos los días antes de la práctica para evaluar el progreso del equipo, los menús y las jugadas a practicar.
—Yo declino como capitán del equipo. Opino que Akashi-kun estaría mejor que yo—
—Pero sabes que dejar la capitanía no es así de sencillo y menos de un equipo de alto nivel como Teikou—Akashi al escuchar eso se pegó tras la pared, suavizando su respiración para no ser escuchado en lo más mínimo.
—Lo sé y lo lamento…Mi padre sigue enfermo y en el hospital…Honestamente no creo que salga y si en un partido me dicen que ha muerto, dejaría el partido para verle…Por eso creo que…Akashi-kun es la mejor opción—El asistente de supervisor solamente frunció el ceño, sacando su frustración en un suspiro con el asentimiento de su cabeza—Entonces me retiro, con permiso—Nijimura hizo una reverencia a su mayor, saliendo del lugar para encontrarse con su pequeño novio.
— ¿En serio te retiras, Nijimura? —Nijimura apretó los puños con la mirada baja, pensando que el pelirrojo no podía encontrar peor momento para escucharlo.
— ¿Escuchaste todo? —Akashi asintió suavemente en respuesta— ¿Qué te puedo decir?...De hecho…Me trasladaré a Estados Unidos en unos días, ahí le harán los exámenes y una cirugía a mi padre para prolongarle al menos un año más la vida—Akashi cerró sus ojos con fuerza, bajando su cabeza ante el mayor—Así que…Éste es nuestro adiós, capitán Akashi…—El pelirrojo subió el rostro casi al instante, reflejando una mezcla de pánico y dolor que hacía que el corazón del ex capitán se estrujara dolorosamente en su pecho—No llores Seijuurou…Estarás muy bien, eres un chico fuerte y…Jamás olvides que te quiero—Akashi comenzó a derramar amargas lágrimas sobre sus mejillas, correspondiendo aquel último y nostálgico beso recibido por su ex novio; aquel con quien compartió su primer beso, abrazo, relación y amor—Adiós…Mi lindo Seijuurou—El pelirrojo estaba inmóvil en pleno pasillo, llorando por ver como se iba la persona que más quería de su vida…Nuevamente.
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Kise corrió con la vista borrosa por las lágrimas que salían incesantemente de sus ojos, sintiendo dolor después de unos diez minutos de recorrer el instituto buscando el último cubículo del baño de hombres, aquel fiel amigo que escuchaba sus secretos, sus llantos y su dolor desde hacía unos meses.
Se encerró estruendosamente en él, hincándose frente a la taza del baño para comenzar su ritual que ya le había hecho bajar en casi tres semanas unos seis kilos; metiendo sus dedos hasta la campanilla, sintiendo asco de ellos, asco de sus sentimientos, asco de sus recuerdos, asco de él mismo.
—Pero no sé si hacerlo, Mizukicchi—Susurró Kise ante el fotógrafo y la cámara que lo miraban con anhelo y deseo, después de todo era una preciosa joya virgen por la cual muchos pagarían de tan siquiera tocarle.
—¿Acaso no soy tu novio? Tú confía en mí, Ryou—El rubio se sonrojó al escuchar esas dulces palabras ser susurradas en su oído, asintiendo tímidamente ante la petición—Ahora haz lo que te dije…Y te juro que te mostraré lo mucho que te amo—Ryouta comenzó a desvestirse justo como el joven de veintitrés años le pedía, posando descaradamente ante la cámara, pareciendo un profesional de esas revistas al desnudo—Así…Eres tan precioso…Tan perfecto—Después de varios flashazos que cegaban por momentos al menor, sintió como unos brazos lo agarraban de la cadera, derribándolo con delicadeza en la cama, comenzando a besar sus labios apasionadamente, tocándole por cada rincón de su cuerpo…Jugando con su inocente corazón.
— ¡Kise! ¡Kise! —Gritaba Aomine por toda la escuela, siendo callado varias veces por maestros que ignoraba olímpicamente—Maldición Kise… ¡Sal de donde estés! —Volvió a gritar el de cabellos azules en su enésimo recorrido por la escuela—Diablos, me perdí de la práctica. Bueno, no creo que haya problema—Aomine siguió su infructuoso recorrido en busca del rubio hasta que llegó al pasillo donde se encontraba la sala de maestros.
El muchacho pensó que sería buena idea preguntar si alguno de ellos había visto al rubio pero conforme avanzaba, una silueta temblorosa que yacía en el piso se hacía presente; Aomine se acercó lo suficiente para ver que era Akashi el que agitaba sus hombros de arriba hacia abajo.
— ¡Akashi! —Ahora Daiki debía de saber que sucedía con su vice capitán y aparte, encontrar a Kise, llevándolo a la conclusión que a partir del día siguiente comenzaría a llevar sus lucky ítems aunque primero debería preguntarle a Midorima cuál era su signo—Vamos Akashi, levántate que la práctica hasta ya va a…A…Cabar…—Aomine se sorprendió al ver al pelirrojo sollozando en silencio acompañado de un temblor que le recorría todo el cuerpo— ¿Qué te pasa? Dime ahora mismo que hijo de puta te hizo algo para matarlo—
—Se fue…—Susurró Akashi entre hipeos y jadeos para tomar más aire—Nijimura se fue…—Aomine solo apretó el hombro de su amigo en señal de apoyo, levantándolo unos minutos después.
—Hey, Akashi…Mira—Pero justo antes de que pudiera seguir, el moreno sintió en su hombro una mano.
—Yo lo hago, nanodayo. Tu ve por Kise, lo vi llorando en el baño del segundo piso del edificio A—Aomine asintió y fue corriendo a cumplir su cometido, dejando en brazos de Midorima a su vice capitán que se veía tan perdido y confundido, sus ojos habían perdido su brillo natural.
— ¡Kise! —Volvió a gritar Aomine en su carrera al baño indicado por Midorima, encontrándose efectivamente con el rubio—Kise…—Susurró algo asustado al ver al rubio llorando frente al espejo del baño con los brazos temblorosos—Tranquilo Kise, todo está bien—
— ¡Nada está bien, Aominecchi! —Exclamó Kise mientras azotaba su mano contra el lavabo— ¡Nada está bien! —Aomine se le acercó con cierta cautela para no alterarlo más de lo que se veía, con el cabello alborotado, pálido, con los ojos hinchados y lágrima saliendo como cascadas—Nada…—Aomine le tocó el hombro pero su resultado fue que el rubio se estremeciera y se apartara de inmediato.
—Kise, tranquilo. No te haré nada—El de ojos café solo comenzó a balbucear por lo bajo. Aomine le tomó delicadamente la mano esta vez, acariciándosela para que se relajara, dándose cuenta de algunas imperfecciones en sus dedos—Kise ¿Por qué tienes llagas en solamente dos dedos? —Kise se paralizó al escuchar eso, jalando su mano en automático, corriendo como si la vida le fuera en ello, escapando como siempre hacía.
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