Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 39: "La Verdadera Arena"
Peeta y yo estamos acostados de lados, nuestro único contacto son nuestras manos tomadas, nos miramos a los ojos en un silencio cómodo y reconfortante. Peeta traza pequeños círculos con su pulgar en el dorso de mi mano. Aunque la pieza esta climatizada siento frio, me acurruco más en la cama ya que el roce de las mantas es reconfortante.
- Aun no puedo creer que estés aquí – me dice Peeta con un rostro soñador, como si no rechazara por completo mi loca idea de ir con él a los Juegos.
- Aquí estoy – doy un apretón a su mano.
- ¿tienes miedo?
- Sí.
- ¿a qué?
- A perderte – sus hermosos ojos azules se dilatan, trato de perderme en ellos en un universo solo de los dos, en esta cama.
- Yo también tengo miedo a perderte.
- No me perderás.
- ¿Cómo puedes estar tan segura?
- Solo lo sé – le sonrió tratando de traspasarle la seguridad que me da el plan de La Resistencia, pero del cual no puedo contarle. Trato de que me crea aunque la esperanza está perdida.
- Ven acá – extiende su brazo para eliminar la distancia que manteníamos, me acurruco en el hueco que forma su cuerpo y que me da la impresión de que yo encajo perfectamente en él. Somos las dos piezas que forman lo nuestro. El calor de su cuerpo es envolvente. Es diferente al que me proporcionan las mantas, ellas solo calientan mi piel. El calor de Peeta entibia mi corazón.
- Peeta – levanto la cara para mirarlo a los ojos – no me arrepiento de nada – el esboza una sonrisa.
- Deberías. Empezando por venir a los Juegos – suelto una risita.
- Pues no lo hago – Peeta me besa y no nos separamos hasta que caímos dormidos.
A las diez de la mañana las puertas del ascensor se abren en el centro de entrenamiento, aunque ya es la hora solo la mitad de los tributos está presente. Una mujer de color presenta las distintas estaciones para entrenarnos para enfrentar la arena. La chica nos deja libres y rápidamente los nuevos profesionales se toman la estación con las distintas armas y se ponen a practicar. Doy una vuelta de 360 grados, Johanna no está.
- ¿por dónde quieres empezar? – me pregunta Peeta.
- Tú eres el experto aquí.
- Creo que deberíamos correr un poco.
En el centro del recinto y ocupando casi toda su extensión hay una pista con obstáculos que termina en una pared acondicionada para escalar. Peeta y yo nos colocamos a la fila, me emociona de sobremanera realizar ejercicio, como cuando corría a través del bosque, aunque después de un año mi resistencia deje mucho que desear. Mientras la chica del 6 realiza el recorrido uno de los encargados se acerca a explicármelo. Correr, saltar y agacharme eso sumado a tipos que estarán con lumas tratando de darme un golpe para al final llegar a lo más alto de la pared. Arriba hay una luz que se prende indicando el fin de la prueba. La chica del 6 termina, el cronometro se pone en cero, todos los encargados se ponen en su lugar. Tres, dos, uno.
Corro unos metros hasta unas grandes ramplas, suben, bajan y a veces el camino se interrumpe obligándome a saltar, al rededor hay personas que con lumas en la mano tratando de darme un golpe. Al llegar a la pared otro personaje me ayuda a ponerme un arnés, coloco un pie sobre una de las sobresalientes y comienzo a escalar. Pienso que los árboles son más difíciles ya que no siempre muestran lugares tan obvios donde poner el pie o la mano. Con facilidad subo hasta que mi mano toca el área que enciende la luz final. El cronometro se detiene. 3:08 minutos.
- ¡Súper bien mi cazadora de ardillas! – me dice Peeta en cuanto vuelvo a él. Me ofrece los cinco, yo choco su mano con el como si fuéramos un equipo. De reojo veo acercarse a Delly.
- ¡Peeta! Quiero que tu también hagas los ejercicios – lleva un block y escribe notas cada diez segundos.
- Pensaba hacerlo – le responde Peeta divertido ante lo que ve – aunque sé que seré el peor. Esta pierna – da unos golpes en su prótesis – más estorba que ayuda.
- No tienes por qué hacerlo amor mío.
- ¡Tú qué sabes Katniss! si Peeta no hace el ejercicio lo verán como una presa fácil y en la Arena adivina por quien irán primero los Profesionales – Delly se veía indignada con sus brazos en jarra apoyados en su cadera, aunque no lo demostré le encontré la razón. Ignorándola me acerque a Peeta y le di un dulce beso.
- No te sobre exijas Peeta.
- Lo haré – le doy otro besito antes de que se ponga en posición para empezar la pista de obstáculos.
No puedo explicar bien porque, pero algo atrajo mi atención a mi derecha, veo hacia ese sector del Centro de Entrenamiento y veo a Johanna abstraída en el puesto de nudos con la cabeza baja luchando con una cuerda. Me acerco al puesto, ella debió notar mi presencia ya que elevo su rostro solo un momento antes de volver a ocultarlo bajo sus cabellos. Pero la vi. Su ojo azulado por un golpe y la boca rota. Use todo mi autodominio para no soltar un grito y correr hacia ella. Tome aire, seguí caminado hasta el puesto, me coloque al lado de ella y me puse a practicar nudos con una cuerda.
- ¡¿Qué te paso?! – le susurre, ella me ignoro durante un rato - ¡Johanna ni se te ocurra ocultármelo! – mi voz fue más severa. Ella suspiro agotada.
- En cualquier caso debo contártelo. Tu sigue con tu cuerda y escucha – volvió a suspirar y sin mirarme en ningún momento empezó su relato – ayer después de que nos acostamos todos en nuestro piso, aparecieron Agentes de la Paz en mi habitación. Me sacaron casi arrastras sin darme ninguna explicación. En un auto me sacaron de aquí. Un hombre acompañaba al chofer y ¿adivina qué? Vestía el uniforme de La Agencia.
El solo me dijo: "has sido vendida" ¡tú ya entiendes! Basta decir que el cliente no fue delicado conmigo. Cuando la pesadilla termino el tipo me dijo: "dile a Katniss Everdeen que mañana le toca a ella"
Nos quedamos en silencio, mientras mis manos se movían solas, pensaba en las palabras de Johanna. Yo ilusa pensaba que La Agencia había quedado muy atrás y ahora veo como el rostro de Johanna esta como si hubiera chocado contra un muro. Fue estúpido pensar que aquí en el Capitolio estaríamos a salvo. Está claro que la atacaron por mi culpa, pienso en las chicas ¿estarán bien? ¿O tendrán que lidiar con lo peor? Suelto el nudo de golpe y apoyo los codos en el fierro tomándome la cabeza con ambas manos. Agotada sicológicamente.
- Perdóname – y sin mirarla me voy a otra estación.
La mañana paso sin siquiera darme cuenta, Peeta vino un par de veces a preguntarme como estaba, pero no respondí. Luego lo vi conversando y riendo con Johanna, su dulzura para con ella me conmovió. A la hora de almuerzo yo ya quería que el día terminara, acostarme en los brazos de Peeta y relajarme en mi pedacito de felicidad en toda esta locura. De vuelta al Centro de Entrenamiento nos reunimos frente a Plutarch Heavensbee, veo a Seneca detrás de él, junto a los demás vigilantes.
- Hoy cambiara la experiencia de Los Juegos del Hambre para siempre – Plutarch se dirigió a todos nosotros – Ahora como parte de su entrenamiento conocerán La Arena – todos exclamamos asombrados, Peeta, Johanna y yo nos miramos anonadados, Heavensbee alzo ambas manos pidiendo silencio – sé que esto es algo sin precedente pero les prometo que pronto entenderán el porqué de la medida. Por favor todos síganme – dijo haciendo un gesto en dirección al fondo del Centro de Entrenamiento.
Peeta tomo mi mano mientras todos seguíamos a la mujer, vi en sus ojos azules preocupación e incertidumbre. Johanna iba a nuestro lado completamente muda. Los nuevos Profesionales caminaban primero y conversaban animados compartiendo distintas teoría de cómo sería el escenario de su gloria y de nuestra muerte.
Tras pasar una doble puerta, entramos a un salón lleno de suministros médicos y personal vestido de blanco, había 24 pantallas, cada una con uno de nuestros nombres, hasta el olor era a hospital.
- No me gusta esto – me susurro Peeta – Una cosa es que deseen nuestra muerte de mil y un maneras y otra es que se metan con nuestros cuerpos – me abrazo – con tu cuerpo.
- El Capitolio ya se metió con mi cuerpo – y el de Johanna, Ailen, Lana… con Jane. Y tantas otras pienso. No pude evitar el comentario mordaz, el rostro de mi amado se contrajo de ira, pero no siguió la conversación.
Pasando ese salón a través de otras puertas nos enfrentamos a una gran habitación con 24 camas. Al lado de cada una hay una maquina plateada con mangueras y una pantalla. Gente de blanco transita de aquí para allá comprobando todo. Sobre la cabecera de las máquinas están por cama un nombre, el número de Distrito y una foto. Todo es blanco y con un fuerte olor a desinfectante.
Veo en el rostro de todos, la incertidumbre, yo también la siento. La mano de Peeta se tensa en mi mano, nadie entiende que hacemos ahí. Yo por mi parte pensé que nos sacarían del edificio, quizás en aerodeslizador para llevarnos a La Arena como dijo Plutarch. Todos empiezan a recorrer la sala, Peeta y yo nos dirigimos al fondo para ver que nuestros nombres están en camas continuas.
- Disculpen por hacerlos esperar – aclaro Plutarch cruzando el umbral – sé que todo esto es extraño, pero en realidad Esto –giro sus brazos indicando toda la habitación – es La Arena - Una nueva exclamación por parte de todos inundo el lugar, no sé cómo termine apoyada en el pecho de Peeta mientras que el me sujetaba fuerte por los hombros – Nuestros investigadores e ingenieros llevan años trabajando en este proyecto, desde ahora La Arena será en una realidad virtual, donde por fin todas las variables podrán ser controladas por nosotros. El suero desarrollado es una droga capaz de atravesar la barrera hematoencefálica lo que nos da la posibilidad de implantar recuerdos, sensaciones y exponer sus más recónditos secretos y mostrárselos al público – Una gran sonrisa de satisfacción partió la cara de Plutarch por la mitad, la bilis sube por mi garganta inundándome de su mal sabor. Un terror real recorría mi espalda como un dedo frio acariciando mi espina dorsal. El acceso total que ellos planean tener podría exponer mis miedos y mis vergüenzas, nuestro pequeño plan con Peeta para mantener su popularidad y por sobre todo ellos podrían descubrir en mi memoria el plan de rescatarnos de La Arena. Trato de serenarme pensando fríamente, Plutarch es el vigilante en Jefe y el espía dentro de los Juegos, a él más que a nadie le interesa mantener el plan en silencio, de seguro escogerán nuestros recuerdos más insulsos para atraer a la audiencia inescrupulosa del Capitolio – Por favor les pido que se acuesten en su cama asignada.
- Mi amor ¿Qué nos van a hacer? – me giro para ver su rostro que muestra su miedo e incertidumbre.
- No te preocupes Katniss – me frota los hombros hasta darme un poco de calor – no se pueden quedar sin Tributos ¿o no?
- No. Tienes razón.
Peeta y yo nos dirigimos hacia el fondo del salón, nos pidieron sacarnos el polerón y recostarnos solo en polera. Peeta me rodeo en sus fuertes brazos y me lleno de besitos en la frente, en la mejilla, uno en la punta de mi nariz y varios en los labios.
- No dejare que nada malo te pase Katniss – me susurro al oído.
- Lo sé – "yo tampoco permitiré que alguien te haga daño" pensé.
Dos enfermeras nos obligan a separarnos, una agarra a Peeta de un brazo y con un gesto autoritario le indica la cama. Ambos nos acostamos. Rápidamente una de las mujeres de blanco me inyecta una vía en el brazo, me coloca sensores en el pecho y una pinza en el dedo. La pantalla a mi lado cobra vida con el sonido acompasado de mi corazón y un montón de números que representas mis signos vitales. Las mangueras con un líquido ámbar que vi en las maquinas ahora están conectadas a mi vena.
- Les mostramos todo esto – continuo con la explicación Plutarch mientras caminaba a lo largo del salón supervisando todo – porque necesitamos probar los distintos sueros y si existe algún rechazo por parte de su organismo. Pero lo que verán no será La Arena, el escenario que les implantaremos en esta realidad virtual solo será revelado cuando comiencen los Juegos. Como de costumbre.
Debo aclararles una cosa, no se confíen por estar en una realidad virtual, si sufren hambre, su cuerpo lo sufrirá. Si tienen una herida, su cuerpo la tendrá. Si mueren, nosotros aquí los mataremos.
Peeta y yo nos miramos, es aterrador pensar que mi cuerpo estará a la merced de cualquiera que quiera hacerle daño ¿y si nos debilitan desde aquí? Mi marido parece entender mis miedos y me sonríe con dulzura, la única forma de regocijar mi corazón últimamente. El personal médico parece terminar con nosotros ya que se retiran de la sala, Plutarch recorre las camas como queriendo hacer la última inspección, luego vuelve a la salida.
- Que tengan un buen viaje – y sale cerrando la puerta.
- Mi amor – miro a Peeta que tiene su mano extendida, la tomo – todo estará bien. Relájate – siento como aprieta mis dedos dándome animo o quizás para no dejarme ir. Las maquinas empiezan a emitir un pitido, veo como el líquido ámbar es vaciado hacia mis venas. Mis ojos se cierran, mi corazón se relaja, lo último que recuerdo es que solté la mano de Peeta.
Prim camina de mi mano por las calles embarradas del Distrito 12, ella lleva su canasta llena de quesos para negociar con los comerciantes. Es una pálida mañana de primavera. Una sirena irrumpe la cotidianidad de las calles, pareciera que todo el Distrito se hubiera congelado en el tiempo y lo único con vida fuera el siniestro ruido que indica que ha ocurrido un accidente en la mina. Sin pensar en nada corro desbocada hacia la mina, el aire helado me irrita la garganta y jadeo en cada inspiración. Me siento pesada y torpe.
Al llegar a la entrada de los trabajadores, ya está lleno de mujeres y niños, buscando a sus seres queridos, una gran nube de polvo negro nos envuelve, haciéndose difícil respirar y ver. A los lejos veo que alguien corre hacia mí con los brazos extendidos, avanzo un par de metros hasta darme cuenta que es Gale. Corro a sus brazos.
- ¡Oh Dios mío! ¿estás bien? – tomo su rostro entre mis manos, tratando de buscar algún golpe o herida, pero nada.
- Estoy bien Katniss de verdad – me abraza fuerte, siento su olor mesclado con sudor y carbón en llamas - Katniss ahí algo que debo decirte – veo su rostro lleno de terror y tristeza – Katniss la cuadrilla de Peeta… lo siento tanto Katniss.
- ¡¿Qué!? – Poco a poco me voy deslizando hasta quedar de rodillas en el suelo.
- Peeta estaba en lo más profundo de la mina cuando exploto – Gale rompe a llorar amargamente.
Un grito que surge de lo más profundo de mi pecho emerge por mi garganta hasta salir, el grito desgarra el aire, mi garganta y mi corazón. Cada vez me voy haciendo más pequeña en el suelo, hasta que noto que no puedo encorvar más mi espalda, ya que mi enorme y redondo vientre, que demuestra mi avanzado estado de embarazo limita mi encogimiento. Un nuevo grito de terror emerge de mí, haciendo temblar a todo el Distrito 12, haciendo pedazos mi vida.
- ¡Tranquila señorita! – trata de sujetarme una enfermera de dulce rostro, transpiro y me respiración es agitada.
- ¿Cuánto tiempo…?
- Ha estado en la simulación una media hora – ella toma su block de notas mientras anota en él los datos de mi monitor. Veo a mi alrededor que solo uno de los Profesionales está despierto. A mi lado Peeta se retuerce y tiene la frente perlada de sudor, pero aún está dentro de la simulación.
- ¿Por qué aún está dormido? – le pregunto a la chica mostrándole a Peeta.
- Estamos probando su resistencia al sedante que, al parecer, es bastante alta. Poco a poco se irán despertando todos, no se preocupe – ella se retira para ver al otro Tributo despierto mientras yo extiendo mi mano hasta tomar la de Peeta.
En la noche después de cenar, Haymitch, Peeta, Delly y yo nos retiramos a ver el resumen de hoy en la trasmisión de la previa de los Juegos. Nos mostraron entrenando, comiendo juntos, también nos mostraron a Peeta y a mí en algún beso ocasional o gesto cariñoso.
- ¿Cómo estuvieron sus simulaciones? – pregunto Delly con genuino interés.
- La mía fue extraña, fue como volver a vivir un pedacito de mi infancia. Aunque el recuerdo no fue muy agradable – ambos se miraron y note como se entendieron a través de ese gesto. A pesar de todo Delly es alguien presente durante toda la vida de Peeta.
- ¿y tú simulación Katniss? – me pregunto directamente Haymitch.
- La verdad es que no fue un recuerdo, más bien fue una pesadilla – todos asintieron pero no comentaron anda más.
- Es mejor ir a dormir ¡Buenas noches! – Haymitch se levanta del sillón, pero no se dirige a su habitación sino al bar.
Mi corazón martillea con fuerza, no le conté a nadie lo que me dijo Johanna y ahora espero que en cualquier momento aparezcan los Agentes de la Paz para llevarme donde el cliente. Desde La Gira de la Victoria, desde Seneca que no he hecho un trabajo para La Agencia. Que ilusa de pensar que los había dejado atrás. Recuerdo la cara golpeada de Johanna, es mi culpa ¿y si las chicas también están sufriendo por mi escape? ¿Por qué creí que nunca más tendría que acostarme con otro hombre? veo a Peeta riendo de algo que Delly le comento ¿tendré que herirlo otra vez? Atormentada por mis pensamientos me levanto para ir al bar con Haymitch. Tomo una botella de espumante y tomo directo de ella. Haymitch me mira levantando una ceja.
- Por favor – le digo – Protege a Peeta.
- ¿Por qué me pides eso? – me pregunta enrabiado, yo solo vuelvo a tomar un largo trago de la botella.
- ¿Katniss? vamos a acostarnos – Peeta se acerca a nosotros, me extiende su mano hasta que la toma. Su contacto me rompe el corazón, acuno su rostro entre mis manos y contemplo su rostro que tanto amo, tratando de guardarlo en mi mente y en mi corazón ¿Cuántas veces me tendrá que perdonar este hombre?
- Peeta… amor mío …
Las puertas del ascensor se abren y de él sale un pelotón de Agentes de la Paz. Me alejo dos pasos de mi amado, mientras veo como sus ojos se agrandan al entender la situación.
- Señorita Everdeen – espeta uno de los Agentes apuntándonos con su arma – acompáñenos por favor.
- ¡No Katniss! – Peeta trata de avanzarse sobre él, Haymitch lo inmoviliza por la espalda.
- Tranquilo muchacho. Nada se puede hacer.
Camino hacia el ascensor flanqueada por los Agentes de la Paz, no miro atrás porque es demasiado difícil, demasiado doloroso. Escucho como Haymitch maldice, Delly grita de susto y Peeta forcejea para que lo suelten y poder correr a mi alcance. Pero Haymitch tiene razón, nada se puede hacer. Este es mi castigo por hacerlos quedar como tontos.
Nos bajamos en el quinto piso, me escoltaron hasta un estudio donde estilistas del Capitolio que más parecen animales que humanos me prepararon como en La Agencia. Baño, cremas, lociones y perfumes. Me ofrecen un babydoll de encaje negro, unos zapatos de tacón y un abrigo largo para cubrirme ¿Cómo estará Peeta? ¿Pensara que volveré a traicionarlo? ¿Creerá que tengo otra opción?
Los Agentes de la Paz volvieron a buscarme, me escoltaron hasta la salida del Centro de Entrenamiento donde un auto con vidrios polarizados me espera. Conocía al chofer, era de La Agencia. Quedaba confirmado de que ellos estaban detrás de esto y de seguro moviendo los hilos estaban por supuesto el Presidente Snow. Me perdí un rato en mis pensamientos hasta que vi por la ventana que conocía el sector, un sudor frio bajo por mi espina dorsal, un nudo se formó en mi pecho. El auto se detuvo frente a un edificio que conocía muy bien, mis dudas se confirmaron y el pánico dio paso a la rabia ¡¿él me había comprado?! No lo podía creer, pero ahí estaba afuera del departamento de Seneca Crane. Caminando por el hall hacia los ascensores unos de los Agentes de la Paz me hablo.
- Al amanecer nos encontraremos aquí mismo.
- Está bien – el mismo ingreso la clave del ascensor, bajo de él antes de que se cerraran las puertas para subir.
Se detuvo en el Ático, el piso de Seneca, las puertas se abrieron, todo estaba exactamente igual antes que me fuera. Una extraña sensación de comodidad me inundo, es como volver a convertirme en la Avox oculta. Camine por el salón que estaba completamente oscuro, seguí el pasillo hasta que vi que en la habitación principal la luz se colaba por la puerta abierta. Al cruzar el umbral veo a Seneca durmiendo boca abajo, su torso desnudo es bañado por la luz tenue de la lámpara. Lo odio, lo odio por tenerme aquí en vez de alejarse de mí.
- ¡Me compraste hijo de puta! – solo encontré una almohada a mano para lanzarle, el golpe lo despertó, Seneca me miraba desorientado - ¡Pensé que aunque estuviéramos en bandos contrarios podía confiar en ti!
- ¡Katniss! ¿Qué haces aquí?
- ¡tú me compraste! – volví a azotarlo con la almohada, él se protegió con su brazo - ¡reconócelo!
- ¡no sé de qué me hablas!
Salte sobre el tratando de sacarle la piel a tiras con mis uñas, pero nunca había tenido la ocasión de comprobar su fuerza y resulto que logro inmovilizarme con rapidez. En el forcejeo las sabanas de seda se deslizaron hasta el suelo. Seneca solo usaba unos bóxer negro. Su turso desnudo, ligeramente tostado y con cada musculo marcado por la fuerza que ejercía en mí. Era guapo, muy guapo. Solo un ciego no se daría cuenta. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Él podría obligarme a tener sexo con él.
- ¿Por qué Seneca? Pudiendo tener a cualquier chica ¿Por qué yo?
- Uno no manda en el corazón Katniss. Eso deberías saberlo tu mejor que nadie – sus ojos recorrieron mi cuerpo, mi mirada siguió su trayectoria viendo que en el forcejeo el abrigo se abrió mostrándole mi sugerente ropa interior. Seneca trago con fuerza – Te juro que no te compre Katniss ¿Cómo podría? Ya no estás en La Agencia.
- Entonces ¡¿Qué hago aquí?!
- ¿Quién te trajo? - Seneca volvió a concentrarse en mi rostro y vi en sus ojos genuina confusión.
- Ayer compraron a Johanna y le dijeron que hoy me tocaba a mí. Hace un rato unos Agentes de la Paz me sacaron del piso 12.
- ¡¿Agentes de la Paz?! – ahora su rostro mostraba pánico.
- Si – Seneca se sacudió para poder salir de la cama, tomo de una silla un pantalón de chándal - ¿Qué pasa Seneca?
- Tenemos que correr ¡ Vamos! – me ofreció su mano, dude en tomársela – dijiste que a pesar de todo confiabas en mi ¡Vamos!
Tenía razón, confiaba en él, me amaba podía sentirlo, me escondió, me protegió e incluso me perdono cuando supo lo de Peeta. Seneca se veía completamente aterrorizado, sus manos temblaban mientras se ponía una camiseta. Cuando estuvo vestido tomo mi mano y me saco casi corriendo de la habitación, en el salón tomo una llave, fuimos al ascensor y el presiono el botón para llamarlo. Una luz arriba de las puertas indico la llegada del ascensor, cuando las puertas se abrieron nos vimos cara a cara con los ojos de víbora del Presidente Snow.
Instintivamente Seneca me posiciono detrás de el para protegerme, Snow dio dos pasos para salir del ascensor y detrás de él un gran contingente de Agentes de la Paz. Estábamos rodeados.
- Sepárenlos – ordeno Snow. Seneca lucho en vano para mantenerme alejada de ellos, el grupo de soldados se división en dos y en un solo movimientos nos inmovilizaron a los dos. Mientras uno me apuntaba con el arma, dos me sujetaban cada uno de un brazo, mientras un cuarto me sostenía de los hombros obligándome a arrodillarme en el suelo. A Seneca lo tenían igual que a mí.
- Señor Presidente ¿Qué está pasando?
- Todo será más rápido si prometemos nos mentirnos – el camino hasta uno de los sillones de la sala y se sentó cómodamente. Hasta a mi llegaba el desagradable olor de rosas y sangre.
- No entiendo señor – Seneca sonrió despreocupado. Fingía – yo solo quería pasar una noche con ella Señor. Usted entiende.
- Lo que entiendo Seneca es que tu querías pasar todas las noches con ella - eso borro la sonrisa de Seneca – incluso intentaste fugarte con ella – él lo sabía todo.
- ¿Qué es lo que quieres? – le pregunte directamente, una de las manos que me tenían cautiva estrujo mi hombro. No pude evitar gritar de dolor.
- Querida. Lo único que te pedí es que te mantuvieras alejada. Siguieras siendo la puta que eras ¡todo estaba bien! Pero aquí estas, siendo uno de los Tributos – su sonrisa Cortez desapareció, nunca había visto una mirada tan fría – fuiste inteligente y dejaste a tu pequeña hermana a buen resguardo. Pero tus otros aliados están en la palma de mi mano y en cualquier momento los puedo aplastar.
Snow hico un gesto hacia unos de los Agentes a mi espalda, el camino por mi lado hasta que vi un enorme cuchillo en su mano, deje de respirar por unos segundos.
- Acérquenla – mando el, y el grupo que me tiene inmovilizada me arrastro por la alfombra hasta quedar a centímetros de Seneca. El hombre tomo mi mano y coloco la empuñadura en él. Luego con su mano cerro mi mano para que quedara firme.
- La compre para ti esta noche – dijo Snow, se levantó del sillón y camino detrás de mí, tomo el cinto de mi abrigo y lo abrió dejando a la vista mi ropa interior – es hermosa lo sé, pero nunca debiste perder la cabeza por ella. Quería darles tiempo para que se despidieran, pero parecía que tu tenias mucho apuro por sacarla de casa.
Me sacudí, incomoda por su contacto, desesperada por cubrirme otra vez. Seneca miraba a Snow con los ojos desorbitados y la b oca abierta. Temblaba y su frente estaba mojada de sudor. Snow camino hasta quedar por detrás de él y luego timando su cabeza y tirándola para atrás, me expuso su cuello.
- Quiero que entiendas Katniss que la sangre de quienes te apoyan esta en tus manos – una sonrisa casi parte su rostro, era diabólico. Snow le hizo otro gesto al hombre del cuchillo. Inmediatamente el empuja mi mano hacia el cuello de Seneca.
- ¡No! – tiro fuerte de mi brazo, trato de abrir mi mano, pero nada funciona - ¡Por favor no! - la presión se hace cada vez más fuerte sobre mis hombros y mi brazo. El cuchillo toca la garganta de Seneca.
- ¡Katniss te amo! – dijo Seneca con la voz entrecortada - ¡nunca dejes de luchar! – grite, de impotencia, de dolor. El hombre volvió a empujar mi mano hundiendo el cachillo en su cuerpo. Sentí como la hoja choco contra su tráquea. La sangre rojo brillante salía a en un chorro pulsatorio. Bañando mí pecho.
Cómo están? Yo aquí, pase por mi estado mundial, luego por la depresión post eliminación, luego tuve que hacer un curso a otra ciudad, pero ya tengo mi licencia para trabajar. Esas son mis excusas. Por eso este cap es mucho más largo de lo común, en compensación a mi tiempo desaparecida.
¿Qué les pareció el cap? Espero que lo disfruten, ya saben cualquier cosa, comentario, critica, lo que sea me lo dejan en un comentario que a mi tanto me gusta, para saber de ustedes.
Nos leemos pronto
Arroz
Iris
