Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 42: "Los recuerdos"
¿Dormimos? No lo sé. Pasamos la noche abrazados, a medio camino entre el sueño y la vigilia. Sin hablar. Ambos temiendo molestar al otro con la esperanza de que seamos capaces de almacenar unos pocos y preciosos minutos de descanso. Cinna y Portia llegan al amanecer, y sé que Peeta se tendrá que ir a preparar.
- Hasta pronto mi amor – me da un dulce beso y se marcha.
Cinna, que me ayudará a vestirme para los Juegos, me acompaña hasta el Centro de Entrenamiento donde se encuentra "La Arena". Mientras caminamos los vacíos pasillos él me susurra.
- Tus aliados trataran de tomar la Cornucopia – eso es todo lo que me dice, luego tomamos un ascensor y nos encaminamos hasta el camerino.
Me saco toda la ropa, para ponerme una bata azul abierta adelante que tiene unas amarras para cerrarla. Cinna me pone un abrigo largo color negro para que me pueda tapar más. Unas pantuflas blancas para poder caminar por las frías baldosas. Veo a mí alrededor que todas las chicas visten igual.
Llegamos a "La Arena", los tributos hombres aún no han llegado, Cinna me acompaña hasta mi cama que está en el fondo del salón. Me quito el abrigo negro para acostarme. Cinna me arropa como si fuera una niña, acariciando mi cabello.
- Gracias por toda la ayuda – le digo de corazón.
- Recuerda una cosa Chica en Llamas: Aunque no se me permite apostar, si pudiera, apostaría por ti – acaricia mi trenza una última vez y se retira.
Unos minutos más tarde aparece una enfermera a cargo de conectarme los cables y sensores para la realidad virtual, mi monitor empieza a sonar al ritmode los latidos de mi corazón. Revisa todo una vez más y luego empieza a empujar el embolo que contiene el suero.
- ¿Puedo ver a Peeta antes? – mi voz sale extraña, todo se vuelve borroso antes de escuchar la respuesta. Si es que hubo alguna.
Al extender mi mano toco cemento, asciendo a través de un tubo hasta que la luz me ciega por un momento. Trato de mantener el equilibrio al recordar que las minas aún están activadas bajo mis pies, luego recuerdo que nada de esto es real, solo está en mi cabeza. Pero mis sentidos captan estímulos tan reales que prefiero tomar todo esto como si fueran Juegos convencionales. Lo primero que atrapa mi atención es el olor a humo, cuando mis ojos se acostumbran a la luz veo que estamos en un tipo de plaza, rodeando la Cornucopia, y más allá de la cuadra veo edificios demolidos o en llamas, giro mi cabeza y encuentro el mismo paisaje desolador a mis espaldas, es una ciudad en ruinas, como si nos hubieran lanzado a un guerra.
"Damas y caballeros ¡Que comiencen los septuagésimo quintos Juegos del Hambre!"
Comienza la cuenta regresiva, 60 segundos. Busco con la mirada a Peeta, lo encuentra a 5 tributos a mí derecha, a unos 15 metros. A la misma distancia pero al otro lado esta Finnick. No veo a Johanna, quizás la tapa la Cornucopia. Veo todas las cosas que se encuentran ahí, cajas, mochilas repartidas alrededor y varias armas, está repleto, pero obvio todos lucharemos para ganar algo. Me pongo en posición para correr, veo como Peeta mueve su cabeza tratando de convencerme de que corra lejos del baño de sangre, pero estoy convencida ya que veo cerca del borde un arco tensado junto a un carcaj.
5…4…3…2…1…gong.
Corro sin siquiera mirar a los lados ni detenerme ante nada hasta llegar al arco, solo tendré una oportunidad. Cuando solo me faltan dos metros algo me hace caer. El hombre del 6 rueda sobre mí y me lanza un golpe a la mandíbula. Todo es muy rápido, otra sombra se lanza sobre mi atacante liberándome. Me paro rápidamente, veo que es Peeta el que lucha ahora a mano desnuda con el tributo del 6. Me lanzo por el carcaj lo cruzo en mi hombro, saco una flecha, la tenso en el arco y disparo. ¡Pum! El primer cañón y es por mi culpa, ayudo a Peeta a salir de debajo del cadáver. El corre desbocado a la Cornucopia para alcanzar una espada. Por la otra entrada veo a Johanna peleando con otra mujer. Antes que pueda reaccionar, ella toma un puñal de entre todas las cosas y se la clava en el cuello.
- ¡Johanna! – grito, ella se da vuelta y corre hacia nosotros.
- ¡Katniss! – Grita Finnick que también está llegando a nuestro lado – súbete a la Cornucopia y cúbrenos.
Es una idea brillante, él y Peeta me elevan hasta la cima, que es plana y permite una vista panorámica de toda la plaza. Veo a lo lejos como un tributo corre hasta perderse por las calles. ¿Qué pensaran ahora de la prostituta cuando vean lo letal que puede ser con un arco? Una de las profesionales me ve posicionada arriba y cambia inmediatamente de rumbo para esconderse tras una esquina, al otro lado de la plaza solo un hombre corre hacia nosotros, noto que aún no me ha visto así que le lanzo una flecha con toda la intención de que pase a centímetros de él. Cae de la impresión, yo cargo otra flecha y le apunto. El tributo se para y corre hacia un edificio sin mirar atrás.
- ¡La plaza esta despejada! – grito hacia abajo.
- Quédate ahí Katniss hasta que terminemos de revisar todo – vuelve a gritar Finnick.
Saco una flecha y la posiciono, lista para disparar en cualquier momento, algo llama mi atención detrás de mí, tenso la liana y me doy vuelta. Es Mags junto a Beetee y Wiress, los tres caminan tranquilamente hacia donde están los demás, los escucho hablar mientras revisan todos los suministros de la Cornucopia. Nuestra alianza esta completa, 7 personas que tenemos que mantener viva a como dé lugar, solo tres días de lucha antes de salir de aquí.
- ¿Cómo se ve todo Katniss? – me grita Finnick.
- No se ve a nadie más.
- Entonces baja. Nos vamos.
Camino hacia el borde, lanzo mi arco y me preparo a saltar cuando veo aparecer a Peeta que me extiende sus brazos para recibirme. Me lanzo a ellos, pero llevo mucho impulso y al final los dos caemos al piso.
- Hola de nuevo – me dice Peeta, me da un besito.
- Hola – me paro y le extiendo una mano para ayudarlo – Muchos corrieron hacia esa dirección – le comento a todos, mientras apunto hacia el norte – deberíamos ir en la dirección contraria.
- ¡Si vamos! - grita Finnick, haciendo gestos para que nos movamos.
Peeta me da una mochila que pesa mucho. Además él lleva cruzados un carcaj y un arco extra, además de cuchillos. Nos tomamos de la mano y empezamos a trotar hasta la primera calle. De inmediato nos encontramos con un obstáculo, los edificios están en ruinas y los escombros dificultan nuestro avance. Unas zonas aún están en llamas, como si hubieran caído bombas. A veces es difícil respirar.
- ¿había comida? – le pregunto a Peeta.
- Muy poca, galletas saladas y jamón. Nada consistente.
- Mmm – no puedo ocultar mi preocupación – aquí no creo que pueda cazar algo.
- Más me preocupa la gran cantidad de agua que había en la cornucopia – me comenta Peeta – eso me da a sospechar que no habrá ninguna otra fuente en esta ciudad. Por eso las mochilas están tan pesadas.
- Vale la pena cargarlas.
Veo a lo lejos oscuras nubes, promesa segura de una tormenta, me preocupa que nos afecte un tiempo tan inclemente. Además al doblar una esquina nos encontramos con la calle bloqueada por el derrumbe de un edificio. La única opción es regresar.
- Finnick ¿Cuándo crees que llegara la tormenta? – le pregunto mostrando las oscuras nubes que se cierran en el horizonte, el como hombre de mar entiende más del clima.
- Llegará al anochecer, es mejor buscar refugio.
Así que lo primero que hacemos es buscar alrededor un buen lugar para pasar la noche. Tras recorrer un par de cuadras Peeta encuentra un centro comercial, tiene la parte posterior derrumbada por culpa del edificio vecino, pero no está en llama. Lo que más nos atrae es que tiene tiendas con ropa, utensilios e incluso comida. Aunque la mayoría está podrida, las conservas y alimentos no perecibles están intactos.
- ¡Increíble! Es como una segunda Cornucopia – exclama Johanna recorriendo todo con la mirada.
Y como si su voz hubiera detonado algo, todo nuestro alrededor desaparece y somos transportados a un bosque de pinos, la fragancia del ambiente me embarga tomo una inspiración profunda con los ojos cerrados. Cuando los abro veo frente a mí a Johanna con una pequeña como Prim pero indudablemente parecida a mi amiga.
Johanna está a dos metros a mi derecha, su rostro pasmado por la impresión de las imágenes, veo que Peeta también las ve. Nuestros recuerdos pienso, ahora vemos uno de Johanna y de seguro todo Panem ve lo mismo, es tan real tan nítido, estoy segura de que esta nueva innovación será el máximo goce del público. Johanna que se ve un poco más joven le pasa un hacha a la niña.
- No la tomes así – Johanna le separa las manos en el mango del hacha – así es más seguro que no se te resbale.
La niña alza el hacha tomando impulso y con todas sus fuerzaspara cortar una astilla. Pero falla y el hacha cae a la derecha. Johanna ríe feliz, radiante, sin una pisca de su soberbia y fuerza arrolladora característica, lleva el cabello más largo y sus mechones vuelan por el viento.
- Vuelve a intentarlo – le dice Johanna a la pequeña con la sonrisa más dulce que he visto en su rostro.
Y la ilusión se ha ido, volvemos a estar en el centro comercial en ruinas, nadie es capaz de decir ni hacer nada, Johanna da un par de vueltas en sí misma como para comprobar que la imagen se ha ido y luego golpea un panel que cae estrepitoso al suelo. Mags sale del aturdimiento extendiéndole sus brazos donde Johanna se deja acunar y ambas se van a un rincón de la habitación.
- ¿Quién era la niña? – me susurra Peeta. A mi mente llega un recuerdo de Johanna contándome su verdadera razón para ser una rebelde.
- Su hermanita, supongo.
Todos nos ponemos a preparar nuestro refugio para la primera noche. Mientras yo busco madera para encender un fuego, veo a Peeta y Weress buscando latas de conserva para comer, Finnick y Beetee buscan una habitación para dormir. Encuentro en una de las tiendas una ferretería donde encuentro madera y cordel, Johanna me ayuda a cortar la madera en astillas más pequeñas para que prendan. Finnick ha elegido el rincón más cercano al derrumbe para el fuego ya que la estructura rota permitirá al humo salir y a la vez que la luz no sea vista desde el exterior.
- Vamos a hacer una última ronda por los alrededores antes de que anochezca y empiece a llover – ordena Finnick. Al final el, Johanna y Beetee salen al exterior, Mags y Wiress se quedan cuidando el fuego y Peeta y yo tendremos que subir el edificio para tener una vista completa de la ciudad.
Nos cuesta encontrar una escalera, recorremos algunos pasillos a oscuras hasta dar con ellas. Subimos en silencio, pareciera que no hay mucho que decir. Veo a Peeta mas resignado a tenerme aquí. Como no me gusta verlo así me acerco rápida y le robo un beso.
- ¿Qué fue eso? – me pregunta indignado.
- ¿Cómo que qué fue eso? ¿acaso no puedo darle un beso a mi esposo? - Peeta hace como que piensa en la respuesta.
- No – dice al fin.
- ¡¿No?!
- ¡NO! – Peeta ríe al fin, con su mirada coqueta que hace que me derrita – no a menos que sufras las consecuencias.
- ¡Las consecuencias! – asiente mordiéndose el labio para evitar reír, toma fuerte mis caderas y me empuja contra la pared.
El beso es arrebatador, como si Peeta exigiera lo que es suyo, siento su cuerpo presionando el mío, es como si el me cubriera con un manto de fervor. Pasamos así segundos, minutos, preciado tiempo en donde solo somos los dos. Hasta que nos separamos lentamente, con la respiración acelerada. Yo le doy varios besitos cortos hasta separarnos definitivamente.
- ¡Mi amor! Te vez tan preciosa sonrojada – aunque me encanta que me diga esas cosas que demuestras su amor eterno por mí nunca se cómo reaccionar ante ellas.
- Es mejor que sigamos subiendo – Peeta retrocede dos pasos.
- Tienes razón – él sonríe con pesar – vamos.
Subimos cuatro pisos hasta llegar a un balcón que da hacia la calle más despejada, pongo una flecha en el arco, pero no se ve nadie en los alrededores. Los cielos están grises y a lo lejos se ven montañas cubiertas de nubes y lluvia. La tormenta llegara esta noche.
- ¿crees que saldrán más recuerdos de nosotros durante los Juegos? – pregunta Peeta – es como si las escenas las sacaran de nuestra cabeza.
- Sí. Creo que si – eso también me preocupa, hay tanto que quiero esconder, hay tantas cosas que he hecho y quiero olvidar. Y sobre todo no quiero que todo Panem lo vea. Ni que Peeta lo vea.
Peeta toma la punta de mi trenza y la acaricia con cariño y mimo, durante un momento que parece una eternidad nuestras miradas se conectan y permitimos que el otro vea nuestras almas, nuestros miedos y un poco más profundo nuestro amor. Todo a nuestro alrededor desaparece, los Juegos, las muertes, nuestros enemigos, Panem entero. Peeta se acerca a mí y captura mi labio superior, luego el inferior dándole un pequeño mordisco. Me acurruco en su pecho para recibir su beso y su pasión. Hasta que recuerdo que todo Panem estará pegado a sus proyectores sin perderse cada segundo y eso hace que me detenga y lentamente me separe de él. Un trueno ilumina todo el cielo y segundos después el ruido llega a nosotros.
- Deberíamos bajar mi amor –le sonrío de vuelta y ambos volvemos a la escalera.
- ¿un último beso? – le susurro, su sonrisa es tan grande que parece que me sonriera con sus ojos, sus margaritas, con todo. Me abraza y lentamente me da un dulce beso que sabe a canela.
Cuando llegamos con los demás la cena esta lista. Finnick, Johanna y Beetee han traído una canasta con pan que llegó a través de un patrocinador.
- Dos docenas de panes del distrito 2 – comenta Peeta al verlos. Trato de parecer relajada aunque mi corazón va a explotar de nervios y emoción. Es la clave, 24 panes es 24 horas, Distrito 2 es día dos de los juegos.
- ¡no pasaremos hambre! – Finnick se ve emocionado, reparte tres panes a cada uno, deja los otros cuatro para la mañana siguiente.
Peeta me pasa una conserva de estofado de cordero, que junto al pan hacen una cena sustanciosa, ahora en lo único que escaseamos es en el agua. Todos sentados frente al fuego, bajo la protección de un techo que nos cubre de la tormenta que acaba de empezar sobre la ciudad. Repartimos los turnos de guardia, Peeta y yo nos quedamos con el primero.
Miro la canasta que ahora solo contiene cuatro panes, de seguro el mismo Plutarch Heavensbee está detrás de la clave. Mi mente vaga hasta Seneca ¿y si hubiera sido sincera con él sobre el plan? ¿Lo habría convencido de unirse a la Resistencia? ¿Habría podido evitar su muerte?
Al igual que la vez anterior, todo nuestro alrededor fue reemplazado por una escena completamente distinta. Mirara donde mirara veía lo mismo que veían todos a mí alrededor, lo que todo Panem veía. Sentí el hielo corriendo por mi espina dorsal, mi esófago se hizo un nudo en mi pecho junto con mi corazón y mis pulmones, ya que me costaba tragar, respirar, vivir. Porque reconozco la escena, soy yo y Seneca en su departamento, la segunda vez que el me compro. Veo a Peeta a mi lado, su rostro terso, sin demostrar ningún sentimiento, de seguro tratando de encontrar fuerzas de flaqueza para presenciar lo que se va a mostrar.
Estoy parada frente a los grandes ventanales del departamento de Seneca, la vista de toda la ciudad es mágica durante la noche con todas sus luces y colores.
- Parece que de verdad te gusta la vista – dice Seneca a mi espalda.
- Se lo dije. Nunca había imaginado que era así – se acerca a mí con dos vasos de un trago espumoso.
- ¿quieres valentía Katniss?- acepto el vaso con una sonrisa, alzamos las copas para un brindis y tomamos – quítate el abrigo – me ordena.
- No.
- ¿no? Parece que no has aprendido nada Katniss – me advierte severo – no puedes decirme que no.
- Lo siento – bajo la mirada a mis manos – quise decir aun no – Seneca ríe por mi respuesta. Él me sirve otro trago, ambos nos sentamos en el gran sofá para ver la ciudad, el silencio era cómodo, tanto que me hizo hablar más de la cuenta.
- Tienes razón – Seneca alza una ceja interrogativa – no he aprendido nada, estoy tan perdida como la semana pasada.
- Mmm creo que te di demasiada valentía – me dice con falsa indignación – podría quejarme del servicio.
- ¿acaso vengo con garantía? – sonrío siguiéndole el juego.
- Por lo que page por ti ¡pues claro!
- ¿Cuánto cuesta una noche conmigo?
- ¿de verdad quieres saberlo? – me advierte, yo asiento con la cabeza, tengo curiosidad – 12.000.
- ¡estás de broma! – el solo niega con la cabeza, yo no lo podía creer, ni ahorrando toda mi vida podría juntar esa cantidad de dinero – si yo fuera tú me sentiría estafado.
- ¿Por qué?
- ¡porque soy un asco en la cama!
Seneca ríe con ganas, me quieta mi vaso de valentía y la deja en la mesa de té junto a su trago. Se levanta del sillón y me extiende una mano para que yo también me pare.
- ¡Eres hermosa Katniss! Puedes hacer que un hombre pierda la cordura - se acerca tanto a mí que nuestros pechos chocan al inhalar, podía sentir su perfume, sentir su calor – has hecho que yo pierda la cordura.
Toma el lazo de mi abrigo y lo abre, después va botón por botón hasta dejarme expuesta solo en una bata de seda negra. Sus labios están tan cerca de los míos que parece que me va a besar, pero solo frota su nariz con la mía, luego recorre la línea de mi mandíbula son sus labios hasta bajar a mi cuello.
- Yo te puedo enseñar Katniss como darle placer a un hombre – su voz es ronca y masculina. Llena de deseo.
- No creo que sea lo correcto – solo logro susurrar.
- Créeme Katniss, será un gran placer para mi ser tu profesor – recorremos el pasillo hasta llegar a su habitación, antes que me pueda sentar en la cama me ordena.
- Desnúdame.
Peeta sigue mirando atento y sin expresión todo lo que pasa, me doy vuelta pero la visión de mi misma sacándole los pantalones a Seneca me sigue. Johanna se gana a mi lado y toma mi mano con fuerza para darme ánimo. Me mira a los ojos y en los suyos solo veo lastima.
- Tómalo Katniss. Acarícialo - bajo la mano hasta tomar su miembro grande y duro- cuando haces eso Katniss tienes a un hombre literalmente en tus manos.
La Primera reacción de Peeta es correr la cara, cerrar los ojos ¿seguirá viendo lo que pasa? Cierro mis ojos también, pero no resulta ya que sé cómo sigue todo, ya lo viví.
Seneca desata las tiras de mi bata y esta cae alrededor de mis pies, mis pechos se ven llenos, mis pezones excitados por sus mimos y toques. Él toma un pecho en sus manos, siente su peso, pellizca mis pezones y luego los besa, arrancándome los primeros gemidos de placer.
Por fin la visión desaparece, Johanna pasa un brazo sobre mis hombros y yo me dejo acurrucar porque no me di cuenta en que momento me puse a llorar. Todos se retiran en respetuoso silencio.
- Tranquila Katniss – Johanna me acaricia el cabello con mimo – sé que es difícil de ver. Tienes que estar tranquila.
- ¡Empezare mi guardia! – grita Peeta para todos, se va de la sala golpeando la puerta. Eso solo me hace llorar más.
- Eso es lo que quieren los Vigilantes – dice Johanna, tratando de serenarme – nos quieren quebrar psicológicamente. No les des en el gusto Katniss.
- Tienes razón – tomo grandes bocanadas de aire, tratando de dejar de llorar. Cuando lo logro tomo el arco y el carcaj y me dirijo a la puerta – voy a acompañar a Peeta en la guardia.
- ¿no quieres que te cambie el turno?- me pregunta Johanna.
- No.
- Bueno – ella medita un momento sus palabras – no lo presiones Katniss.
Sin ningún otro comentario salgo a la gran galería que da a la entrada del edificio, veo a Peeta caminando tenso por el largo pasillo, por las ventanas las únicas luces que se ven son las de los trueno. Pongo una flecha en mi arco lista para atacar y me apoyo contra una columna. Peeta ha notado mi presencia y ha dejado de dar tantas vueltas. Varios minutos han pasado en silencio, pero cada vez me voy relajando más, dispuesta a responder sus dudas o acompañarlo hasta que se serene.
- ¿Sabes Katniss? Ahora me doy cuenta que no somos un verdadero matrimonio – me cuesta ver su rostro en la oscura galería.
- ¿Qué quieres decir? – mi voz sale temblorosa, mi corazón se ha hecho un nudo – tu estuviste ahí en nuestro tueste, compartimos el pan, nos comprometimos.
- Lo sé. Yo me comprometí contigo en conciencia y de todo corazón, pero no me refiero a eso - Peeta se acerca más a mí y por fin veo que está llorando – me refiero a que no confiamos entre nosotros. Y no te puedo culpar, tu solo quieres olvidar y yo no te quiero contar mis miedos y preocupaciones porque no quiero preocuparte más, ya tienes muchas cruces que cargar.
- Peeta – a pesar de estar tan cerca no me atrevo a tocarlo ya que su rechazo me dolería mucho – tu siempre puedes confiar en mí, aunque lo que me tengas que decir sea doloroso. Solo dime lo que sientes ¿ya?
- Yo siempre pensé… - Peeta trata de ordenar las palabras - … que sufrías cada vez …
- Tienes razón. Sufría mucho –yo también me tomo un momento para abrir mi corazón para que las palabras surjan de el – pero el cuerpo es traicionero Peeta. No diferencia entre tus manos o las de Seneca o de cualquier otro cliente – nos miramos a los ojos y me siento extrañamente ligera al confesarle esto – eso hace que me sienta tan sucia y puta – rio amargamente – que no se te olvide Peeta que tu mujer es una puta.
- Pero ante todo mi mujer – el da un paso hacia mí y con su mano acaricia mis mejillas – te prometí que nunca te juzgaría y ahora te entiendo más que nunca. Yo mismo te convencí de que hay cosas que valen y otras que no. Pero verlo convierte todas mis pensadillas en realidad.
- Fue real Peeta. La Agencia es real. Los Juegos son reales. Todo este dolor e injusticia son reales – alzo mi mano para limpiar las lágrimas que corren por el rostro de mi amado – Mi amor por ti es real Peeta Mellark.
- Yo también te amo Katniss – Ahora llora desconsoladamente – Siempre.
Nos acercamos lentamente para el ansiado beso hasta que una sombra se alza detrás de Peeta, son solo dos segundos en donde logro empujar a mi esposo a un lado. Alcanzo a sacar le flecha del carcaj cuando el atacante se lanza sobre mí y me quita el arco. Con la flecha lo apuñalo en el cuello hasta que mi atacante cae muerto sobre mí.
¡PUM!
¡Empezaron los juegos! (debo confesar que fue un gran desafío escribir peleas y acción) espero de verdad les guste pero ya saben cualquier cosa me la dejan en los comentarios.
Les quería comentar de que esta historia cumplió un año desde que la empecé a escribir, quiero darle las gracias totales por los 298 comentarios, 94 favoritos, 102 suscritos y 37.045 visitas. Ustedes han impulsado la historia a límites que ni yo imaginaba. Espero que sigamos juntas para descubrir el final de nuestros trágicos amantes.
Nos leemos pronto (antes de lo que esperen)
Arroz
Iris
