Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 43: "Mío"
- ¡Nos atacan!
Finnick es el primero en llegar a la oscura galería. Las sombras ocultan al resto de nuestros atacantes. Doy un paso y tropiezo con el cadáver del tributo que asesine. Un trueno ilumina el cielo y parte de la luz se derrama dentro del centro comercial. Veo una sombra correr tras una pared. Saco una flecha y la tomo como si fuera un puñal, en esta oscuridad es imposible hacer un tiro certero.
Los demás se reúnen con nosotros, las señoras se quedan en la retaguardia protegida por nuestras armas. Un nuevo trueno ilumina la noche, no se ve nada.
- Tenemos que salir – susurra Finnick.
- ¿Cómo?- pregunta Johanna.
- Tendremos que enfrentarnos a ellos, correr hasta la calle donde habrá más luz – nuestro silencio es nuestra respuesta, él la toma como un si – a la cuenta de tres – Peeta se gana a mi lado y toma mi mano con fuerza. No logro ver su rostro – uno, dos… tres.
Peeta corre muy rápido, casi arrastrándome con él. Johanna corría a mi izquierda, pero ya no siento a nadie a ese lado. Finnick grita a lo lejos en el fervor de una pelea. Llegamos a la calle y rápidamente tenso una flecha. Un cañón resuena en el cielo, Johanna aparece de la galería segundos después.
- ¿Quién fue? – pregunta Peeta.
- No sé, no vi nada – Johanna jadea por el esfuerzo - ¿nadie más ha salido? – Peeta y yo negamos con la cabeza. Un nuevo trueno resuena ahora sobre nosotros, se sienten más cercanos y poderosos. Son capaces de quitarnos la vida. Aunque la luz que emitió no era blanca, sino naranja rojiza.
- Eso no fue un trueno, parece una bomba ¡miren! – Peeta señala un edificio en llamas a unas cinco cuadras.
Lo primero que note fue el suelo temblar, después el calor que reseco mis ojos y mi nariz, por ultimo una fuerza invisible me empujó hacia atrás, siento a Peeta caer sobre mí. No escucho nada, solo veo fuego. Peeta toma mi mano y me tira para ponerme de pie, nuevamente me obliga a correr tan rápido como el, pero más bombas caen sobre nosotros. Caemos, el fuego nos cierra el paso, pero Peeta me guía en mi desorientación por las calles de la ciudad, lo veo hablarme, pero solo escucho un pito agudo que rompe mi cabeza de dolor. Una nueva bomba cae en el edificio a nuestro lado y escombros caen sobre nosotros. Peeta me empuja bajo un umbral, pero siento como él cae soltándome la mano.
Lo busco con desesperación, pero la caída del edificio ha cubierto todo de polvo y humo. Grito su nombre aunque escucho mi voz lejana. Luego de dar unos pasos hacia atrás los veo, su pierna ortopédica está atrapada bajo unos escombros.
- ¡Katniss corre! ¡déjame y corre! – escuche un poco más fuerte.
- ¡estás loco! No te dejare.
Tomo el escombro más pesado y trato de levantarlo, mas bombas estallan a nuestro alrededor. Logro correr un poco el pedazo de cemento, veo su pierna ortopédica torcida y aplastada. Ya no podrá seguir caminando con ella. Abro los broches para liberar su pierna.
- ¿Katniss que haces? ¡vete! ¡corre! – grita por el pánico.
- ¡Peeta basta! – le tomo el rostro para besarlo – por favor, tranquilízate y agárrate de mi hombro.
- No podrás …
- ¡si podre! – nos vemos a los ojos un momento - ¡ya verás que si podre!
Ya ambos presos del pánico, tratamos de avanzar lo más rápido posible, Peeta trata de dar saltos y no cargar todo su peso en mí, mas bombas nos botan al suelo. Veo una entrada para un subterráneo, dando tumbos nos dirigimos hacia él.
- ¿y si se derrumba la entrada? ¿si quedamos atrapados? – pregunta él.
- No tenemos otra opción ¡rápido!
Bajamos hasta el último nivel posible, la oscuridad nos rodea por completo. Mi audición vuelve a la normalidad ya que escucho a Peeta jadear por el esfuerzo. La estructura tiembla por la caída de las bombas. Cuando considero que estamos lo suficientemente abajo, ayudo a sentar a Peeta y yo me gano al lado.
- ¿Cómo estarán los otros? – pregunta Peeta.
- Lo sabremos cuando termine toda esta locura – la oscuridad crea una extraña sensación de vacío y soledad, me apoyo en el hombro de Peeta para recordarme que no estoy sola - ¿estás bien? ¿no te golpeaste en otra parte?
- Estoy bien, solo se molió la pierna.
Después de un tiempo siento como Peeta se recuesta sobre el piso, yo apoyo mi cabeza en su pecho. Creo que dormimos un poco, la oscuridad hace perder la noción del tiempo.
La luz del amanecer se derrama a lo lejos por las paredes y pisos más cercanos a la entrada al subterráneo. El aire es frio y húmedo, Peeta me abraza con fuerza, pero no podemos evitar temblar.
- Katniss despierta – siento su dulce toque sobre mi cabello.
- Estoy despierta – me acerco para darle un beso de buenos días, pero él lo profundiza al instante. Toma mi nuca para evitar que me aleje de él hasta que nos falte el aire.
- Tuve miedo – me confiesa.
- Yo también – tras otro beso me levanto – iré a ver por aquí.
- Bueno yo te espero aquí – lo veo frustrado, sé que le molesta quedar inválido a mitad de los juegos. Le doy otro beso, tomo mi arco y el carcaj y salgo.
En la superficie lo único que puedo ver es polvo y humo. La lluvia ha desaparecido y las bombas también, pero toda la devastación esta frente a nosotros. Trato de rodear la calle, escombros e incendios me dificultan la tarea. No me atrevo a gritar, tendremos que esperar hasta la noche para saber quién ha caído. Entre tanto caos no escuche los cañones. Frente a mis ojos cae un paracaídas atado a una canastita. 2 docenas de panes del distrito dos. Me obligo a poner cara de agradecimiento, sin demostrar la emoción y esperanza que anidan en mi corazón. Con Peeta convaleciente solo nos queda esperar. Al regresar lo encuentro mucho más cerca de la entrada que antes.
- ¿Por qué te moviste? – trato de sonar severa.
- No puedo estar quieto. Me preocupo – veo sus lindos ojitos azules, pero me mantengo fría con el - ¿encontraste algo?
- Esto – le muestro la canasta con pan y agua. Ambos nos sentamos a tomar desayuno.
- ¿Qué hora crees que sea?
- Como las nueve ¿Cómo está tu pierna?
- Molida – Peeta hace una mueca, está molesto, yo no comento nada más.
Después de mediodía, vuelvo a salir del subterráneo en busca de Johanna y los demás. No puedo dejar de pensar en ella, yo la metí en esta locura de ser voluntarias, me consuelo pensando que ella es capaz de cuidarse sola y que lo más probable es que este con los demás. Suena el cañón mandando mi poca tranquilidad al carajo.
- ¡Peeta! – grito en cuento entro al subterráneo.
- ¡Katniss! – me grita de vuelta y siento que mi corazón da el primer latido desde el cañón, dejo de correr y me doy cuenta de lo aterrada que estaba, lo veo arrastrándose por el suelo- ¡Katniss me tenías preocupado!
- Oí el cañón… volví corriendo… - mi voz sale entrecortada por la carrera y en cuanto me siento a su lado el captura mi rostro entre sus manos y me besa. Con todo el mimo y devoción de su amor, yo también trato de poner todo mi corazón, pero a nuestro alrededor todo se transforma para dar paso a un recuerdo.
Ante mí y de todo Panem se muestra la plaza del Distrito 12, mucha gente está frente al edificio de Justicia, la multitud esta exaltada, muchos gritan, reconozco a la gente de La Veta. Desde la panadería esta Peeta y su padre viendo lo que ocurre.
- Padre ¿Qué ocurre? – pregunta Peeta.
- Hace muchos años, cuando recién me case con tu madre paso lo mismo – el panadero se ve abatido, como si cargara sacos de harina sobre sus hombros y por primera vez sintiera todo su peso.
El alcalde se presenta ante la multitud, nunca lo había visto tan pálido y pequeño, lleva un papel en sus manos y los Agentes de la Paz apuntan hacia la gente para intimidar a la multitud. Peeta y su padre se acercan escuchar.
- Ayer el Capitolio recluto a ciudadanos del Distrito para el honor de servir en la ilustre capital. Los familiares de la lista oficial recibirán el pago por los servicios prestados cada mes.
- ¡les pagaron! ¿Por qué nunca me dijeron? – le pregunte a Peeta.
- Porque nunca les pagaron – hay tanto dolor en sus palabras, sé que el recuerdo es suyo, pero me duele ver su sufrimiento a costa mía.
Cuando nombraron a Lana, un joven fuerte y moreno grito descontrolado y de un puñetazo rompió un letrero que estaba a su lado. La madre de Ailen lloro desconsolada en brazos de su marido cuando la nombraron.
- ¿ellas podrán volver? – le pregunta Peeta al panadero.
- La vez anterior ninguna volvió.
- ¡Katniss Everdeen! – grita el alcalde, Peeta se derrumba contra la pared.
- ¡Hijo tranquilo…!
- No … no … ella…no – ve para todos lados, a lo lejos veo a Prim llorar desconsolada junto a mi madre, Gale las contiene a ambas.
El alcalde termina el discurso y rápidamente la plaza se va despejando, el ambiente es igual a un día de cosecha, desolador, derrotista y sin consuelo. El escenario cambia rápidamente, ahora se muestra a Peeta corriendo por las calles de La Veta hasta que llega a mi casa. Afuera esta Prim sentada entre su cabra y su gato.
- Disculpa – veo como Peeta lucha por encontrar las palabras correctas, de seguro intimidado por los ojos rojos de Prim – supe que se llevaron a Katniss. Los siento tanto.
- ¿tú crees que la trataran bien?
- No – responde sinceramente.
- Yo tampoco. El hombre que se la llevo dijo que ella era la más bonita que habían encontrado y la miraron raro.
- Tu hermana es muy bonita.
- Lo sé y también sé que para ti es muy bonita – mi patito no deja de verse los zapatos, pero ahora se dirige directamente a Peeta – pero ellos se referían a la belleza de su cuerpo. Quizás sea mejor que olvides lo que ella fue para ti Peeta Mellark.
Peeta no lo resistió mas, volvió a correr hasta que se perdió entre las callejuelas de La Veta y lejos de las miradas de todos se tiro al suelo y lloro amargamente.
La imagen desaparece, Peeta oculta su rostro entre sus brazos y llora destrozado por el recuerdo vivido, me arrodillo frente a él y trato de abrazarlo, que me mire a la cara o cualquier cosa, pero el sigue oculto de mí.
- Peeta mírame… por favor – tomo su rostro entre mis manos y lo obligo a abrir sus ojos – te amo… te amo… Peeta mírame… te amo - No dejo de susurrarle cuanto lo amo, cuán importante es para mí y que a pesar de estar aquí estamos juntos.
- Pensé que te perdería… que no volvería a verte nunca más - su voz se rompe por la emoción.
- Peeta, mi amor, mi esposo, mi amante, mi amigo, mi protector, mi vida entera. Te amo
Lo beso, con mis labios delineo su boca, sus mejillas, su mandíbula. Veo como cierra los ojos para sentirme. Susurro palabras en su oído y siento como su cuerpo se estremece por el deseo.
- Mío, solo mío. Tuya solo tuya. Nadie nos separara nunca más – lo adoro con mimos y besos – estamos juntos.
- Eres tan hermosa Katniss – toma un mechón de mi cabello y aspira su olor. Luego baja hasta mi cuello, sus labios, su lengua, sus dientes, me hace temblar por completo de deseo – Pero este no debería ser tu final mi amor.
- Tú eres mi principio y mi final.
Me siento a horcajadas sobre él, nos besamos olvidándonos de respirar, de que todo Panem debe estar viéndonos ahora, solo nosotros, nuestro corazón y nuestros cuerpos existen. Peeta toma mis caderas con fuerza y me atrae más a él, siento su miembro abultado en mi entrepierna, lo devoro con más ansias haciéndolo gemir. Nos separamos por una bocanada de aire, como si fuéramos náufragos a punto de ahogarnos. Tomo su polera y la quito por sobre su cabeza. De inmediato bajo a su cuello para saborearlo, mientras mis manos recorren los caminos de su pecho, marcado, ardiendo hasta llegar al camino de bellos que se pierden es sus pantalones. Mi esposo gime con más fuerza.
- Katniss para… no podemos. Todos nos verán. Podríamos taparnos.
- No podemos taparnos, los vigilantes están en nuestras mentes. Peeta te deseo tanto.
- Entonces estamos perdidos – su voz se pierde entre mis pechos.
- ¿Por qué?
- Porque en lo único que pienso es en hacerte mía.
Me paro frente a mi esposo y empiezo a sacarme la ropa, la polera, el sostén. El no saca sus ojos azules de los míos, como si mi desnudez de alma fuera más fascinante para el que mi desnudez de cuerpo. Y él es el único que me ha visto así. Perdida en sus ojos de cielo, no me doy cuenta que él también se ha sacado el resto de la ropa.
Al sentarme sobre él, un escalofrió recorrió cada centímetro de mi cuerpo. Peeta recorrió mi espalda, sus manos dejaban exquisitos rastros de calor por donde pasaban. Nuestros besos conocieron nuevos límites, nos besamos demandantes, conquistadores del otro. Reclamando lo que nos pertenecía. Todo.
- Si he de morir ahora, estoy lista. E vivido lo bueno y lo malo, el amor y la entrega. La generosidad sin límite. Estoy lista, aunque no está en mis planes.
- No vas a morir – me asegura Peeta.
- Ni tu tampoco – no lo dejo decir nada más, alzo mis caderas y de un solo golpe e lleno de él.
No existe el espacio entre nosotros, Peeta toma mis caderas con fuerza y me abraza fuerte para sostenerme. Yo solo quiero más rápido y más fuerte, este hombre es mío y seria capaz de devorarlo. Muerdo su pecho y escucho un gemido agonico.
- Katniss … te aras daño.
- No … no… no… mas fuerte – y sin vergüenza de que todo Panem puede estar viéndonos, aumneto el ritmo y los gemidos. Nuestro extasis es largo, exquisito, arrebatador.
- Peeta te amo. No pares.
- Katniss. ¡oh Katniss!
Siento que voy a desfallecer. Me faltan las fuerzas para seguir montando a Peeta, pero no quiero parar. Quiero un orgasmo, tras otro, tras otros. Hasta que nuestras llamas sean consumidas por completo. Peeta nos da vuelta sin salir de mí, por la falta de su pierna apoya todo su peso en mí, sentir toda su piel, su peso como un manto protector, me lanza a un nuevo orgasmos. Peeta toma mis caderas con fuerza y pone mi pierna sobre su hombre, puedo sentirlo, su pene golpea profundo en mi matriz. Por fin nuestro fuego se apaga en un último orgasmo arrebatador.
- Peeta no pares ¡más fuerte!
- ¡Katniss! ¡Te amo!
- ¡PEETA!
Hola cómo están? Espero que muy muy bien :D les deseo un prospero y muy lindo año 2015 a todos.
Pido mil perdones por el GRAN atraso en mis historias, pero debo confesarles que no andaba muy bien, un poquito triste, perdida y estresada. Con cero animo de escribir ni hacer nada de las cosas que a mí me gusta. Con ese estado de ánimos las musas salieron huyendo. Pero ahora he estado un poco mejor, recordando porque amo escribir y que tengo un compromiso con ustedes que siguen las historias y conmigo misma de terminar este proyecto que empecé. Muchas gracias por su paciencia y perdón otra vez.
Ya saben cualquier cosa nos hablamos por comentarios y MP.
Nos leemos pronto
Arroz
Iris
