Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D
Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins
Capítulo 44: "Segundo día a la medianoche"
- ¿Tienes frio?
- Un poco.
Peeta me abraza como si él fuera mi manta. Sentir su peso es reconfortante, escuchar su acompasado corazón es tranquilizador. Por un momento en sus brazos me olvido de todo y me siento feliz. Mi chaqueta me tapa escasamente lo necesario, mientras que Peeta se tapa con su polera. Por un momento pienso en Prim y los nervios vuelven por lo que ha pasado.
- Mi amor, deberíamos vestirnos – mi voz sale en un susurro.
- Bueno. Pero estás sentada sobre mi pantalón – no puedo evitar ponerme juguetona.
- Sácalo si quieres.
Peeta agarra la prenda, pero la aprisiono con mi cuerpo para que no la pueda sacar. El tira con más fuerza, pero no logra su cometido. Me sonríe travieso, mientras que yo trato de besarlo para que se olvide del estúpido pantalón. El corre su cara y mis labios rozan su mejilla. Peeta baja poco a poco, besa mi mentón, mi cuello, el inicio de mis pechos, mis costillas. Cuando descubro lo que tiene planeado ya es demasiado tarde.
- ¡PEETA SUELTAME! – me ataca a cosquillas en mi punto más débil, cerca de mi ombligo. Él toma mis manos y las aprisiona sobre mi cabeza. Me rio tanto que me empieza a doler las mejillas y el pecho. Me retuerzo para que me suelte.
- ¡Por fin! – veo como balancea su pantalón frente a mi cara.
- Y yo que pensé que querías más sexo – lo desafío melosa.
- ¡PEETA! – la voz de Finnick resuena en la entrada y sin detenerme a analizar nuestra situación le respondo.
- ¡Finnick aquí! – escucho como los pasos se aceleran, mientras nuestro aliado aparece de las sombras.
- ¡Finnick no vengas! – le grita Peeta, pero él ya lo ha visto todo. Me tapo con mi polera, no lo suficientemente rápido. El me mira con una ceja alzada mientras sus ojos recorren todo mi cuerpo - ¡mira para el otro lado!
- ¡wow! Que espectáculo le han ofrecido a Panem – nos molesta Finnick mientras se da la vuelta con toda la tranquilidad del mundo.
Ambos nos vestimos rápido, siento que mis mejillas arden por la mirada de Finnick, me siento estúpida por esa reacción ya que como él dijo, todo Panem nos vio. Cuando estoy lista me doy cuenta que sin su pierna a mi marido le cuesta ponerse sus pantalones. Mientras lo ayudo Peeta vuelve a hablar.
- Ya puedes darte vuelta Finnick.
- ¿y tú pierna? – pregunta al verlo.
- Molida bajo los escombros.
- ¿están todos bien? – le pregunto yo.
- Perdimos a Wiress y Mags…- sus nombres quedan volando sobre nosotros mientras guardamos silencio por sus muertes.
Finnick ayuda a Peeta a caminar, mientras yo guardo lo poco que no quedo después del bombardeo. Tengo mi arco, pero solo me quedan tres flechas, Peeta perdió su cuchillo a parte de su pierna.
- Los hemos estado buscando desde el amanecer – me regaña Finnick.
- He salido un par de veces a verlos por los alrededores, pero no he querido alejarme mucho de Peeta.
- ¡Te creo! – bufa divertido Finnick, me limito a mirarlo con mala cara.
A las afuera nos encontramos con los demás. Camino directo hacia Johanna para abrazarla con fuerza. Me siento como una pequeña niña acunada en los brazos de su madre.
- Perdón… - no podía evitar que mi voz temblara – no me di cuenta en que momento te alejaste en el bombardeo, perdón por arrastrarte a esta locura.
- ¿Katniss? ¡Tranquilízate! – me mira directo a los ojos y se nota que está molesta por mi actitud – estoy bien. Deja de llorar.
- Tuve miedo – le reconozco.
- Ya paso – me tranquiliza.
- No sé porque reacciona así. Hubieras visto como los pille a estos dos – Me molesta Finnick, vuelvo a ponerme roja de la vergüenza y Johanna ata sola los cabos.
- ¡que zorra descerebrada! – me da un golpecito en el hombro, pero luego me susurra – debes tener más cuidado Katniss.
- Lo siento. No lo pude evitar – ella me sonríe comprensiva.
A ellos les llego las dos docenas de panes del Distrito 2. Nos dan de comer a Peeta y a mí. Por fin puedo tomar un poco de agua, entre tanto polvo, humo y la actividad con Peeta, estaba sedienta. Mi mente viaja hasta el Distrito 12, pienso en mi madre que siempre nos inculco respeto y dignidad por nosotros mismas ¿Prim se habrá escandalizado? ¿Habrá sido demasiado doloroso para Gale? Vuelvo a prestar atención en la conversación entre los chicos. Finnick y Beetee están de acuerdo en que hay que salir de la ciudad, pero la pierna de Peeta complica la marcha. Decidimos que al final nos iremos turnando para ayudarlo. Finnick se ofrece para el primer turno.
Pareciera que la ciudad es eterna y por todos lados se ve fuego, humo y escombros. Caminamos lento y a veces debemos hacer rodeos que nos hacen perder más tiempo. A lo lejos se ve el límite de la ciudad y más allá un frondoso bosque que me entusiasma a seguir caminando, ahí sí podría cazar. Solo nos detenemos a comer y para ir al baño.
A mitad de tarde llega mi turno para cargar a Peeta. El pasa su brazo por sobre mis hombros y yo lo rodeo por su cintura. Se siente muy bien estar cerca de él, sentir su olor mesclado con el sudor y el polvo. El trata de no ser una carga, pero en cada paso siento su peso. Finnick me dijo que no era necesario que tomara un turno, pero me negué completamente. "debo cargar a mi marido" le respondí.
- Te arrepientes de lo que paso – me susurra – veo la vergüenza en tu rostro.
Sus palabras me dejan si habla, es verdad que me dio vergüenza que Finnick nos encontrara de forma tan comprometedora y que he pensado en que pensaran Prim y mamá de todo esto, pero ¿arrepentirme?
- Esposo mío, te amo ¿Por qué debería darme vergüenza estar en tus brazos?
- ¿pero …
- No – lo corto, porque no quiero escuchar su razonamiento lógico que seguro me confundirá – además, estuviste increíble. Te extrañaba.
- Katniss tenía la necesidad de demostrar que eres mía – Peeta se sonroja y aparta la mirada – esa es una razón muy egoísta para hacerte el amor.
- Soy tuya, pero no porque te acuestes conmigo, sino porque nos comprometimos. Compartimos el pan.
- Lo siento.
- Olvídalo y te juro que no me arrepiento.
Casi al anochecer llegamos al límite de la ciudad, un ancho rio nos separa del bosque, caminamos rio abajo para encontrar algún cruce, pero solo vimos las ruinas de un puente. A lo lejos rio arriba se ve una represa.
- No podremos cruzar – sentencia Finnick.
- Debemos buscar refugio – le digo yo a todos.
Johanna dejo a Peeta apoyado contra una pared mientras nos instalábamos en una pequeña cueva formada por escombros, repartimos el resto de Pan y del rio purificamos agua, los cinco nos sentamos a comer y descansar. Ya caída la noche resuena el himno de Panem, mientras son proyectados los rostros de los caídos. Guardamos silencio por Mags y Wiress que según Finnick perecieron en los bombardeos. De los profesionales solo queda el hombre del Distrito 1 y en total solo quedamos trece.
Un silencio tenso se instala entre nosotros y sé que estamos pensando lo mismo ¿nos rescataran a media noche? Y si no ¿nos tendremos que matar entre nosotros? Por primera vez me siento mal por no contarle a Peeta sobre el plan, porque ahora él nos mira a todos sin entender nada. Me levanto para sentarme a su lado, el me abre los brazos y no dudo en acurrucarme en ellos. Su corazón resuena en mi espalda, su respiración entibia mi cuello. Poco a poco me relajo.
- ¡Por favor Peeta! No quiero más traumas – nos molesta Finnick.
- Mira para otro lado Finnick – le responde Peeta, mientras sujeta mi rostro para darme un beso arrebatador. Me pierdo en sus labios con sabor a canela sin importar que tenemos espectadores. Escucho como todos ríen y nos dan ánimos – llevaba todo el día queriéndote besar – no puedo evitar avergonzarme.
- ¿Estás muy cansado?
- Si – vuelve a besarme.
- Deberías dormir – Peeta se apoya en la pared, sus ojos le pesan mientras me acaricia un mechón de cabello, todos estamos tranquilos hasta que el sonido de aviones sobrevolándonos nos pone en alerta.
La tierra tiembla bajo nuestros pies, las bombas caen, dando la impresión que flotan y caen como hojas en el otoño, el silencio me pesa sobre el pecho y me doy cuenta de que nadie reacciona a hacer ni decir nada, todos nos limitamos a ver como la primera bomba choca contra la tierra y el fuego, el polvo y la destrucción nos vuelven a atacar. Siento como Peeta se sujeta de mi brazo para pararse.
- Mejor nos alejamos de la construcción – dice él.
- Estamos en la mejor posición. Es el límite de la ciudad – comenta Johanna.
Un nuevo temblor nos remese, pero el sonido que lo acompaño helo mi sangre. A lo lejos veo como la presa se quiebra y el agua pasa a presión por sus fisuras. La presión del agua empuja la presa hasta su total destrucción y una masa de agua cae por el rio desbordado, arrasando todo a su paso.
- ¡ALEJENSE DEL RIO! – grita Johanna.
Tomo un brazo de Peeta mientras Finnick me ayuda por el otro lado, entre los dos avanzamos cinco metros, pero el agua es más rápida. Un brazo del rio nos arrastra a la fuerte corriente.
- ¡Katniss no te sueltes! – siento como agarra mi mano con fuerza hasta el límite del dolor, pero el agua dificulta todo. Las corrientes nos empujan y separan a su merced.
- ¡Katniss! – escucho a la derecha a Johanna, pero Finnick va donde ella ayudándola a flotar.
En el Distrito 12 nadie tiene la oportunidad de aprender a nadar y con una pierna menos todo se complica aún más. Veo como Peeta desaparece y vuelve a emerger, pero el río está decidido a hundirlo. Trato de mantenerlo a flote, pero su peso me cansa y las corrientes nos golpean. Somos arrastrados varios metros rio abajo.
- ¡Peeta resiste! – vuelve a desaparecer entre las aguas - ¡Peeta! – aun siento su mano apretado a mi muñeca.
Un tronco caído pasa por nuestro lado, estiro un brazo para tomarlo, pero una nueva corriente agarra mi pie y me sumerge, es tan fuerte que suelto a Peeta. Doy vueltas sin saber cuál es el fondo o la superficie, doy patadas y estiro las manos pero no logro estabilizarme. Suelto el preciado elemento, porque ya no soporto más la respiración, me arden los pulmones y en un aterrador momento de quietud y tranquilidad, veo la superficie y sé que no podre llegar a ella.
Salto en la cama hasta quedar sentada, me arden los bronquios en cada respiración. Veo como Johanna ha despertado y se saca el suero y los cables de un tirón. Finnick y Beetee despiertan de a poco de su letargo. Algunos todavía no salen del sueño.
- ¡Katniss! – me grita Johanna, va hasta mi cama y me ayuda a desconectarme de la máquina.
- ¿ya es media noche?
- Si Katniss ¡lo logramos! – nos abrazamos fuerte. Veo por sobre su hombro que Peeta aún no despierta.
Plutarch Heavensbee entra acompañado de dos hombres con el uniforme de vigilantes, algunos tributos que supongo no estaban enterado del plan lucen desorientados. Aparte de ellos y nosotros no se ven las enfermeras o Agentes de la Paz.
- Debemos irnos ¡Ahora! – grita Heavensbee. Finnick y Beetee toman a Peeta y los demás ayudan a la mujer del Distrito 5 que tampoco ha despertado – síganme.
Caminamos por los pasillos del centro de entrenamientos lo más rápido posible, miro a mi alrededor que todos los guardias y personal están inconscientes regados por el piso. Cuando ya casi llegamos al patio donde nos espera un aerodeslizador, las luces se apagan y una fuerte sirena perforas mis oídos.
- ¡Apúrense! – Grita alguien. Pero en la oscuridad es difícil seguir a la gente y quedo en la retaguardia. A unos metros delante veo un bulto alto que supongo es Finnick cargando a Peeta.
A la vuelta de un pasillo alguien me toma por la espalda y el frio filo de un cuchillo acaricia mi cuello. Un corto grito hace a todos detenerse.
- No soy funcionario del gobierno y tampoco de La Agencia – dice mi captor – váyanse antes de que este lugar se llene de Agentes de la Paz.
Veo como Peeta se va despertando poco a poco, tropieza al notar que tiene su pierna ortopédica otra vez y se ve desorientado por la oscuridad y porque estoy con un loco. A lo lejos se escuchan pasos y ordenes, si no se apuran estaremos rodeados de enemigos y el plan se ira a la mierda.
- ¿Katniss? – Peeta por fin nota cual es la situación.
- ¡Váyanse! - les grito a todos, los pasos y gritos están cada vez más cerca.
- ¡no nos iremos sin ti! – grita Johanna, se acerca dos pasos a mí y mi captor entierra la punta del cuchillo haciéndome sangrar.
- ¡no, no, no! Un paso más y ella muere – sentencia él. Los pasos ahora suenan a la vuelta del pasillo.
- ¡nos vamos! – Grita Heavensbee y como si todos hubieran despertado de una ilusión empiezan a dar pasos lejos de mí, primero de uno a uno hasta que empiezan a correr.
- ¡NO! ¡KATNISS! - veo el rostro de Finnick pálido arrastrando a Peeta que lucha por soltarse y llegar a mí, veo el rostro de Johanna y por primera vez la veo llorar, veo el rostro de Peeta, rojo, desesperado, desencajado de pánico.
- Prometo volver a ti – susurro, más como una promesa para mí que para él.
Cuando todos se alejan de nosotros, mi captor sin dejar de amenazarme con el cuchillo abre una puerta y me empuja hasta la completa oscuridad. Al minuto escucho del otro lado botas corriendo en dirección al patio, nadie se detiene a revisar la habitación. Solo ruego que Peeta y los demás hayan podido escapar.
- ¿Quién eres tú? ¿qué quieres de mí? - susurro, pero mi captor escucha.
- Katniss - susurra a mi oído - soy el hermano del hombre a quien volviste loco y busco mi venganza.
- Seneca.
Qué tal? Espero que disfrutara este nuevo cap. Mil perdones a todas las que me pidieron que no hiciera un rapto, pero esto es necesario para empezar a cerrar todas las historias de este fic, como por ejemplo el destino de La Agencia.
Les deseo a todos un muy feliz de los enamorados! Que disfruten con su ser amado y si aún no lo encuentran… pues disfruten de la soltería porque el 14 de febrero sale muy caro jijijiji
Ya saben que cualquier cosa hablamos por MP y cometarios.
Nos leemos
Arroz
Iris
