3.-
Me desperté amarrada a una silla. Había tenido mi cabeza colgando sobre mi cuello mucho rato, así que me dolió levantarla. Me dolía el pecho y probablemente me había roto una costilla por los vendajes que tenía. Traté de recordar y me vino la imagen de mi cuerpo azotándose contra una mesa, de los golpes, de Draco. Me mantuve con los ojos cerrados y fue inevitable que salieran algunas lágrimas. Entre mi costilla rota y el dolor de mi decepción, no había manera de mantenerme bien.
- - ¿Te sientes bien? – sentí como su voz me calaba los huesos. Y eso era miedo.
- - Mmm…- Sentí que no podía hablar. Mi boca estaba tapada por cinta adhesiva y se pretendía mantener así por mucho tiempo más.
- No puedes hablar. Usé métodos muggle por más asco que me de. No podemos permitir hacer tanta magia por estos lados o nos van a descubrir.
A penas podía escucharlo. Tenía una voz oscura, lúgubre. Abrí un poco los ojos y lo vi sentado a metros de mí. Estaba limpio, perfecto. Estaba mirándome, pero no como cuando hablábamos en el colegio… ¿Alguna vez fue real? A mi me parecía que sí. No hay manera de poder mentir tan bien. No se puede, nadie. En algún lugar de eso, quedaba parte del Draco que yo conocía, del que me hizo cambiar de opinión, del que me enamoré.
Pero claro, todo estaba bastante distante de lo que yo pensaba. Su risa burlona volvió a mirarme. Se levantó y se paró frente a mi en una situación de absoluto control. Me mataba. Todo lo que sentí alguna vez estaba volviendo al tenerlo al frente, pero dolía. Dolía mucho verlo tratarme así, como lo que para él era, como una sangre sucia.
Me miró mientras yo miraba hacia arriba sometida totalmente a lo que pudiera hacerme, aunque fuera en contra de mi voluntad. Adentro de mi cabeza era como si estuviera lloviendo, no había nada claro, nada cierto. Solo podía verlo a él, y sentir miedo, mucho.
Sentí como su mano removía lentamente la cinta de mi boca. Me dolió montones.
- Te la estoy quitando porque asumo que no serás lo suficientemente tonta como para ponerte a gritar.- Asentí con mi cabeza. Era todo tan irreal. Cuando terminó de sacarme la cinta pasé mi lengua por mis labios para humedecerlos - ¿Agua?- preguntó indiferente. Yo asentí. Me acercó un vaso de agua de la misma mesa en la cual yo había caído y me la puso en los labios. Tomé un trago y me sentí mejor.
- ¿Por qué? – fue lo primero que salió de mi boca. Y probablemente haya salido involuntariamente, porque no recuerdo haber tenido ganas de hablar.
- ¿Por qué, qué? – me dijo mirándome más fríamente.
- ¿Por qué no me mataste cuando pudiste?
- Porque no eran mis órdenes. Yo tenía que acercarme a ti. – Me miró de arriba abajo y luego se sonrió. Me sentí tan…insignificante.
- Te sale bien mentir. Se te da a la perfección.- mis palabras salieron atropelladas, como si las escupiera.
- Lo sé. Caíste redonda.- Se sentó en la silla y puso sus pies sobre la mesa. Dios…Se veía tan igual al que yo conocía, al que quería. Claro que la pequeña diferencia era que ahora me detestaba.
- Me van a venir a buscar. Y me van a salvar…Y te van a matar Draco.
- Lo sé. Pero no me van a matar. Es más, tengo un preciado tesoro para ellos – se acercó a mi y me tomó la cara. Miré a sus ojos, grises, fríos. Nos quedamos callados por un momento. Yo sabía que habían lágrimas en mis ojos.
Sus manos se deslizaron de mi cara a mis brazos. Lo hizo lentamente, sabiéndose dueño de la situación. Tomó las amarras de mis manos, para luego desatar el nudo que había hecho y soltarme. Pensé que estaba loco por hacer algo así. Lo podía golpear o hacerle algo. Claro que no lo hice, pero podría haberlo hecho. Se arrodilló en frente de mi y pasó sus manos por mis piernas. Repitió el mismo ritual con mis piernas y me encontré libre. Pude hacerlo y no lo hice.
- Ahora eres libre Granger.- me dijo arrodillado. Lo miré atónita. O estaba loco, o bipolar o se había acabado el imperio, o qué se yo. Pero ya no estaba hostil.
- No te creo.
- Sí es verdad.- dijo levantándose abruptamente – Lo siento, no se me da ser más caballero. Bueno el asunto es así. Puedes moverte por toda la casa. Pero, no podrás salir, aunque lo intentes y aunque te devuelva la varita. Solo yo sé como sacarnos y créeme que no lo voy a hacer a menos de que lo considere necesario.
- Pero…
- No, callada.- dijo mirándome de nuevo fríamente – el asunto es simple: te portas bien y vives. Si no, mueres. Puedo matarte cuando quiera, y no necesito mi varita, puedo hacerlo con mis propias manos – un escalofrío recorrió mi espalda y asentí con la cabeza.
Así comenzó mi encierro. Lentamente comenzaron a pasar los días. Mi vida se resumía a estar absolutamente cómoda en mi nueva casa. O prisión, como quieran llamarlo. Si bien no era lo más lujoso, gozaba de todo lo que pudiera pedir. Pero, estaba sola. Draco rara vez me hablaba. Comía sola y estaba sola todo el día. Generalmente pensaba en Ron. Me debía estar buscando como loco. Cada día lo extrañaba, sobre todo la seguridad que me daba. Y lo peor era que estaba bien. Estaba bien y estaba cómoda.
Los días se convirtieron en semanas y para no volverme loca, comencé a leer los libros que había en la casa. Decidida a no perder peso para no perder energías, comía a mis horas y si podía hacía ejercicios en la casa para mantener mi musculatura. De alguna forma iba a lograr escapar.
Nunca sentía cuando se iba o llegaba Draco, y rara vez lo hacía por la puerta. Así que decida a hacer algo por mi, comencé a planear mi huida. Sabía donde estaba mi varita. En el primer cajón del velador de Malfoy. Sí, ahora era Malfoy. Después de no hablarme (porque desde que me dijo como eran las cosas no me habló más), se había convertido en Malfoy. A veces probaba mi voz para saber si todavía existía, porque no la escuchaba en días. Bueno, el asunto es que la varita estaba cerca y yo podía sacarla cuando quisiera. Total, Draco estaba fuera todo el día.
El día que escogí intentar todo, esperé a que Draco se fuera. Siempre que se iba, volvía en media hora o más, nunca antes. Y esta no iba a ser la excepción. Lentamente, y con miedo, caminé a la habitación de él que quedaba frente a la mía. Abrí la puerta y vi mi misma habitación, solo que con colores más masculinos y no pasteles. Una cama, un velador, una cómoda y un librero. Sencillo. Su habitación, a diferencia de la mía, tenía un baño propio. Y claramente pensé que no iba a querer compartir el baño con una sangre sucia.
Caminé lentamente hacia donde estaba la cajonera. Entrar en su habitación no me era raro, era normal. Era casi como si yo estuviera entrando en mi propio territorio. Me acerqué a su velador y lo abrí.
Mi varita estaba ahí. Descansando sobre unos papeles. Pensé que no iba a ser raro tomar unos papeles y revisarlos, a ver si podría conseguir algo. Dejé mi varita en donde estaba y comencé a revolver papeles. Encontré una cajita café con la insignia de Slytherin. Me di cuenta de que era la misma que yo tuve de Gryffindor. Es una caja que nos dieron en primero, para poder guardar las cosas de valor. La caja estaba sin cerrojo, así que la abrí.
- ¿Qué mierda?...- fue lo primero que pregunté cuando la abrí.
Lo primero que vi fue una foto de los dos sentados en el lago oscuro. Ese día, yo tenía en mis manos una cámara digital. Fue justo antes de las vacaciones de navidad y quería llevarme un recuerdo de mis amigos. Malfoy no entendía como se usaba la cámara, así que le enseñé. No me creía que iba a salir una foto de la cámara. Así que me llevé la cámara e imprimí las fotos. A la vuelta a clases, se la di. Atrás decía "para que creas en imposibles".
Seguí viendo y me encontré con cartas mías. Cartas que le había enviado mientras estuvo desaparecido. Todas estaban abiertas, algunas subrayadas. Tomé una y la comencé a leer en voz alta.
- "Me cansé de escribirte. No sé donde estás. Solo sé que intento contactarte y nada. Si todavía existes, quiero que sepas que…"
- "…no ha pasado un día en que deje de creer que estás vivo, porque te quiero y tengo fe en ti…"- sentí la voz en mi espalda y me levanté de golpe. Malfoy me estaba mirando, tranquilo.
- ¿Qué haces aquí?- le pregunté con voz de idiota.
- Vivo aquí.
- ¿Hace cuanto que estás aquí?
- Lo suficiente, salí solo por media hora – Mierda, pensé. Se me tuvo que haber pasado el tiempo mirando las cartas y la foto. Y la varita seguía en el cajón, así que o me lanzaba a golpes de nuevo, o me moría.
- Nunca me contestaste.- dije enojada.
- No podía.
- Claro, tú matando gente de mortífago, mientras yo, la muy imbécil, te escribía cartas pensando que estabas muerto.- No sé por qué, pero me acerqué a él. Caminé lento, pero segura.
- Te dije que no podía.- dijo fríamente.
- ¿Y por qué no podías? ¿A cuanta gente tenías que torturar? ¿A cuántas mamás dejaste sin hijos? ¿A cuantos esposos dejaste sin mujer? ¿Ah?
- No digas imbecilidades.- dijo sonriendo – tu has hecho lo mismo.
- No me compares contigo Malfoy. La razón por la que mato gente – le dije acercándome más a él y señalándolo con mi dedo, chocando con su pecho – es porque existe gente como tú. – Él tomó mi mano y la lanzó lejos.
- Déjame en paz Granger.
No sé si fue su indiferencia la que me dio rabia o el simple hecho de que se dio la media vuelta y se fue. Llevaba un poco lejos de su habitación cuando me planté en el pasillo.
- ¿Por qué mierda me mentiste Malfoy? – le grité - ¿Por qué mierda me encierras acá? ¿Por qué no me matas de una vez?
- Porque eres útil. – me dijo de nuevo con esa voz de mierda que parece un hielo.
- Bueno pero yo no aguanto más.- acto seguido me acerqué a la puerta. Si salía y me moría tanto mejor. Ya no me interesaba la magia, no me interesaba mi varita, no me interesaba Malfoy, no me interesaba nada excepto estar afuera de esa casa de mierda que se había convertido en mi calvario.
Caminé con ira y abrí la puerta. No escuché que Malfoy gritó. Solo la abrí. Afuera se veía un mundo normal, un mundo como el que yo quería para mí. A penas intenté poner un brazo en la puerta, un brazo tiró de mi cintura y caí hacia atrás.
- ¡Déjame! – le grité tratando de pegarle.
- ¡Mira imbécil! – me dijo mientras lanzaba un pedazo de papel hacia la puerta. El papel se incineró casi al momento en que salió.
- ¡No me importa! ¡Prefiero morirme a estar aquí contigo!- intenté patalear mas fuerte hasta que pudiera soltarme. El uso su fuerza y me abrazó más fuerte. Yo estaba de espaldas a él y sentía como intentaba contener mi ira. Me lancé a llorar más fuerte. Tenía impotencia, ira.
¿Por qué mierda tenía que tratar de protegerme? Cada vez que había intentado olvidarme de él, no lo lograba. Cada vez que quería pensar en otra cosa no podía. Llevaba dos años pensando en él. Incluso con mi propio novio, había estado pensando en él, y no mientras conversábamos de la vida si se entiende lo que digo.
¿Cuántas puta veces soñé que estaba con él? Y me resigné. Y ese mismo desgraciado por el cual yo lloré días, era el imbécil que me tenía retenida, el imbécil que tenía mi vida en sus manos. Lloraba gritando. Si alguien me escuchaba, no me importaba. Llevaba semanas sumida en esa porquería de vida, así que de alguna forma tenía que sacar la mierda que tenía adentro.
- Tranquila.- Me dijo al oído, yo solo sollocé.
- Me cagaste la vida, Malfoy – dije entre sollozos – me cagaste la vida, y no te importó…- Ya no quería gritarle, no tenía fuerzas para nada.
- Mentira…No fue así…
- Si fue así…No me mientas –volví a sollozar – Te olvidaste de mi, de lo que hicimos juntos. Las promesas, las confesiones… Hiciste que me enamorara de ti a propósito. Eres una mierda Malfoy…Déjame ir. Por favor, déjame ir…- ya no estaba peleando. Estaba rogando. Que me matara si quisiera, me daba lo mismo.
- No puedo… - Sentí su voz en mi oído…- No puedo porque no quiero. No, no puedo. – lentamente me abrazó más fuerte, mientras yo seguía llorando.
- Déjame, mátame…Ya no puedo estar acá.
No sé que pasó después. Yo…Me prometí que no iba a volver a pensar en él. Pero de repente me volteó tomándome por los hombros, y todos los pensamientos vinieron a mi mente. Verlo, a él, mirándome, como antes.
- Hermione…- me sorprendió escucharlo decir mi nombre de nuevo – Yo… También pensé en ti. No pude…Olvidarte. Pensé que no te iba a ver más… Guardé todas tus cosas. No te vallas. Por favor, mírame – yo no entendía nada, o era bipolar o tenía un problema mental, porque pasar de tratarme como una escoria a comenzar a tratarme como algo decente, era raro.
- No…No entiendo….
- No tienes que entender. Yo… La razón por la que estas acá…Hermione, se supone que tu estás muerta…Que te maté y que ya no existes. Porque… Era la única manera de mantenerte a salvo.
