Disculpen la tardanza!

Ya el capítulo... ¡Y gracias por leer!


Entre los Vivos.

Capítulo VI


- Serás idiota… - escuchó esa voz aterciopelada distante, como un susurro. Su cabeza le dolía horrores y sentía todo el cuerpo como si estuviese hecho de plomo. Deseaba abrir los ojos pero sus parpados se resistían, como si dos pesados pedacitos de hierro estuviesen puestos ahí.

No tenía la más mínima idea de lo que ocurría, y aquello le ocasionaba una desesperación apabullante y torturadora. Su mente era un remolino de bruma negra que no lograba disipar.

- No puedo… - una voz más ronca penetró en sus oídos. Supo que alguien estaba ahí, con ella.

Trató, nuevamente, de recordar qué había pasado, dónde se encontraba y como había llegado hasta allí. La fuerza que aplicó para mover sus dedos fue vana… si al menos pudiese… ¡debía tratarse de un desagradable sueño!

- Te dije claramente que no podías dejarte ver.

- ¿Cómo pretendes que la proteja si no puedo acercarme?

- Hay varias maneras, te las enseñaré.

- No quiero…

- ¡Es por su bien! Ya es la segunda vez y no…

- ¿Acaso no entiendes cómo me siento? – la voz ronca sonó desesperada y sumamente dolida; la voz suave y aterciopelada chitó pacíficamente.

- Está despertando –susurró.

- ¡Ginny!

- ¡Para ahí, estúpido!

Lo próximo que pudo percibir fue una suave caricia en el centro de su frente y un agradable olor dulzón que le causó un seductor e irresistible letargo. Se dejó envolver por aquella sensación, olvidándose de las voces, del nubarrón negro que era su mente, y de todo lo demás.

- Dormirá un par de horas más – informó la algodonosa voz de Aarón conforme separaba su dedo índice y corazón de la frente de Ginevra. El joven se inclinó hacia la mujer y, después de liberar un diminuto soplo en su entrecejo, murmuró unas palabras que fueron inentendibles para su acompañante. – Así le aseguro un buen sueño, bendecido por un ángel – le explicó, caminando hacia él.

- ¡Todo esto es pura mierda! – soltó Harry, totalmente irritado. Tenía la voz rota y temblorosa, sus ojos hinchados y las líneas de expresión exageradamente marcadas. Era un tormento todo aquello, una horrible pesadilla. ¿Cómo pudo permitir que sucediera? – ¡Una mierda!

- ¿Puedes no gritar? Ella no despertará pero alguien en el pasillo puede escucharte perfectamente.

Harry le miró el rostro sin mostrar emoción alguna. Sentía cólera en su interior; un arrebato abusivo que le instaba a golpear cualquier cosa que tuviese al frente. ¡No era justo! ¡Maldita sea! ¡No lo era! No cuando…

Sintió una escurridiza gotita deslizarse por su mejilla y se percató del llanto que estaba conteniendo y que, con todas las ganas, hipaba por salir. En su pecho algo saltó, causándole mal, y la rabia se incrementó poderosamente dentro de él, colmada de daño y amargura. Cerró con fuerza los ojos y apretó las manos hasta formar dos puños que dejaban sus nudillos blancos. Las uñas lograron clavarse en la piel de sus palmas a pesar de tenerlas cortitas.

- Desahógate – escuchó la hipnótica voz del joven a su lado.

Llorar no era una opción para la mayoría de los hombres, mas aquella situación había destruido todas sus barreras, toda su felicidad… había destruido su vida… y lo peor de todo, había destruido a Ginny. Las lágrimas contenidas salieron a borbollones de sus ojos y él las secó con amargura. Las pocas fuerzas que le quedaban a su alma se vinieron abajo al ver el cuerpo de la mujer que amaba profundamente inconsciente en la cama. Se veía tan indefensa, tan vulnerable… estaba más delgada y bajo sus ojos unas oscuras manchas moradas se habían dibujado en su piel. Gimió del llanto, ya descontrolado y con todas sus defensas derribadas.

- ¿Puedo…? – observó a Aarón a través de la cortina húmeda que cubrían sus ojos. El joven de cabello cobrizo suspiró largamente, bajando la mirada y accediendo con un débil asentimiento de cabeza.

- Adelante, ¡pero sólo unos minutos! - Harry agradeció el que desapareciera de la habitación.

El silencio que gobernada en el lugar era angustioso y asfixiante. Casi corriendo, se acercó a la cama en donde Ginny dormía, tomando sus manos entre las suyas y apretándolas con tal fuerza que creyó que ella podía despertar. Lloró con más potencia, gimoteando palabras que anhelaba decirle y que sabía, ya no podría repetirle nunca. Sollozaba como un niño pequeño, sintiendo el corazón envuelto en alambre de púas, ensangrentado y totalmente inestable. ¿Cómo pudo…?

- Perdóname – susurró, con la voz amortiguada por el dorso de las manos de Ginny, pegadas a sus labios. Dio incontables besos a su piel y aspiró su aroma profundamente. ¿Cómo podría alejarse de ella? ¿Cómo podría avanzar si lo único que deseaba y necesitaba era estar con esa mujer? ¿Cómo desprenderse de aquel lazo tan fuerte? ¿Cómo…? Cómo… cómo… cómo… ¡Maldita sea! – Perdóname - repitió débilmente. Una de sus manos abandonó las de Ginny sólo para entrar en contacto con la pecosa mejilla de ella; sonrió entre lágrimas, detallando el número de pintitas café claro que antes gozaba de besar. – No quiero… - un lamento desgarrador salió de su boca al pensar en el sufrimiento que ella estaba experimentando, en cómo se encontraba después de aquella noche… - Hermosa, te amo… - besó sus dedos, dejándolos húmedos por las lágrimas que habían ya empapado su rostro. – Y prometo, por cualquier cosa, Ginny, prometo… prometo que estarás bien – ¡Cuánto deseaba borrar cada atisbo de dolor en ella! ¡Cada lágrima derramada! El deseo insano de morir, de dejar de existir… si tan sólo pudiera…

- Sé que no es fácil, pero con el tiempo, cuando todo acabe… - Aarón ingresó de nuevo al cuarto.

- ¿No puedes…? – pensó en algo que, quizá no era lo más apropiado. Pero Ginny sufría tanto… y él sólo quería liberarla de ese padecimiento, de esa atadura que, sabía, no le permitiría vivir jamás como debía. - ¿No puedes… hacerla olvidarme? Es decir…

- ¡Alto ahí! – Aarón elevó sus manos, su cara contraída en una mueca de desaprobación. – Sé lo que pedirás, Harry, y entiendo que…

- ¡No quiero verla sufrir más!

- ¡No grites! ¡Y no! no puedo hacer tal cosa, es inadecuado y…

- Por favor – le miró, suplicante, el llanto aún no cesaba, se había desatado al fin y no parecía querer acabar, no hasta apaciguar aquella llama de dolor que ardía en su pecho. – Si ella me olvida, dejará de…

- ¿Y qué pretendes que haga con su familia? ¿Con sus amigos? ¿Hacer que te olviden también? ¡Imposible! No se puede jugar de esa manera con la mente de las personas ni mucho menos. No es la primera ni tampoco será la última en perder a alguien que ama. Tendrá que superarlo y saber vivir con eso. ¡Escúchate! estás soltando esa idea sin siquiera pensarla. ¡Medita antes de hablar!

- Es…

- Es la vida, y en ese aspecto nosotros no podemos interferir, no como tú lo pides.

- Entonces, ¿qué hago yo aquí, ahora? – sorbió con la nariz y se separó de la cama donde Ginny permanecía inerte. Soltó sus manos después de una suave caricia y encaró a Aarón con la mirada altiva. - ¿Acaso no interferiste? ¡Si no estoy mal en mis escasos conocimientos del tema, creo que darme un cuerpo nuevo no es algo que se deba hacer! Tú puedes…

- ¡Tu caso es diferente, Harry! y ese cuerpo es temporal, ¡mírate! – Harry observó sus manos, perdían color y vitalidad, la carne se desvanecía. Lanzó un bufido contenido. Se despeinó los cabellos en un gesto de exasperación y de nuevo clavó sus ojos en Ginevra. – Lo siento, de verdad, lo siento con toda el alma. Cuando todo termine, tú deberás…

- ¡Pura mierda!

- ¡Por el cielo bendito! – exclamó el joven, y Harry se sorprendió al, por primera vez, verlo perder totalmente la paciencia. – Hay que tener bastante paciencia al tratar contigo, de verdad – respiró hondo. - ¡Con razón! Fue toda una odisea decidir quién te acompañaría en esto. Si no fuese porque me ofrecí, todavía estarían, como dirían, pasándose la pelota. – Aarón le miró a los ojos y Harry bajó levemente la guardia. Suspiró, ido, desviando su atención hacia la mujer pelirroja que parecía encontrarse paralizada; la única señal de vida que mostraba era su acompasada respiración.

- No entiendes cómo se siente.

- Puede que tengas razón, nunca he pasado por algo así. Pero…

- Sólo deseo que deje de sufrir – se acercó de nuevo a ella, con la vista presa en el rostro pálido y dormido. – Es mi mundo, y está sufriendo por mi culpa – tomó la mano que había dejado sobre su vientre y entrelazó sus dedos, llevándosela a los labios para que éstos mimaran su dorso con extrema suavidad. Era un tacto vivo, a pesar de la situación, sintió chispas eléctricas dentro de la piel de ese desconocido.

- Si el caso hubiese sido el contrario, ¿desearías tú olvidarla sólo para dejar de sufrir?

- ¡Nunca!

- Entonces, ¿cómo puedes asegurar que ella quiere eso? Igualmente, nunca estará satisfecha. Arrancarle sus recuerdos equivale a quitarle una parte de su vida que no podemos reemplazar. Se sentirá vacía e incompleta.

- ¿Entonces lo han hecho antes?

- ¡No es una opción, Harry, y punto!

- Pero…

- ¡Punto y final! – zanjó el tema. – Ya debemos irnos. – Harry sabía que debía obedecerle y darle la razón. Era un ser de allá. Estaba ahí para ayudarle.

Se inclinó sobre el cuerpo de la joven y dio un pequeño beso a su frente, permitiéndole a su nariz inhalar el aroma de su cabello. La adrenalina aumentó y la piel desconocida y pálida vibró intensamente.

- Te amo. Y, te prometo, estarás bien. Nadie logrará hacerte daño – besó sus labios levemente antes de girarse hacia su compañero. – Nadie le pondrá una mano encima para dañarla.

- Haremos todo lo posible.

- E imposible también, aunque me cueste el alma.

Aarón le dio unas afectuosas palmadas en la espalda antes de salir de la habitación. Estaban en un pequeño hospital londinense no muy cerca del centro; para Harry fue inevitable dejar pasar esa recaída de Ginny… si bien el joven que le guardaba le había prohibido terminantemente hacer contacto con ella, no podía pretender que él se quedara de brazos cruzados al verla desvanecerse ante cada paso que daba. Quería tenerla entre sus brazos, alejarla de aquel martirio y asegurarle que todo iba a estar perfectamente bien. Acabar con su llanto demoledor y decirle que nunca la dejaría, que estaba ahí con ella, sin intenciones de alejarse de su lado.

No obstante no podía, no debía.

Él aún no entendía todo el embrollo en el que se encontraban inmersos, esperaba que su nuevo… amigo, le aclarara el mar de dudas que anegaba su cabeza.

O O O O

Despertó percibiendo el aroma de pine-sol, desinfectante para pisos, y a gasas húmedas con alcohol. Era el típico aroma de un cuarto de hospital. ¿Cómo demonios había llegado hasta allí? ¿Cuánto tiempo llevaba inconsciente?

Elevó sus manos y se restregó el rostro antes de abrir los ojos. Una desagradable sensación de deja-vú la aprisionó y una sacudida hizo traquetear todo su cuerpo. De un movimiento exageradamente rápido, se incorporó en la cama, mareándose. Sentía como si hubiese despertado de una alucinación… como si hubiese estado flotando en un mar sereno que la arrastraba en una corriente infinita, un camino que parecía no acabar. Extrañamente, se sentía descansada, como hacía semanas no se sentía.

- Oh, ¡qué bueno que despertó, señorita! – una anciana mujer, de cabellos grises sujetos en un moño de cinta blanca, se acercó a ella con velocidad. Portaba en sus manos una pequeña bandeja con dos vasos, uno de agua y otro de, al parecer, zumo de manzana.

- ¿Qué fue…? – cerró los ojos y respiró hondamente, queriendo recordar qué había ocurrido, qué situación la había llevado hasta ese lugar… "estaba con Luna en el parque…"

- Tuvo una decaída bastante insípida, gracias a Dios un hombre pasó cerca y pudo sostenerla. ¡Le evitó un buen golpe!

- ¿Un hombre? – miró a la enfermera.

- Llegó desmayada y le dimos una habitación para que se recuperara.

- ¿Un hombre?

- Nos tomamos el atrevimiento de revisar tu bolsa, buscando una identificación y su agenda para contactar a algún familiar. Su madre fue por un café y su amiga Hermione realiza unas llamadas.

- ¿Un hombre? ¿Dijo que me trajo un hombre? – aquella información la inquietaba de sobre manera, no entendía por qué. Un amable sujeto fue en su ayuda cuando la vio desplomarse y la llevó al hospital, nada más. - ¿Cómo se llamaba?

- No dijo su nombre. La dejó al cuidado del médico y después de contar la recaída que tuviste, se fue apresurado.

- ¿Se fue? – la voz suave y aterciopelada y la voz ronca y lastimada. - ¿Era un solo hombre?

- Uno solo, linda, ¿te encuentras bien?

- Sí… - murmuró liberando un suspiro. Cerró los ojos por un par de segundos y exhaló una gran bocanada de aire. Recordaba el malestar y las terribles ganas de vomitar... agradecía el que ya hubiesen desaparecido.

- Colocaré esto acá – la anciana dejó en una mesita que estaba al lado de la cama la bandejita con los dos vasos. – Te recomiendo que bebas primero el jugo de manzana, te ayudará a calmar el estómago. Le avisaré al doctor que despertaste, tu madre debe estar por volver.

- Muchas gracias – tomó el zumo de manzana conforme veía el cuerpo de la señora desaparecer de su vista. Llevó el borde del vaso a sus labios y dio un pequeño sorbo, sintiendo alivio, no había notado que estaba muerta de sed.

- ¡Mi niña! – Molly entró presurosa a la habitación, lanzándose sobre la cama con una fuerza extraña para una mujer de su edad y apretándola en un abrazo de oso que por poco no le corta la respiración.

- Mamá… si…

- Oh, ¡lo siento, lo siento! – le tomó el rostro con las manos y la examinó detalladamente. - ¡Nos has dado un susto de muerte! Tu padre viene en camino, él…

- No tiene por qué venir, me siento perfectamente, apenas el doctor me revise me enviará a casa.

- ¿Seguro estás bien?

- Fue sólo una recaída.

- Mi niña – la abrazó posesivamente, Ginny le devolvió el gesto, sonriéndole débilmente a Hermione, quien entraba con un late en la mano.

- ¡No tienes idea del susto que pasamos! – la castaña caminó hasta ambas mujeres. - ¿Cómo te encuentras?

- Me siento bien.

- ¿Sabes el por qué de la recaída, verdad?

- No he hablado con el médico.

- No hay que ser médico para saber lo que te ocurrió, Ginevra. Estás débil, no te alimentas bien y además te intoxicas con esas pastillas y pócimas para dormir.

- Querida…

- Tiene que mejorar, señora Weasley – dijo Hermione, alternando su mirada entre las dos mujeres. - No puedes seguir así, Ginny – habló ahora con delicadeza, fijando sus ojos café en ella. – Ginny…

- Hago lo mejor que puedo… - susurró con la vista empañada. Mentía, no hacía nada para salir del dolor, no se atrevía, no podía. – Hago… - un pequeño sollozo se escapó de sus labios. Llevó una mano a su boca para reprimir el resto y cerró los ojos con fuerza; no quería hacer sufrir más a su familia, no lo quería. - Lo siento… sólo…

- Las tormentas pasan – le susurró su madre, protegiéndola con un nuevo abrazo. Hermione suavizó la mirada y se acercó más a ambas, pasó un brazo por encima de la espalda de ella. – Pasan, mi niña, aunque no lo creas.

- Es… lo siento.

- Aprenderás. Todo estará bien – Hermione tomó su mano y le sonrió levemente. Ginny notó que ella estaba aplicando toda su fuerza para no llorar. – No estás sola, si eso es lo que sientes.

- Sé que no. Sólo… - sorbió con la nariz y se secó las mejillas. – Lo siento – sonrió a su madre, separándose.

La inquebrantable Ginevra Weasley pareció nunca existir.

- ¿Por qué no te quedas un par de semanas más en la Madriguera? A tu padre y a mí nos haría mucho bien tenerte cerca…

- No…

- Anda, mi niña. Por nosotros. – la regordeta mujer la observó con atención. Ginny sonrió para ella, sintiendo que veía una réplica exacta de sus propios ojos, el color, la forma… el reflejo de una pérdida...

- De acuerdo – accedió. – Sólo un par de semanas más – escuchó como su madre y su cuñada suspiraban aliviadas. Pensaban que no podría cuidarse sola, no en tales condiciones.

Un sentimiento desagradable le dejó una asquerosa desazón en la punta de la lengua, mas decidió ignorarla. Sabía que necesitaba ayuda, porque hacerse a la idea de vivir sin Harry, no era nada fácil.

O O O O

- Lamento mucho mi comportamiento – expresó Aarón de pronto. Harry le observó con los ojos bien abiertos, verdes, nuevamente. La forma física que había tenido estando en vida volvía a ser la misma.

- ¿Qué...?

- Llamarte idiota y estúpido... no puedo caer en eso, lo siento. ¡Pero es que ustedes son tan...!

- Idiotas y estúpidos.

- No son las palabras correctas.

- Claro que sí - suspiró y, metiendo las manos en los bolsillos de los blancos y pulcros pantalones que tenía, fijó la vista en algún punto al otro lado del pequeño lago de aquel parquecito.

- No entiendo – Aarón tenía los pies desnudos, los había metido en el pequeño lago y miraba el agua entre sus pies tan fijamente que daba la impresión de estar en una especie de trance. – Tanta pureza que se les ha obsequiado y la dañan sin más… sin… importarles - dijo en voz baja, observando como una lata de Coca-Cola flotaba cerca de ellos; tras la lata, unos paquetes de golosinas iban en dirección contraria. Veía con atención, notando que toda la lisa superficie de lo que debería ser agua limpia era contaminada por basura que los mismos transeúntes arrojaban al ya no servirles de nada.

Harry no dijo palabra alguna por largo rato. Miraba y miraba sin parpadear a las personas que circulaban por el caminito de asfalto al otro lado del lago, seguramente en busca de la sombra de algún frondoso árbol para relajarse. Un grupo de jóvenes con camisas color azul cielo se disponían a limpiar el agua que minutos atrás bañaba los pies de Aarón, éste sonrió a medias al notar la acción de aquellos chicos.

- Sólo para que mañana ensucien de nuevo – habló el moreno haciendo un vago gesto de reproche con la mano. Dio una gran bocanada de aire, manteniendo la costumbre de respirar a profundidad aún cuando ya no necesitaba del aire para vivir. Una mujer joven, de quizá unos treinta años, pasaba justo por detrás de ellos con un pequeño de tal vez cuatro años tomado de la mano; les prestó atención. El niño regordete movió la cabeza hacia ellos y, para su completa impresión, le sonrió a la figura de Aarón ahora bajo el árbol de cerezas a unos pasos del lago. – ¿Cómo...?

- Los niños se encuentran en la fase más primaria de todos los seres humanos. Son sensibles a las energías que abundan alrededor y capaces de percibir y hasta de ver... ¿vida, será la palabra? que no pertenece a este plano. Todos nacen con un sexto sentido que va perdiendo fuerza a medida que la persona va creciendo y llenando su cabeza de teorías "razonables" que tienen una explicación meramente científica. Dejan de creer. – Aarón saludó al pequeño con la mano y éste le devolvió el gesto volteando hacia atrás, pues su madre se alejaba de ellos a grandes pasos.

- David, ¿qué...?

- El señor de allá – señaló con su dedo el punto exacto donde se encontraba Aarón.

- Ahí no hay nadie. ¡Camina! Llego tarde a la cita con el abogado – exclamó la mujer, jalando al niño hacia ella.

- Es triste, ¿no crees? más para... ¿cómo los llaman ustedes? ¡Muggles! Dudan muy pronto y dejan de creer en lo fantástico, divino y milagroso apenas un mal acontecimiento contamina sus vidas.

- Entiendo – Harry caminó hasta él. – Creo que debemos empezar con lo que me concierne a mí en este mundo al que ya no pertenezco, es decir...

- Por supuesto.

- Me... – cerró los ojos y apretó los labios para evitar soltar una obscenidad. – Estuve tan cerca del final de mi vida tanta veces, ¡tantas! pude escapar de ello, fui portador de las reliquias de la muerte, y aún así... – resopló, aquella situación le frustraba y apretaba con barbarie las entrañas. – ¿Cómo fue...? ¡Maldición! – formó un puño con su mano derecha y dio un fuerte golpe al tronco del cerezo; a una persona viva, de carne y hueso, le habrían dolido y hasta sangrado los nudillos.

- Antes de yo poder explicarte todo debes aceptar lo que te ocurrió.

- ¿Aún cuando no debía pasar?

- Hay cosas que son inevitables cuando suceden de forma tan... abrupta.

Harry entornó los ojos hacia arriba, divisando los rayos del sol que se colaban entre las hojas del árbol.

- No estamos en Londrés, ¿verdad?

- El clima estaba deprimente. Aunque debí dirigirnos a otro sitio más... limpio. - asintió con la cabeza y observó a su compañero.

- Explícame lo que hay que hacer – pidió con la voz ronca y endurecida.

Más importante que su muerte, era la vida de Ginny.


Nota/a: Creo que tomé un mal momento para retomar esta historia. Estoy ya en las prácticas de mi carrera y bueno, el tiempo libre no es mucho. No obstante, seguiré acá. Sepan disculpar tanto esta tardanza como las que sé que vendrán.

Ahora, ¿entendieron el capítulo? Espero haber hecho la primera parte de Harry y Aarón comprensible, aunque la situación se aclarará más en la continuación.

En esta historia hago una mezcla de lo que puede ser y lo que no (en cuanto a la vida real)... de lo que creo y de lo que veo quizá un poco absurdo (todo con respecto a lo que hay después de la muerte). Por supuesto, no es una historia sobre eso en particular, pero sí tendrá sus pinchazos de ese tema, tomando en cuenta el estado de Harry.

Espero les esté agradando. Cualquier comentario, no duden en soltarlo. ¡Todo con confianza!

¡Les mando un fuerte abrazo! Y hasta la próxima actualización.

Yani.! Y un posdata...

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Me dejé llevar por las redes sociales! (?)