Hola! :) que bueno que hayan dejado algunos reviews, yo feliz :) Así que dejen más porque me encanta leer. Muchas gracias por leer lo que escribo :)
5.-
Siendo sincera, había esperado ese momento años. Lo había anhelado. Ahora ahí estaba, besándome. Y digo besándome porque yo no era capaz de hacer nada. Ni mover la boca ni nada. En vez del sentimiento de felicidad que pensé que debía sentir tenía rabia. Quería asesinarlo. ¿Cuánto tiempo había esperado yo para tocarlo? Muchísimo. Y ahora el muy imbécil me besaba, me decía que estaba enamorado de mí, y creía que yo iba a caer rendondita. Con la poca dignidad que me quedaba lo separé.
-Malfoy… No, no me mires así, quiero hablar en serio. – al momento que lo separé de mi boca, me miró con aquellos ojos suplicantes. Los que en el colegio significaban "hazme la tarea que me da lata hacerla", pero que ahora significaban "dame un beso" y con una alta probabilidad de "te voy a llevar a la cama".
-Herms… No pongas la cara de conversación seria. Ahora no…- Su voz cada vez más ronca, intentaba acercarse a mi boca. Pero, la corrí.
-No puedo. En serio que no.- Mientras más lo apartaba, más me tomaba por la cintura, al punto que me estaba doblando hacia atrás, dejando su cara en mi cuello. Craso error.
-¿No me dijiste que te enamoraste de mí? ¿Qué me esperaste? – sus labios rozaban mi cuello con un suave beso, mientras lentamente me iban tentando a más. Debo confesar que fue un esfuerzo sobrehumano, logré soltarme
-No puedo porque yo no estoy aquí porque quiera.- No quise mirarlo cuando dije eso, porque sabía que iba a hacerle daño.
-Estás aquí porque te salvé.
-Pero pudiste haber sido más sincero. Y yo estoy con alguien, que por cierto quiero ver. Que necesito ver – aclaré mirándolo directamente a los ojos – quiero verlos a todos, quiero explicarles lo que pasó.- Malfoy se cruzó de brazos y me miró serio.
-¿Y luego qué? ¿Vas, los ves, te expongo a un peligro enorme para que después te devuelvas?- su tono irónico era insoportable. Pero pensé en las opciones. Claramente podía prometerle que iba a volver, que solo quería ver a Ron. Y a Harry, por cierto. No es que se me haya olvidado, pero era más importante Ron. Además de las ganas de verlo, me servía para poder mantener la compostura frente a Malfoy.
-Sí.
-¿Crees que soy estúpido? ¿Qué no sé que vas a arrancar hacia los brazos del zanahorio y de Potter?
-De Ron...
-Sí, sí, de Ron. Tu no dimensionas lo que pasa allá afuera. Lo que te puede pasar, de hecho nadie se convence que estés muerta, aún piensan que estás escondida… - Me dio la espalda, notoriamente frustrado
– No debí haberte dicho nada, debí haberte knockeado de nuevo y amarrarte.
-¡Hace dos minutos no querías eso! – le dije enojada
-Hace dos minutos no estabas hablando estupideces – me espetó.
-Mira Malfoy – le dije poniéndome seria de nuevo – Necesitamos ayuda. Tú necesitas ayuda. No puedes desaparecer así como así, ni mantenerme en esta casa para siempre. Así no funciona el mundo. Si me conocieras, sabrías que iba a escapar en algún momento.
-¿Tú creías que podías escapar? – me di cuenta que claramente se estaba burlando de mi – la única forma en la que podías salir era a través de la chimenea. Pero, como no soy estúpido, esa chimenea me obedece a mi y a nadie más, así que jamás habrías salido de aquí – Estábamos en un punto muerto. Él, no me iba a dejar salir, yo no iba a ceder. Y si me quedaba ahí corría riesgo de que me intentara besar de nuevo. Opté por lo sano: me di la media vuelta y salí.
-Cuando se te ocurra sacarme de aquí, háblame. Antes, olvídate de que existo.- Estaba segura de que mi medida de presión iba a funcionar.
Pasaron cuatro días en los que estuve encerrada en mi habitación. Mi medida de presión se había ido a la mierda. Intentaba enojarme cuando Draco me ponía la comida a los pies de la puerta, o cuando me dejaba ropa limpia. Pero no había manera de que me dejara salir de la casa. Así que al segundo día, opté por lo más dramático: dejar de comer. Sabía por experiencia propia que necesitaba agua para sobrevivir… La comida podía pasar a ser secundaria.
Al segundo día que había decidido no comer, me acosté luego de dejar el plato intacto en el pasillo. Era horrible no comer, me dolía el estómago y llenarse con agua no era la solución, pero en algún momento Draco iba a entrar y darse cuenta de que : o me dejaba salir, o me moría de hambre.
Eran alrededor de las once de la noche y yo dormía profundamente, cuando sentí un golpe en la puerta. Tomé mi varita, media dormida y pensé que era un mortífago o algo.
-¡Por la mierda, Hermione! ¡O comes algo ahora mismo, o te hago comer yo! – Malfoy había entrado hecho un ogro y gritándome. Sonreí, hasta que me miró.
-Yo como si salimos, si no salimos, no como. Es así de simple. – Crucé los brazos y lo miré triunfante, la expectativa de salir era maravillosa. Así como la expectativa de echarme algo a la boca.
-No juegues conmigo Granger…- se estaba enojando cada vez más. Pero, no tenía como obligarme a comer. Si me tomaba a la fuerza, juro que iba a vomitar todo lo que me diera.
-No juegues tú conmigo Malfoy, quiero salir, y quiero salir ahora. – le dije desafiante.
-No vas a salir, y vas a comer. Te lo advierto, no tengo problema alguno en obligarte – se acercó a mi y me cubrí con la almohada.
-Púdrete, no pienso probar nada. Prefiero morir de hambre que vivir encerrada.
-No estoy jugando, he hecho esto mil veces y lo puedo hacer de nuevo.
-¿El hacer qué, forzar a tu víctima a comer? – Le dije burlona, lo estaba haciendo enojar. Pero yo ya estaba enojada.
-Hermione, en serio - lentamente sacó su varita.
-Si me vas a petrificar no te va a servir de nada porque…
-¡Imperio! – gritó. Y yo me salvé por un pelo porque me lancé hacia atrás. Si ya me tenía enferma estar encerrada, no iba a perdonar que me lanzara un maldición imperdonable. Tomé mi varita, lancé cuántos hechizos pude, mientras me paraba y caminaba hacia él. No me di cuenta de que todo se rompía a mi lado, pero Malfoy había despertado mi lado frío y cruel.
Fue un bombarda lo que terminó de romper la pared, mientras Malfoy trataba de esquivarme. Todos los hechizos que intentó lanzarme los bloquee. No me servía muerto pero si inconsciente. Y era cosa de torturarlo para que dijera lo que yo quería y me dejara salir. Había aprendido la maldición Cruiciatus, y se me daba bastante bien si le deseaba el mal a otra persona. Y en ese momento, le deseaba a Malfoy lo peor. Fue en un instante de despreocupación, cuando un Expelliarmus hizo volar mi varita. Pero eso no me iba a dejar atrás. A diferencia de Malfoy, yo venía del mundo de los muggles, y sabía como defenderme. Si hace algunos días atrás le había dado una penosa demostración de mi defensa personal, ahora eso iba a cambiar.
Antes de que pudiera darse cuenta, me acerqué a él y le patee la mano. Funcionó porque se sorprendió, él no esperaba que yo ocupara mis manos, pero no lo pensé dos veces. Lancé un combo en la cara y lo esquivó.
-¡Para Hermione! – me gritaba mientras me esquivaba. Le propiné una patada en las costillas que hizo que se doblara, me preparaba para pegarle otra vez, pero agarró mi pie en el cielo.
-No caigo dos veces Malfoy – Musité. Nuevamente, emulé a un burro, y la pierna que tenía en el suelo la levanté saltando con tal fuerza que lograra darle a la cara a Malfoy. Lo logré y caí con las manos al suelo. Solo que esta vez, no dolió porque fue premeditado. Me levanté rápidamente y lo miré mientras se sobaba la cara. No estaba dispuesta a darle tiempo de reponerse y me dispuse a buscar mi varita.
-Hermione conversemos… - me dijo mientras trataba de esconderse.
-De conversar nada yo te voy a ….- No pude terminar la frase, porque se me olvidaba, que no comer disminuye la resistencia. Me tambalee, y caí de rodillas.
-Hermione…Estás cansada necesitas comer, no una batalla campal.
-¡Déjame! – le grité, cada momento era peor. No sentía fuerzas y estaba perdiendo. Sentí sus pasos acercarse y quise morir. – Si estoy así es tú culpa… - fueron mis últimas palabras antes de caer al suelo. Consciente, pero sin fuerzas para hablar.
Malfoy me incorporó e intentó ponerme en mi cama, en lo que quedaba de mi habitación. Los escombros de la pared molestaban. Salió de la habitación y volvió con un vaso de leche.
-Tómatelo. Salimos en la mañana. – me dijo mientras me acariciaba la frente. Lo miré agradecida. Sus ojos azules centellaban en la oscuridad preocupados. Es que era simplemente hermoso. Estaba despeinado, aun respirando con dificultad.
-Gracias.- Le dije cansada. Le di otro sorbo al vaso de leche.
-Te quedaron bigotes – me dijo mientras que con su dedo pulgar limpiaba lo que quedaba. En un acto inconsciente, y porque cada roce de él me quemaba, abrí los labios dejando su dedo entre mis labios. Lo miré directamente a los ojos. Porque tengo que admitir que desde el día en que me besó me había contenido con todas mis ganas. Inmediatamente su dedo se quedó quieto, justo en el centro de mis labios.
-¿Pasa algo? – pregunté mientras disfrutaba la textura de sus dedos entre mis labios. Era perfecto. Solo quería morderlo.
-Nada… Me preguntaba que podía cambiar en cuatro días, o si solo es tu falta de comida lo que te está haciendo portarte… Como deberías haberte portado en el colegio – sonrió y me mató. Su sonrisa era simplemente perfecta.
-No cambia nada…Solo que… - tomé aire y me acomodé. No sé qué había pasado, o si la leche era una súper leche, porque no sentía el cansancio en absoluto, solo unas ganas infinitas de… Bueno, solo voy a decir unas ganas infinitas.
-A mi no me llevas el ritmo Granger… Sin sacar la mano de mi boca se acercó, me tensé tanto que me dolieron los músculos – No juegues conmigo, a diferencia de ti, yo no tengo novia, así que se podría decir… que necesito estar con alguien – ni el recordatorio de Ron me detuvo. En un hambre sobrehumana le corrí la mano, me abalancé sobre él y lo devoré. Ahora no tuve problemas en mover mi boca, en usar mi lengua, ni en atraerlo hacia mí con todas mis fuerzas.
-Yo… Te necesito, desde…siempre – le dije mientras lo besaba. Me besó con más pasión, pero lentamente fue bajando la intensidad.
-Yo también – me miró, con un autocontrol impresionante, luego me corrió un mechón de mi mejilla mientras – pero no quiero que te desmayes mientras te hago el amor. Y en vista y considerando que destruiste esta pieza, hoy duermes en mi cama. A comer y a dormir.
