¡Hola a todos!
Vengo retumbando por acá. Este mes ha sido muy difícil, mi papá falleció (cómo me cuesta decirlo). Aquí estoy en constante análisis, porque hay momentos en los que me siento tranquila, muy tranquila, y me digo que no puede ser así... ahí me estudio y caigo en la cuenta de que quizá no he asimilado del todo la situación. Después vienen las horas en las que me siento con la mente embotada y sumamente triste. Cosas que pasan en la vida. Y hay que seguir, como dice mi mamá, sujetas de la chiva del Señor.
Disculpen la introducción bajoneada y tan fuera de onda. En estas semanas he estado trabajando, leyendo mucho y escribiendo también, para distraerme. Este capítulo me salió rápido y sin mucho esfuerzo, espero eso sea constante.
¡Gracias a quienes leen!
Entre los Vivos
Capítulo XI
La garganta le picaba y le sudaban las manos. Todo malestar físico era ocasionado por los nervios, eso era todo. Las heridas del cuerpo sanaron rápidamente, muy rápidamente… increíblemente rápido… comentó el doctor al darlo de alta. Sufría de dolores de cabeza de vez en cuando. Nervios y ansiedad. Todo era por los nervios y la ansiedad. Debía mantener la calma; no tenía idea de cómo, pero debía mantenerse tranquilo. Imposible maquinar un buen plan cuando es la desesperación la que toma las riendas de tu vida. Debía obligarse a estar tranquilo, si no cometería una locura.
Había estado cerca de ella, cerca de Ginny. Aquello le ayudó mucho. Ginevra estaba bien, por los momentos estaba bien. Trabajaba y comía, eso era bueno. Un avance, algo es algo.
- ¡Joder! – se llevó las manos hacia los lados de la cabeza, presionándola como si fuese un melón. Una punzada arremetió contra sus sienes y le hizo soltar una exclamación que llamó la atención de los que estaban cerca de su banquillo en el parque.
Tomó la botellita de agua y una aspirina de una cajita que había adquirido en una farmacia. No había sido del todo inteligente, se metió en alguien completamente muggle, no tenía la ventaja de la magia. Al menos el joven llevaba algo consigo; una billetera con unos cuantos dólares que, sabía, no le durarían mucho y un permiso de conducir. Si alguien gritase el nombre de Jake cerca de él, debía verse en la obligación de voltear.
Mejor si aquello no ocurría. Esperaba que Jake (de veinticinco años) hubiese sido un solitario con poco amigos, para beneficio de él. No se haría responsable de la vida personal del joven. Cometía aquella locura para proteger a Ginny, nada más. Si el moreno dueño del cuerpo tenía familia o no, no le era de gran importancia, no en ese momento. Sonaba egoísta e incluso cruel, pero en su mente solo estaba la seguridad de la pelirroja, y con ella la seguridad del resto de su gente. Tenía que advertir a alguien sobre lo que sabía.
Apoyó las manos sobre el banquillo después de tomarse toda el agua. Le sentó bien, ya no le picaba la garganta, pero los nervios seguían fluyendo torrencialmente por todo su nuevo cuerpo. Se sentía pesado y desanimado. Preso de algo que ni siquiera él podía definir. Debía decirle a alguien lo que sabía, no obstante, la información que tenía aún era muy escasa. Si tan solo supiese donde se ocultaba esa maldita… quizá todo fuese más rápido y sencillo. Pero, ¿cómo averiguarlo? ¡Ni varita tenía! ¡Todo un desastre! Quizá no había meditado bien las cosas. No controlaría la situación aún con las dudas bullendo torturadoramente en su mente. Había hecho todo tan de prisa tan solo por la enfermiza amargura que le ocasionaba ver a Ginny sufrir.
Respiró hondo, aún aferrándose al banquillo. Odiaba más que nunca al destino. ¡Lo había tenido todo! Después de años de sufrimiento, al fin había conseguido estar tranquilo, estar en paz. La esperanza de una familia propia y de una vida digna… todo se le había arrebatado en un abrir y cerrar de ojos. De nuevo. Como aquella vez de pequeño, de bebé. Todo se le había arrebatado. De nuevo.
Y aún era participe del desastre incluso cuando su suerte fue la de haber perdido la vida. Tenía un papel en aquella situación, como siempre. Logró sobrellevar el primer suceso trágico que marcó su vida, terminando con Voldemort. Podría sobrellevar este, aún sin estar seguro de tener las fuerzas necesarias, pero algo se le ocurriría.
- Repasa lo que tienes, Harry – cerró los ojos y pensó. Aarón no había sido de mucha ayuda con relación al paradero de la maldita bruja. ¿Por qué permitirle saber las intenciones de esa mujer si no metería la mano para hacer algo? ahora que él ya no le acompañaba, cuestionaba mucho sus actitudes. A veces agradecía que lo hubiese dejado solo.
Tomó la botellita de agua, olvidando que estaba vacía. Tanteó en los pantalones y dio con la billetera. ¿Qué hacer cuando gastara el par de billetes que aún le quedaban? ¿Cuánto tiempo pretendía utilizar para "arreglar todo"? debía poner manos a la obra, con un plan bien pensado o con apenas una idea, al menos. ¿Qué idea? ¿Acercarse más a Ginny? Su bienestar era su mayor prioridad. Su bienestar, el de ella, el de ambos.
Sonrió. Quería estar con ella. Aquello entorpecería su "misión", lo distraería, sacaría de base su objetivo y se estancaría en el deseo personal, en lo que añoraba sin importar nada más, inclusive Ginevra.
Más tarde se daría cuenta de que solo estaba pensando en él.
O O O O
- Todo saldrá a pedir de boca – exclamó Hannah, la novia de Neville. La mujer había llegado con dos horas de retraso y se había perdido la exhausta conversación que habían tenido sobre la pronta boda de Ron y de Hermione.
Luna y Hermione no se molestaron en repetir todo cuanto hablaron sobre los preparativos, no sería una boda grande, pero sí conllevaba trabajo.
- Voy a tomar aire – le informó a su hermano, interrumpiendo la charla que tenía con Neville sobre los exigentes entrenamientos para ingresar al cuartel de aurores.
- ¿Te sientes bien? – ambos la miraron con un deje de preocupación que no pudieron disimular.
- Todo bien – sonrió, mostrando estar tranquila. – De verdad. Tomaré un poco de aire y luego vendré a comer un trozo de ese pastel de chocolate que trajo Hannah. No te importará, ¿verdad, Neville?
- Claro que no, toma lo que gustes – el hombre le sonrió con cariño y, bajo la mirada de él y de su hermano, salió por la puerta principal.
Los peldaños que debía bajar eran pequeños y rechinaban con cada paso. El departamento de Neville era chico pero le agradaba su ubicación, cerca de Hosmeade. Estaba situado sobre un pequeño local que servía como cafetería, la cual aún estaba abierta a pesar de entrada la noche. Se dejó iluminar por los faroles, apoyándose en uno y mirando hacia la calle. Varias personas circulaban entre las tiendas.
Creyó que se sentiría mal, muy mal, al escuchar los preparativos para la boda de su hermano y cuñada. No ocurrió, inclusive dio ideas que en algún momento pensó para su propia boda.
- Vas bien, Ginny – se dijo. Aquella simple frase se había convertido en su mantra.
A su alrededor disminuía el número de personas y el café apagó las luces del establecimiento. Tan sólo quedaron iluminadas el par de ventanas que pertenecían al departamento de Neville. Ahí distinguió las siluetas de su hermano y su amigo. Seguramente la vigilaban, pendientes. Sintió un revoltijo en el estómago, cansada de generar tanta preocupación. Todo estaba bien, ella iba a estar bien. Debían dejarla respirar un poco más.
- Vas bien, Ginny. Todo seguirá estando bien – se apartó un mechón de cabello de la frente y volvió al departamento.
Todo el tiempo que estuvieron ahí transcurrió de prisa. Después de volver de su (ahora habitual) momento de tomar aire, no fue mucho el tiempo que esperó para escuchar a Hermione decir que ya era hora de irse. Tendrían trabajo al día siguiente y quedarse a madrugar sería muy insensato. No dudó en darle la razón a su cuñada, se sentía cansada y quería volver a casa.
- ¿No quieres que me quede contigo esta noche? – un día se las cantaría todas a Hermione.
¡Basta de tanta preocupación! ¡Basta! ¡Basta! ¡No me sofoquen! ¡TÚ, NO ME SOFOQUES! ¡ESTOY BIEN!
- Nada que ver. Anda tranquila. Estoy cansada y ya mismo me iré a dormir.
- Cualquier cosa, llamas.
- Lo sé. Lo sé. Ya váyanse – dio un beso a ella y a su hermano. No entró al edificio sino hasta que el auto desapareció de su vista. Luna aún con su brazo fuera de la ventana, despidiéndose.
Suspiró camino al ascensor, haciéndosele eterno los minutos que éste tardaba en abrir las puertas y subir hasta su piso. No esperó a llegar para quitarse los zapatos, le dolían un poco los talones y se le antojaba un buen masaje, uno de esos que les daba Harry.
- No empieces – sacudió la cabeza y se apoyó a un lado del ascensor al ingresar en él.
No se molestó siquiera en ponerse su pijama. Arrastró los pies hacia su habitación y se tiró de una en la cama. La varita aún en su mano, no la soltó cuando la sacó de entre sus pantalones. Inmediatamente se quedó dormida.
El sueño ya recurrente. No veía tan nítidamente. Tampoco estaba segura si se trataba o no de un sueño. Todo a su alrededor se movía constantemente, cambiando de posición. Los árboles eran más altos y sus copas se unían cubriendo todo el cielo, apenas y se podía apreciar el asomo de un rayito de luna sobre algunos puntos de la superficie cubierta de hierba. Había mucha maleza y cientos de arbustos la rodeaban.
- Esto es un sueño – se dijo, convencida. Y sabía que al despertar, recordaría muy poco.
- Ginny… - escuchó su nombre, y provenía de una voz que ella conocía muy bien. Corrió, avivada, sin poder definir las sensaciones que nacieron en el centro de su pecho. No estaba asustada, a pesar del panorama.
- ¡Ven conmigo, Ginny!
- Ahí voy. ¡HARRY, AHÍ VOY!
- ¡AGUARDA! – se detuvo en seco. Miró a sus alrededores en busca de alguna señal, algo que le indicase dónde estaba Harry. La desesperación se agitó en su interior.
- ¡HARRY!
- ¡Va a doler! No vengas, Ginny.
- No importa. Yo… - empezó a caminar.
- ¡QUÉDATE AHÍ! ¡NO TE ACERQUES!
- ¡QUIERO ESTAR CONTIGO! ¿DÓNDE ESTÁS, MALDITA SEA?
- ¡VA A DOLER!
- ¡NO ME IMPORTA! – empezó nuevamente a correr, y un dolor desgarrador le hizo doblarse hacia adelante. Se detuvo en seco, cayendo de rodillas y sujetándose el vientre. El dolor nació en su estómago, mas no tardó en extenderse rápidamente por cada parte de su cuerpo, intensificándose en las extremidades. - ¡HARRY!
El dolor aumentó otro poco, y pasado un minuto, otro poco. El sufrimiento se acrecentó con el pasar de cada segundo, cada vez más rápido y más fuerte, más insoportable. Gritaba desesperada, hecha un ovillo sobre la hierba. Con cada grito su cuerpo se contraía, sufriendo espasmos que dejaban sus músculos contracturados.
- ¡HARRY!
Tenía las manos fuertemente cerradas y los brazos entumecidos. Los cachetes mojados y la ropa empapada en sudor. Aquella pesadilla había logrado darse paso a la realidad; su cuerpo se empequeñeció en la cama, colocándose en posición fetal, mientras cerraba los ojos y trataba de recordar. Pensó en que sentía dolor mientras dormía, despertó agitada y todo fastidio desapareció; sin embargo, aún apretaba su varita reciamente y se la pegaba al pecho con insistencia. Recordó el insoportable malestar, como brasas en sus venas, y nada más. Corría por un lugar el cual ya había olvidado y escuchaba la voz de alguien que la llamaba y después…
- Maldita sea – relajó una de sus manos para llevarse dos dedos al centro de su frente, masajeando. Una punzada se clavó allí, fastidiándola.
Se levantó con la intención de buscar un par de pastillas para el dolor de cabeza, o una poción, sería más efectiva. Pero al apenas estar en pie y quitarse la ropa, volvió a arrojarse en la cama. La varita pasó a estar en la cómoda junto a su cama.
- Vete, ya… - masajeaba sus sienes suavemente. No quería tomar nada para aquella molestia. Vio la hora y notó que aún era temprano. Pensó en si le sentaría bien una taza de chocolate. – Mañana – se giró y abrazó a su almohada.
Le faltaba poco para quedarse dormida cuando unos golpes en la puerta volvieron a colocarla en alerta. Los nervios se le dispararon en todas direcciones.
- ¿Quién demonios…? – giró sobre la cama y apoyó una mano en su frente. Podía ignorar a la persona que tocaba con tanta insistencia, mas aquella pesadez por parte de quien fuese que estuviese ahí le hicieron pensar que era algo importante.
Se levantó con prisa y se cubrió con la bata de dormir. Ni pijama cargaba encima, tan solo su ropita interior. Ya había salido de la habitación cuando volvió corriendo, tomando su varita.
- ¿Quién es? – debía instalarle una mirilla a esa puerta.
- Es Jonh… Gi… señorita Weasley. Su nuevo vecino de arriba.
- ¿Qué…? – no quitó la cadenita de la puerta, apenas se asomó un poco para poder ver al sujeto. - ¿Qué…?
- ¿Está bien? – notó el tono preocupado acompañado de una mirada alarmada.
- Sí… ¿por qué…?
- La escuché gritando… y quería saber si todo estaba bien. ¿Seguro no…?
- ¿Cómo me escuchó…? – Ginny pensó en su sueño, no recordaba haber gritado pero…
De ser ese el caso, ¿por qué nadie más se tomaba la molestia de ir a ver si aún estaba viva? Alguien más en ese edificio debía seguir despierto a esas horas.
- Estoy bien, no tienes de qué preocuparte – iba a cerrar cuando él volvió a hablar.
- ¿Seguro? Casualmente iba a pasar por aquí. Y… - movió la cabeza con el fin de verla un poco mejor. - ¿Puedes abrir? No soy un loco psicópata – sonrió con amabilidad. Una sonrisa encantadora a los ojos de cualquier mujer.
- Eso no lo sé yo, apenas te conozco – el hombre deshizo la sonrisa y abrió muchos los ojos, luego bajó la mirada.
- Lamento si…
- Ya… - Ginny sonrió, quitando todo seguro de la puerta. Aunque la varita la mantenía bien sujeta bajo su bata. Volvió a abrir - ¿Para qué pasabas por aquí?
- Quería… - de su chaleco sacó un sobre delgado, una invitación, ella la tomó después de vacilar unos segundos.
- Open House…. es extraño que un hombre…
- Me veo en la obligación de hacerla – volvió a sonreír. – Y servirá para hacer amigos acá. ¿Son agradables el resto de los vecinos? Las gemelas que viven allá – señaló el departamento al final del pasillo – son algo…
- En cualquier oportunidad se lanzarán sobre tus huesos.
- Es… - él realizó una expresión que la hicieron reír un poco. – De acuerdo.
- Sólo tienes que cuidarte de los Jhomsons, un par de viejos muy chismosos. El resto es buena gente, al menos eso creo – miró la invitación una vez más. – En el primer piso viven Tonny y Michael, son pareja. Creo que son las personas más amables que viven aquí. Si necesitas ayuda en algo, puedes ir con ellos que nada te negarán. – Lo vio. Pensó que Tonny y Michael también querrían abalanzarse sobre los huesos del nuevo vecino. Era alto, atlético, con la piel blanca. El cabello negro un poco más debajo de la nuca, bien peinado. Ojos azules, nariz perfilada y una boca carnosa que resultaba sensual. Si era muy apuesto.
- Muy bien – él la observó con atención y allí empezó a sentirse incómoda. - ¿Seguro estás bien? Cuando te escuché gritar…
- Fue solo una pesadilla – empezó a cerrar la puerta. – Estoy bien, gracias por preocuparte.
- No fue… - Ginevra solo dejó asomada una parte de su cabeza – cualquier cosa que necesites, puedes tocar mi puerta. Estoy a la orden.
- Gracias.
- Bien… buenas noches – hizo un movimiento de adiós con la mano pero ella ya había cerrado la puerta y echado el cerrojo.
Se recargó a un lado por unos segundos. Le dolía la mano por la presión ejercida alrededor de la varita.
- Ya – dio rápidos pasos hacia su habitación, no sin antes meter el sobre del vecino en su bolso. No estaba para fiestas, no todavía. Le llevaría la invitación a Luna.
Estando ya desnuda volvió a acostarse. No tardó en dormirse y no soñar nada. Era algo bueno.
O O O O
Ronald Weasley también era reconocido en el mundo mágico, ayudó a Harry Potter en su misión de vencer al mago más oscuro de todos los tiempos. Por ende, también fue noticia la boda entre él y Hermione Granger, la otra gran amiga de Harry Potter, igualmente, con su porción de reconocimiento por sus hazañas.
El pelirrojo tenía fijada nuevas metas, desde hacia tiempo, las cuales demoró debido al accidente que causó la muerte de Harry. Aún vivía el luto pero yendo hacia adelante. Estaba al corriente de que el tiempo presente podía llegar a ser más corto de lo normal. Lo supo durante la guerra, cuando perdió a Fred, y lo asimilaba ahora con Harry. La vida no puede planearse en su totalidad y lo único que aseguraba de ella era lo impredecible. Vueltas en un laberinto, a veces encuentras la salida, a veces no.
Dejó de ayudar a George diariamente en la tienda cuando Hermione le informó sobre las pruebas para ingresar a la academia de aurores. Era un entrenamiento arduo que no sólo conllevaba a la preparación física sino también intelectual.
- Debí hacer esto con Harry – murmuró ofuscado, aguantándose las ganas de arrojar al suelo el montón de papeles y libros que cubrían la mesa.
- Saldrá todo bien, ya lo verás.
- Si estuviese aquí podría entrar sin ningún problema. ¡Qué buena influencia que tenía!
- ¡Por favor! Era tu mejor amigo pero tomaba también en serio su trabajo. Además, sé que al él ingresar, le exigieron el doble que a los demás. Era un mago excelente y no se molestaron en demandarle más, sabían que daría la talla. Y seguramente… - Hermione rodeó la mesa y se apoyó en la espalda de Ronald, abrazándolo por detrás – contigo harán lo mismo.
- Yo no soy…
- Eres tan increíble como Harry. Lograrás entrar y serás uno de los mejores.
- ¿Y si tengo que hacer informes? – tomó las manos de su prometida y, volteando la cara, la miró con expresión preocupada e inclusive aterrada.
Hermione rió antes de darle un beso en el cachete.
- Para eso… - señaló la pila de libros y hojas – prepárate.
- ¿Me ayudarás?
- Debo preparar el almuerzo antes de irme al ministerio – dio otro beso en la mejilla antes de alejarse hacia la cocina.
Ron no le quitaba el ojo de encima. Vivían juntos desde hacía ya un mes y mucho no esperó para proponerle matrimonio. Si la vida le cobraba cuentas aún estando joven, se las daría al menos siendo feliz.
Pensó, trató de imaginarse cómo sería su vida sin Hermione. Si, en un abrir y cerrar de ojos, la perdiera. Cómo sería, qué cosas haría él al ya no tenerla a su lado… sintió malestar y rápidamente sacó su celular. Iba a llamarla pero optó por mandarle un mensaje, por si se hallaba ocupada en su trabajo. No tardó en escuchar el tono del teléfono.
"Estoy bien Yo también te quiero."
Respiró con más tranquilidad.
"¿Vienes a cenar esta noche? yo puedo cocinar"
Sabía que aquello le sacaría una sonrisa.
"¡PUAJ! Ni se te ocurra :s"
"Bien, bien, cocinará Hermione"
"Mejor así. Volveré al trabajo"
Iba a dejar su celular cuando Ginny mandó otro mensaje.
"Gracias. Te adoro. :)"
Le respondió con el mismo cariño.
Volvió su atención una vez más a la pila de libros. Las pruebas serían en menos de dos semanas y aún le faltaba mucho por aprender. Observó a Hermione; creyó presentar arcadas al volver a imaginarse la vida sin ella. Raudamente se levantó de la mesa y fue tras su prometida, quería sentirla viva entre sus brazos. El almuerzo y el estudio podían esperar.
O O O O
Sentía mucha ansiedad. Una parte de su ser estaba eufórico, de cierta forma, era una euforia buena. La otra estaba sumergida en un miedo extraño. Era una bola de nervios. Cerrando los ojos, aplicó todas las estrategias existentes para tranquilizarse. Desde respirar hondamente hasta contar hasta cien. Para asegurarse, contó hasta el número doscientos. Caminaba de un lado a otro, como un gato al acecho. Miraba hacia el suelo y solo de vez en cuando divisaba los ventanales de la editorial. Ginny no había salido por postre ese día, quizá se conformó con los pastelillos de la cafetería del edificio.
Miró sus ropas, analizándose. Gastó el par de billetes que tenía en dos camisas casuales y unos pantalones jeans de color negro. Lo prefirió así. El color negro era el más limpio que existía; si se ensuciaba, no se notaba tanto. Tentó en los bolsillos y sintió la billetera ya sin ninguna ayuda monetaria. ¿Qué hacer? Forzaría la puerta de su departamento. Necesitaba un sitio para dormir y bañarse y más ropa, además de comida. Ya no tenía dinero y los ahorros de su cuenta en Gringost solo guardaban galeones. ¿Podría andarse por el mundo mágico sin problemas? Sopesaba la idea. Era una opción.
Volvió a mirar hacia la editorial. Era un amplio y alto edificio con dos entradas. Estaba hecho para las oficinas de una revista muggle además de la revista donde trabajaba Ginevra. Harry custodiaba, para su desesperación, la entrada correspondiente a los trabajadores muggles. La entrada hacia la parte posterior, para los magos y brujas, se hallaba oculta a los ojos de cualquier persona no perteneciente al gremio. Sabía que estaba a un lado de la cafetería, pero no podía verla.
Maldiciendo su suerte por milésima vez, enfocó la vista hacia las ventanas. Inútilmente, porque solo divisaba la sección muggle. Pedía con todas sus fuerzas ver pronto a Ginny. Saldría por donde debía, mas tenía que caminar por la acera frente a la calle principal para irse a su departamento. Ahí podría interceptarla y… ¿después? Acercarse a ella sin asustarla era imposible. La había notado más nerviosa de lo normal aquella ocasión en la que hablaron y, bueno, él era un completo extraño. Pensaría que la acosaba apenas se topara con ella. Era una situación de locos pero no daría marcha atrás. El corazón le latía desbocado y sentía algo removiéndose en el estómago. Miró la hora, faltaba poco. Empezó a sudar como un condenado y a remover las manos inquietamente. Creyó que tendría más tiempo para calmarse, mas intercepto la cabellera pelirroja cinco segundos después de tratar de sacarse las palmas húmedas contra el pantalón.
Allí iba, a paso rápido. Era una ventaja que Ginny ya no utilizara el automóvil, de lo contrarío sería más difícil seguirle el paso. Guardaba una distancia más prudencial que la última vez. Varias personas se interponían entre ellos y agradecía que la mujer llevara su cabello suelto, así no la perdía de vista. Era imposible pasar desapercibido ese cabello pelirrojo. Lo tenía mucho más largo.
- Va a… - cruzó a la izquierda. Harry la perdió de vista por unos segundos. Cuando cruzó sobre sus pasos, no la vio. Viró la cara de un lado a otro, medio desesperado, medio temeroso, aún sin saber qué decirle en caso de toparse "accidentalmente" con ella. Parte del miedo se debía al hecho de que Ginny podía descargarse con su varita contra él, y Harry era muy consciente de su poder. Iba a sufrir mucho si aquello ocurría. - ¿Dónde…? – alguien con el pelo rojo salía de la licorería que tenía en todo el frente.
Ahí, estaba parado a un lado de la vidriera. Ginny observaba una de las botellas que había comprado antes de dejarla en la bolsa junto con otras dos, aún de pie frente a la puerta del establecimiento. Se perdió en el momento, estaba a tan solo tres pasos de ella. La mujer no alzó la vista hacia él, tan solo se acomodó el abrigo y, asegurando la bolsa en una de sus manos, buscó en su bolso su teléfono celular.
Harry no entendía cómo aún no reparaba en su presencia. Se habían visto una vez pero bastante cerca, ella podría reconocerlo. Además, la observaba con tal intensidad que cualquiera se habría percatado. La escuchó estornudar bajito antes de pegarse el celular en la oreja. Le dio la espalda, empezando a caminar. Él volvió a seguirle el paso, agudizando el oído con la intención de escucharla. Tal era su prisa por acercarse más que sin querer se llevaba a más de un peatón por el medio, también recibió varios pisotones.
- Sí, sí. Ya salí del trabajo… - viró a la derecha. – Voy para allá. Sí, compré el vino – Ginny se introdujo en un callejón ciego y pequeño sin personas a su alrededor. Harry prácticamente corrió hacia el lugar sabiendo que ella pretendía desaparecer. Apenas y logró ver el tenue reflejo pelirrojo antes de verse solitario en ese callejón sin salida.
- Qué mierda… ¡joder! – pateó una lata vacía, la cual chocó contra la pared excesivamente graffiteada con dichos de todo tipo. Se llevó las manos hacia la cabeza y, caminando hacia un lado, se apoyó sobre la burda frase que indicaba: "el malote estuvo aquí y gozó con su mamacita".
Pateó otra lata que tenía a un lado, dando esta vez en un basurero. Un par de gatos chillaron agudamente.
- Tan cerca… - miró el punto donde había visto el reflejo pelirrojo. ¿A dónde habría ido? Pensó en la madriguera. Si tan solo él pudiese… - ¡Qué mierda!
Iba a abandonar el callejón cuando, dando un último vistazo al lugarcito donde Ginny había desaparecido, notó un pequeño sobre rectangular. No dudó en tomarlo, seguramente se le había caído del bolso. Dentro del sobre había un rectángulo de cartulina con elegantes diseños en los bordes. Era una invitación.
Una gotita de expectación le despertó el corazón. Guardó la invitación en su billetera y arrojó el sobre en uno de los basureros. Los gatos volvieron a inquietarse.
O O O O
- Pensé que George iba a venir – Hermione servía tres copas de vino mientras Ginny le ayudaba a acomodar los platos. Tenían ensalada, carne de lomito y puré de papas; la castaña cocinaba muy bien.
- Creo que se quedó haciendo inventario, no sé. Como Ronald ahora lo ayuda muy poco.
- ¿Cómo se prepara para las pruebas de admisión?
- Está estudiando mucho. Créeme, realmente está interesado.
- Apuesto todo de mí a que todo le irá bien.
- Yo hago la misma apuesta – la castaña servía grandes porciones de ensalada en cada plato.
- ¿Por qué algo tan elaborado? Sabes que puedes hacerme feliz con un trozo de lasaña – sonrió Ginny, olisqueando la carne humeante.
- Me dieron ganas – se alzó de hombros con una sonrisa.
- ¡Huele delicioso! – Ron apartó una silla para llegar hasta Hermione y plantarle un suave beso en los labios. Luego fue hacia Ginevra – Deberías venir más seguido, si harás que Hermione cocine así – le besó la mejilla.
- ¡No seas descarado! Más bien deberías tú, alguna vez, cocinarme algo.
- ¡Siempre preparo el desayuno!
- Sabes que no considero al cereal con leche un desayuno completo y balanceado.
- ¡También te preparo tostadas!
- ¡Se te queman!
- Ustedes no cambian – rió Ginny – inclusive viviendo juntos ya.
- No creas, hemos mejorado. Antes peleábamos por el tipo de jabón que debíamos comprar – habló Hermione.
- Los de esencia de girasol me dan alergia – informó Ron, tomando vino – prefiero los neutros.
- Votamos por el de aloe vera. Y listo.
- Los neutros son mejores – susurró el pelirrojo a su hermana. Ginny solo rodó los ojos y rió otro poco.
Ojalá y solo existieran ese tipo de problemas, así la vida sería menos jodida.
- Vamos a comer, tengo mucha hambre – se sentó de frente a Hermione. - ¿Algún plan en especial para el fin de semana?
- Ron tiene que estudiar – el pelirrojo se atragantó con un bocado de carne.
- ¿Inclusive el fin de semana?
- Si quieres estar bien preparado, sí.
- Mi vida…
- ¿Has practicado la lista de hechizos de desarme de alto impacto que te armé? ¿O al menos leído?
- Yo…
- ¿Y las pociones explosivas que debes saber preparar?
- Amor…
- Mucho que estudiar – la castaña se llevó a la boca un trozo de lechuga y tragó rápido. – Le pedí a Neville que se asegurara de que entrenaras.
- ¿No estarás conmigo el fin de semana?
- Adelantaré unas cuantas cosas para la boda – Ginny tomó un trago de vino para pasar la carne.
Todo bien.
- ¿Necesitas ayuda? – se ofreció a su cuñada. Hermione la miró unos instantes, ella le sonrió.
¡Todo está bien, Hermione!
- Si gustas… sí. Me gustaría. Fleur irá con nosotros. Pasaremos por la modista y por la iglesia, necesito hablar con el padre.
- Muy bien.
- Podríamos decirle a Luna – sugirió su cuñada.
- Una gran idea.
- No tomen muy en cuenta las opciones que pueda tener Luna con relación a la boda – intervino Ron.
- Pensé en dejarla escoger el diseño de mi vestido – Hermione rió.
- Te verías inolvidable – Ginny soltó una nueva risita.
- ¡Y el traje de Ron!
Vas bien. Se entusiasmó con las ideas para la ceremonia, proyectando opiniones incluso para la fiesta. Se había dicho ya que sería una boda pequeña pero querían hacer algo bonito, lo valía.
El sábado estuvo muy alborotado. Pasado el mediodía sólo habían adelantado un par de cosas, entre ellas la selección de la modista. El otro gran adelanto era la selección del color de los manteles. No podían ser blancos.
- Parecerá que usas lo que llevan las mesas – indicó Luna. – Si el vestido será blanco, que los manteles sean color crema, puedes combinarlos con el color vino tinto.
Fue una buena idea. Quedaba un contraste bonito.
- ¿Ahora?
- A la iglesia.
Fleur acompañó a Hermione, Ginny prefirió esperar en el auto y Luna decidió acompañarla.
- ¿Planes para esta noche? ¿O estás muy cansada?
- ¿Algún nuevo concierto de Jazz, acaso? ¡Me gustó esa música y no vamos desde hacía semanas!
- En realidad quería saber si salíamos a tomar algo.
- Yo… - Ginny recordó algo. - ¡La fiesta!
- ¿Qué fiesta?
- Te voy a dar… - buscó en su bolso la invitación que su nuevo vecino le había entregado. No se acordaba de ella desde que la metió en su cartera aquella noche. - ¿Dónde la metí?
- ¿Qué cosa?
- ¿Recuerdas a mi nuevo vecino?
- ¿El guapo de Holmes?
- El mismo.
- Está para el crimen – Ginny rió ante las expresiones de Luna. Otro nombre añadido a la lista de personas que se lanzarían sobre los huesos del hombre sin vacilar.
- Hará una pequeña fiesta en su departamento. Invitó a varios de los vecinos, dijo que para conocerlos.
- No es mala idea. Es nuevo en el edificio.
- Te iba a dar la invitación a ti, por si querías ir.
- ¿Tú no irás?
- No tengo muchas ganas – se recostó y apoyó la cabeza en el asiento. Sus rodillas casi chocaban con el asiento del copiloto, Fleur lo había arrimado mucho hacia atrás. Con un movimiento de varita lo acomodó.
- Al menos un rato.
- No encuentro la invitación.
- Te dejará pasar a penas te vea. Ya se conocen.
- A ti también te conoce. Puedes ir sin problema – volteó la cara para mirarla.
- Voy si tú me acompañas.
- ¿Por qué?
- Seguridad – sonrió. – Vamos, Ginny.
La pelirroja viró la vista hacia el techo del auto y dio un largo suspiro. Luna continuaba insistiéndole, sujetándola de un brazo.
- De acuerdo – accedió en un resoplido. – Solo un par de horas. Ojalá vayan Tonny y Michael.
Fueron Tonny y Michael. A Ginny le gustaba platicar mucho con ellos. En el edificio la mayoría eran muggles. No obstante, estando a tan solo unas tantas cuadras del mundo mágico como no mágico, también residían varios magos y brujas. Ginevra adoró la ubicación de aquel barrio al representar prácticamente una frontera entre los dos mundos, y muy cercano a su lugar de trabajo.
La mayoría de los residentes dieron sus condolencias cuando se enteraron de la muerte de su prometido. No tenía verdaderas amistades ahí, no aún, y llevaba un poco más de un año en el lugar. Aquello podía deberse a que, si no estaba en su oficina, estaba con Harry, salían con sus compañeros de Hogwarts e incluso, cuando lograban tener más de dos días libres seguidos, se escapaban a algún lugar turístico. Un sueño dorado, excelentes días, los mejores de su vida. Las páginas felices de su existencia.
Michael y Tonny fueron los primeros (y los únicos) en llevarle una tarta para su bienvenida cuando se mudó. La había preparado el mismo Tonny. Ambos eran muggles, Tonny tenía veinte años y estudiaba para chef, era delgado como una tabla, y de expresión carismática, con el cabello cobrizo. Michael tenía veinticuatro y era decorador de interiores y organizador de fiestas, era más robusto pero bien formado, de estatura media y con el cabello completamente negro, el cual peinaba con mucho gel.
- Está para comérselo, querida - Tonny hizo un movimiento encantador con ambas cejas.
- Esto debería molestarme, pero no puedo evitar pensar de la misma forma – Michael miró a Tonny - No te lo tomes a mal, tú bien que estás disfrutando el espectáculo.
- Somos fieles, corazón – Tonny era mucho más afeminado que Micheal, y más atractivo, cabía destacar. – Pero la fidelidad no va de la mano con la ceguera. Solo disfrutamos el panorama.
Michael rodó los ojos y giró para estar frente a Ginevra. Luna y Tonny continuaban delatándose con la imagen del anfitrión ofreciendo copas de vino o vasos de whiskey a sus invitados. No había mucha gente pero sí era considerable la cantidad, dado el tamaño del lugar.
- Fue selectivo. No invitó a todos.
- ¿Cómo lo sabes?
- Tiene uno de los departamentos más pequeños del edificio. Y además, nadie rechazaría la invitación de ese bombón.
- ¡Qué bueno que vinieron ustedes!
- Nos mencionó lo que le dijiste cuando nos llevó la invitación. ¡Qué halago, corazón!
- No se crean tanto – Michael apenas le dio un empujoncito en el hombro.
- ¿Algo para beber? – Jhon se acercó a ellos. Luna y Tonny no vacilaron en tomar un vaso de whiskey con hielo. – También tengo cervezas.
- Me vendría bien una. ¿Ginny? – Michael la miró.
- No estaría mal.
- Voy por ellas ahora mismo – El señor Holmes sonrió, y el cuarteto no le quitó el ojo hasta verlo desaparecer en la cocina.
- No es de este mundo – confesó Tonny.
- Puedo ser muy tolerante, pero no te pases de la raya.
- No tienes de qué preocuparte, querido – le guiñó un ojo a Micheal.
- Quizá necesite ayuda – Luna dio pasos rápidos, alejándose de ellos.
- ¡Mírenla! - exclamó Tonny.
- ¡Ella está soltera! ¡Y es mujer! – Michael le dio un zape. La pelirroja rió ante la escena.
- Quizá a él le guste experimentar – Tonny ganó otro zape, a lo que Ginny rió con más ganas.
- ¡Mira como me maltrata, pelirroja!
- ¡Ustedes son unos personajes!
- Al menos te divertimos – Tonny se acercó y enredó un brazo con el de ella, como solían hacerlo las mejores amigas. - ¿Cómo has estado? Hace semanas que no nos visitas.
- Me he enfocado mucho en el trabajo.
- Eso hace daño, belleza.
- Puedo ir en la semana si me prometes que harás tarta de frambuesa.
- ¡Está costosa la frambuesa!
- Yo puedo llevarlas.
- Nada que ver – Tonny negó con la cabeza. – Ve cualquiera de las tardes próximas, estoy en clases hasta el mediodía. Michael ha estado trabajando mucho y no llega sino hasta después de las siete. Me siento muy solo antes de esa hora. Ve temprano y así hablamos largo y tendido.
- ¿Sobre qué?
- Sobre cualquier cosa – se alzó de hombros. – Podemos hablar de Michael.
- ¡Hey!
- ¿Es idea mía o el bombón se ha tardado mucho con las cervezas?
- Tu amiga Luna ha de estar violándolo.
- Ahí viene – Tonny señaló a Jhon, quien se abría paso entre las gemelas que se interpusieron en el camino. Luna lo seguía de cerca.
- Lamento la tardanza. No todas las cervezas estaban frías así que…
- No te preocupes – Michael tomó ambas botellas.
- ¿Gustan unos vasos?
- Así está bien – Ginny aceptó la botella después de que Michael la destapara.
- ¿Algo de comer?
- Estamos bien - Tonny le sonrió. Luna se colocó nuevamente a su lado y miraba aún al nuevo inquilino, atentamente. Una mirada típica de Luna Lovegood.
- ¡JHON! – Una de las gemelas le llamó a todo pulmón. Perla y Rubí. Nombre de joyas, mas Ginny pensaba que para una mujer, eran nombres zorrones. Ella los utilizaría para llamar a un par de Poodles.
- Ellas son…
- Te lo dije – le sonrió Ginny. El hombre suspiró, medio ofuscado, y fue a atender a sus invitadas. Se veía muy amable, pensó la pelirroja.
- ¿Te tiraste sobre él en la cocina? – preguntó Michael, tomando de su cerveza.
Luna negó repetidamente con la cabeza, sin dejar de observar al anfitrión con detenimiento.
Ginny bebió de su cerveza aún atenta a las conversaciones de Tonny y Michael. Estaba todo muy entretenido, gracias a ellos. No lamentaba haber ido.
- ¿Tienen hambre? – Tonny había rechazado la comida pero a ella le sonaban un poco las tripas.
- ¡De él! – bramó el futuro chef. Varios alrededor entendieron y rieron. – Malditas gemelas que no lo dejan respirar.
- Voy por un bocadillo, ¿quieren algo?
- ¡Lo queremos a él!
Ginevra giró hacia la mesa de pasabocas. El hombre no había reparado en gastos, tenía un amplio mesón mantelado con muchas cosas ricas, desde bocadillos dulces hasta salados. Inclusive una fuente pequeña de chocolate con mucha fruta alrededor. Ahí una de sus debilidades. Tomó la fresa más grande del tazón y la cubrió un poco más de la mitad con chocolate, era un manjar.
- Esto está… - dio un pasito hacia atrás y tropezó con un vecino tras ella. Era cierto que el departamento era uno de los más pequeños y los grupos de personas se concentraban unos muy cerca de otros. – Lo siento… es… - reconoció los ojos almendrados, de un color parecido a la miel.
- Hola – el joven la miró y le sonrió. Una sonrisa nerviosa.
Nota/A: ¡Esto me ha servido de mucho! Este ocio me a ayudado a luchar contra las ganas de salir gritando por la calle halándome los cabellos. Necesito Reiky, Yoga, postura de contención, Taichí... algo! jajaja.
Gracias a quienes llegaron hasta acá. Cualquier duda, corrección y/o sugerencia, saben que están los reviews. También, si gustan, pueden agregarme en Facebook como Yaniita Ruh (Personaggio) y en Twitter como (arroba)personag_yanii.
Y a seguir.
Un abrazo,
Yani.!
