De gustos y disgustos.

Cárcel federal de Normandía

-Eso es lo que le podemos conseguir por ahora, si colabora…-Le dijo el calmado Mu, el anciano de corta cabellera gris y barba prolijamente cortada les miro.

-Por ahora me basta.-el anciano sonrió.

-Dinos que sabes sobre "El escorpión".-Ordeno Camus.

-Pues… según se rumorea por ahí, se crio rodeado de los miembros de la "Santa Orden"

-¿La Santa qué?-pregunto Mu.

-La Santa Orden: Una organización de asesinos y ladrones. De la zona de Grecia y países limítrofes-el hombre lo pensó un momento- y no tan limítrofes.

-Háblanos del enlace.-Pidió Camus, no sabía por qué pero eso de la santa orden le sonaba a película barata.

-Pues… Era un joven de piel blanca, el cabello no se lo vi lo tenía oculto bajo una gorra, lo mismo que sus ojos los tenia cubiertos con lentes.-El hombre se relamió los labios, como si recordar al joven le diera placer, eso produjo un escalofrió en los dos detectives.-Me dijeron que se llama Ángelus.

-¿Ángelus?-Por lo menos tenían un nombre, uno medio raro, pero nombre al fin. Camus tomo nota de este.-Algo más que recuerde.

-Sí. Es todo lo que les puedo decir hoy-El hombre sonrió y pidió regresar a su celda.

-Maldito gordo, como no tiene nada que perder nos hace perder el tiempo.-Mu, suspiro y siguió a Camus que abandonaba el lugar.

Bar en algún lugar de Normandía.

Si había algo que odiaba era que le sean impuntuales. Se notaban que eran parientes, igual de impuntuales los dos. Además odiaba los reservados, le parecían por demás incómodos.

-Hola Degel…-El joven llego y se sentó frente a él.-Perdona la tardanza mucho tráfico.-Milo sonrió al antiguo socio y amigo de su tío.

-¿Mucho tráfico de mercancías ilegales o de vehículos?-Pregunto el francés tranquilamente. Milo rió con ganas.-Tu tío me pidió que viniera, espero que valga la pena hacerme venir y esperarte...

-Necesito que averigües que paso con la mocosa de los Atheniss. –Pidió Milo.

-Ya es una mujer adulta y mando a matar a la mayoría de las familias que controlan los negocios en Oriente.-Informo este mientras su compañero habría los ojos-Solo le falta matar a dos personas y tiene el control total de Japón.

-¿A quiénes?

-A tus amigos Angelus y Fenix-informo mientras limpiaba los cristales de sus anteojos.-Son los últimos que quedan de las familias.

-No me dijeron nada…-Parpadeo un par de veces por la sorpresa.

-¿Por qué no querrán que te involucres?-le dijo este.-Ellos al igual que tú y tu tío están en peligro. Saori Atheniss no descansara hasta ver muerto al último de los Escorpianus: tu, al último de los Antarsis: Kardia y los dos últimos Kido: Angelus y Fenix. Sera mejor que tengas cuidado... no te preocupes por el resto.

-¿Y mi tío?-Pregunto Milo, como podía pedirle que no se preocupe si querían muertos a sus conocidos...

-Kardia sabe cuidarse solo… siempre lo hace.-El hombre le miro-Tu tío me pidió que me aseguraba que estuvieras bien hasta que él llegara. Así que no te alteres si me ves dándome una vuelta por tu casa.

-No te preocupes Degel…-Milo sonrió.-Dentro de un par de días me daré una vuelta por tu anticuario tengo un par de piezas para mostrarte.-el hombre le regalo una media sonrisa y contemplo irse al más joven. Saco el celular y marco.

-Más vale que valga la pena… estoy ocupado.-De fondo se escuchaba un gimoteo.

-Ya hable con tu sobrino.-Informo este-¿Quién es ahora?

-¿Él que estoy aguijoneando? Solo un idiota que mandaron para que me mate.-escucho como el otro reía con ganas. Solo él podía reírse de esa forma. De cierta forma extrañaba la áspera y seca risa de su amigo.

-Ten cuidado con lo que haces.-le aconsejo.

-Yo sé lo que hago hielitos... Cuídame al borrego mientras estoy ocupado... Para el fin de semana estaré por allí, espera un momento-Escucho un sonido, algo que parecía un chasquido.-Me topé con una copia hecha a mano del Kama Sutra del siglo VI. ¿Lo quieres para tu colección de libros?

-Eres un idiota...-soltó un bufido, eso solo le podía pasar a él- Tráelo siempre está el que paga una fortuna por esos libros.

-Yo decía por si querías probar alguna pose a mi regreso…-Kardia estallo en risas-A fin de cuentas las damiselas francesas son un manjar.

-Kardia… ¿No podemos tener una charla sin que digas explícitamente de que quieres ir a un burdel?-El hombre parecía un tanto molesto.

-Oye que te enojas… Solo fue una sugerencia.-El otro colgó.

-Kardia… tienes casi 50 años y te comportas igual de cuando teníamos 22-Solto un suspiro pidió la cuenta para luego retirarse.

Departamento de Milo. 3 horas después.

Milo se ejercitaba un poco, el gimnasio que tenía en el departamento (en una habitación de 3 x 4) no era nada comparada al de la casa de campo. Pero quería evitar ir, no quería levantar sospechas. Se encontraba levantando pesas cuando le llamaron, coloco el manos libres y siguió entrenando.

-Milo los idiotas de la interpol ya saben tu nombre…-Informo Kanon, por poco Milo deja caer la pesas sobre su pecho. Se reincorporo asustado.

-¿Cómo?

-Quien quiera que haya imitado a tu tío no fue muy listo o quería ser muy obvio, tu vecino encontró tu nombre escondido en la nota.-Kanon suspiro.-No saben quién eres realmente, solo saben que él tal Antares te quiere matar.

-mmm… dame opciones.

-Te falsifico unos papeles y te cambio tu apellidó o esperamos a ver qué pasa.-Sugirió.-Si quieres jugar con los de la Interpol te conviene el segundo. Usaste tu verdadero nombre para entrar legalmente a Francia, si buscan en los ingresos de inmigraciones del aeropuerto de Normandía saltaras inmediatamente.

-Eso fue un terrible error…-Milo lo medito un poco-Ellos estarán pensando que soy un pobre muchacho asustado. Que le debe de temer a su propia sombra.

-Saben quiénes eran tus padres. Mejor dicho que eran tus padres, según nos notificó Mascara mientras hacia la "limpieza".-escucho como su amigo reprimía la risa-¿Qué haremos jefe? ¿Dejamos que descubran quien es usted o no?

-Si te refieres a dejar que me localicen y crean que soy un Ingeniero recién recibido… pues dejémoslo… Desmoles un premio consuelo a los nenes.-Milo rio con ganas.-Te informare si cambio de opinión… de mientras permaneceremos neutrales.

-Entendido jefe.-Kanon cortó.

-Este día es una mierda…-Milo siguió levantando pesas.

Departamento de Aldebarán.

El fortachón estaba en su departamento dándose un pequeño descanso las últimas semanas habían sido agotadoras. Cerró los ojos, dispuesto a dormir una siesta en el sillón. No paso mucho hasta que escucho el ruido de cristalería romperse en él piso superior. Se levantó y fue a ver si le había pasado algo a su vecina. Cuando llego al piso encontró la puerta abierta. Desenfundo su arma reglamentaria, que solía llevar siempre consigo, y se acercó sigilosamente a la puerta. Escucho el ruido de forcejeos… cuando entro vio como un hombre intentaba ahorcar a su vecinas con las manos. Emitió un solo disparo hacia el hombro del sujeto. Quien cayo hacia atrás emitiendo gemidos de dolor. Aldebarán le apunto con el arma, mientras llamaba a la policía.

En total habían entrado tres personas al departamento de la joven, dos yacían inconscientes en el suelo y la tercera era la que Aldebarán había herido.

-¿Estas bien Yuzu?-La joven asintió, mientras se refregaba la garganta.

1:49 después.

-¿Esta segura que no quiere ir a un hospital?- Yuzuriha "la grulla" Amaina asintió.-cualquier cosa llame o diríjase al hospital más cercano.

-Gracias Alde… te debo una.-la chica le sonrió.

-De nada Yuzuriha… vine porque escuche como se rompía algo de vidrio nada más o sino jamás hubiera sospechado lo que pasaba.-Informo el preocupado Aldebarán.

-Tendrán que acompañarnos para declarar en la comisaria. Informo el policía a cargo.

Luego de estar declarando más de 5 horas con respecto a lo acontecido en su nuevo departamento Yuzuriha se dispuso a volver. Aldebarán como buen vecino, y caballero, le ofreció alojarla en el cuarto de invitados. Por esa noche si gustaba, o los días que necesitara para, sentirse segura.

-Gracias Alde…-La joven sentada a la mesa del brasileño sonrió.-Odio ir a declarar…es muy aburrido.

-¿Ya has declarado antes?-Aldebarán abrió los ojos sorprendido.

-Fui testigo del asesinato de mis padres.-Informo esta, fríamente.

-Disculpa.

-No importa es tiempo pasado.-La joven le sonrió.-está muy rica la cena.-le elogio el platillo.

-Gracias… me sentí raro preparando cena para dos.-Ambos sonrieron, los dos se sentían raros al comer acompañados.

Departamento de Camus.

Camus estaba comiendo unas pastas… la verdad no era gran cosa, pero sentía que algo hacía falta. Miro la silla que normalmente ocupaba Hyoga los fines de semana. Eso le faltaba las cortas charlas con su sobrino, comenzó a lamentarse de mandarlo a un internado. Pero por el bien educativo de su sobrino, no podría hacer otra cosa. Tendría que soportar la soledad como lo había hecho antes, este día en particular había metido la pata en las proporciones de alimentos. Preparo cena para dos, cuando estaba el solo para disfrutarla. Tocaron el timbre y con algo de resignación fue abrirla.

-Hola… disculpa que te moleste ¿Pero tienes Jengibre? Perdona que te interrumpa, tal vez ni siquiera tengas.-Se disculpó Milo, Camus asintió.

-Ahora te doy.-Cuando entro al departamento, previamente cerrada la puerta de nuevo, a buscar un poco de la requerida especia. Milo sonrió burlón.

-"Ahora te doy", sacado de contexto… suena raro.-Cayo cuando Camus volvió a salir tendiéndole una bolsita transparente con el contenido de especias.-Gracias.

-¿Que estas cocinando?-pregunto Camus, si la receta sonaba interesante se la pediría.

-Pues intento… tener una cena digna… Quiero ver si con un poco de jengibre le hago un poco más comible.-Milo sonrió divertido-Se me fue un poco con él fuego, me quedo media quemada.

-Pues…, accidentalmente cocine para dos.-Camus hablo como quien no quiere la cosa.-Si gustas puedes pasar y de paso nos conocemos un poco más Milo. Mi sobrino asegura que eres gente de bien.

-A pues… en ese caso, permítame traer el postre.-Milo sonrió.-Ya vengo.-Camus, realizo una pequeña mueca. Lo que uno hace para no sentirse solo. Aunque si se esforzaba un poco, seguramente lograría que su vecino se comportara un poco más civilizado.

3 horas después.

-Y el sujeto va y nos dice…-Camus bebe otra copa de vino.-"Les aseguro que la droga está escondida dentro de la yegua de mi mujer". Fuimos a buscar a la esposa y no encontramos nada.-Camus comenzó a reírse por los efectos del excelente vino que Milo había traído para la cena- resulta ser que hablaba de una yegua de verdad y no de su esposa.

Milo comenzó a reírse con ganas… esa era una anécdota bastante graciosa. Durante una misión contra el narcotráfico habían terminado en un criadero de caballos. Mientras el hombre se refería a un animal, los muy idiotas habían mal interpretado y habían ido a buscar a la pobre mujer que no tenía ni idea que pasaba.

-Debes de tener cientos de anécdotas como esas…-Milo se sirvió un poco más. Aunque no estaba tan alcoholizado como Camus, no estaba lejos de terminar igual.

-Escuchas cada idiotez-Su compañero de bebidas dejo caer una buena cantidad del preciado vino en su camisa.-No importa luego la lavare… ¿Tu alguna anécdota divertida?

-Pues si…-Milo sonrió.-Resulto una vez que le hicimos una broma pesada y todos terminamos en la comisaria.

-¿Eso cómo fue?

-Pues quisimos asustar al padre de un amigo y este casi nos mata-Milo rio.-Queríamos asustarlo y el muy zorro nos asustó a nosotros. Lo malo fue que una ancianita que vivía por ahí cerca pensó que se estaba cometiendo un crimen…-Milo bebió un poco más de su copa.-Y todos terminamos en la comisaria. Lo estoy contando mal… pero si hubieras estado ahí. Pues te reirías como los mejores. –Milo comenzó a hipar como borracho-Creo que mejor me voy… mañana tengo que hacer un par de cosas que solicitan mi presencia.

-Espera que te abro la puerta…-Camus como pudo se puso de pie, en total se habían bebido dos botellas de vino. Una de él y otra traída por Milo. La combinación de estos vinos era la consecuencia de su borrachera. Milo caminaba tras suyo con paso algo tembloroso.

-Bueno… nos vemos…-Borrachos como estaban en vez de despedirle con un beso en la mejilla. Milo beso el cuello del francés, quien sintió un repentino cosquilleo en la zona acariciada por los labios del más joven.-Adiós Camus… cuando gustes. Ven a cenar a mi casa.

Milo se dirigió a su apartamento con paso tambaleante. Camus una vez que lo vio entrar, cerró la puerta, coloco las trabas y se dirigió a su cama. Ese beso en el cuello le había tomado por sorpresa.

Departamento de Milo.

-¿Y que les pareció mi actuación de borracho?-Milo estaba recostado en su cama hablando por celular con sus camaradas que no paraban de reírse.

-Pues muy real Milito…-Le elogio Manigoldo.-Por un momento pensé que realmente estabas ebrio.

-Mani… me la vivo bebiendo con los chicos… Dos vinos no me van a voltear.

-Pero el francesito estaba para voltearse así de borracho.

-Borracho si, tonto no. A la que quisiera experimentar algo con él.-Milo se relamió los labios- Seguramente sacaba el arma que tenía en la cintura y me metía un balazo en la entre pierna.

Escucho como todos estallaban en risas. Acaricio sus labios mientras esperaba que pararan de reír. Suavidad… esa era una palabra perfecta para describir lo que sintió primeramente cuando rosó el cuello del francés. Un cuello muy suave… él más suave que había tenido el placer de besar. Sonrió para sí… él no tenía esos gustos, solo planeaba enfermar al francés con sus insinuaciones.

Continuara…