Capítulo 5: Dos Besos.
Cuando House y Cameron entraron al vestíbulo del hospital, alrededor de las nueve de la mañana, se volvieron a encontrar con la directora que, una vez más, tenía pinta de que estaba allí esperándoles.
House: De verdad, Cuddy, ¿para qué quieres un despacho si te pasas la vida por aquí al lado de la puerta de entrada?
Cuddy: Llegáis tarde.
House: Dos minutos tarde, ¿nos vas a echar la bronca por eso?
Lisa no contestó.
Cameron: ¿Qué tal está el paciente?
House: Fíjate cómo tu empleada intenta cambiar de tema para que no te sientas incómoda. Obviamente estabas aquí porque no tenías nada más que hacer… porque ya no tienes vida privada… porque rechazaste tu última oportunidad de…
Cameron: ¡House!
Cuddy parecía realmente enfadada.
Cuddy: En realidad estaba aquí esperándoos porque vuestro paciente… mejor dicho, TÚ paciente, House, ha sufrido una parada cardiaca durante la noche y después de estabilizarle cayó en coma.
La directora le entregó un par de papeles al nefrólogo y llamó al ascensor justo antes de dar media vuelta e irse hacia su despacho.
House: Vaya humor…
Cuando House y Cameron llegaron al despacho, Chase y Foreman ya habían comenzado a discutir el diagnóstico. El nefrólogo se acercó a Eric y le quitó el rotulador para escribir él en la pizarra blanca. Cameron se sentó en una silla junto a Chase.
House: Hemos descartado las infecciones, problemas neurológicos, y enfermedades ambientales. ¿Qué nos queda?
Cameron: Autoinmune.
Chase: Intoxicación por metales pesados.
Cameron: También podría ser alergia.
Foreman: No creo que fuese una alergia, sino hubiese mejorado con su estancia aquí.
House: A menos que lo que hubiese causado la alergia siga en contacto con el paciente.
Foreman: ¡Oh, venga es ridículo! No hay nada que siga estando en contacto con el paciente.
Chase: A menos que esté dentro de él.
House: Hacedle un escáner.
Foreman: ¡Ya le hicimos una resonancia y no había nada!
House: Pues yo quiero un escáner.
Foreman: Creo que deberíamos barajar otras posibilidades para…
House: Genial, entonces pedid escáner y pruebas para intoxicación por plomo y hierro. ¿Contento?
House: ¿¡Qué diablos pasa aquí!?
Chase: No se quiere hacer las pruebas.
En la habitación del paciente, Ryan Saddler se encontraba sentado en la cama, con expresión turbada y negándose una y otra vez a recibir cualquier tipo de tratamiento.
House: Mire hombre de Dios, yo no le quiero dar ningún tratamiento, mi única intención es saber qué le pasa.
Ryan: Me da igual, usted no me toca.
House: Otro error. No quiero tocarle, quiero diagnosticarle.
Ryan: ¡Que no me da la gana, coño!
Saddler se levantó con la clara intención de salir de la habitación, pero House le cerró el paso con su bastón.
House: Ahora le diré lo que hará: se volverá a tumbar en la cama, se quedará calladito, le drogaremos y después de un par de horas se levantará como si nada hubiese pasado.
Ryan: ¡Qué no, leñe!
Saddler empujó a House, pero él tumbó al paciente en la cama de un fuerte bastonazo en el estómago.
House: Atadle y hacedle las pruebas. Estos pacientes llegan a ser de un pesado…
Cuando el abogado entró al coche se dio cuenta de dos cosas: que el asiento del acompañante de delante estaba echado hacia atrás, y que la guantera estaba abierta. Entró al coche y se sentó para poder examinarlo mejor. Se preguntó si la última vez había dejado eso así como estaba, y aunque le extrañaba mucho decidió dejarlo estar y arrancar el coche para ir a trabajar. Cerró la guantera y metió primera. Ya llegaba tarde.
Cuando las enfermeras terminaron de atar a Saddler Van Erre, Foreman, Chase y Cameron se fueron a preparar las pruebas. Mientras caminaban por los pasillos se dieron cuenta de que, entre otras cosas, en el hospital había más gente de lo habitual: hombres con traje y corbata y ejecutivas de chaqueta y falda hasta las rodillas.
Chase: ¿Qué hace toda esta gente aquí?
Cameron: Vete tú a saber.
Chase: Pero es que es raro, raro, raro.
Cameron miró hacia los lados. Chase tenía toda la razón.
Foreman: Probablemente sean del ministerio de sanidad. Alguna especie de control.
Chase: ¿¡El ministerio de sanidad!?
El intensivista giró la cabeza de un lado a otro, aterrado, tal vez con miedo de volver a encontrarse con aquel diputado llamado Sean Stobbart, que años atrás le había estado persiguiendo y acosando.
Cameron: Me dijeron que echaron a Stobbart.
Chase suspiró aliviado.
Chase (sarcástico): ¿Por qué sería?
Cameron: Me han dicho que intentó seducir a uno de los abogados que trabajaban allí.
Foreman: ¿Cómo demonios te enteras tú siempre de todo?
Cameron: Me lo contó el nuevo abogado del hospital.
Chase: ¿?
Cameron: Es que vive en mi barrio.
Chase: Ahh… ¿Es nuevo?
Cameron asintió, pero sin especificar demasiado. No tenía ganas de explicarle toda la historia a nadie, y mucho menos a Chase. Afortunadamente, después de tantos meses después de aquel "incidente" que tuvieron los dos, y en el que involucraron a la experta en arte Annette Raines y al nefrólogo Gregory House, ellos dos consiguieron llevarse relativamente bien. En medio del pasillo se cruzó una chica de media estatura, pelo rubio y ojos marrones clarito, con un aire de superioridad. Chase la miró, apartó la vista, y la volvió a mirar. No podía creer que su ex "novia", Annette Raines, hubiese vuelto a su vida. Se paró en seco y se dio media vuelta, décimas de segundo antes de que la chica le llamase.
Annette: Doctor Chase.
Tanto Cameron como Foreman se encontraban algo desorientados, pero a la inmunóloga no le costó mucho situarse. Raines se acercó al intensivista y le miró con la barbilla en alto, con el mismo aire fanfarrón con el que la había visto.
Annette: ¿Qué tal?
Chase: Bien… supongo.
Robert no estaba muy seguro si ella le había perdonado.
Chase: ¿Qué tal tú por aquí?
Annette: Fui contratada por una empresa de accionistas inglesas para asesorarles en inversiones artísticas.
Chase: Qué… interesante.
Durante unos segundos se hizo una pausa en la conversación, que interrumpió otro hombre vestido con chaqueta y corbata, algo más alto que Chase, y que cogió del brazo a Annette y lo entrelazó con el suyo. Robert arqueó las cejas.
Pablo: ¿Qué tal, viejo amigo?
Chase: Pablo… qué… qué sorpresa.
Su amigo emitía una sonrisa demasiado falsa como para creérsela.
Pablo: ¿A qué no sabes qué? ¡Anne y yo estamos saliendo!
Chase: Pues… genial.
Chase no sabía por qué Pablo, su mejor amigo, alardeaba tanto de su relación con una persona que al intensivista ni le iba ni le venía. Quizás Annette lo hacía para darle celos… Si ese era su propósito, sinceramente, no lo estaba consiguiendo.
Chase: Ehh… Lo siento pero es que tenemos que hacer unas pruebas y… llevamos prisa.
Pablo: Oh, vale… Bien. Nos vemos luego entonces.
Los tres médicos se alejaron de la pareja con paso firme, dejándoles a los dos con una expresión de satisfacción. Se notaba que no habían conseguido lo que querían, fuese lo que fuese.
Cerró la puerta del coche de un golpe, todavía preguntándose si había algún motivo por el que debería estar realmente preocupado. Miró alrededor. No había nadie. Evidentemente, estaba todo el mundo ya trabajando, así que decidió ponerse en marcha. Al entrar por la puerta principal, dirigió la vista instintivamente en dirección al despacho de Cuddy y se alegró al ver que ella estaba demasiado ocupada en sus papeles como para darse cuenta de que él había llegado casi dos horas tarde. Fue directamente a su despacho, fijándose una vez más en las sonrisas que le dedicaban las enfermeras del hospital. Nunca se había parado a mirarse en un espejo realmente, y hasta ese momento no se había percatado de que, hablando claro, él era un hombre muy atractivo. Aunque claro, si se empezaba a comparar con su hermano pequeño David, sabía que quedaría bastante por debajo. Fue increíble como, una vez más, y otra vez debido a sus distracciones observando a las enfermeras del lugar, se chocó con un empleado del hospital.
Zac: Madre mía, lo siento, es que iba distraído y…
Cameron: Ahora ya no te sirve la excusa de ser nuevo.
Alison levantó los papeles que se le habían caído y miró a Watling con una amplia sonrisa. Él no pudo tartamudear un poco al hablar.
Zac: Lo siento… Madre mía, siempre me choco contigo, yo no sé que hago…
Cameron: Será una especie de… ¿Imán?
Se hizo una pausa.
Cameron: Vaya chorrada que acabo de decir.
El ambiente se relajó con las risas de Watling y Cameron. "Menos mal", pensó él, "Ya estaba empezando a ponerme nervioso".
Y sin más palabras, Cameron se despidió alegando que tenía mucha prisa y se fue hacia el despacho de su pareja, quien muy disimuladamente, había visto toda la escenita desde su chaise-long. Tal vez estaba imaginándose cosas, pero no le gustaba la forma en la que su novia miraba al abogado. Y mucho menos la forma en la que él le mira a ella siempre que la ve. Cuando tuviese tiempo, tendría que empezar a plantearse tener algunas palabras con ese tal Watling.
Cuando Cameron se le acercó con los resultados de las pruebas él se puso de pie y dejó que la inmunóloga le diera su opinión sobre los análisis.
Cameron: No es intoxicación por metales pesados. Hierro, cobre, plata y plomo negativos. Chase y Foreman le están haciendo el escáner.
House: Ya se lo había dicho yo a Chase… Menudo ignorante.
Cameron: Ya te podrás burlar de él todo lo que quieras cuando venga con que el escáner da positivo.
Pero en ese momento, Chase y Foreman entraron a la sala sin ningún resultado de ninguna prueba en las manos. House les preguntó qué pasaba con la mirada.
Chase: Cuddy no nos ha dejado hacer las pruebas.
Cuddy se levantó de su silla y dejó los papeles encima de su mesa al ver a House acercándose a su despacho dando zancadas. Cuando abrió la puerta, la directora ya estaba cogiendo aire para replicarle.
Cuddy: No funciona el escáner.
House: Claro, y yo conseguí la semana pasada el récord de los mil metros a patapalo, ¿no? ¡Venga por favor! Si hace tan solo una hora ha sido usada por una tal…
House se asoma a los papeles de Cuddy y sacó un folio de una carpeta, de donde leyó el nombre de un médico.
House: Victor Wentworth, endocrinólogo. ¡Anda, mira, como tú!
Cuddy: No voy a permitir que le hagas a tus pacientes pruebas totalmente inútiles.
House: ¿Inútiles? ¡Esto es increíble!
Cuddy: ¡No le puedes hacer un escáner a un paciente al que se le ha hecho una resonancia que no ha revelado ninguna anomalía!
House: ¿Ahora se me va a prohibir diagnosticar pacientes?
Cuddy: No hay nada que se pueda detectar con el escáner que no se pueda detectar en la resonancia.
House: Algunas causas subyacentes…
Cuddy: No de tipo neurológico. Y lo sabes.
House suspiró.
House: ¿Qué se supone que tengo que hacer para que me dejes trabajar en paz?
La directora se le acercó lentamente, hasta estar a pocos metros del nefrólogo, y le miró a los ojos.
Cuddy: Hasta ahora has hecho siempre lo que te ha dado la gana, pero esto se acabó. Estoy harta que te pases por donde te da la gana todo lo que te digo. A partir de ahora estaré informada de todas las pruebas que hagas y todos los diagnósticos que barajes.
House: ¡No me puedes tener como un esclavo solo porque me odies! Solo porque hayas dejado escapar al que sabes que es el hombre de tu vida…
Un tierno beso cayó al nefrólogo. Él no le respondió, pero tampoco quiso rechazarla. Era una sensación extraña. Por una parte quería separarla inmediatamente, pero por otra aquel beso no le molestaba. Por suerte, Cuddy no tardó en terminar con el beso. Un silencio incómodo inundó la sala al tiempo que sus miradas se cruzaban. Ninguna de ellas expresaba indiferencia hacia aquel asunto.
Cameron: Está tardando mucho, ¿no?
Chase: Déjale.
Foreman: Lo más probable es que hayan acabado tirándose los papeles a la cabeza.
Cameron: Mejor voy a ver si ha surgido algún problema.
Cameron abandonó el despacho y se dirigió hacia el ascensor, cuando una vez más se cruzó con Zac Watling, al que le regaló una amplia sonrisa.
Zac: Alison.
La inmunóloga no tenía mayor intención de hablar, pero de todas formas no ocultó su sonrisa y se volvió para hablar con el abogado.
Zac: ¿Puedo hablar un minuto contigo?
Cameron: Oh… Claro, pero llevo un poco de prisa.
Watling condujo a una perpleja Cameron hacia una de las habitaciones vacías de la planta y cerró la puerta.
Cameron: Zac, te pasa… ¿Te pasa algo?
Zac: Te quiero.
Alison no contestó.
Zac: Mucho. Me gustas desde el primer momento en que te vi. No te diría esto si no estuviese totalmente seguro de que no puedo estar ni un minuto sin pensar en ti.
Cameron: Vaya… Este chico si que es directo…
Zac: Bueno, y… ¿No dices nada?
Cameron: Estás casado.
Zac levantó una ceja y Cameron se sentó en la cama, haciéndole señas al abogado para que se sentase a su lado.
Cameron: Mira, tú… No me desagradas del todo, y me caes muy bien, pero estás casado y yo tengo pareja. Y yo a House le quiero mucho. Lo siento… de verdad.
Zac dirigió su vista al suelo.
Zac: Ya lo sé solo es que… Te lo tenía que decir.
Cameron le sonrió tímidamente y el abogado la miró y le devolvió la sonrisa. No sabía por qué se lo había dicho de una forma tan directa, pero sentía que tenía que declararse. Tal vez todavía quedaba una oportunidad… Ese viejo cascarrabias no le iba a quitar a Cameron. Atractiva, inteligente, simpática, ordenada, joven… Tenía todas las cualidades de una mujer perfecta. House era viejo, borde, feo y cojo. No le veía la relación. Él, en cambio, era atractivo e inteligente. Con el mismo color de ojos y el mismo color de pelo. ¡Hacían la pareja perfecta!
No tenía ni idea de cuanto tiempo se habían quedado mirando, pero Zac sabía que no se podía quedar allí para siempre, y sin siquiera pensarlo, la besó.
