¡Han pasado siglos! Ok, sé que no pero en serio, ha pasado tiempo. Espero que no se hayan olvidado de esta historia loca mía y espero que les guste el capítulo. Este capítulo era necesario en este viaje a México.


¿Quiere salsa en sus tacos?

Después de que un dios los acomodará en sus habitaciones, ya no había nada más qué hacer, solo que había un problema, aunque todos venían cayendo de sueño, sus estómagos estaban hambrientos y hacían ruido, incluso las chicas se estaban muriendo, así que solo dejaron sus maletas en la habitación y regresaron para comer algo en dónde sea.

—¿Qué sucede?—. Preguntó el dios Yokai.

—Qué bueno verle, ¿Hay algún lugar al que podamos ir a comer?

—Dudo que en la ciudad puedan ir sin conocer y menos a estas horas, pero no te preocupes, tenemos el Trompo, taquería de San Javier, deberían de comer ahí. Está en el hotel, por cierto y solo abre en la noche.

—¿En serio?

—No lo noté cuando llegamos—. Comentó Gin.

—Los tacos son muy ricos, en serio, se los recomiendo.

—¿Tacos?—. Los chicos no entendieron eso aunque sabían el español gracias a una poción mágica, el hombre se dio cuenta y los llevó hacia el lugar, que solo estaba a lado de la recepción, a unos metros de ahí. Para su sorpresa, había gente ahí comiendo, incluso si ya era muy tarde, tomaron cerca tres mesas blancas, las juntaron y se sentaron en las sillas, les pasaron el menú pero realmente no sabían que pedir, solo habían tacos. En la televisión había un partido de fútbol y la gente estaba ahí por ese partido, más que nada, aunque claro que estaban comiendo.

—Eh, ¿Qué van a pedir?—. Preguntó Kurumu.

—No sé, tal vez deberíamos de preguntar—. Sugirió Ruby.

—¡Tira, imbécil!—. Eso causó que las chicas que estaban de espaldas, voltearan inmediatamente hacia la pantalla, para ver qué es lo que sucedía; uno de los jugadores había pateado el balón pero no logro anotar el gol, la gente de la taquería solo se desalentaron y algunos susurraron: "pendejo".

—Este… ¿ya saben que van a ordenar?—. Les preguntó el mesero, listo con su pequeña libreta y su pluma en la otra mano. —hoy hay dos por uno en los tacos al pastor y todavía nos queda.

—Yo pediré eso, tres tacos—. Dijo Gin. Los demás le siguieron la corriente porque ya no lo soportaban más, así que eso es lo que pidieron.

—Muy bien, ¿Qué quieren de beber?—. Los chicos regresaron a leer el menú, ya que eran bebidas extrañas que ellos no conocían. —tengo agua de Jamaica, Horchata, Limonada. También hay refresco, coca…

—¿¡Coca?! ¿No es eso una droga?—. El mesero se mató de risa por el comentario de Moka pero los demás miraron raro al mesero.

—¡No, no! Ya saben, la Coca-Cola, es una bebida.

—¡Ahh!—. Exclamaron todos, el mesero solo negó con la cabeza.

—Ustedes no son de por aquí, ¿de dónde vienen?

—De Japón.

—¿¡De Japón?!—. Exclamó el mesero. ¿Y qué hacen aquí? Tan lejos.

—Estamos de vacaciones—. Respondieron todos. —es bonito estar aquí.

—Disfruten su estadía aquí, les va a encantar—. Después de eso pidieron sus bebidas, decidieron probar el agua de Jamaica, la Limonada y la Horchata. Esperaron un rato y sus bebidas llegaron, las bebieron y se compartieron un sorbo para que cada quién lo probara y les gustó mucho, jamás habían probado nada igual.

—Eso está genial

—Pero sigo teniendo hambre—. Dijo Kokoa.

—Tranquila Kokoa-chan, pronto traerán la comida y sabremos el sabor de un taco—. Incluso Mizore empezaba a desesperarse al ver como la carne que estaba a la vista de todos ya se estaba acabando casi por completo. Ella no sabía cuál de las dos era la carne al pastor pero la roja ya estaba en las últimas.

—Espero que venga rápido, tengo mucha hambre.

Pero tuvieron que esperar más, hasta que por fin se los trajeron: era la carne roja envuelta en tortilla con trozos de piña encima y esa la gran gracia del taco, comida preferente del mexicano. Los chicos lo vieron como algo minúsculo y bastante simple, pero no importaba, sus estómagos estaban gritando y amenazando por comida. También les sirvieron, en unos recipientes que bien podrían ser usados para una sopa pequeña, pico de gallo, salsa roja, salsa verde y cilantro con cebolla.

—Oigan, ¡Sabe muy bien!—. Los demás le creyeron a Ruby y se comieron un taco entero y por supuesto que sabía bien, aunque lo que comían era más cuero que carne pero bueno, el hambre es el hambre. Moka se quedó observando la salsa roja y sonrío.

—"eso de seguro es salsa de tomate, ¡De seguro que sabrá aún mejor con eso!"—. Moka, con mucha confianza, tomó la salsa roja y le echó bastante salsa al taco y al morderlo, su cara estaba roja y de inmediato se lo tragó y bebió un montón de su bebida.

—Jajaja, ¿Qué te pasó, Moka?—. Se burló, Kurumu.

—Pica… pica mucho… la salsa no era de tomate—. Todos rieron por su situación, Moka aun sentía chile en su garganta y dejó ese taco ahí, ni loca le volvería a dar otra mordida.

La cena estuvo bien, pagaron y se fueron a dormir. Cayeron todos como piedras en la cama, ni los calcetines se quitaron, estaban a punto de desmayarse de sueño y de hecho, casi fue instantáneo. Moka abrazó a Tsukune. Por otro cuarto, Ginei se aseguró de abrazar a Kurumu por la espalda para tocar muy suavemente uno de sus pechos sin que ella se diera de cuenta, estaba ya dormida. Kokoa dormía sola en su cama y en la otra, dormían Ruby y Mizore, no había de otra, pero era mejor así.