Kokoro no Sonata

Capítulo 9: La confesión de Naruto

Caminaba inconscientemente hacia el destino que menos se esperaba después de tres largos meses. Si, caminaba nuevamente hacia Konoha, aquel pueblo en el que la gente lo despreció sin piedad. Luego se imaginaba sus caras al verlo regresar de la muerte, estarían petrificados, muertos de miedo, reía ante tal vago pensamiento.

- ¿Cuál es el trabajo que me estás encargando, Kakashi?

- Verás, Naruto, quisiera que fueras a ver a Hinata…

Se paró de repente. No accedería.

- Lo siento, pero si me has llamado para eso, no pienso ir.

- Ella está muy mal, Naruto. No come, no sale de su casa, su padre también está preocupado por ella.

- Eso no es asunto mío, ella debería ser más fuerte a lugar de encerrarse en su tristeza.

- Pero si ya estamos aquí.

- ¡Naruto! –una muy emocionada Sakura venía hacia él.- ¡Estás vivo! ¡Que gusto me da! ¿Y esa marca? Es horrible

- S-Sakura-chan, cuanto tiempo…-él le sonríe.- Te has puesto más bonita, eso me alegra.

- Naruto, es un gusto verte de nuevo –Tsunade-sama se acercó para saludarle.-

- ¿Qué ha pasado con la señorita Hyuuga?, dice Kakashi que ella está mal.

- Así es, Naruto, creo que deberías ir a verla.

- Iré a verla, y tan pronto se recupere, me iré.

- Pero, Naruto…

- Solo quiero hacer mi trabajo, luego seguiré viajando solo.

- Entonces…yo iré contigo –le pide Sakura.- ¿Me dejarás, verdad?

- Estás en la escuela para ser Hokage, no creo que debieras dejarla.

- Pero yo quiero estar contigo, dame una oportunidad.

- Disculpa, pero tengo que ir a ver al señor Hyuuga.

Caminó despacio por toda la aldea, atrayendo la mirada de los pueblerinos que maldecían su repentino regreso al pueblo de Konoha. Él los miró y, finalmente, los enfrentó.

- ¿Cómo han estado? Me complace verlos tan alegres por mi regreso.

- ¿Cómo puedes pensar eso? Éramos felices hasta que apareciste otra vez. –dice uno de los habitantes.

- ¿Cómo puede decir eso? ¡Discúlpese! –Ordena Sakura.- ¡Él los salvó del Kyuubi!

- Basta, Sakura-chan, no tienes por qué decir eso, esta gente nunca me ha querido, no tienes porque obligarlos a que me aprecien aunque sea un poco, no es correcto.

- Naruto.

- Así es, no te queremos, y te despreciamos más por haber herido a la señorita Hinata. Ella te ama y aún así la lastimaste, eres de lo peor.

- Son tan patéticos que me enferman, en serio. Se preocupan por todos ¿no? ¿Y qué hay de mí? ¿Acaso ustedes tuvieron aunque sea una pizca de compasión por ese niño tan desgraciado, huérfano, maldito por un kitsune? ¡¿No, verdad?! Solo lo despreciaron y le echaron al fango, como si fuera un monstruo. Nadie se preocupó por mí, por un pobre niño desgraciado como yo.

La gente se quedó callada y cabizbaja, no podían negar lo obvio.

- Ahora si se queda callados, porque saben que lo que estoy diciendo es verdad. Gracias a ustedes jamás podré recuperar la felicidad que pude haber tenido en la infancia si no fuera por ustedes.

- Naruto, no digas eso, yo te quiero, Kakashi-sensei también te quiere, no te odiamos.

- No hables por mí, Sakura-chan, nunca voy a perdonar a esta gente que jamás se preocupó por mí. Gracias a ellos no tuve la niñez que ustedes gozaron. Nunca los voy a perdonar, jamás volveré a esta aldea otra vez. –Naruto se fue, en dirección hacia el hogar de Hinata. Tsunade le vio partir, dolido por tal confesión. Naruto se había llenado de odio hacia su propio pueblo.

- ¡Naruto! –estuvo dispuesta a seguirle cuando Tsunade le detuvo.

- No le sigas, al fin ha sucedido lo que pensaba. Naruto se ha llenado de todo el odio que dejó el Kitsune, todo el odio reprimido en Naruto ha salido y será difícil hacerlo desaparecer.

Naruto caminó a paso rápido y decidido, vería a Hinata y se iría inmediatamente de Konoha, para olvidar esos recuerdos que se habían refrescado nuevamente al ver a esa gente tan odiosa.

- Ya estás aquí –dijo el padre de la chica.- Pasa, sé breve y vete.

- Eso haré, con su permiso –y sin más se fue directamente hacia la alcoba de Hinata.

- Pase por aquí, señor Uzumaki, la señorita está en esta habitación.

Y abrió la puerta, topándose con un rostro tan hermoso y pálido a la vez como era el de Hinata. Se acercó con seriedad. Ella le miró con aquellos ojos ausentes y él se sentó a su costado.

- No pensé que fueses tan débil. Ya no eres la chica de la que me enamoré.

- Tienes razón, ya no lo soy. Ya no hay motivo para que tú sigas amándome.

- Así es, tú misma lo acabas de decir.

- Entonces ¿qué haces aquí?

- Vine porque tu padre me mandó a llamar con Kakashi. Tienes que salir de este cuarto, respirar el aire de afuera y seguir viviendo, Hinata. Nada ganarás con quedarte aquí, sintiendo lástima de ti misma.

- ¿Tanta lástima sientes por mí?

- Te mentiría si te dijera que no. Me das lástima, pero también me doy lástima a mí mismo, porque estoy igual que tú.

- No lo parece.

- Digamos que sé aparentar bastante, es por eso que no se me nota demasiado.

- ¿Volverás a tu pueblo?

- Konoha ya no es más mi pueblo, Hinata. No volveré aquí. No pienso volver a ser agredido y lastimado por esta gente.

- Cobarde.

- Lo soy, y no me da vergüenza decirlo.

- Me traicionaste…pero te sigo queriendo. Dime que me llevarás contigo.

- Me parece que ya te sientes mejor, entonces me iré.

- Si te vas, pasará algo terrible.

- ¿Me amenazas?

- Si tengo que amenazarte para evitar que te vayas, lo haré mil veces si es necesario.

Él volvió a sentarse y la abrazó tiernamente.

- Eres una boba, deja de decir cosas como esas, no es muy propio de ti, Hinata.

- Moriré si te vas, Naruto. Y aunque regreses ya no volveré a la vida.

- Sabes que no puedes estar conmigo, te haría muy desdichada.

- ¿Por qué? ¿Por qué no eres capáz de confiar en ti mismo?

- Porque eres demasiado para mí, debí entenderlo hace mucho ¿sabes? No estoy a tu altura.

- Haber sufrido tanto y haber sido tan optimista te hace mucho mejor que yo, no tienes que sentirte inferior a mí, debería ser al revés.

- No digas eso.

- Tengo que hacerlo. Nunca me atreví a contrariar a mi padre, pero ahora siento que debo hacerlo.

- Tonta. ¿Cómo podría dejar de quererte?

- No lo lograrás.

Un hombre entró de repente. Ya era hora.

- Tu tiempo se acabó, mi hija se ve mejor, así que ya es hora de que te vayas.

- Me iré, señor, pero me voy a llevar a su hija.

- ¿Cómo dices? ¡No puedes hacer eso! Morirías antes de intentarlo.

- No me subestime, no soy muy débil, puedo llevármela fácilmente.

- La abandonas ¿y ahora quieres llevártela? Que tontería.

- Me voy con Naruto, papá. Es lo que quiero hacer.

- Pero, Hinata…

- Papá, si Naruto sea va y me deja, sí que me moriré y nadie podrá revivirme ¿lo entiendes, verdad?

- Estás cometiendo un gravísimo error, Hinata.

- No es un error, yo lo sé. Con Naruto seré muy feliz, te lo prometo, no tienes de qué preocuparte.

El padre miró a su hija, sonriente, valiente, con decisión seria.

- Vete, pero si eres infeliz, no tendré nada que ver. Pero eso no cambia en que eres la heredera de esta casa. Tendrás que ser más fuerte.

- Muchas gracias, papá.

- Tú –señala al rubio.- Más te vale que logres que mi hija sea feliz. Ella es la futura heredera de esta familia, y como tal tendrá que regresar algún día a tomar su puesto.

- Lo sé.

- Vela por su seguridad y no la hagas llorar, ella no se lo merece después de todo lo que ha sufrido por ti.

- Si, señor.

Naruto salió de la casa Hyuuga completamente solo mientras Hinata alistaba sus cosas para marcharse con él. Naruto, mientras tanto, recogería sus cosas de la casa en Konoha que antes le pertenecía cuando era niño.

- No tienes que irte. Lo sabes ¿verdad? –Le menciona Neji.- Puedes vivir con Hinata-sama en este lugar.

- ¿Cómo crees? Ella es demasiado para tan poca cosa como esta casa.

- Ya deja de decir lo mismo. Hinata-sama viviría feliz contigo aunque viviesen en la punta de un cerro.

- Que gracioso eres.

- ¡Naruto! –Sakura va hacia él.- ¡Dime que no es cierto que te vas con Hinata!

- Lo siento, pero es verdad, ella y yo nos iremos muy lejos de aquí.

- Me alegra que Hinata y tú se hayan reconciliado, Naruto. –dice Tsunade, sonriéndole, cuando un súbito temblor se hizo presente en la aldea. Frente a ellos venía un monstruo.

- ¡Cuidado, Tsunade-sama! –Naruto sacó su espada y decidió atacar al animal, que se veía bastante interesado en matar a la gente del pueblo.

Estaba enojado, con ganas de destruir todo a su paso. Comenzó a destruir las casas a su alrededor, hiriendo a muchas de las personas que se encontraban cercanas a él y que no podían escapar.

- ¡Kotomi! –Naruto oyó el grito desesperado de una mujer que lloraba por su hija, quien estaba herida en una de sus piernas, a la merced del monstruo.- ¡Hija!

Naruto la cargó rápidamente, provocando que el monstruo le atacara por la espalda. Dejó a la niña con su madre y estuvo dispuesto a matarle, se deshizo del parche que cubría su ojo marcado por el Kyuubi y este comenzó a resplandecer. Sakura le ayudó y entre ambos derrotaron al monstruo. El ambiente se calmó y Naruto, aún con la herida en la espalda, se apresuró en atender a la niña.

- Calma, hija, vas a estar bien.

- ¡Naruto! –Hinata corría desesperadamente hacia él.- ¿Estás bien?

- Estoy bien, Hinata, no te preocupes.

- Pero si estás herido.

- Primero tengo que encargarme de esta niña. Señora ¿me permite?

- ¿Qué vas a hacer con mi hija?

- No se preocupe por eso, no pienso hacerle nada malo. La herida está infectada, tendremos que aplicarle un poco del ungüento que hice en las montañas.

- Pero…

- Tienes que confiar en Naruto si es que quieres que tu hija se salve. –impone Tsunade.

- E-Está bien…

Acostó a la niña suavemente en la camilla y Hinata limpió la herida de la pequeña. Acto seguido, Naruto aplicó el ungüento en la pierna herida de Kotomi, provocando que la niña gritara por el gran dolor que causaba la medicina.

- Ya está mejor, solo tiene que descansar. Hinata ¿le pones el vendaje?

- Si, está bien. –Ella terminó de hacerlo.- Ahora déjame atenderte a ti, Naruto.

- Bueno, bueno, está bien.

Sin duda alguna, ahora la gente le miraba con otros ojos, Naruto no era malo, pensaban unos, no podría serlo si se dedicaba a salvar vidas a costa de la suya.

Continuará!