Previously, on "Lucy in the sky with diamonds".
«Pero, Matty :( ¿no te da ni siquiera un poquito de ganas?».
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—Lo desperdiciaremos. Mejor sólo fumemos algo.
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—¿Crees que logremos pasar?
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—Estoy listo. Pon cara de seriedad, bollocks, nos van a descubrir.
—Alright, alright —traga saliva y seriedad absoluta de joven de veintinueve años.
—Right... —no se mueve, chupa su labio inferior—. Estoy sediento como un desierto, no sé ni por qué es importante.
—Me too... Tengo... Eh... —carraspea observando hacia adelante, sin querer salirse del personaje—. Ya me olvidé que iba a decirte —confiesa, sin despegar los ojos de un chico que es DEMASIADO alto y DEMASIADO corpulento, además con ojos morados, oh wait...—. This is so weird.
—Creo que no nos estamos centrando —la cabeza del equipo intentando ser cuerdo, ya lo verán en veinte años detrás de un escritorio recordando internamente TODAS sus locuras de joven mientras los demás piensan que no ha visto nada. Le da palmaditas en la cara—. A la cuenta de tres, caminamos hacia la entrada. All right?
—Ok, one… —inhala y trata de centrarse.
—Two... —parpadea muy muy rápido y menea la cabeza.
—T...!
—Three... —murmura ya serio y con los ojos bien abiertos.
Da un paso tentativo hacia la entrada, tirando de él para que le siga como una madre que trata de llevar a su hijo al dentista, el australiano le sigue muy seguro de sí pero sin ser demasiado rápido. Mira al guardia. Arthur también mira al guardia a la pasada y sigue caminando, llevando a Christian aún.
—... tarde, pobre de ti, hijo de puta, que anduvieras con otro —le va diciendo sacando a relucir sus clases de actuación, porque en peleas de pareja nadie se mete. El guardia aprieta los dedos de su mano en un puño, nervioso pero sin denotarlo. Sin perder de vista a la pareja, inexorable.
—Pero si yo sólo lo saludé con un beso en la mejilla, ¡UN BESO EN LA MEJILLA! —se hace el indignado siguiéndole, alzando más la voz y caminando—. ¡Ni siquiera es gay el muchacho, bugger!
El guardia los mira pasar y los va a detener, pero Arthur empuja a Christian contra la pared más cercana, de los hombros... Y medio se ha tambaleado porque el suelo aún se mueve.
—Lies! YOU GIT! —el guardia prefiere mirar de lejos e interrumpir sólo si se agarran a combos, que no serían la primera pareja que se las arregla besándose en un rincón y luego bebiendo hasta el agua de los floreros adentro, estas situaciones siempre son incómodas.
—No, your bloody lies! What about that french? Uh? —le tira la contra respuesta Chris, golpándose contra pared. No le duele porque va drogado, pero se quiere re cagar de la risa, es más, sonríe, pero como está todo a oscuras y las luces sólo iluminan de vez en cuando no lo debe notar nadie—. No me amas, Arthur.
El inglés le tira una cachetada que VA EN SERIO por sacarle al francés en cara y se le recarga encima.
—Voy a vomitar —le advierte en voz baja. El guardia sólo ve una cachetada y luego un abrazo de reconciliación, se da vuelta a la gente que llega, que es más importante que una parejita con peleas.
Chris aprieta los ojos por ver la mano de Arthur venir a su cara y no le duele tampoco, sólo le va a quedar la marca.
—Idiot, te has dejado llevar, respira... Ya entramos —riñe a Arthur, pero lo agarra de la cintura para caminar dentro, que ya la hicieron—. Victoria.
Arthur deja que le lleve, y respira profundo, calmándose... Mira las luces, que empiezan a animarse.
—¿En dónde toca el DJ que querías oír? —traga saliva para repeler las náuseas.
—No sé, busquemos... Creo que en el cuarto tercero —contesta a la volada, jalándole y sonríe por lo mismo: Las luces.
—¿Ése es el cuarto de una lista de terceros? ¿O es el tercer cuarto de un entero? —camina hacia las escaleras y comienza a subir. Son de estas escaleras espaciosas, que al final de la fiesta están llenas de basura y gente besándose o sentada en los peldaños.
—¿Tercer... Cuarto de los DJ que me mojan con sus mezclas? —Kaiserdisco. Suelta a Arthur y sube junto a él.
—¿Tienen tres cuartos? ¿Para qué quieren tantas habitaciones? —Arthur camina con cuidado, subiendo—. Estoy sediento como una roca, ¿a la barra, dear?
—Yeaaaaah, well... I dont know. Son buenos —sube más rápido que él y la música retumba—. A la barra, a la barra —empieza medio a bailar—. Ehhhhh, Arthuuuuurrr, aaaaaaaaaahhhhh —grita sonriéndole, seguro mostrando la adrenalina que siente, con luces, mezclas y olor a drogas.
El barman está agitando un trago de forma sexysensual a vista de Arthur, puede hasta sentir el ruido que le llama, esos cubitos de hielo chocando contra el metal a un sonido rítmico.
—¿Qué? —ve la barra al fondo—. Tú sabes, bien —mira hacia atrás, hacia las escaleras—. Chris, plan de emergencia. Si nos separamos, ¿dónde nos encontramos y a qué hora? —habla rapidísimo, sabiendo que Chris va a querer irse mientras él sigue bebiendo y metiéndose con todo el que se acerque demasiado a su vaso. Va caminando hacia la barra, a paso rápido, entre la gente que está por allí comenzando a animarse, a bailar sola.
—Pues... ¡que no me voy! Pero me puedes esperar a la salida, en la acera —habla alto, metiéndose a la barra junto a él, hombro con hombro, se sienta en la primera silla que encuentra y se ríe, apoyando los codos en la barra—. ¿Cual es el trago más fuerte? No quiero que baje lo que fumamos —dice más cerca de Arthur.
Matthew mira hacia las personas que están al lado, y no se mueve, sigue bebiendo a sorbitos pequeños y comiendo algo para picar que le ofrecieron, encuentra ruidoso a uno y al otro un poco... Drogado, si le permiten decirlo.
—A mí deme la mezcla más tóxica que pueda crear —Arthur le sonríe a Chris y acerca sus cabezas—. Entonces en la acera de en frente, no te vayas sin mí, eh.
Chris se sienta junto a Arthur y tira la cabeza hacia adelante, cansado, se masajea las sienes con los dedos.
—A mí también —pide para el barman—. No me voy, si recién acabamos de llegar, vamos a estar juntos —sonríe el menor.
—¿Todo el tiempo? —Arthur le mira con cara de no creerle, pero sonriendo aún así—. Bueno, hermanos somos —le da un golpecito de hombros mientras el batman les prepara algo—. ¿Trajiste a Lucy? —le pregunta en voz más baja.
—¿La quieres tan rápido ya? Esperemos a que nos traigan los vasos —Chris le guiña el ojo y sonríe—. Nos hemos venido muy temprano, no hay chicas... —lameeeeeeeeeentooooo.
—¡Sí que hay! —mira alrededor—. Allá, bailando en grupito hay tres... ¿Y la que está al lado tuyo? —sigue mirando, estirando el cuello que se le ve al final de la chaqueta—. Ahhhhh, ¡mira allá! Síííí, hay chicas, y tienen buenos senos —se muerde el labio porque aunque diga que no, aún se ríe cuando dice esa palabra, como si tuviera doce años—, ¿vamos juntos a hablarles?
Matthew, que los mira de reojo de vez en cuando porque tienen un aura con energía, lleva el cabello suelto, perdonen a Arthur, que sólo le ve de perfil y medio tapado por Christian.
—Tetaaaaas —casi babea y se muerde los labios, alguien anda demasiado aguantado—. Vamos, vamos...
—Shhhhh, no seas infantil —le regaña Arthur, sólo porque si Chris dice esa palabra otra vez se va a carcajear... Tarde, ya lo hace. El barman termina de agitar la mezcla de ponzoñas que le pidieron, y empieza a servirla en dos vasos grandes para ellos... Sale una calavera de vapor.
—Espera —Chris voltea y nota lo que vendría a ser Matthew. De arriba a abajo, le da una barrida con la mirada y dicen que con droga pues hasta te lo imaginas mejor, levanta una ceja y siente las carcajadas de Arthur y se ríe siguiendo el ruido sin verdaderamente saber por qué—. Pero si son tetas, vulgar y científicamente —ve el vaso que le sirven hasta el filo y abre los ojos como platos, eso lo ha sentido como un empuje a cometer su travesura, bah, algo del cosmos—. Dios mío, me tomo esto y voy por la rubia.
—¿Cuál de todas? Yo veo sólo moradas —por las luces. Toma su trago y empieza a beber, mientras Matthew piensa «e-e-esperen. ¿Acaba de mirarme... De esa forma en que se mira a alguien descaradamente...? ¿O estaba mirando a alguien que está al lado? No hay nadie a mi lado. Pero para qué me mira a mí... ¡Ah! ¡Puede ser un ladrón de órganos como los que salen en las películas! Pero no creo que existan en Australia...». Sonríe nerviosamente, con su trago a la mitad.
—Eh... Disculpa... —con la música seguro no le escuchan.
—¡Claro que quiero tomarlo ya! —escucha, Matthew, a Arthur pidiéndole LSD a Chris—. Con estos láseres que tienen será otro mundo... ¡Y no les llames así, que es vulgar!
—Lucy también tendría tetas y sería de este sabor —saca del bolsillo las láminas que están en un frasquito transparente. Se las muestra—. La lamerías entera y no te molestaría que dijera tetas porque estarías tan drogado que me asustarías —termina algo enredado, y sin oír a Matthew, vamos.. Si le toca puede ser. Saca una y le ofrece las demás a Arthur.
—Nos la ponemos juntos, Arthur —refiriéndose a la lámina, le brillan los ojos ya de felicidad contenida.
—Si tu madre te escuchara decir «tetas» te lavaría la boca con detergente —Arthur saca no una, sino dos laminas del frasco, tienen dibujos de estrellitas—. ¿El primero en beber agua es un perdedor? —ya que dan seeeeed. Matthew desiste y prefiere quedarse con la duda, pero dado que está aburrido y sin nada que hacer salvo beber un sorbito cada dos minutos, les pone más atención. Se ven de su edad, eso le ayuda a simpatizar.
—Mi madre piensa que serás un serio abogado —se ríe Chris, poniéndosela en la punta de la lengua, y al ver que saca dos, (vienen 4) decide el también coge otra y botar el frasquito. Así que se pone otra más. Una suerte que no den sobredosis estas cosillas—. El primero en acabar muerto o en el otro cono del mapa.
—¿Le hace la tarea al otro todo el próximo año? —saca la lengua (no perforada, aunque quisiera) y se pone las dos encima. Las aplasta contra el paladar y toma su vaso, se lo pone en posición para que le haga un salud.
Chris ensancha más la sonrisa y asiente, tomando su vaso y...
—¡Salud! —exclama que ya no se aguanta más y espera chocarla, mirando por el rabillo del ojo a la rubia, (sigue creyendo que es mujer). Arthur choca el vaso y bebe, sin tragar las pastillas, sino manteniéndolas bajo la lengua, chupándolas, así que va a estar con la boca cerrada un rato porque es de mala educación hablar con la boca llena. Matthew da otro traguito y deja caer el vaso contra la barra con fuerza, ¡con determinación...! Y luego deja caer la frente contra la barra.
—Esto no funcionará si me quedo pegado aquí... —se regaña Chris a sí mismo, sin tragar las láminas. Bebe también un sorbo de esa mezcla de la muerte con mucho alcohol, dejándose las laminitas ahí. Posa el vaso con un sonidito de satisfacción.
—Bien, Arthur: Mira y aprende —sentencia con una sonrisa y pecho inflado, envalentonado. El efecto tardará unos... diez minutos o menos en notarse—. Voy por ella.
—¿Por quién? ¡No veo rubias! ¡Ahora todas tienen el pelo azul! —son las LUCES, Arthur, deja ese vaso que seguro tiene hasta veneno de algún animal único de Australia... Bueno, bebe, bebe, ya veo que no me haces caso.
—¡Ja! —Chris le lanza una mirada más y se da la vuelta en la silla. Se baja y acerca a la rubia sin pudor—. Is that a great DJ, isn't it? —empieza, apoyando el codo en la barra para verse «relajado».
Matthew se medio atraganta cuando le habla.
—¿Me hablas a mí? —mira alrededor por si hay alguien más. Arthur se da un facepalm que seguro le dejará marca porque ésa ha sido una forma abrupta de abordar a una dama.
—Sí… hablo contigo —Chris sonríe más porque cree que se está haciendo la desinteresada, esos jueguitos. Y sorprendentemente le oye bien, muy bien—. ¿Es la primera vez que vienes?
—Sí... Estoy de viaje. Turista —Matthew aprieta los ojos porque no se está dando a entender—. Quiero decir, sí. Primera vez —sonrisa, y le mira (encontrándole guapo, imposible no hacerlo)—. ¿Es la tuya? —cachetada mental canadiense por la pregunta estúpida, ¡claro que no! Se grita mentalmente a sí mismo. Chris asiente a todo lo que le entiende.
—Tienes una bonita sonrisa —halaga y le da otro sorbo a su vaso (lo ha jalado en un segundo) sin perder su atención en ella—. No, no es mi primera vez —miente—. Vine al del año pasado, con más amigos... Ahora no podían, you know... El trabajo —comienzan las mentiras, acercándose más a Matthew—. ¿De donde eres?
—C-C-Canadá —le mira con los lentes resbalándole por el puente de la nariz debido el sudor—, oh, yo pensé, bueno —intenta no sonar maleducado—, que tendrías mi edad... —se imagina que es BASTANTE mayor de lo que piensa, no sé, veintisiete—, perdón —sonríe ligeramente porque le ha dicho que tiene una bonita sonrisa—. Gracias por el cumplido, de todos modos. No es para tanto, quiero decir —se hace un enredo—, eh... —le mira angustiado.
—Ohhh... American!—«ésta es mi noche de suerte, mierda»—. How old are you, lady? —lo mira encantadísimo con todos los pudores.
—Dieciocho... —le mira sin comprender—. Perdona, ¿me has dicho lady?
—Ehhh... —Chris traga saliva, las laminillas están empezando a hacer efecto porque su corazón está con el pulso hasta las nubes y se siente caliente, ha imaginado que una chica en zancos venía, pero no... resultaba ser un tipo alto con un gorro de colores y lentes parecidos, se enfoca y acerca más a Matthew—. ¿Te molesta que te digan lady? Ok... how about, gurl? —evadiendo su edad.
—No... —Matthew se arregla los lentes—, perdóname, creo que has estado bebiendo mucho.
Arthur, sin interrumpir, pero medio escuchando cuando se centra, le da un codacito a Chris justo en la baja espalda, y éste abre los ojos aterrorizado porque se imaginó que Matthew era mujer. En ese momento siente el codazo de Arthur, voltea. Sonríe nerviosito.
—Artie, mira.. Mira... es canadiense —le presenta tratando de salir del meollo, rápido.
—Hello —saluda Arthur, cortés, a Matthew estrechándole la mano por el lado de la barra, Matthew le devuelve el saludo del mismo modo, algo incómodo, acercándose más a Chris para poder hacerlo—. Te dije que era hombre —regaña a Chris el mentiroso, y luego se dirige al canadiense—. Lo siento, lo mínimo es que te invite a un trago para compensar. Así le conocí yo —mentiraaaaa, ¡la cara que tiene para mentir! Chris solamente levanta una ceja cuando ve que se acerca Matthew y sonríe a lo que dice Arthur.
—Me emborrachó el muy tarado, y lo demás ya ni te lo cuento —se ríe—. ¿Quieres alguno en especial? —nomepidasqueterecomiendeporquenoséperoquierohacermeelcool—. And... Sorry about that, about calling you a girl —lo mira avergonzado.
—No importa... —a Matthew le ha ocurrido que no le han visto, así que que le llamen niña es lo de menos. Sonríe suavemente para Chris, ahora más de cerca encontrándole manchitas cerca de la nariz, probablemente por el sol, le gustan—. Soy Matthew. Puedes llamarme Matty, es como me dicen mis amigos, digo, no es que me haga amigo del primero que encuentre... Tampoco te digo que no podamos ser amigos —se apresura a aclarar—, no, o sea, eh... —le mira avergonzado—. Puedes llamarme Matt.
—Oh... —Chris asiente y le comprende, se nota más conectado a Matthew, en un extraña conexión que seguro sólo la percibe él por los efectos de Lucy porque cada vez que oye su voz es un líquiiiiidooooo... interno. Como una ola. Da un sorbo más de su licor, respira más tranquilo—. Que podemos ser amigos de acá a un periodo de tiempo, pero te avergüenza haber usado esa palabra, amigos, para el acortar tu nombre. Porque lo más relacionados a ti te llaman Matty para que te sientas cómodo, y si me lo has pedido es porque te inspiro confianza, ¿eh? —discurso psicológico con un australiano, el mejor. Le brillan los ojitos al terminar—. Qué rollo te he mandado, discúlpame —agrega después, sonrojadito.
—No, está bien —le dice Matthew sinceramente porque, de hecho, le ha acertado—. Tengo un hermano que habla más y normalmente no tiene sentido lo que dice —acerca su trago hacia sí, pero mirando hacia Arthur y Christian—. Parece que es cierto lo que dicen de los australianos —ALERTA DE COQUETEO.
—Seguro habla lo suficiente para que tú pienses que está loco —contesta Chris—. ¿Qué dicen de nosotros? ¿Aparte de que somos unos canguros?
—Que además de guapos son inteligentes —se sonroja porque NI SIQUIERA es algo que de verdad sea un estereotipo, sino que le ha parecido una buena frase para flirtear con cualquiera, del tipo que vienen en libros. Intenta sostenerle la mirada. Chris se relame los labios y le mira la cara, expectante, cada detalle... se empieza a perder. Tiene unas ciertas pequitas por el cuello, su nuez sobresale bastante y sus pestañas son tan claras que parecen transparentes. La música destella en su máxima ebullición y los colores son más vividos en su carne, se ríe, piensa con mayor intensidad y amplitud. Quiere preguntarle cosas a Matthew.
—¿La belleza es un estereotipo?
—Al parecer sí —responde Matthew, desviando la mirada porque ya no se le ocurre qué decir para continuar el coqueteo—. Eh, perdón, no eres un estereotipo ni nada parecido —really, Matthew, ¡esto es Hetalia, carajo!—, digo... Yo creo que debes ser una persona con todas las complejidades que eso implica y que sólo debo conocerte para dimensionarlas —la vocecita interna le dice que se CALLE. Frunce el ceño para sí mismo—, así que no, la belleza no es un estereotipo... Lo que no quita que seas guapo. Digo... —se sonroja más. Alguien cállelo o va a seguir dando excusas en un tono cada vez más bajo.
—Te parezco guapo... —discúlpenle, sólo le ha oído eso y está que le da muchas vueltas en la cabeza, sonríe y se le acerca MÁS—. Tú también me gustas, digo, por algo soy el primero en acercarme a ti.
—Eh... —este australiano va muy rápido, Matthew se tarda en pensar porque la gente no suele ponerle atención. «Di algo ingenioso, di algo ingenioso»—, yo no he dicho que me gustes... Tendrías que invitarme a bailar y conversar para saberlo —«¡nooooo, eso ha sido horribleeeeeeeeee!».
—Mmmm... Eso quería oírte —confunde vasos y toma del de Matthew, accidentalmente, mirándole a los ojos. Sabe muy dulce—. Me gusta conversar, ¿estás alojándote en casa de algún amigo o dónde? ¿Has venido solo?
—Me han recomendado no darle esa clase de datos a extraños —Matthew mira su vaso y juega con sus pulgares—. Lo siento. ¡Ah, pero sí puedo decirte esto! Porque ya sabes que soy un turista. Bueno, llegué hace... —Saca cuentas, no muy seguro por el tema de las horas—, dos días. Y me quedaré dos semanas —le sonríe sinceramente.
