Previously, on "Lucy in the sky with diamonds".
—Ah... Mira, podré robarte los órganos con suma tranquilidad mientras visto con tu ropa a mi koala. ¿No sería cool?
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—¿Quieres algo más fuerte?
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—Saltemos por la ventana.
—En los baños hay ventanas.
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—¿Qué dices, dear? ¿Tenemos los cojones?
—Wooooohooooooo, man I try...
—¡Eh, suéltame, no ves que piensan que somos gays! —le regaña Arthur en broma, y cuando le suelta, vuelve a mirar hacia abajo—. God... Cada vez que miro está a una distancia distinta.
Matthew, mirándoles, huele con curiosidad el canuto que Chris le había ofrecido, y se atreve, con cuidado, como quien toca sólo con la punta de la lengua algo que se ve de mal sabor.
—Well... Si tú quieres, podemos aprovechar... —se sienta en el borde de la ventana desde ya—. Yo siento que la distancia me va a comer.
—No van a... —Matthew tose y se ahoga, no llega a terminar la frase. Chris voltea y mira a Matthew fumar.
—Lo rotas, ah
El canadiense sigue tosiendo, y se está poniendo rojo, le salen lagrimitas.
—¿Estás bien? —pregunta Chris estupidamente y duda en si bajarse de la ventana a ayudarle o tirarse ya.
—Chris, creo que se ahoga —no sé ustedes, pero eso sonó a orden por parte de Arthur. Las toses de Matthew bajan, pero le pica la garganta y la boca, se acerca al lavamanos, sin soltar el canuto.
—Eh... —Chris salta del borde la ventana al piso, donde está Matthew y camina hacia el lavamanos, algo mareado, le moja la cara un poco—. It's alright, it's alright.
Matthew respira, Arthur les mira atentamente (y la cara de Matthew parece de cera porque le ve el agua corriéndole por ella).
—Thank you... —respira—, ¿el vaso? —tirado a tus pies con el movimiento, se ha llenado de pelos y pelusas, no puede usarlo para beber agua.
—Vacío. Ahora tenemos que reponernos y saltar por esa ventana, you got it? —le ordena el cabello.
—Agua —abre el grifo y bebe, se moja más la cara—. ¿Qué tiene ese porro? Nunca había fumado uno así —no, porque lo tuyo es todo muy natural y para nada prensado, cultivo casero de ese compañero de clases, todo en buena onda y en la tranquilidad de la casa, jugando videojuegos entre cinco y tocando la guitarra.
—Dale un minuto, Chris, o le dará la pálida —o sea que le vendrán mareos y sentirá que se desmaya. Arthur tiene los pies colgando por fuera, y una mano le sostiene de la pared para no caerse, mirando hacia atrás, hacia ellos.
—Sure, sure... —Chris se aleja de Matthew para que no empiece a sofocarse y le da aire con la mano, suspira. Matthew detiene el agua y se endereza, todo el cabello cercano a la cara mojado, la cara chorreándole agua y sudor por el cuello, se seca los lentes en la camisa porque no tiene la tela especial y ya da igual. Mira que el canuto no esté mojado, pensando en todas las posibilidades de cosas que podrían haberle echado.
—¿Tienes fuego? —pregunta el canadiense y se lo lleva a los labios. Arthur aplaude golpeando la pared con la mano.
—¡Eso es, muchacho! ¡Y si saltas, te podremos nombrar miembro honorífico... —de la Commonwealth—, de nuestro clan! —y así es como los ingleses colonizaron el mundo, con drogas y palmaditas en la espalda mientras les pedían al resto que saltaran al vacío...
O bueno, depende del lugar al que llegaron... Más bien así es como los ingleses viejos metían a otros ingleses más jóvenes en sus causas.
Chris tipo «eeehhh si», saca un encendedor y lo prende para Matthew y se lo acerca al cigarrillo. Cree que sale un fuego de colores lo cual le hace pegarse en esa imagen. Matthew prende el canuto, pero lo fuma con más cuidado, prometiéndose a sí mismo que si llega a sentirse mal, comerá para estabilizarse. Ja. Ja. Ja. De todos modos tiene el número de la ambulancia en el marcado rápido. Chris acerca más el rostro a Matthew. Y le abre los labios, observándole con atención.
—¿Me pasas el humo?
Matthew se sonroja, sabiendo lo que eso implica, abre los ojos más. Chris se queda expectante igual y da un paso más, para arrinconarle contra el lavamanos.
—M... —estrambóticamente en otro universo.
Matthew no le puede responder, pero va a necesitar exhalar pronto... Se muerde el labio, y piensa en lo que Laisa le ha estado diciendo... Está viene a ser LA oportunidad, sabe que después no volverá a atreverse porque la primera vez no lo hizo y le resultó cómodo no atreverse (como con todo). Probar algo nuevo le es difícil, se sale de su zona de confort... Arthur les mira expectante, siente que pasan microsegundos (y que se cae, sea dicho) y desvía la mirada para darles privacidad, frunciendo el ceño porque Matthew inclinó la cabeza hacia un lado, como accediendo.
—M... —sigue diciendo Chris como letanía para acordarse y no despegar a otra estratosfera, se relame los labios, siente cada porción de su cuerpo con más vitalidad. Él ha unido su alma con las estampillas y nada más. Le posa una mano en la cadera al canadiense, lo que es el gesto suave, el empujoncito no agobiante, que Matthew necesita para no sentirse en problemas y que no necesita golpear a Chris como le enseñó su hermano... Si le hubiese besado a la fuerza probablemente le habría dejado con una costilla rota porque Matthew es grande, pero que le espere, que se lo pida es otra cosa... Aunque el que le acorrale le hace sentir como una niñita virgen de película, se regaña internamente por eso, y se afianza en su propia fuerza besándole.
Chris cierra los ojos con el roce de los labios entreabiertos y Matthew suelta el humo, abriendo los labios para que lo tome, con los ojos cerrados, mientras Arthur, desde su lugar, gruñe cuando ve en el reflejo de las cerámicas cómo le pone a Chris una mano en la cadera. Chris toma el humo y se separa, para poder saborearlo, lo retiene unos momentos en su boca y, tosiendo, lo bota. Voltea a mirar a Arthur con ojos vidriosos.
—¿Quieres fumar antes de saltar? —levanta una ceja, invitándole.
—No —responde Arthur de malas, sin mirarle y aún con el ceño fruncido—. Saltemos ya —apremia, celooooosooooo.
Matthew fuma otro poco, ya habiéndole cogido la maña.
—Ok, ok... Then, Matt, apágalo con cuidado y guárdalo en tu bolsillo—dirige Chris refiriéndose al porro y se acerca a encabezar la travesía: Treparse otra vez al borde de la ventana. No nota que Arthur esté celoso, obviamente.
Matthew asiente y hace como le dice, del mismo modo en que haría con un porro normal se lo guarda en el bolsillo de la camisa (bolsillo con cierre porque a Alfred le dan flojera los botones innecesarios y ya la chaqueta tiene muchos de por sí), se acerca a la ventana, en donde Arthur ya está mirando hacia abajo otra vez. Chris traga saliva viendo hacia abajo, y luego mira a Arthur.
—¿Listo?
—Tendremos que soltar mucho los músculos para no dañarnos —carraspea—. ¿Quién primero?
—Yo —con la camiseta hecha una pelota en su mano, Chris cierra los ojos y cuenta hasta tres—. Woooooooooo —se impulsa hacia abajo y cae, sin sentir absolutamente ningún dolor bajo el efecto relajante de la marihuana, es más, rueda en el grass al llegar ahí.
Matthew se asoma sintiendo que le da un ataque. Arthur espera a ver donde cayó Chris para no caerle encima, la música se escucha por sobre sus cabezas, pero desde mal ángulo, sin resonancia, ya que están a un costado. Chris no cae tan estrepitosamente y logra amortiguarse en el pasto, de rodillas, apoya las manos y siente el piso como del escenario de Star Wars junto con el Hobbit.
Chris parpadea, parpadea y parpadea.
Y Arthur cae, los pies le duelen, pero dobla las rodillas y amortigua dejando que el resto del cuerpo siga su curso, protegiéndose la cabeza por si acaso. Es decir, se desarticula como un muñeco. Matthew siente el corazón en la garganta cuando le ve, pensando que se ha matado, pero Arthur se levanta y se limpia los pantalones. Chris para ese entonces tiene encima de la mano una tarántula que ha salido de algún arbusto, y le está dando caricias como si fuera un polluelo.
—Hola...
—Ya estás tocando bichos, ¡te va a morder! —le regaña Arthur.
Matthew, arriba, calcula... Calcula la velocidad, la distancia... Y los números de pronto le están dando el resultado final de pi, en serio, él lo sabe. Chris se sienta a lo indio en el pasto, mirando fijamente a la tarántula en cuestión y su mente deformándola. Escuchando de la música apaciblemente y con una sonrisa.
—No, ¡ven! Siéntate aquí, se ve alucinante...
—¿Y el muchacho? —Arthur mira para arriba, Matthew está colgando, respirando profundo para calmarse.
—Tiene que bajar, venga, por mientras siéntate conmigo —le mira. Arthur sigue mirando preocupado a Matthew.
—Creo que no se atreverá.
Chris hace un ruido con la boca, de decepción y vuelve a tomarle atención a la tarántula, Mr. Woshboody se llama.
—Tiene mi porro.
—Pues se irá con tu porro, ¡ten la decencia de preocuparte, kangarooman! —Arthur se está preocupando en serio porque Matthew está bajando cuanto puede, con la suela de los zapatos contra la pared y haciendo fuerza con los brazos, para disminuir al menos medio metro la caída. O sea, que está colgando de la ventana, dándole la espalda al edificio... Y vuelve a subir... Sólo lo suficiente para darse la vuelta sin caerse.
—¿Y por qué no vas tú? Anda, que estoy ocupado —uy, sí.
—Voy a matar a esa tarántula —le advierte Arthur mirando hacia arriba—. ¡Oye, muchacho! ¡No tengas miedo!
Matthew, descolgándose, le mira, se suelta de una mano para caer de frente y poder rodar, sin saltar todavía.
—Primero mueres tú —Chris rueda los ojos y sigue acariciándola, protegiéndola de todo mal—. Anda, ayúdalo a bajar que si hay sangre nos va a venir un mal trip tremendo, te digo desde ya.
—Vamos a hablar seriamente en casa —le advierte Arthur con un dedo, y Matthew se suelta dando un golpe en la pared para alejarse del edificio. Cae de pie y rueda, por sobre su espalda, Arthur se le acerca a ayudarle a levantarse.
Christian como buen adolescente malcriado sólo hace unas cuantas muecas y se ríe de sí mismo por cómo sintió los músculos faciales estirarse, abre más la nariz para poder inhalar ese frescor del aire y olor a tantas cosas mezcladas, pero principalmente a naturaleza. Nada que le agrade más. Se pone la tarantura en el hombro y se para, camina a bailar con unos cuantos chicos y chicas, le invitan a fumar de todo, mientras Arthur debe perderlo de vista.
—Bollocks! —es lo primero que dice el inglés cuando se da cuenta, y jala de Matthew sin soltarle la mano, para seguirle. Se meten entre la gente, allí llega mejor el sonido.
Chris sigue abrazando a cuanta gente puede, se deja manosear, manosea, ríe, corea la canciones y salta cuanta la multitud lo hace. La tarántula le camina por la cabeza.
—Soooo gooooooooodddddd —más drogado que nunca, hell yeah baby, cuidado y se nos muere.
—No sé por qué le cuido —se queja Arthur en voz baja, y Matthew lo encuentra tieeeeernooooo, porque él recién le vio algo celoso, sin estar seguro. Verlo así de molesto porque Chris le preocupa, le hace sonreír—. Si nos separamos, nos encontramos en la acera de enfrente, bajo el anuncio de dent... Dentifi... Dentrif... De pasta de dientes —le avisa Arthur al canadiense, y en cuanto llega junto a Chris, le agarra del cuello de la camisa y lo tira hacia sí, dándole lo mismo la gente de alrededor.
—Whaaaaaaaaaa woooooooooo Arthuuuuuuurrrr, no te veo hace taaaaaaantoooo —roguemos porque no haya probado honguitos espaciales, sonríe mucho.
—You, git! —otras personas harían el «tirar de la camisa y dar un beso», Arthur le mira con intensidad y le da un golpecito, frente con frente, sin soltarle la camisa ni la mano de Matthew, que les sonríe duuuuulcemente.
—What? Has crecido mucho... —Chris le mira de pies a cabeza y se acerca a él esperando que le suelte de la camisa, se acuerda que su primer beso fue con Arthur en el kindergarden.
—¡No te vayas así como así! —le suelta, se cruza de brazos frunciendo el ceño—. Tu madre me MATARÁ si llegas roto o mag... —se interrumpe porque Matthew empieza a reír, de esas risas que parten despacio y se vuelven histéricas. Chris traga saliva y cambia la dirección de la mirada hacia Matthew.
—Matt, es mentira lo que dice, ven, ven aquí, tengo algo para mostrarte y que Arthur no merecen ver —Chris le estira el brazo. Matthew se le acerca, le pone una mano en el hombro para sostenerse porque se está doblando de la risa.
—R... ¡Roto!
Sé ha imaginado a Chris roto, así en pedacitos, como un puzzle que armar, no pregunten por qué le da risa si es tan... Aterradora la idea.
—¿Roto? ¿Qué está roto? —Chris no entiende nada porque a Arthur le ha oído a medias, le pone una mano en la cintura y lo atrae, mira por el rabillo del ojo al inglés, que se sonríe, intentando no contagiarse de la risa, pasándose una mano por el cabello, ¡porque recién estaba regañando muy seriamente a Chris, no puede reírse!
—¡Tú! —y Matthew se ríe más, imaginando las partes del cuerpo desparramadas y una mano invisible volviendo a armar el cuerpo, pero mal, y sí, hay sangre.
—Ehh... Do you like the music? —cambia de tema porque es lo mejor, buscando la mano de Arthur, entre la oscuridad, para tomársela, como un impulso de ¿protección? Unos franceses se cruzan haciendo bailes estrambóticos con unos españoles.
Arthur le da su mano a Chris, y se ríe entre dientes mientras Matthew empieza a quedarse sin aire, ni caso le hace a Chris, pero le palmotea el brazo con FUERZA.
—Ya se le zafó un tornillo —le comunica Arthur a Chris mientras mueve el pie con la música, y de pronto, mueve los hombros, como probando estar entero. Chris entrelaza los dedos, y mira a Matthew un poco con miedo, se aleja de él, repegándose al inglés.
—Arthur... —susurra Chris. Si estuviera sin drogas en la sangre, les aseguro que le hubiera seguido la cuerda a Matthew.
—¿Mmm? —le baila, recién tomando el ritmo, girando la muñeca de la mano esa, para estar más cómodo. Matthew se dobla sobre sí mismo, empezando recién a calmarse, le corren las lágrimas.
—Tengo ganas de tener sexo —confiesa Chris plano, y alguien huya.
—No jodas, está el DJ del que has hablado toda la semana —le toma de la cintura con la otra mano, muy consecuente él. Matthew se les acerca, bailando desde ya porque de pronto el humor le ha subido como un 400% con el chiste buenísimo de Arthur que sólo él conoce.
—¿Por qué tan quieto? —le pregunta a Chris ahora que puede hablar—. Eres australiano, ¿no? —le dice con cara de no matar una mosca, o de estar parado sobre una nube. ALARMA DE COQUETEO.
—Precisamente por eso —zanja Chris para Arthur, el porqué de esa frase—, ¡a las cuatro de la mañana me tomo una foto con él! —sonríe con la mano en su cintura y presta atención a Matthew—. ¿Quieto? Mis piernas son de gelatina con Nutella —cara de OMG.
—Yo te veo quieto... —insiste Matthew, en voz más baja e insegura.
—¿Y con quién quieres? —Arthur el bestia, seguro de que la respuesta es Matthew. Chris le sonríe al canadiense.
—Sería wonderful probarlo contigo, ¿no te dan ganas? —susurra muy cerca al oído del inglés, para que le oiga bien, no tiene ni la menor idea de por qué Matthew le ha preguntado de su nacionalidad, o que esté sin hacer nada—. ¿Yo soy quieto? —se dirige a Matthew.
—¡¿Conmigo?!
—Es una sugerencia
Matthew le queda mirando.
—No... No importa —comprobado, son su OTP.
—¡Pero querías con el muchacho! —alguien no se sabe el nombre de Maaaaattyyyyyyy. En fin, Arthur señala a Matthew, que se señala a sí mismo, sin comprender ni un carajo.
—Ahhhhh... Artie, ahora, si me estás proponiendo un trío, me parece súper bien —le tira la pelota, riéndose—. Aaaaartiiiiieeeeee —lo escabulle por ahí un ratito para besarle el cuello—. Wwwowoooahhhhh, me siento tan, tan bien, es una sensación como cuando te corres pero... dura más.
—¿Un trío? —Matthew suena menos escandalizado de lo que él cree que suena, pero lo ha dicho a decibeles humanos, lo cual ya es algo.
—Nononono —Arthur intenta quitarse a Chris, pero riéndose y sonriendo.
—Venga, un trío. Me los follo a los dos —suelta el australiano segurísimo de su suerte.
—¡No jodas! —Arthur se deja de reír de golpe y le da un empujón fuerte, Matthew mira el suelo, sonrojado, pensando que ha escuchado mal. Arthur también tiene, aunque en menor medida, un rubor. Chris se queda ahí con el empujón y los mira a los dos en plan «sólo fue una broma».
—Well... Si no quieren bailar, si no quieren follar, no podemos tomar el té aquí, ¿se dan cuenta?
—No te digo que no quiera, you git —le murmura Arthur como un animal herido de los que se defienden con dientes y garras. Matthew carraspea, queriendo decir algo como «por mí bien, jajaja», pero en lugar de eso, mira a Chris, buscando que le mire de vuelta, con una sonrisita nerviosa, pero interesada.
—Si me permites, Christian... —dice—, quizá, si te explicas, entendamos mejor.
—Aaahhhhh... —Chris se ríe y baja a su tarántula (que está por su oreja mirando todo muy entretenida, alguien pásele el pop corn) y se la monta en la mano. Mira a Arthur y alterna a Matthew—. Bloody wankers! Yo quiero una chica —y se echa a correr entre el gentío porque parece que ha visto una piscina de algodón de azúcar, sumado a la música es woooooo. Sea dicho que esa frase es para molestar a Arthur únicamente.
Arthur apenas le dirige una mirada a Matthew antes de echar a correr detrás de Chris, y Matthew le sigue, se sonríe sin darse cuenta porque esto es divertido.
—TACKLE! —grita Arthur antes de saltarle encima para echarlo a tierra.
—¡Whhhhhhwaaaaahjjeeeeeee! —Chris cae al suelo, entre los pies de tanta gente y vibra en risas, tratando de tomar aire, choca con una polaca distraída que no hace más que moverse para que no le caiga el muerto—. Arthur hemos caído, Dios mío, sientes como la tierra...
—Si dejaras de ponerte a correr a cada rato... —la percusión de los parlantes le retumba en los oídos, y se da cuenta, de estar mirando que Chris no se haya herido la cabeza, que falta algo—. ¡La tarántula! —busca al arácnido poniéndose en alerta, Matthew llega hasta ellos y se agacha a recogerla con cuidado.
Chris le agarra la camiseta a Arthur y se lo acerca bastaaaaante para plantarle un beso en la boca, se ha pegado demasiado viéndole y esto es lo que pasa. Arthur le besa de vuelta, con hambre. Matthew levanta las cejas y le tapa los ojos a la tarántula, teniendo un escalofrío que parece ser por las patitas peludas (también puede ser por el espectáculo, eh).
El australiano sigue el beso con más intensidad, y se quedan ahí tirados; Arthur encima, con la multitud alrededor alborotada bailando. Ambos sin hacer nada más que besarse. Alguien los va a PATEAR y yo no quiero saberlo, que se paren de una buena vez.
Matthew saca su celular y les toma fotografías... Es más, los graba, y no es hasta estar a la altura de sus caras y enfocarlas, con las lengua y todo, que se acuerda de algo.
—¿Están pasándola bien? Díganle sus nombres a la cámara —como ha visto en esos videos que dan vueltas en Facebook de las fiestas locas a las que no iba por ser menor de edad. Está fascinado con todo y hasta cree que es mentira, un sueño.
Una colombiana que está allí al lado bailando le da un golpe de cadera sexysensual a su compañero y le señala a la pareja, diciéndole que ella quiere algo así.
Chris no reacciona hasta que oye a Matthew hablar casi en su tímpano, abre los ojos como platos.
—GgaArrrth... —trata de hablar en el beso, pero le mete más lengua a Arthur, mmm, nos hallamos ante esta paradoja.
—Oh... Bueno, no quieren presentarse. Entiendo... —se desilusiona—. ¿Puedo presentarlos yo, verdad?
Arthur gruñe y le toca el cuello a Chris, sin medirse.
El compañero de la colombiana es un argentino morboso... Que se le van los ojos al ver el espectáculo y toma más cerveza del vaso.
—¿No querés mejor probar de lo que ha traido Sebas? —le pregunta a su amiga refiriéndose a su primo, que brilla por todas las bolsitas de marihuana que siempre tiene.
Chris hace un movimiento con la mano para Matthew, a lo «no puedo, responder deje su mensaje después de la metida de mano» y dada esta pauta, sus dedos suben debaaajo del polo de Arthur, vamos...
Ah... Inglaterra y Australia. Debo decir que me encantaron.
Si Sicilia Lawliet se pasa por aquí, quiero agradecerle por los comentarios que nos dejó. Güiña intentará poner más ojo en lo que menciona, para que sean más comprensibles esas escenas.
