CAPÍTULO 3

Pequeñas verdades

Llevaban rodando seis días y no podían haber empezado mejor. El ambiente entre el equipo era excelente, uno de los mejores que Quinn recordaba, el trabajo no se hacía pesado a pesar de las horas que debían pasar en el set y por si fuera poco, su amistad con Rachel seguía en marcha, creciendo poco a poco, compartiendo momentos divertidos y aburridos allí dentro, empezando a tomar la suficiente confianza como para bromear sin ningún tipo de tensión entre ellas.

Tanto era así, que la rubia había tomado la iniciativa pidiéndole el móvil Rachel, algo que le extrañó, ya que al parecer, la morena seguía guardando su antiguo número. Algo avergonzada, tuvo que explicarle que no tenía el mismo número de teléfono y que no conservaba el suyo, ni el suyo ni el de nadie que la pusiera en contacto con la gente que conoció antes de llegar a Los Angeles. Sin pedir más explicaciones, Rachel accedió a intercambiar números, esperando que Quinn le hablase fuera del set.

La morena no conocía a mucha gente en la ciudad, tan solo se relacionaba con algunos compañeros de la primera película que rodó, compuesto por algunos actores, cámaras y maquilladoras. Eran sus amigos allí, con los que salía y los que se molestaban en meterla en todos sus planes, los que la llamaban para interesarse con ella. Era más cercana a unos que a otros, pero no podía dejar de agradecerles que la incluyeran en aquel grupo y la trataran como a una más desde que había llegado hacía poco más de un año.

Por eso tenía la esperanza de que Quinn quisiera pasar tiempo con ella. A ella ya la conocía, no había que romper aquella barrera de presentaciones. Sabía cosas de Quinn que seguramente no mucha gente conocía, igual que la rubia las sabía de ella. Tras su encuentro tan solo tenía que pasar un poco de tiempo para que la normalidad en el trato llegara a ellas y lo estaban consiguiendo. La rubia se estaba portando de maravilla con ella y ya había notado que aunque era amable y divertida con los demás, no llegaba a regalarles esa confianza que le daba a ella.

No tuvo que esperar mucho para recibir una invitación de la rubia. Después del día de rodaje y tener la noticia de que el día siguiente lo tenían libre, Rachel llegó a su casa justo para darse una ducha, cenar y acurrucarse en el sofá a disfrutar de uno de los musicales que tanto adoraba. En mitad de la película un mensaje llegó a su teléfono.

-"¿Tienes planes para mañana?" – le preguntaban en un mensaje luminoso con la firma de Quinn Fabray.

-"¿Ver un musical mientras descanso?" – respondió la morena. Le daba vergüenza que la rubia se diera cuenta de que su vida era algo aburrida cuando salía del set de rodaje, pero esa era su realidad en ese momento.

-"Respuesta incorrecta. No hagas planes con Barbra, mañana por la mañana te recojo y te propongo un plan mejor ;)" – leyó la morena a los dos minutos, sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en su cara.

-"¿Que planes tienes, Fabray?"

-"Mañana lo sabrás. Luego pásame la dirección, si no, va a ser difícil que te recoja… Hasta mañana, Berry"

Esa fue toda la conversación que mantuvieron. Rachel se limitó a pasarle la dirección tal y como le había pedido, emocionada por saber que pasaría tiempo con Quinn. Sabía que no se equivocaba al confiar en ella. Y pensando en cómo empezaba a recuperar a la rubia en su vida, llegó rápidamente la mañana, esperando a una Quinn que se había hecho de rogar hasta que finalmente a las once de la mañana la avisaba de que en media hora pasaría a por ella.

Cuando salió por la puerta, pudo ver a la rubia apoyada en la puerta del copiloto del que suponía era su coche. Se preguntó cómo era posible que Quinn estuviera espectacular incluso vistiendo de forma casual. Unos vaqueros, unas converse y una simple camiseta, sin ningún tipo de maquillaje en su piel, solo su sonrisa mientras la observaba llegar.

-Buenos días. – saludó la rubia recibiendo un beso en la mejilla de Rachel a modo de saludo.

-Es casi medio día, casi podríamos decir buenas tardes.

-Exagerada… - dijo la rubia negando con la cabeza. - ¿Qué querías salir a las ocho de la mañana?

-Bueno, no me hubiera importado, ya estaba despierta…

-¿En serio? ¿El único día que nos dejan dormir y te levantas a las ocho? – dijo enarcando su característica ceja.

-Sí, no me molesta madrugar.

-A mi si, por eso te recojo ahora. – dijo con una sonrisa de suficiencia, haciendo que esta vez fuera Rachel la que negara mientras sonreía.

-Se me hace raro verte así vestida… - dijo volviendo a mirar su vestimenta.

-¿Así como?

-Tan normal, tan casual… No recuerdo haberte visto nunca así, siempre ibas vestida muy formal.

-Ya… Antes me vestía y me arreglaba porque me apetecía, ahora todos los días me obligan a ir con los mejores diseños y perfectamente maquillada para rodar o ir a eventos, así que en cuanto tengo un día para mí, esta es la Quinn que hay. – dijo encogiéndose de hombros. - ¿Qué pasa, no te gusta este estilo? – cuestionó divertida.

-Si me gusta, estás genial. – dijo haciendo que la rubia se riera. – Lo digo en serio. – insistió al ver la risa de Quinn más acentuada. – Ya, deja de reírte. – dijo finalmente con una sonrisa. - ¿Dónde vas a llevarme?

-Si te digo que vamos a hacerle una visita al veterinario, ¿Qué dices?

-Que por muy perra que fueras en el instituto yo creo que todavía puedes ir a un médico… - dijo aguantando la risa.

-Que graciosa de repente, Berry. – dijo haciéndose la ofendida. – No sé si presentarte a mi nuevo amigo o dejarte aquí con tus planes con Barbra…

-¿Quién es tu nuevo amigo? – preguntó interesada, viendo como con una sonrisa, Quinn abría la puerta trasera del coche y cogía algo.

-Te presento a mi nuevo amigo Ringo. – dijo mostrándole lo que tenía entre las manos.

-Ohh… - fue todo lo que pudo decir la morena mientras se llevaba las manos a la boca, emocionada como una niña al ver a un cachorro de dálmata en los brazos de la rubia. – Hola, pequeño… - dijo cogiendo al cachorro y dejando un beso en su cabeza. – ¿Pero cómo eres tan guapo? – seguía hablando mientras Quinn sonreía por esa interacción.

-Me lo dieron ayer. Tiene solo un mes y necesito ponerle el chip y que lo revise un poco. – le informó mientras Rachel seguía regalándole caricias al pequeño dálmata. - ¿Nos acompañas?

-Sí, claro. – dijo mirándola un momento para sonreírle. - ¿Cómo has dicho que se llama?

-Ringo.

-¿En serio, Quinn? ¿Le pones al perro el nombre de un Beatle? – dijo levantando una ceja.

-Sí, ¿Qué pasa? ¿No te gustan los Beatles?

-No mucho la verdad. – dijo provocando que la boca de la rubia se abriera por la respuesta.

-A todo el mundo le gustan los Beatles, son una leyenda. – argumentó casi ofendida.

-Pues a mí no me hacen gracia. – dijo encogiéndose de hombros. – Pero creo que es un buen nombre para este dormilón. – dijo viendo como el perro se quedaba dormido en sus brazos.

-Menuda cantante que no aprecia la buena música… - dijo negando con la cabeza mientras rodeaba el coche para entrar.

-Eh… - se quejó al escucharla.

-Entra anda. – dijo riéndose mientras Rachel se acomodaba en el asiento del copiloto con Ringo todavía en sus brazos.

-Me encanta, es precioso. – dijo una vez se pusieron rumbo al veterinario.

-Tengo otro, un bulldog francés de dos años.

-¿Si? ¿Cómo se llama, John Lennon? – preguntó burlonamente.

-Casi. – dijo aguantando la risa por las bromas de Rachel sobre el nombre del perro. – Se llama Jagger. – dijo mirándola de reojo para ver la reacción.

-¿Cómo el de los Rolling? ¿Mick Jagger? – preguntó sin acabar de creérselo, pero cuando la rubia asintió, soltó una carcajada que hizo reir a Quinn.

-Se lo puso Brody y me gustó y con este he decidido seguir la tradición de ponerle nombre de cantante.

-Es original.

-Es original pero te ríes. Lo vas a traumatizar. – dijo dejando una caricia en la cabeza del perro, que dormía acomodado en las piernas de Rachel.

-Porque no lo había escuchado nunca. La gente suele ponerles a sus perros Toby, pero definitivamente me gusta mucho más Ringo y Jagger. – dijo sonriéndole.

Entre conversaciones sobre perros y sus nombres y descubrir que a Rachel le gustaban, pero nunca había tenido uno, llegaron a la clínica. Al bajar del coche, Quinn se cubrió los ojos con unas gafas de sol en un intento de no ser muy reconocida. No le importaba pararse con la gente, pero a veces si se paraba con una persona, se tenía que parar con el resto que la veía, así que ir a hacer un recado de cinco minutos se convertía en una odisea, teniéndose que parar cada dos minutos.

Afortunadamente, aquel día no la paró nadie para hacerse una foto y aunque la reconocían a ella y empezaban a reconocer a Rachel, dejaron que llegaran tranquilas al veterinario donde tan solo habían tres personas, una mujer de mediana edad y un hombre con su hija que no debía de tener más de seis años.

Mientras la morena se sentó en uno de los sillones para esperar, Quinn se acercó con Ringo al mostrador, saludando a la recepcionista que estaba atendiendo. Parecían conocerse, ya que se trataban con cierta confianza. Rachel supo que la gente que esperaba allí las habían reconocido, ya que al entrar sus caras de sorpresa lo reflejaron, pero las miradas, algunas más disimuladas que otras, seguían puestas en Quinn, al fin y al cabo era una de las actrices jóvenes más influyentes del mundo y una de las actrices mejor pagadas de Hollywood.

-Tendremos que esperar un momento. – dijo la rubia mientras tomaba asiento a su lado y que parecía ajena a las miradas.

-No pasa nada, no tengo otra cosa que hacer. – la tranquilizó.

Mientras conversaban esperando su turno, Quinn se fijó en la niña que había visto al entrar. Era morena con unos ojos azul eléctrico que la hacían parecer una muñeca. De pie entre las piernas de su padre, la miraba de vez en cuando, ya que su vista y su sonrisa estaban puestas en el dálmata que sostenía la rubia en sus brazos.

-Hola. – la saludó Quinn una de las veces que la niña alzó la mirada para verla. No era porque fuese famosa, si no para vigilar que no le molestara que estuviera mirando al perro. Al darse cuenta de que la rubia se había dirigido a ella, escondió la cabeza en el cuello de su padre, mirándola de reojo.

-Te han saludado, cariño, di hola. – la animó su padre.

-Hola… - dijo en tono bajo.

-¿Cómo te llamas?

-Emma…

-Eres muy guapa, Emma. Yo soy Quinn. – dijo inclinándose hacia adelante para ofrecerle su mano. La niña algo más segura salió de su escondite en el cuello de su padre y se la estrechó suavemente. – Y ella es Rachel. – dijo señalando a la morena, que observaba a la pequeña con una sonrisa, acariciando la mejilla de la niña.

-Hola Emma. – saludó la morena a la niña que volvía a dirigir su vista al perro.

-¿Quieres tocarlo? – le ofreció Quinn. La niña miró a su padre pidiendo permiso y cuando lo tuvo asintió con la cabeza. – Ven. – dijo para que se acercara, poniéndola entre Rachel y ella. – Toma, cógelo con cuidado que es muy pequeño. – le advirtió pasándole al dálmata.

-¿Cómo se llama?

-Ringo.

-¿Y Ringo no sabe andar? – preguntó de forma inocente.

-Si sabe. – dijo riendo por la ocurrencia. – Pero es demasiado pequeño y hasta que no crezca un poco no puedo dejar que ande por la calle, si no se puede poner malito.

-Ah… - dijo concentrada en el animal. – Yo tengo un gato. – dijo mirándolas a ambas y viendo como la rubia arrugaba la nariz. - ¿No te gustan?

-Sí, pero me dan alergia…

-¿Qué es alergia?

-Pues cuando toco un gato, me pica mucho la nariz y los ojos y me pongo a estornudar… - dijo haciendo aspavientos, lo que provocó la risa de la niña.

-Mira, sales en esa revista. – dijo señalando el papel que la mujer de mediana edad que estaba esperando estaba leyendo. – Y tú también. – dijo esta vez mirando a Rachel, que ya se había dado cuenta que en esas páginas hablaban de la presentación de la película. La mujer avergonzada cerró la revista y miró para otro lado, haciendo que Quinn y Rachel no pudieran aguantar la risa.

-A veces nos hacen algunas fotos. – dijo de la forma más sencilla posible antes de que la niña entrara en la consulta con su padre y el gato después de ser llamados.

-Que rápido haces amistades, Fabray. – dijo con una sonrisa mientras volvía a hacerse dueña de Ringo.

-Demasiado… Me he hecho hasta amiga tuya… - dijo poniendo los ojos en blanco para recibir un golpe en el brazo de la morena, que veía como Quinn reía y disfrutaba haciéndole de rabiar.

Casi una hora y media después, abandonaron la clínica justo a la hora de comer, por lo que cuando llegaron al coche, Quinn volvió a proponerle algo a Rachel.

-¿Te apetece venir a comer a casa? Nos quedaríamos a comer por aquí, pero la gente no va a dejar de pedirte fotos… - dijo sacando una sonrisa en la morena. – Además, este pequeño quiere descansar un poco ¿a qué sí, cosita? – dijo poniendo voz rara, acercando al perro a su cara y recibiendo un lametazo en la mejilla como respuesta.

-¿Qué menú me ofreces? – preguntó divertida.

-Mmm… ¿Qué te parece una estupenda pizza vegetariana para llevar? Cocinaría yo, pero me has pillado sin ganas… - dijo con media sonrisa.

-Qué bonito… - dijo negando con la cabeza. - ¿Tu cocinera no te deja comida hecha? – dijo subiéndose al coche, confirmando que comería en la casa de la rubia ese día.

-¿Qué cocinera? – preguntó frunciendo el ceño. - ¿Tú tienes cocinera?

-No, yo tengo una mujer que viene a limpiar, pero yo que sé, tu eres una estrella de Hollywood, yo solo de Broadway…

-¿Solo de Broadway? Posiblemente mientras tú ya ganabas millones en Broadway, yo estaba viviendo en un tugurio... Kat viene a limpiar tres o cuatro veces a la semana porque soy un poco vaga para eso y la casa es demasiado grande… - dijo encogiéndose de hombros. – A veces me trae comida que ha hecho en su casa, pero mientras tanto, yo tengo dos manos con las que puedo cocinar perfectamente. No solo eres tú una gran chef. – dijo sacándole la lengua.

-Muy buena chef, pero estamos de camino a comprar un pizza para llevar… - dijo provocando la risa de la rubia.

No se entretuvieron mucho, pidieron la pizza y se fueron directas a casa de Quinn, donde conoció al famoso Jagger y observando la casa de la rubia, que amablemente le hacía un tour por toda la casa. Para ser sincera, aquella casa era bastante grande y con todas las comodidades posibles, en la zona más exclusiva de Los Angeles e incluso con un acceso directo a una zona privada de la playa desde la casa, pero Rachel se había imaginado una gran mansión con lujo por todas partes.

La rubia volvió a sorprenderle al ver que a pesar de la casa, de la modernidad, había encontrado un hueco para la sencillez, sin nada demasiado ostentoso que sobresaliera.

No pudo ver muchas fotos por la casa, tan solo algunas de Quinn junto a Brody o con una mujer que ella desconocía y de dos niños que supuso eran sus sobrinos. Nada más. No había ni rastro de su familia en aquella casa.

Pudo descubrir una nueva afición de la rubia, se trataba de la fotografía y la pintura. Había encontrado cuadros y fotografías de paisajes o retratos que había hecho ella misma, sorprendiéndola por lo bien que se le daba aquella parte del arte.

Una vez terminaron de comer, siguieron hablando mientras Rachel tomaba un café y Quinn un té.

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-Me das miedo cuando dices eso… - dijo viendo como Rachel dibujaba media sonrisa en su cara. – Dime.

-¿Por qué no has confirmado a la prensa que te gustan las mujeres?

-Porque no veo porque tengo que hacerlo… Han sacado miles de fotos mías tanto con chicas como con chicos, hay fotos donde salgo besándome con chicas. Es un secreto a voces, pero no puedo estar confirmando o desmintiendo todo lo que publican sobre mí, porque la mayor parte es mentira. – le explicó mientras seguía bebiendo su té. – Mis publicistas se ocupan de esos temas y si me preguntan a mi contesto que todo va bien y me escaqueo. No tengo ningún problema en decirlo, pero supongo que estoy esperando a estar segura de la persona con la que estoy, de ver un futuro claro con alguien… - dijo agachando la mirada unos segundos.

-Pero mientras tanto inventan miles de cosas sobre ti…

-No me importa… La gente no me conoce y creen que tienen derecho a opinar de mi vida y a juzgarme. Yo tampoco conozco a esas personas, así que lo que digan me importa bien poco, no me afecta. No voy a ir a contarles mi verdad, por ahora, no.

-¿Sigues enamorada de Santana? – preguntó de la nada, haciendo que la rubia por poco echara el líquido de su boca mientras abría los ojos como platos.

-¿Qué? ¡No! – dijo escandalizada cuando reaccionó. - ¿Por qué me preguntas eso?

-Bueno… Como me contaste lo que pasó con ella y también dijiste que tenías sentimientos por alguien, pensé que… - se explicó moviendo las manos en un intento de que la rubia la entendiera mejor.

-No, no, yo nunca he estado enamorada de Santana… Aquello pasó y me acabó de abrir los ojos, pero no tenía sentimientos por ella, no de esa manera…

-¿Entonces de quien estabas enamorada? – preguntó un poco desubicada, ya que había dado por hecho que esa chica era la latina. - ¿Otra animadora?

-No, tampoco… - dijo desviando su mirada de la morena, que la miraba ansiosa por la respuesta. Se amó de valor y dio un largo suspiro antes de volver a fijar su vista en ella. – Supongo que ha pasado mucho tiempo y te lo puedo decir… Yo… A mí me gustabas tú, vamos que estaba enamorada de ti. – dijo señalándola, hablando casi en un susurro. – durante segundos contuvo la respiración, esperando la reacción de la morena que primero había abierto mucho los ojos y después frunció el ceño, pero la carcajada que soltó al minuto, Quinn no la vio venir.

-Vale, Quinn, de todas las bromas que me has hecho hoy, esta es la más graciosa.

-No es ninguna broma, Rachel. ¿Por qué iba a mentirte con esto? Es la verdad.

-Porque es imposible. Yo no podía gustarte de ningún modo. Pero si eras la chica más guapa del instituto, podrías haber tenido a cualquiera, no pudiste fijarte en la persona más irritante del instituto… - dijo negando con la cabeza.

-Pues lo hice…

-Quinn me hacías la vida imposible, peleábamos por Finn, por Puck, por Sam, por cualquier chico, ¿Cómo ibas a estar enamorada de mí?

-Pues lo estaba, Rachel. Jamás me lo admití hasta que pasó lo de Santana, pero lo sabía, era muy consciente de que provocabas en mi sentimientos que no había tenido nunca por nadie y se alejaban bastante de la amistad. – le confesó, viendo como Rachel parecía creer sus palabras con la cara llena de asombro. – Si te hacia la vida imposible era por llamar tu atención de algún modo y si me peleaba contigo por los chicos, no era por ellos, era para que no estuvieras con ellos si no podía tenerte yo… - dijo avergonzada. – Dios, Rachel, a veces era tan obvia que llegué a pensar que me había descubierto, que lo habrías notado, pero nunca te diste cuenta… Todo aquello de la boda, lo de que dejaras a Finn para que pudieras cumplir tus sueños no lo decía por él, sino por ti, porque me importabas.

-Pero al final decidiste venir a la boda… - recordó extrañada.

-No podía hacer otra cosa. Intenté aconsejarte, evitarlo, pero estabas enamorada de él y dispuesta a todo. Yo solo quería que fueras feliz y parecía que Finn lo conseguía, así que dejé de luchar y me concentré en ser tu amiga, en dejar de pensar en mi felicidad y pensar en la tuya que era Finn. – dijo mientras notaba como sus mejillas se sonrojaban. Solo Brody sabía aquello, solo se lo había confiado a él y ahora lo estaba haciendo con la protagonista. – Al final paré la boda. – dijo riendo suavemente. – Lo conseguí aunque no de la mejor manera.

-No me lo recuerdes… - dijo recordando a Quinn en la silla de ruedas. - ¿Estás bien del todo? – se preocupó por ella.

-Si… - dijo con una sonrisa ante la preocupación. – A veces tengo algunos dolores en la espalda, pero no son nada, un poco de reposo y listo. Secuelas…

-Lo siento… - dijo afligida.

-No fue tu culpa. – dijo seria, no quería que Rachel pensara en algo que ya había pasado.

-Me cuesta creerme todo esto…

-Y a mí me cuesta creer que te haya contado todo esto. – dijo con media sonrisa. – Hasta ahora solo lo sabía Brody…

-¿Se lo contaste a Brody?

-Te dije que aquella noche nos contamos todas nuestras penas, así que unimos fuerzas para olvidar a la misma mujer. – dijo viendo como la morena se sonrojaba. – Brody sabe todo de mí, no hay secretos entre nosotros…

-¿Sigues…ya sabes, enamorada de mi…?

-No. – dijo todo lo segura que su cuerpo le permitió. – Han pasado siete años, costó, pero pasé página. Eso es pasado.

Rachel asintió ante aquellas palabras, recordando momentos en los que jamás se le pasó por la cabeza que Quinn pudiera sentir algo por ella. Aquello era surrealista. Pero pensando en eso, otra duda le sobrevino.

-Quinn, si no estabas enamorada de Santana, ¿Por qué desapareciste así? Pensé que era por eso…

-Porque necesitaba cambiar mi vida y mi forma de ser… Cuando salí del instituto, era otra persona, era mejor y estaba en el camino de llegar a ser alguien de quien pudiera sentirme orgullosa, pero al llegar a la universidad, todo lo malo volvió a mí, todas las inseguridades, todos los miedos se multiplicaron y me volví a alejar de la Quinn que quería. Hacía y decía cosas de las que me arrepiento y todo por no ser capaz de enfrentarme a mí misma. – explicó mientras dejaba la taza en la mesa para acomodarse mejor en la silla. – Cuando volví de la boda del señor Schue, pensé en muchas cosas, en lo que era y en lo que quería ser y decidí que si quería cambiar, que si quería ser alguien mejor, tenía que alejarme de todo y de todos. Lo pasé fatal, porque no conocía a nadie y porque no tenía dinero.

-¿Y tu madre no te ayudaba?

-No quería su ayuda… - dijo, dejando ver durante un segundo un rastro de frialdad en sus ojos. – Si me alejé, fue porque consideré que la Quinn fría, egoísta y de poco corazón estaba atrapada en todo lo que me había rodeado… Tardé en cambiar. Más que en cambiar en aceptarme, en sentirme cómoda conmigo y mis gustos, en ser honesta… Pero al final lo conseguí…

-¿Por qué no volviste nunca? – siguió preguntando todo lo que llevaba pensando durante años.

-Porque cuando te alejas, la gente que dejas atrás sigues con sus vidas, no se quedan esperando a que vuelvas…

-Yo si lo hice… Siempre he esperado que mi amiga volviera.

-Tu siempre has sido especial… - dijo sonriéndole dulcemente. – No sabía cómo volver… Llevo años queriendo hacerlo, pero había pasado mucho tiempo y cada vez que me decidía me echaba para atrás… Me da miedo como puedan reaccionar… - terminó confesando.

-Bien, te recibirán con los brazos abiertos.

-Eso no es del todo cierto y lo sabes…

-¿Qué más da? Tu misma has dicho que no te importa lo que la gente piense. – se quejó la morena.

-¡Gente que no me importa! – replicó alzando un poco el tono de voz. – Vosotros sois importantes para mí aunque no lo haya demostrado. A veces tienes que estar alejado de las personas que quieres, pero eso no significa que no los quieras, muchas veces eso te hace quererlos aún más… - dijo agachando la cabeza, dejando que todo quedara en silencio durante unos minutos, Rachel procesando todo lo que Quinn le había dicho aquella tarde y Quinn calmando sus sentimientos, los cuales habían quedado demasiado expuestos para su gusto. - ¿Cómo están todos? – acabó preguntando. Quería saberlo desde que vio a la morena en aquella sala, pero no había encontrado la fuerza para saber de todos los que consideró su familia en Lima, de los que estuvieron en su peor momento.

-¿No sabes nada de ninguno?

-Sabía cosas de ti, ya te lo dije y escuché que Mercedes sacó un disco hace poco, pero nada más…

-Pues les va bien a todos. Hace tiempo que no nos juntamos todos, pero solemos vernos por separado de vez en cuando. Mercedes consiguió el disco que quería y parece que le va bien. Tina se sacó la carrera de veterinaria y trabaja en Lima. Puck y Artie están en Inglaterra, Puck con algo del deporte, no sé exactamente qué y Artie dirigiendo obras de teatro… - iba contando mientras sonreía al ver la sonrisa de la rubia al saber de sus amigos. – Finn está de profesor en Chicago, creo, no lo sé muy bien porque hace tiempo que no hablo con él… Y luego están Blaine y Kurt que siguen juntos…

-¿En serio? – preguntó sorprendida.

-Sí, no sé cómo lo hacen, pero desde que se reconciliaron cuando Blaine terminó el instituto no se han separado. Kurt sigue en la revista y hace algunas obras en Broadway de secundario y Blaine está con él en Nueva York, intentando grabar un disco mientras toca en locales. Mike es profesor de danza en NYADA. – dijo volviendo a sorprender a Quinn. – Y Britt y Santana están juntas… Hace dos años volvieron a encontrarse y a quedar con frecuencia y les va genial. También están en Nueva York. Santana como bailarina en los musicales de Broadway y Britt como científica de uno de los laboratorios más importantes…

-Wow… - dijo secando con disimulo una lagrima rebelde que se había escapado de sus ojos.

-Si… Hubiera costado imaginar cómo acabaríamos todos cuando estábamos en el instituto… Si me llegan a decir que Santana se convertiría en mi mejor amiga me hubiera reído de cualquiera.

-¿Sabe que estamos trabajando juntas?

-Sí, se lo dije. – dijo en un intento de dejar ahí la conversación, pero Quinn le pedía más con la mirada. – Lo siento, pero no quiere ni que te nombre… - dijo provocando que Quinn desviara la mirada con tristeza.

-Era de esperar… Te lo he dicho antes…

Antes de que pudieran continuar con la conversación, el móvil de la rubia sonó, dejando ver el nombre de Brody iluminando la pantalla.

-Dime. Si, sé que tengo que estar lista en dos horas… - dijo llevándose una mano a la cabeza al ser consciente de que había olvidado por completo un acto al que debía acudir. – Vale. Estoy con Rachel… - dijo mirándola, viendo como abría sus ojos más de la cuenta por ser nombrada. – Dice que hola. – dijo aguantando la risa por el nerviosismo de Brody al otro lado y el de Rachel enfrente de ella.

-Oh, salúdalo de mi parte también. – atinó a responder.

-Que dice que te manda saludos. Si, se dónde es. Si, Ringo está perfecto. Vale, hasta luego. Un beso para ti también. – dijo antes de colgar.

-Tienes que irte ¿no?

-Sí, se me había olvidado por completo, pero no puedo faltar a este acto… Lo siento… - dijo con cara de circunstancia.

-No te preocupes, ahora mismo pido un taxi.

-No es necesario, me da tiempo a llevarte.

-¿Seguro?

-Segurísima. Vamos. – dijo tomando las llaves del coche mientras la morena se despedía de los perros.

En el camino a casa de la morena, Rachel intentó sacarle a que acto tenía que acudir, pero el nerviosismo primero y la sonrisa enigmática después de la rubia, le hizo saber que el acto para promocionar un reloj de lujo no era del todo verdad.

-Ya estamos aquí. Espero que lo hayas pasado mejor que con Barbra…

-Sin duda. Muchas gracias, Quinn me ha gustado pasar el día contigo.

-Sí, ha estado bien…

-Tenemos que repetirlo.

-Cuando quieras… - dijo sonriendo.

-No vas a decirme la verdad del acto al que vas ¿no? – probó una última vez.

-Hoy ya te he dicho muchas verdades… - dijo riendo ligeramente.

-Está bien… Hasta mañana, Quinn. – dijo dándole un beso en la mejilla antes de salir del coche.

-Hasta mañana…

-Por cierto. – dijo girándose de vuelta al coche cuando ya se dirigía a su casa. – Esta versión mejorada de ti misma me gusta mucho… - dijo dejando una sonrisa espectacular en Quinn.

Rachel no tuvo que esperar mucho para descubrir donde había ido Quinn esa tarde. Al día siguiente, sintiéndose todavía totalmente alagada por saber que Quinn Fabray estuvo enamorada de ella, aparecían fotos robadas de una visita de la rubia a un hospital para según la prensa, por cuenta propia, hacer una visita a los niños que se encontraban allí. No había duda, pensó Rachel, tener esa versión de Quinn como amiga le gustaba y mucho.