CAPÍTULO 4

Huracán Berry

Quinn llegaba al set a media mañana para rodar las dos escenas que le tocaba aquel día junto a Rachel y Henry en exteriores. El rodaje iba genial, habían logrado crear un grupo de trabajo donde se ayudaban unos a otros y donde a pesar de la cantidad de horas que trabajaban, nadie ponía mala cara, al contrario, afrontaban todo con una sonrisa en sus caras, ofreciendo generosidad y facilidades para que la película saliera perfecta, cosa que iba por el buen camino.

La química entre los tres protagonistas era exquisita, habían congeniado a la perfección y Rachel y Quinn habían encontrado en Henry a su compañero ideal. Juntos en el set se dedicaban a bromear con todo el equipo, a hablar de los temas del momento, pero sabían ser serios a la hora de trabajar, siendo totalmente profesionales, sobretodo Rachel.

Precisamente Rachel y Quinn seguían forjando la amistad que un día las unió, sintiendo como esta vez era diferente. Ellas habían cambiado y esas dudas del instituto, esos tiras y aflojas no existían, lo que permitía que se vieran fuera del set continuamente. Casi todo el tiempo libre que les dejaba el rodaje lo pasaban juntas, ya fuera haciendo un poco de deporte o comiendo en algún restaurante o la casa de una de ellas.

Se habían adaptado bien la una a la otra y eso empezaba a agradar a Rachel y a asustar a la rubia. Estaba segura de que no sentía nada por la morena, pero mostrarse tan pendiente a ella, tan relajada y cercana le hacía sentirse insegura por lo que Rachel pudiera pensar de ella. No quería incomodarla ni que pensara que esas atenciones eran por algo que ella ya había superado, pero en vez de aclararlo y mostrarle sus dudas, intentaba ignorar ese pensamiento constante en los últimos días en su cabeza.

Nada más poner un pie en la zona del plato donde estaba reunida la mayor parte del equipo, Quinn no pudo evitar poner una sonrisa en su cara por lo que estaba viendo. Rachel andaba de un lado para otro de la sala mientras cantaba una canción que le sonaba que era de Katy Perry acompañada por Henry a una guitarra. Todos los que se encontraban allí sonreían por la espontaneidad y la energía de la morena, incluso algunos se animaban a bailar junto a ella o a seguir el ritmo con palmas, lo que le hizo retroceder muchos años y ver esa misma imagen en un instituto, concretamente en la sala de coro del Glee.

No podía apartar su mirada de Rachel. Cuando la morena cantaba disfrutaba y hacia que los que estuvieran cerca de ella lo hicieran de igual forma, siempre había sido así. Tenía un efecto bastante hipnotizador en ella, tanto que solo salió de su mundo cuando escuchó como todos aplaudían a la estrella, mientras que esta agradecía los aplausos con una cómica reverencia.

-Sigues siendo la estrella de Glee. – dijo acercándose a ella una vez que los aplausos cesaron.

-Solo estaba recordando buenos momentos. – dijo con una sonrisa.

-¿Tu no vas a recordar nada de ese club, Quinn? Queremos escucharte cantar y todavía no nos has dejado. – se quejó Henry, que hacía el intento de empezar una nueva melodía con la guitarra para que la rubia lo siguiera.

-Lo siento, Henry, te juro que hoy lo iba a hacer… - dijo sonriendo traviesa, sabiendo que todos sabían que estaba mintiendo. - pero justamente me he encontrado con Luke y me ha dicho que ya llegamos tarde, que la furgoneta ya está fuera para llevarnos al rodaje.

-Siempre tienes una buena excusa, Quinn… - dijo el chico negando con la cabeza.

-Chicos, nos vamos. Ya está todo preparado fuera para empezar a grabar y todavía tenéis que pasar por maquillaje cuando lleguéis. – dijo el ayudante de dirección, el cual entró en la sala de forma fugaz.

-Ves como no es excusa… - dijo mordiéndose el labio divertida.

-Anda, vamos… Si el Sr. Schue se enterara de que renuncias a tus orígenes en el Glee… - dijo Rachel sonriendo por la constante negativa de Quinn a cantar. – Que decepción, Fabray…

-No renuncio, solo dejo a la capitana que se luzca. Siempre peleabas por los solos y yo no quiero peleas, todos para ti.

-Que generosa… - dijo adelantándola para salir de los estudios hacia la furgoneta que los llevaría a la zona de la ciudad donde grabarían, escuchando como Quinn la seguía riéndose.

Al llegar a la calle de Los Angeles donde grabarían sus dos escenas del día, Rachel se sorprendió al encontrar a tanta gente a los alrededores. Habían puesto unas vallas de separación a una distancia prudencial de los trailers y de la zona de grabación para que no molestaran en los momentos de trabajo. Henry, al igual que ella, pasó de largo, directos a maquillaje para poder comenzar a rodar, en cambio Quinn, los saludó y prometió acercarse a ellos una vez terminara con su trabajo.

Llevaban allí unas cuantas horas, grabando bajo el sol de Los Angeles que aquel día se mostraba radiante, cuando los chicos se dirigían al tráiler de Henry, el cual quedaba más cerca que el resto.

-¿Por qué me hacéis reir? –preguntó la morena molesta. – Sobretodo tú, Quinn, has hecho que falle en todas las tomas… - se quejó.

-Porque desde que hemos empezado te sabes el guion de forma perfecta y haces todas tus escenas sin equivocarte en una coma. Puedes relajarte, Rachel… - contestó la rubia restándole importancia.

-He quedado fatal.

-Fatal quedamos nosotros a tu lado. No he visto a nadie tan profesional como tú… - dijo esta vez el chico.

-En el teatro todo debe salir perfecto a la primera, sin fallos, no hay posibilidad de equivocarte.

-Pero aquí si la hay, Rachel, eso es lo que quiero que veas. Admiro tu capacidad para hacer tus escenas a la primera, pero no es necesario, si te equivocas o no recuerdas una línea, no es un drama… - le explicó con dulzura, ante un Henry que asentía, de acuerdo a lo que decía la rubia y consiguiendo que la morena dejara de fruncir el ceño.

-Estoy acostumbrada a eso, es mi forma de trabajar… - dijo un poco contrariada, pensando si aquello podría haber molestado a sus compañeros.

-Estupendo, pero entonces déjanos que nosotros nos divirtamos de vez en cuando. – dijo sonriendo traviesa, recordando como Rachel había sido incapaz de controlar la risa cuando ella misma hacia el payaso aprovechando que la cámara no la enfocaba a la cara. – Relájate… - dijo acercándose a ella, poniendo sus manos en el cuello de la morena, fingiendo darle un masaje. – Te gustará más esta profesión cuando lo hagas. Ya está el teatro para ser estrictos, aquí hay que serlo, pero lo justo. – dijo antes de dejar un beso en su cabeza y sonreírle.

No pudo evitarlo, también le sonrió, agradecida por aquel pequeño consejo de la rubia. Era cierto que mientras rodaba estaba en tensión, preocupada por no estropear la escena, por no equivocarse, por estar donde debía estar en cada momento, por lo que tras reanudarse la grabación, Rachel puso en práctica lo dicho por Quinn. Asombrosamente dio resultado. En esa hora y media de rodaje había disfrutado más que en todas las semanas pasadas que llevaban con la película. Si se quitaba la presión, si no pensaba a cada segundo lo que debía hacer y que debía salir perfecto, Rachel se divertía actuando.

Agradeció interiormente a la rubia por hacerle ver que no tenía que ser tan recta, pero cuando iba a su lado en dirección a los trailers para poder irse a sus casas una vez que los volviera a recoger la furgoneta, Rachel no pudo hacerle saber que le había sido de gran ayuda, ya que Quinn no tenía la intención de llegar a la zona de descanso.

-¿Dónde vas?

-A saludar. – dijo de forma simple.

En su época en Broadway, Rachel había tenido tumultos de gente esperando para una foto o un autógrafo de ella, algo que no le molestaba en absoluto, lo hacía encantada, al igual que ahora, cuando la empezaban a parar por Los Angeles, pero jamás en sus años de profesión había hecho nada parecido a lo que estaba haciendo la rubia.

Llevaba casi veinte minutos firmando autógrafos, haciéndose fotos y hablando con los fans que llevaban aguantando allí todo el día, preocupándose por ellos y agradeciendo constantemente los halagos que recibía. Todo esto lo hacía después de una jornada de trabajo exhaustiva y sin borrar la sonrisa en ningún segundo y repartiendo abrazos bajo la atenta mirada del equipo de seguridad.

Cuando Quinn iba a su tráiler después de haber atendido a todas las personas que se encontraban allí, avisada de que la furgoneta ya esperaba, vio a Rachel mirándola alucinada.

-¿Qué pasa? – preguntó entrando al tráiler para coger su bolso y salir en dos segundos.

-Nada…es… No he visto a nadie hacer lo que acabas de hacer tú… La paciencia con la que los has atendido a todos…

-No me cuesta nada, llevan aquí todo el día, es lo mínimo que puedo hacer. Además, después son los que van a ir a ver las películas, si no es por ellos, nuestro trabajo serviría de poco… De alguna forma, nos dan de comer… No me cuesta nada devolverles un poco de su cariño. - dijo encogiéndose de hombros, volviendo a dar una lección sobre la profesión a la morena sin ser consciente de ello.

-Creo que tengo mucho que aprender de ti, no solo como actriz, si no como persona… - dijo totalmente sincera, haciendo que Quinn la mirara sorprendida.

-Yo no lo creo. Siempre has sido mucho mejor que yo en todos los aspectos… Si lo dices por esto – dijo señalando a las personas que dejaban atrás. –, es una tontería. He cambiado, pero a veces sigo siendo un auténtico desastre…

-¿Qué te parece si discutimos eso, con lo que no estoy para nada de acuerdo, esta noche en mi casa? Te invito a cenar, ya va siendo hora de que te demuestre que soy una cocinera buenísima. – dijo con su mejor sonrisa, sin notar como Quinn empezaba a ponerse nerviosa y todo por esa maldita inseguridad, por esas dudas de lo que pensaría Rachel sobre aquella cercanía, por lo que decidió declinar la oferta.

-Me encantaría, Rachel, pero hoy estoy muy cansada… Voy a cenar algo ligero y a meterme en la cama pronto…

-Oh, no pasa nada, lo dejamos para otro día. – dijo sin borrar la sonrisa, haciendo la rubia se sintiera algo culpable.

-Claro… - dijo con media sonrisa que apenas se dibujó en su cara.

No mentía, aquella era la intención de Quinn, descansar mientras estudiaba el guion del día siguiente y dormir todo lo que pudiera, pero las cosas no salieron como pensaba y en mitad de la noche, se vio arrastrada fuera de su casa por la insistencia y ganas de sus amigos, acabando su noche cenando en un restaurante para luego bailar en una discoteca y terminar en casa de la amiga de su amiga a la que había conocido esa misma noche.

No se lo podía creer, pero tampoco podría creer como las cosas con Rachel darían la vuelta por aquella salida.

El día siguiente había llegado. Quinn había tenido que ir a grabar esa mañana, mientras que la morena debería hacerlo por la tarde. No coincidirían durante ese día, pero la casualidad quiso que mientras la rubia iba camino a la salida, Rachel entrara, cruzándose por su camino sin dirigirle una mirada, tan solo mirando al frente con el gesto duro.

-Rachel. – la llamó, pensando que no la había visto, pero la morena siguió si camino, ignorándola completamente, por lo que contrariada, la siguió hasta detenerla cogiéndole una mano. – Ey, Rachel…

-Olvídame, Quinn. – dijo retirando su mano de la de ella bruscamente, algo que dejó a la rubia pasmada.

-¿Qué pasa?

-Nada. – dijo reanudando sus pasos. – No hagas esperar a tu novia que te está esperando fuera.

-¿Qué novia? – preguntó cada vez más desubicada.

-Con la que pasaste ayer la noche… - dijo mirándola por primera vez, mostrando todo su enfado en sus ojos. – Ahora déjame en paz…

-Dime que te pasa, te pasa algo, no me mientas.

-No, la que me miente eres tú. – dijo señalándola con el dedo enfurecida. – Si ayer no querías venir a cenar me lo dices, no me pongas excusas baratas para luego irte con tus amiguitos y tu chica de turno.

-Yo no te mentí… - intentó explicarse, pero un huracán llamado Rachel Berry había despertado sin posibilidad de pararlo.

-Si me mentiste, estás en todas las páginas de internet. No me hace falta que me mendigues tu amistad, si no querías ser mi amiga o pasar tiempo conmigo solo tendrías que haberlo dicho, ya te fuiste una vez y no me iba importar una mierda que lo volvieras a hacer. Dices que has cambiado, pero sigues siendo la misma egoísta y mentirosa de siempre, una manipuladora que juega con los de su alrededor, pero te aviso una cosa, yo no estoy dispuesta a que me trates a tu antojo, yo tengo más personalidad que tú y no me interesas ni tú, ni tu amistad ni tu fama… - dijo parando un segundo a tomar aire, mirando los ojos dolidos de una Quinn que la escuchaba en silencio. – Santana tenía razón, sigues siendo la de siempre con un puñado de millones en el banco… No se puede confiar en ti… - dijo mirándola decepcionada, intentando que las lágrimas que estaba a punto de soltar Quinn no le afectasen, por lo que después de mantenerse en silencio unos segundos, Rachel se giró para entrar en los estudios, dejando a una rubia incapaz de comprender como había llegado a esa situación.