N/A: Muchas gracias a todos por la acogida que ha tenido esta historia. También a todos los que se animan a comentar. Siempre respondo por privado pero si no tenéis cuenta tengo que hacerlo por aquí.

Guest, muchas gracias. Veo que eres alguien que conozco porque me llamaste Darri, pero no te situo... Todos amamos el Klex (somos unos pervertidos). No te preocupes, Klex vas a tener hasta aburrirte ;) Espero que te guste... Besos

ADVERTENCIA: Los que me conoceis sabéis que cuido mucho mi vocabulario pero... Hay situaciones en las que no lo voy a poder hacer. Es decir, hay diálogos en los que voy a tener que escribir cosas menos delicadas de lo usual... Intentaré no ser muy fuerte pero... Yo sólo advierto...

CAPÍTULO 2: LA MEJOR NOCHE DE BODAS

Sebastian estaba bebiendo sentado en una silla mientras contemplaba el primer baile del matrimonio Hummel-Crawford. Estaba perfectamente trajeado aunque había aflojado el nudo de la corbata azul. El salón era precioso y estaba elegantemente decorado con flores blancas y azules y telas en tonos grises, azules, plateados y negros.

Para poder ver esa escena se había llenado la copa de vino y había dejado el resto de la botella a su lado. No le gustaba ese matrimonio, no cuando había comprobado que Adam no era el mejor compañero para su amigo.

– ¿Qué piensas? – Rachel se sentó a su lado con otra copa de vino en una mano y otra botella en la otra. Llevaba un delicado vestido azul a juego con la decoración, que por algo había sido la dama de honor.

– ¿Está mal que prefiera que mi mejor amigo se hubiera casado con el gigoló de su despedida de soltero en vez de con el que ahora es su marido? – El ojiverde susurró.

– No, al menos sabemos que tendría asegurados buenos orgasmos. – La joven comentó divertida.

– Hablo en serio. – El más alto volvió a llenarse la copa de vino.

– Te entiendo. Adam es... Adam. Es aburrido, nada caballeroso, hace con Kurt lo que quiere, le ha impedido realizar sus sueños y además ahora sabemos que es incapaz de darle orgasmos... – La joven terminó de beber el rojo líquido que tenía en su copa y la volvió a llenar.

– Rachel, cariño. Estás muy necesitada. Tendremos que buscar a alguien que te haga divertirte un poco. Si quieres, puedo darte el teléfono de la agencia de chicos de compañía. Si no quieres el mismo que el que estuvo con Kurt había un rubio que estaba para morirse. Iba a contratar a ese pero sólo trabaja por las mañanas. – Smythe puso cara de desagrado.

– Ese te lo dejo a ti, tú también estás muy necesitado. Cuando llegue a Nueva York encontraré a alguien que me satisfaga sin necesidad de pagarlo. – Berry comentó presuntuosa.

Miraron como Burt abrazaba a Kurt. Sabían que al padre del novio tampoco estaba muy feliz. Nadie que apreciara al castaño lo estaba. Adam significaba la renuncia a los sueños del ojiazul, su renuncia a ser actor de Broadway, a vivir en Nueva York, a dedicarse al teatro o en su defecto a la moda. Sin embargo, todo quedó en nada cuando lo rechazaron en NYADA y Crawford fue aceptado en la Universidad de Ohio. Ese día los deseos de Kurt quedaron en un segundo plano para ser el chico que apoya a su pareja. Fueron días difíciles, donde todos los amigos y familiares de Hummel intentaban hacerlo entrar en razón pero no lo conseguían, él siempre había sido muy terco y era difícil hacer que cambiara de opinión.

Kurt y Adam llegaron al hotel donde pasarían la noche de bodas. Una amable recepcionista les atendió y registró su entrada antes de darles la llave de la habitación. Un botones les acompañó hasta allí, cargando la maleta que llevaban.

La pareja entró para ver una suite muy elegante. Los tonos beige, ocre y blanco se entremezclaban en la sala. Había una mesa con un jarrón con flores y cuatro sillas alrededor, unos sillones frente a una televisión y una gran cama para dos.

El rubio se quitó el abrigo y la chaqueta de su traje mientras su marido caminaba hasta el baño con su neceser para arreglarse. Quería estar sexy para su noche de bodas. Cuando Kurt salió del aseo en ropa interior, se encontró a su pareja tumbado en la cama. Se acercó y empezó a besarlo con amor.

– No, Kurt. No me apetece, estoy cansado. – Protestó Crawford.

– Vamos... Es nuestra noche de bodas... – Pidió el castaño.

– Estoy cansado y mañana empezamos nuestra luna de miel. Habrá mucho tiempo para eso. – El británico se quejó.

– Yo no quiero dormir. – Hummel fue tajante.

– Ve a dar una vuelta o vete a que te den un masaje o algo. Vuelve cuando quieras, puedes llevarte la tarjeta y el dinero que llevo en efectivo.

Kurt hizo lo que su marido le propuso. Cogió todo el dinero y la tarjeta. Se puso unos pantalones blancos ajustados que realzaban su figura y una camisa azul cielo que conseguía que sus ojos destacaran aun más. Después se puso su abrigo azul marino y la bufanda y guantes rojos antes de salir de allí. No podía creer que su primera noche de casado fuera así. Caminó por la ciudad sin rumbo fijo, esperando decidirse por un plan que pudiera hacer en ese momento, ya era tarde y no podía ir al spa al que solía acudir para desestresarse ni podía tener un rato de compras.

Después de pensarlo mucho, decidió tragarse su orgullo y hacer una llamada de la que probablemente se arrepentiría el resto de su vida. Sacó su móvil y buscó entre sus contactos a Sebastian.

¿Qué pasa porcelana?

– Quería preguntarte... ¿De dónde sacaste el gigoló de mi despedida de soltero?

¿No se supone que tú estás en tu noche de bodas?

– Adam está cansado y yo quiero un poc...

Te entiendo, no tienes que justificarte. Te paso la dirección, el lugar es muy discreto, limpio y organizado. Si lo quieres a él, pregunta por Hot Prince. Si no... Pídele a la madame que te los enseñe aunque... Debo decir que mi favorito trabaja sólo de día.

– Gracias Seb.

Un placer ayudarte.

Dos minutos después de colgar le llegó un mensaje de su amigo con la dirección del lugar. Buscó un taxi y le pidió que lo llevara allí. El conductor lo miraba con picardía, sabía a lo que iba y no le importaba.

Kurt entró a un recibidor bastante elegante. Las paredes estaban pintadas de color crema y el suelo era de un color madera oscuro. Frente a la puerta había un mostrador en el que se situaba una mujer de unos cuarenta años, elegantemente vestida y maquillada. El vestido azul marino ajustado hasta las rodillas hacía juego con las piedras de la pulsera que llevaba. Su sonrisa iluminaba su mirada cálida, con sus ojos verdes brillando ante la visión de un nuevo cliente. Su cabello castaño caía por sus hombros.

– Buenas noches. Bienvenido a BoysBoys. ¿Puedo ayudarle?

El castaño se quedó quieto, no sabía qué hacer o decir. Sin embargo, la mujer tuvo paciencia, estaba acostumbrada a esa reacción.

– Querría saber si Hot Prince está disponible. Me gustaría estar con él a solas... Y es la primera vez que vengo aquí así que me tendría que explicar como funciona.

– Está disponible, le avisaré para que vaya preparando la habitación. – La señora cogió el teléfono y esperó unos segundos. – Hot Prince en la habitación 5. Tiene un cliente, hombre. – Colgó y volvió a mirar al castaño. – Él preparará la habitación, tenemos una estricta normativa de higiene. Hot Prince pondrá sábanas limpias en la cama y una funda para el sofá, también limpia. Todo es blanco porque lo lavamos con lejía para máxima higiene después de cada uso. Las toallas también se lavan con lejía y la ducha tiene un sistema que nos facilita la desinfección tras cada uso. Los chicos son siempre muy cuidadosos, es obligatorio el uso de preservativos tanto en sexo anal como oral. Así evitamos contagios de enfermedades. Además les realizamos análisis periódicos, todo es poco para la salud de nuestros chicos. Te informo también que tenemos un botón del pánico. Ellos lo pulsan si en algún momento se sienten amenazados o se incumplen las normas. No está visible y sólo ellos saben donde está. En caso de ser pulsado, el cliente se expulsa de por vida del local. Está prohibido pegarles, atarles o amordazarles, deben estar libres para poder negarse a hacer algo en caso de no quererlo. No se les obliga ni se les fuerza a nada, incluso pueden negarse a estar contigo si no les gustas o no les apetece. Se permite interpretación de roles, incluso vendemos disfraces, pero no se practican relaciones de dominación salvo que el sumiso sea el cliente y firme un consentimiento especial. ¿Estás de acuerdo con las normas?

– Sí.

– En ese caso, pasemos a la forma de pago. Se paga por adelantado, aunque debo decir que existen tres formas. La primera es que dejes una tarjeta de crédito. La pasaríamos con un primer cargo de la cantidad que quiera. En caso de que su consumo fuera superior, su acompañante nos avisaría con antelación y la volveríamos a pasar con la cantidad que quedara y si es inferior, se le aplicaría una devolución. El cargo es discreto y en su factura aparecería como un servicio de spa. Las otras opciones son en efectivo, aunque con matices. La primera es elegir lo que desea desde ahora y cobrarle el gasto justo. Por ejemplo, si quiere sexo oral son 70 dólares, lo pide ahora, lo paga y Hot Chocolate le complace. La parte negativa de ésto es que si luego quiere otra cosa, tendrá que volver a pagar y el dinero debe ser depositado aquí por usted o el chico que lo acompañe. Sin embargo, puede dejar un depósito de una cantidad y disfrutar de la compañía de su amante hasta que consuma tal cantidad o le devolvemos la que no consuma. Luego podría aumentarla si lo cree conveniente viniendo hasta aquí. ¿Cuál elige?

– Dejaré dinero... No conozco las tarifas así que no sé cuanto sería suficiente.

La recepcionista le pasó un folio con todos los servicios y tarifas más usuales. Hummel se sorprendió de la cantidad de servicios que se ofrecían. Algunos de ellos no eran tan fuertes y estaban destinados a excitar más que a conducir al orgasmo.

– En caso de que desee algo que no está en la lista y el acompañante acepte, tendrán que pactar la tarifa entre ustedes.

Kurt decidió dejar todo el dinero que tenía en efectivo antes de dirigirse a la sala cinco. Como ya le habían informado, la cama y el sillón estaban cubiertos por telas blancas que contrastaban con el negro y el rosa del suelo y las paredes, la luz tenue que iluminaba la sala y la música suave que sonaba en el lugar le daban un aspecto íntimo y sensual sin llegar a ser obsceno. Había una puerta que el castaño dedujo que sería para el baño y un portátil. Hot Prince ya estaba ahí, esperándolo. Llevaba unos pantalones ajustados rojos y un chaleco abierto negro que dejaba ver su pecho musculoso.

– ¿Has pensado qué quieres hacer? – Quiso saber el moreno tras comprobar algo en el ordenador.

– Todavía no... ¿Y si me lo pienso mientras me das un masaje? – Desde que el ojiazul había visto esa opción en el listado que le habían pasado y no dudó en solicitarla.

El ojimiel se acercó a él y comenzó quitándole los guantes, la bufanda y el abrigo entre dulces besos. Siguió con la camisa para seguir con los zapatos, los calcetines y los pantalones, entre caricias y más besos. Él se desnudó y terminó de arrebatarle al castaño la última prenda, el calzoncillo. Tumbó al más alto boca abajo, dejando su espalda libre. Sacó un bote de aceite corporal y comenzó con el masaje. Hummel se sentía extasiado, era erótico y dulce a la vez.

Por su parte, Blaine disfrutaba de ese momento. Le gustaba que los clientes no pidieran sexo, prefería eso. Los masajes, la estimulación... Para él era más fácil y más cómodo, aunque le hacía ganar menos.

– Esto... – El moreno escuchó que su acompañante decía. – Quiero que me estimules un poco... Con tu boca.

El ojimiel entendió lo que le pedía y comenzó a pasar su lengua por toda la columna vertebral del otro, haciendo que éste gimiera. Ya había llegado a ese punto en el que debía satisfacer sexualmente al otro. Siguió bajando pasando su lengua por entre las dos nalgas del otro hasta llegar a su entrada. Sin avisar introdujo un poco la lengua en el orificio, pero no demasiado. Era sólo estimulación, no debía prepararlo. Después siguió acariciando el exterior de la entrada sin llegar a introducir la lengua de nuevo.

– Por favor... Penétrame ya. – Gimió Kurt.

– ¿Quieres sexo pasivo? ¿En esta posición o cambiamos?

– ¡Así, entra ya!

– Pero... Te tendré que preparar.

– ¡Ya!

Anderson se sintió confuso, no le gustaban las ansias en sus amantes, prefería ir paso a paso pero no le quedó alternativa. El cliente es quién decide cómo y cuándo. Se puso el preservativo y se aplicó mucho más lubricante del habitual para entrar con toda la suavidad que pudo. El castaño sintió dolor pero mucho placer. Después de un rato las embestidas comenzaron y pronto el gigoló encontró el punto en el que le proporcionaba el máximo placer. El ojiazul llegó al orgasmo después de varios minutos, gimiendo y recibiendo las embestidas. Fue el mejor orgasmo de su vida, mejor que el del día de su despedida de soltero. No podía más, eso había sido tan caliente y excitante que estaba agotado.

– Quiero otro masaje para relajarme antes de ir a la ducha. – Pidió Hummel y su deseo fue concedido por su amante.